Originalmente publicado en la Perla de Sur
Por Gary Gutiérrez

MANP_060Cuando de botiquines tradicionales se habla en Puerto Rico, es impensable olvidar a su protagonista estelar, el alcoholado.

Ese aromático destilado ostenta la distinción gracias al endoso de madres y abuelas que por generaciones lo han utilizado como remedio por antonomasia para dolencias, fiebres o como base para preparar remedios más complejos.

Más aun, según informes de prensa, en estos tiempos de chikungunya este humilde remedio casero disfruta de más seguidores que las páginas en Facebook de Ricky Martin o René, el de Calle 13.

Sin embargo, para un grupo de estudiantes de Juana Díaz, el volátil compuesto no solo es un remedio para los males del cuerpo. Ellos apuestan al alcoholado como un sanador social.
Se trata de medio centenar de chiquitines pertenecientes a la Cooperativa Juvenil de la Escuela Elemental Manuel Fernández Juncos, hoy productores y distribuidores del “Alcoholado Yerba Buena”.

Su destilado es un alcohol al que los niños le incorporan -siguiendo las recetas tradicionales- hojas aromáticas de toronjil, orégano brujo, salvia, fideíllo y zorra de limón que cosechan en el huerto escolar.

Y es en este proceso de producción donde radica el valor de este proyecto, que por virtud de la Ley 22 del 2002 opera bajo la supervisión de la Comisión para el Desarrollo Cooperativo.

Según Emilio Vergne Vélez, maestro bibliotecario y consejero de la cooperativa, el que esta mutualidad se dedique a la producción y distribución de un producto y no a la operación de la “tiendita escolar” aumenta el valor de la experiencia cooperativa.

“No es que haya nada de malo en que se opere de forma cooperativa la tienda de la escuela, al contrario. Además uno de los principios del cooperativismo es la autonomía de los socios. Pero en nuestra cooperativa intentamos, más que promover el consumo, fomentar el aspecto de la producción del trabajo y del valor del dinero con referencia a estas actividades” comentó.

Es de esta manera que cada uno de los socios, que ingresa a la cooperativa con la “inversión de un dólar”, se convierte también en un empleado de la organización que devenga honorarios por su aportación en el mantenimiento del huerto, la preparación del producto, el empaque y terminación, así como en la distribución.

“Al presente estamos distribuyendo a través de los propios socios y sus familiares, en algunas ferias de artesanía o mercados agrícolas como el de Ponce” dijo.

El profesor también explicó que, aun cuando comerciantes locales y cadenas de supermercados tienen interés en ofrecer el alcoholado, la reglamentación y los controles del Departamento de Salud imposibilitan que estas propuestas cuajen.

Mas a pesar de las dificultades burocráticas y reglamentarias del mundo de los adultos, solo durante este año escolar la Cooperativa Juvenil de la Escuela Manuel Fernández Juncos ha vendido cientos de botellas, cuyo destilado no solo lleva la medicina que les regalan las plantas, sino también el amor y la inocencia de las manos que lo trabajaron.

La mejor prueba de la calidad del “Alcoholado Yerba Buena” la expuso Syleyma Mangual Plaza, presidenta de la cooperativa, cuando reiteró que “es bien bueno, por eso es el que usa mi papá cuando le duele todo por trabajar el patio”.

¿Se necesita más recomendación?

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Nota: Para ver los documentos reguladores y los informes financieros de la Cooperativa Juvenil de la Escuela Manuel Fernández Juncos puede visitar http://bemfjjd.blogspot.com/

 

3 de diciembre de 2014

 

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