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El Blog de Gary Gutiérrez

Abusador de cafeína, asador de patio, comidista y cronista del bajo mundo culinario, iconoclasta aspirante a ácrata, apóstata, y comantenedor de @tempranopr

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Novela Los Muertos Se Visten de Blanco -comentaro-


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Hiram Lozada Pérez

Novela: Los Muertos Se Visten de Blanco

Autor: Hiram Lozada Pérez

Editores: Isla Negra

Comentarios presentados el 31 de marzo del 2016 en la Librería El Candil de Ponce por Gary Gutiérrez y Vivien Mattei

Realista y visual, Los Muertos se Visten de Blanco 

Comentario por Gary Gutiérrez

“La vida te da sorpresas”.

La canción de aquel juglar que aspiró a la presidencia de Panamá probablemente es la forma más elocuente de expresar mi asombro ante la petición del abogado Hiram Lozada Pérez. El amigo Hiram me solicitó mediante Orlando Planchart que le comente una novela.

¿Disertar yo sobre una novela, cuando mi principal deficiencia académica es la literatura?

Como he dicho en otras ocasiones, desde mi escuela intermedia tanto el currículo de español como los curas Escolapios se encargaron de castrar en mí la capacidad para apreciar ese arte de organizar palabras y narrar historias.

No obstante, honrando la amistad con Hiram Lozada Pérez, pero a la vez horrorizado por la encomienda, no me queda más remedio que enfrentarme a mis más profundos miedos y tratar de hacer lo mejor posible.

Es de esta manera que termino de frente al objeto de mi terror: la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO, como dije de Hiram Lozada Pérez.

Para mi suerte, y probablemente la razón por la que Hiram me solicita el comentario, se trata de una novela policiaca de esas que llaman “novela negra”.

Los MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO, publicación que vio la luz en el 2015 bajo el sello de Isla Negra Editores, es una hermosa publicación engalanada con una maravillosa fotografía de portada. Aunque de fácil y entretenida lectura, la narración no deja de ser un realista retrato del mundo policiaco y, por ende gansteril, que coexiste en muchas de las comunidades de este Puerto Rico secuestrado por el narcotráfico.

Hace unas décadas escuché, no recuerdo si fue a Eduardo Galeano o al recientemente fallecido Umberto Eco –mis excusas por la falta de precisión- , que hablaba de que las buenas obras de arte son aquellas que se pueden apreciar desde diferentes niveles. Es decir, que pueden tener múltiples lecturas, dependiendo del nivel o desarrollo del observador u observadora.

Nuevamente por suerte para mí, este es el caso de LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO.

Así que como medida de auto preservación, mi acercamiento al escrito puede ser posible desde la criminología, campo en el que durante los pasados años me muevo con más comodidad. Utilizando entonces la criminología, sobre todo la llamada criminología cultural, como tabla salvavidas, me adentro en el caudal etnográfico del escrito de Hiram para buscar esa relación que, según los y las criminólogas, culturales existe tanto entre la cultura y el crimen, como entre el crimen y la cultura.

Desde esta perspectiva, la novela de Lozada Pérez se revela como una documentación etnográfica de nuestra sociedad, donde el comportamiento criminalizado representa uno de los sectores más fuertes e importantes de la economía.

Al comenzar a leer, las primeras páginas me transportaron décadas atrás cuando la violencia era la cotidianidad en mi vida de fotoperiodista policiaco de provincia. La narrativa de Hiram en esas primeras páginas fue como un viaje a una realidad que, enterrada por antidepresivos, alcohol y cinismo, todavía habita en mi memoria. Según mis ojos navegaban las palabras de Hiram, regresaban a mi realidad los olores, los sonidos, los llantos y los gritos de dolor de las madres y los familiares de cientos de anónimos muertos o arrestados que conforman mi acervo fotográfico.

Así, el leer la brutalmente realista narración del primer capítulo me llevo a reflexionar sobre cómo fui testigo primario de la barbarie producto de una absurda prohibición que por más de cuarenta años nos condena e impone un tributo de sangre que permite a los más poderosos controlar a los más pobres. Más aun, el comienzo de la novela me llevó a confesarme a mí mismo, lo estúpido que fui al legitimar con mis imágenes la absurda guerra contra los negros y pobres, perdón, contra la droga declarada por criminales de lesa humanidad como Richard Nixon y sus secuaces.

De igual forma pero desde la perspectiva más personal, el realismo antropológico de la narrativa de Lozada evocó en mí aquellos miedos vividos al momento de recibir la llamada de un tiroteo o de un arresto. Miedos, por ejemplo, de que el muerto o el arrestado fueran alguien conocido o un familiar.

Definitivamente, la precisión en la narración del incidente que abre la novela y que da paso a la trama, demuestra la maestría y el conocimiento que tiene el autor cuando viene a ese mundo marginal, pero siempre presente en nuestra sociedad.

Igualmente magistral es la forma en que este relato ilustra cómo la desconfianza, la intriga, el no saber nunca cuáles son los verdaderos aliados, de cuáles son las intenciones o quién realmente es ese con el que uno está hablando, son la normalidad en ese mundo donde la suspicacia no solo es la norma, también puede ser lo que te salve la vida.

Como bien se ve en la novela, en ese mundo no hay amigos ni enemigos, buenos ni malos, no hay gente decente o indecente, no hay culpables o inocentes. Es un mundo donde cada cual, perseguidor o perseguido, sobrevive como puede. No importa si llevas placa o pañuelo que te cubra el rostro, es un mundo donde hay veces que estás en un lado de la ley por razones incorrectas y antiéticas, o en contra de los estatutos por razones éticas o correctas.

Lozada nos lo deja claro; es un mundo de grises dónde solo hay intereses.

El verbo de Lozada Pérez surge entonces como uno que nos libera de viejos y trillados discursos criminológicos, donde las subjetividades eran concretas y donde los buenos siempre eran los disciplinados, justos y éticos.

Entrelazada en la entretenida trama, para esos que se atrevan mirar, Hiram levanta la absurda cortina de la modernidad y sus identidades concretas, para permitirnos ver que en muchas ocasiones “los disciplinados, los justos y éticos” no necesariamente son los que cargan la placa y juraron proteger vidas y propiedades.

De esa manera, la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO, que se me antoja calificar de criminología etnográfica o cultural, va dibujando en grises no solo el mundo de “lo criminal”, sino que paulatinamente va produciendo un retrato de la sociedad en que vivimos. Una sociedad donde el crimen y el narcotráfico es un buen negocio tanto para quienes lo trabajan, como para los que lo combaten. Una sociedad dónde también ese ilegalizado narcotráfico termina destruyendo tanto a perseguidos como a perseguidores. En la novela se trasluce claramente cómo la absurda prohibición de unas sustancias, se mantiene porque es de provecho, tanto para los primeros, como para los segundos. Lozada, en ese sentido, deja claro que el ilegalizado narcotráfico es tan solo un negocio, es un buen negocio, donde todos somos víctimas y victimarios.

Así las cosas, la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO de Hiram Lozada Pérez tiene que ser lectura obligada para cualquiera que le interese el tema de la criminalidad, pero sobre todo para nuestros estudiantes de justicia criminal.

De hecho, su amena y fácil lectura atrapa al lector evocando los guiones de las mejores series policiacas. Leer el trabajo de Lozada Pérez es como ver capítulos de la estadounidense serie The Wire o de la serie original Law & Order. Para mí, los mejores ejemplos del género policiaco en la televisión estadounidense.

Voy más lejos, no dudo que las escenas de tiroteos o masacres descritas por Lozada, evoquen entre los más jóvenes la iconografía de los videojuegos o de las películas de los hermanos Wachowski. Por supuesto, para los más maduritos, la novela pudiera ser una narrativa en blanco y negro al estilo de la original serie de Los Intocables

.En fin, que como en otros trabajos de Lozada Pérez, el protagonista encarna el arquetipo del héroe que tiene que bajar a los infiernos para regresar empoderado casi a nivel espiritual y hacer lo que se tenga que hacer. En este caso también, como en los otros trabajos de Lozada, ese héroe está enmarcado en una espiritualidad silvestre que sirve como retrato etnográfico a nuestra religiosidad popular donde las conversaciones con los que ya no están, las premoniciones y los amuletos son tan cotidianos como las catedrales y las cruces cristianas.

Por supuesto, la novela también tiene lo que el profesor Luis Trelles llamó el tributo o regalo al gran público. Es decir, esas escenas que sirven para llamar la atención de los que solo se adentran al nivel más simple de la obra. Tanto las terribles escenas de violencia como la sazonada parte donde el héroe se baña con su protegida, son entretenidas unas y sabrosa la otra.

Termino así recomendándoles la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO del amigo Hiram Lozada Pérez, no solo porque es un excelente retrato de la cotidianidad de lo que llamamos criminalidad y de sus protagonistas. Se las recomiendo pues la pase bien, y disfruté leyéndola. Gracias Hiram, espero la próxima.

 Sobre Los muertos se visten de blanco de Hiram Lozada Pérez

Tema: La presencia espiritista en la novela
Vivien E. Mattei Colón

Resulta un reto el comentar las referencias a conceptos espiritistas dentro de esta corta novela sin revelar datos que puedan afectar el conocimiento del relato, o como decimos en Castilla, spoiler alerts. Así que decidí escribir y leer lo que voy a compartir para evitar entusiasmarme demasiado sobre este tema que me apasiona, al grado de que pueda arruinar las deliciosas sorpresas de la trama.

Los muertos se pasean por esta historia de principio a fin. Pero no es una novela de misterio, sino de suspenso, de trama policiaca. Más allá de los múltiples cadáveres que pasaran por la mesa del forense, los espíritus de algunos de los personajes y de otros que son perceptibles para la protagonista y su familia, son parte de un intercambio tratado con naturalidad por el autor.

La trascendencia del alma a la muerte física y la comunicación con el mundo espiritual, son dos de los fundamentos de la Doctrina Espiritista, iniciada con la publicación de El Libro de los Espíritus en el 1857, una recopilación de preguntas y respuestas acumuladas a través de múltiples sesiones mediúmnicas y codificadas por Allan Kardec, seudónimo del educador francés León Hipólito Denizard Rival.

Según Kardec, el Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal. En Los muertos visten de blanco, el autor Hiram Lozada Pérez aplica como parte fundamental de la trama, la capacidad mediúmnica de una joven mujer, quien a veces ve su facultad como un don y en otras como una maldición. Esta habilidad, heredada de sus ancestros, no es plasmada como es común en historias policiacas, donde el médium es el que va desvelando con sus facultades la trama de quien lo hizo.

Esta facultad es presentada en el personaje como algo que, sin dejar de provocar incredulidad en algunos, es algo natural, hasta cierto punto, normal, que experimenta desde niña y que ha aprendido a vivir con ello, a veces, ayudándole en su ajuste en situaciones conflictivas durante su vida.

En términos generales, la manera de presentar la relación entre las dos dimensiones, encarnados y desencarnados, es bastante afín a la doctrina espírita, a la cual hace referencia en varias ocasiones, refiriéndose al bisabuelo espiritista y sus libros de Kardec.

Por ejemplo, les leo este pasaje retrospectivo del capítulo seis, que titula Las puertas del cielo:

(lectura páginas 42-43)

No puedo identificar a algunos de los personajes que vestirán de blanco en la trama o contarles detalles de cómo interaccionan con los múltiples narradores y protagonistas. Eso lo irá disfrutando el lector con cada pase de página, trayecto que fácilmente se recorre en par de horas. Pero, ¿podemos afirmar que los muertos siempre visten de blanco?

Tanto El Libro de los Espíritus como El Libro de los Mediums, explican que existen tres principales categorías de espíritus según su nivel evolutivo: los impuros, los buenos y los puros. A mayor altura en la escala evolutiva, más sutiles, brillantes, lejanos al mundo material. Usualmente se asocia lo oscuro con lo bajo y lo claro con los de mayor benevolencia, sin embargo, el mundo espiritual es ideoplástico, a sea, que los espíritus, al no tener un cuerpo material que los limite, pueden proyectarse con características diversas que pueden constituir elementos simbólicos en el proceso de comunicación con el mundo terrenal.

La literatura espírita explica que los espíritus pueden percibirse de cualquier color, aunque los tonos o colores podrían estar relacionados con su lugar en la escala evolutiva. Según la capacidad del que los percibe, o sea del médium, la comunicación de los espíritus hacia estos puede transmitirse como si fueran pensamientos, en el caso de los intuitivos, como sonidos o visiones, mediante la psicografía, el trance o a través de movimientos de objetos o aportaciones de carácter semi-material, por mencionar algunas formas de manifestación.

En la trama de la novela, las manifestaciones son principalmente visuales, pero debemos aclarar que el médium, aunque perciba la imagen, ésta no es procesada por el órgano sensorial sino que es recreando en su pensamiento como una percepción telepática, aunque diga que “ve”. En algunos de los episodios de comunicación se manifiestan percepciones extra-sensoriales relacionadas con el oído y hasta el olfato.

