Citado en “Las drogas: Puerto Rico aferrado a una “guerra” fracasada”


Por Cándida Cotto

http://www.claridadpuertorico.com/

Publicado: martes, 14 de octubre de 2014

ClaridadHabiéndose comprobado que la llamada “guerra contra las drogas” ha fracasado, cada país debería generar una política independiente para atender su problema de las drogas. Pero en Puerto Rico, el Gobierno sigue la política de “guerra contra las drogas” y criminalización del usuario.

Para el profesor de criminología, Gary Gutiérrez, la admisión del fracaso de la guerra contra las drogas y la necesidad de políticas independientes son dos de los señalamientos sobresalientes del estudio “Asumiendo el Control: Caminos Hacia Políticas de Drogas Eficaces”, de la Comisión Global de Políticas de Drogas (CGPD), organismo independiente integrado por figuras de calibre mundial.

“Este llamado es importante porque es un llamado a otra visión del problema, a otro paradigma del problema, a que construyamos el problema desde otra perspectiva”, indicó Gutiérrez. Aclaró que la Comisión no es un organismo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), sino un ente independiente que intenta que se le escuche en la próxima sesión especial sobre las drogas que tendrá la Asamblea General de la ONU en el 2016. Se supone que la ONU escuche tanto las posiciones de organizaciones como de los diversos estados.

El profesor Gutiérrez expuso que la CGPD es una de otras organizaciones que quiere que se replantee la situación del narcotráfico y las drogas desde una perspectiva no penal, “porque, como es obvio para cualquier persona que tenga dos dedos de frente, cien años de prohibición ha probado que lo único que se ha logrado es llenar cárceles con los sectores marginados de los países; crear enormes carteles del crimen organizado y de lavado de dinero sumamente poderosos; crear capitales negros, y que aun en el momento de la legalización de la droga, se va a tener que pensar qué se va a hacer con ese capital”.

Otro aspecto que ha logrado la política de guerra contra las drogas, denunció, es reafirmar el poderío del norte global, específicamente Estados Unidos, en la política interna de los países, ya que sus políticas antidrogas le dan “licencia de corso” a Estados Unidos, a su agencia DEA (Drug Enforcement Administration) de “intervenir, básicamente como le dé la gana, en los asuntos internos de los países, en las comunidades internas, una excusa para militarizar su fuerza policíaca y mantener bajo control a poblaciones excedentes que no tienen oportunidad de empleo y que encuentran en el narcotráfico la forma de ganarse la vida.”

El profesor Gutiérrez destacó, además, que el informe es producto de un grupo que analiza la situación desde la perspectiva del sur global, de los países productores de la droga y de los que la transportan. “También es importante porque es un grupo que está compuesto, además, de políticos e intelectuales, por gente de mucho poder económico y eso pudiera apuntar a que ya el capital se está dando cuenta de que el negocio de la ilegalización ya no es un buen negocio para ellos y que la legalización puede ser un buen negocio para ellos”.

En ese aspecto, observó que el negocio de las tabacaleras tiene ya la estructura para procesar y distribuir material de drogas. Comentó que los activistas a favor de la legalización en Estados Unidos (EEUU) ya han advertido sobre este peligro y han destacado que los procesos de legalización se deben dar desde abajo hacia arriba y no como se dio la legalización del alcohol, que el gobierno cedió unas licencias a unos grandes productores tradicionales en el sur de EEUU.

Gutiérrez señaló que para que la droga no se convierta en una mercancía de mercado, lo que están buscando los sectores más progresistas en Estados Unidos es que la legalización se dé mediante licencia a cooperativas y grupos de usuarios para que produzcan la droga que van a consumir y así mantener un control y evitar que se genere un negocio igual de lucrativo y explotador como ocurre ahora con el alcohol.

El escenario en Puerto Rico

Aun cuando se reconoce que en el País hay un severo problema de drogadicción, Gutiérrez denunció que las estadísticas sobre el número de usuarios se estiman basado en las intercepciones policíacas, es decir, que si aumenta el por ciento de incautación es que ha aumentado el número de usuarios. Anotó que los números que se tienen los ofrece la DEA por lo que llamó la atención de que “hay que tomarlos con pinza”, ya que siempre se dan en el contexto de pedir recursos monetarios para la militarización.

Por otro lado, apuntó que la Oficina para las Drogas y el Delito de la ONU dice que el uso de sustancias tradicionales como la coca, la heroína y la marihuana, ha ido cayendo en desuso en muchos sitios, para darles paso a drogas de diseño, las llamadas sintéticas, que no requieren todo el proceso y andamiaje de distribución que requieren las drogas de uso de plantas naturales. En el caso de las llamadas drogas sintéticas -explicó- el suplidor las produce cuando le hacen el pedido, lo que elimina el riesgo de incautación, almacenaje, etc.

