Buscar

El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

Etiqueta

Policía

¿En serio, ventanas rotas otra vez?


Por: Gary Gutiérrez

Casi las once de la noche y el tuit vino de un grupo estudiantil autodenominado Estudiantes Informan (@UPRestudiantes).

“Día 118[i] – #PuertoRico embraces ‘broken windows’ policing amid killings. Fox News

¿En serio, ventanas rotas? Mi cerebro, que finalmente se estaba adormeciendo para descansar, se disparó como un misil intercontinental estadounidense que responde a Corea.

Desarrollada por el Manhattan Institute e implementado durante la década del 1990 por el alcalde Rudolph Giuliani., la “teoría” conocida como “Ventanas Rotas” entiende que cuando se tolera la desviación o los actos antisociales menores estos degenerarán en crímenes mayores. Con esta visión justifica mover y enfocar los esfuerzos del Aparato Represivo estatal para perseguir conductas que pudieran ser manejadas de forma más económicas y eficientes desde los controles informales o ideológicos.

Es decir que las autoridades deben enfocarse en controlar conductas desviadas como el escribir grafiti, arrojar basura, pedir o vender cosas en las luces de tránsito, fumar marihuana, consumir alcohol en la vía pública, orinar en público, etc., aun cuando las mismas no tengan víctimas o querellantes.

Entiendase, es gastar el dinero y tiempo de los y las policías, a quienes no le pagan los beneficios contractuales por falta de recurso, en perseguir mozalbetes y marginados que no tienen dónde caerse muertos.

Por supuesto, el ejemplo utilizado para la implementación de esta política pública son discursos como que la gente que no obedece las leyes de tránsito. Es decir que, en vez de gastar los recursos en generar investigadores, los vamos a pones a dar boletos de tránsito.

A ver si se entiende: ¿esta gente entiende que alguien que ya decidió asesinar a otro ser humano no lo va hacer porque estén velando quién no se detiene ante la luz roja?

Como dije el mito de las ventanas rotas como forma de manejar la criminalidad surge tras su implementación durante la incumbencia de Rudoph Giuliani como alcalde de Nueva York.

Durante ese periodo la ciudad experimentó baja en los delitos y Giuliani lo relacionó con la implementación de esta política. De paso con ese cuento se hizo millonario asesorando a gobiernos que como el nuestro le pagaron sus honorarios como experto.

Claro el exfiscal no explica en sus talleres que en ese tiempo en decenas de otras ciudades donde no se implementó este plan, también bajo la criminalidad.

Además del cuestionamiento antes detallado, otra crítica importante que se le hace a la política de las Ventanas Rotas es que la misma termina siempre reprimiendo y controlando las poblaciones más pobres, marginadas y vulnerables.

Un dato constatable es como, en la década del 1990, bajo la implementación de esta visión en la ciudad de Nueva York se dispararon los números de querellas por brutalidad policía mientras en las otras ciudades que también lograron bajar criminalidad, pero con programas comunitarios, las querellas contra los oficiales bajaron.

De igual forma se critica que esta estrategia ensaña la brecha entre la comunidad y la Policía que en muchos casos es vista como una fuerza de ocupación. Situación que termina aumentando la apariencia de ilegitimidad del Estado en esas comunidades.

El otro ataque a esta “teoría” apunta a que su implementación dispara costos de vigilancia y congestiona el sistema con casos que no tienen víctimas o querellantes. En momentos que la administración de la Policía de Puerto Rico está en entredicho por no poder cumplir con sus obligaciones labores, este es un factor que requiere mucha consideración.

Como si lo anterior no fuera razón suficiente para descartar el “mito de las ventanas rotas”, la realidad es que, por los pasados treinta años, desde la implementación de la llamada mano dura, la política para el manejo de la criminalidad siempre fue la misma que hoy nos empacan como novel iniciativa.

Claro está decir que esto de que la teoría de las Ventanas Rotas no funciona es faltar a la verdad. La realidad es que al igual que en la ciudad de Nueva York, la implementación de la “teoría” en Puerto Rico fue exitosa en encarcelar pobres, custodiar y estigmatizar comunidades y sobre todo en normalizar la vigilancia y el control social. Fin real del pensamiento conservador que produjo las ideas originalmente.

Por último y más importante, el anuncio de la implementación de Ventanas Rotas como política pública demuestra que quienes tiene a su cargo el manejo de las agencias represivas, locales y federales en Puerto Rico, nunca tuvieron un plan real para el manejo de la criminalidad y por eso viene con este refrito.

¡Salud y resistencia!

[i] Se refiere a los días tras el paso del Huracán María que a esta fecha mantiene sin servicio eléctrico a más del 40% de la población.

Anuncios

Gobernador será responsable por cualquier tragedia en Peñuelas


Advierten al Gobernador que será responsable de cualquier tragedia que ocurra por represión policial en Peñuelas.

Para escuchar el reportaje

Peñuelas: el sistema funcionando perfectamente


Por Gary Gutiérrez / Foto tomada del Periódico La Perla del Sur

La imagen es familiar.

