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El Blog de Gary Gutiérrez

“Barbiquero” de patio en formación, iconoclasta aspirante a ácrata, apóstata, y comantenedor del programa Temprano en la Tarde de http://www.pab550.com

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Como doña Julia se puso a hacer sopa de pollo, yo me tuve que apuntar. Pa’ completar lo sirvió con aguacate. Es que soy así de fácil…


Sopita de pollo, pa’ luego dormir toda la tarde del domingo…


“Que un viejo amor, ni se olvida ni se deja”, reencuentro con aquel “chuletón crocante”.


Tras el anuncio de CDC estadounidense que apunta a que las personas vacunadas pueden ir liberalizando su cotidianidad, decidimos romper con sobre 13 meses de encierro y nos aventuramos a salir a comer fuera.

Así, y armados con mascarillas, gelatina sanitaria, atomizador de alcohol y paquete nuevo de toallas húmedas, salimos en pos de la tierra prometida donde la miel y la leche fluyen como rios.

De esa forma, con la maleta para la higiene pero con la fe puesta en la nobleza de nuestra empresa, llegamos a las puertas de la tierra que por más de un años no fue negada por la falta de prudencia como pueblo: El Paraiso: Fonda Criolla y Bar.

Tan pronto entramos, como dos amantes que se reencuentran, todo cayó en su sitio.

Después de todo; “…un viejo amor, ni se olvida ni se deja.” En este caso, el amor lujurioso por las sopas de la casa. La de pollo no pudiera ser más hogareña. De seguro la receta es original de la mamá de Luis, chef y dueño del local.

Pasado el cortejo inicial, y despertadas por la sopa las pasiones y la lujuria, no hubo otra que no fuera entrar en un cuerpo a cuerpo con esa legendaria chuleta Kan Kan que conocemos como el “chuletón crocante”.

Frita a la perfección, su cuero tostado y su jugosa carne encarnan una irresistible tentación que nos embruja y arrastra al sórdido reino del colesterol y los triglicéridos.

Hora y media más tarde, mientras luchaba para no quedarme dormido en el sofá, ya no pensaba en virus, mascarillas o CDC. Después de todo el estricto protocolo de El Paraiso da cátedra de compromiso social.

En mi mente solo había espacio para disfrutar de la sabrosa culpabilidad de haberme dejado llevar por el hedonismo y disfrute los placeres gastronómicos.

Gracias Ana, Luís y Verónica porque, como míticos querubines, día a día se aseguran que El Paraiso exista como refugio y espacio seguro en tiempos de pandemia.

¡BUEN PROVECHO!

Para retribuir a doña Julia: sopa de carne asada con vegetales (foto cameo)


Potaje con hueso de res asado; 4 horas en el “slow cooker” (crónica visual)


Chuck steak a la brasa

Pasando “Noche Buena” con sopita de plátano y gandules de la vecina doña Julia… Puedo llamarlo comunión.


Sopas de pollo, pero con “drippings”…


Mientras el pollo partido en dos se doraba junto a un pernil en las infernales entrañas de Jimena, la barbacoa que reside en mi patio, mi mente buscaba que hacer con los espinazos que sobraron de las aves.

La respuesta a mi búsqueda llegó cuando vi los jugos que percolaron de la carne y que se mezclaron con el agua que se supone mantuvieran jugoso el asado.

El resultado fue una sustanciosa sopa producto de espinazos hervidos juntos a hierbas y aromáticos que se complementó con los mencionados jugos (drippings) recogidos en la barbacoa. No solo el caldo integró los sabores de “lemon & pepper” del rub usado en el asado, igualmente tomó un trasunto ahumado maravilloso.

Para complementar esta potente sopa, preparé unos tostones aderezados con el tradicional mojo de tomate que es un referente de la gastronomía de la casa en que crecí.

En resumen que el caldo resultante convirtió esta simple sopa pollo en el nuevo parámetro para lo que debe ser un placer hogareño. Eso que los del norte llaman “confort food”.

¡Buen provecho!

Sopa pa’ cuarentena: con lo que había…


Según la opinión del algunos amigos y amigas más optimistas que yo, el periodo de cuarentena que se experimenta puede ser una oportunidad para crecimiento y desarrollo tanto individual como social.