El problema de las drogas

Más allá de la violencia que genera el tráfico de la droga, el profesor de Criminología planteó que su experiencia académica y el estudio de este fenómeno le permiten afirmar que en los sectores marginados, donde hay muy pocas oportunidades de empleo, sobre todo para los varones jóvenes, éstos ven en la droga una forma de resolver sus problemas económicos. Puso como ejemplo el hecho de un joven de 22 a 24 años, que tiene que pagar una pensión, no tiene trabajo y el narcotráfico se convierte en la forma de buscarse el dinero de la pensión. “En realidad, eso que nosotros llamamos problemas de las drogas, en muchos sectores se ha convertido en la solución del problema, que es terrible, porque el que vende no sólo hace daño sino que es una estructura tan capitalista como cualquier otra”.

Incluso agregó, “el punto ya no está pagando como antes. Según me dicen los muchachos en la calle, regularmente la droga es a concesión, te dan la droga y tú eres responsable del dinero. Otra estudiante me dijo que ella quedó embarazada a los 16 años, el padre la botó de la casa. Vivía con un familiar y le pagaban para que guardara tres kilos de droga. Se la robaron –no sabe quién- y estuvo trabajando en el punto tres años para pagar la cantidad. Así que, en ese sentido, es una empresa comercial. Lo que nos lleva entonces a la pregunta, y llevo años diciéndolo: tenemos estos muchachos de 26 años que no tienen educación, su educación formal es de noveno grado, está corriendo un punto de drogas, que es una empresa probablemente millonaria, cerca de un millón, que tiene que bregar con personal, tiene que bregar con almacenamiento, tiene que bregar con inventario, tiene que bregar con contabilidad, tiene que bregar con relaciones públicas en el barrio, tiene que bregar con el problema de la Policía… ¿qué hemos hecho como sociedad para que ese muchacho, en vez de estar haciendo eso, no tenga un negocio legal? La moral es chévere si se tiene la nevera llena”.

La legalización

Aun con sus profundas reservas de que en la Isla pueda llegarse en estos momentos a una legalización, Gutiérrez favoreció legalizar el uso medicinal de la marihuana, lo que parece ser la postura del gobernador Alejandro García Padilla. Argumentó que el uso médico tiene dos ventajas políticas, ayuda a desmitificar la sustancia en la comunidad y, sobre todo, va creando el espacio de producción a nivel legal para que cuando se autorice a nivel recreativo, ya haya unas estructuras legales que puedan hacer el proceso más fácil. Destacó que en los estados donde se ha legalizado la marihuana no han ocurrido mayores problemas, no ha aumentado el consumo y se ha generado un ingreso en impuestos mayor a lo esperado.

“Creo que los documentos de la Comisión Global, como los documentos de la Comisión Latinoamericana para la Democracia, son los más claros, más sensatos y los más coherentes que se han hecho a nivel internacional en los últimos años. La única oposición a que se legalicen las sustancias viene de los sectores de la industria del complejo industrial militar ligado al sistema correccional, que viven de tener gente presa. Cerca del 70% de los confinados en Estados Unidos es por drogas no violentas”, manifestó.

Los otros sectores que se oponen a la legalización, además de los sectores religiosos, son los programas de rehabilitación, las agencias policíacas que viven de la criminalización y los propios sectores criminalizados que viven de vender la droga cinco veces más cara de lo que se vendería en la cadena de distribución legal de las farmacias, denunció. Según Gutiérrez, de cada diez dólares que se invierten en la “guerra contra las drogas”, siete van a las fuerzas policíacas y tres a tratamiento y prevención.

Violencia y Criminalidad


Participación en el  programa Conocimiento y Acción Solidaria 18 de octubre de 2014, hablando con Rey Quiñones y Rolando Emmanuelli sobre Violencia y Criminalidad. 

 

 

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Conversando con Norma Colón Daleccio sobre marihuana y legalidad


NCD

Extractos de la conversacion sobre droga, criminalidad y legalidad con Norma Colón Daleccio en WPAB-Ponce

 

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Tentempié es “cocina de autor”


Pubilcado originalmente en La Perla del Sur Tentempié es “cocina de autor”

Texto y fotos por Gary Gutiérrez

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Si se toma como correcta la definición que el reconocido “foodie” venezolano Rafael Cartay propone, no hay más alternativa que llamar a las hamburguesas de Tentempié Lunch Stop, “cocina de autor sobre ruedas”.

Para explicar el término, Cartay cita al detective y entusiasta de la cocina Pepe Carvalho, un personaje de Manuel Vázquez Montalbán, quien decía que la “cocina de autor” es aquella que “expresa su madurez creativa, superando la dictadura del chef que se adapta al establishment”.

“Con la cocina de autor, el cocinero crea un estilo propio con una propuesta singular”, añade.

Y si de crear un estilo propio se trata, Giancarlo Pabón Medina, cocinero en Tentempié Lunch Stop, merece un cordón azul, aun cuando se escandalicen los ortodoxos que entienden contradictorio que un despensero sin preparación formal cargue con semejante honor.

Aun así, las hamburguesas de Tentempié Lunch Stop son una verdadera expresión del apasionado Pabón Medina quien, falto de trabajo, decidió un año atrás usar los recursos educativos de la Internet para desarrollar su afición por la barbacoa, ya como negocio.

Mas si buenas son sus hamburguesas, mejor es el servicio y cariño con que recibe a su clientela la esposa de Giancarlo y administradora del negocio, Paola Cristina Torres Arroyo.