Vecinos de las comunidades de Peñuelas, entre los que se cuentan muchos ancianos y mujeres, siendo empujadas, atropellados, reprimidos y arrestados por militarizados agentes policiacos que se supone cobran para proteger la ciudadanía.

El delito parece ser utilizar el espacio público para exigir reparación de los agravios que entienden el estado comete contra ellos. Es decir, ejercer el derecho que les es garantizado en la primera enmienda de la Constitución del país del cual son ciudadanos.

Paralelamente al ejercicio de este derecho, los y las ciudadanas que ocupan el espacio público de su comunidad están exigiendo el derecho a autogobernarse, como se supone que pase en una democracia. Después de todo, la institución básica que se supone represente a esta comunidad, el Municipio de Peñuelas, prohíbe por ley que en esa jurisdicción se deposite cenizas producto de la quema industrial de carbón.

¿Cuáles son los agravios?

Hace más de dos décadas, tras negociaciones secretas los -supuestos- representantes electos del pueblo de Puerto Rico, firmaron un acuerdo que obligaba a la compra de la energía que se produciría en una planta de generaría energía quemando carbón. Tecnología que desde aquel entonces está siendo descartada por sucia en la mayoría de los países avanzados del mundo, incluyendo Estados Unidos.

En ese acuerdo inicial, la compañía productora quemadora del carbón se comprometía a sacar de la Isla el residuo de su operación. Es decir, las cenizas resultantes de la quema.

Cenizas que según a quién usted le pregunte pueden o no ser dañinas a la salud y pueden o no ser material para uso en construcción o relleno. Pero esa es otra discusión, pues, después de todo si algo tiene la industria carbonera internacional, es dinero para comprar “la ciencia” que necesiten.

Como la lucha en Peñuelas, este escrito no es una discusión científica. Es una discusión política en torno a si las comunidades tienen o no derecho al autogobierno.

Basado en el mencionado acuerdo firmado “en confidencialidad” y que obligaba a la quemadora de carbón a llevarse las cenizas, se construyó y eventualmente comenzó a operar la planta de generar electricidad quemando carbón.

Tras varios años operando y sacando de la isla las cenizas resultantes, la quemadora enfrentó problemas en la disposición fuera de Puerto Rico de los residuos de su operación. Otros países cancelaron, por las razones que fueran, los acuerdos para recibir estos despojos. Por esta razón que se alegó entonces que estaba en peligro la operación de la férvida industria en Puerto Rico.

Ante la situación, nuevamente en secreto, el gobierno de turno asume como suyo el problema del manejo de estos residuos y enmienda el contrato permitiendo el depósito en la Isla de los residuos industriales.

Ante este nuevo escenario, y ejerciendo su derecho al auto gobierno, decenas de municipios aprobaron leyes que prohíbe el manejo, transporte, uso o disposición en sus jurisdicciones de los residuos de la quema de carbón. Esto sin importar si los mismos son beneficiosos o peligrosos.

La controversia en torno a estas medidas llegó ante la Corte de Apelaciones de Estados Unidos, tribunal que tiene injerencias en Puerto Rico por virtud de la relación colonial entre ese país y Puerto Rico. Contrario a lo que parece ser la tradición estadounidense, donde se le reconoce a las autoridades locales la capacidad de aumentar las protecciones mínimas impuestas por los estados o el gobernó federal, la Corte invalidó las ordenanzas. Es una decisión que para los legos como yo no se entiende, pues partiendo de la lógica usada por el tribunal, los condados y municipios no tienen autoridad para reglamentar o prohibir, como lo hacen, la pornografía, el consumo de alcohol o las horas de comercio, por ejemplo.

Claro, esta decisión en contra de los municipios no es de extrañar si se parte de la premisa de que la principal tarea de la Corte Federal en Estados Unidos es la viabilidad del libre comercio interestatal.

Decisión o no de la corte, los vecinos de Peñuelas no se amedrentaron y continuaron en pie de lucha, protegiendo su derecho a decidir sobre su comunidad.

Ante esta situación y por el apoyo que los y las peñolanas recibieron de otros sectores del país, en aparente intento de lavar su imagen frente a los y las peñolanas, los políticos electos de la región, incluyendo a los de acumulación radicaron proyectos de ley que se vendieron ante la opinión pública como para la protección de la comunidad pero, que terminaron validando las posturas y definiciones que sobre las cenizas tiene la quemadora de carbón.

Es así como estos políticos profesionales, representantes, senadores y el propio gobernador colonial, son los responsables de lo que pase o pueda pasar en Peñuelas. Los primeros por permitir que le aguaran el proyecto que terminó validando el cambio de contrato que firmara la anterior administración y que permite que los residuos se queden en la Isla. Ni siquiera le votaron en contra como protesta a los cambios.


Igualmente, responsable es el gobernador colonial por firmar la ley y tratar de venderlo como una solución salomónica.

En resumen, con esta medida la actual administración se hace cómplice de la anterior y demuestran al servicio de quien están,  socializando los costos del manejo del material residual de la quema del carbón mientras mantiene privatizadas las ganancias de esa operación.

