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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

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violencia social

Dallas, no es aplaudible pero si entendible…


Por Gary Gutiérrez

Tomada de: blacklivesmatter.com
Tomada de: blacklivesmatter.com
La muerte de cinco personas en medio de una reyerta es siempre una tragedia. No obstante cuando las víctimas son agentes del estado, la desdicha toma otra connotación simbólica.

Es por esto que los incidentes suscitados en Dallas durante al comienzo de este mes de julio no solo estremecieron la nación estadounidense, pusieron en relieve las relaciones de poder, dominación y exclusión que constituyen esa sociedad.

El incidente se convirtió en un virus mediático desde el mismo momento que comenzó, ya que tanto las redes sociales como la prensa consumieron el mismo como si se tratara del estreno de una saga taquillera.

De hecho, las crónicas periodísticas de la tragedia eran comparables con las historias periodísticas que en otras décadas llegaban de guerras civiles como lo conflictos en Centro América, Vietnam y la Europa de los año 1940.

Después de todo,  la reyerta que terminó con la muerte de cinco policías tenía los tres elementos para hacer de la historia una viral. Es decir, estaba ocurriendo en vivo, era fácil ver quiénes eran los buenos y los malos y por supuesto, en ese momento, se podía descontextualizar fácilmente de todo análisis histórico o social.

Como resultado, el suceso reafirmó la imagen de que las comunidades negras son salvajes por lo que tienen que ser vigiadas y controladas todo el tiempo. Esto a pesar de los llamados de unidad y oración del propio Jefe de la Policía en Dallas, David Brown.

Sin embargo al mirar este acontecimiento en el contexto de la tradición socio política estadounidense, el mismo surge como el más reciente hecho de una historia de terror y guerra entre el sector poderoso estadounidense y los sectores más pobres, que en esa nación se encarna en los negros y latinos.

Ese conflicto, entre negros, es decir pobres, y el sector poderoso o “establishment” se viene suscitando en Estados Unidos desde el siglo XIX cuando se ilegalizo la esclavitud como forma de organización para la producción.

Por décadas creció tanto el miedo y la frustración en los sectores negros explotados, como el miedo y la desconfianza por parte del blanco propietario.

El miedo y la frustración de los sectores negros creció bajo el régimen legal conocido como el periodo de las leyes Jim Crow.

Es decir un conjunto de leyes que no solo controlaban la vida de los afroamericanos imponiendo y justiciando por la fuerza del propio Estado un estatus inferior a esos seres humanos. Permitían licencia de corso al blanco para cubrirse su rostro con una capucha blanca y castigar, abusar físicamente o linchar a cualquier afrodescendiente sin necesidad de juico alguno.

De igual manera el precio de esa supuesta superioridad del blanco y propietario, era la constante vigilancia y el miedo ante la posibilidad del levantamiento de estos “salvajes” a quienes desde el periodo esclavista veían como peligrosos gigantes y robustos, con insaciable apetito sexual para las mujeres blancas.

Es con esa visión que durante casi todo el siglo XX se forjaron las relaciones de poder entre negros y blancos. No es hasta mediados de la década del 1960 que Lyndon Baines Johnson, movido por luchadores de los derechos civiles entre los que se destacan Martin Luther King y Malcolm X, firma una ley para declarar la igualdad de Derechos de todos y todas las ciudadanas.

De esta manera, según en el pasado las leyes de Jim Crow sustituyeron la forma de control bajo la esclavitud, ahora surgiría un nuevo aparato represivo que controlaría desde las estructuras policiacas a estos sectores pobres, es decir negros y latinos, que ahora “se creen con derechos”.

Ante esta nueva política de control, sectores afroamericanos y latinos con consciencia, política y de clase, se organizaron para reclamar y verdaderamente hacer valer sus derechos, incluso por la fuerza si fuera necesario.

Es así que la administración del republicano Richard Nixon declara a nivel federal, primero la Guerra contra el Crimen y luego la Guerra contra las Drogas.

Ambas leyes fueron en realidad pretextos para que el Estado pudiera intervenir y controlar lo que ellos llamaban “el problema negro”. Entiéndase la respuesta organizada y consciente de aquellos pobres que se negaban a ocupar su rol como fuerza de trabajo sumisa y barata.

