Citado en: Madre es asesinada junto a su hijo


El_Nuevo_Día.PNGLa Policía atribuye el doble crimen a una guerra por control de drogas entre tres comunidades de Río Grande

jueves, 9 de abril de 2015 – 12:00 AM

RÍO GRANDE –  “Wanda (Villalongo Perdomo) dio todo por su hijo. Hasta la vida”.

Con esas palabras, María Méndez, una empleada del municipio de Río Grande, describió a la madre que en la mañana de ayer fue asesinada junto a su hijo mientras esperaban un transporte colectivo a orillas de la carretera PR-959, en este pueblo.

Villalongo Perdomo, de 45 años de edad, murió tras recibir múltiples impactos de bala. Falleció en un hospital de Carolina. Mientras, el hijo, Miguel A. Díaz Villalongo, murió a orillas de la carretera.

Vecinos de la calle Rubí, en la comunidad Estancias del Sol, donde vivía madre e hijo, se expresaron temerosos de identificarse con esta situación que, la Policía, vincula a una guerra ligada al narcotráfico.

Los que se expresaron sobre ellos solo tuvieron palabras de elogio para la mujer, quien hasta el 2007 fue empleada del municipio de Río Grande.

“Ella era una persona bien buena, bien tranquila”, describió Lidia Vázquez, vecina de la calle Rubí. “Esto nos sorprende muchísimo. Era una cosa que no esperaba nadie”, indicó.

Otro de los vecinos, que rehusó ser identificado, la describió como una mujer que “se pasaba en su casa. Era tranquila, bien amable”. Explicó que también tenía una hija que trabajaba en un banco y que está embarazada.

“A veces los hijos hacen cosas que no deberían estar haciendo”, lamentó un vecino.

Los entrevistados no hicieron expresiones sobre el hijo de Villalongo Perdomo. El que habló solo expresó que “se rumora, que cuando lo llamaron para dispararle, ella intentó protegerlo” con su cuerpo.

Empero, la Policía indicó que no tiene evidencia ni testimonio de que la mujer intentó proteger a su hijo de la ráfaga de balas. La Policía ocupó sobre media docena de casquillos.

Crimen al amanecer. Madre e hijo habían caminado hasta una esquina de la comunidad. Era alrededor de las 7:45 a.m. La pareja esperaría un trolley que recorre el vecindario para comenzar su viaje al Tribunal de Fajardo, donde él tenía cita con su oficial de probatoria.

La Policía dijo desconocer si Díaz Villalongo, quien tenía expediente criminal por sustancias controladas, estaba obligado a acudir acompañado de su mamá. Vecinos de esta familia, así como la Policía, dijeron que no era común que ambos salieran juntos.

Un conocido de la familia que habló en anonimato, indicó que Villalongo Perdomo tenía un auto, pero se lo prestó a su hijo, y hace unos meses, este tuvo un accidente por lo que se quedaron sin transportación propia.

El teniente Carlos Nazario, director del Cuerpo de Investigaciones Criminales de Fajardo, explicó que tras estas muertes acudieron a la residencia de los fallecidos y lograron dar con un auto Honda Accord color blanco en el que recién se transportaba el ahora occiso. “Se había visto al occiso conduciendo ese vehículo”, dijo.

El carro había sido hurtado en Caguas en febrero de 2014. Ayer estaba cerca de la vivienda de esta familia. “La mamá no se iba a montar en un carro que era robado”, indicó el teniente Nazario cuando explicó porque esperaban transportación pública.

Dos arrestos con armas.  La ocupación del auto no fue lo único que trascendió después del doble crimen. Horas después, la Policía arrestó en una comunidad vecina a dos individuos, uno de ellos de 16 años. Ambos poseían ilegalmente armas de fuego.

El teniente Nazario indicó que las armas ocupadas serían estudiadas para determinar si fueron utilizadas en los crímenes asociados a la guerra por narcotráfico que libran la comunidad Estancias del Sol, donde ocurrió el doble crimen, Galateo y Las Dolores.

Un intento para que el procurador de Menores renunciara a la jurisdicción del adolescente que le ocuparon un arma de fuego no tuvo éxito aun cuando este tiene expediente,  lo que a esa edad llaman falta, explicó el teniente.