Nada que nuevamente el sistema parece estar funcionado a la perfección, dejándonos en la situación que se describen en las coplas del viejo Atahualpa Yupanqui cuando dice:

“Las penas y las vaquitas se van por la misma senda;

Las penas y las vaquitas se van por la misma senda;

las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas;

las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas.”

 

 

Árbitros y no regentes: Policía y el espacio público


El pueblo que es refranero
canta con su propio rezo
aunque un rosario de penas
lleve guindando en su pecho.
Y hay que afinar el tiro
es decir la puntería
que aunque diga groserías
el pueblo tiene derecho.
Y no se me ponga arrecho
pero es la pura verdad
Alí Primera

 

Por Gary Gutiérrez

Como era de esperar, el nombramiento de una “Junta de Control Fiscal” junto a los conflictos de clase y la exclusión que caracterizan la sociedad puertorriqueña, ya comienzan a generar encontronazos en el espacio público.

Aparte de la violencia que usualmente sirven en la isla como válvula de escape, es decir la llamada violencia criminal y la social, lo que parece experimentar un alza es la confrontación entre el estado  y unos sectores del pueblo puertorriqueño quienes retan sus decisiones y sus políticas por entender que el primero no les representa.

En medio de este conflicto se encuentra la Policía de Puerto Rico. Cuerpo que en la Isla es de naturaleza civil, encarna el monopolio de la violencia que en su inmensa mayoría –por no decir totalidad- y que se compone por personas proveniente de los mismos sectores pobres y marginados de donde vienen aquellos etiquetados como revoltosos o criminales.

Partiendo del párrafo anterior, es importante entender entender que, al igual que con la violencia social y criminal, los protagonistas que derraman su sangre en medio de estos conflictos “políticos”, son los pobres.

Ese conflicto económico y político se da enmarcado en el llamado derecho constitucional que por virtud de la relación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos rige en la isla caribeña. Esto a pesar de que Puerto Rico tiene una ley que llaman constitución, pero que lejos de ser el principal estatuto que rige la vida de los puertorriqueños, las más recientes decisiones de los tribunales estadounidenses la desenmascaran como una simulación productos de necesidades políticas de otras décadas.

Así pues, tanto las acciones de los que protestan, como las de quienes exigen su derecho a reunirse en un espacio -privado o público-, en Puerto Rico están protegidas por la primera enmienda de la constitución estadounidense que lee, “[e]l Congreso no podrá hacer ninguna ley con respecto al establecimiento de la religión, ni prohibiendo la libre práctica de la misma; ni limitando la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas, ni de solicitar al gobierno una compensación de agravios.” 

Cuando ese derecho a reunión y la libertad de expresión de quienes usan el espacio público para protestar, choca con el derecho de otros que pretenden acceder a una instalación para reunirse o consumir, es el trabajo de la Policía intervenir para mantener la paz social y evitar la violencia.

Es decir, el rol de los ciudadanos uniformados que ejercen la autoridad que el estado se abrogó para monopolizar la violencia, no es de ser jueces para otorgar la controversia, es de ser árbitros que aseguren que el conflicto no se salga de proporción y evitar así las agresiones físicas.

Igualmente, la presencia de la uniformada debe incluir que no se viole ninguna ley. Por supuesto, se puede discutir la legitimidad o legalidad de eso que llaman “ley”, pero eso requiere una discusión aparte.

Ante el conflicto de dos sectores sociales encontrados en la calle, como vimos cuando  grupos opuestos a la política socioeconómica del estado que ocuparon el espacio público para dramatizar sus pedidos, chocaron con los sectores que respondieron a la convocatoria de la Cámara de Comercio para discutir como manejar la llegada de la llamada Junta de Control Fiscal, el trabajo de la Policía de Puerto Rico no es decidir qué derecho debe imperar y mucho menos usar la fuerza para ayudar a prevalecer a uno de los dos sectores encontrados 

Al contrario, al igual que cuando hay una situación especial como un funeral, un desfile o una caravana política, la función de la uniformada debe ser buscar otras alternativas de acceso, pero siempre evitando que se desate la violencia entre los actores sociales que ejercen su derecho al uso del espacio público.

El armarse de escudos y batones, emulando las legiones romanas en formación de “testudo” o “tortuga”, con el propósito de arremeter contra ciudadanos que ejercen su derecho a exigirle cuentas al estado, no solo es agresión, es una clara violación al derecho constitucional que los policías juraron defender.

En caso de que en ese ejercicio de la libertad de expresión y el derecho a reunión se viole  alguna ley o estatuto, la única acción legítima sería, salvaguardado el debido proceso establecido en la ley, el arresto o citación de esa persona o personas.

Permitir el uso de los efectivos policíacos como avanzada para abrirle paso por la fuerza a uno de los grupo en conflictos, es faltar el respeto de ese cuerpo, reduciéndolos al gansteril rol de  guapetones de barrio al servicio de los poderosos.