O sea, que cuando el autor hace referencia a los muertos “vestidos de blanco”, podemos interpretarlo como la percepción subjetiva que tiene la protagonista, que podría interpretar el color blanco como parte de la codificación del mensaje del desencarnado, implicando que el espíritu es bueno, tiene buenas intenciones, es amigo o simplemente no constituye un riesgo. Como dice en el pasaje que leí anteriormente, se indica que “los espíritus que nos rodean son buenos”, refiriéndose a la casa de su bisabuelo, lo que marca la tradición mediúmnica en la familia de la protagonista.

Solo hay un pasaje en la novela donde se describe una aparición con características temibles, aun cuando su vestido, aunque mugriento, sigue siendo blanco. Una figura familiar con características diabólicas, posiblemente proyectando su angustiosa vida encarnada.

La novela también menciona sueños premonitorios y la capacidad de un recién desencarnado para percibir su propio cuerpo en la escena del crimen, ambos fenómenos descritos en la literatura espírita. Igualmente se refiere a otros aspectos que documenta la doctrina como el que no todos los espíritus pueden establecer a voluntad comunicación con los seres encarnados que dejaron atrás al fallecer, o que la facultad mediúmnica puede correr en familia.

Cuenta de espíritus que quedan varados en su lugar de muerte y de otros que se mudaban con sus familias pudiendo mantener comunicación casi constante, en convivencia familiar por décadas después de su muerte.

Esto último, aunque no deseable desde la perspectiva espírita, que favorece el despegue del mundo material para facilitar la evolución espiritual, es un elemento cultural muy arraigado en nuestra tradición.

(lectura página 78)

La novela también hace referencia a otro de los pilares del Espiritismo, la reencarnación, cuando explica su concepto de la “segunda muerte”, en las páginas 72 y 73, y del olvido necesario para el ajuste a una nueva vida. Igualmente menciona la posibilidad de resolver en el mundo espiritual conflictos que separaron familiares mientras estaban en vida.

En conclusión, la lectura de Los muertos se visten de blanco, nos deja una agradable sensación de que esta convivencia entre encarnados y desencarnados es algo natural, deseable, reconfortante, necesaria para comprender la dimensión de la experiencia humana y de las más fundamentales emociones y valores como el amor, la fidelidad y la honestidad.

Lejos de ver la muerte, aún en circunstancias violentas, como el trágico final de la existencia, reconoce que la vida continúa y que se aprende en todo momento en que hay voluntad y sentimiento, aunque nos vean vestidos de blanco.
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Citado por Primera Hora en: Más de 500 reos en la lista para salir de la prisión federal


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El gobierno de  Estados Unidos se propone liberar próximamente  a  seis mil confinados de delitos de  drogas, de los cuales más de 500 fueron sentenciados en el tribunal federal en Puerto Rico.

IMG_6620A estos reos condenados en la Isla  se acordó que les  aplica  una reducción de sentencia, siempre que un juez lo avale.

Esos presos comenzarían a salir de prisión a partir del 1 de noviembre próximo, cuando hayan cumplido la sentencia  que les corresponde.

La fiscal federal auxiliar Myriam Fernández explicó que esta  reducción de penas se basa en las enmiendas que se le hicieron el  año pasado  a las  guías de sentencias que se les recomiendan a los jueces.

No se trata de las sentencias  mínimas mandatorias de ley, aunque las primeras también pasaron el crisol del Congreso.

El número de excarcelados, tanto aquí como en el resto de EE.UU., debe ir aumentado en la  medida de que más confinados soliciten su libertad.

El año pasado, se mencionó que unos 1,500 confinados convictos en Puerto Rico podrían beneficiarse del ajuste.

La reducción promedio de la sentencia es de dos años.

El martes, el  Departamento de Justicia federal anunció que la primera liberación masiva de reos se llevará a cabo entre el 30 de octubre y el 2 de noviembre.

La intención es descongestionar las cárceles norteamericanas en la medida que se reducen las penas para los casos de drogas que no involucran violencia.

Estados Unidos dio otro paso la semana pasada  cuando  senadores  de mucha influencia -tanto republicanos como demócratas- presentaron un  proyecto de ley  que sí  rebaja las  sentencias mínimas mandatorias de ciertos delitos.

Si se aprueba el proyecto, esas enmiendas también tendrán repercusión en la Isla.

La fiscal Fernández explicó que en los casos de drogas, la corte federal de San Juan utiliza el mínimo mandatorio de diez años de cárcel, atado a  determinada cantidad de sustancias controladas.

Por ejemplo, aplica a  cinco kilos de cocaína o a un kilo de heroína

La sentencia mínima mandatoria de cinco años se fija para el manejo  de entre 500 gramos y cinco kilos de cocaína o para entre 100 gramos y menos de un kilo de heroína.

“Nosotros tendemos a tener casos que se ven con los diez años (de cárcel)”, informó la funcionaria, quien aclaró que en el tribunal en San Juan también se atienden  casos menos severos, incluso sin mínimo mandatario de sentencia.

De aprobarse, la legislación del Senado federal reduciría la reclusión  de diez años a cinco años en varios delitos cualificados en el caso de las sentencias mínimas mandatorias.

Esto aplicaría si la persona no tiene convicciones anteriores de delitos serios de drogas  ni de violencia y  no es exportador ni importador de drogas, entre otros requisitos.

La medida le rebaja además las sentencias  a reincidentes de delitos de sustancias controladas  y le elimina la cárcel de por vida a los que llegan al extremo de “tres faltas y estás fuera”; en este caso, el término de reclusión bajaría a 25 años.

Para otros casos criminales,  inclusive de armas, las sentencias  se reducen  de 20 a 15 años y de 15 a 10  años;  entre otros cambios.

Muchas de las reglas aplicarían  retroactivamente y se estima que  podrían beneficiar a  6,500 presos.

Otro aspecto importantísimo de la legislación es que prohibe el  confinamiento en solitaria de los reos juveniles  en casi todos los casos.

Los que ingresaron en prisión como menores tampoco estarían sujetos a que se divulgue su expediente criminal en determinadas circunstancias.

¿Por qué tantos?

El criminalista puertorriqueño Gary Gutiérrez dijo que muchos confinados boricuas están cumpliendo “ condenas excesivas” en las cárceles de EE.UU. porque el Gobierno de Puerto Rico  los  entregó al foro federal ya que,  estatalmente, tenían derecho a  fianza.

Mencionó el caso de un muchacho que participó de un asalto en un negocio de comida rápida con un arma de juguete;  lo “enviaron a la federal” y  está cumpliendo una sentencia de diez años.

Gutiérrez destacó  que la injusticia llega al extremo de que terceros que no son protagonistas de la actividad primaria de un delito  también culminan con “penas desproporcionadas”.

Otro  ejemplo que dio fue el  de una mujer que le velaba las armas al tirador de drogas, la arrestan y ella termina pagando una condena más prolongada de lo que su acción ameritaba.

Los senadores que presentaron el proyecto S 2123  calificaron la reforma como la  más importante de la justicia criminal estadounidense en una generación.

Para los más liberales,  la medida se queda corta  en el sentido de que no cubre todas las sentencias mínimas mandatorias, pero aún así la consideran un avance importante.

Se espera que el Senado federal considere la pieza legislativa este mes y que la Cámara haga lo propio en 2016.

Aunque la medida es bipartita, no hay certeza de que sea aprobada.

Los aspirantes a la candidatura presidencial del Partido Republicano están haciendo campaña con un discurso de mano dura contra el crimen y se teme que eso aborte la iniciativa.

En varias ciudades estadounidenses se  evidencia  un alza en la criminalidad, pero eso -dijo Gutiérrez- lo que revela es que llenar las cárceles no ha servido para detener los delitos de drogas.

Las sentencias mínimas mandatorias, que corresponden a las década de 1980 y 1990,  han provocado que las cárceles de EE.UU.  estén entre  las más atestadas del mundo.

El país  tiene 2.3 millones de reos, o uno por cada 100 habitantes, y el costo de mantener a un prisionero   federal es de unos $29 mil al año.

Gutiérrez destacó que otro  problema con  las sentencias  es que en la vida real  lo que pasa es que    la  discreción de los jueces se le transfiere  a los fiscales, quienes  son los que están negociado con los acusados qué delitos imputarles.

Por su lado, el presidente de la Comisión de lo Jurídico del Senado, Miguel Pereira, dijo que a nivel estatal hay que entender que la única consecuencia  que tiene una sentencia de larga duración  es destruir al ser humano al que se le impone.

Mencionó las enmiendas al Código Penal de Puerto Rico que él impulsó y recordó que se lograron unos cambios, pero ninguno tan consecuente como los que el quería.

“De otra manera no se hubiese podido aprobar nada”, dijo a tenor con los cambios que se lograron.

Pereria afirmó que el paso que se está dando en el ámbito federal debe ser imitado aquí.

Citado en ¿Polígrafo para combatir la corrupción en la Policía?


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¿Polígrafo para combatir la corrupción en la Policía?

Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com 10/01/2015 |00:00 a.m.

 

La utilización del polígrafo como una herramienta para combatir la corrupción dentro de las filas de la Policía genera escepticismo por parte de algunos que consideran que el negocio de la droga es tan beneficioso que sus tentáculos van a  persistir y los mensajitos a los oficiales van a continuar.

Otros consideran que si se buscan las mismas soluciones para los mismos problemas, se van a obtener los mismos resultados.

“La realidad es que los planes de reestructuración que siguen modelando soluciones dentro de una estrategia punitiva, para continuar la guerra contra las drogas, van en su momento final a tener el resultado que han tenido hasta ahora”, expresó el senador popular Miguel Pereira.

“Si la  Policía se siente bien dando el polígrafo a  los policías de la División de Drogas  pues bien, dale el polígrafo. Pero esto va a necesitar no sé cuánto tiempo. Una prueba de polígrafo bien dado toma un día, si hay mil agentes tomará mil días. Nos va a tomar 30 años llegar a esto”, agregó.

Pereira indicó que no es que las medidas “sean tan malas, sino cuán  efectivas van  a ser”.

“El polígrafo no es un talismán”, apuntó.

“La droga genera tanto beneficio económico  para los que trabajan en esa industria que van a seguir enviando mensajitos. Van a seguir saludando gente y hasta que  logren su objetivo”, apuntó el también ex superintendente de la Policía.

¿Por qué caen los policías? 

La seducción del narcotráfico ataca todos los niveles de la sociedad. Ataca a los políticos, legisladores,  a todo el mundo.  No hay una particularidad con el policía ni a qué nivel.

“Si tienes que tener una División de Drogas, tienes que  tener una serie de rotaciones internas y determinar cuánto  tiempo debe estar un agente asignado a Drogas. Yo preferiría desarrollar un programa que me ayude más  a integrar  al policía. Que se  sienta parte de un esfuerzo”, expuso Pereira.

El problema es la prohibición

Para el criminólogo Gary Gutiérrez, la prohibición de la droga es lo que crea la corrupción. Por lo tanto, habría que eliminar la prohibición.

“El superintendente (de la Policía) nos ha dicho que vamos seguir haciendo lo que hemos hecho hasta ahora.  Lo mismo que se ha hecho siempre, esperando resultados diferentes”, dijo el también profesor de justicia criminal.

“Va a sacar unos agentes. Va a traer otros que van a hacer los mismos comportamientos porque la corrupción es un resultado endémico o esperado de prohibiciones innecesarias”, puntualizó.

Toda prohibición innecesaria, como la del narcotráfico, va a generar un mercado negro y  la historia de la prohibición del licor corrobora ese dato, comentó.

“Ese mercado negro, por su naturaleza social, termina generando excesos de violencia y corrupción para protegerse. Cuando tú prohíbes cigarrillos en las cárceles, disparas el precio del cigarrillo. Se convierte en un mercado lucrativo. La gente lo va a comprar y si alguien lo va a comprar, alguien lo va a vender y si alguien lo va a vender,  otro lo va a proteger”, describió.

Gutiérrez expuso que el estudioso del fenómeno de la droga, Antonio Escohotado,  señala  que cuando la prohibición del alcohol  el 40% de los agentes de alcohol fue investigado e intervenido por corrupción y el 11% fue encontrado convicto.

“Yo me atrevería a asegurar que esos son los por cientos que  se producen a través de las fuerzas policíacas”, dijo Gutiérrez.

Recordó también a un viceministro de una república cercana que le dijo “que no es posible que exista el narcotráfico sin la corrupción”.

“Es un simplismo del superintendente decir que  la corrupción del narcotráfico  se limita solo a la División de Drogas. Me parece a mí que  estos 10 agentes (arrestados el martes), culpables o no, son meros chivos expiatorios para justificar  que estamos haciendo algo”, acotó.

“Son  40 años de prohibición  y casi mil millardos  de dólares, lo que es un trillón de dólares, y no tienen un solo logro que no sea arrestos, confiscaciones y control social”, sentenció Gutiérrez.

