Presentado en la;

LatCrit SNX Conference.

Escuela de Derecho Universidad Interamericana

Hace unos días, mientras me ocupaba de la tediosa tarea de corregir y cuadrar notas, mi mente insistía en pensar cuál sería el contenido de esta presentación que nos ocupa.

En mi cabeza, no solo daba vueltas mi hipótesis sobre la violencia como discurso contestario inconsciente por parte de los sectores excluidos del sistema capitalista neoliberal. Igualmente interrumpía mi concentración en los exámenes el pensamiento al respecto de Young, Wacqant, Ferrell, Simon, Chomsky, West, Carlos Rivera Lugo, Dora Nevares, Villa, y otros.

De pronto en medio de ese torvellino de ideas y de mi lucha por concentrarme, tome uno de el ensayo que se supone corrigiera y al comenzar a leer me di cuenta de quién debía ser mi fuente primaría para este trabajo. Su nombre Emmanuel y es un estudiante subgraduado de Trabajo Social en la Caribbean University de Ponce, quien se matriculó en mi clase de Delincuencia Juvenil porque no encontró otra electiva en su concentración.

Tras leer el trabajo del joven, decidí que eran las ideas de este y no las mías o la de los gigantes antes mencionados, las que debía compartir con ustedes hoy. Así que a manera de tributo académico al “copy & paste”, me atrevo leer ante ustedes una versión, editada por cuestión de tiempo, de la introducción del ensayo con el que el joven contestó la pregunta: ¿Cómo usted ve al menor delincuente en Puerto Rico?,

Emmanuel comienza dicendo: “Aun recuerdo cuando tenía 17 años y anhelaba cumplir los 18 para trabajar e irme de mi casa. El pensamiento de irme de mi casa era provocado por la rebeldía de esta etapa. Lo que si tenía claro era que quería trabajar para costearme mis necesidades materiales y no depender de mi madre.

Cuando cumplía le edad comencé a buscar trabajo, aquí, allá, por todas partes. Recuerdo que llevé resumé hasta los pueblos limítrofes como Juana Díaz, desesperado por conseguir ese trabajo. Durante tres años continué en las mismas, llevando resumé todas las semanas a diferentes establecimientos, tiendas, restaurantes de comida rápida, supermercados, entre otros.

Durante esos tres años en que no me llamaron de ningún trabajo, creció en mi la rebeldía, los pensamientos negativos, y la frustración que no es otra cosa que ese sentimiento provocado por la incapacidad de no poder realizar algo por algún factor externo que lo impide.

Aprendí a recortar y de esa manera me buscaba el peso recortando en mi casa a los muchachos del barrio. Cuando llegaba la temporada de quenepas,vaciaba el árbol de mi casa y las vendía en las luces o en algún punto estratégico del casco urbano. Obviamente esas chiripas no me daban para lo que yo quería que era comprarme un carrito, la ropa de moda, los tenis del momento, etc.

Pero en la comunidad donde me crié, cerca un barrio con alta incidencia criminal conocido como La Cantera, los jóvenes varones tenían otra forma de buscarse el peso, vendiendo drogas.

Crecí viendo como los muchachos del barrio que bregaban en el punto tenían los carritos mas bonitos, los ‘bling bling”, los tenis más caros y las mujeres más lindas.

Luego de tres años, finalmente me llamaron y me preguntaron si todavía me interesaba un trabajo solicitado meses atrás. Contesté que si y lo primero que me dijo el individuo fue: “mañana tienes entrevista en las oficinas generales en el pueblo de Carolina”. Como tenía los recursos pude llegar y me dieron el empleo. Luego me requirieron documentos como, carta de buena conducta, prueba de dopaje, certificado médico entre los que recuerdo. Yo tuve los recursos para obtener todo lo que el empleo requería. Aunque me vi tentado, en mi hogar tuve el ejemplo, la enseñanza y la educación que junto a mi determinación y fuerza de voluntad evitaron que me involucrara en el narcotráfico.

Ahora, yo tuve los recursos y un hogar ejemplar para no caer en este negocio, pero y los que no corren la misma suerte que yo.

Muchos recurren a la venta de drogas, a velar el punto o hacer mandaos. De la boca de ellos se escucha que en ningún lado le dan trabajo y que la única opción es vender droga. A esta situación hay que sumarle el discrimen si tienes tatuajes o pircings. Incluso conozco algunos que viven en un residencial público y en sus resumé anotan una dirección diferente, usan la de algún familiar o amigo. Recuerdo cuando el profesor dijo que la cultura dominante va a criminalizar a la subculturas porque desconfía de ellas.”

Si se leen con atención el ensayo de Emmanuel surge como un pliego acusatorio contra el sistema neoliberal que si bien se viene desarrollando en la isla por las pasadas décadas, vio su máxima expresión durante el cuatrienio pasado.

Es ese neoliberalismo salvaje, el que utilizado sus aparatos ideológicos produce el orden social en que se desarrolla la historia de Emmanuel. Un orden que condena a miles de jóvenes a que desde la pobreza y el subdesarrollo del sur global aspiren a comprar los símbolos de éxitos impuesto desde el norte por la cultura del varón, blanco, propietario, alegadamente homosexual y cristiano. Es decir, es un orden bulímico, como lo llama Jock Joung, que incluye a todos por igual en el consumo de los símbolos materiales construidos como exitoso, mientras excluye a gran parte de la población de los medios legales y los empleos dignos para que pueda costearse ese consumo.

Como bien ilustra la historia de este estudiante, este proceso es uno que termina produciendo un ser humano frustrado o desvalorizado que puede ver en la violencia una forma de empoderarce ilusoriamente o que pudiera construir la ilegalidad como el único medio para integrarse al mundo de consumo capitalista que se le impone desde el poder.

Es de aquí que surge mi hipótesis que apunta a que la violencia social y la criminalidad que sufre el País es el resultado esperado del orden neoliberal excluyente que a mediado del siglo pasado desarrolló Milton Friedman y que luego se convertiría en dogma del sector más conservador de la política Estadounidense. Como en todos sitios donde se implementó este neoliberalismo, el resultado es que grandes sectores de la población no se sienten representado por el Estado.

Ante la aparente ilegitimidad del Estado producto de la falta de representatividad, real o no, en el caso de Puerto Rico se pudieran identificar tres respuestas a saber.

La mayoría no hará nada y comprando el discurso electoral esperará el espacio para escoger entre dos partidos similares que, como explica el español Miguel Amorós, representan los mismos intereses, pero que el sistema usa para dar la impresión de que es democrático, cuando en realidad . Esta mayoría son los que el sistema vé como buenos ciudadanos, respetuosos de la ley y sobre todo “humildes”.

Por otro lado, los sectores más conscientes de la sociedad responden al excluyente proceso del que nos hablo Emmanuel, organizando estructuras política, comunal o económicas. De esta manera vimos que durante el cuatrienio pasado, las comunidades se organizaron para hacer frente a proyectos que les sacrificaban para crear espacios de ganancia económica a los sectores más rico del País. Igualmente vimos a los jóvenes de la Universidad de Puerto Rico, casi todos de clase media y media alta educados, organizarse para defender sus espacios ante la posibilidad que los mismos se pusieran directamente al servicio del poder económico. Otro ejemplo de como estos sectores más conscientes canalizan las frustraciones que el sistema le producen, es el surgimiento delos nuevos partidos políticos que durante las pasadas elecciones trataron de romper el bipartidismo que castra el proceso electoral de la Isla.