Los derecho son garantías que tienen los ciudadanos frente al estado.

Por lo que se puede preguntar a  juristas o a sociólogos del derecho, si existe tal cosa como derecho a pasar por un espacio público ya ocupado legítimamente por otro. Igualmente cabe preguntarles si el estado tiene autoridad legítima de remover del espacio público a una persona que lo ocupa para protestar, solo porque ese ejercicio de expresión le causa contratiempos a otros.

Finalmente, y tal vez más importante, se pudiera preguntar si una sociedad que aspira a ser democrática debe permitir que sean sus aparatos represivos en la calle quiénes determinen, qué derecho tiene más valor y cuál debe prevalecer cuando surja el conflicto.

 

No solo es guerra de clase…


No solo es guerra de clase, con Promesa los ricos se quitaron los guantes para dejarlo claro…

Citado por WRTU en Abusiva la Policía de Puerto Rico, según experto….afirma no existe verdadera reforma en la Uniformada


img_7977“La pasada semana el gobernador Alejandro García Padilla defendía las bondades de la reforma policial y afirmaba que la ciudadanía confía hoy más en la Uniformada que hace unos años. Simultáneamente, se radicaba un pleito federal por violaciones a los derechos civiles en contra de la Policía de Puerto Rico, y en Estados Unidos el departamento de Justicia señalaba a la Policía de Baltimore como un cuerpo discriminatorio y abusivo. Para el criminólogo y profesor de Justicia Criminal Gary Gutiérrez, ninguno de estos eventos son independientes, ya que responden a una misma realidad: un esquema de militarización del orden público, orquestado a nivel federal y que culmina, en demasiadas ocasiones, con violaciones a los derechos humanos. Informa Javier Villa.”

Para escuchar

 

Citado en: “El efecto del miedo”; de manifiesto la proliferación de equipo y tácticas militares en la Policía


sábado, 30 de julio de 2016 – 12:26 PM

Por Cynthia López Cabán

 

img_9066En Dallas, la Policía utilizó un robot con explosivos –a inicios de julio – para abatir a un hombre negro que se atrincheró en un garaje del centro de la ciudad tras supuestamente matar a cinco policías en repudio a la muerte de dos hombres afroamericanos a manos de agentes del orden público.

A 2,130 millas de distancia, un Humvee de la Policía Municipal de Ponce –que se usó en la guerra de Irak– escoltaba una brigada de reclusos del Departamento de Corrección y Rehabilitación (DCR) que el último jueves de este mes realizaba trabajos de ornato en las carreteras de la Ciudad Señorial.

Quizás la estampa del vehículo militar transitando  por calles de la Isla pase inadvertida debido a la normalización de la iconografía militar en el diario vivir y porque nuestra imagen más clara del militarismo se remonta a la década de los 90, cuando el entonces gobernador Pedro Rosselló  desplegó la Guardia Nacional en los residenciales públicos como medida para combatir el crimen.

Sin embargo, la utilización del robot como táctica para acabar el violento episodio en Texas evidenció  la proliferación de equipo y tácticas militares en los  cuerpos llamados a velar por la seguridad pública.

El proceso de militarización de la Policía comenzó hace décadas y responde a intereses económicos, explicaron a El Nuevo Día los criminalistas José Raúl Cepeda Borrero y Gary Gutiérrez Renta.

“Ese proceso quizás empezó con (Ronald) Reagan, pero cogió fuerza a partir de la era de (Bill) Clinton”, apuntó Cepeda Borrero.

Como gobernador de California, Reagan empezó a blindar a los policías con armas y les ofreció entrenamiento militar. La Policía de Los Ángeles también estableció el primer equipo de SWAT, una unidad especializada en armas y tácticas, en medio de revueltas universitarias y tras los disturbios en la comunidad de Watts en Los Ángeles, en el 1965, provocados por la detención de un joven negro por una infracción de tránsito.

Esa visión de militarizar la policía acompañó a Reagan durante sus dos términos como presidente. Luego Clinton aprobó legislación que permitió que el excedente de armas de la milicia pasara a las fuerzas policíacas.

“Algunos dicen que estuvo influenciada por el aparato industrial militar que luego de la guerra de Vietnam había perdido espacio para vender sus armas”, indicó Gutiérrez Renta.

Bajo estas circunstancias y la asignación de mayores fondos para comprar equipo nuevo y librar la llamada guerra contra las drogas, surgió el policía “guerrero”. La militarización de la policía volvió a resurgir cuando Estados Unidos declaró la guerra contra el terrorismo tras los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York y destinó millones de dólares para dotar las policías municipales y estatales.

Una investigación de The New York Times descubrió que, entre el 2006 y el 2014, las policías estatales y municipales adquirieron 93,763 rifles de asalto, 435 vehículos armados, 44,900 binoculares de visión nocturna y 533 helicópteros, entre otras herramientas bélicas.

Golpe a las minorías

img_9067Cepeda Borrero y Gutiérrez Renta advirtieron que las comunidades no son zonas de guerra y que la militarización de las fuerzas del orden afecta desproporcionadamente a las minorías raciales y atenta contra las libertades ciudadanas.

