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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador y documentador social, bloguero, comunicador, fotógrafo callejero, también fondero, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata.

#Iphonegraphy: wall & texture 


 Encuentro sobre organización social y política durante la década del ’60 en Estados Unidos


Jueves 23 de marzo 2017:

12:30pm Conversatorio 

Recinto de Ponce, Universidad Interamericana de Puerto Rico 

Ponentes:

  • Agustín Laó: contexto socio político
  • Hector Alvarez Trujillo: Movimientos afro-americanos
  • Vicente Alba “Panamá”: Young Lords
  • Andrés Torres: MPI

6:00pm Conferencia 

Centro Cultural de Ponce

Ponentes:

  • Agustín Laó: contexto socio político
  • Hector Alvarez Trujillo: Movimientos afro-americanos
  • Vicente Alba “Panamá”: Young Lords
  • Andrés Torres: MPI

Viernes 24 de marzo 2017

6:00pm Cine-Foro

  • Documental: COINTELPRO
  • Charla con Francisco Concepción
  • Librería El Candil

Sábado 25 de marzo 2017

3:00pm Presentación de Libro sobre Young Lords y el MPI

  • Librería El Candil
  • Andrés Torres, Agustín Laó y José Emiliano Velázquez: MPI

Sancocho de reconstrucción sabatina en Bélgica 


Por: Gary Gutiérrez

Sábado, diez y media de la mañana, el sol, la brisa y el calor me recuerda que es cuaresma. 

Igualmente, las desoladas calles y los edificios vacíos y abandonados me hablan de la muerte de nuestras comunidades, de la fuga de nuestra gente al norte, en fin narran la historia del colapso de la economía nacional.

Hace cincuenta años, esta calle Gran Vía, sector Bélgica de Ponce, hacía honor a su ostentoso nombre. Recuerdo cuando, junto a mi madre llegábamos al cruce con la ahora calle Cuba y experimentar lo que es ser una comunidad viva y pujante.

Frente a la panadería La Valenciana cuyo maravilloso rótulo de neon todavía sobrevive al cruzar la calle del también desaparecido Colmado Santiago, vendedores silvestre colonizaban aceras y calles ofreciendo productos agrícolas. A pocos metros de distancia, la pollera dónde las especies de aves más populares de la cocina nacional esperaban por el honor de terminar en un sabroso sopón o fricasé dominical.

Saboreando el recuerdo de esas delicias dominguera llegué a mi destino en la equina de la ahora calle Venezuela con la Aurora. Una cita en torno a un sancocho con el amigo Rey Quiñones, que además de economista, y no dije comunista, es un buen diente.

Al igual que con los hermanos Le Compte, los artistas Wichi Torres, Patric Urbain y  Toño Martorell, así como los profesores José Raúl Cepeda y Cesar José Pérez Lizasuain, cuando viene al bajo mundo culinario Rey Quiñones es un conocedor.

De entrada el negocio de Chuito, la decoración y lo naturalmente rústico del local, deja claro que se está en un chinchorro “hard core”.

Ya la cosa pinta bien, una vitrina con bombillas que sirve de encubadora a una variedad de frituras y que además sirve de tablilla para desplegar múltiples botellas del pique artesanal preside el salón comedor decorado con memorabilia y recuerdos importantes para Chuito Ramos, dueño del establecimiento y anfitrión nuestro.

En este momento, cuando Chuito sale de la cocina y nos saluda, caigo en cuenta que este negocio es la reencarnación del legendario Café Ramos que ubicaba en la calle Muñoz Rivera de la Ciudad Señorial.

Rey Quiñones no se equivoca al recomendar este sancocho. Minutos más tarde, entre Medallas y una conversación sobre el surgimiento del capitalismo y la decadencia del orden social feudal, nos vemos sentado frente al motivo de nuestra visita.

El espeso caldo amarillo calabaza, que parece más puré que potaje, le hace el amor a nuestros sentidos. 

