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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

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Puerto Rico

Día de las Madres: crónica de un fin de semana caliente y picantito…


Por: Gary Gutiérrez

Si algo se puede considerar como suicidio gastronómico tiene que ser el pretender comer bien y económico en un restaurante durante los días cercanos a San Valentín o al Día de las Madres.

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A menos que usted no pueda y esté dispuesto a pagar un ojo de la cara, o los ovarios de su progenitora, lo más probable que usted termine esperando una eternidad para entrar a un comedor sobre vendido, donde el personal está subcompensado, la comida esté preparada a la carrera y complementada con todas las guarniciones que no se movieron el mes anterior.

Por supuesto, el Día de las Madres es peor que San Valentín, pues todo lo anterior se adereza con una dosis de mocosos, gritones y mal olientes jodiendo y corriendo por el salón. Después de todos sin esos pequeños seres más adaptados para el tártaro que para compartir un salón comedor, no habría madres ni abuelas.

Por esa razón, y como mi madre ya está mayor y no maneja bien los imprevistos y el revolú, decidí que este año celebraría a la culpable de mi existencia en la tranquilidad de mi casa.

Igualmente es la mejor excusa para disfrutar mi recién rescatada pasión, la barbacoa.

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El menú para tan especial fin de semana consistió en gallinas codornices, salmón y costillas de cerdo, todo ahumado en el viejo pero confiable Weber.

Para las gallinas preparé una marinada compuesta por sala para barbacoa Gourmet de Parcha, Pique Artesanal Don Antonio, bourbon y hojitas de culantro fresco del patio. Esta salsa baño las aves en una bolsa plástica por dos días en la nevera.

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El salmón lo prepararé usando una técnica de marinar que es casi una pornografía. La encontré en un canal de YouTube llamado Smo’King BBQ Tips & Recipes bajo el título: Smoking Salmon the easy way. Fácil, sencilla y el resultado no puede ser más sexy.

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Para las costillas me fui “fusión”, sabores criollos, pero técnica estadounidense. Después de todo la barbacoa es el regalo al mundo de los padres arahuacos. Bueno, no tanto como regalo. Los euro-descendientes realmente se lo apropiaron, pero los afroamericanos lo elevaron a nivel de arte en el sur de Estados Unidos.

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La carne del marrano la condimenté por veinticuatro horas usando buena sal y pimienta, un adobo criollo comercial tradicional y orégano del patio.

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En los tres casos, las proteínas se ahumaron por turnos en el viejo Weber con carbón comercial y pedazos de madera del árbol de manzanas para darle aroma al ahumado. En el caso de las aves y el costillar de cerdo, por unas dos horas primero, y luego entre una hora o 90 minutos cubiertas con la Salsa de Barbacoa Gourmet de parcha. Que bravos son esos productos, orgullo ponceño ciertamente. El salmón por su parte solo tardó unos 45 minutos.

La verdad que el fin de semana no pudo ser mejor.

Pasar horas adentrado en la meditación de cocinar de forma lenta, disfrutar de tiempo intimo en la mesa de mi casa con mi madre anciana, comer sabroso, experimentando nuevos sabores y sensaciones, no tiene precio realmente.

Claro que lo mejor de todo esta empresa fue pasar el Día de las Madres sin tener que aguantar a los mocosos que los padres llevan a los restaurantes pensando que son el regalo de los dioses a la humanidad…

Buen provecho

 

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Talavera is back… @Níspero


Por Gary Gutiérrez
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Mi madre Doña Janet gozando de Níspero

Tras el paso de mi padre a la tierra de los ancestros, almorzar con mi madre los domingos se convirtió en un ritual impostergable.

Este domingo, y aprovechando que recién abrió, decidí dar la vuelta por Níspero, el nuevo espacio desarrollado en la calle Isabel de Ponce por David Talavera, uno de los chefs insignias de la ciudad.

Durante los pasados años, Talavera se alejó de la cocina para, como empresario, hacerse cargo del Centro Ferial. De esa manera,  retornó a  sus orígenes cuando adoptó a Ponce como su hogar dirigiendo varias hospederías.

Pero moro viejo mal cristiano reza un xenofóbico dicho español, así que a pesar de su éxito empresarial quiso regresar a donde realmente se siente cómodo, frente a la línea caliente de una cocina comercial.