Sin embargo, no todos tiene los recursos para responder y exigir legalmente un espacio donde ganarse la vida dignamente. Es mi hipótesis que en Puerto Rico, enormes sectores marginados, como bien describe Emmanuel , se las tienen que buscar como pueden para sobrevivir y sentirse incluidos consumiendo. Es decir tiene que “bregar” en trabajos marginales o precarios como recortar en sus casas, mecanear en el patio, hacer uñas o trenzas, vender quenepas o piratear DVD. Labores que pueden rayar en la ilegalidad al no cumplir con los reglamentos y permisos impuestos por el Estado.

Otros, sobre todo aquellos que encarnan las características que en el capitalismo llevan al éxito, pero que por su condición de excluidos se les dificulta el desarrollo de empresas legales, terminan por integrarse a esa ilegalizada empresa capitalista que es el narcotráfico. De esta manera que los puntos de drogas están administrados por jóvenes que, con una educación promedio de noveno grado, manejan inventarios millonarios, procesos de distribución, nóminas, relaciones publicas, solución de disputas, etc. Todo lo anterior complicado por la ilegalidad y lo que eso significa.

Es en este sentido que yo entiendo que el narcotráfico, la violencia y la criminalidad que experimentamos en Puerto Rico, lejos de ser un problema, en muchas de nuestras comunidades se construye como la solución al problema de marginación y exclusión económica. Por tanto la inserción al narcotráfico y la criminalidad pueden ser vistos como un discurso contestatario de aquellos que sin tener la consciencia política, responden “bregando” como pueden.

Es decir el narcotráfico y la ilegalidad puede verse como la respuesta de aquellos quienes se  niegan a ocupar humildemente los espacios de pobreza que el sistema les asigna. Así estos sectores, probablemente de manera inconscientemente, le hacen frente a un sistema, que como describió Emmanuel, les condena a ser un pobre humilde que espera estoicamente por años por un trabajo precario que no debiera llamarse empleo y que les condena a un estatus social de subciudadano o subciudadana.

Si se toma esta hipótesis como correcta, se puede inferir entonces que cualquier iniciativa que no incluya la reorganización social, una mejor distribución de los recursos económicos y la integración de todos y todas a procesos políticos y económico verdaderos democráticos no superaremos esta violencia que hoy cobra unas mil vidas cada año en nuestro País.


Pedaleando por la orilla: Cuatro días sin asesinatos…

Martes 14 de Mayo de 2013 00:00
Gary Gutiérrez

El hecho de que el pasado fin de semana en Puerto Rico no se reportara ninguna muerte violenta fue el virus que acaparó los medios tradicionales y las redes sociales desde las primeras horas del lunes.

La noticia fue celebrada por parte de comentaristas, “tuiteros” y “feisbuqueros” como un respiro esperanzador. Incluso, algunas voces dejaron entrever que este “periodo de paz” es un logro de la política anticrimen de la flamante administración.

Estas reacciones me trajeron a la mente las expresiones que hace unos 20 años hiciera en Ponce un viejo periodista a quien le tocó el mensaje principal de la Semana de la Prensa.

En aquella ocasión el amigo, a quien llamó colega, dejó claro que él no quería vivir en una sociedad donde la muerte violenta de un ciudadano o ciudadana no sea noticia de portada.

Las expresiones del veterano comunicador apuntaban a que una sociedad donde una muerte violenta no es noticia, es una tragedia de sociedad.

Poco sabía aquel colega idealista que a 20 años de su comentario, no solo los asesinatos del país no serían noticias de portada, sino que el hecho de que no haya una muerte violenta acamparía con júbilo la discusión pública.

Regresando al presente y estipulando la tragedia que constituye la violencia social en Puerto Rico, el hecho de que en la isla se reporten días sin muerte violenta tiene que ser motivo de alegría.  Sobre todo si se parte de la  estadística normal que apunta a que cada 24 horas sin una muerte violenta, significa que de tres a cuatro compatriotas no perdieron la vida en las calles.

Ahora, si este dato de cuatro días sin muertes violentas se une al hecho de que los números reflejan 25 asesinatos menos que los reportados a la misma fecha del pasado año, de primera intención se pudiera decir que en el País baja la criminalidad.

Pero bajo una mirada más crítica, esta tendencia se revela en términos históricos como parte de las fluctuaciones típicas de la violencia en la Isla.  A diferencia de otras sociedades en el Caribe donde la violencia lleva una tendencia constante de crecimiento durante el siglo XX y XXI, en Puerto Rico la violencia refleja una trayectoria de años picos seguidos por periodos de disminución.

Es desde esta perspectiva que se pudiera ver como “normal” que tras el pico en el número de asesinatos durante el año 2011, se experimente un descenso.

Sin embargo, el análisis anterior no necesariamente implica que la actual administración colonial en Puerto Rico no haya influenciado la tendencia y ayudado en su disminución.

De primera impresión, la llegada al poder político de Alejandro García Padilla no representó un cambio real en política pública para manejar la violencia en Puerto Rico. No se cambió el superintendente y a  la visión de mano dura y cero tolerancia que implantó la pasada administración, se le sumó la presencia de militares “velando” las costas.  En resumen, la nueva administración llegó al poder con los mismos planes derivados del Plan Giuliani que impuso el pasado administrador. Es decir, más presencia en los “sectores calientes”, más tecnología y equipos, así como un plan de supervisar basado en “productividad” medido por estadísticas diarias.

Sin embargo, durante los pasados tres meses, sí parece haber cambiado algo.

Primero, se nota un aparente cambio en el superintendente de la uniformada. Redujo su presencia mediática y atrás quedó aquél discurso de comisario del viejo oeste con pistola al cinto que invitaba a que todos compráramos armas para repeler a cualquiera que intentara entrar a nuestros hogares. Ahora parece enfocado en la defensa de sus agentes y la reorganización administrativa de su agencia

Segundo, el que García Padilla también cambiara el discurso belicista por uno igualmente conservador pero más compasivo que se aleja del neoliberalismo salvaje de Fortuño, puede tener algo que ver en la mencionada reducción de los números de violencia en el País. Si tomamos como ciertos los análisis que apuntan a que la violencia sistémica y económica de la administración Fortuño fueron claves en el aumento de la violencia social en la Isla, entonces debiéramos entender que la sustitución de ese discurso beligerante por uno que proyecte más inclusión, debe tener un efecto reductor en esa  misma violencia contestaria, política o criminal, que experimenta Puerto Rico.

Por último no se puede descartar tampoco que el malestar con la actual administración, que públicamente expresan los efectivos de la Policía de Puerto Rico y que supuestamente les tiene en una huelga de brazos caídos, no tenga un efecto en los niveles de violencia. Nuevamente, si  se ve la violencia social como una respuesta consciente o inconsciente a la agresividad sistémica, se debiera entonces considerar que la reducción de esa presencia policíaca, que en muchas comunidades es vista como agresión, tiene que tener un efecto en los niveles de violencia en esos sectores.

En fin, siendo la criminalidad un fenómeno multifactorial y complejo, es difícil decir con exactitud qué la promueve o la reduce. Probablemente, todas las alternativas señaladas anteriormente tenga algo que ver con el hecho de que por cuatro días, 96 horas, ninguna madre tuvo que llorar la muerte de uno de sus hijos, delincuente o inocente. Ciertamente, eso es materia de alegría.