Delicada mezcla de los sabores de las viandas, es decir verduras para los del norte y víveres para los dominicanos, juegan con el paladar. 

En cada cuchara se detecta la batata, el plátano, el ñame y la yautía entrelazados con la carne de res y el pollo, así como con el maíz que endulza el puchero heredado de los abusos del periodo esclavista.

Porque el sancocho es uno de esos platos productos de la resistencia culinaria de las madres africanas quienes con la broza que le sobraba al amo, aprendieron a preparar maravillosas delicias alimenticias. “Alabanzas a esa manos negras, por que trabajaron” dijo el poeta.

Volviendo al contenido de este guisote, tradicionalmente, el sancocho incluye ruedas de mazorcas de maíz, sin embargo, en esta ocasión Chuito no utiliza la forma tradicional, e incluyó el maíz en grano. 

De esta manera, el dulce toque del maíz parece distribuirse y complementar mejor el plato. Claro está, se pierde la experiencia de chupar la tusa, uno de los placeres preferidos por los más chiquitos.

En fin que si usted es de los que gusta de un sancochito sabatino como forma de reponerse de los abusos del viernes en la noche, caiga por la calle Venezuela y Aurora después de las once de la mañana y diga que Rey Quiñones lo envió. 

Puede ir más tarde, pero recuerde que como en toda buena fonda, cuando se acaba, se acaba, y hay que esperar al próximo sábado.

Buen Provecho

… en medio del mediático baño de sangre…


… en medio del mediático baño de sangre, el pueblo no entiende que el sacrificio del infeliz chivo expiatorio termina lavando la y no debilitando al sistema que le oprime.

Impredecibles y disfrutables los relatos de Lozada


Nuevamente comparezco ante ustedes para enfrentar mi peor pesadilla, mi gran deficiencia, o como dirían los fanáticos de los comics, mi kriptonita.

Me refiero a la literatura, ese maravilloso arte de contar historias mediante noveles y creativas formas de organizar las palabras, y de usar el lenguaje. Arte que como he dicho antes, tanto los Escolapios como el currículo de español en este país se encargaron  de hacerme odiar hasta el cansancio.

Sin embargo, y tal vez enviado por la Providencia para ayudarme a encontrar la pasión y el entendimiento de esta forma de expresión, el amigo abogado Hiram Lozada Pérez vuelve a interpelarme para que comente su más reciente publicación;  “Relatos de Inframundo  -Diez cuentos entre la realidad y la fantasía-.  Libro de encuadernación rústica de ciento tres (103) páginas, donde el amigo abogado parece surgir como un viejo sabio con el interés y pasión de un joven adolescente.

Como adelanta el subtítulo del libro, la obra se compone de diez cuentos que,  en un lenguaje visual digno del guión televisivo,  juegan con esas dimensiones que los seres humanos llamamos realidad y fantasía.

En estos  escritos, cuya extensión varía entre unos pocos párrafos y una treintena de páginas,el autor recurre a viejos y familiares personajes, algunos del propio Lozada y otros de la literatura universal para contar las historias.

Es así que en solo tres breves párrafos, Lozada utiliza la mitológica ballena blanca de la novela de Herman Melville para coquetear con uno de los temas constante en sus escritos: los misterios de la vida y la reencarnación.  La simpleza y brevedad del cuento encierra una de esas discusiones que ocupan al ser humano desde que tuvo consciencia de que pensaba.

Igualmente denso, aunque de solo una página, el escrito titulado “El Espejo” dramatiza la simple pero a la vez compleja imposibilidad de entender esa creación humana llamada “Dios”.

En el tercer escrito, “El Conde de los Libro”, Lozada echa mano del inmortal personaje de Bram Stoker para reflexionar sobre la inmortalidad y del aburrimiento producto de la cotidianidad de esa perpetuidad.

