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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador social, iconoclasta aspirante a ácrata, apóstata, comantenedor del programa @tempranopr de http://www.pab550.com, y barbicuero de patio

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Tortilla…


A otro nivel Sancho’s en el HILTON PONCE GOLF & CASINO RESORT


Tras levantar las restricciones de movimiento auto impuestas como medida personal ante la pandemia, llevo varios fines de semana aventurándome en la escena gastronómica de Ponce.

Así, a sugerencia de Sharon mi compañera, esta semana decidimos almorzar en Sancho’s Sushi Bar, que ubica en el campo de golf Costa Caribe y que es parte del complejo del HILTON PONCE GOLF & CASINO RESORT.

Lugar familiar para nosotros, nos pareció ideal para este tiempo de pandemia por su terraza al aire libre y abierta al mar.

Camarones y vegetales en tempura

De entrada, dos cervezas, edamames y camarones con vegetales en tempura sirvieron para abrir el estomago con su esperada frescura y simpleza. Si bien nada especial, su familiar sabor y textura fue como el abrazo de esa amistad que te encuentras tras mucho tiempo.

Emperor roll, Spicy Tuna, Roast roll

Ahora, la sorpresa de la tarde fue el sushi.

Aun cuando la calidad de la comida en Sancho’s siempre fue de un alto nivel, dicho por gente como mi cuñada quien desarrolló su paladar mientras vivió en Asia, en esta ocasión me llevé una sorpresa.

La paleta de sabores “enrolada” en el Emperor roll, el Spicy Tuna y el Roast roll me impresionó como el beso inesperado de un amor que nunca confesaste.

Robustos sabores que juegan y se complementan con sutiles trasuntos que surgen tras la primera impresión en la boca, demuestran el desarrollo del paladar de Estevan, el “Itamae” responsable de producir estos manjares por los pasados años. Definitivamente una propuesta madura y perfecta para uno dejarse cautivar. ¡BRAVA!

En Fin, que al parecer algo bueno trajo la pandemia. El desarrollo de la oferta de Sancho’s es algo digno de destacar y disfrutar.

¡Buen Provecho!

“Sutil y balanceada”, la propuesta de Níspero en Ponce…


Armado con todos los refuerzos de las vacunas contra el COVID 19, y con números de contagios a la baja en todo el país, decidí regresar a la escena culinaria de la ciudad señorial.

Fue así que este sábado en la tarde me encontré sentado en el salón de la barra de Níspero. Restaurante que ubica en la calle Isabel, justo a la entrada del casco histórico de Ponce.

La vieja casona que alberga el restaurante me pareció, por su amplio espacio y terraza, un buen sitio para ir perdiendo la agorafobia que admitió desarrollé tras casi dos años de pandemia.

No estaba equivocado.

Tras solo unos minutos, la presencia de amigos y el amable, casual, pero eficiente servicio, relajaron mis miedos. Claro el vaso de Buffalo Trace que escogí como aperitivo también ayudó.

Para domesticar los efectos del elixir producción estadounidense decidí probar las croquetas de viandas y bacalao, destacadas en la carta como oferta de entrada.

Croquetas de vianda y bacalao

Majado de viandas complementadas con bacalao y cubierto de empanado, realmente sabrosas. Ni seca, ni grasosa la firme consistencia del majado de vianda es complementado por un sutil sabor de bacalao que, sin opacar la complejidad de las viandas, deja un sabroso trasunto en el paladar. Perfectas para bajar el Buffalo Trail.

Tras la relajante primera impresión, decidí seguir por esa linea liviana y pedí un filete de rodaballo como quisiera la casa.

rodaballo en mantequilla de ajo, acompañado por tostones

Minutos más tardes, y entrando en mi segundo Buffalo Trace, apareció Helen, la mesera, cargando la delicia en sus manos. Una tierna posta de pescado blanco aderezado con lo que asumo era una reducción de vino blanco, mantequilla y ajo.

Admitió que de primera intención, la idea de que el delicado sabor del pescado se perdiera bajo el robusto aromático, despertó preocupación en mi media adormecida consciencia.