De entrada, uno sobe que está en un local corrido por Talavera. Desde la bienvenida en la puerta el personal sabe de qué se trata la industria a de servicio.

IMG_6027Al mirar la carta, las lagrimas no me dejaban leer. Como mensaje de los dioses dos palabras explotaron ante mí, “caldo gallego”. Robusto caldo, con una delicada textura cargada de los zumos más íntimos extraídos de las carnes secas y los chorizos explotan en el paladar con cada bocado. Lo venden por tacitas y están sabroso que estoy seguro de que en algunos sitios debe ser pecado su consumo.

Por aquello de variar, ordené unos clamares fritos. Uffff, dos a cero en favor de David. El empando marisco cocido a la perfección, un punto antes de ponerse gomoso, está genial para bajar algún albariño de la casa. Ahora le advierto que, si los va a compartir, probablemente terminará pidiendo un segundo plato.

Como plato fuerte mi madre pidió unos camarones en mantequilla que al igual que los calamares llegaron cocidos al punto con un delicado sabor a mantequilla que precedía la intensa dulzura del crustáceo fresco.

IMG_6039En mi caso ordene un New York Strip Steak, solo vuelta y vuelta que me cautivo por su simpleza. Solo el sabor de la carne resaltado y complementado por sal y pimienta. Un tributo a la cocina simple y honesta.

Un detalle interesante que demuestra el nivel de la cocina de David. Cuando uno prueba los vegetales que regularmente acompañan las comidas, queda claro la atención que el maestro Talavera le pone a los detalles. Blanqueados al punto de tierno pero crocantes, con un delicado baño de mantequilla que complementa, pero no opaca el sabor natural del brécol, la coliflor y las zanahorias

En resumen, que si algo se puede decir de Níspero es que, a solo unos días de abrir sus puertas, ya encarna la disciplina, y el compromiso de Talavera con el sagrado ritual de sentarse en una mesa para disfrutar del buen comer y la buena conversación.

En estos días  la escena gastronómica de Ponce parece tener un resurgir y definitivamente Níspero en la calle Isabel pronto será un referente de esa revitalización

¡Buen Provecho!!!!!

Triunfa la reforma policial…


Por Gary Gutiérrez
(fotos por: R Emmanuelli, Mari B. Robles López, Héctor Iván Arroyo Sierra (Pheto), Cheo el Feo)

 

 

 

Mientras escucho en la radio las felicitaciones por “el control” y la forma en que la Policía de Puerto Rico manejó las manifestaciones del 1ro de mayo mi mente viaja casi una década cuando, respondiendo a El Nuevo Día, expresaba mis preocupaciones por la designación de un “Técnico de Cumplimiento” para la “Reforma Policial”.

En aquel entonces me preguntaba si la presencia de un Técnico de Cumplimiento, y de la reforma en general, respondía a la necesidad de controlar la represión estatal o simplemente al desarrollo de un profesional represivo que pudiera hacer su trabajo sin tener que responder a los tribunales.

Hoy la pregunta parece retórica.

Este 1ro de mayo parece ser el punto de encuentro de varios procesos que culminaron el triunfo de “Reforma Policial”.

Hasta este 1ro de mayo, el proceso de “reforma” parecía no haber logrado mucho y, mientras los uniformados seguían campeando por su respeto en la calle, la transformación ordenada por la Corte del imperio proyectaba ser solo una costosa simulación burocrática productora de miles de páginas de reglamentaciones, ordenes generales y materiales didácticos para los y las uniformadas. Digo simulación, pues hasta donde sabemos, la Policía de Puerto Rico nunca aceptó ante el tribunal que estuviera cometiendo excesos o abusos, y solo se sometió al proceso de reforma para evitar penalidades por parte del gobierno imperial, verdadera autoridad política en la Isla.

Para poder entender cómo se desarrolló la eficiente y ordenada coreografía represiva y de censura desplegada el 1ro de mayo en Puerto Rico sepueden mirar dos procesos que se vienen desarrollando paralelo a la “reforma” policial en Puerto Rico.

El 2019 comenzó con el escenario perfecto para, reforma o no, afianzar la necesidad de un aumento en el cuerpo represivo de la isla.