En resumen, el resultado de estas políticas fue el recrudecimiento de los conflictos entre las comunidades y las fuerzas policiacas que, al igual que las leyes Jim Crow,  dejaron un sin número de activistas afrodescendientes, nativo americanos y latinos asesinados por el Estado.

Paralelo a este proceso, surge una nueva variante, el narcotráfico, actividad económica ilegalizada que, por un lado va proveyendo capacidad económica a estas comunidades negras y latinas, mientras por otro va sustituyendo la organización política como forma de ordenar la respuesta a esa marginación.

Esta es la realidad que sirve de referente para que, con el surgimiento del neoliberalismo durante las administraciones de Ronald Wilson Reagan y William Jefferson Clinton, se militarizaran los cuerpos policiacos en contra de estos sectores pobres que se niegan a la sumisión.

Así llegamos a la polarizada sociedad estadounidense del siglo XXI.

Por un lado hay una organización social que tiene una enorme fuerza trabajadora marginada y excluida que, si bien tiene cierta consciencia de sus Derechos, perdieron la capacidad para organizarse políticamente para reclamar los mismos.

Mientras por otro lado mantiene un aparato represivo cuya visión de esa fuerza trabajadora, es decir del negro y el latino, es que la misma está compuesta por peligrosos salvajes capaces de reaccionar con violencia irracional.

Esta es la realidad histórica que termina en la tragedia del Dallas.  Un lobo solitario, y probablemente enajenado, respondió con violencia inconsciente ante los abusos que por más de cien años viene realizado el “establishment”en contra de su comunidad.

En resumen que este tipo de incidente, no es otra cosa que el resultado esperado del orden social que el blanco, varón, propietario, heterosexual y cristiano lleva más de tres siglos imponiendo por la fuerza.

Esto no quiere decir que esa respuesta no sea condenable. Lo que quiere decir es que es explicable.

 

 

 

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Reacción a la reacción ante la criminalidad


Por Gary Gutiérrez

Las noticias relacionadas a la situación económica del país no son muy halagadoras. Mientras los políticos buscan ganar elecciones nuestra realidad como pueblo nos lleva rumbo al abismo. La crisis social que ya está en nuestra puerta amenaza con trastocar todo el orden social y económico de nuestro país.”

Con ese párrafo, y bajo el título “¿El bajo mundo le habrá declarado la guerra al Estado?“, una agencia de seguridad privada distribuyó un comunicado de prensa donde llama a que “cada ciudadano se atempere al nuevo Puerto Rico”.

El comunicado, que se produce en medio del virus mediático generado por el asesinato de la fiscal Francelis Ortiz Pagán, da por hecho el fracaso del Estado ante la supuesta “crisis social” que vive el país.  Claro “crisis social” es más que un eufemismo para no decir la respuesta de los sectores excluidos por la crisis económica que vive la Isla.

El Estado no puede ni va a poder cumplir con las expectativas de seguridad que requiere el país. La falta de recursos humanos y económicos en el sector de seguridad pública es el mayor impedimento para que se puedan establecer procesos adecuados de prevención y reacción contra el crimen. La Policía está dando su mayor esfuerzo pero la realidad es que el personal no da abasto para poder cubrir todas las necesidades del país

Según la diatriba, al partir del mencionado colapso gubernamental, los ciudadanos y las empresas comerciales deben buscar alternativas construyendo grupos de “seguridad preventiva” y “redes” que colaboren con las agencias gubernamentales -¿las mismas que no pueden cumplir con las expectativas de seguridad?

Más allá de su lenguaje  cortes y lógico, el comunicado me parece poco menos que aterrador.

Aun cuando la retórica de la comunicación se presenta como discurso crítico que busca resolver las problemáticas sociales, su entrelineas termina reafirmando el excluyente orden social productor de los problemas.

En realidad es una apología que presenta los problemas de violencia y criminalidad del país como fenómenos independientes productos de individuos indisciplinados quienes por razones patológicas o de herencia social, se niegan a cumplir con la ley y a respetar el orden. Claro, en ningún sitio el comunicado explica que el orden no es otra cosa que los designios de las élites plutocráticas que controlan la sociedad mediante las estructuras políticas y la ley.