Contra el menor radicaron dos cargos, uno de ellos por posesión de una pistola y otro por tener municiones, informó la Policía. Un juez encontró causa para detención y ordenaron ingresarlo a una institución a la espera de una vista adjudicativa. El menor es  vecino de las parcelas Las Dolores.

El otro arrestado en esa comunidad, pero en otra intervención, sería llevado anoche ante un juez para la radicación de cargos por poseer dos pistola y municiones sin tener licencia para ello, informó la Policía.

Sin sospechosos. La Policía no tenía sospechosos del doble crimen. Ni lo vinculó a los arrestados. Lo que tenía claro el teniente Nazario es que estas muertes están relacionado a la guerra entre bandos que comenzó el pasado 13 de febrero, en aquella ocasión,  con el saldo de un muerto y 7 heridos.

Al igual que en aquel momento, donde entre los heridos habían inocentes, la Policía indicó que Villalongo Perdomo fue una víctima inocente.

Por su parte, el criminólogo Gary Gutiérrez explicó que ya no existe el código de que en el bajo mundo no era aceptado que se asesinara la madre, un hijo o una fémina como parte de una venganza.

La razón para que eso haya cambiado, según Gutiérrez, en parte obedece a que los líderes y miembros de los grupos son menores que no les importan los inocentes al momento de cometer un crimen.

“El que tiene la encomienda (de asesinar) abre fuego y punto”, dijo. “Los que se quedan en el negocio (del bajo mundo) son los más temerarios y fuertes, los más violentos”, describió.

Reclama más policías. El alcalde de Río Grande, Ángel González, expresó preocupación por la ola criminal que vive su pueblo. “Desde principios de año hemos estado pidiendo ayuda a nivel central”, dijo.

La prohibición ¿Seguimos durmiendo o despertamos a ver la profundidad de la madriguera?


Photo 3-19-15 11 17 54 AMLa prohibición

¿Seguimos durmiendo o despertamos a ver la profundidad de la madriguera?

Gary Gutiérrez
Presentado ante los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras
24 de Marzo 2015

En el magistral clásico de ciencia ficción “The Matrix”, el personaje principal Neo se enfrenta al dilema de escoger qué “verdad” quiere vivir. Para el la disyuntiva se presenta en la forma de dos pastillas. Una azul que le hará olvidar que existe otra forma de ver el mundo y una roja que le abrirá las puertas a la verdadera realidad.

Como académicos del siglo XXI, cuando viene a las leyes antidrogas, ustedes enfrentan el mismo dilema.

Para escuchar la ponencia en I-Voox
Para escuchar la conferencia

Escoger la ignorancia, encarnada en la pastilla azul, para seguir pensando que las políticas prohibicionistas funcionan protegiendo la sociedad de terribles males que nos esclavizan porque somos espíritus débiles y pecaminosos. Que estas oscurantistas leyes son estatutos erigidos como muro de contención que mantiene a raya al demonio que se encarnan en unas sustancias psicoativadoras que por su naturaleza llevaran a humanidad a la depravación y la decadencia. Por otro lado, como académicos y académicas en formación, pueden elegir tomar la pastilla roja y mirar como la absurda prohibición provoca más problemas y muertes que las causadas por las sustancias que por más de cuarenta años ha intentado fallidamente controlar.

Por más de cuarenta años y a un costo de miles de millardos de dólares, como sociedad hemos tomado la pastilla azul que nos lleva a la absurda lógica que apunta a que el llamado problema de las drogas es uno moral y médico cuya solución está en las cárceles y el castigo y no en la medicina. Es hora de considerar tomar la pastilla roja que nos permita ver que los problemas sociales que vinculamos a las drogas, son el producto esperado de su absurda prohibición y no el resultado del consumo de una u otra sustancia.

Por tanto, tras decidirme por la pastilla roja, me presento ante ustedes para invitarles y colaborar en un ejercicio de análisis que surja de la anárquica aspiración de un pensamiento crítico alejado de viejos referentes que todavía hoy simulan manejar esa llamada problemática de la droga. Partiendo de lo anterior, me niego entonces a enfocar esta alocución desde perspectivas médicas, terapéuticas y morales que regularmente dominan este debate. El yo entrar en la discusión médica o terapéutica sería faltarle el respeto a los salubristas que pasan su vida manejando ese fenómeno llamado “droga”. Mientras que, hablar desde la dimensión moral de esta discusión definitivamente sería un acto de cinismo, pues admito que no creo ser la mejor persona para hablar sobre la moralidad de nada.