El aumento en el dramatismo de la violencia social documentada y difundida por las redes sociales, por un lado, y la reducción de efectivos en la Policía de Puerto Rico parecen surgir como base, tal vez irreal pero efectiva, para implementar la “doctrina del shock”.

Digo irreal pues, por dramático que puede ser ver en el teléfono o en la computadora a sicarios batirse a tiros con armas automáticas, estos incidentes fueron por décadas parte de la cotidianidad callejera en los sectores marginados. Claro los ricos y los que se creen clase media nunca lo habían visto “en vivo”.

No estoy diciendo que Puerto Rico no tiene una crisis de violencia, lo que digo es que no hay una nueva crisis de violencia criminal. Cuando se mira el proceso histórico de la violencia en la Isla, con sus altas y sus bajas pues es un fenómeno cíclico, es la misma violencia experimentada por los pasados cincuentas años. Es decir, entre 14 a 17 muertes violentas por cien mil habitantes, con picos de 30 tragedias por 100 mil personas en años picos como en el 2011 cuando el estado insistió en imponer su violenta agenda neoliberal.

Claro que nadie puede negar que la violencia social constituye una crisis, no obstante, esa crisis es permanente y constituye la normalidad colonial.

El segundo discurso con que comienza el 2019 en Puerto rico es la fuga de efectivos policiacos. Ciertamente, la pérdida de beneficios de retiro, y sobre todo el deterioro en las condiciones laborales antes y después del huracán María, llevaron a un número de Policías a exiliarse de la Isla o a acelerar su proceso de retiro.

Ante esta situación, el pasado jefe del Departamento de Seguridad Pública, el charlatán Héctor Pesquera, aprovechaba cada oportunidad mediática para pedir más recursos, más chavos, más espacio legal para operar. Digo “charlatán” pues quien responde a una pregunta de la prensa con morisquetas es un charlatán.

Este discurso de que “la criminalidad” hace necesario una fuerza policiaca mayor y con más poder legal de acción no tiene ningún fundamento que no sea el fortalecimiento de la capacidad represiva del estado.

El número de efectivo policiacos en el país está dentro de los niveles aceptados por la Unión Europea y está un poco por debajo del promedio de efectivos en jurisdicciones de Estados Unidos. Esto sin contar con que, a esa data, se le tienen que sumar otros agentes con capacidad legal de arresto como policías municipales, vigilantes de recursos naturales, etc.

Por tanto, no es correcto catalogar de crítica el número de efectivos policiacos en la Isla. Claro sí puede haber una crisis en la utilización de estos recursos y en la disponibilidad de estos. La realidad es que las pobres condiciones laborales fomentan el ausentismo y la sobre reglamentación de actividades sin victimas como el consumo de sustancias como la marihuana, desvía y mal utiliza el recurso.

Para ejemplo con un botón basta, la realidad es que, en el 2011 cuando la Isla experimenta el más reciente pico de violencia, la uniformada contaba con tres veces más efectivos que ahora. Así que no se puede decir que se necesitan más policías para manejar la violencia criminal.

Contextualizado estos discursos y mirando la forma en que la uniformada manejó el 1ro de mayo, me surgen dos preguntas. ¿Por qué la insistencia en aumentar la fuerza policía y cuál es la necesidad de darle más espacio de acción?

Las respuestas a estas interrogantes se deben mirar desde la inesperada y súbita salida del burdo Héctor Pesquera como jefe del Departamento de Seguridad Pública y la llegada a ese puesto de Elmer Román, un ingeniero, militar de carrera cuyas funciones en el Departamento de la Defensa parece cualificarle más para oficial de una policía política que para dirigir un cuerpo civil encargado de mantener la paz y la convivencia social. Entre sus tareas en la mencionada agencia militar estaban establecer guías de política pública y supervisión además de dirigir Programas de Guerra Irregular y Desarrollo de Alianzas.

Es importante destacar que, según una foto distribuida, aparenta que la salida de Pesquera y la llegada de Román no es tan súbita como aparenta.  La imagen documenta una reunión a principio de año entre el administrador colonial, Ricardo Rosselló y Elmer Román. Por lo que se puede inferir que desde entonces la admiración colonial buscaba cambiar la fascista proyección de Pesquera por una más afectiva y menos gráfica.

