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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

Categoría

Criminología

Sobre violencia, prohibiciones, desviación y criminalidad.

Citado en “Necesario acabar con el mercado de la droga”


Necesario acabar con el mercado de la droga…

por Daniel Rivera de Primera

Hora

m.primerahora.com/necesarioacabarconelmercadodeladroga-1370300.html

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Jugando Con el Derecho, lectura indispensable tras el “Verano 2019”


Por Gary Gutiérrez

s200_jos_m..atiles-osoria Una de mis metas este verano, era leer “JUGANDO CON EL DERECHO: Movimientos anticoloniales puertorriqueños y la fuerza de ley”, del amigo y maestro José M. Atiles-Osoria.

Por lo convulsionado del verano del 2019, social y personalmente, no fue hasta ahora en agosto que logré llegar a esta edición de una 200 páginas publicada al comienzo del 2019 por Editora Educación Emergente.

En medio de la lectura, mi mente regresó a lo experimentado en Puerto Rico durante el mes de julio del 2019, cuando por estrategia o simplemente por costumbre, el Estado logró desarticular a una multitud que algunos calculan pudo llegar al millón de personas llevándose la controversia al Tribunal. Es decir, cuando las estructuras electorales que controlan la política del país despolitizaron los reclamos de la multitud convirtiendo los mismos en controversias legales.

Cuando digo “por estrategia o simplemente por costumbre”, me refiero a que la movida fue tan magistral, que dudo que fuera una estrategia pensada por parte de la torpe y burda claque política que administra el estado colonial.

Lo que apunta a que fue una movida cuasi natural que terminó reproduciendo lo que ya aparenta ser uso y costumbre en la Isla. Esto si tomamos como cierto el contenido de “JUGANDO CON EL DERECHO”.

El trabajo de Atiles-Osoria recoge 120 años de como el Derecho fue, y es, utilizado como herramienta de dominación por el imperio que ocupa el país. Aun cuando igualmente en ocasiones fue un arma defensiva para los movimientos anticoloniales.

Así, además de trabajar el Derecho y los Tribunales como “zona de contacto” que termina despolitizando las controversias, el uso de la historia de la resistencia anticolonial como hilo conductor, termina siendo un excelente bosquejo de las luchas anticoloniales durante el pasado siglo en Puerto Rico. Bosquejo que se complementa con el listado de referencias para quienes quieran o necesiten ampliar la información.

Dividiendo la lucha anticolonial en cinco  periodos, Atiles-Osorias detalla como a lo largo del siglo XX, los movimientos anticoloniales contestatarios utilizaron o no, dependiendo de los objetivos del momento, el Derecho como “zona de contacto”.

De igual forma el doctor en sociología y filosofía del derecho detalla cómo, tanto el Estado metropolitano como la administración colonial, modifican y adaptan el Derecho, así como las reglas, para adaptarlas a sus necesidades en cada etapa.

Este libro, “JUGANDO CON EL DERECHO”, documenta desde las luchas anticoloniales, una normalización del “estado de excepción” permanente que el propio Atiles-Osorias, en su libro “APUNTES PARA ABANDONAR EL DERECHO”,  ya había demostrado es la constante cuando viene la relación política entre la colonia y el imperio que ocupa el archipiélago puertorriqueño desde el 1898.

Ese proceso documentado por Atiles-Osoria explica cómo, el sistema fue exitoso desarticulando y/o despolitizando las luchas utilizando el Derecho, la criminalización o la reglamentación.

Así documenta como esa despolitización de la lucha anticolonial, durante el comienzo del siglo XXI, fue saliendo de “lo político” como “zona de contacto”, dando paso a unas nuevas definiciones de esos enfrentamientos, que él llama “de frentes comunes”. Es decir, luchas obreras, estudiantiles, comunales o ambientales. Luchas que, en muchos casos como el “Verano 2019”, terminan moviéndose, y normalizando, al Tribunal como “zona de contacto”.

Leyendo el trabajo de Atiles-Osorias deduzco con preocupación que, de igual manera, ese proceso culmina normalizando el uso de las leyes de excepción, es decir esas estatutos que circunvalan nuestros derechos, como solución a los problemas resultantes de la convivencia cotidiana de los seres humanos.

Igualmente, desde la lectura miro con preocupación que al igual que el orden colonial que, despolitiza los conflictos sociales, económicos, y de clase, criminalizando o reglamentando las acciones que les crean inconvenientes o problemas, los sectores contestatarios del país parecen comprar la tesis del “estado de excepción” proponiendo que el Estado nos recorte derechos, so color de seguridad y protección.

En fin que independientemente de las preocupaciones que “JUGANDO CON EL DERECHO” provocaran en mí, lo importante es que este libro cumple con la regla más básica de cualquier publicación, es provocador.

Nos provoca e invita a mirar nuestros procesos sociales desde la política, mientras nos recuerda que cuando viene al llamado “Derecho”, en muchas ocasiones el mismo es más bien “torcido”.

Salud y Resistencia

 

 

 

Triunfa la reforma policial…


Por Gary Gutiérrez
(fotos por: R Emmanuelli, Mari B. Robles López, Héctor Iván Arroyo Sierra (Pheto), Cheo el Feo)

 

 

 

Mientras escucho en la radio las felicitaciones por “el control” y la forma en que la Policía de Puerto Rico manejó las manifestaciones del 1ro de mayo mi mente viaja casi una década cuando, respondiendo a El Nuevo Día, expresaba mis preocupaciones por la designación de un “Técnico de Cumplimiento” para la “Reforma Policial”.

En aquel entonces me preguntaba si la presencia de un Técnico de Cumplimiento, y de la reforma en general, respondía a la necesidad de controlar la represión estatal o simplemente al desarrollo de un profesional represivo que pudiera hacer su trabajo sin tener que responder a los tribunales.

Hoy la pregunta parece retórica.

Este 1ro de mayo parece ser el punto de encuentro de varios procesos que culminaron el triunfo de “Reforma Policial”.

Hasta este 1ro de mayo, el proceso de “reforma” parecía no haber logrado mucho y, mientras los uniformados seguían campeando por su respeto en la calle, la transformación ordenada por la Corte del imperio proyectaba ser solo una costosa simulación burocrática productora de miles de páginas de reglamentaciones, ordenes generales y materiales didácticos para los y las uniformadas. Digo simulación, pues hasta donde sabemos, la Policía de Puerto Rico nunca aceptó ante el tribunal que estuviera cometiendo excesos o abusos, y solo se sometió al proceso de reforma para evitar penalidades por parte del gobierno imperial, verdadera autoridad política en la Isla.

Para poder entender cómo se desarrolló la eficiente y ordenada coreografía represiva y de censura desplegada el 1ro de mayo en Puerto Rico sepueden mirar dos procesos que se vienen desarrollando paralelo a la “reforma” policial en Puerto Rico.