¿Qué mejor propuesta empresarial? Amor por lo que se hace, amor entre quienes lo hacen y amor para quienes lo hacen, una clientela cada vez más atraída por la tentadora y provocadora carta de Tentempié Lunch Stop

Presentados en pan artesanal confeccionado en Ponce por Bagette de Puerto Rico y con nombres como “El Porky’s” relleno de tocineta, “El Español” con chorizo, el elegante “Portobello” relleno de delicadas setas o el saludable y vegetariano “BlackBeans” hecho en la casa, la oferta de este rincón es un verdadero ejemplo de pornografía culinaria.

Por supuesto, esa cartelera, disponible en combos que comienzan desde $6 para el sencillo “Piscolabi” con papas y refrescos, tiene también sus estelares.

Entre estos protagonistas especiales hay que destacar el “Amish”, que combina la fuerza y picardía del queso azul con la delicada y juguetona dulzura de cebollas caramelizadas al punto.

De igual manera, el “Amarillo”, que representa la cocina nacional con su relleno de plátano amarillo y su corona de huevo frito.

Si bien todas estas hamburguesas son maravillosos ejemplos, preparados, condimentados y confeccionados al momento, el estelar de la carta tiene que ser el “Tentempié Burger”.

Es una hamburguesa rellena de plátano amarillo, chorizo, tocineta y dos clases de quesos, que solo debiera estar disponible para foodies “hard core” que traigan un certificado médico.

Este sí es un verdadero y decadente homenaje a Dionisio.

Como si lo anterior no fuera suficiente bacanal, después de un año ganándose su espacio en el mercado, Paola y Giancarlo decidieron que sus clientes merecen más. Por ello, ahora vienen con un hamburguer mexicano que llaman “El Mariachi”.

Todas estas delicias salen acompañadas de papas o de “onion rings”. Ahora, no se confundan, tanto las papas cortadas en finas lascas redondas tipo “chips”, como los anillos de cebollas rebosados se preparan al momento y son en sí mismos una experiencia.

De paso, si quiere “onions”, tiene que ir temprano, pues “cuando se acaban, se acaban”.

Además, hace solo días Tentempié Lunch Stop incorporó a su menú un “funnel cake”, un híbrido entre churro y dona que se presenta con crema batida y se puede acompañar con queso crema, guayaba, azúcar en polvo y un “Dulce de leche” que Giancarlo prepara en la casa.

Ese postre hay que probarlo, pues cualquier descripción no le haría justicia.

En fin que, como indicamos al comienzo, algunos pensarían que usar el término “cocina de autor” para describir la culinaria de un carretón con un cocinero entrenado en la casa es una contradicción.

Pero al parecer las contradicciones son la naturaleza de este experimento llamado Tentempié Lunch Stop.

Un carretón que -ubicado en medio del bullicio de la carretera número 2, al costado de la armería de la Guardia Nacional y frente al Hospital Damas de Ponce- evoca un ambiente tan bucólico que lleva al comensal a sentirse en un batey de campo, donde se come de maravilla.

Ahora, hay que estar claro, esto no es “fast food”. Aquí cada hamburguesa, por compleja que sea, se prepara a la orden. Así que si tiene apuros, puede llamar a Paola al 787-983-8930 para que adelante su pedido.

Pero si puede, hágase un regalo: vaya con tiempo, ordene y disfrute un ratito del amor que Paola y Giancarlo regalan a todos sus clientes.

¡Buen provecho!

8 de octubre de 2014

 

El Glawi: dos décadas sazonando La Playa


Orginalmente publicado en La Perla del Sur: El Glawi: dos décadas sazonando La Playa

Texto y fotos por Gary Gutiérrez

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Con el perdón de los hispanoparlantes, estos sí son “The Real Thing”. Simple y llanamente no existe mejor forma para describir la fondita que por los pasados 20 años ha servido y alimentado a la clase trabajadora de La Playa de Ponce.

El emblemático paraje, situado justo entre la avenida Padre Noel y la calle Alfonso XII, se llama El Glawi Café, el mismo que religiosamente abre sus puertas a partir de las 5:00 de la mañana todos los días de semana y los sábados a las 7:00.

Como a diario comprueban sus fieles clientes, de entrada el comensal sabe que llegó a una fonda “como Dios manda” y no a un “come y vete” extranjero, insulso de carácter, sazón y personalidad.

Protegida por una reja que siempre está abierta, de entrada se topará con el mostrador donde se ordena y se recoge la comida, así como con la inmaculada vitrina que bajo dos bombillones despliega los mejores tesoros de la tradición frita de la cocina nacional.

Desde alcapurrias y empanadillas, hasta pollo frito, al horno y costillitas en trozos, estas delicias son preparadas en casa o por allegados a la familia.

Y como en las más genuinas fondas del planeta, en las paredes de El Glawi Café no solo se despliegan los orgullosos logros familiares. También se documentan y celebran a los héroes deportivos y sociales del barrio y la ciudad.

Aquí abundan tanto los recuerdos de la familia, como imágenes que evocan a Ponce y el desaparecido Churumba, así como a Puerto Rico, la salsa como género musical y los Yankees de las Grandes Ligas.

Por supuesto, todo eso está bien chévere, ¿pero qué de la comida? Pues ahí es donde El Glawi se “ranquea”, como dicen los jóvenes.

Si es cierto que la culinaria de una fonda se mide por el arroz blanco y las habichuelas, entonces El Glawi Café ocupa una categoría por sí mismo. Si lo duda, entonces, pida un “floriaíto” cuando visite este tabernáculo de la cocina criolla.

Para quienes crecieron en la época de la comida chatarra y no conocen el lenguaje de las fondas, un “floriaíto” es un plato pequeño con un poco de arroz y habichuelas a caballo, al estilo de los que hoy llamarían un “side order”.

Si bien el arroz blanco es sabroso y tierno al punto, sin duda las habichuelas son las reinas de esta impecable cocina.

El espeso y rojizo caldo producto de los granos ablandados en la casa y sazonados con sofrito criollo, preparado fresco y licuado para que los nenes no vean las hierbitas, se termina con trozos de papa y calabaza: un verdadero tributo a las manos de nuestras madres y abuelas.

La calidad y la honestidad tradicional de esas habichuelas no son de extrañar, cuando se toma en cuenta que fue en el hogar de la familia donde don Carlos Ruiz De Jesús y doña Evelidys “Lilly” Andújar de Jesús, propietarios de El Glawi, aprendieron a cocinar.

“Aquí en 20 años solo hemos tenidos dos cocineros, Juan Gómez, que nos ayudó por un año mientras comenzábamos, y yo. En mi caso, cocino como a mí me gusta. Pruebo algo, lo preparo un par de veces en casa y si nos queda bien lo ponemos en el menú”, explicó Ruiz De Jesús, con una sonrisa de satisfacción casi pícara.

Mas si a lo anterior se suma que por las pasadas dos décadas el negocio sirvió de segundo hogar para Karla, Karylin y Karl, los hijos de la pareja, entonces nadie debe dudar por qué comer en El Glawi es, inequívocamente, compartir la mesa con la familia Ruiz Andújar.

Y en honor a la verdad, el menú de esta fondita no puede ser más criollo.

Para desayuno, además de los sándwiches y los bocadillos ponceños, la oferta incluye tres opciones de cereales calientes, incluyendo algunos con endulzantes artificiales para quienes cuidan su nivel de azúcar.

Entretanto, para los que buscan el “baratongo”, en El Glawi preparan un desayuno criollo de huevo, jamón, tostadas y cariño para todo el día, por menos de $3.75.

Hablando de desayuno, no se equivoque. El café de El Glawi es cola’o como le gusta a don Carlos, que llega todos los días a las 4:00 de la madrugada a prepararlo.

Por supuesto, siendo una fonda, el almuerzo ya está disponible a las 9:00 de la mañana y todavía una mixta comienza en menos de $6, con ensalada verde, agua o refresco incluido.

Las opciones regularmente abarcan variedad de carnes, pescados, mariscos, pollo y, claro, hasta antojitos como las mollejitas, las pastitas con pollo, el meatloaf en salsa y las ensaladitas de papa para los días de calor.

Ahora, no se equivoque. Para los que celebran algo especial o para los días de cobro, El Glawi Café también ofrece una carta que pudiera estar muy cómoda en cualquier restaurante de mantel blanco y servicio estirado.

Pa’ muestra con un botón basta. Solo tiene que probar el mofongo relleno de mariscos: el más tierno carrucho, salteado junto a un delicado pulpo y camarones en un mojo criollo, preparado con sofrito fresco que arropa uno de los mofongos más suaves y delicados de la región.

Tan sabroso y fresco que se nota de solo olerlo. Y, por supuesto, de más está decirlo, ese hay que bajarlo con una “friiiíta”.

Si por casualidad le queda espacio, pida el flan de la casa. ¡Qué caramelo más sabroso y qué textura tan cremosa!

Cuando termine, comprenderá mejor por qué Ponce tiene tanto prestigio como cuna de fondas emblemáticas, como la Cafetería Ramos y el Fogón de Yuya.

Pero con el respeto que todas se merecen y en honor a la verdad, 20 años de servicio “bregando” y velándole el bolsillo a la comunidad de La Playa de Ponce le garantizan a El Glawi Café un espacio distinguido en la liga de “las mejores” de la ciudad.

“Buen provecho” y reitero, disfruten el flan, ¡si les cabe!

8 de octubrede 2014

 

La prohibición, más allá de las sustancias


 Gary Gutiérrez

Presentado ante los estudiantes de la Universidad del Turabo

10 de octubre 2014

Foro de la Asociación de Criminología y las escuelas de Ciencias Sociales y Comunicaciones, así como de Ciencias Naturales y Tecnología de la Universidad del Turabo, (Foto: Mabel Pola)
Foro de la Asociación de Criminología y las escuelas de Ciencias Sociales y Comunicaciones, así como de Ciencias Naturales y Tecnología de la Universidad del Turabo, (Foto: Mabel Pola)

Para leer la resaña de Sara del Valle para FRG Media

Para escuchar la ponencia en I-Voox
Para escuchar la ponencia en I-Voox

Para estar claro, no me presento ante ustedes para decirle cómo manejar la situación de las drogas en Puerto Rico. Prefiero pensar que estoy aquí para invitarles y colaborar en un ejercicio de análisis que, partiendo de la anárquica aspiración de cualquier pensador crítico, se aleje de esos viejos referentes que al fin y al cabo fueron los que crearon el llamado problema de las drogas, y de paso los que todavía hoy simulan manejarlo.