En fin, que al mirar la suma de estos factores surgen múltiples preguntas:

  • ¿Tenemos una situación o crisis de criminalidad tan severa que amerite estados de excepción y disminución de las garantías legales de los ciudadanos?
  • ¿La reducción en el número de efectivos policiaco amerita que se le asignen más recursos a ese aparato represivo?
  • ¿Si se le asignan más recursos, se usarán para garantizar los derechos y fomentar la paz social desde la inclusión de todos y todas?
  • ¿Fracasa la reforma policial, o es una perfecta simulación para profesionalizar la uniformada en su función represiva del disenso?

Las respuestas a estas preguntas son complejas y difícil de precisar. Pero lo que si está claro es que este pasado 1ro de mayo el país vio una nueva Policía disciplinada y organizada para ejercer la función de regente del espacio público y reprimir el uso como zona para reclamar “la reparación de agravios”.  Una Policía “reformada” para ejercer sofisticadamente la represión y censura del derecho al disenso, al uso del espacio público y a las libertades individuales de los ciudadanos.

En resumen, que el tiempo me contestó la pregunta que surgió en mi hace casi una década. La Reforma de la Policía no está fracasando, pues su intención nunca fue generar un cuerpo civil para fomentar la paz social.

Al contrario, está funcionando perfectamente para lo que aparenta fue diseñada, profesionalizar un cuerpo castrense para que ejerza la represión de los ciudadanos y garantice el espacio para las reformas neoliberales que condenarán a la pobreza a las próximas tres generaciones de puertorriqueños y puertorriqueñas.

Salud y resistencia…

Desde mi ateísmo, una mirada a El Pensamiento Cristiano Revolucionario en América Latina y el Caribe


 

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Samuel Silva Gotay, Gary Gutiérrez, José Enrique Laboy en la presentación de El Pensamiento Cristiano Revolucionario en América Latina y el Caribe en la Librería El Candil de Ponce. (Foto por: Kim)

Desde mi ateísmo, una mirada a El Pensamiento Cristiano Revolucionario en América Latina y el Caribe: Los orígenes de la Teología Latinoamericana de la Liberación de Samuel Silva Gotay

Por Gary Gutiérrez

“La ignorancia es atrevida” solía decir mi abuelo Pedro, quien no tenía mucha instrucción, pero no por eso era menos sabio.

D4irb3SWkAceXaBEs desde esta máxima que, partiendo desde mi ignorancia teológica, me atrevo a comparecer ante ustedes abrumado por la tarea que me imponen el amigo José Enrique Laboy y el maestro Samuel Silva Gotay. Dos eruditos, tanto en el arte/ciencia de la historia como en los misterios de la teología, quienes entendieron por alguna razón que yo tenía algo que decir sobre un libro que integra ambas disciplinas, la historia y la teología.

Pero, como los amigos cristianos aseguran que el Espíritu Santos obra en extrañas maneras, acepté el reto entendiendo que también es cierta la creencia budista que asegura que, “cuando el estudiante está listo, aparece el maestro”.

Claro lo anterior no ayuda a los nervios. Pues tengo presente que por la primera edición del libro que nos convoca, El Pensamiento Cristiano Revolucionario en América Latina y el Caribe: Los orígenes de la Teología Latinoamericana de la Liberación de Samuel Silva Gotay, se pasearon entre otros gigantes como Enrique Dussel y Luis Rivera Pagán. Es así como, con ese peso sobre mi espalda, me adentré en lo que a todas luces es uno de los documentos más importantes sobre la historia de la teología latinoamericana.

De primera impresión admito que, para un lego como yo, el tratado de 426 páginas divididas en nueve capítulos a los que se suman una presentación por el continental Rivera Pagán, un epílogo por el propio autor, y una extensa y valiosa bibliografía, me pareció abrumante.

Sin embargo, con tan solo comenzar a leer la presentación de Rivera Pagán, así como el prólogo de esta publicación, mi mente se escapó a un lugar donde, como decía Silvio en otro contexto, “habitan raíces y luceros”.