Arrestan a 10 policías por corrupción

Citado por AFP: Puerto Rico, frecuente puente de la cocaína en su vía a EEUU


logo_1Puerto Rico, frecuente puente de la cocaína en su vía a EEUU

11 Jul 2015
De día, la lancha rápida esconde el cargamento bajo una lona oscura y simula pescar. De noche, intentará llegar a las costas de Puerto Rico, que se ha convertido en frecuente puente de paso de la cocaína hacia Estados Unidos. Ese es el típico ‘modus operandi’ de los narcotraficantes, que han identificado Puerto Rico como un apetecible destino: una vez que la droga llega al estado libre asociado, se encuentra en territorio estadounidense. De allí se les facilita trasladarla a la costa este estadounidense, dicen las autoridades. Las incautaciones de cocaína, la droga más rentable para los narcotraficantes, se han disparado: en lo que va de 2015, las autoridades han recuperado 5.300 kilos, por encima de los 3.926 kilos en todo 2014 y 2.819 kilos en 2013, según las cifras de la Policía de Puerto Rico, que ahora integra una fuerza especial antidrogas junto a agencias federales estadounidenses como la DEA, el FBI y la Guardia Costera. “Puerto Rico es utilizado como puente para Estados Unidos. El 85% de la droga que pasa por Puerto Rico es para Estados Unidos. Aquí se nos queda sólo entre 10 y 14%”, explica a la AFP el jefe de la policía de Puerto Rico, José Caldero. Tan sólo el miércoles, un operativo logró capturar 190 kilos de cocaína y a tres tripulantes dominicanos. Hace mes y medio, se logró un gran golpe: 2.100 kilos que intentaban entrar por el sector de Carolina, en el norte de la isla. – Nueva estrategia – El incremento del flujo de droga a través del Caribe estadounidense, sobre todo por Puerto Rico y las islas Vírgenes, encendió las alarmas de la Casa Blanca, que en enero anunció una nueva estrategia para contrarrestar la tendencia. La mayor vigilancia de la ruta caribeña cercana a las costas de Centroamérica y en la frontera entre Estados Unidos y México, por donde sigue pasando la mayor cantidad de droga, ha empujado a los narcotraficantes a buscar nuevas rutas, según Washington. La cocaína llega a Puerto Rico principalmente desde Venezuela y aunque antes hacía escala en República Dominicana, se detectan cada vez más viajes directos desde el país sudamericano, señala Caldero. Y la maniobra se repite. “Vienen en una lancha de tres motores. Lo que hacen es que por el día la tapan con un toldo negro, y van suavecito y van pescando, y es de noche que pisan” el acelerador, dice el jefe de la policía. Las autoridades tienen que adaptar constantemente sus métodos para hacer frente a las nuevas tácticas de sus rivales. “Esto es una estrategia. Nosotros hacemos nuestros planes, pero ellos hacen los de ellos también”, apunta Caldero. – Problemática interna – La droga que se queda en la isla es una creciente preocupación. “En los últimos tiempos, ese servicio de trasbordo pasó de ser mercado que se pagaba en moneda a pagarse en especie, es decir, se queda un porcentaje de la sustancia y la sustancia tiene que ser vendida”, dice el profesor de Justicia Criminal y durante décadas periodista de la fuente policial en Puerto Rico Gary Gutiérrez. El 65% de los asesinatos en Puerto Rico están “directamente relacionados con droga”, asegura Caldero. De un récord en 2011 de 1.135 asesinatos en esta isla de 3,5 millones de habitantes, en 2014 cayeron a 681, sobre todo por el descenso de la impunidad y el incremento de las personas llevadas a tribunales por la Fiscalía, destacó. En medio de una grave crisis fiscal que experimenta la isla, al borde de una suspensión de pagos tras ocho años de recesión, la policía ha conservado su presupuesto de más de 750 millones de dólares, se congratuló el jefe policial. Pero precisamente la crisis crea un terreno fértil para que las poblaciones empobrecidas vean en la venta de las drogas una manera de conseguir dinero, señala Gary Gutiérrez, quien aboga por la descriminalización del tráfico de drogas como una manera de acabar con la violencia. “En esas comunidades, el narcotráfico se convierte desgraciadamente en una solución al problema económico”, señala.

Citado en China: Puerto Rico, a way station for drug traffickers


By Diego Urdaneta and Nelson Del Castillo, AFP

July 12, 2015, 12:01 am TWN
cpnewlogoPuerto Rico — the economically distressed U.S. territory that many Americans know mainly as a vacation resort — turns out to be a way station for South American cocaine bound for the hungry U.S. market.
It often works like this: speedboats sail up from Venezuela laden with coke, hang out off the coast of Puerto Rico by day, and then make for the coast of the U.S. commonwealth by night. Once there, getting cocaine into the United States is in theory easier: shipments can be mailed or sent to airports or seaports without having to clear customs, authorities here say.
Seizures of cocaine, the most profitable drug for traffickers, have shot up here on the island: 5,300 kilograms so far this year, compared to just under 4,000 in 2014 and 2,800 in 2013, according to the Puerto Rico Police, which is now part of a special drug interdiction force along with other American agencies like the Drug Enforcement Administration, FBI and the Coast Guard.
“Puerto Rico is used as a bridge to the United States. Eighty-five percent of the drugs that pass through Puerto Rico are for the United States,” said Police Chief Jose Caldero. As recently as Wednesday police confiscated 190 kilograms of cocaine from a boat and arrested three Dominicans.
Six weeks ago police scored a much bigger hit: 2,100 kilograms seized on a boat trying to reach the north coast of the island. New Strategy The rise in drug shipments through the U.S. part of the Caribbean, mainly via Puerto Rico and the U.S. Virgin Islands, has set off alarms in the White House.
In January it announced a new strategy to combat the trend. Most drugs destined for the United States follow a route that hugs the coasts of Central America or crosses the U.S. border with Mexico.
But these are being more closely monitored, so traffickers have been forced to seek out new routes, U.S. officials say. Most cocaine arrives from Venezuela, a neighbor of major producer Colombia.
Before, vessels carrying the drug would stop over in the Dominican Republic, but police are now detecting more and more direct trips from the northern tip of South American right to Puerto Rico.
And there is a pattern to the trafficking.
“They come in a speedboat with three engines. By day, they cover it up with a black tarp. They go nice and slow, and fish. At night is when they hit the accelerator,” said Caldero.
The authorities end up playing cat and mouse, adapting their tactics as the traffickers tweak theirs.
“This is a strategy. We make our plans, but they also make theirs,” he said.Internal Problem And the small amount of cocaine that remains on the island is also a growing problem.
It used to be that the service of mooring boats carrying cocaine and handling it on the island were paid for in cash. Now however it is paid for in cocaine itself. “And it has to be sold,” said Gary Gutierrez, a criminal justice professor.
Sixty-five percent of the killings committed in Puerto Rico are directly related to drugs, said Caldero. Those killings peaked in 2011 at 1,135. In 2014 they had fallen to 681, mainly because of tougher law enforcement, he added.
Although the island has huge financial problems — a debt of US$72 billion after eight years of economic recession — the police budget has remained stable at more than US$750 million, the police chief said. But at the same time, that economic crisis makes drug trafficking more appealing to people who are enduring hard times, said Gutierrez.
He is in favor of decriminalizing drugs as a way to end drug-related violence. “In those communities, unfortunately drug trafficking becomes a solution to the economic problem,” he said.

Citado por Primera Hora en: Invernadero subterráneo de marihuana: Ingenio mal canalizado


Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com 03/13/2015 |00:00 a.m..
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El impresionante hallazgo por parte de las autoridades de un moderno laboratorio e invernadero de plantas de marihuana, al que se accedía a través de una casa de juego para niños, lleva a cuestionarse qué sucedería con jóvenes de esa capacidad, ingenio y talento si hubiesen podido acceder a  otros ambientes y oportunidades.

El criminólogo y profesor de Justicia Criminal Gary Gutiérrez, indicó que la única diferencia entre las personas arrestadas y un empresario exitoso, es que probablemente uno nació en un caserío y el otro  en el ambiente de una familia con recursos que le permitió desarrollar sus habililidades.

“Lo primero que le digo a mis estudiantes es que no hay tal cosa como mentes criminales,  sino mentes  criminalizadas, porque fíjate, si esas personas hubiesen hecho eso para una feria científica, hubiesen sido reconocidos”, dijo Gutiérrez.

“La pregunta tiene que ser por qué ese ingenio está en función de cultivar marihuana y no lechuga y cilantro. En ese sentido, cuando uno mira el perfil de cualquiera de esos muchachos y lo compara  con el perfil de cualquier empresario exitoso se va a dar cuenta que la única diferencia entre ese muchacho que está siendo arrestado y el empresario, es que tuvo oportunidades, porque probablemente no nació en un caserío, sino en una familia con recursos que pudo desarrollar sus habilidades en una actividad que el sistema determina como legítimo”, precisó.

“Probablemente son emprendedores, tienen liderazgo, organización, son asertivos, ambiciosos y esas son las cualidades que hacen de una persona una exitosa. Estoy describiendo a un banquero  con esas cualidades o  a un bichote. Lo más importante es que cuando eso ocurre, nos está dando en la cara la realidad, que ese muchachacho no falló. Nos falló el Sistema que no pudo guiar a ese joven en una actividad que no fuera criminalizada”, sentenció.

Gutiérrez  mencionó lo que están haciendo los cárteles de Colombia, que es utilizar submarinos caseros que básicamente están sumergidos el  99 por ciento del tiempo en el mar;  que son desechables, en caso de que en altamar sean sorprendidos.

“Los tripulantes se salen, hunden el submarino  y se convierten inmediatamente en náufragos;  y bajo las  leyes internacionales, las mismas autoridades tienen que socorrerlos. Como el submarino se hundió, no le  pueden probar que estaban en un submarino con drogas. Lo más que puedes hacer es deportarlos a su país”, describió.

Según Gutiérrez, las  leyes antidrogas, que describió como absurdas, crean las condiciones  para que jóvenes con inquietudes empresariales   puedan montar un negocio porque el único que les puede prestar dinero es un narcotraficante.

El profesor de justicia criminal mencionó como ejemplo el caso de un joven  de 18 años que tiene capacidad y es comerciante.

“¿Quién le va a prestar $60 mil para  un negocio? ¿Qué agencia o  banco le va a prestar?  La otra noche  escuché un programa de la Liga de Cooperativas. Estaban entrevistando  a una persona de la Cooperativa de Presos, que llevan décadas operando, lo   que comprueban  que cuando esos muchachos que llegan presos se les da la oportunidad y el entrenamiento,   pueden no solo manejar la cooperativa, sino que cuando salen ya van con la mentalidad cooperativista para hacer esas otras cosas”, dijo.

Menos de un dos por ciento de los que están metidos en ese programa reinciden  y regresan a la cárcel, indicó. Contrario al 60 por ciento, que es la norma de reincidencia en Puerto Rico y Estados Unidos.

“¿Cuál es el problema con ese programa, que en una población penal de 14 mil confinados no llegan a 100 los que se benefician? Esa cooperativa demuestra que esos muchachos entraron allí con capacidad empresarial, que lo que no tenían allí era apoyo del Sistema. Si esos muchachos podrían correr esa empresa agrícola ilegal, cuál es la razón por la cual no estén conriendo un negocio agrícola legal?, cuestionó el criminólogo.

En resumen, dijo,  el incidente demuestra como la sociedad está fallando.

Con la Internet como maestra

Por otra parte, El ex presidente de la Asociación de Agricultores, Juan Reyes, afirmó que no es necesario tener educación formal para cultivar marihuana porque todo está en Internet.

“La Internet ha sido la enciclopedia, la universidad”, indicó sobre las múltiples modalidades en que se siembra el cannabis.

Según contó, hace poco coincidió con un policía con el que habló, precisamente, de los laboratorios de marihuana y el oficial le dijo que Internet había convertido en agricultores a muchos individuos.

“Es que, honradamente, si usted quiere hacer cualquier cosa en su casa, la información está ahí. Con honestidad, yo no creo que nadie esté dando talleres por ahí”, comentó. “Los delincuentes no son morones y por Internet mismo compran los insumos que necesitan para el cultivo. Los boricuas nos las inventamos”.

 

Citado en el 2012 por Entre Paréntesis: El crimen ligado a la pobreza


Entre Paréntesis

El crimen ligado a la pobreza

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En las noticias y las imágenes que recibimos de los medios de comunicación cotidianamente, pareciera haber una correspondencia irremediable entre criminalidad y pobreza en Puerto Rico. Si bien ambas comparten vínculos, éstas poseen una lógica intrínseca en la Isla sobre la cual pocos se cuestionan o hacen alusión.

Una vez el ex superintendente de la Policía, Emilio Díaz Colón, anunció a la prensa el pasado 3 de febrero la asignación de 67 nuevos agentes como “Agentes de la Comunidad” para fomentar una relación más cercana entre Policías y comunidades. Cinco días después estudiantes de la Escuela Fernández Callejo, en Manatí, fueron  esposados, vestidos como reclusos y trasladados a una cárcel en Bayamón como parte de un programa del Gobierno, “Amando la Libertad”. Este proyecto, que buscaba escarmentar a los niños sobre lo que es la experiencia de la cárcel, fue censurado por el Colegio de Abogados. ¿Qué relación podrían tener estos ejemplos?

Gary Gutiérrez, criminólogo y profesor universitario en el área de justicia criminal,  en entrevista con EntreParéntesis habla de la sociedad puertorriqueña del siglo XXI como una que remite culturalmente a la violencia. Se trata de un país producto de la violencia política y de la violencia de género, así como de la violencia económica. Los puertorriqueños desde la exclusión padecen los procesos “bulímicos” propios de los países capitalistas. Es decir, que bombardeados por necesidades de consumo que son de “primer mundo”, los ciudadanos son incluidos al sistema económico como consumidores, pero expulsados a menudo como trabajadores del mismo.

Entonces, la violencia desde la imposición física o emocional sirve para los sectores marginados de nuestra sociedad como una manera aparente de empoderarse, de sentirse incluidos. Para muchos, la criminalidad en Puerto Rico es su modo de inserción y participación en la economía del país.

“El orden social y económico en Puerto Rico es la principal causa de la criminalización de la mayoría de nuestros jóvenes”, afirmó Gutiérrez.

La estructura de la sociedad puertorriqueña impulsa a algunos sectores a la violencia y se beneficia de su criminalización, pues el dinero que se genera en el narcotráfico y demás prácticas ilegales regresa a nuestro sistema económico.  “Si miramos la pobreza no como la falta de recursos, sino como la exclusión de los procesos socio-económicos vamos dándonos cuenta de quiénes son los pobres”, señaló Gutiérrez. El criminólogo planteó la pobreza como una etiqueta que diferencia a las personas que no cumplen con las características del rico en la Isla: hombre, blanco, propietario, cristiano y heterosexual.

Por lo tanto, ¿porqué continuar la práctica de iniciativas como las mencionadas? Gutiérrez anotó que la presencia continua de la Policía en los residenciales públicos o el llevar de visita a jóvenes de la escuela pública al sistema penal de Puerto Rico constituye una regulación y acondicionamiento de determinados sectores y no una iniciativa comunitaria bona fide. Como resultado de estas medidas el crimen traza un discurso contestatario.

Las comunidades, según Gutiérrez, deben entender que ni el gobierno ni el punto de drogas resolverá sus problemas. Los líderes comunitarios fungen como los únicos agentes de cambio posibles para las comunidades del país. Movilizar a los vecinos en cooperativas que brinden servicios que surtan necesidades de la propia comunidad y sus alrededores se presenta como opción, así como el organizar y dirigir las diversas habilidades de los jóvenes en algún centro de producción.“Si tú tienes gente que es capaz de correr un punto de drogas, que es un negocio millonario, esa gente tiene que ser capaz de correr un negocio legal, si son las mismas habilidades”, manifestó el profesor.

Los países de baja incidencia criminal tienen una vinculación más reducida de violencia y pobreza que los países con alta incidencia criminal. También, los países capitalistas donde se implantan reformas que facilitan la incorporación de los sectores pobres son lugares que exhiben menos separación entre los ricos y los pobres por lo que presentan menos violencia social. Está en los líderes comunitarios el apuntar la dirección por la cual quieren reformar sus comunidades al gobierno.

Conversando sobre droga y legalidad con Nestor Figueroa Lugo


wpab-550-ponce-screenshot-1Conversanción sobre droga y legalidad con Nestor Figueroa Lugo en el programa Es Con Usted La Cuestión transmitido el 29 de oct de 2014 por WPAB-Ponce

 

 

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Programa Conocimiento y Acción Solidaria sobre drogas, legalidad y gobernaza


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Participación en el  programa Conocimiento y Acción Solidaria 25 de octubre de 2014 hablando sobre dorgas, legalidad y gobernaza con Rey Quiñones y Rolando Emmanuelli sobre Violencia y Criminalidad.

http://youtu.be/d210O7o4IY4?list=UU6Ayk3BH4GYFbU-5VsjemNw

 

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Citado en “Las drogas: Puerto Rico aferrado a una “guerra” fracasada”


Por Cándida Cotto

http://www.claridadpuertorico.com/

Publicado: martes, 14 de octubre de 2014

ClaridadHabiéndose comprobado que la llamada “guerra contra las drogas” ha fracasado, cada país debería generar una política independiente para atender su problema de las drogas. Pero en Puerto Rico, el Gobierno sigue la política de “guerra contra las drogas” y criminalización del usuario.

Para el profesor de criminología, Gary Gutiérrez, la admisión del fracaso de la guerra contra las drogas y la necesidad de políticas independientes son dos de los señalamientos sobresalientes del estudio “Asumiendo el Control: Caminos Hacia Políticas de Drogas Eficaces”, de la Comisión Global de Políticas de Drogas (CGPD), organismo independiente integrado por figuras de calibre mundial.

“Este llamado es importante porque es un llamado a otra visión del problema, a otro paradigma del problema, a que construyamos el problema desde otra perspectiva”, indicó Gutiérrez. Aclaró que la Comisión no es un organismo de la Organización de Naciones Unidas (ONU), sino un ente independiente que intenta que se le escuche en la próxima sesión especial sobre las drogas que tendrá la Asamblea General de la ONU en el 2016. Se supone que la ONU escuche tanto las posiciones de organizaciones como de los diversos estados.

El profesor Gutiérrez expuso que la CGPD es una de otras organizaciones que quiere que se replantee la situación del narcotráfico y las drogas desde una perspectiva no penal, “porque, como es obvio para cualquier persona que tenga dos dedos de frente, cien años de prohibición ha probado que lo único que se ha logrado es llenar cárceles con los sectores marginados de los países; crear enormes carteles del crimen organizado y de lavado de dinero sumamente poderosos; crear capitales negros, y que aun en el momento de la legalización de la droga, se va a tener que pensar qué se va a hacer con ese capital”.

Otro aspecto que ha logrado la política de guerra contra las drogas, denunció, es reafirmar el poderío del norte global, específicamente Estados Unidos, en la política interna de los países, ya que sus políticas antidrogas le dan “licencia de corso” a Estados Unidos, a su agencia DEA (Drug Enforcement Administration) de “intervenir, básicamente como le dé la gana, en los asuntos internos de los países, en las comunidades internas, una excusa para militarizar su fuerza policíaca y mantener bajo control a poblaciones excedentes que no tienen oportunidad de empleo y que encuentran en el narcotráfico la forma de ganarse la vida.”

El profesor Gutiérrez destacó, además, que el informe es producto de un grupo que analiza la situación desde la perspectiva del sur global, de los países productores de la droga y de los que la transportan. “También es importante porque es un grupo que está compuesto, además, de políticos e intelectuales, por gente de mucho poder económico y eso pudiera apuntar a que ya el capital se está dando cuenta de que el negocio de la ilegalización ya no es un buen negocio para ellos y que la legalización puede ser un buen negocio para ellos”.

En ese aspecto, observó que el negocio de las tabacaleras tiene ya la estructura para procesar y distribuir material de drogas. Comentó que los activistas a favor de la legalización en Estados Unidos (EEUU) ya han advertido sobre este peligro y han destacado que los procesos de legalización se deben dar desde abajo hacia arriba y no como se dio la legalización del alcohol, que el gobierno cedió unas licencias a unos grandes productores tradicionales en el sur de EEUU.

Gutiérrez señaló que para que la droga no se convierta en una mercancía de mercado, lo que están buscando los sectores más progresistas en Estados Unidos es que la legalización se dé mediante licencia a cooperativas y grupos de usuarios para que produzcan la droga que van a consumir y así mantener un control y evitar que se genere un negocio igual de lucrativo y explotador como ocurre ahora con el alcohol.

El escenario en Puerto Rico

Aun cuando se reconoce que en el País hay un severo problema de drogadicción, Gutiérrez denunció que las estadísticas sobre el número de usuarios se estiman basado en las intercepciones policíacas, es decir, que si aumenta el por ciento de incautación es que ha aumentado el número de usuarios. Anotó que los números que se tienen los ofrece la DEA por lo que llamó la atención de que “hay que tomarlos con pinza”, ya que siempre se dan en el contexto de pedir recursos monetarios para la militarización.

Por otro lado, apuntó que la Oficina para las Drogas y el Delito de la ONU dice que el uso de sustancias tradicionales como la coca, la heroína y la marihuana, ha ido cayendo en desuso en muchos sitios, para darles paso a drogas de diseño, las llamadas sintéticas, que no requieren todo el proceso y andamiaje de distribución que requieren las drogas de uso de plantas naturales. En el caso de las llamadas drogas sintéticas -explicó- el suplidor las produce cuando le hacen el pedido, lo que elimina el riesgo de incautación, almacenaje, etc.

El problema de las drogas

Más allá de la violencia que genera el tráfico de la droga, el profesor de Criminología planteó que su experiencia académica y el estudio de este fenómeno le permiten afirmar que en los sectores marginados, donde hay muy pocas oportunidades de empleo, sobre todo para los varones jóvenes, éstos ven en la droga una forma de resolver sus problemas económicos. Puso como ejemplo el hecho de un joven de 22 a 24 años, que tiene que pagar una pensión, no tiene trabajo y el narcotráfico se convierte en la forma de buscarse el dinero de la pensión. “En realidad, eso que nosotros llamamos problemas de las drogas, en muchos sectores se ha convertido en la solución del problema, que es terrible, porque el que vende no sólo hace daño sino que es una estructura tan capitalista como cualquier otra”.

Incluso agregó, “el punto ya no está pagando como antes. Según me dicen los muchachos en la calle, regularmente la droga es a concesión, te dan la droga y tú eres responsable del dinero. Otra estudiante me dijo que ella quedó embarazada a los 16 años, el padre la botó de la casa. Vivía con un familiar y le pagaban para que guardara tres kilos de droga. Se la robaron –no sabe quién- y estuvo trabajando en el punto tres años para pagar la cantidad. Así que, en ese sentido, es una empresa comercial. Lo que nos lleva entonces a la pregunta, y llevo años diciéndolo: tenemos estos muchachos de 26 años que no tienen educación, su educación formal es de noveno grado, está corriendo un punto de drogas, que es una empresa probablemente millonaria, cerca de un millón, que tiene que bregar con personal, tiene que bregar con almacenamiento, tiene que bregar con inventario, tiene que bregar con contabilidad, tiene que bregar con relaciones públicas en el barrio, tiene que bregar con el problema de la Policía… ¿qué hemos hecho como sociedad para que ese muchacho, en vez de estar haciendo eso, no tenga un negocio legal? La moral es chévere si se tiene la nevera llena”.

La legalización

Aun con sus profundas reservas de que en la Isla pueda llegarse en estos momentos a una legalización, Gutiérrez favoreció legalizar el uso medicinal de la marihuana, lo que parece ser la postura del gobernador Alejandro García Padilla. Argumentó que el uso médico tiene dos ventajas políticas, ayuda a desmitificar la sustancia en la comunidad y, sobre todo, va creando el espacio de producción a nivel legal para que cuando se autorice a nivel recreativo, ya haya unas estructuras legales que puedan hacer el proceso más fácil. Destacó que en los estados donde se ha legalizado la marihuana no han ocurrido mayores problemas, no ha aumentado el consumo y se ha generado un ingreso en impuestos mayor a lo esperado.

“Creo que los documentos de la Comisión Global, como los documentos de la Comisión Latinoamericana para la Democracia, son los más claros, más sensatos y los más coherentes que se han hecho a nivel internacional en los últimos años. La única oposición a que se legalicen las sustancias viene de los sectores de la industria del complejo industrial militar ligado al sistema correccional, que viven de tener gente presa. Cerca del 70% de los confinados en Estados Unidos es por drogas no violentas”, manifestó.

Los otros sectores que se oponen a la legalización, además de los sectores religiosos, son los programas de rehabilitación, las agencias policíacas que viven de la criminalización y los propios sectores criminalizados que viven de vender la droga cinco veces más cara de lo que se vendería en la cadena de distribución legal de las farmacias, denunció. Según Gutiérrez, de cada diez dólares que se invierten en la “guerra contra las drogas”, siete van a las fuerzas policíacas y tres a tratamiento y prevención.

La prohibición, más allá de las sustancias


 Gary Gutiérrez

Presentado ante los estudiantes de la Universidad del Turabo

10 de octubre 2014

Foro de la Asociación de Criminología y las escuelas de Ciencias Sociales y Comunicaciones, así como de Ciencias Naturales y Tecnología de la Universidad del Turabo, (Foto: Mabel Pola)
Foro de la Asociación de Criminología y las escuelas de Ciencias Sociales y Comunicaciones, así como de Ciencias Naturales y Tecnología de la Universidad del Turabo, (Foto: Mabel Pola)

Para leer la resaña de Sara del Valle para FRG Media

Para escuchar la ponencia en I-Voox
Para escuchar la ponencia en I-Voox

Para estar claro, no me presento ante ustedes para decirle cómo manejar la situación de las drogas en Puerto Rico. Prefiero pensar que estoy aquí para invitarles y colaborar en un ejercicio de análisis que, partiendo de la anárquica aspiración de cualquier pensador crítico, se aleje de esos viejos referentes que al fin y al cabo fueron los que crearon el llamado problema de las drogas, y de paso los que todavía hoy simulan manejarlo.

Partiendo de lo anterior, me niego entonces a enfocar esta alocución desde perspectivas médicas, terapéuticas y morales. El yo entrar en la discusión médica o terapéutica sería faltarle el respeto a los salubristas quienes pasan su vida manejando ese fenómeno llamado “droga”. Mientras que, hablar desde la dimensión moral de esta discusión definitivamente sería un acto de cinismo, pues admito que no creo ser la mejor persona para hablar sobre la moralidad de nada.

Ahora bien, académicamente hablando, la principal razón para negarme a discutir el llamado problema de las drogas desde las perspectivas médico o moral, es que estas dimensiones realmente son irrelevante al verdadero problema generador de una violencia que en nuestro país equivalente a una guerra civil (Villa-Rodriguez y Gutiérrez-Rentas 2013; Zavala-Zegarra DE, López-Charneco M, Garcia-Rivera EJ, Concha-Eastman A, Rodriguez JF, Conte- Miller M 2012).

Con esto no digo que esos aspectos médicos y morales del consumo de psicoativadoras no son importante. Lo que quiero dejar claro es que lo que debemos estar discutiendo como criminólogos y criminólogas es si las fracasadas políticas que criminalizan las sustancias son la mejor alternativa para controlar la violencia y para crear las condiciones que permitan que los salubristas hagan su trabajo. Le que si debemos discutir es si meter gente presa por ejercer su derecho a consumir lo que ellos escojan es una política a adecuada o no. Igualmente obligado es preguntarnos si el botar miles de millones de dólares encarcelando a ciudadanos por vender o facilitar los productos que unos adultos consintientes quieren comprar es realmente adecuado.

¡DE ESO ES QUE SE TRATA! ¿Le vamos a reconocer al Estado autoridad legítima para decidir sobre lo que nosotros como seres libres decidimos consumir?

Por tanto lo que hoy propongo es romper con los viejos discursos entendiendo que son las propias leyes que criminalizan la posesión y el mercado de sustancias la causa de la violencia social que arropa al país y que al mismo tiempo son el mayor impedimento para manejar el problema de abusos de sustancias desde una perspectiva salubrista (Villa-Rodriguez y Gutiérrez-Rentas 2013; Zavala-Zegarra DE, López-Charneco M, Garcia-Rivera EJ, Concha-Eastman A, Rodriguez JF, Conte- Miller M (2012). Pero por supuesto entender que eso es lo que debemos discutir no es tarea fácil. Sobre todo en un país dominad0 por medios de comunicación simplistas, así como por partidos políticos cuya función es servir a eso que le pagan y que le buscan los votos. (Fonseca, 2013).

Por ejemplo, la radicación en la legislatura de Puerto Rico de sendos proyectos encaminados a liberalizar las leyes prohibicionistas despenalizando la posesión de pequeñas cantidades de marihuana por un lado, y permitiendo el uso de esta planta como tratamiento médico por el otro, desató una cruzada tipo “guerra santa” por parte de “empresarios morales” conservadores que insisten en mantener el tributo de sangre que la actual ley antidrogas impone a los puertorriqueños (Goode y Ben-Yehuda 2009). Guerra Santa a al cual originalmente se unió el gobernador Alejandro García Padilla, aun cuando ahora después de ir a Washington, dice haber reconsiderado. Por lo visto en la prensa y en las redes sociales, inmediatamente tras la radicación de los proyectos salieron los sospechosos habituales montados en miedos apocalípticos y cabalgando sobre viejos y trillados discursos moralistas, asegurando que liberar las leyes que controlan el consumo de marihuana traerá la destrucción de la fibra moral que, según ellos, mantiene coherente la sociedad puertorriqueña.  ¿Cómo si la prohibición lograra mantener fibra alguna?

Digo los sospechosos habituales, porque por un lado están algunos sectores terapista que viven de la adicción (Riggs 2012), y por otro, los sectores conservadores cristianos de derecha que desde el siglo diecinueve vienen usando el miedo y la insensatez para mantener o impulsar leyes que eliminen la separación de iglesia y estado, mientras pretenden usar la propia ley para imponer su moralidad al resto (Foster, 2002; Goldbert 2007; Hedges, 2006; Manjó-Cabeza, 2012).

Desconfiando del uso de hierbas y brebajes como parte de rituales para la sanación del cuerpo y el alma, desde finales del siglo diecinueve estos grupos conservadores y religiosos vienen empujando legislación para que las leyes de Estados Unidos reflejen e impongan a todos y todas, un estilo de vida cristiano, puritano, virtuoso y de fuerte control frente a los placeres. Por supuesto, este pensamiento religioso fue solo el comienzo del proceso.

Ese discurso prohibicionista logró ser exitoso, pues el mismo resultó muy cónsono con la visión de mundo de los llamados “WAPS” -White Anglosaxon & Protestan-, quienes controlaban y controlan la vida pública estadounidense. Estos grupos de base racistas y xenofóbica, ven el uso de hierbas y plantas como la marihuana, la coca y el opio, como costumbres de razas inferiores que dañan las “buenas costumbres de la cultura civilizada” que para ellos es hablar de la eurocéntrica cultura del blanco, varón, propietario, heterosexual y cristiano que surge durante la modernidad. Para ese grupo, la prohibición de “las drogas” resultó un discurso muy conveniente, pues le sirvió y le sirve de excusa para legalmente controlar y reprimir las minorías mediante la prohibición y criminalización de sus costumbres (Courtwright, 2002; Davis, 2005; Escohotado, 2003; Ferrell, Hayward y Joung 2008, Foster, Gusfield, 1983; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999; Villa y Gutiérrez, 2013).

Este empuje prohibicionistas de los cristianos conservadores, respaldado por los WAPS, tomo más fuerza cuando algunas empresas lo vieron como una oportunidad de adelantar sus intereses comerciales y económicos.

A modo de ejemplo se puede mencionar cómo, tanto los intereses del sector industrial algodonero en el sur de Estados Unidos, así como los de la familia de industriales Dupont, se percataron de que prohibir la marihuana tendría como efecto la destrucción de la industria del cáñamo, derivado de la planta del cannabis y principal complejo industrial en el mercado de textiles y sogas en aquel momento histórico. Es así como ambas industrias se montaron en el discurso e invirtieron recursos para empujar la ilegalización de la marihuana (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999). Además de estos intereses económicos que podemos ver como “legítimos”, hay que dejar claro que a mediados de la década del 1930, hubo otros intereses un poco más siniestros o solapados que también empujaron y apoyaron la prohibición de las drogas a nivel federal en Estados Unidos. Primero, los agentes del Buró de Alcohol y segundo, los carteles o sindicatos del crimen organizado que surgieron y se fortalecieron como resultado no intencionado de la mencionada prohibición del alcohol. Ambos sectores, perseguidos y perseguidores, se quedaron sin campo de acción y sin ingresos al legalizar el consumo de licores, por lo que ambos vieron en la prohibición de otras sustancias una manera de mantener su pertinencia unos, y sus ganancias económicas los otros. (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012).

Por tanto, el que todavía hoy veamos a los mencionados sectores conservadores funcionado como una especie de mafia moralista tratando de imponer al resto sus valores y empujando el control de los individuos por parte del Estado, no debe sorprender a nadie. Tampoco debe sorprender a nadie que los poderosos en esta sociedad cierren filas con esa mafia moralista y la utilicen como quinta columna, pues son ellos los que verdaderamente se benefician del control social y de la cultura de encerrar y castigar a cualquiera que no represente, se comporte o por lo menos respete como superior a los intereses y estilo de vida del blanco, varón, propietario, de apariencia heterosexual y cristiana (Villa y Gutiérrez, 2013).

Además de los factores ya detallados, hay quienes complican más el análisis entendiendo que la prohibición de las drogas fue solo un peón más en el tablero por el control social entre dos facciones del poder económico en un Estados Unidos que pasaba de ser una sociedad agrícola a una industrial. Al igual que con la Guerra Civil estadounidense, que no se trató de liberar los esclavos, sino que fue un enfrentamiento de dos visiones de ordenamiento económico encontrados; la lucha por la prohibición de las drogas se puede analizar como otro campo de batalla entre el viejo capital agrícola con una cosmovisión rural y conservadora, y el capital industrial con una mirada urbana, cosmopolita y libertina (Alexander 2012).

Partiendo de autores como Courtwright (2002), Escohotado (2003), Foster (2002), Gusfield (1983) Manjó-Cabeza (2012), Musto (1999) queda más que claro que la prohibición de “las drogas” no tuvo nada que ver con los usos, efectos o peligro de las mismas, sino que fue un intento para que el desvalorizado capital agrícola conservador mantuviera un poco de prestigio social frente al impulso arrollador de los capitales industriales libertinos y corruptos que construían una nueva nación en la que Dios y lo viejos valores agrícolas no tenía un espacio prominente

En resumen y partiendo de la llamada criminología crítica, cuyo enfoque es el estudio del orden social como productor y constructor de la desviación (Baratta, 2002), se puede entiende que estas leyes prohibicionistas se aprobaron como parte de luchas de poder social u económico en medio del cambio social que vivió Estados Unidos al comienzo del siglo veinte cuando mutó de un país agrícola a una potencia industrial y no por la preocupación de los efectos o peligros de las sustancias prohibidas. (Courtwright, 2002; Escohotado, 2003; Foster, 2002; Gusfield, 1983; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999).

Partiendo de lo antes expuesto entonces, es fácil entender que tan pronto alguien trata de discutir y evaluar críticamente cuán efectiva es la prohibición para controlar y reglamentar el uso de una u otras sustancias, para evitar que los niños tengan acceso a las mismas, o para controlar la violencia producto del trasiego ilegalizado, estos grupos respondan con una cruzada mediática simplista sobre los peligros o daños que dependiendo de a quién usted consulte, se relacionan con el consumo de las drogas.

Por tanto la discusión pública no puede seguir siendo si la marihuana, o el resto de las sustancias, son buenas o malas, si hacen daño o no, si son adictivas o no. Esos supuestos daños y peligros se pudieran estipular, pues al fin y a la postre, lo que se tiene que discutir es cómo esa prohibición lleva casi cien años fracasando en la empresa de controlar el uso de unas sustancias independiente de la peligrosidad de las mismas. Nadie puede honestamente decir que la prohibición es exitosa. Lo único que estas leyes logran tras casi un siglo de prohibición es criminalizar a millones de ciudadanos libres que, sin hacer daño a nadie, deciden ejerce su derecho a buscar la felicidad como ellos o ellas lo entiendan adecuado. Igualmente, la discusión pública debe girar críticamente en torno a cómo estas leyes hacen más difícil que aquellos para quienes el uso de estas sustancias representa un problema de salud, puedan recibir las ayudas médicas necesarias sin el peligro de ir a la cárcel. Esa conversación en torno a estas políticas prohibicionistas debe también girar en cómo estas fracasadas prohibiciones alimentan económicamente a los carteles criminales internacionales y cómo durante los pasados cuarenta años, Estados Unidos viene regalando al complejo industrial correcional casi mil millardos de dólares sin tener un solo logro concreto que justifique ese gasto (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012 ). Más urgente aún, se debe discutir cómo las leyes que prohíben las sustancias triunfan fracasando pues, a pesar de no controlar el uso y trasiego de las mismas, sirven de excusa para la intervención y control en las comunidades marginales en Estados Unidos y Puerto Rico. De Igual manera es imprescindible analizar cómo estas prohibiciones se convirtieron además, en licencia de corzo que permiten a Estados Unidos intervenir como nación imperial en otros países so color de la llamada guerra contra la droga (Manjón-Cabeza 2012).

Eso es lo que tiene que estar discutiendo y legislando, independientemente de lo que usted crea sobre los peligros y riesgos del uso de la marihuana y otras drogas.

Desde esta perspectiva, la pregunta es si los y las puertorriqueñas debemos mantener unas leyes que, no solo vienen fracasando desde el siglo pasado a pesar de su costo multimillonario, sino que sus únicos logros son el aumento de la población carcelaria, la criminalización innecesaria de cientos de miles de ciudadanos mayormente jóvenes pobres en su edad más productiva, y como vimos hace unos días en Ferguson, Missouri, la militarización de las fuerzas policíacas, así como el deterioro de las libertades constitucionales (Alexander, 2012; Balko, 2013; Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012;).

Esa es la discusión que se tiene que dar. Lo contrario es hacerles el juego a los mercaderes del templo. Estados Unidos y Puerto Rico llevan casi un siglo discutiendo las sustancias, ya es hora de comenzar a discutir el verdadero problema: es decir la prohibición.

 

Referencias:

Alexander M. (2012) The New JimCrow: Mass Incarceration in the Age of Color Blindness. New York, New Press

Baratta, A (2002) Criminología Crítica y Crítica al Derecho Penal. Buenos Aires, Siglo XXI

Courtwrght, D. (2012) Las Drogas y la Formación del Mundo Moderno: breve historia de las sustancias adictivas. Buenos Aires, Paidos Contextos.

Davis, A. (2005) Abolition Democracy: Beyond Empire, prisons and torture. New York, Seven Stories Press

Ferrell, J.; Hayward K.; Joung Y. (2008) Cultural Criminology: An Invitation. London, SAGE Publications Ltd.

Ferrell, J y Sanders C. R. (1995) Cultural Criminology. Boston, Northeastern University Press

Escohotado, A.(2003) Historia Elemental de las Drogas. Barcelona, Compactos Anagrama.

Foster, G. M. (2002) Moral Reconstruction: Christian lobbyists and the Federal Legislation of Morality. Chapel Hill, The University of North Carolina Press.

Fonseca, J (2013) Banquete Total: Cuando la corrupción dejó de ser ilegal. San Juan, Sinónimo

Grandin G, (2006) Empire’s Workshop: Latin America, the United States, and the Rise of the New Imperialism. New York, Metropolitan Books

Gray, J. P. (2001) Why Or Drug Laws Have Failed and What We Can Do About It. Philadelphia, Temple University Press.

Goode, E., Ben-Yehuda, N. (2009) Moral Panics: The Social Construcion of Deviance. Oxford, Wiley-Blackwell

Gusfield J. R. (1983) Symbolic Crusade, Urbana, Univeristy of Illinois Press.

Manjó-Cabeza A. (2012) La Solución. Barcelona, Debate.

Musto, D. (1999) The American Disease: Origins of Narcotic Control. New York, Oxford University Press.

Riggs M (2012) 4 Industries Getting Rich Off the Drug War Reason.com Acedido el 24 de febrero de 2014 en http://reason.com/archives/2012/04/22/4-industries-getting-rich-off-the-drug-w/singlepage

Szasz T. (1992) Our Right to drugs, Syracuse, Syracuse University Press

Szasz T. (2003) Ceremonial Chemistry, Syracuse, Syracuse University Press

Villa-Rodríguez, J.A. y Gutiérrez-Renta G. (2013) Criminología Crítica y Aplicada. Ponce, Piano di Sorrento.

Zavala-Zegarra DE, López-Charneco M, Garcia-Rivera EJ, Concha-Eastman A, Rodriguez JF, Conte- Miller M. (2012)  Geographic distribution of risk of death due to homicide in Puerto Rico

 

 

Narcotráfico: ni problema médico, ni problema moral


Gary Gutiérrez:

Presentado antes los estudiantes del internado de la Universidad Interamericana , recinto de Ponce

Antes de entrar en materia, quiero dejar claro que no solo me presento ante ustedes desde la perspectiva de un académico. Prefiero pensar que también vengo a compartir lo aprendido durante décadas trabajando como reportero, bloguero, observador social, abusador de cafeína, pero sobre todo como actor de reparto en esto que llamamos orden social.

Por tanto no me presento ante ustedes para decirle cómo manejar la situación de las drogas en Puerto Rico. Prefiero pensar que estoy aquí para invitarles y colaborar en un ejercicio de análisis que, partiendo de la anárquica aspiración de cualquier pensador crítico, se aleje de esos viejos referentes que al fin y al cabo fueron los que crearon el llamado problema de las drogas y los que hoy simulan manejarjo

Partiendo de lo anterior, me niego entonces a enfocar esta alocución desde perspectivas médicas, terapéuticas y mucho menos desde una visión morales. Primero, el yo entrar en la discusión médica o terapéutica sobre el uso y el tratamiento de sustancias, sería faltarle el respeto a los salubristas quienes pasan su vida manejando ese fenómeno llamado “droga”. En el caso de la dimensión moral de esta discusión, definitivamente sería un acto de cinismos pues admito que no creo ser la mejor persona para hablar sobre la moralidad de nada.

Ahora bien, académicamente hablando, la principal razón para negarme a discutir el llamado problema de las drogas desde esas perspectivas, médico y moral, es que estas dimensiones realmente son irrelevante al verdadero problema generador de una violencia que en nuestro país equivalente a una guerra civil (Villa-Rodriguez y Gutiérrez-Rentas 2013; Zavala-Zegarra DE, López-Charneco M, Garcia-Rivera EJ, Concha-Eastman A, Rodriguez JF, Conte- Miller M (2012).

Con esto no digo que esos aspectos médicos y morales del consumo de psicoativadores no son importante. Lo que quiero dejar claro es que, como criminólogos y criminólogas, lo que debemos estar discutiendo en Puerto Rico es si las fracasadas políticas que criminaliza las sustancias son la mejor alternativa para, primero controlar la violencia y segundo para crear las condiciones que permitan que los salubristas hagan su trabajo. Es decir, lo que debemos  estar discutiendo como sociedad es, si meter personas adultas presa por ejercer su derecho a decidir y escoger qué cosas ingiere o consume es una política a adecuada. Igualmente obligado es preguntarnos si el gastar miles de millones de dólares encarcelando a ciudadanos por vender o facilitarle  los productos que esos adultos consintientes deciden comprar.

¡DE ESO ES QUE SE TRATA!

¿Si le vamos a reconocer al Estados autoridad sobre lo que usted como ser libre decide consumir?

Por tanto, lo que hoy vengo a propones es que se rompa con los viejos discursos y que se entienda que lejos de resolver algo, lo que realmente produce la violencia que se vive y lo que hace difícil el manejo del llamado problema de abusos de sustancias, es la propia ley que criminaliza su posesión y su mercado.

Pero por supuesto, en esta sociedad posmoderna o de la modernidad tardía dominada por medios de comunicación simplistas y por políticos ignorantes o corruptos entregado a los intereses económicos que los mantienen en sus puestos, el País termina  siempre discutiendo lo que no es.

Por ejemplo, la radicación el pasado año en la legislatura de Puerto Rico de sendos proyectos encaminados a liberalizar las leyes prohibicionistas despenalizando la posesión de pequeñas cantidades de marihuana por un lado y permitiendo el uso de esta planta como tratamiento médico por el otro, desató una cruzada tipo “guerra santa” por parte de los “empresarios morales” (Goode y Ben-Yehuda 2009) conservadores que insisten en mantener el tributo de sangre que la actual ley antidrogas impone a los puertorriqueños.

Por lo visto en la prensa y en las redes sociales, inmediatamente tras la radicación de los proyectos antes mencionados, salieron los sospechosos habituales montados en miedos apocalípticos y cabalgando sobre viejos y trillados discursos moralistas, asegurando que liberar las leyes que controlan el consumo de marihuana traerá la destrucción de la fibra moral que, según ellos, mantiene coherente la sociedad puertorriqueña. ¿Cómo si la prohibición ha logrado mantener esa fibra?

Digo los sospechosos habituales, porque por un lado están algunos sectores terapista que viven de la adicción (Riggs 2012), y por otro, los sectores conservadores cristianos de derecha que desde el siglo diecinueve vienen usando, en Estados Unidos y Puerto Rico, el miedo y la insensatez para mantener o impulsar leyes que disminuyan la separación de iglesia y estado, así como el control del moralidad individual . Estos son los mismos sectores políticos que en su momento se opusieron al voto de las mujeres, al consumo del alcohol y otras sustancias, a los matrimonios interraciales, a los derechos de las mujeres sobre su cuerpo, al libre disfrute de la sexualidad entre adultos y a cualquier otra ratificación de los derechos de la comunidad LGBTT.  Sin mencionar que, estos también son los mismos que en Estados Unidos se oponen a que se enseñe la teoría de la evolución en las escuelas públicas, que piensan que Estados Unidos es un país descendiente de cristianos, por lo que no se necesita otra ley penal que no sea la Biblia y que la ley debe estar al servicio de, por la fuerza si fuera necesario, obligar a que todos fortalezcan el espíritu y la virtud moral (Foster, 2002; Goldbert 2007; Hedges, 2006; Manjó-Cabeza, 2012).

Desconfiando del uso de hierbas y brebajes como parte de rituales para la sanación del cuerpo y el alma, desde finales del siglo diecinueve estos grupos vienen empujando prohibiciones para que las leyes de Estados Unidos reflejen e impongan a todos y todas, el mencionado estilo de vida cristiano. Claro está, definiendo estilo de vida cristiano desde un punto de vista puritano, virtuoso y de fuerte control frente a los placeres. Es desde ese sector que surgió a principio del siglo veinte un grupo de cabilderos llamado “Movimiento de Temperancia” quienes lograron, en la década del 1920, prohibir en Estados Unidos y por ende en Puerto Rico el alcohol y más tardes las demás sustancias (Courtwright, 2002; Escohotado, 2003; Foster, 2002; Gusfield, 1983; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999).

Por supuesto, el pensamiento religioso fue solo el comienzo del proceso, ese discurso prohibicionista logró ser exitoso, pues el mismo resultó muy cónsono con la visión de mundo de los llamados “WAPS” -White Anglosaxon & Protestan-, quienes controlaban y controlan la vida pública en esa nación. Estos grupos de base racistas y xenofóbica, veían el uso de hierbas y plantas como la marihuana, la coca y el opio, como costumbres de razas inferiores que dañan las “buenas costumbres de la cultura civilizada”. Claro está, para ellos decir la “cultura civilizada” es hablar de la eurocéntrica cultura del blanco, varón, propietario, heterosexual y cristiano que surge durante la modernidad como ideal y representante de la naciente civilización industrial (Villa y Gutiérrez, 2013). Para ese grupo, la prohibición de “las drogas” resultó un discurso muy conveniente, pues le sirvió y le sirve, de excusa para legalmente controlar y reprimir las minorías mediante la prohibición y criminalización de sus costumbres (Courtwright, 2002; Davis, 2005; Ferrell, Hayward y Joung 2008; Escohotado, 2003; Foster, 2002). Este empuje prohibicionistas de los cristianos conservadores, respaldado por los WAPS, tomo más fuerza cuando algunas empresas lo vieron como una oportunidad de adelantar sus intereses comerciales y económicos. A modo de ejemplo se puede mencionar cómo, tanto los intereses del sector industrial algodonero en el sur de Estados Unidos, así como los de la familia de industriales Dupont, se percataron de que prohibir la marihuana tendría como efecto la destrucción de la industria del cáñamo, derivado de la planta del cannabis y principal complejo industrial en el mercado de textiles y sogas en aquel momento histórico. Es así como ambas industrias se montaron en el discurso e invirtieron recursos para empujar la ilegalización de la marihuana (Escohotado, 2003;  Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999).

Además de estos intereses económicos que podemos ver como “legítimos”, hay que dejar claro que a mediados de la década del 1930, hubo otros intereses un poco más siniestros o solapados que también empujaron y apoyaron la prohibición legal de las drogas a nivel federal en Estados Unidos. Primero, los agentes del Buró de Alcohol y segundo, los carteles o sindicatos del crimen organizado que surgieron y se fortalecieron como resultado no intencionado de la mencionada prohibición del alcohol. Ambos sectores, perseguidos y perseguidores, se quedaron sin campo de acción y sin ingresos al legalizar el consumo de licores, por lo que ambos vieron en la prohibición de otras sustancias una manera de mantener su pertinencia unos, y sus ganancias económicas los otros. (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012).

Por tanto, el que los mencionados sectores conservadores funcionen como una especie de mafia moralista imponiendo sus valores y empujando el control de los individuos por parte de un Estado dirigido por políticos que les temen y responden a sus presiones, no debe sorprender a nadie. Tampoco debe sorprender a nadie que los poderosos en esta sociedad cierren filas con esa mafia moralista y la utilicen como quinta columna, pues son ellos, los que verdaderamente se benefician del control social y de la cultura de encerrar y castigar a cualquiera que no represente, se comporte o por lo menos respete sus intereses y su estilo de vida. Entiéndase, como ya mencioné, los intereses y el estilo de vida del blanco, varón, propietario, de apariencia heterosexual y cristiana (Villa y Gutiérrez, 2013).

Además de los factores ya detallados, hay quienes complican más el análisis entendiendo que la prohibición de las drogas fue parte de una lucha por el control social entre dos facciones del poder económico en una nación que pasaba de ser una sociedad agrícola a una industrial. Al igual que con la Guerra Civil estadounidense, que no se trató de liberar los esclavos, sino que encarnó el enfrentamiento de dos visiones de ordenamiento económico encontrados, la lucha por la prohibición de las drogas se puede analizar como otro campo de batalla para el control social entre el viejo capital agrícola con una cosmovisión rural y conservadora, y el capital industrial con una mirada urbana, cosmopolita y libertina. El punto es que el proceso de ilegalización de las sustancias psicoativadoras aparenta entonces ser parte de esa lucha por el prestigio social. De esta manera hay quienes apuntan a que la prohibición de “las drogas” no tuvo nada que ver con los efectos o peligros de las mismas, sino que fue solo un intento por parte de ese capital agrícola para imponer sus visión de mundo y mantener un prestigio social que desaparecía junto a su poder económico ante el impulso arrollador de los capitales industriales que construían una nueva nación en la que Dios y lo vijos valores agrícolas no tenía un espacio prominente (Courtwright, 2002; Escohotado, 2003; Foster, 2002; Gusfield, 1983; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999).

En resumen, todo apunta a que la prohibición de las drogas no tuvo nada que ver con las mismas, sus efectos o peligros. Partiendo de la llamada criminología crítica entonces, cuyo enfoque es el estudio del orden social como productor y constructor de la desviación, se puede entiende que estas leyes prohibicionistas se aprobaron como parte de luchas de poder social u económico en medio del cambio social que vivió Estados Unidos al comienzo del siglo veinte cuando mutó de un país agrícola a una potencia industrial (Courtwright, 2002; Escohotado, 2003; Foster, 2002; Gusfield, 1983; Manjó-Cabeza, 2012; Musto, 1999).

Partiendo de lo antes expuesto entonces, es fácil entender que tan pronto alguien trata de discutir y estudiar cuán efectiva es la prohibición para controlar y reglamentar el uso de una u otras sustancias, para evitar que los niños tengan acceso a las mismas o para controlar la violencia producto de su trasiego ilegalizado, estos grupos responden con una cruzada mediática simplista sobre los peligros o daños que, dependiendo de a quién usted consulte, se relacionan con el consumo de las mismas. Lo terrible del caso es que ante esa embestida mediática por parte de la mencionada mafia conservadora cristiana, parece como si algunos sectores más democráticos, progresistas, libertarios y hasta anarquistas del país, inconscientemente les hacen el juego a los conservadores, validando la discusión sobre si el consumo de una u otra sustancia hace o no hace daño, en lugar de discutir si la prohibición logró o no controlar el consumo de estas sustancias.

Sin embargo, en este momento histórico, la discusión pública no puede seguir siendo si la marihuana, o el resto de las sustancias. es buena o mala, si hace daño o no, si es adictiva o no lo es. Entrar en esas discusiones es permitir que los mencionados sectores conservadores secuestren nuevamente la discusión pública con su discurso de miedo moral sobre “los daños” y “los peligros” de una u otra sustancia.

Esos supuestos daños y peligros se pudieran estipular, pues al fin y a la postre, lo que se tiene que discutir en este momento histórico es cómo esa prohibición lleva casi cien años  fracasando en la empresa de controlar el uso sustancias, independiente de la peligrosidad de las mismas. Nadie puede mirar la historia y honestamente decir que la prohibición es exitosa. Lo único que estas leyes lograron tras casi un siglo de prohibición es criminaliza a millones de ciudadanos libres que, sin hacer daño a nadie, deciden ejerce el derecho a buscar su felicidad como ellos o ellas la entienden. Igualmente, la discusión pública debe girar críticamente en cómo estas leyes hacen más difícil que aquellos para quienes el uso de estas sustancias representa un problema de salud puedan recibir las ayudas médicas que les permitan manejar sus adicciones, sin el peligro de ir a la cárcel. La conversación en torno a estas políticas prohibicionistas debe también girar en cómo esta fracasada prohibición alimenta económicamente a los carteles criminales internacionales y cómo durante los pasados cuarenta años, Estados Unidos viene botando en la misma casi mil millardos de dólares sin tener un solo logro concreto que justifique ese gasto (Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012 ).

Más urgente aún es la necesidad de estudiar y discutir cómo las leyes que prohíben las sustancias triunfan fracasando pues, a pesar de no controlar el uso y trasiego de las mismas, sirven de excusa para la intervención y control de las comunidades marginales en Estados Unidos y Puerto Rico. De Igual manera es imprescindible analizar cómo estas prohibiciones se convirtieron además, en licencia de corzo que permiten a Estados Unidos, como nación imperial, intervenir en otros países so color de la llamada guerra contra la droga (Manjón-Cabeza 2012). Eso es lo que tiene que estar discutiendo independientemente de lo que usted crea sobre los peligros y riesgos del uso de la marihuana y otras drogas.

Desde esta perspectiva, la pregunta tendría que ser si los puertorriqueños debemos mantener unas leyes que, no solo vienen fracasando desde la primera parte del siglo pasado a pesar de su costo multimillonario, sino que sus únicos logros son el aumento de la población carcelaria, la criminalización innecesaria de cientos de miles de ciudadanos mayormente jóvenes pobres en su edad más productiva, y como vimos hace unos días en Ferguson, Missouri, la militarización de las fuerzas policíacas, así como el deterioro de las libertades constitucionales (Alexander, 2012; Balko, 2013; Escohotado, 2003; Manjó-Cabeza, 2012;).  Esa es la discusión que se tiene que dar. Lo contrario es hacerles el juego a los mercaderes del templo.

Estados Unidos y Puerto Rico llevan casi un siglo discutiendo las sustancias, ya es hora de comenzar a discutir el verdadero problema: es decir la prohibición.

 

Referencias:

Courtwrght, D. (2012) Las Drogas y la Formación del Mundo Moderno: breve historia de las sustancias adictivas. Buenos Aires, Paidos Contextos.

Davis, A. (2005) Abolition Democracy: Beyond Empire, prisons and torture. New York, Seven Stories Press

Ferrell, J.; Hayward K.; Joung Y. (2008) Cultural Criminology: An Invitation. London, SAGE Publications Ltd.

Ferrell, J y Sanders C. R. (1995) Cultural Criminology. Boston, Northeastern University Press

Escohotado, A.(2003) Historia Elemental de las Drogas. Barcelona, Compactos Anagrama.

Foster, G. M. (2002) Moral Reconstruction: Christian lobbyists and the Federal Legislation of Morality. Chapel Hill, The University of North Carolina Press.

Grandin G, (2006) Empire’s Workshop: Latin America, the United States, and the Rise of the New Imperialism. New York, Metropolitan Books

Gray, J. P. (2001) Why Or Drug Laws Have Failed and What We Can Do About It. Philadelphia, Temple University Press.

Goode, E., Ben-Yehuda, N. (2009) Moral Panics: The Social Construcion of Deviance. Oxford, Wiley-Blackwell

Gusfield J. R. (1983) Symbolic Crusade, Urbana, Univeristy of Illinois Press.

Manjó-Cabeza A. (2012) La Solución. Barcelona, Debate.

Musto, D. (1999) The American Disease: Origins of Narcotic Control. New York, Oxford University Press.

Riggs M (2012) 4 Industries Getting Rich Off the Drug War Reason.com Acedido el 24 de febrero de 2014 en http://reason.com/archives/2012/04/22/4-industries-getting-rich-off-the-drug-w/singlepage

Szasz T. (1992) Our Right to drugs, Syracuse, Syracuse University Press

Szasz T. (2003) Ceremonial Chemistry, Syracuse, Syracuse University Press

Villa-Rodríguez, J.A. y Gutiérrez-Renta G. (2013) Criminología Crítica y Aplicada. Ponce, Piano di Sorrento.

Zavala-Zegarra DE, López-Charneco M, Garcia-Rivera EJ, Concha-Eastman A, Rodriguez JF, Conte- Miller M. (2012)  Geographic distribution of risk of death due to homicide in Puerto Rico

Sobre narcotráfico ante la asociación de Psicología de Puerto Rico


Por Gary Gutiérrez

Presentado ante la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

Lejos de pretender venir a bailar a la casa del trompo, no me presento ante ustedes para hablar de lo malas que son las drogas o los peligros que puede representar el uso de las mismas. Ni siquiera vengo a venderles mis ideas sobre como, en una sociedad democrática compuesta por hombres y mujeres libres, el uso y disfrute de cualquier cosa que no haga daño a otros, debe ser una decisión individual.

Prefiero aprovechar esta oportunidad para compartir con ustedes una historia que dramatiza el costo real de la absurda ilegalización de las drogas que, como excusa para justificar la intervención militar e ideológica global, Estados Unidos impone a la humanidad (Manjón-Cabeza, 2012). Una ilegización que crea las condiciones materiales para que aquellos social y económicamente excluidos encuentren la manera de lograr las metas materiales impuestas por el sistema (Gutiérrez 2012)

Hace unas semanas, mientras me ocupaba de la tediosa tarea de corregir y cuadrar notas, mi mente insistía en pensar cuál sería el contenido de una presentación que junto a José Raúl Cepeda y la maestra Vivien Mattei se supone presentara ante la Latina & Latino Critical Legal, Theory Inc. reunida en Puerto Rico.

En mi cabeza, no solo daba vueltas mi hipótesis sobre la violencia y el narcotráfico como discurso contestario inconsciente por parte de los sectores excluidos del sistema capitalista neoliberal. Igualmente interrumpía mi concentración en los exámenes lo que gente como Young, Wacqant, Ferrell, Simon, Chomsky, West, Klein, Rivera Lugo, Dora Nevares, Villa, y otros plantean sobre el asunto.

De pronto en medio de aquel torbellino de ideas y de mi lucha por concentrarme, tome uno de los ensayos que se supone corrigiera y al comenzar a leer me di cuenta de quién debía ser mi fuente primaría para aquella presentación. Su nombre Emmanuel, y es un estudiante subgraduado de Trabajo Social en la Caribbean University de Ponce, que como no encontró una electiva en su concentración y sin saber donde se metía se matriculó en mi clase de Delincuencia Juvenil para complementar su matrícula.

Tras leer el trabajo del joven, decidí que eran las ideas de este y no las mías o la de los gigantes antes mencionados, las que debía compartir en el mencionado foro. Así que a manera de tributo académico al “copy & paste”, me atreví leer ante aquel foro una versión, editada por cuestión de tiempo y corrección, de la introducción al ensayo con el que aquel joven contestó la pregunta: ¿Cómo usted ve al menor delincuente en Puerto Rico?,

Emmanuel comenzó diciendo: “Aun recuerdo cuando tenía 17 años y anhelaba cumplir los 18 para trabajar e irme de mi casa. El pensamiento de irme de mi casa era provocado por la rebeldía de esta etapa. Tenía claro que quería trabajar para costearme mis necesidades materiales y no depender de mi madre.

Cuando cumplí la edad comencé a buscar trabajo, aquí allá por todas partes. Recuerdo que llevé resumé hasta los pueblos limítrofes como Juana Díaz desesperado por conseguir ese trabajo. Durante tres años continué en las mismas, llevando resumé a todas las semanas a diferentes establecimientos, tiendas, restaurantes de comida rápida, supermercados, entre otros. Durante esos tres años en que no me llamaron de ningún trabajo, creció en mi la rebeldía, los pensamientos negativos y la frustración que no es otra cosa que ese sentimiento provocado por la incapacidad de no poder realizar algo porque algún factor externo que lo impide.

Aprendí a recortar y de esa manera me buscaba el peso recortando en mi casa a los muchachos del barrio. Cuando llegaba la temporada de quenepas, vaciaba el árbol de mi casa y las vendía en algún punto estratégico del casco urbano de Ponce. Obviamente esas chiripas no me daban para lo que yo quería que era comprarme un carrito, la ropa de moda, los tenis del momento, etc.

Pero cerca de la comunidad donde me crié hay un barrio con alta incidencia criminal conocido como La Cantera. Allí los jóvenes varones tenían otra forma de buscarse el peso: vendiendo drogas. Crecí viendo como los muchachos del barrio que bregaban en el punto tenían los carritos mas bonitos, los ‘bling bling, los tenis más caros y las nenas más lindas.

Luego de tres años, finalmente me llamaron y me preguntaron si todavía me interesaba un trabajo solicitado meses atrás. Contesté que si y lo primero que me dijo el individuo fue: “mañana tienes entrevista en las oficinas generales en el pueblo de Carolina”. Como tenía los recursos pude llegar y me dieron el empleo. Luego me requirieron documentos como, carta de buena conducta, prueba de dopaje, certificado médico entre los que recuerdo. Yo tuve los recursos para obtener todo lo que el empleo requería.

Aunque me vi tentado, en mi hogar tuve el ejemplo, la enseñanza y la educación que junto a mi determinación y fuerza de voluntad evitaron que me involucrara en el narcotráfico. Ahora, yo tuve los recursos y un hogar ejemplar para no caer en ese negocio, pero y los que no corren la misma suerte que yo.

Muchos recurren a la venta de drogas, a velar el punto o hacer “mandaos”. De la boca de ellos se escucha que en ningún lado le dan trabajo y que la única opción es vender droga. A esta situación hay que sumarle el discrimen si tienes tatuajes o pircings. Incluso conozco algunos que viven en un residencial público y en sus resumé anotan una dirección diferente, usan la de algún familiar o amigo. Recuerdo cuando el profesor dijo que la cultura dominante va a criminalizar a la subculturas porque desconfía de ellas.”

Si se leen con atención el ensayo de Emmanuel, el mismo surge como un pliego acusatorio contra el sistema neoliberal que se viene desarrollando en la isla por las pasadas décadas, pero que vió su máxima expresión durante el cuatrienio pasado (Gutiérrez 2012). Es ese neoliberalismo salvaje, el que utilizado sus aparatos ideológicos produce el orden social en que se desarrolla la historia de Emmanuel. Un orden que condena a miles de jóvenes a que desde la pobreza y el subdesarrollo del sur global aspiren a comprar los símbolos de éxitos impuesto desde el norte por la cultura del varón, blanco, propietario, alegadamente homosexual y cristiano (Gutiérrez 2012) . Es decir, un orden bulímico, como lo llama Jock Joung (2007), que incluye a todos por igual en el consumo de los símbolos materiales construidos como exitosos, mientras excluye a gran parte de la población de los medios legales y los empleos dignos para que pueda costearse ese consumo.