Nada más lejos de la verdad, si delicado era el sabor del rodaballo, más delicada era la esencia de la salsa que, lejos de opacar el sabor del filete, lo complementó dándole más dimensión.

Como si lo anterior no fuera suficiente razón para, a la menor provocación volver a Níspero, la crocante textura de los tostones de mapén (pana dice la carta) que acompañaron el pescado fueron el “coup de grâce” de la tarde. Tostaditos por fuera y cremosos por dentro son verdadera provocación a la lujuria gastronómica. No recuerdo haber comido mejores.

En fin que la tarde del sábado experimentada en Nispero parece ser para mi, el comienzo de un paulatino regreso a la normalidad gastronómica ponceña.

Ya les contaré, ¡BUEN PROVECHO!

Imitando las chuletas de jamón de Luis Alberto el de El Paraiso en Ponce


#Iphonegraphy: luz mañanera…


Gracias al maestro Jesús Ortiz, celebramos el genio de hermano Reinaldo Millán


Ubicada en el salón Rei Millán de la Librería El Candil de Ponce

En saludo a Bayamón, chicharrón de Ponce (crónica visual)


#Iphonegraphy: Singer


Primera peregrinación a Cafetería Ramos en más de un año… ¡Que grande son!!!!


Altamente recomendado el Rose Rol de Sancho’s en el Hilton Ponce Golf & Casino (cameo)


Rose Roll (6 pcs)
Inside: shrimp tempura, avocado, spicy tuna

Sancho’s @ Hilton Ponce Golf & Casino

#Iphonegraphy: Frazada


#Iphonegraphy: cantaloupe 2


#Iphonegraphy: cantaloupe


#Iphonegraphy: empedrado


#Iphonegraphy: helecho…


“Que un viejo amor, ni se olvida ni se deja”, reencuentro con aquel “chuletón crocante”.


Tras el anuncio de CDC estadounidense que apunta a que las personas vacunadas pueden ir liberalizando su cotidianidad, decidimos romper con sobre 13 meses de encierro y nos aventuramos a salir a comer fuera.

Así, y armados con mascarillas, gelatina sanitaria, atomizador de alcohol y paquete nuevo de toallas húmedas, salimos en pos de la tierra prometida donde la miel y la leche fluyen como rios.

De esa forma, con la maleta para la higiene pero con la fe puesta en la nobleza de nuestra empresa, llegamos a las puertas de la tierra que por más de un años no fue negada por la falta de prudencia como pueblo: El Paraiso: Fonda Criolla y Bar.

Tan pronto entramos, como dos amantes que se reencuentran, todo cayó en su sitio.

Después de todo; “…un viejo amor, ni se olvida ni se deja.” En este caso, el amor lujurioso por las sopas de la casa. La de pollo no pudiera ser más hogareña. De seguro la receta es original de la mamá de Luis, chef y dueño del local.

Pasado el cortejo inicial, y despertadas por la sopa las pasiones y la lujuria, no hubo otra que no fuera entrar en un cuerpo a cuerpo con esa legendaria chuleta Kan Kan que conocemos como el “chuletón crocante”.

Frita a la perfección, su cuero tostado y su jugosa carne encarnan una irresistible tentación que nos embruja y arrastra al sórdido reino del colesterol y los triglicéridos.

Hora y media más tarde, mientras luchaba para no quedarme dormido en el sofá, ya no pensaba en virus, mascarillas o CDC. Después de todo el estricto protocolo de El Paraiso da cátedra de compromiso social.

En mi mente solo había espacio para disfrutar de la sabrosa culpabilidad de haberme dejado llevar por el hedonismo y disfrute los placeres gastronómicos.

Gracias Ana, Luís y Verónica porque, como míticos querubines, día a día se aseguran que El Paraiso exista como refugio y espacio seguro en tiempos de pandemia.

¡BUEN PROVECHO!

#Iphonegraphy: bodegón matutino… (cameo)


#Iphonegraphy: primavera ponceña…


#Iphonegraphy: tiesto… (estudio)


#Iphonegraphy: Silla…


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