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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

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Policía de Puerto Rico

Peñuelas USA: Ventana a un futuro fascistoide


Por Gary Gutiérrez / Fotos tomadas de Voces de Sur

“Sí. Definitivamente”

Así contestó el oficial policiaco Carlos Miranda Soto cuando la periodista Michelle Estrada Torres le preguntó si el Estado tiene la autoridad para decidir dónde protestan los ciudadanos.

Además de la ignorancia que la respuesta denota, las expresiones del policía que nunca se leyó a Fusté apuntan a una mentalidad fascistoide, terminó que en ingles se define como crypto-fascist.

Estos términos definen a personas cuyo pensamiento encarna las doctrinas del totalitarismo fascista sin necesariamente ser fascistas o entender los que es el fascismo.

Según definición.de, “[e]l fascismo se basa en un Estado todopoderoso que dice encarnar el espíritu del pueblo. La población no debe, por lo tanto, buscar nada fuera del Estado, que está en manos de un partido único. El Estado fascista ejerce su autoridad a través de la violencia, la represión y la propaganda (incluyendo la manipulación del sistema educativo).”

Aun cuando regularmente se vincula al fascismo a una economía dirigida por un estado que controla o nacionaliza los medios de producción, algunos pensadores como Gaetano Salvemini apuntan a que en el fascismo los contribuyentes terminan pagando por los errores de la empresa privada. Entiéndase, la socialización de los costos y la privatización de la ganancia.

Si se toma lo anterior como premisa válida, podemos ver como lo que está ocurriendo en Peñuelas se revela como una especie de ventana al futuro que aspira la clase política del país.

No es solo un futuro dónde, con la bendición de la clase política que se divide en dos partidos con más o menos la misma visión de mundo, el aparato económico se consolide desde el Estado para el beneficio en unas pocas manos. Fueron estos los que a nombre del pueblo tomaron prestados el dinero que se distribuyó entre el capital privado y que ahora pretenden que todos y todas paguemos.

Ese futuro incluye que la violencia del Estado, encarnado en la Policía, se levante como regente único del espacio público y el quehacer social. Sirviendo así de muro de protección para la empresa privada y el servil estamento político.

Claro uno pudiera decir, ese no es el futuro, es el presente.

Sin embargo, los héroes y heroínas de Peñuelas demuestran que ese futuro todavía no se consolida.

Peñuelas, como la Universidad, demuestra que todavía hay sectores que no están dispuesto a entregarse y seguir ciegamente las órdenes que, socolor de la autoridad del Estado, quieren imponer por la violencia fascistoides como Miranda Soto.

Es de esa forma que Peñuelas desenmascara la burocrática clase política del país, dejando claro que, si van a ser facistoide, tendrán que hacerlo abiertamente y enfrentar el juicio de la historia.

Salud y resistencia

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[Análisis WRTU] Protestas y lucha estudiantil impulsa represión contra ciudadanos.


La lucha de los estudiantes por los recortes monumentales a la Universidad de Puerto Rico se ha convertido en el inicio de una serie de protestas, que ahora incluyen a toda la comunidad universitaria. Y con las manifestaciones, también se ve el aumento en la represión por parte de las Autoridades de Ley y Orden. En este caso, la Policía de Puerto Rico y su unidad de Operaciones Tácticas se ha destacado por el uso excesivo de fuerza y su manejo indiscriminado. Al menos esa es la impresión que se da en los medios de comunicación y es la información que llega para las personas que no están presentes en las manifestaciones. Ante esta situación cabe preguntarse, ¿el Estado tiene la autoridad legítima para establecer dónde y cuándo protestar? ¿Imponer esas medidas convierte al Gobierno en dictador? ¿Logrará amedrentar a los detractores la imposición de este plan represivo? El profesor de Justicia Criminal, Gary Gutiérrez, contesta esta y otras preguntas para Hoy en las Noticias.

Para escuchar

Militar o tecnócrata, pero agente de paz “no”.


Militar o tecnócrata, pero agente de paz no.

Por Gary Gutiérrez

Reaccionando al nombramiento de la coronela del ejército estadounidense Michelle Hernández Fraley a la dirección de la Policía de Puerto Rico, esbocé en un escrito titulado “¿Militar o agente de paz?”  la disyuntiva en que, según mi visión al momento,  se encontraba la nueva superintendente.

Bajo la dirección de Hernández Fraley la Uniformada pudiera seguir siendo un cuerpo de “ley y orden”. Es decir de “disciplinados regentes que [al servicio de los poderosos y del capital] se crean con la autoridad para decidir cómo el pueblo puede o no expresarse, o dónde se pueda o no ejercer el derecho “de reunión pacífica” para “solicitar una compensación por agravios gubernamentales.”

O por el contrario, pudiera ser un cuerpo donde, siendo parte del pueblo y representando sus intereses, “en vez de verse como agentes de “ley y orden”, [los uniformados] se definan como “agentes de paz social”, respetuosos del derecho a disentir y manteniendo la paz entre los sectores en conflictos.”

Dos semanas tras la publicación de mi escrito, y durante una conversación en el programa Fuego Cruzado, la militar de carrera y ahora superintendente dejó claro que apuesta a lo primero.

Ante la pregunta del panel radial, Hernández Fraley dejó claro que para ella los problemas de la uniformada no son de carácter estructural o sistémico, sino falta de una cultura de disciplina donde “las acciones tengan consecuencias”.

Es decir que para Hernández Fraley, como para los pasados superintendentes, los abusos policiacos, el híper machismo, el racismo, la xenofobia y homofobia no son las características que definen la cultura del cuerpo. Son solo ejemplos aislados producto de “manzanas podridas” a ser identificadas y neutralizadas.

Así, la nueva titular de la uniformada, parece dejar claro cuál será su política pública durante los próximos cuatro años.

Periodo en el que, partiendo de la visión que la Metrópolis impone con su autoritaria Junta para el pago de la deuda, debe ser uno de confrontaciones y aumento tanto en la violencia política, protestas y manifestaciones de los sectores más vulnerables a quiénes se le impone el costo de la crisis, como en la violencia social derivada de las presiones económicas resultantes del proceso.

Así las cosas, la pregunta tiene que ser: ¿disciplina para qué, o disciplina ante quién?

Como si sus expresiones no fueran suficientemente elocuente, el Periódico La Perla del Sur reportó el 28 de diciembre 2016 que la novel administradora de la Policía visitó a Peñuelas para reunirse con las corporaciones que insisten en violar la ley municipal depositando cenizas en esa jurisdicción.

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Foto tomada del Periódico La Perla del Sur

Al salir de la reunión, y dejando claro al servicio de quién estará la uniformada que ella va a dirigir, negó reunirse con la comunidad mientras el vehículo en el que viajaba prácticamente arroyó los manifestantes que le rogaban unos minutos para explicar su postura en la controversia.

Por sus acciones les conocerás se dice que dijo aquel rabino que gran parte de la humanidad llama Dios, y para muestra con un botón basta.

Mirando desde afuera uno puede equivocarse, pero si tiene cuatro patas, rabo y ladra, uno debe preguntarse si es perro…

Tras su acciones, y sin ni siquiera haber tomado posesión del cargo, parece que Michelle Hernández Fraley es solo una tecnócrata que viene a dejar claro al servicio de quién estará la Policía bajo su dirección…

Ya el tiempo dirá… espero equivocarme.

 

 

Citado por WRTU en Abusiva la Policía de Puerto Rico, según experto….afirma no existe verdadera reforma en la Uniformada


img_7977“La pasada semana el gobernador Alejandro García Padilla defendía las bondades de la reforma policial y afirmaba que la ciudadanía confía hoy más en la Uniformada que hace unos años. Simultáneamente, se radicaba un pleito federal por violaciones a los derechos civiles en contra de la Policía de Puerto Rico, y en Estados Unidos el departamento de Justicia señalaba a la Policía de Baltimore como un cuerpo discriminatorio y abusivo. Para el criminólogo y profesor de Justicia Criminal Gary Gutiérrez, ninguno de estos eventos son independientes, ya que responden a una misma realidad: un esquema de militarización del orden público, orquestado a nivel federal y que culmina, en demasiadas ocasiones, con violaciones a los derechos humanos. Informa Javier Villa.”

Para escuchar

 

Ilusorio el universo de “la reforma policial”


Por Gary Gutiérrez

Los imprecisos comentarios de Alejandro García Padilla sobre la “reforma policial” ante la Corte estadounidense en San Juan, demuestra que no tiene idea, o que es cómplice de la falta de propósito de enmienda en la Policía de Puerto Rico.

Es insultantemente simplista decir, como la prensa le atribuye al gobernador haber dicho ante las preguntas de la Corte, que el mayor logro del “simulado” proceso de reforma en la Policía es que las personas han comenzado a confiar nuevamente en la Policía.

¿Qué base tienen estas expresiones? ¿Quiénes constituye ese grupo que el administrador colonial “empaqueta” en el genérico término de “las personas”?

Porque basado en mi experiencia en clase, los jóvenes universitarios no parecen ser “las personas”. Semestre tras semestres mis estudiantes discuten cómo para las comunidades marginadas donde viven la mayoría, la Policía es una fuerza foránea que, armada y en actitud militar ocupa el espacio público como si fueran regentes plenipotenciarios.

Al parecer “las personas” a las que el gobernador se refiere tampoco incluyen los ciudadanos que en Peñuelas defiende el derecho a la salud y a determinar qué se hace en sus comunidades. En las pasadas semanas la prensa reseñó como la Policía, en claro menosprecio de la vida de quienes protestan,  sirvió de alcahuete abriendo paso  y escoltando los camiones que, en violación de la ley municipal de Peñuelas, depositan cenizas venenosas en un vertedero de ese municipio.

Por lo visto, los que compones los sectores más pobres de comunidades,  como la  LGBTT o  la Dominicana tampoco componen el indefinido término “las personas”.

Lo más terrible es que, mientras el Gobernador expresa su desenfocada y desafortunada visón ante la Corte estadounidense, omite el verdadero problema que enfrenta el País con su Policía, la prepotencia.

La percepción que tienen los uniformados de que el policía es un regente plenipotenciario del espacio público. La visión de que los ciudadanos y ciudadanas tenemos que responder y dar explicaciones sin cuestionar la autoridad del uniformado. El que el efectivo policíaco tiene derecho ante la ciudadanía, cuando como representante del Estado, lo que tiene es una autoridad limitada por la legitimidad de sus acciones. Que la agencia y el Estado se sientan que no tienen que rendir cuentas claras y rápidas por las acciones de sus cuerpos represivos.

Las premisas anteriores son solo ejemplos de las cosas que verdaderamente se tienen que examinar en la Policía de Puerto Rico.  Pero si ni siquiera están dispuesto a discutir abiertamente ante el pueblo su mal llamado proceso de reforma, qué se puede esperar.

Para que se de un verdadero proceso de “reforma policial”, la agencia  primero tiene que  reconocer las faltas o errores, tener que tener arrepentimiento, aceptar la responsabilidad de eso actos, y finalmente asumir un verdadero propósito de no volver a comerlos.

Hasta ahora, de la Policía solo hemos visto, excusas y justificaciones, simulación burocrática, secretos e intento de controlar el proceso y la información.

Así no puede haber redención…..

Conversaciones sobre la Policía en Puerto Rico


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El rol de la Policía en Puerto Rico, así como el proceso de supuesta reforma de esa agencia de represión social son temas tratados por Gary Gutiérrez, José Raúl Cepeda y Norma Colón Daleccio en estas dos ediciones de La Gente Está Hablando, programa transmitido por WPAB-550 Am de Ponce Puerto Rico:

Para acceder al primer programa

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Para acceder al segundo programa

03/23/00 FOTO GARY GUTIERREZ OPERATIVO1:COMO PARTE DEL OPERATIVO REALIZADO POR LA POLICICA DEL AREA DE GUAYAMA, AGENTES DE SATURACION LLEVARON ALLANAMIENTOS EN VARIOS RECIDENCIALES ENTRE LOS QUE SE ENCUENTRABA BRISAS DEL MAR EN SALINAS. ALLI DETUVIERON DOS MUJERES NO IDENTIFICADAS A QUIEN ALEGADAMENTE LE OCUPARON 40 SOBRES DE COCAINA