Si interesante son las narraciones antes señaladas, el cuento “Un Alboroto de Alas y Granizo”, “la hace” como dirían mis estudiantes.  Así como en su magistral cuadro  “El Cristo de San Juan de la Cruz”, el genio catalán Salvador Dalí nos invita a mirar el mito cristiano de la crucifixión de Jesús el Nazareno desde otra perspectiva, este escrito nos narra el suplicio y muerte del rabino rebelde desde otro punto focal. Lozada no mira al Gólgota de frente, resultando en nueva narrativa y, por qué no, en un mito diferente. En solo siete páginas, Lozada nos lleva a mirar la muerte y pasión del salvador cristiano desde una perspectiva alterna donde el hecho se enmarca en la cotidianidad que para los romanos era la crucifixión del disenso.  Con un, para mí magistral uso de la narrativa, Lozada enmarcada la historia de los evangelistas en la impotencia y el dolor de esos justos cuyo únicos pecados son el ser solidarios con los vulnerables, y el hablarle proféticamente al poder.  “Bravo Maestro”.

El quinto cuento del libro trae al lector otra realidad enmarada en la actualidad, y el mundo de miedo en el que viven muchas de esas personas que se autoconstruyen como “clase media”.   Bajo el título “No te Acerques a la Ventana”  el autor no lleva a reflexionar sobre ese ideal de la seguridad que termina llevándonos a, no solo a dejar de experimentar la vida, también a la perdida de nuestra libertad.

El choque entre lo que nos dicen son nuestros valores. Es decir el sacrificio, la familia, el amor, y lo que realmente termina siendo lo importante en la materialista posmodernidad o modernidad tardía que vivimos, es el tema central de la historia titulada “Voy a que Me Maten”.  Decir más es dañarles el magistral final que es una verdadera joya cínica.

Igualmente cínico es narración titulada “Sentado Frente a la Puerta”, donde, sin ni siquiera mencionar al machismo, Lozada nos habla sobre cómo la violencia y la criminalidad definen nuevos referentes para la masculinidad, el honor y el sentido del deber. Para pelos, no solo por lo que dice, sino por lo que implica.

Hablando de machismos, macharranerías y de ilusorias construcciones de poder, en “Un Día en la Oficina”, nuevamente desde un magistral cinismo, Lozada dramatiza los referentes del éxito en el orden capitalista que vivimos. Allí el autor nos habla de la ilusión del poder y de cómo desde esa supuesta hegemonía, ese “poderoso” que reduce a otros u otras al papel de objetos utilizables, termina igualmente siendo una “perra” bajo otro más poderoso que él.

En “El Caso Simple de un Suicida”, Lozada trabaja cómo, cuando viene la criminalidad, la lucha en contra de esa criminalidad, y sobre todo cuando viene al concepto de Justicia matizado por el proceso judicial, la realidad no solo es creada, es creada por una infinidad de intereses alejados de las víctimas.

Para terminar, en su cuento final y más extenso, nuestro autor utiliza el resurgimiento en Los Ángeles de un personaje producto de las leyendas medievales para presentarnos a un excéntrico ex policía cuyos principios le llevaron a dejar su oficio y eventualmente encontrar un amor con quién compartir su pasión por los libros y las rarezas. Por alguna razón pienso que volveré a leer sobre esta pareja y sobre los fantásticos casos que trabajarán juntos.

Así, tras haber disfrutado de los cuentos del amigo Hiram Lozada Pérez tengo que concurrir con el también amigo Daniel Nina, cuando explica que a diferencia de otros trabajos de Lozada, estos cuentos no son necesariamente narrativa puertorriqueña.

Dice Nina: “Ahora bien, en sus cuentos hay otra lógica. No lo había pensado, pero sus cuentos son “internacionales”. No necesariamente pasan, de forma exclusiva en el territorio nacional de Puerto Rico, contrario a lo que ha pasado en su mundo de la narrativa novelesca. Sus cuentos pasan en un más allá, cuyo referente primario es “otro sitio”. Pero, por otro lado, también pasa algo que es de sumo interés para mí: los cuentos, distinto a las novelas, son menos generosos y más que nada son “tirados”, son “sucios”, no son éticos, son cuentos donde el bien y el mal existen, y donde no necesariamente la generosidad es el eje dominante. Algo así como que los cuentos son un retrato de un mundo “oculto” en el cual también convive el autor.”