De golpe corría la década del 1970 y de frente tenía a un joven que, vistiendo sandalias de la india, mahones y camista con el mensaje de “Se Busca a Jesucristo”, era yo mismo. En aquel entonces, el adolescente Gary había llegado hasta las reuniones de la Juventud Acción Católica (JAC) en la Parroquia San Judas Tadeo de Ponce.

Admito que mi acercamiento y la juvenil atracción que sentía por aquel grupo correspondía más al interés por una nena, quien prefiero mantener anónima, que a los misterios de la fe. Pero nuevamente, se supone que “el Espíritu Santo obra en extrañas maneras”.

En aquel entonces acercándome a los 16 años y con el fantasma de la Guerra de Vietnam y del servicio militar obligatorio revoloteando sobre mí, mi mente comenzaba a descubrir y construir una mirada que cuestionaba el mundo que mis padres me dejaban en herencia.

Así, aquel hormonal interés que me llevó a la JAC fue mutando y dando paso a otra razón para seguir asistiendo al religioso colectivo. Esto a pesar de los esfuerzos de los curas Mercedarios, algunos de ellos tan reaccionarios que murieron cargando una medalla que por un lado tenía al Papa católico y por el orto al genocida caudillo español “por la gracia de dios”, quienes trataban de mantener nuestra mirada puesta en la vida y en el reino que, tras la muerte, nos esperaba siempre y cuando reprimiéramos nuestra humanidad. Cosa que en esa edad se reduce a reprimir la necesidad sexual y la rebeldía que el compañero Allende catalogó en su mensaje a los universitarios mexicanos como parte natural de la juventud.

A pesar del reaccionario mensaje oficialista, antes y después de las reuniones donde se hablaba de las virtudes del reino por venir, algunos de los jóvenes compartíamos historias, escritos, poemas o canciones firmados por curas o laicos que, habiendo tomado la pluma unos, y el fusil otros, reinterpretaban la forma en que el maestro Jesús hablaba sobre la liberación de los pobres, la organización comunal y sobre el amor que, como dice el afroamericano Cornel West, se expresa públicamente solo en la justicia.

Así, curas como Camilo Torres, Helder Cámara, Ernesto Cardenal, y el “pariente” Gustavo Gutiérrez entre otros, se convirtieron en amigos y maestros, aun cuando por mi juventud, y tal vez por las hormonas, no les entendía mucho realmente. Mediante estos, me alejé de aquel dios que como sentenció el viejo Atahualpa, tal vez ayudaba los pobres, pero que de seguro siempre almorzaba en casa del patrón. De aquellas semiclandestinas conversaciones y lecturas surgió un nuevo referente encarnado en el Cristo Obrero al que Carlos Mejías Godoy le juró fidelidad en su versión campesina del credo canónico .

Si bien en mi caso toda esa experiencia, la cual todavía viaja en mi maleta de recuerdos, herramientas e instrumentos para navegar la vida, nunca partió realmente de la fe. No es menos cierto que aquellas prácticas me permitieron, a pesar de mi ateísmo, ir construyendo la forma en que miro el mundo y sobre todo como defino, todavía hoy, conceptos como “justicia”, “amor” y “compasión”.

Es así como este libro, El Pensamiento Cristiano Revolucionario en América Latina y el Caribe: Los orígenes de la Teología Latinoamericana de la Liberación de Samuel Silva Gotay, me cautivó. No como tratado histórico académico, que lo es, sino como mapa para el entendimiento de lo que probablemente, con fe o si ella, es el periodo que más impactó la persona que soy hoy día.

Mirándolo como tratado académico, Silva Gotay, quien por derecho propio se pasea por el Partenón intelectual latinoamericano, nos introduce al tema de la mencionada nueva teología explicando lo que era América Latina a la llegada de la década del 1960.

De allí, el maestro ponceño nos presenta los movimientos intelectuales que los teólogos cuajaba en Europa y luego en Latinoamérica. De esos, nos dice Silva, surgen una visión que se aleja de la construcción greco-romana del cristianismo, pero que seguía definiendo al pensamiento llamado cristiano desde el eurocentrismo. Es precisamente el rompimiento con esa visión de un cristianismo europeo, blanco, vinculado al poder económico y al servicio de sus estructuras sociopolítica, que según Silva Gotay surge en América Latina durante las décadas del 1960 y 70 una nueva visión teológica que construiría una nueva mirada al cristiano y a su salvación como sujetos y protagonistas de la historia real.