El 2019 comenzó con el escenario perfecto para, reforma o no, afianzar la necesidad de un aumento en el cuerpo represivo de la isla.

El aumento en el dramatismo de la violencia social documentada y difundida por las redes sociales, por un lado, y la reducción de efectivos en la Policía de Puerto Rico parecen surgir como base, tal vez irreal pero efectiva, para implementar la “doctrina del shock”.

Digo irreal pues, por dramático que puede ser ver en el teléfono o en la computadora a sicarios batirse a tiros con armas automáticas, estos incidentes fueron por décadas parte de la cotidianidad callejera en los sectores marginados. Claro los ricos y los que se creen clase media nunca lo habían visto “en vivo”.

No estoy diciendo que Puerto Rico no tiene una crisis de violencia, lo que digo es que no hay una nueva crisis de violencia criminal. Cuando se mira el proceso histórico de la violencia en la Isla, con sus altas y sus bajas pues es un fenómeno cíclico, es la misma violencia experimentada por los pasados cincuentas años. Es decir, entre 14 a 17 muertes violentas por cien mil habitantes, con picos de 30 tragedias por 100 mil personas en años picos como en el 2011 cuando el estado insistió en imponer su violenta agenda neoliberal.

Claro que nadie puede negar que la violencia social constituye una crisis, no obstante, esa crisis es permanente y constituye la normalidad colonial.

El segundo discurso con que comienza el 2019 en Puerto rico es la fuga de efectivos policiacos. Ciertamente, la pérdida de beneficios de retiro, y sobre todo el deterioro en las condiciones laborales antes y después del huracán María, llevaron a un número de Policías a exiliarse de la Isla o a acelerar su proceso de retiro.

Ante esta situación, el pasado jefe del Departamento de Seguridad Pública, el charlatán Héctor Pesquera, aprovechaba cada oportunidad mediática para pedir más recursos, más chavos, más espacio legal para operar. Digo “charlatán” pues quien responde a una pregunta de la prensa con morisquetas es un charlatán.

Este discurso de que “la criminalidad” hace necesario una fuerza policiaca mayor y con más poder legal de acción no tiene ningún fundamento que no sea el fortalecimiento de la capacidad represiva del estado.

El número de efectivo policiacos en el país está dentro de los niveles aceptados por la Unión Europea y está un poco por debajo del promedio de efectivos en jurisdicciones de Estados Unidos. Esto sin contar con que, a esa data, se le tienen que sumar otros agentes con capacidad legal de arresto como policías municipales, vigilantes de recursos naturales, etc.

Por tanto, no es correcto catalogar de crítica el número de efectivos policiacos en la Isla. Claro sí puede haber una crisis en la utilización de estos recursos y en la disponibilidad de estos. La realidad es que las pobres condiciones laborales fomentan el ausentismo y la sobre reglamentación de actividades sin victimas como el consumo de sustancias como la marihuana, desvía y mal utiliza el recurso.

Para ejemplo con un botón basta, la realidad es que, en el 2011 cuando la Isla experimenta el más reciente pico de violencia, la uniformada contaba con tres veces más efectivos que ahora. Así que no se puede decir que se necesitan más policías para manejar la violencia criminal.

Contextualizado estos discursos y mirando la forma en que la uniformada manejó el 1ro de mayo, me surgen dos preguntas. ¿Por qué la insistencia en aumentar la fuerza policía y cuál es la necesidad de darle más espacio de acción?

Las respuestas a estas interrogantes se deben mirar desde la inesperada y súbita salida del burdo Héctor Pesquera como jefe del Departamento de Seguridad Pública y la llegada a ese puesto de Elmer Román, un ingeniero, militar de carrera cuyas funciones en el Departamento de la Defensa parece cualificarle más para oficial de una policía política que para dirigir un cuerpo civil encargado de mantener la paz y la convivencia social. Entre sus tareas en la mencionada agencia militar estaban establecer guías de política pública y supervisión además de dirigir Programas de Guerra Irregular y Desarrollo de Alianzas.

Es importante destacar que, según una foto distribuida, aparenta que la salida de Pesquera y la llegada de Román no es tan súbita como aparenta.  La imagen documenta una reunión a principio de año entre el administrador colonial, Ricardo Rosselló y Elmer Román. Por lo que se puede inferir que desde entonces la admiración colonial buscaba cambiar la fascista proyección de Pesquera por una más afectiva y menos gráfica.

En fin, que al mirar la suma de estos factores surgen múltiples preguntas:

  • ¿Tenemos una situación o crisis de criminalidad tan severa que amerite estados de excepción y disminución de las garantías legales de los ciudadanos?
  • ¿La reducción en el número de efectivos policiaco amerita que se le asignen más recursos a ese aparato represivo?
  • ¿Si se le asignan más recursos, se usarán para garantizar los derechos y fomentar la paz social desde la inclusión de todos y todas?
  • ¿Fracasa la reforma policial, o es una perfecta simulación para profesionalizar la uniformada en su función represiva del disenso?

Las respuestas a estas preguntas son complejas y difícil de precisar. Pero lo que si está claro es que este pasado 1ro de mayo el país vio una nueva Policía disciplinada y organizada para ejercer la función de regente del espacio público y reprimir el uso como zona para reclamar “la reparación de agravios”.  Una Policía “reformada” para ejercer sofisticadamente la represión y censura del derecho al disenso, al uso del espacio público y a las libertades individuales de los ciudadanos.

En resumen, que el tiempo me contestó la pregunta que surgió en mi hace casi una década. La Reforma de la Policía no está fracasando, pues su intención nunca fue generar un cuerpo civil para fomentar la paz social.

Al contrario, está funcionando perfectamente para lo que aparenta fue diseñada, profesionalizar un cuerpo castrense para que ejerza la represión de los ciudadanos y garantice el espacio para las reformas neoliberales que condenarán a la pobreza a las próximas tres generaciones de puertorriqueños y puertorriqueñas.

Salud y resistencia…

Mirándonos en la cotidianidad del maestro Jesús…


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Para escuchar la conversación

Por Gary Gutiérrez

Presentado en la Librería El Candil

3 de febrero 2018

Cuando del 2017 se trata, la mayoría lo recordaremos como el “terrible 2017”.

La llegada al poder de una turba de fanáticos políticos seguidores acríticos del mito de la anexión de Puerto Rico cómo uno más a los Estados Unidos, la instalación operacional como gobierno real de una neoliberal Junta imperial para el pago de la deuda que la plutocrática clase política tomó a nuestro nombre. Y por supuesto el paso por nuestro territorio de sendos huracanes que, con sus vientos no solo se llevaron el ilusorio manto de prosperidad que cubría la isla, dejaron al descubierto tanto la pobre infraestructura material de la Isla, como la injusta sociedad colonial donde el consumo parece ser el único referente de pertenencia e identidad.