De esta manera la violencia se presenta como la expresión de elementos del bajo mundo que le declararon “la guerra al Estado”.

Ni pensar en que los desafueros que se ve en el país puedan ser vistos como una respuesta, correcta o no, de quiénes el sistema económico y el orden social condena a la marginación.  Además, acaso no fue el propio Estado quién desde su surgimiento libra una guerra contra quienes osen cuestionar su racionalidad.

Tal vez sea porque durante los pasados días estuve leyendo la historia de la Guerra Civil española, pero el lenguaje del mencionado comunicado que románticamente evoca conceptos de ley, orden social, estilos de vidas y seguridad, me recuerda la narrativa fascista que en esa Europa del 1930, no solo llevó a España al sangriento conflicto, también llevó a la humanidad al borde de la destrucción global.

Un discurso que como papagayos, tanto en aquella época como en la actualidad, repiten los que se creen clase media sin entender que es una narrativa que termina permitiendo a las oligarquías plutocráticas controlar al resto de la sociedad.

Así el documento demoniza al Estado por “fracasar” en su obligación de proteger a todos en la sociedad. Entendiendo por “todos” aquellos ciudadanos “disciplinados”  a los componentes de la clase media que son los que trabajan y pagan impuestos.

Ante la mencionada falla gubernamental, el comunicado llama a las comunidades a crear “grupos de seguridad preventiva y redes de enlaces con los gobiernos municipales”.

“¿En serio?” como dicen los jóvenes.

Por mi mente pasan las legiones de camisas, azules, negras o brown que en aquella Europa de antes de la Segunda Guerra Mundial correteaban por las calles imponiendo la ley y el orden.

De igual manera, el escrito insta a los individuos y negocios a recurrir a las policías privadas para protegerse de esos del  “bajo mundo” que atentan contra las buenas costumbres.

Lamentablemente el escrito que nos ocupa no es más que reflejo de cientos de miles de puertorriqueños que culpan a las clases más vulnerables por los problemas que el poderoso sector financiero le causa al país. Sector que como explica la teoría del “shock” utilizará tragedias como la muerte de una funcionaria pública para empujar sus agendas de control social y económico.

Por suerte, todavía quedan Juanes que claman en el desierto. Bueno en este caso Juanas.

En sendas columnas las amigas y maestras Wilda Rodríguez y Mari Mari Narvaéz surgen como voces de civismo y balance,  explicando que la crisis de violencia social que vivimos es mucho más compleja que la macharrana medición de fuerzas que nos vende el comunicado que da pie a este escrito.

Wilda desenmascarando los que se aprovechan del miedo para vendernos la desacreditada hipótesis que apunta a la pena de muerte como forma de controlar la violencia social y Mari apuntando a la violencia como producto de históricos procesos de explotación y recordando cómo estas crisis se puede vincular a la fracasada prohibición contra las drogas.

En fin que al leer el comunicado de la no mencionada agencia privada de seguridad y al escuchar los tambores de guerra que surgen desde Fortaleza y el Departamento de Justicia, me doy cuenta que  este es uno de esos momentos  cuando las reacciones son tan preocupantes y peligrosas como la misma criminalidad.

Ya el tiempo dirá…

 

No, no tiene que ver con la policía…


Por: Gary Gutiérrez

El trágico incidente en el que un oficial policiaco ultimó a tiros a tres de sus compañeros, incluyendo dos mujeres policías, silenció los gritos triunfalistas sobre la baja en la criminalidad por parte del gobierno de Puerto Rico.

Días antes de la tragedia, que se reportó en una oficina de la Comandancia de la Policía en Ponce, los reportes mediáticos sobre la baja en el número de asesinatos parecerían aguinaldos navideños para una administración que tiene poco que celebrar cuando de la vida diaria de los puertorriqueños se trata.

La celebración de estos datos, desvinculado de la realidad diaria que vive el país, no es de extrañar pues para los tecnócratas del estado tato la violencia y criminalidad, como el resto de las realidades sociales parece ser un asunto numérico y no de seres que sufren en lo concreto.