En mi caso, y tratando de seguir las recomendaciones de esos optimistas, tratar de cocinar lo más simple y económico posible se va convirtiendo en cotidianidad.

Con esos principios en mente, hoy le metimos a una sopa de habichuelas «con lo que había». Chorizo picante seco, sofrito Montero de Ponce, aceitunas rellenas, orégano, tomillo, culantro, comino, habichuelas de lata y queso palmesano para terminación.

Simple, sabrosa y sustanciosa resultó perfecta para olvidar a los indeseables que, desde la oficialidad, simulan manejar la crisis.

La verdad que si uno le busca la vuelta, el regresar a vivir de forma simple, cocinando en casa y comiendo de forma básica no es tan malo. En realidad puede ser hasta disfrutable.

¡BUEN PROVECHO!

¿Sopas en Plaza, quién lo diría?


Por Gary Gutiérrez

Cuando pienso en las comidas de los centros comerciales, pienso en lo que en Ponce llamamos, come y vetes. Es decir, sitios donde preparar comida es una labor cuasi industrial. Alimentos procesados y servidos en una cadena de ensamblaje, eficiente, rápido y al menor costo posible.

No me malinterprete, no digo que sea malo. Es comida, usualmente no sabe mal, está allí, esperando con la intensión de servir a la masa trabajadora que cada vez tiene menos tiempo para alimentarse entre jornadas de trabajo.

No obstante, de cualquier maya sale un ratón decía el jíbaro para ilustrar que lo imprevisto puede ocurrir en cualquier lugar.

Pues en este caso la sorpresa fue la sopa de pollo en El Paraiso Criollo del “food court” en Plaza del Caribe.

Un amarillo y espeso caldo producto de la maceración de las aves parrilleras, cuyas grasas naturales y la gelatina terminan en un verdadero suero.  Ese líquido se amarra con zanahorias, cebollas u otros aromáticos cuyos sabores se complementan y se elevan con lo que obviamente son hierbas secas tradicionales como el orégano.

Por supuesto, esta sopa es una comida completa pues se termina con fideos de los gordos. Los que Dios manda.

Simplemente glorioso por $6:00, con una botella de agua.  No se puede pedir más.

En fin, que la sopa de El Paraíso Criollo en Plaza del Caribe, le brega y compite con las sopas de las más legendarias fondas de la ciudad.

Sobre todo, si usted llega temprano y le toca aguacate.  Hoy llegué tarde y me tuve que ir al pela’o…

¡Buen provecho!

 

 

“Rica” la sopa de res en la Librería EL Candil…


Por Gary Gutiérrez

Cuando viene a gastronomía, el concepto “rico” es uno interesentísimo para mi.

Coloquialmente utilizamos el término como sinónimo de sabroso o bueno.

No obstante, culinariamente hablando “rico” implica sabor fuertes, sustanciosos, pesados, profundos. Cosa que regularmente es positiva, pero que igualmente puede también ser abrumante.

En fin que en este caso, y hablo de la sopa de res que me comí en El Candil, no importa como se entienda el término aplica.

La sopa de res, como el resto de la oferta de los caldos y potajes que se sirven en El Candil, es una rica tanto en gusto como en profundidad de sabores.

Tiernos pedacitos de carne flotando en un “rico” caldo de dulzón trasunto producto de los vegetales, aromáticos y especias que se complementan a la perfección.

En resumen, lo importante es que a solo tres o cuatro ediciones, las sopas que los sábados complementan la oferta de sandwiches y quesadilla en la Librería El Candil de Ponce son verdaderos ejemplos de lo que es comida “rica”.

¡Buen provecho!

Sopa de lentejas engalana el menú sabatino de la Librería El Candil @ElCandil_Ponce


Sumado al cariñoso servicio, otra de las características que hacen especial a la Librería El Candil en Ponce es su menú de picadera.

Ese carta de sandwiches y quesadillas tiene todos los sábados sopas o potajes como protagonista especial. Pa’ muestra la sopa de lenteja que tenían este pasado fin de semana. Un espeso y balanceado potaje que combina perfectamente el terrenal sabor de las lentejas con una excelente selección de especias. ¡BRAVO!

La mía con Medalla por favor…

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