No obstante, como todos los ciclos solares, este que el mundo cristiano llama el 2017 también trajo cosas positivas.

Una de estas bienandanzas tiene que ser el libro ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO?  de Jesús Ortiz Torres. Publicación donde Chú, como se le conoce al maestro nacido en Villalba y naturalizado ponceño, demuestra tener una extraordinaria habilidad de habitar varias dimensiones al mismo tiempo y de percibir en la cotidianidad cosas que a nosotros, el resto de los mortales, se nos pasan de largo.

En ciento sesenta páginas de dibujos a plumilla “old school”, el Maestro Ortiz Torres deja claro su capacidad de observador social silvestre mientras retrata al desnudo ese sujeto que somos todos, y que llamamos “el o la puertorriqueña colonizada”.

De este trabajo ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO?, que se une a los tebeos sociopolíticos que por décadas el artista publicó en cualquier lugar que como el desaparecido Periódico El Poeta le diera el espacio, surge un Chú observador social cuyo trabajo es poco menos que una gráfica etnografía social, económica y política .

Con esta publicación, Jesús Ortiz Torres reclama su espacio entre los herederos del Carmelo Filardi, aquel legendario caricaturista del desaparecido periódico El Mundo quien, con sus comentarios gráficos, logró que a temprana edad se despertara en mí el sabor por lo que ocurría en el País.

Así este libro ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO? inserta a Ortiz Torres en las más antiguas formas de documentación y comunicación plástica creada por el ser humano, el dibujo de su cotidianidad.

Sin embargo, ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO? no es solo una mera documentación con pretensiones de imparcialidad.

Lejos de lo que implica su título en forma de pregunta, el libro es un mordaz discurso que demuestra como los puertorriqueños, nos hemos convertido en aquel colonizado descrito a mediados del siglo pasado por Frantz Fanon y Albert Memmi.

Esto pues, en la misma línea de los geniales gigantes latinoamericanos, Quino y Rius, Ortiz Torres utiliza el humor para engancharnos, atraparnos. Una vez en su red, con implacable agudeza nos obliga a mirarnos en esa caricaturesca figura que según Memmi y Fanón terminamos convirtiéndonos los colonizados. Hablo en primera persona pues lejos de señalar al colonizado como un tercero o como el otro, el trabajo de Ortiz nos presenta al colonizado en primera persona. El colonizado somos todos y todas.

En ese sentido me pregunto si en realidad las parodias que habitan las páginas de ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO?, lejos de ser dibujos salidos de la mente del artista, son una realista reproducción de las caricaturas en las que los y las puertorriqueñas nos hemos convertido. Igualmente me pregunto entonces, si somos los puertorriqueños quienes, en medio de nuestra cotidianidad colonial, dimos vida a estas caricaturas que el maestro Ortiz se limitó a recopilar para la posteridad.

Así, ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO?, que pudiera verse por algunos como un libro ofensivo por su crítico comentario social, para quienes tengan la capacidad de mirarse retratados en sus páginas puede ser una herramienta liberadora.

Recién publicado el libro ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO?, Vivien Mattei, profesora de comunicaciones y compañera de vida de Jesús Ortiz Torres, publicó en sus redes sociales la disponibilidad del mismo. Recuerdo que, en una de las respuestas al anuncio, uno de esos fotutos que habitan el ciberespacio escribió sin siquiera haber visto el libro, que el mismo era bueno para “los populetes”. Expresión que me pareció interesante pues el término es caricaturesco en sí mismo.  Tras leer esta respuesta pensé que, a diferencia de la ignorancia expuesta por el fotuto, lo maravilloso de este trabajo es que, mientras nos apunta a todos y todas como colonizados, el genio de Chu rompe con las estupideces partidistas que consumen e idiotizan nuestra sociedad. Interesantemente, Ortiz Torres parece que ya preveía este tipo de reacción y documenta el asunto en la página treinta y dos bajo el título “El crical de la politiquería”. Por supuesto, estoy seguro de que el uso del sexista termino “crical” le ganara un merecido regaño de la comunidad consciente de la colonialidad del género. Pero esos deslices son también parte de cómo piensa el colonizado.

Pasado el humor que sirve de enganche, el libro ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO? surge como un gráfico discurso contestatario con el que Ortiz Torres intenta limpiar su psiquis y sobrevivir la crisis existencial de la colonialidad que el reconoce como referente de su subjetividad y de la de todos y todas las puertorriqueñas.

Lejos de lo que se pueda pensar al mirar el título ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO?, al adentrarnos en su contenido queda claro que no importa cuál sea la visión que sobre la relación con el imperio estadounidense usted tenga, en Puerto Rico todos y todas somos “sujetos coloniales”.

De sus páginas surge así un Puerto Rico colonizado producto de las violencias psicológicas, militares, policiacas, económicas y políticas que definen toda relación colonial. Violencias institucionales, que lo mismo incluye el burdo uso de la fuerza como demuestra “El genocidio de los primeros” (pag. 143), “la invasión de los bárbaros Trucutú” (pag. 27) y “la fuerza de envergadura y mano dura” (pag. 59); o la sutil manipulación gubernamental presentada en la página veintiséis (26) bajo el título “Programación y manipulación de la mente del colonizado” y explicada en ejemplos como “La estupidez del plebisitio (pag 144), “La tercera invasión ahora con la junta de control fiscal” y el del “jala la soga, agita el palo y espulga al mono (pag. 146 y 147).

Por otra parte, ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO? igualmente recoge cómo los y las boricuas respondemos a esas violencias coloniales, encarnando una grotesca y caricaturesca cotidianidad. “El afrenta’o adinfinitum” de la página vente (20) y “El Esclavo del siglo 21” de la página veintiuno (21) son solo dos de las imágenes que describen estas respuestas.

A estos ejemplos individuales documentados por Jesús, se suman representaciones de manifestaciones colectivas que desnudan la cotidianidad colectiva que construimos desde la violencia colonizadora. Por ejemplo, las páginas sesenta y dos (62) y sesenta tres (63), “Política de culiabierto pa’l de afuera” y de “culitranca’o para el de adentro”, ilustran como los y las puertorriqueñas encarnamos el maleficio que desde la canción “Maldición de Malinche” en 1975 denunciara el gigante Gabino Palomares.

Antes de terminar, como criminólogo tengo que reconocer la agudeza con la que el amigo Chú recoge las formas cómo, desde la colonialidad los y las puertorriqueñas definimos eso que llamamos criminalidad y la lucha contra esta. Magistral ejemplo de esto es “La supuesta Ley y Orden de los de arriba” (pag. 152). En esta ilustración Ortiz Torres deja claro que ese discurso de “ley y orden” realmente se refiere a como la ley legitima el orden social excluyente en que sobrevivimos la inmensa mayoría de los y las puertorriqueñas.

Antes de terminar quiero destacar la valentía demostrada por el maestro Chú Ortiz al apuntar en dirección de una discusión que en este país nadie quiere tocar. Me refiero a cómo, bajo el título “Los aduladores de cabrones” y “El animal totémico”, los trabajos de las páginas ciento dieciséis y diecisiete (116 y 117) nos recuerdan la forma en que normalizamos el culto a los imperialistas y genocidas que nos colonizaron. Normalización que se ve en los nombres de nuestras calles, espacios y hasta ciudades…

En fin, que como dicen que dijo el Maestro Jesús, el carpintero no el dibujante, “el que tenga oídos para oír que oiga”. En esta ocasión podemos decir que el que tenga ojos para ver que vea.

Para quienes nos acerquemos a ¿CÓMO PIENSA EL COLONIZADO? con ojos y mente abierta, el libro surgirá como un espejo dónde mirar cómo la colonialidad nos deforma y nos limita. Más importante aún, podremos entender cómo el libro nos apunta a como desde esa colonialidad se va formando una cotidianidad de violencia normalizada que nos define como persona y como sociedad.

Por supuesto para que esa herramienta sea verdaderamente útil, es indispensable adentrarse al mismo en primera persona y no en tercera. Es decir que vayamos al contenido del libro a buscarnos y no a buscar al otro.

Salud y resistencia.

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¿En serio, ventanas rotas otra vez?


Por: Gary Gutiérrez

Casi las once de la noche y el tuit vino de un grupo estudiantil autodenominado Estudiantes Informan (@UPRestudiantes).

“Día 118[i] – #PuertoRico embraces ‘broken windows’ policing amid killings. Fox News

¿En serio, ventanas rotas? Mi cerebro, que finalmente se estaba adormeciendo para descansar, se disparó como un misil intercontinental estadounidense que responde a Corea.

Desarrollada por el Manhattan Institute e implementado durante la década del 1990 por el alcalde Rudolph Giuliani., la “teoría” conocida como “Ventanas Rotas” entiende que cuando se tolera la desviación o los actos antisociales menores estos degenerarán en crímenes mayores. Con esta visión justifica mover y enfocar los esfuerzos del Aparato Represivo estatal para perseguir conductas que pudieran ser manejadas de forma más económicas y eficientes desde los controles informales o ideológicos.

Es decir que las autoridades deben enfocarse en controlar conductas desviadas como el escribir grafiti, arrojar basura, pedir o vender cosas en las luces de tránsito, fumar marihuana, consumir alcohol en la vía pública, orinar en público, etc., aun cuando las mismas no tengan víctimas o querellantes.

Entiendase, es gastar el dinero y tiempo de los y las policías, a quienes no le pagan los beneficios contractuales por falta de recurso, en perseguir mozalbetes y marginados que no tienen dónde caerse muertos.

Por supuesto, el ejemplo utilizado para la implementación de esta política pública son discursos como que la gente que no obedece las leyes de tránsito. Es decir que, en vez de gastar los recursos en generar investigadores, los vamos a pones a dar boletos de tránsito.

A ver si se entiende: ¿esta gente entiende que alguien que ya decidió asesinar a otro ser humano no lo va hacer porque estén velando quién no se detiene ante la luz roja?

Como dije el mito de las ventanas rotas como forma de manejar la criminalidad surge tras su implementación durante la incumbencia de Rudoph Giuliani como alcalde de Nueva York.

Durante ese periodo la ciudad experimentó baja en los delitos y Giuliani lo relacionó con la implementación de esta política. De paso con ese cuento se hizo millonario asesorando a gobiernos que como el nuestro le pagaron sus honorarios como experto.

Claro el exfiscal no explica en sus talleres que en ese tiempo en decenas de otras ciudades donde no se implementó este plan, también bajo la criminalidad.

Además del cuestionamiento antes detallado, otra crítica importante que se le hace a la política de las Ventanas Rotas es que la misma termina siempre reprimiendo y controlando las poblaciones más pobres, marginadas y vulnerables.

Un dato constatable es como, en la década del 1990, bajo la implementación de esta visión en la ciudad de Nueva York se dispararon los números de querellas por brutalidad policía mientras en las otras ciudades que también lograron bajar criminalidad, pero con programas comunitarios, las querellas contra los oficiales bajaron.

De igual forma se critica que esta estrategia ensaña la brecha entre la comunidad y la Policía que en muchos casos es vista como una fuerza de ocupación. Situación que termina aumentando la apariencia de ilegitimidad del Estado en esas comunidades.

El otro ataque a esta “teoría” apunta a que su implementación dispara costos de vigilancia y congestiona el sistema con casos que no tienen víctimas o querellantes. En momentos que la administración de la Policía de Puerto Rico está en entredicho por no poder cumplir con sus obligaciones labores, este es un factor que requiere mucha consideración.

Como si lo anterior no fuera razón suficiente para descartar el “mito de las ventanas rotas”, la realidad es que, por los pasados treinta años, desde la implementación de la llamada mano dura, la política para el manejo de la criminalidad siempre fue la misma que hoy nos empacan como novel iniciativa.

Claro está decir que esto de que la teoría de las Ventanas Rotas no funciona es faltar a la verdad. La realidad es que al igual que en la ciudad de Nueva York, la implementación de la “teoría” en Puerto Rico fue exitosa en encarcelar pobres, custodiar y estigmatizar comunidades y sobre todo en normalizar la vigilancia y el control social. Fin real del pensamiento conservador que produjo las ideas originalmente.

Por último y más importante, el anuncio de la implementación de Ventanas Rotas como política pública demuestra que quienes tiene a su cargo el manejo de las agencias represivas, locales y federales en Puerto Rico, nunca tuvieron un plan real para el manejo de la criminalidad y por eso viene con este refrito.

¡Salud y resistencia!

[i] Se refiere a los días tras el paso del Huracán María que a esta fecha mantiene sin servicio eléctrico a más del 40% de la población.

Gobernador será responsable por cualquier tragedia en Peñuelas


Advierten al Gobernador que será responsable de cualquier tragedia que ocurra por represión policial en Peñuelas.

Para escuchar el reportaje

Sobre libro Exclusión y Violencia por el estudiante del RUM, Michael G. Carmona Soto


Curso SOCI 4101 Criminología
Recinto Universitario de Mayagüez

Profesor: Dr. Michael González-Cruz

Introducción

EL libro “Exclusión y Violencia” es escrito por un profesor criminólogo llamado Gary Gutiérrez. Citando el libro, el mismo reúne en tres secciones la propuesta del autor para mirar la violencia y la criminalidad presente en Puerto Rico a partir de la segunda década del siglo veintiuno desde la mirada alternativa que posibilita la ‘nueva criminología’, entiéndase la criminología critica, que pretende cuestionar a la criminología tradicional desde la manera de ver al delincuente, hasta los mecanismos de control social (Gutiérrez-Renta, 2014). Como parte del curso de criminología SOCI 4101 el lector de este ensayo podrá apreciar algunos puntos importantes que Gary Gutiérrez presenta en su libro. El ensayo se estará estructurando por unas preguntas que los estudiantes, al igual que el profesor escogieron para llevar a cabo el ensayo. Las preguntas de referencia que se escogieron para este ensayo son las siguientes:

  • ¿Qué premisas se tomaron en consideración para elaborar la sociología del conflicto? P. 32
    ¿Cuáles son los propósitos principales de la ley según Kropotkin? Explica. P. 23
  • Según Máximo Pavarini, ¿en que día empiezan las angustias serias para el criminólogo?
  • ¿Cuál era el pensamiento o la visión de los conservadores y de qué manera consideraban la solución al acto criminal? Explique de qué manera los mismo veían a los humanos.

 

Ensayo

Gary Gutiérrez nos muestra un libro fascinante que nos permite entender desde un punto de vista social cómo es la criminología. Cada detalle del libro nos hace reflexionar acerca de la criminalidad, y en momento nos brinda la oportunidad de tener en mente una solución hacia este comportamiento. Por tanto, me gustaría empezar con una frase de Gary escrita en el libro; “Al fin y al cabo, se debe asumir que, como en la naturaleza, en la sociedad todo lo que se mantiene es porque para alguien le funcion”. Esta frase se repetía varias veces en mi mente cada vez que pasaba las páginas del libro, porque me hizo ver lo injusto y el abuso que tiene el gobierno con nosotros, manipulándonos mediante la criminalización. Por tanto, es increíble que el estado que tiene un poder incalculable puede utilizar este comportamiento como una ventaja para obtener más poder. Poder que se convierte en un conflicto social que parten de tres premisas que apuntan a que; la sociedad no es estática y siempre está en cambio y que en toda sociedad habrá sectores que promuevan ese cambio, la segunda premisa; que el conflicto, la falta de consenso, es intrínseco a todos los sistemas sociales, (no hay sociedades, o relaciones personales que no experimenten conflictos). Finalmente, y probablemente lo más importante para efectos de este trabajo, la coerción resultante de que unos individuos tengan más poder social que otros es un elemento siempre presente.

Tomando como referencia la última premisa, en donde el poder social tiene la oportunidad de obtener más que otros individuos, me refiero a la clase pobre. Ayuda a entender por qué la criminalidad verdaderamente funciona. Cuando tuve la oportunidad de ir a la conferencia de Gary en el RUM, acerca del libro “Exclusión y Violencia” aclaré esta gran pregunta escuchándolo con una mente abierta. Una de las partes de la conferencia él menciona y abunda más sobre los que son los propósitos principales de Kropotkin, lo mencionó de una manera diferente. El primer propósito es proteger la propiedad privada, y hago un alto este primer propósito porque Gary nos menciona que es el propósito más importante y el que empezó la implementación de un proceso de seguridad. Hace mucho tiempo atrás los policías no eran parte de un gobierno, los famosos policías solamente protegían los bienes de los ricos. Al ver el estado esto tan importante ellos optan por hacerlo parte de un plan gubernamental. Aquí es donde llega el segundo propósito de Kropotkin, proteger el estado y al rico. “Las leyes del estado lo que protegen son las estructuras que legitimen -no criminalizado- las acciones de quienes se benefician del trabajo y la producción de otros”. Pero como había mencionado anteriormente el estado no solo tiene una protección, sino que también crea una manipulación. El estado muestra el tercer propósito como modelo de voto, y es “proteger a la persona”, hacerla sentirse segura porque andamos con miedo de que la criminalidad nos arrope.

Abarcando más sobre los oficiales de seguridad (policías) me impresiono mucho como Gary los describe con una Visión Conservadora Cristiana en donde el individuo es un ser pasional que “no tiene control por herencia del pecado original”. La alternativa ante el crimen es la vigilancia, la mano dura, y el castigo severo y humillante para que se controle. Esta visión se basa en el respeto a los valores, la autoridad y la religión. (Jimenez, 2015) Después de Gary describirme a los oficiales de esta manera pude entender porque algunos policías tratan a las personas marginadas con arrogancia y comportamiento agresivo.

Durante todo este estudio de la criminología con el estado, los criminólogos entendieron que la sociedad no es producto de consensos o procesos democráticos. Aquí fue el día en que el criminólogo tuvo que rendirse a la evidencia de que las definiciones legales de criminalidad y de desviación no coinciden con la opinión mayoritaria de los que debe ser justo y de lo que debe entenderse injusto. (Pavarini, 2003) Es de aquí que Pavarini entiende que la criminología comienza a cuestionarse en su rol en la sociedad burguesa productora de la modernidad, así como la forma en la legitima el estatus quo. Este proceso llevo a estos criminólogos a un dilema.

Gary mostró tener un conocimiento invaluable que habla desde un punto de vista bien estudiado socialmente. Leer su libro es una manera de entender el mundo represivo en que vivimos hoy en día. Puerto Rico más que todo debería tener este tipo de lectura a la mano para así entender muchas cosas que a veces somos ciegos y no nos damos cuenta. “Exclusión y Violencia”, abrió mis ojos vendados de cosas que uno pensaría como correctas o normales.

Citas

Gutierrez-Renta, G. (2014). Exclusión y Violencia. Ponce, PR: Marian Editores

Jimenez, R. E. (2015, Enero 31). Presentacion del libro Exclusión y Violencia. Retrieved from Scrib: https://www.scribd.com/document/254356443/Presentacion-del-Libro-Exclusion-y-Violencia

Pavarini, M. (2003). Control y Dominación: Teorias criminológicas bruguesas y el proyecto hegemónico. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Sobre víctimas y medios de comunicación


Por Gary Gutiérrez

De entrada, admito que hablar sobre víctimas me causa terror. Es un tema que no domino, que nunca estudié, y con el cual no tengo conexión alguna.

Sin embargo,  y convocado por la profesora Stella Irizarry, mujer que admiro desde que la conocí en su contestaria juventud, me paro ante ustedes para conversar sobre “víctimas y medios de comunicación”.

Como ya dejé claro que no domino la victimología, asi que aun cuando por experiencia y estudios se pudiera decir que se algo de medios de comunicación, prefiero usar la llamada “criminología cultural” para adentrarme al tema. La criminología cultural mira lo criminal desde la cultura de los actores, es decir los que viven el proceso delictivo. Ese acercamiento al mundo de los desviados, la criminología cultural lo hace desde la etnografía o el estudio descriptivo de las costumbres y tradiciones de los pueblos y la gente. 

Para mí, este acercamiento implica el entrarse al mundo de lo estudiado sin juzgar, sin ideas, valores o moralidades preconcebidas. Tratando así de entender la forma en que el, o los sujetos de estudios, construyen o definen las realidades en que habitan.

Así las cosas, y para compensar por la falta de conocimiento y entrenamiento criminológico estipuladas al comienzo, hoy les hablaré desde mi experiencia como reportero y foto-periodista policiaco. Es decir, convertir esta reflexión en una auto-etnografía para que sean ustedes quienes lleguen a sus propias conclusiones. De paso, eso suena a una buena asignación

Para decir la verdad, las víctimas son un tema que he invisibilizado. No sé si fue que, como forma de preservación mental, cuando trabajé como foto-periodista y reportero radial aprendí a no mirar como humanos a las víctimas de esa violencia callejera que diariamente ocupaba mi oficio. Peor aún, ahora me pregunto si ese proceso de protección mental me llevó a deshumanizar o cosificar aquellos cuerpos inertes y los dolientes que les lloraban. Así, no eran José, Juan, María, fulano o perencejo. Eran solo, “el muertito del día”, o el tecato para quién morir en la calle era parte de la cotidianidad, o el narcotraficante que cuando entró al negocio sabía que la muerte es parte de su quehacer.

De igual manera, los gritos y los llantos desesperados de las madres, padres, novias, amantes, hijos o compañeros eran solo una buena oportunidad para aumentar el dramatismo e impulsar la ya cotidiana noticia a una mejor ubicación en el periódico o el noticiero. Después de todo, con el pretexto de “humanizar” el noticiero, “if it bleed; it lead”, si sangra, encabeza.

Por supuesto, hay que dejar claro que, en mis tiempos de foto-periodista independiente, cuando el salario de un obrero era de cinco dólares, yo recibía setenta cinco dólares por cada “muertito” publicado, cien si era portada. Afortunadamente para mí, y para la desgracia del resto, hubo semanas de sobre quinientos dólares en tragedias.

En fin, eso que ustedes llaman víctima, para mi eran muchas cosas, pero no eran humanos. Eran solo elementos visuales que, por alguna morbosa habilidad, y citando a una editora que prefiero no nombrar, yo “transformaba en trágica belleza”.

Así las cosas, la invitación de la profesora Irizarry me abrió los ojos a la realidad de que nunca había mirado las víctimas y mucho menos a sus derechos o necesidades.

Claro al leer los documentos que la propia profesora me envió, también me doy cuenta de que, ni la institucionalidad gubernamental y jurídica, ni tampoco la prensa en general parecen darle mucha importancia a las necesidades y derechos de eso que llaman víctimas. Para comenzar no parece que esté realmente claro, y les recuerdo que no soy abogado, que significa y a quién le aplica ese concepto de “víctima”.

Para comenzar la ley 77 del 1986 define víctima como, cualquier persona natural contra quien se haya cometido o se haya intentado cometer cualquier delito contemplado bajo las leyes del Estado Libre Asociado de Puerto Rico o bajo las leyes de los Estados Unidos de América. Suena legalmente razonable.

Pero al mirar la definición que nos provee la profesora Irizarry la cosa comienza a nublarse. Para los y las criminólogas como ella, y asumo que, para muchos activistas en favor de las víctimas, “[s]e conoce como víctima aquella persona que por consecuencia de un acto ilegal sufrió de daños físicos, psicológicos y económicos.”

Tómese un asesinato cualquiera. ¿Quién es o quiénes serían las víctimas? Al parecer, por la definición legal, para el estado la víctima es el occiso, la persona muerta. Sin embargo, para los o las criminólogas como Irizarry, los padres, los conyugues, los hijos y hasta los amigos, también deben considerarse víctimas del delito de asesinato.

Aquí es donde, desde mi cinismo producto de varias décadas de trabajo periodístico, se me complica la invitación a reflexionar sobre la relación víctima y prensa. Esto pues parto de la premisa de que, aun cuando el trabajo periodístico termina educando o mal educando a la sociedad, la realidad es que el rol de la prensa comercial en el siglo veintiuno no es educar, es informar y sobre todo entretener. Claro, y repito, el resultado es que, en la transferencia de información intencionadamente o no se termina educando o mal educando, como usted prefiera definirlo.

Igualmente se debe decir que, aun cuando sea un ideal, el trabajo de la prensa no es preservar o velar por los derechos de nadie. Ese se supone sea el trabajo del estado y sobre todo del tribunal. Que en el ejercicio consiente del periodismo se pudieran denunciar abusos y asegurar garantías para todos y todas, pudiera ser el resultado, pero para mí regularmente, es un resultado no intencionado.

Entonces cuando leo un artículo como: “Reclaman víctimas del crimen más sensibilidad por parte de la prensa” de Alex Figueroa Cancel de Primera Hora, mi cinismo me lleva a varias preguntas.

Por ejemplo, en la nota periodística se cita la maestra y amiga Lina Torres diciendo:

“Una pregunta inapropiada que se le haga al familiar de una víctima de asesinato o una cobertura de prensa imprecisa pueden causar un daño mayor a quien sufre las heridas de la violencia. Por eso, es la sensibilidad al tratar estos temas el principal el reclamo que hacen los sobrevivientes de delitos a los medios de comunicación”

Igualmente se detalla un reclamo para que “se divulgue más la Carta de Derechos de las Víctimas por parte de las autoridades”. Es decir que se eduque sobre los derechos a las víctimas garantizados por la Carta de Derechos de las Víctimas y Testigos del Crimen o Ley 22 de 1988.

Pero les recuerdo que los derechos de los ciudadanos son frente al estado y es esa institución quien tiene que respetarlos y hacerlos respetar. Esta ley estipula que:

“A tenor con este principio se aprobó la Ley Núm. 77 de 9 de julio de 1986 la cual declaró que es política pública del Estado Libre Asociado de Puerto Rico proveer protección y asistencia a las víctimas y testigos en los procesos judiciales que se ventilen en los tribunales, así como durante las investigaciones que se realicen para promover su cooperación y participación plena y libre de intimidación en esos procesos.

Bien, la pregunta entonces parecería ser si estas leyes, la 77 del 86 y la 22 del 88, obligan o aplican a la prensa y sus representantes los periodistas.

Pues en el artículo primero de la constitución de Estados Unidos dice:

“El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado o se prohíba practicarla libremente, o que coarte la libertad de palabra o de imprenta, el derecho del pueblo para reunirse pacíficamente y para pedir al gobierno la reparación de agravios.”

Perece entonces que el gobierno no puede hacer una ley obligando a los medios a tratar de una u otra forma a las víctimas de delitos o a cualquier otra persona para esos efectos. Lo que si puede hacer el gobierno es autoimponerse unos parámetros de acción que pudieran servir de estándares al tribunal en caso de que una persona que se considere “víctima” reclame jurídicamente por un alegado abuso de un medio de comunicación. Tanto es así que el titular de la nota de prensa es: “Reclaman víctimas del crimen más sensibilidad por parte de la prensa” y no Exigen legalmente “víctimas del crimen más sensibilidad por parte de la prensa”.

Después de todo el derecho a difundir información es garantizado por la constitución mientras que el derecho a las llamadas víctimas emana de una ley colonial. Digo llamadas víctimas pues el estatuto parece dejar fuera de ese término a gran parte de las personas que los y las criminólogas, así como los activistas, llaman víctima.

Pero como dije anteriormente, no soy abogado así que los dejo los supuestos antes detallado para que le pregunten a su letrado favorito.

Ahora bien, es muy fácil utilizar como chivo expiatorio a la prensa y pedirle “sensibilidad al tratar estos temas”. Pero en realidad, “los sobrevivientes de delitos” no están obligados a hablar con la prensa, mucho menos a recibirles en sus casas o en el funeral de su ser querido. Claro, antes de que me lo señalen aclaro que con esto no estoy culpando a las víctimas por someterse a la prensa.

En el modernidad tardía o posmodernidad en que se vive, parecería que muy pocas personas están conscientes de que no tienen ninguna obligación de recibir o hablar con los medios. Incluso, y me perdonan el cinismo, algunos pueden ver la presencia de los medios en su desgracia como una especie de morbosa inclusión o reconocimiento. Después de todo en esta época ser celebridad es una aspiración de muchos, y para algunos solo la desgracia le da esa oportunidad. Eso se debiera estudiar

Pero para ilustrar mejor mi punto permítanme compartir algo que me ocurrió varias veces durante mi carrera como foto-periodista. Si había una asignación que yo detestara era el cubrir enterramientos. Especialmente cuando la única notoriedad de la víctima fue morir en circunstancias poco usuales o morbosamente interesantes para el gran público como decía Luis Trelles. Como odiaba ese tipo de asignación que catalogaba como masturbación del morbo, lo primero que hacía al llegar a la funeraria era buscar al representante o portavoz de la familia y presentarme. Acto seguido le explicaba para que estaba allí, pero que ellos tenían derecho a la intimidad de su ritual y que si ellos lo pedían yo me marchaba, cosa que era mi intención realmente. En veinte años de oficio, solo una vez me pidieron que abandonara la funeraria.

En resumen, la cosa es complicada. Ya que la relación de la prensa y las víctimas se puede ver como una batalla de gigantes que lucha por su espacio. Por supuesto, una batalla desigual donde los medios de comunicación llevan todas las de ganar, mientras las víctimas ni siquiera cuentan con las garantías que se supone se les reconozca por ley. Digo se supone pues la propia ley ni siquiera parece incluir como víctimas a gran parte de los que así se consideran.

Igualmente es complicado pues la opción no puede ser que el gobierno imponga parámetros de cómo la prensa debe tratar las víctimas. Eso sería abrir la puerta para que la institucionalidad gubernamental decida como la prensa puede o no tratar a una población cualquiera. Por lo menos eso para mí, en una verdadera democracia, es inaceptable.

Así las cosas, me parece que lo único verdaderamente aceptable para limitar la prensa en la democracia es la educación. Por un lado, educar a las víctimas para que entiendan que no tienen que recibir, aceptar o responder a las preguntas de los medios de comunicación. Igualmente se debe educar a las audiencias a no respaldar a los medios que ellos entiendan no respetan a las víctimas.

Por supuesto, esta educación no parece que la harán los medios y mucho menos el estado. Eso, creo, le toca a los activistas y a usted como criminólogo o criminóloga…

Para terminar, les recuerdo que si bien los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, también tienen los medios de comunicación que toleran o permiten. Pues es realmente sencillo, yo no auspicio los medios que le dan importancia a cosas que no me interesan o que consideró irresponsables. No necesito que pasen una ley, solo necesito apagar la tele o no visitar sus páginas cibernéticas.

¿Sabe qué? Todos podemos hacer lo mismo.

 

¿Militar o agente de paz?


Por: Gary Gutiérrez / 7 dic 2016

“¿A que seguir amontonando ejemplos para dejar demostrada cosa tan sabida? Y si esto es así, ¿no cometemos una tremenda inconsecuencia al quejarnos de uno de la policía porque machacó en San Juan la cabeza de un caballero, siendo así que hemos sido nosotros los que hemos puesto al guardia la macana en la mano, haciéndole por fuerza contraer el feo hábito de triturar cabezas.

 

Se me dirá que le hemos dado la macana, no para atropellar a nadie, sino para que la use discretamente, cuando sea absolutamente necesario para conservar el orden; pero ¿quién puede negar que del uso nace el abuso, y que quien tiene por oficio romper cráneos acaba fatalmente, aunque sea un santo por familiarizarse poco a poco con la vil tarea hasta llegar a romperlos al menor pretexto? queda, pues, la cuestión reducida a un dilema bien claro: o se hunden las macanas para que se salven las cabezas, o se hunden las cabezas para que se salven las macanas.”

Nemesio Canales,  1913

 

pr-policia2El nombramiento por parte del gobernador electo, Ricardo Rosselló Nevares de  Michelle Hernández Fraley a la dirección de la Policía de Puerto Rico marca hitos importantes en la historia de dicho cuerpo.

Con este nombramiento 64 años después de que se les permitiera a las mujeres trabajar como policías en la Isla, a sus 52 años de edad Michelle Hernández Fraley se convirtió en la primera fémina en ocupar el puesto de Superintendente de la Policía de Puerto Rico.

Hernández Fraley es también  la segunda persona militar en dirigir el cuerpo policiaco puertorriqueño desde la creación del puesto de Superintendente de la Policía en la década del 1950.  El primero, de corta duración y triste recordación, fue Emilio Díaz Colón, militar que dirigió la Guardia Nacional de Puerto Rico antes de que el gobernador Luis Fortuño lo nombrara Superintendente.

Según el periódico El Nuevo Día “En la milicia “Hernández de Fraley, llegó a estar a cargo de seis comandos, recorrió el mundo en misiones y por dos años formó parte del equipo que estuvo encargado de la informática y las telecomunicaciones en la Casa Blanca. Además, fue la primera militar puertorriqueña graduada de la academia para oficiales del Ejército en West Point, Nueva York.”

La experiencia castrense es solo parte de su impresionante resumé que incluye un doctorado en Liderato Organizacional, una maestría en Relación y Asuntos Internacionales y un bachillerato en Lenguas Extranjeras

Los estudios y su experiencia laboral colocan a Michelle Hernández Fraley como la persona mejor preparada que ocupa la dirección de la Policía de Puerto Rico.

Hernández de Fraley llegó a la Policía de Puerto Rico en 2014, cuando el entonces superintendente James Tuller Cintrón, quién tuvo que abandonar el cargo en medio de cuestionamientos por su labor como jefe de la  división de vivienda pública de la Policía de Nueva York, la trajo para manejar la organización estratégica de la agencia. Más Tarde Hernández pasó a dirigir la Academia de la Policía.

No obstantes las cualificaciones antes detalladas, el nombramiento de una militar a dirigir la principal fuerza represiva del Estado, tiene que levantar serias preocupaciones. Después de todo en una sociedad capitalista como la que se vive en Puerto Rico, el rol de la policía siempre ha sido el control social y el manejo de las poblaciones excedentes que componen el necesario ejercito de desempleados que ayuda a mantener bajos los salarios de quienes tienen la suerte de estar empleados.

Hay que recordar que la Policía de Puerto Rico fue creada al comienzo del siglo XX por Estados Unidos para mantener control de los nativos tras invadir y tomar posesión de la isla como botín de la Guerra Hispanoamericana.

La creación de la policía  local en Puerto Rico siguió así el mismo patrón que durante el siglo XIX se desarrolló para que los pueblos originarios se vigilaran ellos mismos tras la invasión e usurpación de sus tierras por parte de descendientes de los blancos europeos que colonizaron sus territorios.

Por otro lado y regresando al nombramiento de Hernández de Fraley, se debe entender que esta llega a la superintendencia en medio de una política de militarización de las uniformadas por parte del gobierno estadounidense que comenzó durante la presidencia de Ronald Reagan y que se masificó bajo la del presidente Bill Clinton.

La inquietud en torno al asentamiento de la visión marcial en las policías llega al punto de que para algunos juristas estadounidenses, la militarización de las policías termina violando el espíritu de la tercera enmienda de la constitución estadounidense que prohíbe la presencia de ejércitos armados dentro del territorio doméstico en tiempos de paz. Es decir algunos ven los departamentos de policías armados y equipados con armamento militar como un ejército que termina respondiendo al Departamento de Justicia y por ende a la presidencia de Estados Unidos.

Esa militarización preocupa a pensadores y académicos como Noam Chomsky, Cornell West, Michelle Alexander, Kristian Williams, Radley Balko y otros que apuntan a esta política como parte de las causas de los excesos y del alto grado de violencia y violaciones a los derechos humanos y civiles de las minorías raciales y de los pobres que a diario se reportan en los Estados Unidos y Puerto Rico.

No se debe olvidar entonces que esos mismo excesos son la causa de que la Policía de Puerto Rico este en una sindicatura de facto, supervisada por un monitor nombrado por la Corte de Estados Unidos en San Juan.

Ante las preocupaciones que válidamente se pueden levantar por el nombramiento de una oficial militar para dirigir un cuerpo que está señalados por su mentalidad castrense, Hernández de Fraley apuesta a la disciplina y al establecimiento de estrictos protocolos para convertir a la uniformada en un cuerpo que sirva a la sociedad y respete los derechos civiles y humanos.

Partiendo del historial de servicio de la nombrada Superintendente, no debe caber duda sobre sus intenciones y su capacidad para producir dichos protocolos.

No obstante partiendo tanto de ese mismo “curriculum vitae”, como de sus declaraciones en torno a la disciplina necesaria,  se pudiera pensar que Hernández encarna lo que algunos criminólogos y criminólogas críticas llaman la mentalidad de “Ley y Orden”.

Es decir una forma de  ver “lo criminal” que apunta a que el crimen es un acto individual y que es mediante la vigilancia, la represión y el castigo que se logra controlar a los individuos que tienen tendencias criminales. Igualmente esa visión genera la visión de que el policía está en la calle como primer contingente de protección contra “esos” que no quieren comportarse como se debo. Es decir el policía surge así como regente, administrador o rector del espacio público, por lo que tiene autoridad para imponer la misma disciplina que le exigen a él sobre los ciudadanos que ocupan el espacio público.

¿Qué hay de malo con eso?

Simple, es desde esa mentalidad de regente del espacio público que surgen los excesos y los abusos de poder que según la página “killedbypolice” durante el 2015 dejó en Estados Unidos un saldo de 1210 ejecuciones extrajudiciales, es decir 3 muertes a manos de agentes del Estado cada 24 horas. La misma fuente asegura que al 6 de diciembre del 2016 los oficiales de “ley y orden” en esa nación han ejecutado extrajudicialmente a  1074 personas.

Esta debe ser la preocupación.

En momentos en que el país se mueve a un doloroso proceso de “reconstrucción económica” dirigido por tecnócratas que entienden que es el pueblo quien debe llevar la carga y pagar los excesos que la clase política cometió al servicio del capital, es lógico pensar que se suscitarán encontronazos sociales en las que la Policía será llamada como defensora de estamento y de la “ley y Orden”.

Orden que al fin y al cabo es el creado por los políticos para defender los intereses de los poderosos y la ley que legitima la imposición del mencionado orden.

¿Es deseado que los efectivos policiacos que intervengan en esos conflictos sean disciplinados regentes que se crean con la autoridad para decidir cómo el pueblo puede o no expresarse, o dónde se pueda o no ejercer el derecho “de reunión pacífica”  para “solicitar una compensación por agravios gubernamentales?

¿O la aspiración de una sociedad realmente democrática debiera ser que los efectivos policiacos, en vez de verse como agentes de “ley y orden”, se definan como “agentes de paz social”  y que lejos de otorgar controversias en la calle se limiten a respetar el derecho a disentir y mantengan la paz entre los sectores en conflictos?

La bola está en la cancha de la nueva superintendente Michelle Hernández Fraley.

A ella le toca escoger si pasará a la historia como una ciudadana que logró, o por lo menos trató, dominar la cultura hipermasculina y violenta que caracteriza la policía,  para poner ese aparato al servicio de la paz social y el respeto a los derechos civiles y humanos. O  si será recordada como aquella primera mujer superintendente que a fuerza de golpe y fuego mantuvo la ley y el orden a costa de arrestos, golpes y tragedias.

Ya el tiempo dirá, pues si en una dirrección apunta el “curriculum vitae” de Hernández Fraley es que tiene la capacidad para implementar cualquiera de las visones anteriores.

Pero por supuesto, igualmente la historia deja claro que pretender que las Policías no caigan en excesos represivos y abusos es pretender que la cebra no tenga rayas.

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