Para leer el Palíque de Nemecio Canales titulado Policía y Macanas de 1913

La fiebre no está en la sábana… ni en la Superintendencia


Por Gary Gutiérrez

A primera vista, la llegada a la superintendencia de la Policía de Puerto Rico de José Caldero López aparenta ser el comienzo de una nueva etapa para la agencia que se supone tenga a cargo mantener la ley y el orden social en la Isla.

Su nombramiento parece dar al traste con décapr127das de jefes policiacos ligados directamente o provenientes del aparato represivo federal.

Hay que recordar que desde la década del 1990, todos los superintendentes policiacos en Puerto Rico fueron agentes retirados del Negociado Federal de Investigaciones, o fiscales federales.

De igual forma la  llegada de Caldero López a la dirección de la Policía aparenta ser un regreso a los tiempos cuando los jefes salían de la propia uniformada. Fenómeno que no se daba en Puerto Rico, desde el funesto “Caso del Cerro Maravilla”.

No obstante este nombramiento aparenta ser bien acogido tanto por los políticos, como por el pueblo y los efectivos policiales,  pues al parecer Caldero López encarnan los dos idearios que para muchos definen lo que debe ser un jefe de Policía.

Por un lado para los más conservadores y probablemente mayores, la llegada de Caldero López al máximo puesto de la Policía recuerda el nombramiento de Astor Calero, primer policía que llega a ese puesto luego del Estado Libre Asociado.

Un hombre conservador, defensor del sistema y de los uniformados, pero claramente comprometido con el aparato político y económico que lo nombró.

Por otro lado, José Caldero López también parece encarnar el referente de lo que es “un buen” superintendente para las nuevas generaciones, es decir Pedro Toledo Dávila. Un jefe de la policía que, en medio de operativos policiacos, era recibido como “superstar” por residentes de los residenciales públicos del País.

Un individuo, hábil en las relaciones humanas y públicas que, sin importar la realidad,  se proyectaba como un funcionario conciliador, dispuesto al diálogo y comprometido con los más nobles ideales que se supone se encarnan en el aparato federal de donde venía. Es decir, por lo menos en la apariencia,  con la equidad y el debido proceso de ley.

Por supuesto, en el caso de Caldero López, se le suma como parte de su imagen mercadeable toda la conservadora  iconografía  cristiana y moralista que acompaña su retórica en contra de la legalización de las drogas y la diversidad social.

De esta manera es fácil ver como el nombramiento de José Caldero López, salvo por algunos sectores disidentes en el País, fue recibido sin mayor oposición.

Contra Él solo se levantan las preocupaciones en torno a su lealtad política al Partido Popular Democrático y el manejo de algunos sectores disidentes políticamente hablando.

pr125Dejando claro lo anterior, al analizar teórica e históricamente este nombramiento, surgen preocupaciones más profundas.

Sobre todo si las mismas se miran partiendo de que durante los pasados años, la Policía de Puerto Rico está bajo la lupa acusatoria de grupos como la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en inglés) y la del propio Departamento de Justicia Federal.

Cuando las imputaciones que esos organismos le hacen a la Uniformada del País, se miran desde una perspectiva más crítica e histórica, las mismas se revelan como el resultado, no de las políticas públicas del gobierno colonial local, sino de las estructuras represivas del propio gobierno federal estadounidense.

Al mirar la historia reciente de los departamentos de policías locales en Estados Unidos es fácil entender que el proceso de politización, federalización, militarización y el aumento de  violaciones a los derechos civiles de grupos marginados, lejos de ser la desviación, son la política pública del gobierno federal y por ende la de la administración colonial local.

Es decir que, cuando viene a militarización y abusos policíacos,  en la Policía de Puerto Rico solo se sigue el patrón impuesto por la metrópolis.

Un patrón que en el caso de la politización, que en este caso se refiere a la imposición de idearios políticos de control social y  no a la pelea pequeña entre partidos locales, el proceso está claro y no es de ahora.

Los cuerpos policíacos surgen en Estados Unidos a mediados del siglo diecinueve como organismo de control tanto para el sector proletario blanco como para el compuesto por negros libertos, quienes  siguiendo las ideas marxistas y anarquistas de la época, buscaban organizarse para lograr un proyecto político que le permitiera hacer frente al orden social y político creado por el capital.

Casi dos siglos más tardes, esta visión política no solo sigue imperando en el  aparato represivo estatal estadounidense, sino que luego de la década del 1980 se afianza cuando los neo-conservadores toman el poder en Estados Unidos con Ronald Reagan.

De esta manera la presidencia de este actor de segunda categoría primero, y luego la de William Jefferson “Bill” Clinton, comienzan mediante fondos y programas federales a militarizar y federalizar de facto las policías locales.

Esto para lograr proyectarse frente a los ciudadanos que se entienden como gente de bien, en su mayoría votantes activos, que ellos como  políticos están allí para defenderles. Claro, como demostró la respuesta represiva al movimiento “ocupa”, a quienes el aparato represivo realmente defiende es al gran capital.

pr124El resultado es que desde hace varias décadas, las uniformadas locales tienen cada día menos independencia de acción y están más militarizadas. Nuevamente no para proteger al pueblo, sino para proteger el orden social necesario para que el capitalismo financiero siga ganando dinero.

Es dentro de este ambiente, que en Puerto Rico tuvo su manifestación más burda con el gobierno de Luis Fortuño pero que se mantiene hoy día vigente aunque de forma más sutil, desde el cual el nombramiento de José Caldero López, quién se formó como policía bajo este proceso,  se revela como totalmente inconsecuente.

Sobre todo si se toman como cierto los rumores de  que esta designación es una pantalla mediática representada por un funcionario que encarna a los referentes de un buen superintendente, pues la política pública en torno a la “seguridad”, entiéndase control social, se seguirá estableciendo y ejecutando  desde la Fortaleza.  No solo para el beneficio de ellos como políticos, sino para mantener el espacio seguro al capital que nos controla mediante la impagable deuda nacional.

Ya la historia dirá si este comentario es cierto o no, pero si madura como pinta, el tiempo dejará claro que la fiebre, entiéndase la  corrupción policíaca, los abusos de poder, la persecución del disenso y las minorías,  así como el pobre manejo de la violencia social en la Isla, no está en la superintendencia.

En realidad esa fiebre es la verdadera naturaleza del sistema.

Publicado en Claridad: Mamita llegó el Súper, llego el Súper de los niuyores


Mamita llegó el Súper, llego el Súper de los niuyores…

Por Gary Gutiérrez
Publicado: martes, 12 de noviembre de 2013

El nombramiento de James Tuller Cintrón como nuevo Superintendente de la Policía, anunciado en Nueva York por el excantante Willie Colón y ratificado en Fortaleza por el administrador colonial Alejandro García Padilla, acaparó la discusión pública en Puerto Rico la pasada semana.

Según publica la prensa, Tuller Cintrón es un hijo de la diáspora que, nacido en la Gran Manzana, pasó sus años de escuela en Bayamón para luego regresar a la Babel de Hierro. Allí se integró al Departamento de la Policía de Nueva York en el 1973 y desde entonces trabajó en el área de vigilancia de los complejos de vivienda pública primero y luego en el Buró de Transportación de esa agencia.

Mirando el resumé de Tuller Cintrón se destaca como éste fue subiendo y alcanzando logros profesionales durante la década del 1980, periodo histórico en que la derecha estadounidense utilizó la Policía de Nueva York para implementar sendas teorías de control social desarrolladas por el conservador Manhattan Institute, conocidas como las teorías de “Ventanas Rotas” y “Tolerancia Cero”.

Disfrazado como “plan anticrimen”, estas visiones parten de la premisa que persiguiendo intensamente la desviación menor y callejera como el graffiti, la solicitud de limosnas, la deambulancia, entre otras, se evita que las comunidades caigan en el proceso de deterioro que termina encubando criminales.

Ante este historial laboral del nuevo Superintendente de la Policía, surge la principal preocupación en torno a su nombramiento, sobre todo después de que adelantara a la prensa que, partiendo de “su experiencia” y de lo que “ha hecho en Nueva York”, viene a la Isla para implementar las trilladas y fracasadas teorías de “Ventanas Rotas” y “Tolerancia Cero” a reducir el crimen.

Por supuesto, ésta no es la única pregunta o preocupación en torno al nombramiento de Tuller Cintrón a la Superintendencia de la Policía.

Todavía no se sabe cómo es que el administrador colonial llegó a conocer a Tuller Cintrón. No está claro quién se lo presentó o quién lo recomendó. Tampoco está claro si viene a implementar una nueva política pública o si viene, como dijo García Padilla cuando lo presentó, “a dar continuidad a la labor que se viene realizando”.

Peor aún, no se tiene claro el porqué se trae a este oficial, cuando la Isla cuenta con decenas de oficiales de carrera que cuentan con igual hoja de servicio y preparación.

A estas preguntas hay que sumar la preocupación de la comunidad ciclista con la llegada a dirigir la Policía de quien hasta ahora fue el principal ejecutivo del Buró de Transportación de la Policía Neoyorquina, división con un terrible récord cuando viene al trato a los ciclistas, sobre todo a sus sectores más activistas.

Esta forma de tratar a los ciclistas, quienes en la sociedad del carro constituyen “el otro”, nos lleva a mirar críticamente al proceso de formación e historial del flamante jefe policíaco.

Precisamente, la principal crítica que se les hace a las teorías de “Ventanas Rotas” y “Tolerancia Cero”, es que son expresiones de una política de control y represión de todo aquel que, desde la visión de mundo de la clase media consumidora estadounidense, se construya como “el otro”.

Gigantes teóricos como Löis Wacquant y Yock Joungs, catalogan la teoría de las “ventanas rotas” como inválida empíricamente hablando, mientras explican que para lo que sí sirven estas teorías, es para generar confianza en la clase media, que regularmente es conservadora, desconfiar de los pobres y marginados, además de tener altos niveles de participación electoral.

Para Wacquant, el resultado de la implementación de estos planes de “Ventanas Rotas” y de “Tolerancia Cero”, y por tanto, del discurso que parece traer Tuller Cintrón, es que la definición de “desordenados” o “de enemigo del orden”, se les aplica a los sectores sub-proletarios que estropean, afean o molestan el espacio social y físico del consumo. Es decir, “al otro” que no es clase media.

Específicamente, en torno al plan de “Tolerancia Cero”, Wacquant expone que el mismo tiene tres componentes básicos.
Primero, un incremento en el número de las fuerzas represivas del estado como la Policía y la Fiscalía, así como en los recursos fiscales que se les asignan a esas dependencias. Dinero que en última instancia termina en los bolsillos de lo que Ángela Davis, Noam Chomsky y Cornel West llaman el aparato industrial correccional.

Segundo, la reestructuración del aparato policíaco, imponiendo la responsabilidad a nivel local o de áreas policíacas. Tercero, el desarrollo de una red de inteligencia computarizada, es decir de estadísticas que permita cuantificar la efectividad y que dé acceso rápido a la “inteligencia” recaudada en el proceso.

De primera intención y partiendo de una mirada acrítica, se pudiera decir que “Tolerancia Cero” y “Ventanas Rotas”, son una buena estrategia para la isla. Después de todo, las mismas funcionaron en la ciudad de Nueva York.

Sin embargo, tanto el propio Wacquant, así como el británico Jock Young, apuntan a un análisis diferente.
Ambos sociólogos de la desviación llaman la atención a que si bien es cierto que bajo la política de “Tolerancia Cero” y de “Ventanas Rotas”, se registró disminuciones en los índices de la criminalidad en Nueva York, no es menos cierto que ciudades como San Diego, donde se enfatizó en el patrullaje comunitario y la no criminalización de la pobreza en la calle, experimentaron las mismas bajas en incidencia delictiva a un costo mucho menor y sin las consecuencias que pudiéramos llamar “no intencionadas”, que se ven en la implementación de cualquier política de “mano dura”.

Como si las preocupaciones esbozadas por Wacquant y Joung no fueran suficientes para desconfiar de estos planes, basta con mirar la historia reciente para darse cuenta de que la fallida política pública sobre la criminalidad en Puerto Rico lleva más de veinte años basada en las mismas teorías.

La Mano Dura Contra el Crimen, Castigo Seguro, Golpe al Punto, La Isla de Ley y Orden y hasta los Códigos de Orden Público, todas fracasadas políticas para el manejo de la criminalidad en el País, son solo expresiones criollizadas de las estrategias que trae nuevamente Tuller Cintrón.

Como en Estados Unidos, el único logro que realmente se puede relacionar con estas estrategias es el aumento desproporcionado de las minorías en la población penal.

Partiendo de que las políticas de “Ventanas Rotas” y “Tolerancia Cero” están desacreditadas y del fracaso que las mismas ya demostraron en la Isla, a primera vista se pudiera concluir que la llegada de James Tuller Cintrón para implementar las mismas, no hace mucho sentido.

Sin embargo, un vistazo más crítico, demuestra todo lo contrario.

Al mirar la carta de presentación de Tuller Cintrón y su intención de nuevamente implementar en Puerto Rico las teorías de las “Ventanas Rotas” y “Tolerancia Cero”, es fácil inferir que el mismo no viene a manejar el crimen.

Lo que viene es a usar la Policía de Puerto Rico para levantar la imagen que del administrador de turno Alejandro García Padilla tienen los sectores que en la Isla se ven a sí mismos como clase media, que en Puerto Rico está compuesta de trabajadores pobres en su mayoría y que es la que decide el proceso electoral local.

Copiado de los presidentes, gobernadores y alcaldes en Estados Unidos, los admiradores locales llevan décadas usando la criminalidad y el miedo que ésta le provoca a la llamada clase media para aumentar su respaldo electoral.
A este proceso, el sociólogo estadounidense Jonathan Simon le llama “gobernancia mediante el crimen”.

Por un lado, ese sector social que se define a sí mismo como clase media, aunque en Puerto Rico es clase trabajadora pobre que se identifica y aspira a ser parte de las minorías dominantes, se rehúsa a ver la excluyente estructura capitalista neoliberal como la generadora de sus penurias y pérdida de poder económico.

Para ellos es más fácil construir a los sub-proletarios, que no pagan impuestos, viven de las ayudas que costean la gente decente y que además son unos viciosos peligrosos, desordenados y faltos de valores, como la causa de sus problemas.

Ante esta realidad, explica Simon, que las estrategias para controlar esos sectores sub-proletarios mediante campañas de arrestos, imponiendo largas condenas carcelarias, ocupando sus comunidades o restringiendo su acceso a los sectores donde vive la gente decente, se convierte en el discurso de los políticos que quiere ganarse el favor de esos que se ven como “clase media”.

Sector que registra altos niveles de participación electoral y que, como se mencionó antes, regularmente es conservador, desconfía de los pobres y marginados y para quienes los discursos punitivos como el de “Ventanas Rotas” y “Tolerancia Cero” tienen mucho sentido.

Partiendo de lo anterior, es lógico preguntarse si la llegada de James Tuller Cintrón como nuevo Superintendente no es otra cosa que una estrategia de comunicación social para levantar la maltrecha imagen de Alejandro García Padilla, a costo de los derechos civiles y las libertades sociales de los sectores más pobres y marginados.

Al fin y al cabo, para eso fue que estas teorías realmente le sirvieron al exfiscal convertido en alcalde de Nueva York, Rudolf Giuliani. Es decir, para ganar elecciones.

Mientras tanto, nuestros jóvenes seguirán pagando en la calle el tributo de sangre, resultado no intencionado del manejo partidista electoral de problemas que son estructurales.

* El autor es profesor universitario de Justicia Criminal y observador social.

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