Lamentablemente, mientras termino de redactar estas líneas, por Twitter reportan que un joven yace en el suelo de un callejón en Guaynabo.

“En casa del pobre: la alegría dura poco”.


Legalize it

por  | 26 de Abril de 2013 | 7:09 am – 7 Comments

tumblr_mgdo5dNRnZ1rewa9eo1_500Legalize it don’t criticize it,
Legalize it yea–ah-yea-ah,
And I will advertise it,
Some call it tamjee,
Some call it the weed,
Some call it marijuana.
Some of them call it ganja,
Never mind, got to.
(chorus) legalize it…
Singers smoke it,
And players of instruments too,
Legalize it, yea-ha, yes-ah.

-Peter Tosh

 
“Solo un republicano podía restablecer las relaciones con China”, se decía en Estados Unidos tras los acuerdos que Richard Nixon consiguió con el gigante comunista. Expresión que explica cómo los estadounidenses de la Guerra Fría le dieron el espacio necesario para una negociación como aquella a un ‘patriota’ conservador irreprochable por lo cual no tenía que defender su lealtad nacional.

Esa máxima de la política de Estados Unidos fue lo primero que vino a mi mente cuando leí en Twitter que el senador Miguel Pereira dio el primer paso en el proceso dirigido a la liberación y tolerancia de las sustancias psicoactivadoras. El proyecto presentado por el legislador popular intenta modificar la ley que por más de 40 años controla el uso y venta de las drogas en Puerto Rico, despenalizando la tenencia de unas cantidades de marihuana para uso personal. Solamente a un héroe de guerra ‘americano’, exfiscal federal, exSuperintendente de la Policía y exSecretario de Corrección, el pueblo puertorriqueño le permitiría presentar una medida para liberalizar la Ley de Sustancias Controladas sin llamarlo corrupto, loco, amigo de los criminales o mafioso.

Según lo discutido en los medios de comunicación por el propio Pereira, el proyecto de ley intenta ahorrar los recursos y esfuerzos que ahora se desperdician combatiendo una conducta sin víctima como es el consumo de cannabis. De igual forma busca evitar que se clasifiquen como criminales a los que deciden asumir esa conducta.

Para el salubrista José Vargas Vidot, actualmente el proceso de detener, encausar y lograr la convicción de una persona a quien se le encuentre un cigarrillo de marihuana es de casi 10 mil dólares. A esta cantidad se le tiene que sumar los casi 40 mil dólares al año que cuesta mantener dicha persona encarcelada una vez se le declara culpable.

Lo anterior no toma en consideración el efecto que tiene procesar este tipo de conducta en el congestionado calendario del Tribunal en la isla. Aunque lejos de ser una panacea para resolver el problema del narcotráfico, el proyecto del senador Pereira sí tiene la virtud de ser el primer paso en la dirección correcta.

Los países con mejor récord en el manejo de la drogadicción llevan décadas experimentando exitosamente con políticas públicas de tolerancia y despenalización reglamentada, no solo del cannabis sino de otras sustancias psicoactivadoras. En estas jurisdicciones, lejos de aumentar el uso de las sustancias, la aprobación de leyes similares a la propuesta por Pereira mantuvo más o menos igual el uso de las drogas o registraron disminuciones. En muchos casos, como en Portugal, se informa que la edad de entrada al consumo aumentó significativamente y disminuyó el salto de marihuana a sustancias más fuertes.

Pero, no bien la oficina del senador anunciaba la presentación del proyecto, los sospechosos habituales se tiraron cuchillo en boca a criticar la medida atribuyéndole sus propias debilidades reprimidas desde la ignorancia, la enajenación religiosa y la falta de información. Estos empresarios moralistas ocuparon los espacios de participación mediática con apocalípticos escenarios de destrucción y degeneración, construyendo a la medida el surgimiento de una moderna Sodoma y Gomorra, tan solo porque un adulto con derecho y capacidad de consentir pueda libremente fumar marihuana.

Si alguna falla tiene la medida de Pereira, no es que la misma va muy lejos, sino al contrario. La tolerancia a la posesión y consumo de una sustancia, mientras la compra o venta sigue siendo delito, puede verse como contradictoria.

Ante esta crítica Salvador Santiago, administrador de los Servicios de Salud y Contra la Adicción, sugiere mantener el control administrativo y no penal del uso del cannabis. Es decir, poner multas como las de tránsito a la posesión y uso personal de la marihuana.

Otra recomendación la expresa Vargas Vidot, también fundador de Iniciativa Comunitaria, quien propone extender la tolerancia legal de la posesión de una planta de cannabis por persona. De esta manera el usuario no tendría que criminalizarse por consumir la hierba. Además, se plantea el porqué permitir el consumo a los ciudadanos de 21 años y no a los 18 que es la edad mínima para ingerir alcohol en Puerto Rico.

La aprobación de esta medida probablemente haga necesaria la modificación de algunos reglamentos y leyes. Un ejemplo de esto puede ser las normativas que permiten exigir pruebas para detectar el uso de sustancias controladas como requisito para un empleo.

En fin que, aun cuando la iniciativa de Pereira tenga sus deficiencias y requiera modificación en el ordenamiento para atemperarla, el proyecto de ley pone nuestra política pública en la dirección que ya hace décadas tomaron muchas jurisdicciones del mundo, incluyendo en Estados Unidos, donde se buscan opciones para legalizar reglamentariamente la marihuana y otras sustancias.

Después de todo, si algo se ha probado durante más de 40 años de prohibición es que no funciona como herramienta para controlar el uso de las sustancias en cuestión.

De acuerdo con Pereira, la medida tiene los votos para lograr su aprobación en el Senado. No obstante, a pesar de las respuestas evasivas expresadas por Alejandro García Padilla en torno a la medida y de las campañas apocalípticas de los empresarios moralistas, espero que la propuesta del senador sea apoyada por ambas Cámaras y por el Gobernador.

Igualmente espero que, como otras medidas importantes, la misma no muera en discusiones estériles acerca de lo que se prometió o no en el programa electoral del Partido Popular. Se puede caminar y mascar chicle a la vez, por eso este proyecto no está reñido con la prometida “medicación d las drogas” y con los enfoques salubristas para el adicto que ese partido propuso en la pasada campaña electoral.

Esta medida pone al gobernador García Padilla ante la disyuntiva de pasar a la historia como el gobernante que dio el primer paso para corregir la absurda prohibición del cannabis o de ser olvidado por la historia como uno más de los muchos dirigentes que mantuvieron la demencia que diariamente pagamos en las calles con la sangre de nuestros jóvenes.

No es mucho, pero puede ser el comienzo de un nuevo amanecer. ¡Sí al Proyecto del Senado 517!


29 de abril de 2013

Crece la moda de los ‘vigilantes’ exóticos

Usan fieras de todo tipo para proteger las drogas

Un caimán incautado en un operativo
halló refugio en el bosque
Cambalache. 
(mariel.mejia@gfrmedia.com)

Por Sandra Caquías Cruz / scaquias@elnuevodia.com

Caimanes, serpientes, sapos venenosos y perros feroces son algunos de los animales que personas ligadas al bajo mundo utilizan para infundir respeto y miedo al mismo tiempo que les sirven para custodiar su droga y el lugar donde la ocultan.