“Preocupa, desde la perspectiva de los derechos humanos, el uso de ‘drones’ (aviones sin pilotos) o robots para ‘neutralizar’ supuestos francotiradores. Cuando ‘neutralizas’ a un ciudadano, eso es una ejecución extrajudicial, que quiere decir que es una ejecución donde no medió el debido proceso de ley”, afirmó Cepeda Borrero.

Siguiendo esta línea, planteó que imponer una lógica bélica en escenarios de delincuencia diaria era problemático porque la tecnología no era infalible y porque los prejuicios atravesaban esas decisiones.

“El derecho a portar armas se ha convertido en el derecho a portar armas del varón blanco. Si eres un varón negro eres sospechoso”, precisó.

En Dallas, la policía erróneamente identificó como sospechoso a un hombre negro que portaba un rifle y vestía una camiseta de tela de camuflaje en la protesta que acabó con el tiroteo a los policías.

El día antes, en Minnesota, un policía mató a Philando Castile durante una intervención de tránsito y luego que el hombre negro informó que portaba una arma de forma legal.

“Esa posibilidad de confusión hace que automáticamente haya que descalificar el uso de equipo de grado militar… La tecnología ha mejorado, pero no lo suficiente para neutralizar a una persona sin matarla. Entonces lo que estás haciendo es una ejecución. Lo juzgaste, lo condenaste y lo ejecutaste”, insistió Cepeda Borrero.

Origen racista

Los prejuicios raciales y de clase también han infiltrado la imposición de normas bélicas en contextos de convivencia ciudadana.

“Desde el comienzo, eso que llaman policía es una institución racista y clasista que defiende el orden social, en este caso el orden social capitalista”, insistió Gutiérrez Renta.

Mencionó que en Estados Unidos, la esclavitud se mantenía legalizada con patrullas de esclavos, que salían a buscar a los cimarrones para devolverlos a las haciendas del sur del país.

“La función de la policía para manejar el crimen diario es un concepto de la segunda o tercera década del siglo XX, cuando surgió la prohibición del alcohol”, afirmó Gutiérrez Renta.

Pese a esta transformación en funciones, para el profesor, que dicta cursos de justicia criminal, la policía nunca abandonó esa visión de “patrulla de esclavos”, que aflora con la militarización del cuerpo y con la llegada de las nuevas tecnologías.

“Los sectores marginados tienen formas de divulgar información a través de las redes sociales, que permite reconstruir lo ocurrido. Hace una década mataban a una persona en la calle y el único referente era la versión del policía. Ahora hay vídeos”, puntualizó.

Como parte de su análisis, alertó sobre la insensibilidad que crea la iconografía militar en la calle porque los ciudadanos comienzan a  acostumbrarse a ver los policías vestidos con ropa antimotines o al exceso de fuerza como parte de sus funciones.

“Un policía no me puede dar órdenes en la calle. Él tiene que justificarme por qué me está dando órdenes y eso se ha ido invirtiendo”, afirmó.

“La visión normalizada es de guerrero. El policía es un civil y está para establecer la paz social, mientras que el guerrero está para imponer fuerza mortal si es necesario”, agregó

Leña al fuego

Para atender los problemas de violencia que alteran la paz social, hay que eliminar la pobreza, la desigualdad y las inequidades de nuestro sistema, apuntalaron Gutiérrez Renta y Cepeda Borrero, cuyos planteamientos coinciden con las propuestas en el área de seguridad de la Agenda Ciudadana. Reconocieron, sin embargo, la dificultad de esta propuesta puesto que supone un cambio en las estructuras de poder.

“La estrategia tiene que ser un desarme y empezar a replantearnos los procesos desde la comunidad… Pero seguir tomando medidas restrictivas lo que hace es seguir echándole leña al fuego”, afirmó Cepeda Borrero.

 

 

Novela Los Muertos Se Visten de Blanco -comentaro-


https://garygutierrezpr.files.wordpress.com/2016/03/34afb-hiram2blozada_b_n.jpg
Hiram Lozada Pérez

Novela: Los Muertos Se Visten de Blanco

Autor: Hiram Lozada Pérez

Editores: Isla Negra

Comentarios presentados el 31 de marzo del 2016 en la Librería El Candil de Ponce por Gary Gutiérrez y Vivien Mattei

Realista y visual, Los Muertos se Visten de Blanco 

Comentario por Gary Gutiérrez

“La vida te da sorpresas”.

La canción de aquel juglar que aspiró a la presidencia de Panamá probablemente es la forma más elocuente de expresar mi asombro ante la petición del abogado Hiram Lozada Pérez. El amigo Hiram me solicitó mediante Orlando Planchart que le comente una novela.

¿Disertar yo sobre una novela, cuando mi principal deficiencia académica es la literatura?

Como he dicho en otras ocasiones, desde mi escuela intermedia tanto el currículo de español como los curas Escolapios se encargaron de castrar en mí la capacidad para apreciar ese arte de organizar palabras y narrar historias.