Ya en este punto, y navegando en aguas profundas, el autor nos toma compasivamente de la mano y nos adentra en otra forma de mirar los textos canónicos. De allí comienza a surgir una nueva teología definida por la historia de la lucha liberadora del ser humano. Esta nueva teología, según Silva Gotay, es matizada por las disciplinas sociales que complementan la forma en que el cristianismo latinoamericano intentará parir al “hombre nuevo”.  Digo “hombre nuevo” entre comillas pues hace cincuenta años la conciencia de género todavía estaba en su etapa embrionaria. Hoy diríamos, sin cuidado de lo que piense la Real Academia: “el hombre y la mujer nueva”.

Por supuesto que es fácil entender cómo, partiendo de esa integración de teológica y ciencia, la visión de un cristianismo comprometido con los pobres encontró en el marxismo un aliado natural para funcionar en el espacio mundano. Es aquí donde el maestro Silva Gotay se luce explicando y simplificando el complejo procesos hermenéutico y exégeta que termina sincretizando los pensamientos desde donde surge eso que llamamos “Teología de la Liberación”.

Admito que el adentrarme en el trabajo de Samuel Silva Gotay no me hizo creyente. Pero sí me permitió entender mejor aquella utopía que, pasada la cuestión hormonal, buscaba en aquel Cristo obrero víctima del imperialismo y la explotación. Esto pues, tras cuatro (4) décadas de su publicación original, el escrito de Silva Gotay surge como un mapa o bitácora del camino recorrido por una generación de soñadores que no solo apostaron a que un nuevo mundo era posible. Una generación que, mirando los referentes que se les imponían desde las estructuras y jerarquías, religiosas y políticas, apostaron al sacrificio de negarse a seguir los mismos. En ese proceso, esa generación cuyo pensamiento documenta magistralmente Silva Gotay dejó claro a los poderosos, tanto los de sotana como los de uniforme militar, que otra realidad, es decir otra salvación y otra liberación era posible.  Una “salvación/liberación” que no llegaría desde la Roma papal, ni desde la pos-estalinista Unión Soviética.  Una “salvación/liberación” en el aquí y en ahora que culminaría glorificando a Dios desde la base comunitaria y desde el hombre y la mujer en su plenitud, parafraseando a Isolina la vecina de la Playa de Ponce.

Es aquí donde, en opinión de este ateo irredento, radica la pertinencia del libro El Pensamiento Cristiano Revolucionario en América Latina y el Caribe: Los orígenes de la Teología Latinoamericana de la Liberación de Samuel Silva Gotay. Este libro es la documentación del pensamiento de una generación que se atrevió a crear nuevos referentes, nuevas formas de mirarse desde sus comunidades y no desde los intereses globales que incidían en ellos. Un pensamiento que podemos decir que fracasó porque no llegó a ser hegemónico, pero que igual podemos decir que fue victorioso pues marcó para siempre a muchos haciéndolos mejores seres humanos.  Prefiero pensar que estoy entre esos, pero ya “Dios Dirá”.

En resumen, El Pensamiento Cristiano Revolucionario en América Latina y el Caribe: Los orígenes de la Teología Latinoamericana de la Liberación de Samuel Silva Gotay es lectura necesaria en este momento pues surge como una invitación para que, rompiendo con lo viejo, imitemos en la búsqueda de un mejor mundo a esos curas, pastores y laicos que en la década del 1960 y 70 crearon nuevos paradigmas desde su realidad histórica y no desde la cosmovisión de los centros de poder de la época. Así, con la republicación de El Pensamiento Cristiano Revolucionario en América Latina y el Caribe: Los orígenes de la Teología Latinoamericana de la Liberación la voz de Silva Gotay surge como un llamado a seguir a aquellos cristianos quienes dramatizaron sus nuevos paradigmas cambiando los ornamentados crucifijos y colgando en sus cuellos humildes cruces de madera reciclada mientras predicaban que el Reino de Dios es aquí, ahora, y sobre todo es comunitario y para los pobres.

Salud y resistencia en el amor del Cristo obrero.

Foto por Reinaldo Millán Quiñones

Foto J.R. Cepeda

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