Hablo de esos que dicen que el actual administrador es mal entendido, pues la inmensa mayoría de “los indicadores” apunta a que el país está en la ruta correcta al fututo.

Viene a la mente las expresiones de Mark Twain; “mentiras, grandes mentiras y estadísticas”.

 

Policia 1

No obstante la realidad es que el número de asesinatos bajó durante los pasados doce meses en comparación con el año anterior, pero al igual que cuando estos números suben, no tiene nada que ver con las políticas y los inexistentes planes anticrimen.

Si leyó bien, inexistentes. Pues en realidad, durante ya casi cincuenta años, desde Nixon”, los llamados planes anticrimen no son otra cosas que más efectivos policiales, más tecnología, y más vigilancia sobre los pobres del país.

Pero volviendo al triunfalista anuncio sobre la baja en la criminalidad.

Primero, la merma en los asesinatos durante un periodo específico no es la merma en la criminalidad. Hay que romper con esa conclusión “espuria” que, como mantra, repiten los medios de comunicación.

La violencia se debe medir en casos por 100 mil habitantes. Ecuación que todavía pone a Puerto Rico en el doble de lo “normal” que es 7 X 100 mil.

Policia 2

Al mirar los delitos reportados frente a la población, y no en comparación con el pasado año se revela que la merma de un 15 por ciento en los indicadores de los delitos graves o tipo 1, es decir asesinatos, robos, escalamientos, etc., es muy comparable con el número de puertorriqueños y puertorriqueñas que abandonaron el País. Incluso se puede especular que si ese 15 por cien se compara solo con el número de jóvenes, edad en la que regularmente se delinque, no hay tal baja en los delitos.

Los gubernamentales cantos de sirena van más lejos vinculando la supuesta baja en los números de delitos al índice de esclarecimiento que según la uniformada aumento en casi 10 por ciento.

Sin embargo el argumento sucumbe ante el hecho de que dentro de las bajas en las muertes violentas, se reporta un aumento en las víctimas de violencia intrafamiliar, doméstica, y vecinal.

Como el incidente en la comandancia de la Policía sureña, estas muertes son delitos que regularmente “se resuelven” por sí mismo, pues él o la victimaria se entrega o se quita la vida. Es decir, son casos que requieren muy poca investigación.

Finalmente, la variación en el número de asesinatos reportados durante el 2015, se tienen que mirar en el contexto de que por los pasados 115 años la violencia en Puerto Rico apunta a procesos cíclicos con picadas en las incidencias luego de años pico como el 2011.

Lo funesto del triunfalista anuncio del gobierno, es que la administración colonial de turno, no admite su verdadera aportación a estas mermas, e insiste en vincular la misma al trillado discurso de mano dura y cero tolerancias.

La realidad es que la actual dirección gubernamental es sumamente efectiva en mantener, no importa la crisis, un discurso que suena inclusivo, conciliatorio y democrático.

Por tanto, si en el pasado se vinculó la creciente violencia social que vivió el país con la guerrerista arenga de tratar a los desviados “a patadas”, es lógico entender que un discurso que suene más conciliatorio e inclusivo debe incidir en el resultado opuesto.

Esta es la verdadera tragedia, que la administración colonial insista en vendernos el costoso y fracasado discurso de más policías, más equipo y más vigilancia como estrategia a la criminalidad, cuando su propia experiencia demuestra lo contrario.

Sí, el 2015 demuestra una baja en las incidencias reportadas, pero definitivamente no tiene nada que ver con planes anticrimen o con el número de efectivos.

Mire si no tiene que relación, que no solo hoy la isla cuenta con un 40 por ciento Policías menos que en el 2011 –año pico- , sino que durante este año el país experimentó un movimiento de brazos caídos entre muchos de esos efectivos.

…llegue usted a su conclusión.

 

 

 

 

Sobre la violencia social, conversación con el colectivo FRECUENCIA SOCIALISTA


Conversación radial con el colectivo radial Frecuencia socialista sobre violencia social y pena de muerte:

Raíces_y_Alternativas_a_la_Violencia.JPG

Para escuchar la conversación
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