No obstante, honrando la amistad con Hiram Lozada Pérez, pero a la vez horrorizado por la encomienda, no me queda más remedio que enfrentarme a mis más profundos miedos y tratar de hacer lo mejor posible.

Es de esta manera que termino de frente al objeto de mi terror: la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO, como dije de Hiram Lozada Pérez.

Para mi suerte, y probablemente la razón por la que Hiram me solicita el comentario, se trata de una novela policiaca de esas que llaman “novela negra”.

Los MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO, publicación que vio la luz en el 2015 bajo el sello de Isla Negra Editores, es una hermosa publicación engalanada con una maravillosa fotografía de portada. Aunque de fácil y entretenida lectura, la narración no deja de ser un realista retrato del mundo policiaco y, por ende gansteril, que coexiste en muchas de las comunidades de este Puerto Rico secuestrado por el narcotráfico.

Hace unas décadas escuché, no recuerdo si fue a Eduardo Galeano o al recientemente fallecido Umberto Eco –mis excusas por la falta de precisión- , que hablaba de que las buenas obras de arte son aquellas que se pueden apreciar desde diferentes niveles. Es decir, que pueden tener múltiples lecturas, dependiendo del nivel o desarrollo del observador u observadora.

Nuevamente por suerte para mí, este es el caso de LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO.

Así que como medida de auto preservación, mi acercamiento al escrito puede ser posible desde la criminología, campo en el que durante los pasados años me muevo con más comodidad. Utilizando entonces la criminología, sobre todo la llamada criminología cultural, como tabla salvavidas, me adentro en el caudal etnográfico del escrito de Hiram para buscar esa relación que, según los y las criminólogas, culturales existe tanto entre la cultura y el crimen, como entre el crimen y la cultura.

Desde esta perspectiva, la novela de Lozada Pérez se revela como una documentación etnográfica de nuestra sociedad, donde el comportamiento criminalizado representa uno de los sectores más fuertes e importantes de la economía.

Al comenzar a leer, las primeras páginas me transportaron décadas atrás cuando la violencia era la cotidianidad en mi vida de fotoperiodista policiaco de provincia. La narrativa de Hiram en esas primeras páginas fue como un viaje a una realidad que, enterrada por antidepresivos, alcohol y cinismo, todavía habita en mi memoria. Según mis ojos navegaban las palabras de Hiram, regresaban a mi realidad los olores, los sonidos, los llantos y los gritos de dolor de las madres y los familiares de cientos de anónimos muertos o arrestados que conforman mi acervo fotográfico.

Así, el leer la brutalmente realista narración del primer capítulo me llevo a reflexionar sobre cómo fui testigo primario de la barbarie producto de una absurda prohibición que por más de cuarenta años nos condena e impone un tributo de sangre que permite a los más poderosos controlar a los más pobres. Más aun, el comienzo de la novela me llevó a confesarme a mí mismo, lo estúpido que fui al legitimar con mis imágenes la absurda guerra contra los negros y pobres, perdón, contra la droga declarada por criminales de lesa humanidad como Richard Nixon y sus secuaces.

De igual forma pero desde la perspectiva más personal, el realismo antropológico de la narrativa de Lozada evocó en mí aquellos miedos vividos al momento de recibir la llamada de un tiroteo o de un arresto. Miedos, por ejemplo, de que el muerto o el arrestado fueran alguien conocido o un familiar.

Definitivamente, la precisión en la narración del incidente que abre la novela y que da paso a la trama, demuestra la maestría y el conocimiento que tiene el autor cuando viene a ese mundo marginal, pero siempre presente en nuestra sociedad.

Igualmente magistral es la forma en que este relato ilustra cómo la desconfianza, la intriga, el no saber nunca cuáles son los verdaderos aliados, de cuáles son las intenciones o quién realmente es ese con el que uno está hablando, son la normalidad en ese mundo donde la suspicacia no solo es la norma, también puede ser lo que te salve la vida.

Como bien se ve en la novela, en ese mundo no hay amigos ni enemigos, buenos ni malos, no hay gente decente o indecente, no hay culpables o inocentes. Es un mundo donde cada cual, perseguidor o perseguido, sobrevive como puede. No importa si llevas placa o pañuelo que te cubra el rostro, es un mundo donde hay veces que estás en un lado de la ley por razones incorrectas y antiéticas, o en contra de los estatutos por razones éticas o correctas.

Lozada nos lo deja claro; es un mundo de grises dónde solo hay intereses.

El verbo de Lozada Pérez surge entonces como uno que nos libera de viejos y trillados discursos criminológicos, donde las subjetividades eran concretas y donde los buenos siempre eran los disciplinados, justos y éticos.

Entrelazada en la entretenida trama, para esos que se atrevan mirar, Hiram levanta la absurda cortina de la modernidad y sus identidades concretas, para permitirnos ver que en muchas ocasiones “los disciplinados, los justos y éticos” no necesariamente son los que cargan la placa y juraron proteger vidas y propiedades.