Partiendo de lo anterior, me niego entonces a enfocar esta alocución desde perspectivas médicas, terapéuticas y morales. El yo entrar en la discusión médica o terapéutica sería faltarle el respeto a los salubristas quienes pasan su vida manejando ese fenómeno llamado “droga”. Mientras que, hablar desde la dimensión moral de esta discusión definitivamente sería un acto de cinismo, pues admito que no creo ser la mejor persona para hablar sobre la moralidad de nada.

Ahora bien, académicamente hablando, la principal razón para negarme a discutir el llamado problema de las drogas desde las perspectivas médico o moral, es que estas dimensiones realmente son irrelevante al verdadero problema generador de una violencia que en nuestro país equivalente a una guerra civil (Villa-Rodriguez y Gutiérrez-Rentas 2013; Zavala-Zegarra DE, López-Charneco M, Garcia-Rivera EJ, Concha-Eastman A, Rodriguez JF, Conte- Miller M 2012).

Con esto no digo que esos aspectos médicos y morales del consumo de psicoativadoras no son importante. Lo que quiero dejar claro es que lo que debemos estar discutiendo como criminólogos y criminólogas es si las fracasadas políticas que criminalizan las sustancias son la mejor alternativa para controlar la violencia y para crear las condiciones que permitan que los salubristas hagan su trabajo. Le que si debemos discutir es si meter gente presa por ejercer su derecho a consumir lo que ellos escojan es una política a adecuada o no. Igualmente obligado es preguntarnos si el botar miles de millones de dólares encarcelando a ciudadanos por vender o facilitar los productos que unos adultos consintientes quieren comprar es realmente adecuado.

¡DE ESO ES QUE SE TRATA! ¿Le vamos a reconocer al Estado autoridad legítima para decidir sobre lo que nosotros como seres libres decidimos consumir?

Por tanto lo que hoy propongo es romper con los viejos discursos entendiendo que son las propias leyes que criminalizan la posesión y el mercado de sustancias la causa de la violencia social que arropa al país y que al mismo tiempo son el mayor impedimento para manejar el problema de abusos de sustancias desde una perspectiva salubrista (Villa-Rodriguez y Gutiérrez-Rentas 2013; Zavala-Zegarra DE, López-Charneco M, Garcia-Rivera EJ, Concha-Eastman A, Rodriguez JF, Conte- Miller M (2012). Pero por supuesto entender que eso es lo que debemos discutir no es tarea fácil. Sobre todo en un país dominad0 por medios de comunicación simplistas, así como por partidos políticos cuya función es servir a eso que le pagan y que le buscan los votos. (Fonseca, 2013).

Por ejemplo, la radicación en la legislatura de Puerto Rico de sendos proyectos encaminados a liberalizar las leyes prohibicionistas despenalizando la posesión de pequeñas cantidades de marihuana por un lado, y permitiendo el uso de esta planta como tratamiento médico por el otro, desató una cruzada tipo “guerra santa” por parte de “empresarios morales” conservadores que insisten en mantener el tributo de sangre que la actual ley antidrogas impone a los puertorriqueños (Goode y Ben-Yehuda 2009). Guerra Santa a al cual originalmente se unió el gobernador Alejandro García Padilla, aun cuando ahora después de ir a Washington, dice haber reconsiderado. Por lo visto en la prensa y en las redes sociales, inmediatamente tras la radicación de los proyectos salieron los sospechosos habituales montados en miedos apocalípticos y cabalgando sobre viejos y trillados discursos moralistas, asegurando que liberar las leyes que controlan el consumo de marihuana traerá la destrucción de la fibra moral que, según ellos, mantiene coherente la sociedad puertorriqueña.  ¿Cómo si la prohibición lograra mantener fibra alguna?

Digo los sospechosos habituales, porque por un lado están algunos sectores terapista que viven de la adicción (Riggs 2012), y por otro, los sectores conservadores cristianos de derecha que desde el siglo diecinueve vienen usando el miedo y la insensatez para mantener o impulsar leyes que eliminen la separación de iglesia y estado, mientras pretenden usar la propia ley para imponer su moralidad al resto (Foster, 2002; Goldbert 2007; Hedges, 2006; Manjó-Cabeza, 2012).

Desconfiando del uso de hierbas y brebajes como parte de rituales para la sanación del cuerpo y el alma, desde finales del siglo diecinueve estos grupos conservadores y religiosos vienen empujando legislación para que las leyes de Estados Unidos reflejen e impongan a todos y todas, un estilo de vida cristiano, puritano, virtuoso y de fuerte control frente a los placeres. Por supuesto, este pensamiento religioso fue solo el comienzo del proceso.

Ese discurso prohibicionista logró ser exitoso, pues el mismo resultó muy cónsono con la visión de mundo de los llamados “WAPS” -White Anglosaxon & Protestan-, quienes controlaban y controlan la vida pública estadounidense. Estos grupos de base racistas y xenofóbica, ven el uso de hierbas y plantas como la marihuana, la coca y el opio, como costumbres de razas inferiores que dañan las “buenas costumbres de la cultura civilizada” que para ellos es hablar de la eurocéntrica cultura del blanco, varón, propietario, heterosexual y cristiano que surge durante la modernidad. Para ese grupo, la prohibición de “las drogas” resultó un discurso muy conveniente, pues le sirvió y le sirve de excusa para legalmente controlar y reprimir las minorías mediante la prohibición y criminalización de sus costumbres (Courtwright, 2002; Davis, 2005; Escohotado, 2003; Ferrell, Hayward y Joung 2008, Foster, Gusfield, 1983; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999; Villa y Gutiérrez, 2013).

Este empuje prohibicionistas de los cristianos conservadores, respaldado por los WAPS, tomo más fuerza cuando algunas empresas lo vieron como una oportunidad de adelantar sus intereses comerciales y económicos.

A modo de ejemplo se puede mencionar cómo, tanto los intereses del sector industrial algodonero en el sur de Estados Unidos, así como los de la familia de industriales Dupont, se percataron de que prohibir la marihuana tendría como efecto la destrucción de la industria del cáñamo, derivado de la planta del cannabis y principal complejo industrial en el mercado de textiles y sogas en aquel momento histórico. Es así como ambas industrias se montaron en el discurso e invirtieron recursos para empujar la ilegalización de la marihuana (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999). Además de estos intereses económicos que podemos ver como “legítimos”, hay que dejar claro que a mediados de la década del 1930, hubo otros intereses un poco más siniestros o solapados que también empujaron y apoyaron la prohibición de las drogas a nivel federal en Estados Unidos. Primero, los agentes del Buró de Alcohol y segundo, los carteles o sindicatos del crimen organizado que surgieron y se fortalecieron como resultado no intencionado de la mencionada prohibición del alcohol. Ambos sectores, perseguidos y perseguidores, se quedaron sin campo de acción y sin ingresos al legalizar el consumo de licores, por lo que ambos vieron en la prohibición de otras sustancias una manera de mantener su pertinencia unos, y sus ganancias económicas los otros. (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012).

Por tanto, el que todavía hoy veamos a los mencionados sectores conservadores funcionado como una especie de mafia moralista tratando de imponer al resto sus valores y empujando el control de los individuos por parte del Estado, no debe sorprender a nadie. Tampoco debe sorprender a nadie que los poderosos en esta sociedad cierren filas con esa mafia moralista y la utilicen como quinta columna, pues son ellos los que verdaderamente se benefician del control social y de la cultura de encerrar y castigar a cualquiera que no represente, se comporte o por lo menos respete como superior a los intereses y estilo de vida del blanco, varón, propietario, de apariencia heterosexual y cristiana (Villa y Gutiérrez, 2013).

Además de los factores ya detallados, hay quienes complican más el análisis entendiendo que la prohibición de las drogas fue solo un peón más en el tablero por el control social entre dos facciones del poder económico en un Estados Unidos que pasaba de ser una sociedad agrícola a una industrial. Al igual que con la Guerra Civil estadounidense, que no se trató de liberar los esclavos, sino que fue un enfrentamiento de dos visiones de ordenamiento económico encontrados; la lucha por la prohibición de las drogas se puede analizar como otro campo de batalla entre el viejo capital agrícola con una cosmovisión rural y conservadora, y el capital industrial con una mirada urbana, cosmopolita y libertina (Alexander 2012).

Partiendo de autores como Courtwright (2002), Escohotado (2003), Foster (2002), Gusfield (1983) Manjó-Cabeza (2012), Musto (1999) queda más que claro que la prohibición de “las drogas” no tuvo nada que ver con los usos, efectos o peligro de las mismas, sino que fue un intento para que el desvalorizado capital agrícola conservador mantuviera un poco de prestigio social frente al impulso arrollador de los capitales industriales libertinos y corruptos que construían una nueva nación en la que Dios y lo viejos valores agrícolas no tenía un espacio prominente

En resumen y partiendo de la llamada criminología crítica, cuyo enfoque es el estudio del orden social como productor y constructor de la desviación (Baratta, 2002), se puede entiende que estas leyes prohibicionistas se aprobaron como parte de luchas de poder social u económico en medio del cambio social que vivió Estados Unidos al comienzo del siglo veinte cuando mutó de un país agrícola a una potencia industrial y no por la preocupación de los efectos o peligros de las sustancias prohibidas. (Courtwright, 2002; Escohotado, 2003; Foster, 2002; Gusfield, 1983; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999).

Partiendo de lo antes expuesto entonces, es fácil entender que tan pronto alguien trata de discutir y evaluar críticamente cuán efectiva es la prohibición para controlar y reglamentar el uso de una u otras sustancias, para evitar que los niños tengan acceso a las mismas, o para controlar la violencia producto del trasiego ilegalizado, estos grupos respondan con una cruzada mediática simplista sobre los peligros o daños que dependiendo de a quién usted consulte, se relacionan con el consumo de las drogas.

Por tanto la discusión pública no puede seguir siendo si la marihuana, o el resto de las sustancias, son buenas o malas, si hacen daño o no, si son adictivas o no. Esos supuestos daños y peligros se pudieran estipular, pues al fin y a la postre, lo que se tiene que discutir es cómo esa prohibición lleva casi cien años fracasando en la empresa de controlar el uso de unas sustancias independiente de la peligrosidad de las mismas. Nadie puede honestamente decir que la prohibición es exitosa. Lo único que estas leyes logran tras casi un siglo de prohibición es criminalizar a millones de ciudadanos libres que, sin hacer daño a nadie, deciden ejerce su derecho a buscar la felicidad como ellos o ellas lo entiendan adecuado. Igualmente, la discusión pública debe girar críticamente en torno a cómo estas leyes hacen más difícil que aquellos para quienes el uso de estas sustancias representa un problema de salud, puedan recibir las ayudas médicas necesarias sin el peligro de ir a la cárcel. Esa conversación en torno a estas políticas prohibicionistas debe también girar en cómo estas fracasadas prohibiciones alimentan económicamente a los carteles criminales internacionales y cómo durante los pasados cuarenta años, Estados Unidos viene regalando al complejo industrial correcional casi mil millardos de dólares sin tener un solo logro concreto que justifique ese gasto (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012 ). Más urgente aún, se debe discutir cómo las leyes que prohíben las sustancias triunfan fracasando pues, a pesar de no controlar el uso y trasiego de las mismas, sirven de excusa para la intervención y control en las comunidades marginales en Estados Unidos y Puerto Rico. De Igual manera es imprescindible analizar cómo estas prohibiciones se convirtieron además, en licencia de corzo que permiten a Estados Unidos intervenir como nación imperial en otros países so color de la llamada guerra contra la droga (Manjón-Cabeza 2012).

Eso es lo que tiene que estar discutiendo y legislando, independientemente de lo que usted crea sobre los peligros y riesgos del uso de la marihuana y otras drogas.

Desde esta perspectiva, la pregunta es si los y las puertorriqueñas debemos mantener unas leyes que, no solo vienen fracasando desde el siglo pasado a pesar de su costo multimillonario, sino que sus únicos logros son el aumento de la población carcelaria, la criminalización innecesaria de cientos de miles de ciudadanos mayormente jóvenes pobres en su edad más productiva, y como vimos hace unos días en Ferguson, Missouri, la militarización de las fuerzas policíacas, así como el deterioro de las libertades constitucionales (Alexander, 2012; Balko, 2013; Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012;).

Esa es la discusión que se tiene que dar. Lo contrario es hacerles el juego a los mercaderes del templo. Estados Unidos y Puerto Rico llevan casi un siglo discutiendo las sustancias, ya es hora de comenzar a discutir el verdadero problema: es decir la prohibición.

 

Referencias:

Alexander M. (2012) The New JimCrow: Mass Incarceration in the Age of Color Blindness. New York, New Press

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La Gran Falacia, mirada desde la criminología crítica


Gary Gutiérrez; presentado antes los estudiantes de la Universidad Interamericana en Ponce.

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El que las instituciones de Puerto Rico estén al servicio de los intereses del gran capital y como esto incide en la situación socio-económica de la isla, es el tema de La gran Falacia, documental producido por el puertorriqueño Paco Vázquez.

Empaquetado en un discurso que algunos pudieran llamar planfletero y a veces simplista, cosa que a mi juicio era innecesario y le resta credibilidad, el filme encarna muy bien las preocupaciones de criminólogos como Loïc Wacquant y de periodistas como Naomi Klein explicando cómo los gobiernos neoliberales, en este caso el de Puerto Rico bajo Luis Foturño, lejos de representar al pueblo, se enfrenta al mismo para garantizar el espacio a los grandes intereses económicos. Claro, el que el documental se enfocara en el gobierno abiertamente fascistoide de Fortuño, no quiere decir que lo que se presenta no aplique igualmente a administraciones más sutiles, pero igualmente serviles al capital, como la de Alejandro García Padilla.

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Utilizando como ejemplo el despido de decenas de miles de empleados gubernamentales bajo la ley siete de la administración Fortuño, el firme explica cómo el sistema utiliza supuestas crisis y miedos reales o fingidos, para imponer un estado de excepción que justifique medidas represivas a los derechos civiles, así como poner sobre los hombros de los trabajadores la responsabilidad por la salud fiscal gubernamental. De esta manera, explica como el llamado sistema de justicia criminal, surge como la respuesta judicial que impone el orden político la corporocracía a todo los que se no acepten disciplinadamente las imposiciones.

De igual forma, el documental expone al sistema electoral de Puerto Rico como uno corrupto al servicio de los partidos políticos, instituciones que a su vez sirven de herramienta el poder económico del País. Este sistema partidista, según la producción, está basado en un electorado clientelista que lejos de tomar decisiones informadas, se mueve partiendo de costosas campañas publicitarias y huecas promesas de futuros empleos y dádivas gubernamentales. Esta simulación de democracia participativa, que no deja de ser un concurso de simpatía tipo Mira Quien Baila, es usada por los administradores de turno para, no solo legitimar decretos como la ya mencionada Ley siete, sino para validar un control casi dictatorial de las instituciones de la Isla, eliminando así cualquier posibilidad de balance de poderes y del proceso de pesos y contra pesos. En ese sentido, La Gran Falacia también encarna la hipótesis expuesta por comentarista y abogado Jay Fonceca en su libro “Baquete Total: Cuando La Corrupción Dejo De Ser Ilegal”.

La Gran Falacia
La Gran Falacia

Por supuesto, todo lo anterior con el endoso y consenso de los medios de comunicación social, que en la isla son propiedad y representan los intereses del gran capital.

Es así entonces que La Gran Falacia surge como un retrato acusador a un sistema que bajo el manto de democracia participativa, esconde un sofisticado régimen de control social y corte tiránico. Un sistema que ve la población como una fuente de riqueza tanto por ser consumidores, como por ser mano de obra barata.

En ese sentido, el filme también encarna visiones criminológicas como el concepto de “Guerra Social” de Carlos Rivera Lugo y el proceso de “Carnavalización del Crimen” del británico Presdee. Es decir, cuando el gobierno es ilegítimo y desvaloriza las poblaciones empujándoles a consumir bienes que no pueden pagar u obligándoles a trabajar por salarios con los que no se puede sobrevivir, no hay razón para que los gobernados obedezcan o respeten.

Según Presdee, el ciudadano producto de procesos como el antes descrito será uno desvalorizado y de poca autoestima que pudiera ver en la violencia o en la criminalidad, sobre todo en la violencia como una forma de ilusoriamente sentirse empoderado. Algo así como la violencia horizontal del colonizado de la que nos hablaron Fanon y Memmi. A mediados del siglo pasado, estos pensadores explicaron como el que es abusado, busca o construye a uno como inferior contra quien desatar su violencia.

Por otro lado, ante esta violencia y criminalidad, las autoridades responderán con lo que Rivera Lugo llama la Racionalidad Adversataria. Entiéndase, violencia institucional que termina proyectando al sistema como menos legítimo y creando un espiral de violencia, tanto contestataria como institucional.

De esta manera, el documental va explicando la violencia y la criminalidad como una posible respuesta colectiva ante la ilegitimidad de un Estado no representativo. Ante esta situación la producción presenta un mapa para la liberación: la toma de consciencia, el entender que el orden no funciona, educarse, desconectarse de la Tv, tomar responsabilidad de nuestra salud, cambiar hábitos de consumo y de vida ya que las posibles respuestas a las crisis saldrá del pueblo. Sin embargo, lejos de estar en ese proceso y aceptando las premisas de este documental como ciertas, me parece cuesta arriba que es proceso se pueda dar sin un doloroso proceso de violencia política. Proceso que igualmente veo muy distante.

Es mi hipótesis entonces que el Puerto Rico de hoy responde a su situación afincando la misma. Como expongo en Violencia y Exclusión, Criminalidad Constestaria en el Puerto Rico del Siglo XXI un ensayo que próximamente publicará Mariana Editores, ante la ilegitimidad gubernamental descrita en este documental se pudiera identificar cuatro respuestas. No hacer nada, sobrevivir de las ayudas y esperar pacientemente e humildemente que nos caiga un trabajito y que cambie el gobierno. Quien logra recaudar un dinerito, abandonar el País en busca del ilusorio norte. Los y las que tienen más conciencia política, social u sindical, es decir los menos, buscara organizase políticamente para de alguna manera exigir sus espacios como vemos en ejemplos de las luchas sindicales o contra los gasoductos y las privatizaciones. Sin embargo para muchos sectores, sobre todo los más jóvenes, la única respuesta que pueden ver es “bregar como se puede”. Ese bregar incluye, recortar, hacer uñas o arreglar carros sin permisos o licencias, vender dvd pirateado o criminalizarse en el narcotráfico como forma de sobrevivencia.

De esta manera, todas esas terminan reafirmando o validando el sistema. Ya que aun los que protestan organizadamente, regularmente se limitan al tema en discusión y rara vez logran proyectar las problemáticas denunciadas como productos esperados del sistema económico imperante. Por lo que aún si se logra detener la amenaza inmediata como el en el caso del gasoducto, el capital mantiene sus ganancias y hegemonía.

En el caso de la violencia y la criminalidad, como bien señala el documental, gran parte de las mismas son producto esperado del sistema económico, que se beneficia del dinero que ellas producen y se beneficia con el dinero que se bota luchando contra el mismo. De esta manera, para mi es ilusorio enfrentarse y tratar de manejar esa violencia sin cambiar el orden social, político y económico que la produce, es pensar que la sal puede endulzar el café.

La criminalidad y la violencia que vivimos no es otra cosa que la naturaleza del orden que tenemos, por lo que no podemos cambiar uno, sin cambiar el otro.