Diversas intervenciones de la División de Droga de la Policía evidencian que los animales exóticos o perros adiestrados como fieras de ataque son las nuevas armas que tienen que enfrentar y para las que deben estar preparados al momento de un operativo antidrogas.

“Ahora no tan solo tenemos que estar pendientes a que haya personas que nos puedan disparar o atacar con algún objeto, sino que también tenemos que estar pendientes que no haya un animal de estos”, dijo el director de la División de drogas de la Policía, Área de San Juan, el teniente Luis Enrique de Jesús Rivera.

Y es que la utilización de estos animales, además de impedir que alguien se acerque a la droga, también es símbolo de estatus entre las personas ligadas al bajo mundo, destacó el experimentado policía.

“(El animal exótico) les da sentido de poder, de pertenencia, de que ‘yo soy el grande’”, describió.

El criminólogo Gary Gutiérrez llamó a esta situación “la carnavalización del crimen”.

Las personas del bajo mundo que poseen animales exóticos, señaló, buscan demostrar que tienen poder. “Es una forma de decir que él es el más bravo… El ‘bichote’ lo que valoriza es el respeto, el miedo que le tengan”, dijo.

Explicó que para muchos jóvenes que se crían en sectores marginados “el crimen se convierte en una forma de sentirse poderoso”.

Gutiérrez señaló como “absurdo” el utilizar animales que no responden a comandos, como lo es un caimán, para custodiar droga.

Los reptiles más utilizados por los narcos locales son los caimanes.

“Esto está más vinculado a una iconografía carnavalesca y a proyectar que soy más macho que nadie”, indicó.

Tan reciente como el pasado jueves, ocurrió uno de esos casos en que la Policía se topó con animales peligrosos y droga. Eso ocurrió durante un operativo realizado en el residencial El Flamboyán, en Río Piedras. En el lugar los agentes se toparon con una serpiente exótica y un pequeño caimán. El operativo estaba dirigido a arrestar al supuesto autor de un asesinato.

El teniente De Jesús Rivera adelantó que trabajan con información de tres lugares en el área metropolitana de San Juan donde supuestamente tienen caimanes “protegiendo droga o velando áreas cercanas al punto de drogas”.

Cuando los dueños de la droga, explicó, desean mover su material utilizan comida para distraen el animal. Indicó que fotos de personas del bajo mundo muestran que por lo regular mantienen los caimanes con tape alrededor de la boca.

En la mayoría de las intervenciones que han realizado, según explicó, “si no es por inteligencia previa, cuando la Policía llega al lugar es que se entera que están esos animales”.

SAPOS VENENOSOS

Narró la ocasión en que realizaron un allanamiento en la barriada La Perla, en San Juan, y se toparon con tres sapos venenosos a poca distancia de donde ocultaban la droga. “Había un cuarto donde había heroína y habían sapos venenosos”, describió.

A los policías les llamó la atención el color de los sapos y al buscar en Internet, con ayuda de su celular, encontraron una foto de los sapos amarillos y negros con la explicación de que se trataba de animales venenosos.

El operativo tuvieron que detenerlo momentáneamente en espera de personal del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) para que se hicieran cargo de los sapos.

El DRNA es quien se encarga de radicar cargos por la posesión ilegal de animales. Los animales exóticos incautados en las intervenciones de la Policía son entregados al DRNA, quienes los custodian en el bosque Cambalache, en Arecibo.

Otro de los casos en los que hubo incautaciones de animales ocurrió el pasado año en el sector El Guano, en Barrio Obrero, donde un grupo de agentes, explicó el teniente, se topó “con cinco caimanes que vigilaban un lugar donde había sustancias controladas”.

Pero nada de esto es nuevo.

El teniente recordó que en la década de 1980 hubo una pantera en Hato Rey que se utilizó para proteger droga. En la década de 1990 se toparon con un leopardo, también en Hato Rey.

En el 2009 una pantera mantuvo en vilo a la comunidad Caimito, en Río Piedras. La pantera, informó la Policía, le pertenecía al convicto federal por narcotráfico Ángel G. Falero Vázquez, alias Goyo.

“Siempre se ha sabido que en la (barriada La) Perla hay caimanes, igual que en algunas barriadas con caños (canales de agua)”, dijo.

Hace dos años, durante un censo realizado por el Programa del Estuario de la Bahía de San Juan, se mencionaban 36 avistamientos de caimanes. Y en diciembre pasado, personal del DRNA ocupó un caimán, de unos cuatro pies de largo, en la parte trasera del residencial Yagüez, en Mayagüez.

El director de la División de Drogas de la Policía, Área de San Juan, dijo no tener conocimiento de que, como se alega sucede en otros países, en Puerto Rico se utilicen estos animales para torturar. “Pero no lo descarto”, dijo.

“Se rumora que han matado a personas y se las han tirado para que se los coman”, dijo el teniente. Los nombres de esas supuestas víctimas no fueron ofrecidos. “En un residencial en Río Piedras se ha rumorado que eso ocurrió”, comentó.

Señaló que aunque no ha recibido querellas de personas atacadas por este tipo de animales, a través de las redes sociales tuvo conocimiento de un adicto que fue mordido por un caimán.

Estos animales, aseguró, llegan en barcos “por pedidos específicos a personas que trafican con animales”, apuntó.

El teniente no descartó que haya un mercado negro con la venta de estas especies exóticas a narcotraficantes.


Mágico espacio frente al Mar Caribe

POR GARY GUTIÉRREZ

20130426-122245.jpgSi usted es de los que ya peina canas y mide su edad en docenas, admítalo, “las Justas” dejaron de figurar hace tiempo entre sus mejores semanas del calendario ponceño.

El carnavalesco ritual resultante de las decenas de miles de jóvenes que abarrotan la Ciudad Señorial para celebrar la fiesta deportiva universitaria más importante del año, se traduce para usted en tapones, malos ratos con la policía, escasez de estacionamiento y, sobre todo, en inconvenientes para disfrutar de sus lugares predilectos de comida.

En fin, al igual que muchos, probablemente usted termine encerrándose en su casa hasta el domingo pues, al fin y al cabo, el que “las Justas” sean beneficiosas para la ciudad, no necesariamente lo hace divertido para usted.

Por fortuna, quienes bailaron al son de la música “previa al reggaetón” tienen este año un maravilloso espacio a su disposición, fuera del universitario bullicio de las justas. Es más, frente a las olas del sector Las Cucharas en Ponce.

Su nombre es Marimar at the Beach: bar and tapas, justo todo lo que se necesita para escapar del bacanal universitario. Un verdadero refugio de belleza, buen gusto y mejor servicio.
Y no es de extrañar. Después de todo, Marimar at the Beach es la sofisticada reencarnación del legendario Villa Marimar, el chiringuito donde por décadas Joe Suárez recibió a miles de amigos y visitantes, como si fueran familia y donde se comía y bebía lo que Joe tuviera disponible ese día.

Ahora, tras una extraordinaria renovación que incluye terrazas abiertas y decoración que evoca centros turísticos en Aruba, Islas Vírgenes o la República Dominicana, el siempre cariñoso y relajante espíritu de Joe continúa caracterizando el lugar.

“Hay parejas que venían aquí cuando estaban en la universidad. Ahora regresan a recordar cuando, con poco dinero pasaban el viernes dándose la friíta, conversando y escuchando la música que escogía Joe. Yo quiero revivir y mantener eso”, dijo con orgullo Carlos Noel Torres, actual dueño de Marimar at the Beach.

Torres explicó que tras siete meses de servicio, este remanso frente al mar ya cuenta con un público fiel integrado mayormente por adultos que buscan un ambiente relajado e informal, pero a su vez de servicio impecable.

Para cumplir con esta clientela, Marimar at the Beach cuenta con Frankfutt Maldonado, mixólogo o bartender con más de 23 años de experiencia.

Bajo su supervisión, la barra se engalana con variedad de mojitos preparados al momento, no en el vaso, sino en pilón de madera. De esta manera, Maldonado logra mayor integridad de sabores.

Definitivamente una experiencia obligada para los amantes de los buenos cócteles. El dulce sabor del ron y la azúcar se balancea con el ácido del limón para luego dar paso a un residual sabor de parcha. ¡Sabroso!

Mas si bien los mojitos son bravos, la joya de la corona en la mixología de Maldonado es “El Marimar”, un juguetón y refrescante brebaje producto de la mezcla de licor de parcha y Amareto, con jugos de melocotón, piña y limón. Un trago que seduce el paladar con su juego de sabores agridulces. ¡Salud!

Para la difícil tarea de acompañar y elevar la experiencia en el bar de Frankfutt Maldonado, Marimar at the Beach cuenta con un menú de tapas, fruto de la mente culinaria del veterano chef Delviz Santos Suárez.

Décadas de experiencias en las mejores cocinas de la región sirven de base a creaciones que están a años luz de distancia de la típica comida precocinada y congelada asociada al “bar food”.

Por ejemplo, el menú de Marimar comienza con una oferta de frituras servidas bajo el nombre de Fritanga. Camarones fritos, anillos de calamar empanados, masitas de meros y bacalaítos fritos, “pa’ los hard core”. Estas delicias se sirven y acompañan con una salsa romana de la casa, que es simplemente excelente.

El “sampler” es suficiente para experimentar lo que distingue la comida de Santos Suárez, el juego de texturas. Su culinaria es un viaje sensorial donde el paladar se deleita con el crocante de los empanados y la maranvillosa textura de un camarón cocido al punto de perfección.

Hablar de texturas en la comida del Chef Santos Suárez, es hablar de sus Brochetas Camchú, de su cebiche, de su churrasco en salsa de tequila y sobre todo de sus canastitas de plátanos rellenas de camarones

En las brochetas, Santos Suárez asa juntos y a la parrilla camarones enteros y trozos de churrasco en un “pinchito”, logrando la textura perfecta para ambas proteínas. Estas se sirven con una salsa “pesto” hecha en casa que es poco menos que maravillosa.

En el caso del cebiche y el churrasco en salsa de tequila, es imperativo degus-tar sus respectivas salsas.

Tanto el ácido líquido del cebiche como la espesa reducción de “Au jus” y tequila que acompaña el churrasco dan fe de que en la cocina del Marimar at the Beach, las cosas se hacen como “Dios manda” y tomando su tiempo.

Y precisamente, por la calidad y el exito de cocteles y tapas, e unos meses Marimar at the Beach se complementará con un menú más amplio y el apellido “restaurant”, adelantó a La Perla del Sur su joven fundador.

Sin embargo, aseguró que este desarrollo no puede afectar el ambiente y el servicio que ya distingue al local.

De esta manera, no importa lo que pueda crecer el Marimar at the Beach: bar and tapas, este seguirá encarnando el espíritu de chiringuito que heredó del memorable Joe, el amigo de todos.

¡Salud, buen provecho y moderación durante las Justas!
17 de abril de 2013

 


Despenalización de marihuana: Muchas preguntas, pocas respuestas

Por: Cristina del Mar Quiles

Publicado: 19/04/2013 09:33 am

noticel

La discusión está sobre la mesa. Solo alguien que fue fiscal federal, superintendente de la Policía y jefe del Departamento de Corrección pudiera tener la valentía -o el descaro, dirán muchos- de prese

ntar un proyecto por la despenalización de la posesión de marihuana. Y lo hizo. El senador Miguel Perei

ra ha propuesto que sea legal que los adultos de 21 años o más puedan poseer legalmente hasta una onza de marihuana.

El planteamiento, según se resume de sus explicaciones a los medios Wapa TV, Wapa Radio y WKAQ, es que le cuesta demasiado al país en términos económicos y sociales procesar a personas por la posesión de marihuana en una cantidad que no da más que para el uso personal.

El senador Pereira indicó a El Vocero que la marihuana está legalizada ‘de facto’, por ser una sustancia de uso común y frecuente entre estudiantes universitarios y profesionales.

Los últimos tres presidentes de Estados Unidos admitieron haber experimentado con marihuana durante su juventud. Dos de los estados ya han legalizado su venta y uso recreativo, mientras que otros 17 permiten uso medicinal.

De acuerdo con el estudio Consulta Juvenil VIII, que analiza la prevalencia del uso de sustancias y otras conductas de riesgo en los estudiantes del

nivel intermedio y superior de las escuelas públicas y privadas de Puerto Rico, el 12.4% de los escolares reportaron haber utilizado marihuana, aun por encima del tabaco.

Al compararse los períodos de 2005-2007 con el de 2010-2012, la prevalencia de uso de marihuana reportada por los escolares se duplicó. En 2005-2007 era de 6.1% y el estudio más reciente reporta un 12.4%.

En la Encuesta de Hogares de 2008 realizada por la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción, se refleja que la marihuana era la droga más consumida alguna vez en la vida entre los encuestados.

El 18.5% de los encuestados en aquel entonces reportaron haber consumido la sustancia alguna vez en la vida. Al referirse al uso durante el último año anterior a la encuesta, el 6.8% contestó afirmativamente.

El mayor uso de marihuana se da entre las personas cuyo ingreso familiar anual es menor de $10,000 y, en segundo lugar entre los que su ingreso familiar anual es entre  $30,000 y $40,000.

Proyecto en pañales

Para el economista José Alameda, el proyecto genera muchas preguntas. “Legalizar tiene el sentido lógico de no penalizar a los que usan, el problema es que para utilizarla tienes que producirla y distribuirla”.

Surgen más preguntas, ¿qué va a pasar con la gente que cumple penas por posesión? ¿Cómo la Policía va a medir cuánto tiene una persona de marihuana? ¿Quién va a comprar las semillas o las plantas? ¿Cómo se va a regular?

Es muy prematuro para determinar qué impacto tendría en la economía, aunque ciertamente el estado ahorraría en procesos judiciales de penalización por posesión de pequeñas cantidades. Apunta Alameda que si se establece un impuesto, pues sí podría haber un impacto en la economía.

De acuerdo con el criminólogo Gary Gutiérrez, la idea de Pereira es un primer paso en la dirección correcta.

“Llevamos 20 años de atraso en cuestión de la legalización. El costo de tú procesar a dos o tres personas porque estén fumando marihuana es tan alto económica y socialmente hablando… Además de lo que gasta el estado, le puedes tronchar la vida a una persona criminalizándola”, señala.

Gutiérrez indica que la marihuana representa cerca de un 60% de los ingresos de los cárteles de drogas en Estados Unidos. Si el estado les quita ese mercado a los narcotraficantes, los debilita y se entiende que debilita las tensiones entre unos y otros, reduciendo la criminalidad.

“El aprobar eso es un mensaje de que estamos cambiando la actitud hacia un tema que otras jurisdicciones plantearon hace 20 años. Le toca a Alejandro García Padilla ver si va a ser el primer gobernador en tomar esa responsabilidad histórica”.


EPA

Pedaleando por la orilla: ¿Y usted, qué propone?

Martes 09 de Abril de 2013
Por: Gary Gutiérrez

“You may say I’m a dreamer

But I’m not the only one

I hope someday you’ll join us

And the world will live as one”

 Lennon

 

“Todo lo critica, ¿y usted, qué propone?”

Esta oración, en mayor o menor grado, parafrasea las respuestas más comunes ante las constantes críticas que, contra el gobierno, expongo diariamente en mi cuenta de Twitter.

Esta interrogante, que regularmente viene de simpatizantes de la administración de turno, no dejan de ser un ataque y hasta cierto punto encarna la frustración de quién, no teniendo argumento contra el mensaje, ataca al mensajero.

Sin embargo, le reconozco cierto grado de validez y admito que rara vez, por lo menos en Twitter, expongo alternativas ante lo que critico.

No presento alternativas pues, en los 140 caracteres que permite el Twitter, no es mucho lo que se puede explicar. Además no estoy claro que los que me interpelan realmente quieran escuchar verdaderas alternativas al discurso que compraron como verdad dogmática.

Me parece que para la mayoría de esos que me interpelan, la necesidad de cambios radicales en nuestras estructuras sociales, económicas y gubernamentales, son quimeras que alimentan el sueño utópico de unos locos y por lo tanto no merecen ningún crédito.

Si embargo, para mi lo contrario es lo correcto. Estoy convencido de que aspirar a vivir en una sociedad más justa sin cambios estructurales es la verdadera utopía.

El pensar que podemos bajar la violencia y la conducta desviada sin desarrollar una sociedad más inclusiva, para mí, es expresión de enajenación.

No me parece posible superar los males económicos que nos aquejan, sin primero colectivizar y transformar los medios de producción, para que cada trabajador sea codueño de su centro de trabajo y participe de forma igualitaria de las ganancias que allí se generen.

Para mi es imposible que todos y todas nos podamos sentir incluidos sin cambiar y eliminar los partidos como organismo básico del orden político.

No será hasta que el control de la administración pública no este en manos de verdaderos representantes de la ciudadanía organizada en sindicatos laborales y comunales que podremos hablar de verdadera democracia.

Que esté claro que al decir representantes, no hablo de los delegados que hoy son electos para luego no consultar nada con sus constituyentes y terminar representando lo que beneficie a sus partidos políticos y a los dueños de estos partidos. Me refiero a delegados que, sin cobrar otro salario que no sea el que se ganan en su puesto de trabajador o trabajadora, estén obligados a consultar la forma en que votarán sobre los diversos asuntos con la comunidad o con el centro de trabajo que representan.

De igual manera tampoco podemos esperar que se logre manejar adecuadamente los comportamientos desviados, si los mismos no se enfrenta a nivel comunitario.

Casi dos siglos de existencia demuestra que los cuerpos paramilitares compuestos por profesionales no son una alternativa para manejar el comportamiento desviado en las comunidades. Claro, para lo que si probaron servir estos aparatos es para lo que fueron creados en el siglo XIX, para reprimir y controlar el disenso.

Así mismo, mientras los medios de comunicación no estén en manos de organizaciones no gubernamentales sin fines de lucro y dirigidas por sus propios trabajadores y trabajadoras, tampoco podemos aspirar a una democracia libre de manipulación ideológica.

En fin, de nada parece servir detallar esas propuestas anteriores, pues cuando lo hago, me despachan con un: “que tengas suerte logrando eso”.

Si algo ha sido el logró el Estado capitalista es el hacernos pensar que cualquier otra forma de organizarnos es ineficiente, burocrática y que la misma terminará con una tiranía del Estado como la que se encarnaron los llamados países comunistas, que en realidad eran la encarnación de un capitalismo estatal donde los medios de producción se nacionalizaron, pero no se colectivizaron.

Así las cosas y en medio del pesimismo que me genera el ver lo tecnológicamente eficiente que es ese capitalismo y ante la imposibilidad de derrotarlo por el momento, me refugio en el trabajo de John Holloway.

En el libro “Crack Capitalism”, Holloway concede la victoria al capitalismo y admite que por lo pronto ese sistema social parece inmutable.

Inmutable pero no invulnerable.

Aun en medio de la mayor ofensiva capitalista de los pasados cien años, hay grupos y colectivos invisibles para el Estado haciendo su trabajo, organizándose para tomar control de sus vidas y buscar alternativas económicas y sociales autosustentables.

De esta manera, surgen los proyectos de jardinería comunitaria que transformaron en micro fincas de vegetales los espacios vacíos en Detroit y que según la veterana activista Grace Lee en su libro “The Next American Revolution: Sustainable Activism for the Twenty-First Century”, ahora suplen de alimento a los refugios y cocinas para necesitados.

De igual manera, organizaciones no gubernamentales como Fair Trade International, el Fair Trade Resource Network o el World Fair Trade Organization trabajan para lograr que los productores sean los que disfruten de las ganancias que generan con su trabajo.

A movimientos como estos son los que Holloway cataloga como fisuras en el capitalismo, pequeñas grietas que permiten que algunos se desconecten de la red capitalista y funcionen de manera solidaria en pro de una verdadera democracia inclusiva.

A nivel individual también, cientos de miles de personas en el llamado “primer mundo”, rehúsan consumir en grandes cadenas que explotan a sus empleados y escogen comer y comprar en tiendas de capital local, preferiblemente familiar o comunitarias.

Otros van más lejos, como el Arq boricua Fernando Abruñas que con su “Casa Invisible” demuestra que comunidades autosustentable en términos de energía y agua son posible.

Para terminar y contestar la pregunta que encabeza este escrito, lo que propongo es cambiar las estructuras. Nada cambiara si no se cambia el orden en que vivimos.

Además estipulo que aspirar a ese cambio no es una utopía. Lo que es utópico es pretender vivir en un mundo más justo sin cambiar el orden que produce la injusticia.


10 de abril de 2013
10:36 a.m.

Pena de muerte gana terreno en Puerto Rico:

Analistas opinan sobre el resultado de La Encuesta de El Nuevo Día

Por Aurora Rivera Arguinzoni/arivera@elnuevodia.com

El que 25% de los ciudadanos que participaron en La Encuesta de El Nuevo Día se haya expresado a favor de la pena de muerte, y 37% la favoreciera específicamente cuando se le consultó sobre el caso de Alexis Candelario, convicto por múltiples asesinatos, sugiere un avance en el respaldo a ese método de castigo.

El portavoz de la Coalición Puertorriqueña Contra la Pena de Muerte, Carmelo Campos Cruz, se expresó optimista con el rechazo que expresó en términos generales el 57% de los consultados. Aun así, reconoció que ese porcentaje representa una disminución de 10% comparado con lo que reflejó otra encuesta del 2007.

“Lo sorprendente en esta encuesta es que está en el contexto o hecha en el momento más adverso (para la oposición a la pena de muerte debido la escalada en la inseguridad y la violencia). Acabamos de pasar por un caso terrible como el de Alexis Candelario y aun así tenemos un 57% de personas que están firmemente a favor de la vida y en contra de la pena de muerte”, analizó Campos Cruz.

Dijo recordar que en el 2007 una encuesta publicada sobre el tema arrojó un 67% de oposición a ese tipo de castigo, “lo cual representa un retroceso de 10%” comparado con el presente. A pesar de ello, celebró que el 57% de rechazo en Puerto Rico según La Encuesta de El Nuevo Día aun es más que el que exhiben ciudadanos en países que abolieron las ejecuciones por parte del Estado hace años, como Francia y Reino Unido.

“Eso reafirma la voluntad del pueblo de Puerto Rico”, recalcó. En la Isla, el Estado no ha ejecutado a nadie desde principios del siglo 20 y prohibió tal castigo en su Constitución, pero el tribunal de Estados Unidos en el país puede realizar jucios conducentes a ejecución. Hasta el momento, ninguno ha resultado en veredicto de muerte, y en esta semana podría dilucidarse en más reciente.

Para el estudioso de la criminalidad y profesor universitario Gary Gutiérrez, no debe sorprender que poco más de la mitad de la población (57%) haya rechazado la pena capital en términos generales, esto debido al temor que ha creado la alta incidencia criminal en la población. “Escritores del Siglo 19 y principios del Siglo 20 ya nos hablaban de cómo cuando las clases medias empiezan a sentir el miedo de la inseguridad, por las razones que sean, se van atrincherando en medidas más conservadoras y están más dispuestos a cederle poderes al Estado”, ilustró.

Sobre el apoyo mayoritario a la pena de muerte (44% a 40%) en el caso de Candelario expresado por el grupo más joven en ser consultado (18-34 años), Gutiérrez dijo estar observando una tendencia hacia ese tipo de conservadurismo entre sus alumnos. “En mis clases muchos de los jóvenes se proyectan mucho más conservadores que el resto de la población. Así que no me sorprendería tampoco que es estén moviendo hacia esas medidas conservadoras”, comentó.

Campos Cruz, por su parte, hizo un llamado a reflexionar sobre esto.

“Podría ser un asunto en términos de experiencia de vida, que ya los adultos han visto como el sistema judicial falla tantas veces y ellos no. Otra, que sean personas que se han levantado en este ambiente de violencia que hemos estado viendo en las últimas décadas y eso es lo que conocen, (personas) de la generación del videojuego. Eso puede llevarlos a tener una perspectiva diferente de los que es el valor de la vida. Definitivamente es algo que habría que mirar de cerca”, anticipó.


Hace 43 años no cambia la pobreza puertorriqueña

Por: Ely Acevedo Denis
NotiCel
Publicado: 09/04/2013 08:00 pm

Por los pasados 43 años la tasa de nivel de pobreza en Puerto Rico ha estado rondando entre el 60 y el 50 por ciento, sin mostrar cambios sustanciales.

En la década del setenta la tasa del nivel de pobreza en la Isla era de un 62.8%, en los ochenta y noventa bajó a 59.8% y 57.3% respectivamente. Para el 2000, se redujo a un 48%, y en el 2010 bajó al 45.5%.

De acuerdo a la doctora Linda Colón, ex directora de la Oficina de Comunidades Especiales, esto se debe a dos factores: el éxodo de ciudadanos y los programas de beneficencia social.

“La tasa de pobreza que reflejó la última Encuesta de la Comunidad es de un 45.5%, esa tasa de pobreza a pesar de las crisis económica que hay, y a pesar de la baja participación en el empleo, realmente no refleja lo que entenderíamos que debiera ser el nivel de pobreza. Me parece que uno de los factores que hay que tomar en cuenta es la migración masiva, en la cual se ha ido un sector de los pobres bastante grande, que tiene el efecto de mantener esa tasa oscilando entre un 48% que fue hace 10 años y un 45% que es ahora”, detalló Colón en entrevista con NotiCel.

Se entiende que un 25% de la población vive en la Isla bajo los niveles de pobreza, lo que en algunos casos resulta en una especie de “cadena”, en la que generación tras generación se van transmitiendo formas de vida y actitudes.

Las ayudas federales son un elemento que para Colón no ha reducido la tasa de pobreza pero si ha tenido un efecto directo en las personas que viven bajo los niveles de pobreza, por ejemplo, con el Plan de Asistencia Nutricional (PAN).

Pero trajo a la atención que en Puerto Rico hay alrededor de un 10% o 20% de la población que vive bajo el nivel de pobreza que no reciben el PAN, porque desconocen de la ayuda o porque deciden no solicitarlo.

Sobre los recortes federales que se avecinan, entiende que el impacto mayor es para los beneficiarios del Plan 8, y ciertas ayudas de los departamentos de Educación y Salud.

“La tasa de pobreza no necesariamente se va a incrementar con estos recortes. Esos recortes pueden estar afectando a sectores medios que a lo mejor se le reducen sus ingresos”, determinó.

Para trabajar con la tasa de nivel de pobreza en Puerto Rico, Colón entiende que es prioritario llevar a cabo un plan Nacional de Erradicación de la Pobreza, que sea uno de largo plazo, cosa que nunca se ha hecho en el país.

El nivel de la pobreza se determina por muchos factores, pero el principal es de índole económico, lo que está estrechamente ligado al acceso de los ciudadanos a un empleo formal.

“En la medida que no se creen alternativas económicas para el sector que está bajo el nivel de pobreza, una parte ya de ese sector tiene su cuarto año de Escuela Superior, pero cerca del 40% no ha terminado la Escuela Superior. Y ese es un grupo para el cual las posibilidades de empleo en la economía formal están totalmente restringidas, cerradas. En ese sentido, pienso que una de las cosas que habría que tomar en cuenta es cuál es el proyecto de sociedad que tenemos y cuál es el esfuerzo de largo plazo que se va hacer para erradicar un problema como este”, puntualizó Colón.

Teniendo en cuenta que la situación de la pobreza es un problema social, político y económico, Colón fue enfática que las soluciones para atenderlo deben ser multisectoriales.

Según el criminólogo Gary Gutiérrez, uno de los traspié del Estado en erradicar la pobreza es que “nuestra economía siempre ha estado al servicio de otros intereses, primero los intereses económicos extranjeros… Yo no creo que nosotros desarrollamos una economía, sino que implementamos una economía generada para eso”.

Esta situación y el entorno capitalista en que se desarrolla la sociedad, tiene su punto de encuentro en la “bulimia social“, que es cuando se imponen necesidades de consumo a la clase excluida económicamente.

Por su parte, María de Lourdes Rivera Grajales, designada directora de la Oficina de Comunidades Especiales y ex directora de la Compañía para el Desarrollo Integral de la Península de Cantera, expuso que el Estado ha tenido a través de los años varias iniciativas para atender el problema de la pobreza.

“Pero hay una realidad de situaciones económicas que están habiendo, y que tenemos que atenderlas, para poder entonces tratar de que esa tasa de desempleo y pobreza que hay, pueda ir menguando“, apuntó Rivera Grajales.

Destaca que es una gestión que le compete al Estado, el sector sin fines de lucro, la empresa privada y las comunidades. Áreas a reforzar son el desarrollo socioeconómico, el promover la autogestión y los programas educativos.

El economista José Alameda, catedrático del Departamento de Economía del Recinto Universitario de Mayagüez, coincidió en que hay que desarrollar nuevas fuentes de empleo y una economía que vaya de abajo hacia arriba, brindar mayor empoderamiento a las comunidades, y promover la autogestión.


Castigar: ¿justicia o ignorancia?

por  | 28 de Marzo de 2013 | 8:33 pm

“Matar es siempre un acto de ignorancia”, leí una vez en un escrito budista. Según esos seguidores del legendario Siddhartha, el matar animales o plantas para alimentarnos, defendernos o cualquiera sea la razón, solo demuestra nuestra incapacidad de manejar la situación de otra manera que no sea causando sufrimiento. Después de todo, no causar sufrimiento es la aspiración de todo buen budista.

El enunciado de los viejos iluminados me vino a la mente en medio de la orgía mediática en que se convirtió una pelea de escuela que terminó con el encierro de dos menores en Ponce. La planificada agresión transcendió a la opinión pública cuando los jóvenes victimarios documentaran y circularan la misma en las redes sociales. Llamaron entonces a convertir las agresoras en ejemplo.  El llamado era a que, sin contemplaciones, se les sometiera al castigo más severo permitido por la ley.

El cotidiano incidente de pelea estudiantil, pues según la policía tan solo en el área policíaca de Ponce se reportan entre 4 y 10 semanales, generó en las redes sociales una discusión donde poco a poco, las jóvenes implicadas se fueron convirtiendo en chivos expiatorios que tenían que ser sacrificados ante los dioses para restablecer el orden, la moralidad, la decencia y la sana convivencia.

El sacrificio de estas estudiantes agresoras se construyó así como un acto necesario para dejar claro que nosotros como sociedad no somos violentos, que somos distintos a ellas, que ellas no representan nuestra sociedad. Claro, porque nosotros, los buenos, solo usamos la violencia cuando es necesario para mantener el orden o hacer justicia.

Ese sacrificio ante el altar mediático se hizo necesario para dejar claro que la gente como esas jóvenes y sus padres son los malos que destruyen nuestra fibra social resolviendo las cosas con violencia. Mientras que nosotros somos los buenos que merecemos ser protegidos por el Estado, aun cuando sea con violencia.

Mirando el incidente desde la perspectiva del enunciado budista que encabeza este escrito, la reacción que generó el incidente en el clima de opinión del país me llevó a preguntarme si de igual forma, ¿el castigo no es otro acto de ignorancia?

¿Acaso, al igual que el matar, el castigo no es una acción que dramatiza que los seres humanos no hemos logrado generar otra forma para manejar de manera no violenta a los y las que se apartan de las normas?

Mirando la historia, el castigo aparenta ser parte de la cultura del ser humano desde el principio. El mismo se legitima viéndolo como la forma de retribución ante una afrenta, física, material o emocional. Por eso está incluido en todos los códigos penales modernos o antiguos como forma de restitución. ¿Pero qué es lo que restituye el castigo? ¿Acaso nos devuelve al ser querido asesinado o la propiedad hurtada o destruida?

Uno pudiera pensar que el castigar a quien nos ofende o agrede hace del mismo un ejemplo para que otros no cometan ofensas. Pero si nuevamente miramos la historia, tenemos que admitir que el castigo nunca logró evitar o si quiera controlar el comportamiento desviado.

¿Acaso pudo Roma controlar al cristianismo con el castigo? ¿Fue efectiva la Santa Inquisición controlando la división de la cristiandad? ¿Pudo la supremacía blanca evitar con el castigo y la represión el avance de los afroamericanos que exigían se reconociera su humanidad? ¿Alguien puede creer que los castigos draconianos impuestos por la Ley Antidroga Estadounidense logran disminuir el consumo y venta de las mismas?

Se puede pensar entonces que todo ese discurso del castigo como forma de justicia y retribución es un eufemismo para disfrazar nuestra sed de venganza, aun cuando no logre nada más. Sin embargo, aparenta ser que ni para satisfacer la sed venganza sirve, tras presenciar la muerte de victimarios a mano del estado, muchos de los familiares de las víctimas declaran no sentir la esperada restauración o el alivio esperado.

En medio de este torbellino de ideas, recuerdo las palabras de aquel rabino de Galilea a quien le atribuyen haber ordenado a sus discípulos que perdonaran y amaran a sus enemigos.

¿Se puede entonces ser cristiano y castigar? Hay cristianos, como los cuáqueros por ejemplo, que no creen en el castigo y por eso inventaron eso de la rehabilitación. Perdonar es no castigar, así que debo pensar que aquel artesano convertido en divinidad repudiaba el castigo como respuesta. Tal vez él sí sabía que no resuelve nada…

Si somos honestos, debemos admitir que buscar otra manera para manejar la desviación que no sea castigar es un concepto novel en la humanidad. El castigo siempre fue y es la norma o la respuesta aceptada. Es por esto que no es fácil responder a la interrogante de qué hacer con el que delinque si no lo vamos a castigar. No es fácil a pesar de que, y repito, el castigo nunca ha sido disuasorio para el comportamiento desviado o la delincuencia.

En realidad el castigo, como bien demuestra la historia de Damiens en la grotesca narración de Foucault, solo ha servido para dejar claro quién manda o para restablecer la imagen de poder que unos mantienen sobre los otros.

Desde el siglo XVIII el Derecho occidental estipula, sin discusión hasta hace unas décadas, que el delito es una acción racional producto de un análisis de costo beneficio. Esta teoría  puede ser cierta, pero me parece que es mal interpretada. Si bien el delito sí aparenta ser el resultado de un proceso de análisis por parte del delincuente, la discusión interna por parte del victimario no aparenta ser una para escoger entre cuánto gano delinquiendo y cuánto me costaría si me atrapan. La realidad es que el análisis por parte del victimario, si se da, es entre qué otras alternativas a delinquir puedo ver o reconocer, pues al fin y al cabo si el agresor no conoce otras alternativas, el crimen será la única opción que tenga, aun cuando le tema al castigo. Es decir, ante la necesidad, real o no, de delinquir para sobrevivir, no creo que haya tiempo para detenerse a pensar en el posible castigo.

¿Cuántos de nosotros, los decentes, no estaríamos dispuestos a cometer actos delictivos para alimentar nuestros hijos, aun cuando nos cueste la vida?

En resumen, admito que partiendo del orden social presente, no hay muchas alternativas a castigar a quienes se desvían, incluso cuando la historia demuestra que el castigo no funciona para controlar la criminalidad.

Digo que no hay otra alternativa, pues sin profundos cambios estructurales que hagan de nuestra sociedad una más incluyente donde todos tengan oportunidades para escoger entre delinquir o no, el castigo seguirá siendo ineficiente para contener la delincuencia.

Pero en fin, como la mayoría realmente no quiere o no le interesa cambiar el sistema, parece que nadie admitirá que el castigo no funciona para evitar la desviación y que seguiremos aplicando el mismo como una simulación de justicia.

De esta manera, parece que el viejo adagio budista aplica al castigo y que el uso del mismo es una expresión de nuestra ignorancia. Pero no solo ignorancia para manejar de otra forma al desviado, sino ignorancia para organizar una sociedad más justa e inclusiva donde nadie tenga que enfrentarse al castigo, pues tuvo verdaderas oportunidades antes de llegar a la delincuencia.

Solo en esa otra sociedad más inclusiva, la aplicación del castigo pudiera dejar de ser vista como un acto de ignorancia. Claro, eso no implica que llegue a ser un acto de justicia… Eso todavía estará por verse.