De esa manera, la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO, que se me antoja calificar de criminología etnográfica o cultural, va dibujando en grises no solo el mundo de “lo criminal”, sino que paulatinamente va produciendo un retrato de la sociedad en que vivimos. Una sociedad donde el crimen y el narcotráfico es un buen negocio tanto para quienes lo trabajan, como para los que lo combaten. Una sociedad dónde también ese ilegalizado narcotráfico termina destruyendo tanto a perseguidos como a perseguidores. En la novela se trasluce claramente cómo la absurda prohibición de unas sustancias, se mantiene porque es de provecho, tanto para los primeros, como para los segundos. Lozada, en ese sentido, deja claro que el ilegalizado narcotráfico es tan solo un negocio, es un buen negocio, donde todos somos víctimas y victimarios.

Así las cosas, la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO de Hiram Lozada Pérez tiene que ser lectura obligada para cualquiera que le interese el tema de la criminalidad, pero sobre todo para nuestros estudiantes de justicia criminal.

De hecho, su amena y fácil lectura atrapa al lector evocando los guiones de las mejores series policiacas. Leer el trabajo de Lozada Pérez es como ver capítulos de la estadounidense serie The Wire o de la serie original Law & Order. Para mí, los mejores ejemplos del género policiaco en la televisión estadounidense.

Voy más lejos, no dudo que las escenas de tiroteos o masacres descritas por Lozada, evoquen entre los más jóvenes la iconografía de los videojuegos o de las películas de los hermanos Wachowski. Por supuesto, para los más maduritos, la novela pudiera ser una narrativa en blanco y negro al estilo de la original serie de Los Intocables

.En fin, que como en otros trabajos de Lozada Pérez, el protagonista encarna el arquetipo del héroe que tiene que bajar a los infiernos para regresar empoderado casi a nivel espiritual y hacer lo que se tenga que hacer. En este caso también, como en los otros trabajos de Lozada, ese héroe está enmarcado en una espiritualidad silvestre que sirve como retrato etnográfico a nuestra religiosidad popular donde las conversaciones con los que ya no están, las premoniciones y los amuletos son tan cotidianos como las catedrales y las cruces cristianas.

Por supuesto, la novela también tiene lo que el profesor Luis Trelles llamó el tributo o regalo al gran público. Es decir, esas escenas que sirven para llamar la atención de los que solo se adentran al nivel más simple de la obra. Tanto las terribles escenas de violencia como la sazonada parte donde el héroe se baña con su protegida, son entretenidas unas y sabrosa la otra.

Termino así recomendándoles la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO del amigo Hiram Lozada Pérez, no solo porque es un excelente retrato de la cotidianidad de lo que llamamos criminalidad y de sus protagonistas. Se las recomiendo pues la pase bien, y disfruté leyéndola. Gracias Hiram, espero la próxima.

 Sobre Los muertos se visten de blanco de Hiram Lozada Pérez

Tema: La presencia espiritista en la novela
Vivien E. Mattei Colón

Resulta un reto el comentar las referencias a conceptos espiritistas dentro de esta corta novela sin revelar datos que puedan afectar el conocimiento del relato, o como decimos en Castilla, spoiler alerts. Así que decidí escribir y leer lo que voy a compartir para evitar entusiasmarme demasiado sobre este tema que me apasiona, al grado de que pueda arruinar las deliciosas sorpresas de la trama.

Los muertos se pasean por esta historia de principio a fin. Pero no es una novela de misterio, sino de suspenso, de trama policiaca. Más allá de los múltiples cadáveres que pasaran por la mesa del forense, los espíritus de algunos de los personajes y de otros que son perceptibles para la protagonista y su familia, son parte de un intercambio tratado con naturalidad por el autor.

La trascendencia del alma a la muerte física y la comunicación con el mundo espiritual, son dos de los fundamentos de la Doctrina Espiritista, iniciada con la publicación de El Libro de los Espíritus en el 1857, una recopilación de preguntas y respuestas acumuladas a través de múltiples sesiones mediúmnicas y codificadas por Allan Kardec, seudónimo del educador francés León Hipólito Denizard Rival.

Según Kardec, el Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal. En Los muertos visten de blanco, el autor Hiram Lozada Pérez aplica como parte fundamental de la trama, la capacidad mediúmnica de una joven mujer, quien a veces ve su facultad como un don y en otras como una maldición. Esta habilidad, heredada de sus ancestros, no es plasmada como es común en historias policiacas, donde el médium es el que va desvelando con sus facultades la trama de quien lo hizo.

Esta facultad es presentada en el personaje como algo que, sin dejar de provocar incredulidad en algunos, es algo natural, hasta cierto punto, normal, que experimenta desde niña y que ha aprendido a vivir con ello, a veces, ayudándole en su ajuste en situaciones conflictivas durante su vida.

En términos generales, la manera de presentar la relación entre las dos dimensiones, encarnados y desencarnados, es bastante afín a la doctrina espírita, a la cual hace referencia en varias ocasiones, refiriéndose al bisabuelo espiritista y sus libros de Kardec.