Es esas características que señala Nina donde la narrativa se da desde una aparente neutralidad ética, que como tributo y no crítica se me antoja llamar “cínica”, lo que me cautivó de la obra presentada por Hiram Lozada Pérez en “Relatos de Ultratumba”. Un trabajo que recomiendo, no porque yo sepa nada de literatura, sino porque realmente disfruté leyéndolo.

Salud y resistencia
4 de marzo 2017
Librería El Candil de Ponce

 

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Sobre esta obra escribe la Profa. Vivien Mattei Colón:

Sobre Relatos de Inframundos, de Hiram Lozada Pérez

Resulta difícil hablar de esta obra, por los riesgos de arruinar las tramas de los cortos cuentos que la constituyen. Es como caminar en suelo minado, donde en cada expresión intentas no tocar ese punto que debes dejar que el propio lector descubra.

Distinto a las anteriores Maria Madiba y aún Los Muertos se visten de blanco, con la cual comparte algunos detalles, este libro se forma de cuentos cortos, algunos muy cortos, que aunque independientes, tienen elementos sutiles que los entrelazan.

En esta ocasión, el autor habita muchos cuerpos, nos descubre intrigas de otra de sus obras y vuelve a presentar lo llamado sobrenatural en contextos cotidianos y familiares. Para él, el mas allá es solo una parte del más acá, sea en un novelista reencarnado, en una medium a punto de dar a luz, en un policía corrupto o en un hastiado vampiro. 

Sin ser panfletista, nos habla de la reencarnación y la mediumnidad. Pero igual nos trae personajes que pueden ser monstruosos, y a la vez humanos, haciéndonos reflexionar sobre nuestras percepciones de la otroriedad. 

Los cuentos hablan de nuestros más elementales temores, de ser diferente, de la angustia por lo desconocido. Habla de la muerte, un tema recurrente en su obra. Juega con mitos ancestrales, algunos salpicados con su propia imaginación, demostrando en el camino que son parte de la naturaleza humana, y que trascienden las épocas.  

Y como diría el amigo periodista, Reinaldo Millán, mucho más versado que yo en estos asuntos, se trasluce la influencia de José Saramago en el autor. El cuento No te acerques a la ventana nos hace recordar la ciudad con ceguera y la interpretación del mito de la caverna del autor portugués pero también las obras del joven cineasta M. Night Shyamalan.

El miedo a perder permea las historias, sea perder la vida, perder lo amado o perder la dignidad. Nos enfrenta a la mirada de Dios y a la compasión del monstruo que sacrifica en aras del amor. Nos habla del poder y su intimidación al más débil. Relata lo paralizante que puede ser temer a lo desconocido.

Algunas de las muy diversas historias que nos cuenta, localizadas en diversos puntos del planeta y en distintos momentos históricos, parecen inconclusas, dejando al lector el trabajo de imaginar un final, que lo obliga a reflexionar sobre su propia existencia.

Hiram Lozada es un excelente narrador, que con minuciosas descripciones nos traslada a escenarios y laberintos, físicos y mentales, fáciles de visualizar. Detalla igualmente emociones, haciéndonos vibrar de temor en unas, o de lujuria en otras.

Es un libro corto, para leer y releer muchas veces, pues cada nueva visita, encontramos algo escondido del autor y algo nuevo de nosotros mismos.

Vivien Mattei Colón, 4 de marzo de 2017

#Inphonography: Atardeciendo en la calle Sol


#Iphonegraphy: Musa descalza @elcandil_Ponce


#Inphonegraphy: Ana Belén en @ElCandil_ponce


#Iphonegraphy: @Remmanuelli, un no fotógrafo y sus imágenes


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