Ahora bien, académicamente hablando, la principal razón para negarme a discutir el llamado problema de las drogas desde las perspectivas médico o moral, es que estas dimensiones realmente son irrelevante al verdadero problema generador de una violencia que en nuestro país equivalente a una guerra civil (Villa-Rodriguez y Gutiérrez-Rentas 2013; Zavala-Zegarra DE, López-Charneco M, Garcia-Rivera EJ, Concha-Eastman A, Rodriguez JF, Conte- Miller M (2012.

Con esto no digo que esos aspectos médicos y morales del consumo de psicoativadoras no son importante. Lo que quiero dejar claro es que lo que debemos estar discutiendo los criminólogos y criminólogas, es si las fracasadas políticas que criminalizan las sustancias son la mejor alternativa para controlar la violencia y para crear las condiciones que permitan que los salubristas hagan su trabajo. Le que si debemos discutir es si meter gente presa por ejercer su derecho a consumir lo que ellos escojan es una política a adecuada o no. Igualmente obligado es preguntarnos si el botar miles de billones de dólares encarcelando a ciudadanos por vender o facilitar los productos que unos adultos consintientes quieren comprar es realmente adecuado.

¡DE ESO ES QUE SE TRATA! ¿Le vamos a reconocer al Estado autoridad legítima para decidir sobre lo que nosotros como seres libres decidimos consumir?

Por tanto lo que hoy propongo es tomar la píldora roja y romper con los viejos discursos entendiendo que son las propias leyes que criminalizan la posesión y el mercado de sustancias la causa de la violencia social que arropa al país y que al mismo tiempo son el mayor impedimento para manejar el problema de abusos de sustancias desde una perspectiva salubrista (Villa-Rodriguez y Gutiérrez-Rentas 2013; Zavala-Zegarra DE, López-Charneco M, Garcia-Rivera EJ, Concha-Eastman A, Rodriguez JF, Conte- Miller M (2012).

Pero por supuesto entender que eso es lo que debemos discutir no es tarea fácil. En un país como el nuestro, donde el simplismo domina los medios de comunicación y donde el trabajo de los políticos es servir a quienes les pagan las campañas y le buscan los votos, se termina siempre discutiendo lo que no es (Fonseca, 2013).

Por ejemplo, la radicación hace dos años de sendos proyectos de ley encaminados a liberalizar las leyes prohibicionistas despenalizando la posesión de pequeñas cantidades de marihuana por un lado, y permitiendo el uso de esta planta como tratamiento médico por el otro, desató una cruzada tipo “guerra santa” por parte de “empresarios morales” conservadores que insisten en tomar la píldora azur y mantener el tributo de sangre que la actual ley antidrogas impone a los puertorriqueños(Goode y Ben-Yehuda 2009). Por lo visto en la prensa y en las redes sociales, inmediatamente tras la radicación de los proyectos salieron los sospechosos habituales montados en miedos apocalípticos y cabalgando sobre viejos y trillados discursos moralistas, asegurando que liberar las leyes que controlan el consumo de marihuana traerá la destrucción de la fibra moral que, según ellos, mantiene coherente la sociedad puertorriqueña.

¿Cómo si la prohibición lograra mantener fibra alguna?

Digo los sospechosos habituales, porque por un lado están algunos sectores terapista que viven de la adicción (Riggs 2012), y por otro, los sectores conservadores cristianos de derecha que desde el siglo diecinueve vienen usando el miedo y la insensatez para mantener o impulsar leyes que eliminen la separación de iglesia y estado, mientras pretenden usar la propia ley para imponer su moralidad al resto (Foster, 2002; Goldbert 2007; Hedges, 2006; Manjó-Cabeza, 2012).

Desconfiando del uso de hierbas y brebajes como parte de rituales para la sanación del cuerpo y el alma, desde finales del siglo diecinueve estos grupos conservadores y religiosos vienen empujando legislación para que las leyes reflejen e impongan a todos y todas, un estilo de vida cristiano, puritano, virtuoso y de fuerte control frente a los placeres. Por supuesto, este pensamiento religioso fue solo el comienzo del proceso.

Ese discurso prohibicionista logró ser exitoso, pues el mismo resultó muy cónsono con la visión de mundo de los llamados “WAPS” -White Anglosaxon & Protestan-, quienes controlaban y controlan la vida pública estadounidense. Estos grupos de base racistas y xenofóbica, ven el uso de hierbas y plantas como la marihuana, la coca y el opio, como costumbres de razas inferiores que dañan las “buenas costumbres de la cultura civilizada” que para ellos es hablar de la eurocéntrica cultura del blanco, varón, propietario, heterosexual y cristiano que surge durante la modernidad. Para ese grupo, la prohibición de “las drogas” resultó un discurso muy conveniente, pues le sirvió y le sirve, de excusa para legalmente controlar y reprimir las minorías mediante la prohibición y criminalización de sus costumbres (Courtwright, 2002; Davis, 2005; Escohotado, 2003; Ferrell, Hayward y Joung 2008, Foster, Gusfield, 1983; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999; Villa y Gutiérrez, 2013). Este empuje prohibicionistas de los cristianos conservadores, respaldado por los WAPS, tomo más fuerza cuando algunas empresas lo vieron como una oportunidad de adelantar sus intereses comerciales y económicos. A modo de ejemplo se puede mencionar cómo, tanto los intereses del sector industrial algodonero en el sur de Estados Unidos, así como los de la familia de industriales Dupont, se percataron de que prohibir la marihuana tendría como efecto la destrucción de la industria del cáñamo, derivado de la planta del cannabis y principal complejo industrial en el mercado de textiles y sogas en aquel momento histórico. Es así como ambas industrias se montaron en el discurso e invirtieron recursos para empujar la ilegalización de la marihuana (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999).

Además de estos intereses económicos que pudiéramos ver como “legítimos”, hay que dejar claro que a mediados de la década del 1930, hubo otros intereses un poco más siniestros o solapados que también empujaron y apoyaron la prohibición de las drogas a nivel federal en Estados Unidos. Primero, los agentes del Buró de Alcohol y segundo, los carteles o sindicatos del crimen organizado que surgieron y se fortalecieron como resultado no intencionado de la prohibición del alcohol. Ambos sectores, perseguidos y perseguidores, se quedaron sin campo de acción y sin ingresos al legalizar el consumo de licores, por lo que ambos vieron en la prohibición de otras sustancias una manera de mantener su pertinencia unos, y sus ganancias económicas los otros. (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012).

Por tanto, el que todavía hoy veamos a los mencionados sectores conservadores funcionado como una especie de mafia moralista tratando de imponer al resto sus valores y empujando el control de los individuos por parte del Estado, no debe sorprender a nadie. Tampoco debe sorprender a nadie que los poderosos en esta sociedad cierren filas con esa mafia moralista y la utilicen como quinta columna, pues son ellos los que verdaderamente se benefician de las ganancias económicas del mercado negro, del control social y de la cultura de encerrar y castigar a cualquiera que no represente, se comporte o por lo menos respete como superiores a los intereses y al estilo de vida del blanco, varón, propietario, de apariencia heterosexual y cristiana (Villa y Gutiérrez, 2013).

Además de los factores ya detallados, hay quienes miran otras perspectivas y complican más el análisis entendiendo que la prohibición de las drogas fue solo un peón más en el tablero por el control social entre dos facciones del poder económico en un Estados Unidos que pasaba de ser una sociedad agrícola a una industrial. Al igual que con la Guerra Civil estadounidense, que no se trató de liberar los esclavos, sino que fue un enfrentamiento de dos visiones de ordenamiento económico; la lucha por la prohibición de las drogas se puede analizar como otro campo de batalla entre el viejo capital agrícola con una cosmovisión rural y conservadora, y el capital industrial con una mirada urbana, cosmopolita y libertina.

Partiendo de autores como Courtwright (2002), Escohotado (2003), Foster (2002), Gusfield (1983) Manjó-Cabeza (2012), Musto (1999) queda más que claro que la prohibición de “las drogas” no tuvo nada que ver con los usos, efectos o peligro de las mismas, sino que fue un intento para que el desvalorizado capital agrícola conservador mantuviera un poco de prestigio social frente al impulso arrollador de los capitales industriales libertinos y corruptos que construían una nueva nación en la que Dios y lo viejos valores agrícolas no tenía un espacio prominente

En resumen y partiendo de la llamada criminología crítica entonces, cuyo enfoque es el estudio del orden social como productor y constructor de la desviación (Baratta, 2002), se puede entiende que estas leyes prohibicionistas se aprobaron como parte de luchas de poder social u económico en medio del cambio social que vivió Estados Unidos al comienzo del siglo veinte cuando mutó de un país agrícola a una potencia industrial y no por la preocupación de los efectos o peligros de las sustancias prohibidas. (Courtwright, 2002; Escohotado, 2003; Foster, 2002; Gusfield, 1983; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999).

Partiendo de lo antes expuesto entonces, es fácil entender que tan pronto alguien trata de discutir y evaluar críticamente cuán efectiva es la prohibición para controlar y reglamentar el uso de una u otras sustancias, para evitar que los niños tengan acceso a las mismas, o para controlar la violencia producto del trasiego ilegalizado, estos grupos respondan con una cruzada mediática simplista sobre los peligros o daños que dependiendo de a quién usted consulte, se relacionan con el consumo de las drogas.

Por tanto la discusión pública no puede seguir siendo si la marihuana, o el resto de las sustancias, son buenas o malas, si hacen daño o no, si son adictivas o no. Esos supuestos daños y peligros se pudieran estipular, pues al fin y a la postre, lo que se tiene que discutir es cómo esa prohibición lleva casi cien años fracasando en la empresa de controlar el uso de unas sustancias independiente de la peligrosidad de las mismas. Nadie puede honestamente decir que la prohibición es exitosa. Lo único que estas leyes lograron tras casi un siglo de prohibición es criminaliza a millones de ciudadanos libres que, sin hacer daño a nadie, deciden ejerce su derecho a buscar la felicidad como ellos o ellas la entiendan. Igualmente, la discusión pública debe girar críticamente en cómo estas leyes hacen más difícil que aquellos para quienes el uso de estas sustancias representa un problema de salud puedan recibir las ayudas médicas necesarias sin el peligro de ir a la cárcel. Esa conversación en torno a estas políticas prohibicionistas debe también girar en cómo estas fracasadas prohibiciones alimentan económicamente a los carteles criminales internacionales y cómo durante los pasados cuarenta años, Estados Unidos viene regalando al complejo industrial correccional casi mil millardos de dólares sin tener un solo logro concreto que justifique ese gasto (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012 ). Más urgente aún, se debe discutir cómo las leyes que prohíben las sustancias triunfan fracasando pues, a pesar de no controlar el uso y trasiego de las mismas, sirven de excusa para la intervención y control en las comunidades marginales en Estados Unidos y Puerto Rico. De Igual manera es imprescindible analizar cómo estas prohibiciones se convirtieron además, en licencia de corzo que permiten a Estados Unidos intervenir como nación imperial en otros países so color de la llamada guerra contra la droga (Manjón-Cabeza 2012).

Eso es lo que tiene que estar discutiendo independientemente de lo que usted crea sobre los peligros y riesgos del uso de la marihuana y otras drogas.

Desde esta perspectiva, la pregunta es si los y las puertorriqueñas debemos seguir tomando la pastilla azul y mantener unas leyes que, no solo vienen fracasando desde el siglo pasado a pesar de su costo multibillonario, sino que sus únicos logros son el aumento de la población carcelaria, la criminalización innecesaria de cientos de miles de ciudadanos mayormente jóvenes pobres en su edad más productiva, la militarización de las fuerzas policíacas, así como el deterioro de las libertades constitucionales (Alexander, 2012; Balko, 2013; Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012;).

Esa es la discusión que se tiene que dar. Lo contrario es hacerles el juego a los mercaderes del templo. Estados Unidos y Puerto Rico llevan casi un siglo discutiendo las sustancias, ya es hora de tomar la pastilla roja y comenzar a discutir el verdadero problema: es decir “la prohibición”.

 

Referencias:

Baratta, A (2002) Criminología Crítica y Crítica al Derecho Penal. Buenos Aires, Siglo XXI

Courtwrght, D. (2012) Las Drogas y la Formación del Mundo Moderno: breve historia de las sustancias adictivas. Buenos Aires, Paidos Contextos.

Davis, A. (2005) Abolition Democracy: Beyond Empire, prisons and torture. New York, Seven Stories Press

Ferrell, J.; Hayward K.; Joung Y. (2008) Cultural Criminology: An Invitation. London, SAGE Publications Ltd.

Ferrell, J y Sanders C. R. (1995) Cultural Criminology. Boston, Northeastern University Press

Escohotado, A.(2003) Historia Elemental de las Drogas. Barcelona, Compactos Anagrama.

Foster, G. M. (2002) Moral Reconstruction: Christian lobbyists and the Federal Legislation of Morality. Chapel Hill, The University of North Carolina Press.

Fonseca, J (2013) Banquete Total: Cuando la corrupción dejó de ser ilegal. San Juan, Sinónimo

Grandin G, (2006) Empire’s Workshop: Latin America, the United States, and the Rise of the New Imperialism. New York, Metropolitan Books

Gray, J. P. (2001) Why Or Drug Laws Have Failed and What We Can Do About It. Philadelphia, Temple University Press.

Goode, E., Ben-Yehuda, N. (2009) Moral Panics: The Social Construcion of Deviance. Oxford, Wiley-Blackwell

Gusfield J. R. (1983) Symbolic Crusade, Urbana, Univeristy of Illinois Press.

Manjó-Cabeza A. (2012) La Solución. Barcelona, Debate.

Musto, D. (1999) The American Disease: Origins of Narcotic Control. New York, Oxford University Press.

Riggs M (2012) 4 Industries Getting Rich Off the Drug War Reason.com Acedido el 24 de febrero de 2014 en http://reason.com/archives/2012/04/22/4-industries-getting-rich-off-the-drug-w/singlepage

Szasz T. (1992) Our Right to drugs, Syracuse, Syracuse University Press

Szasz T. (2003) Ceremonial Chemistry, Syracuse, Syracuse University Press

Villa-Rodríguez, J.A. y Gutiérrez-Renta G. (2013) Criminología Crítica y Aplicada. Ponce, Piano di Sorrento.

Zavala-Zegarra DE, López-Charneco M, Garcia-Rivera EJ, Concha-Eastman A, Rodriguez JF, Conte- Miller M. (2012)  Geographic distribution of risk of death due to homicide in Puerto Rico

 

 

Discusión pública, ansiedad y violencia… Programa La Gente Está Hablando


Norma Colón Daleccio
Norma Colón Daleccio

Gary Gutierrez y José Raúl Cepeda conversan con Norma Colón Daleccio sobre la discusión política como provocador de ansiedad y violencia durante el programa La Gente Está Hablando de WPAB-550am, Ponce Puerto Rico

Prof. José Raúl Cepeda
Prof. José Raúl Cepeda

Canal: Podcast de Audio-blog de garygutierrezpr
Categoría: Actualidad y Sociedad
Subcategoría: Política, economía y opinión
Género: Radio
Procedencia:
Idioma: castellano

 

Presentaran en Inter-Ponce, ensayo Exclusión y Violencia


El próximo 8 de abril a las 9:30am, el Prof. Ángel Pagán presenta y comenta ante los estudiantes del Recinto de Ponce de la Universidad Interamericana de Puerto Rico el ensayo:

EXCLUSIÓN Y VIOLENCIA

Cartel de Presentación UIPR-Ponce

Estudiante enfrenta hasta 10 años de prisión por el uso de marihuana


 

COMUNICADO DE PRENA 

Estudiante enfrenta hasta 10 años de prisión por el uso de marihuana 

 

Portavoces:

Rafael Torruella (787) 678-9008

Iván Rosaro (939) 969-5396

16 de marzo de 2015

La insanidad de la guerra contra las drogas se encarna este lunes 16 de marzo cuando inicia el proceso judicial contra el estudiante Melvin Villanueva Feliciano, de 19 años, quien podría enfrentar de cuatro hasta diez años de prisión tras ser acusado por posesión de marihuana.

El joven ahora universitario, quien lleva más de quince meses bajo arresto domiciliario, supuestamente se le encontró dos pequeñas bolsitas de marihuana cuando estaba en un predio recreativo cercano a su escuela en Aguadilla. 

Según la policía, también se le grabó con compañeros de clases que se alega compartían un cigarrillo de marihuana, como parte de un operativo llamado “golpe al usuario” durante el cual también fue arrestado Jeremy Ruiz.

“El sistema de justicia necesita reevaluar los castigos que están promoviendo las cortes en su empeño de encarcelar por la posesión de marihuana”, enfatizó Rafael Torruella, director de la organización Intercambios Puerto Rico. A la vez, exhortó a la prensa y al pueblo de Puerto Rico a atender este caso, ya que lo considera una muestra de lo abusivo que puede llegar a convertirse el sistema de justicia con las clases sociales más desventajadas.

Por tal razón, amigos, familiares y distintos grupos a favor de las reformas a las políticas de marihuana están invitando a dar muestras de solidaridad desde las 9:00 de la mañana este lunes 16 de marzo frente al Centro Judicial de Aguadilla, donde inicia el proceso con la búsqueda del jurado.
“Hemos empezado a regar el pedido de #Niundíadecárcel para Melvin por las redes sociales. Invitamos a que participen del proceso judicial o que nos acompañen frente al Tribunal de Aguadilla para exigir justicia”, señaló el también director de la campaña Descriminalización.org.

“Entendemos que la cárcel no es el lugar para tratar los asuntos del uso de drogas, mucho menos del uso de marihuana. Cotidianamente se repite que por marihuana nadie va preso y casos como el de Melvin demuestran todo lo contrario”, expresó Torruella.

“La ‘guerra contra las drogas’ es una guerra contra la pobreza. En Estados Unidos se refleja muchísimo más el ataque contra las comunidades de negros y latinos. Pero en Puerto Rico va directamente contra los muchachos de barrios y caseríos”, expresó el profesor y criminólogo Gary Gutiérrez. A su vez, el criminólogo retó al Secretario de Justicia, César Miranda Rodríguez, y a cualquier funcionario público a que le explique al pueblo de Puerto Rico en qué abona meter a jóvenes en prisión por el uso de marihuana.

La acusación de posesión de marihuana bajo el artículo 411A podría encarcelar a Melvin Villanueva Feliciano por hasta diez años en prisión.

“El pueblo de Puerto Rico podría desperdiciar más de $400 mil dólares por encarcelar a este muchacho. ¿Cuál es el beneficio de desperdiciar ese dinero? Ese dinero se debiera invertir para desarrollar industrias de trabajo para los jóvenes”, recomendó el criminólogo.

Según encuestas de Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca) del 2012, el 12.4% de los adolescentes en edad escolar ha utilizado marihuana y 48% ha utilizado alcohol.

“Una acusación por uso de marihuana en una zona recreativa cercana a su escuela no debe abordarse con policías, mucho menos con cárcel, sino con educación y prevención”, finalizó Torruella.

PCA

Medios nacionales reproducen comunicado 

 

Citado por Primera Hora en: Invernadero subterráneo de marihuana: Ingenio mal canalizado


Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com 03/13/2015 |00:00 a.m..
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El impresionante hallazgo por parte de las autoridades de un moderno laboratorio e invernadero de plantas de marihuana, al que se accedía a través de una casa de juego para niños, lleva a cuestionarse qué sucedería con jóvenes de esa capacidad, ingenio y talento si hubiesen podido acceder a  otros ambientes y oportunidades.

El criminólogo y profesor de Justicia Criminal Gary Gutiérrez, indicó que la única diferencia entre las personas arrestadas y un empresario exitoso, es que probablemente uno nació en un caserío y el otro  en el ambiente de una familia con recursos que le permitió desarrollar sus habililidades.

“Lo primero que le digo a mis estudiantes es que no hay tal cosa como mentes criminales,  sino mentes  criminalizadas, porque fíjate, si esas personas hubiesen hecho eso para una feria científica, hubiesen sido reconocidos”, dijo Gutiérrez.

“La pregunta tiene que ser por qué ese ingenio está en función de cultivar marihuana y no lechuga y cilantro. En ese sentido, cuando uno mira el perfil de cualquiera de esos muchachos y lo compara  con el perfil de cualquier empresario exitoso se va a dar cuenta que la única diferencia entre ese muchacho que está siendo arrestado y el empresario, es que tuvo oportunidades, porque probablemente no nació en un caserío, sino en una familia con recursos que pudo desarrollar sus habilidades en una actividad que el sistema determina como legítimo”, precisó.

“Probablemente son emprendedores, tienen liderazgo, organización, son asertivos, ambiciosos y esas son las cualidades que hacen de una persona una exitosa. Estoy describiendo a un banquero  con esas cualidades o  a un bichote. Lo más importante es que cuando eso ocurre, nos está dando en la cara la realidad, que ese muchachacho no falló. Nos falló el Sistema que no pudo guiar a ese joven en una actividad que no fuera criminalizada”, sentenció.

Gutiérrez  mencionó lo que están haciendo los cárteles de Colombia, que es utilizar submarinos caseros que básicamente están sumergidos el  99 por ciento del tiempo en el mar;  que son desechables, en caso de que en altamar sean sorprendidos.

“Los tripulantes se salen, hunden el submarino  y se convierten inmediatamente en náufragos;  y bajo las  leyes internacionales, las mismas autoridades tienen que socorrerlos. Como el submarino se hundió, no le  pueden probar que estaban en un submarino con drogas. Lo más que puedes hacer es deportarlos a su país”, describió.

Según Gutiérrez, las  leyes antidrogas, que describió como absurdas, crean las condiciones  para que jóvenes con inquietudes empresariales   puedan montar un negocio porque el único que les puede prestar dinero es un narcotraficante.

El profesor de justicia criminal mencionó como ejemplo el caso de un joven  de 18 años que tiene capacidad y es comerciante.

“¿Quién le va a prestar $60 mil para  un negocio? ¿Qué agencia o  banco le va a prestar?  La otra noche  escuché un programa de la Liga de Cooperativas. Estaban entrevistando  a una persona de la Cooperativa de Presos, que llevan décadas operando, lo   que comprueban  que cuando esos muchachos que llegan presos se les da la oportunidad y el entrenamiento,   pueden no solo manejar la cooperativa, sino que cuando salen ya van con la mentalidad cooperativista para hacer esas otras cosas”, dijo.

Menos de un dos por ciento de los que están metidos en ese programa reinciden  y regresan a la cárcel, indicó. Contrario al 60 por ciento, que es la norma de reincidencia en Puerto Rico y Estados Unidos.

“¿Cuál es el problema con ese programa, que en una población penal de 14 mil confinados no llegan a 100 los que se benefician? Esa cooperativa demuestra que esos muchachos entraron allí con capacidad empresarial, que lo que no tenían allí era apoyo del Sistema. Si esos muchachos podrían correr esa empresa agrícola ilegal, cuál es la razón por la cual no estén conriendo un negocio agrícola legal?, cuestionó el criminólogo.

En resumen, dijo,  el incidente demuestra como la sociedad está fallando.

Con la Internet como maestra

Por otra parte, El ex presidente de la Asociación de Agricultores, Juan Reyes, afirmó que no es necesario tener educación formal para cultivar marihuana porque todo está en Internet.

“La Internet ha sido la enciclopedia, la universidad”, indicó sobre las múltiples modalidades en que se siembra el cannabis.

Según contó, hace poco coincidió con un policía con el que habló, precisamente, de los laboratorios de marihuana y el oficial le dijo que Internet había convertido en agricultores a muchos individuos.

“Es que, honradamente, si usted quiere hacer cualquier cosa en su casa, la información está ahí. Con honestidad, yo no creo que nadie esté dando talleres por ahí”, comentó. “Los delincuentes no son morones y por Internet mismo compran los insumos que necesitan para el cultivo. Los boricuas nos las inventamos”.

 

Sobre Exclusión y Violencia con los amigos de FUEGO CRUZADO


fuego-cruzado-rectangularConversación sobre la publicación Exclusión y Violencia con los compañeros de Fuego Cruzado

Busque la conversación en los 40 minutos finales del programa

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