Por ejemplo, les leo este pasaje retrospectivo del capítulo seis, que titula Las puertas del cielo:

(lectura páginas 42-43)

No puedo identificar a algunos de los personajes que vestirán de blanco en la trama o contarles detalles de cómo interaccionan con los múltiples narradores y protagonistas. Eso lo irá disfrutando el lector con cada pase de página, trayecto que fácilmente se recorre en par de horas. Pero, ¿podemos afirmar que los muertos siempre visten de blanco?

Tanto El Libro de los Espíritus como El Libro de los Mediums, explican que existen tres principales categorías de espíritus según su nivel evolutivo: los impuros, los buenos y los puros. A mayor altura en la escala evolutiva, más sutiles, brillantes, lejanos al mundo material. Usualmente se asocia lo oscuro con lo bajo y lo claro con los de mayor benevolencia, sin embargo, el mundo espiritual es ideoplástico, a sea, que los espíritus, al no tener un cuerpo material que los limite, pueden proyectarse con características diversas que pueden constituir elementos simbólicos en el proceso de comunicación con el mundo terrenal.

La literatura espírita explica que los espíritus pueden percibirse de cualquier color, aunque los tonos o colores podrían estar relacionados con su lugar en la escala evolutiva. Según la capacidad del que los percibe, o sea del médium, la comunicación de los espíritus hacia estos puede transmitirse como si fueran pensamientos, en el caso de los intuitivos, como sonidos o visiones, mediante la psicografía, el trance o a través de movimientos de objetos o aportaciones de carácter semi-material, por mencionar algunas formas de manifestación.

En la trama de la novela, las manifestaciones son principalmente visuales, pero debemos aclarar que el médium, aunque perciba la imagen, ésta no es procesada por el órgano sensorial sino que es recreando en su pensamiento como una percepción telepática, aunque diga que “ve”. En algunos de los episodios de comunicación se manifiestan percepciones extra-sensoriales relacionadas con el oído y hasta el olfato.

O sea, que cuando el autor hace referencia a los muertos “vestidos de blanco”, podemos interpretarlo como la percepción subjetiva que tiene la protagonista, que podría interpretar el color blanco como parte de la codificación del mensaje del desencarnado, implicando que el espíritu es bueno, tiene buenas intenciones, es amigo o simplemente no constituye un riesgo. Como dice en el pasaje que leí anteriormente, se indica que “los espíritus que nos rodean son buenos”, refiriéndose a la casa de su bisabuelo, lo que marca la tradición mediúmnica en la familia de la protagonista.

Solo hay un pasaje en la novela donde se describe una aparición con características temibles, aun cuando su vestido, aunque mugriento, sigue siendo blanco. Una figura familiar con características diabólicas, posiblemente proyectando su angustiosa vida encarnada.

La novela también menciona sueños premonitorios y la capacidad de un recién desencarnado para percibir su propio cuerpo en la escena del crimen, ambos fenómenos descritos en la literatura espírita. Igualmente se refiere a otros aspectos que documenta la doctrina como el que no todos los espíritus pueden establecer a voluntad comunicación con los seres encarnados que dejaron atrás al fallecer, o que la facultad mediúmnica puede correr en familia.

Cuenta de espíritus que quedan varados en su lugar de muerte y de otros que se mudaban con sus familias pudiendo mantener comunicación casi constante, en convivencia familiar por décadas después de su muerte.

Esto último, aunque no deseable desde la perspectiva espírita, que favorece el despegue del mundo material para facilitar la evolución espiritual, es un elemento cultural muy arraigado en nuestra tradición.

(lectura página 78)

La novela también hace referencia a otro de los pilares del Espiritismo, la reencarnación, cuando explica su concepto de la “segunda muerte”, en las páginas 72 y 73, y del olvido necesario para el ajuste a una nueva vida. Igualmente menciona la posibilidad de resolver en el mundo espiritual conflictos que separaron familiares mientras estaban en vida.

En conclusión, la lectura de Los muertos se visten de blanco, nos deja una agradable sensación de que esta convivencia entre encarnados y desencarnados es algo natural, deseable, reconfortante, necesaria para comprender la dimensión de la experiencia humana y de las más fundamentales emociones y valores como el amor, la fidelidad y la honestidad.

Lejos de ver la muerte, aún en circunstancias violentas, como el trágico final de la existencia, reconoce que la vida continúa y que se aprende en todo momento en que hay voluntad y sentimiento, aunque nos vean vestidos de blanco.
# –

Solo la muerte tiene permanencia, en Librería El Candil


Para escuchar la presentación

EL ex juez de Apelativo en Puerto Rico, Hiram Sanchez Martínez, presentó en la Librería El Candil de Ponce la novela del médico Manuel Martínez Maldonado .

La misma usa la huelga del 2010 en la Universidad de Puerto Rico como hilo para reflexionar sobre el rol de las universidades públicas, la Policía y el orden social que vive esta Isla caribeña

Para escuchar la presentación

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: