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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

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#Iphonegraphy: Selfie con mi madre


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#Phonegraphy: Jack, my friend


#Iphonegraphy: Mecánica Poderosa


@ Playa de Ponce

#Iphonegraphy: Alfonso “Tuto” Giménez, hombre de radio


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#Iphonegraphy: Teófilo Torres, monologista nacional


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#Iphonegraphy: Luz mañanera…


Cacheteando en Sancho’s sushi bar…


Sentado con mi madre y mi compañera en Sancho’s, el sushi bar del Ponce Hilton, su propietaria nos sorprende con una de las más sabrosas y delicadas delicias de la gastronomía relacionada con el mar; “cachete de colirrubia” horneado y sazonado a la perfección con solo un poco de sal y pimienta.

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Que cosa más maravillosa, delicada carne rebosante de sabor que se desboronar con solo tocarla. La verdad que de las cosas más eróticas que uno puede comer.

Mientras le someto al proceso de rescatar los trozos de carne marina que se esconden entre los huesitos de la quijada del pez, mi mente se pregunta cómo es que comer esta delicia no forma parte de nuestra tradición. Después de todo es sabrosa, divertida de comer, saludable por sus contenido de grasas livianas y sobre todo barata.

De ahí mi mente divaga y se pregunta si será por eso que los boricuas, cuando algo es bueno y de gratis, decimos que es “de cachete”. Para los puertorriqueños “de cachete” expresa el disfrutar de algo sin tener que pagarlo.

“Coger un cachete”, “cachetear”, “un cachetón”, son formas de expresar que algo va de gratis o libre de costo. No obstante que el uso de la expresión está generalizado en Puerto Rico, el origen de la misma no está claro.

Ante esta interrogante, y todavía con la necesidad de un baño tras la lucha cuerpo a cuerpo con la mencionada quijada de colirrubia, fui a consultar a la amiga Luz Nereida Pérez sobre el término “de cachete”.

La académica nos refirió al libro “Los que dicen Ay bendito” de Rosario Núñez de Ortega e Isabel Delgado de Laborde. Allí se documenta el uso de la frase, paro admiten no tener claro su origen.

Lo interesante para mi es si el origen de la pueblerina expresión estará o no ligada al consumo de las carnes ubicadas en esa parte de la cara de los animales. Piezas de carnes que regularmente no tiene mucho valor comercial, pero que para los criadores o recolectores que sí saben, no tienen precio por su ternura y sabor. ¿Quién sabrá?

El punto es que si hay un pedazo de proteína injustamente desvalorada es el cachete. Lo he comido de muchos animales como los de cerdo, de res, de búfalo, de la oveja, de cabro y como dije antes de pescados. Todas maravillosas carnes tiernas, de robusto y concentrado sabor al animal al que pertenecieron.

Así que la próxima vez que tenga la posibilidad de comer cachete de lo que sea, no la deje pasar, métale mano. Pues aun cuando no sea de cachete, estoy seguro que valdrá la pena.

Buen provecho….

 

Finos los sandwiches de Mickey Jr en Ponce


Si hablar de sandwches en Ponce es hablar de religión, la guaguita de Mickey Jr es poco menos que una ermita consagrada a la tradición.

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Con el pan tostado pero suavecito, como debe ser, y la cantidad adecuado de mayu-ketchup complementando las proteínas y la ensalada, los emparedados de Mickey Jr tienen un espacio en Partenón sandwichero de la ciudad. Como muestra basta el sándwich de jamón queso y huevo, pa’ desayuno no tiene precio.

Sabrosos, finos y tradicionales ponceño Mickie Jr detrás de KFC-Rambla “la hacen”.

Altamente recomendado…

Día de las Madres: crónica de un fin de semana caliente y picantito…


Por: Gary Gutiérrez

Si algo se puede considerar como suicidio gastronómico tiene que ser el pretender comer bien y económico en un restaurante durante los días cercanos a San Valentín o al Día de las Madres.

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A menos que usted no pueda y esté dispuesto a pagar un ojo de la cara, o los ovarios de su progenitora, lo más probable que usted termine esperando una eternidad para entrar a un comedor sobre vendido, donde el personal está subcompensado, la comida esté preparada a la carrera y complementada con todas las guarniciones que no se movieron el mes anterior.

Por supuesto, el Día de las Madres es peor que San Valentín, pues todo lo anterior se adereza con una dosis de mocosos, gritones y mal olientes jodiendo y corriendo por el salón. Después de todos sin esos pequeños seres más adaptados para el tártaro que para compartir un salón comedor, no habría madres ni abuelas.

Por esa razón, y como mi madre ya está mayor y no maneja bien los imprevistos y el revolú, decidí que este año celebraría a la culpable de mi existencia en la tranquilidad de mi casa.

Igualmente es la mejor excusa para disfrutar mi recién rescatada pasión, la barbacoa.

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El menú para tan especial fin de semana consistió en gallinas codornices, salmón y costillas de cerdo, todo ahumado en el viejo pero confiable Weber.

Para las gallinas preparé una marinada compuesta por sala para barbacoa Gourmet de Parcha, Pique Artesanal Don Antonio, bourbon y hojitas de culantro fresco del patio. Esta salsa baño las aves en una bolsa plástica por dos días en la nevera.

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El salmón lo prepararé usando una técnica de marinar que es casi una pornografía. La encontré en un canal de YouTube llamado Smo’King BBQ Tips & Recipes bajo el título: Smoking Salmon the easy way. Fácil, sencilla y el resultado no puede ser más sexy.

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Para las costillas me fui “fusión”, sabores criollos, pero técnica estadounidense. Después de todo la barbacoa es el regalo al mundo de los padres arahuacos. Bueno, no tanto como regalo. Los euro-descendientes realmente se lo apropiaron, pero los afroamericanos lo elevaron a nivel de arte en el sur de Estados Unidos.

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La carne del marrano la condimenté por veinticuatro horas usando buena sal y pimienta, un adobo criollo comercial tradicional y orégano del patio.

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En los tres casos, las proteínas se ahumaron por turnos en el viejo Weber con carbón comercial y pedazos de madera del árbol de manzanas para darle aroma al ahumado. En el caso de las aves y el costillar de cerdo, por unas dos horas primero, y luego entre una hora o 90 minutos cubiertas con la Salsa de Barbacoa Gourmet de parcha. Que bravos son esos productos, orgullo ponceño ciertamente. El salmón por su parte solo tardó unos 45 minutos.

La verdad que el fin de semana no pudo ser mejor.

Pasar horas adentrado en la meditación de cocinar de forma lenta, disfrutar de tiempo intimo en la mesa de mi casa con mi madre anciana, comer sabroso, experimentando nuevos sabores y sensaciones, no tiene precio realmente.

Claro que lo mejor de todo esta empresa fue pasar el Día de las Madres sin tener que aguantar a los mocosos que los padres llevan a los restaurantes pensando que son el regalo de los dioses a la humanidad…

Buen provecho

 

 

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