Como bien ilustra la historia de este estudiante, este proceso es uno que termina produciendo un ser humano frustrado o desvalorizado que puede ver en la violencia una forma de empoderarce ilusoriamente o en la ilegalidad, sobre todo la del ilegalizado narcotráfico, el único medio para integrarse al mundo de consumo capitalista que se le impone desde el poder (Presdee 2001)

Es de aquí que surge mi hipótesis que apunta a que la violencia social y la criminalidad que sufre el País es el resultado esperado del orden neoliberal excluyente que a mediado del siglo pasado desarrolló Milton Friedman y que luego se convertiría en dogma del sector más conservador de la política Estadounidense. Como en todos sitios donde se implementó este neoliberalismo, el resultado es que grandes sectores de la población no se sienten representado por el Estado (Klein 2008; Rivera Lugo 2004).

Ante la aparente ilegitimidad del Estado producto de la falta de representatividad y del hecho, real o aparaente, de que para muchos el sistema solo le ofrece la ilegalización como alternativa económica, en el caso de Puerto Rico se pudieran identificar tres respuestas a saber.

La mayoría no hará nada y comprando el discurso electoral esperará el espacio electoral para escoger entre dos partidos similares que, como explica el español Miguel Amorós (2012), representan los mismos intereses y que el sistema usa para dar la impresión de que es democrático. Esta mayoría son los que el sistema verá como los buenos ciudadanos, respetuosos de la ley y sobre todo “humildes”.

Por otro lado, los sectores más conscientes de la sociedad responden al excluyente proceso del que nos hablo Emmanuel, organizando estructuras políticas, comunales o económicas. De esta manera vimos como durante el cuatrienio pasado, las comunidades se organizaron para hacer frente a proyectos que las sacrificaban para crear espacios de ganancia económica a los sectores más ricos del País. Igualmente vimos a los jóvenes de la Universidad de Puerto Rico, casi todos educados, de clase media y media alta, organizarse para defender sus espacios ante la posibilidad que los mismos se pusieran directamente al servicio del poder económico. Otro ejemplo de como estos sectores más conscientes canalizan las frustraciones que el sistema les produce, es el surgimiento de los nuevos partidos políticos que durante las pasadas elecciones trataron de romper el bipartidismo que castra el proceso electoral de la Isla (Rivera Lugo, 2004; Wacquant, 2009).

Sin embargo, no todos tiene los recursos para responder y exigir legalmente un espacio donde ganarse la vida dignamente. Es mi hipótesis que en Puerto Rico, enormes sectores marginados, como bien describe Emmanuel , se las tienen que buscar como pueden para sobrevivir y sentirse incluidos consumiendo. Es decir tiene que “bregar” en trabajos marginales o precarios como recortar en sus casas, mecanear en el patio, hacer uñas o trenzas, vender quenepas o piratear DVD. Labores que pueden rayar en la ilegalidad al no cumplir con los reglamentos y permisos impuestos por el Estado (Barrero, 2008; Presdee, 2001; Rivera Lugo, 2004; Wackant 2009).

Otros, sobre todo aquellos que encarnan las características que en el capitalismo llevan al éxito, pero que por su condición de excluidos se les dificulta el desarrollo de empresas legales, terminan por integrarse a esa ilegalizada empresa capitalista que es el narcotráfico. De esta manera los puntos de drogas están administrados por jóvenes que, con una educación promedio de noveno grado, manejan inventarios millonarios, procesos de distribución, nóminas, relaciones publicas, solución de disputas, etc. Todo lo anterior complicado por la ilegalidad y lo que esa ilegalidad significa (Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. 2008) .

Es en este sentido que yo entiendo que el narcotráfico producido y fomentado por las draconianas leyes anti drogas, la violencia y la criminalidad que experimentamos en Puerto Rico, lejos de ser un problema, en muchas de nuestras comunidades se construye como la solución al problema de marginación y exclusión económica. Es decir, para muchos el mercado negro producto de la absurda ilegalización no es un problema, es una solución a su problema, el económico.

Por tanto, y repito es mi hipótesis, la inserción al narcotráfico y la criminalidad pueden ser vistos como un discurso contestatario de aquellos que sin tener la consciencia política responden “bregando” como pueden ante la sociedad que los excluye. El narcotraficante y la ilegalidad puede verse como la respuesta de aquellos quienes se niegan a ocupar humildemente los espacios de pobreza que el sistema les asigna. Así estos sectores, probablemente de manera inconscientemente, le hacen frente a un sistema que como describió Emmanuel, les condena a ser un pobre humilde que espera estoicamente por años un trabajo precario que no debiera llamarse empleo y que les condena a un estatus social de subciudadano o subciudadana.

Si se toma esta hipótesis como correcta, se puede inferir entonces que cualquier iniciativa para manejar el llamado problema de la droga, será solo un parcho y no una alternativa a la violencia que hoy cobra unas mil vidas cada año en nuestro País, a menos que que no incluya la legalización de esas sustancias. No obstante esa legalización no será tampoco solución sin una verdadera reorganización social, una mejor distribución de los recursos económicos y la integración de todos y todas a procesos políticos y económicos verdaderamente democráticos.

Porque el problema, ni son las drogas, ni es el narcotráfico. El problema es la pobreza y la marginación.

Referencias:

Amorós, J. (2012) Salida de Emergencia. Logroño: Pepitas de Calabaza Ed..

Barrero, E.C. (2008) De Macondo a mancuso: conflicto, violencia política y guerra psicológica en Colombia. Bogotá Ediciones Catreda Libre y Fundación América Nuestra.

Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. (2008) Cultural Criminology: an invitation. London: Sage.

Gutiérrez, G. (2013) “Del Coloniage a la Sociedad de Ley y Orden: violencia sistéica en Puerto Rico”en Sonia M. Serrano Rivera, Registros Criminológicos Contemporánios. (pp. 51 – 81) San Juan: Situm.

Klein, N. (2008) The Shock Doctrine, New York City: Picador.

Manjón-Cabeza, A. (2012) La Solución. Barcelona: Debate.

Pesdee, M. (2001) Cultural Criminology and the Caranval of Crime. New York City: Routledge.

Rivera Lugo, C. (2004) “Ni Una Vida Más para la Toga” en La Rebelión de Edipo y otras insurgencias jurídicas(pp. 137-154). San Juan, Ediciones Callejón.

Young, J. (2007) The Vertigo of Late Modernity. London: Sage.

Wackant, L. (2009) Prison of Poverty. Boston: Beacon.

Como lo explicó mi estudiante…


3649108582-1

Presentado ante la LatCrit SNX Conference en la Escuela de Derecho Universidad Interamericana.

Hace unos días, mientras me ocupaba de la tediosa tarea de corregir y cuadrar notas, mi mente insistía en pensar cuál sería el contenido de esta presentación que nos ocupa.

En mi cabeza, no solo daba vueltas mi hipótesis sobre la violencia como discurso contestario inconsciente por parte de los sectores excluidos del sistema capitalista neoliberal. Igualmente interrumpía mi concentración en los exámenes el pensamiento al respecto de Young, Wacqant, Ferrell, Simon, Chomsky, West, Carlos Rivera Lugo, Dora Nevares, Villa, y otros.

De pronto en medio de ese torbellino de ideas y de mi lucha por concentrarme, tome uno de los ensayos que se supone corrigiera y al comenzar a leer me di cuenta de quién debía ser mi fuente primaría para este trabajo. Su nombre Emmanuel y es un estudiante subgraduado de Trabajo Social en la Caribbean University de Ponce, quien se matriculó en mi clase de Delincuencia Juvenil porque no encontró otra electiva en su concentración.

Tras leer el trabajo del joven, decidí que eran las ideas de este y no las mías o la de los gigantes antes mencionados, las que debía compartir con ustedes hoy. Así que a manera de tributo académico al “copy & paste”, me atrevo leer ante ustedes una versión, editada por cuestión de tiempo, de la introducción del ensayo con el que el joven contestó la pregunta: ¿Cómo usted ve al menor delincuente en Puerto Rico?,

Emmanuel comienza dicendo: “Aun recuerdo cuando tenía 17 años y anhelaba cumplir los 18 para trabajar e irme de mi casa. El pensamiento de irme de mi casa era provocado por la rebeldía de esta etapa. Lo que si tenía claro era que quería trabajar para costearme mis necesidades materiales y no depender de mi madre.

Cuando cumplía le edad comencé a buscar trabajo, aquí, allá, por todas partes. Recuerdo que llevé resumé hasta los pueblos limítrofes como Juana Díaz, desesperado por conseguir ese trabajo. Durante tres años continué en las mismas, llevando resumé todas las semanas a diferentes establecimientos, tiendas, restaurantes de comida rápida, supermercados, entre otros.

Durante esos tres años en que no me llamaron de ningún trabajo, creció en mi la rebeldía, los pensamientos negativos, y la frustración que no es otra cosa que ese sentimiento provocado por la incapacidad de no poder realizar algo por algún factor externo que lo impide.

Aprendí a recortar y de esa manera me buscaba el peso recortando en mi casa a los muchachos del barrio. Cuando llegaba la temporada de quenepas,vaciaba el árbol de mi casa y las vendía en las luces o en algún punto estratégico del casco urbano. Obviamente esas chiripas no me daban para lo que yo quería que era comprarme un carrito, la ropa de moda, los tenis del momento, etc.

Pero en la comunidad donde me crié, cerca un barrio con alta incidencia criminal conocido como La Cantera, los jóvenes varones tenían otra forma de buscarse el peso, vendiendo drogas.

Crecí viendo como los muchachos del barrio que bregaban en el punto tenían los carritos mas bonitos, los ‘bling bling”, los tenis más caros y las mujeres más lindas.

Luego de tres años, finalmente me llamaron y me preguntaron si todavía me interesaba un trabajo solicitado meses atrás. Contesté que si y lo primero que me dijo el individuo fue: “mañana tienes entrevista en las oficinas generales en el pueblo de Carolina”. Como tenía los recursos pude llegar y me dieron el empleo. Luego me requirieron documentos como, carta de buena conducta, prueba de dopaje, certificado médico entre los que recuerdo. Yo tuve los recursos para obtener todo lo que el empleo requería. Aunque me vi tentado, en mi hogar tuve el ejemplo, la enseñanza y la educación que junto a mi determinación y fuerza de voluntad evitaron que me involucrara en el narcotráfico.

Ahora, yo tuve los recursos y un hogar ejemplar para no caer en este negocio, pero y los que no corren la misma suerte que yo.

Muchos recurren a la venta de drogas, a velar el punto o hacer “mandaos”. De la boca de ellos se escucha que en ningún lado le dan trabajo y que la única opción es vender droga. A esta situación hay que sumarle el discrimen si tienes tatuajes o pircings. Incluso conozco algunos que viven en un residencial público y en sus resumé anotan una dirección diferente, usan la de algún familiar o amigo. Recuerdo cuando el profesor dijo que la cultura dominante va a criminalizar a la subculturas porque desconfía de ellas.”

Si se leen con atención el ensayo de Emmanuel surge como un pliego acusatorio contra el sistema neoliberal que si bien se viene desarrollando en la isla por las pasadas décadas, vio su máxima expresión durante el cuatrienio pasado (Gutiérrez 2012).

Es ese neoliberalismo salvaje, el que utilizado sus aparatos ideológicos produce el orden social en que se desarrolla la historia de Emmanuel. Un orden que condena a miles de jóvenes a que desde la pobreza y el subdesarrollo del sur global aspiren a comprar los símbolos de éxitos impuesto desde el norte por la cultura del varón, blanco, propietario, alegadamente homosexual y cristiano (Gutiérrez 2012) . Es decir, es un orden bulímico, como lo llama Jock Joung (2007), que incluye a todos por igual en el consumo de los símbolos materiales construidos como exitoso, mientras excluye a gran parte de la población de los medios legales y los empleos dignos para que pueda costearse ese consumo.

Como bien ilustra la historia de este estudiante, este proceso es uno que termina produciendo un ser humano frustrado o desvalorizado que puede ver en la violencia una forma de empoderarce ilusoriamente o que pudiera construir la ilegalidad como el único medio para integrarse al mundo de consumo capitalista que se le impone desde el poder (Presdee 2001).

Es de aquí que surge mi hipótesis que apunta a que la violencia social y la criminalidad que sufre el País es el resultado esperado del orden neoliberal excluyente que a mediado del siglo pasado desarrolló Milton Friedman y que luego se convertiría en dogma del sector más conservador de la política Estadounidense. Como en todos sitios donde se implementó este neoliberalismo, el resultado es que grandes sectores de la población no se sienten representado por el Estado (Klein 2008; Rivera Lugo 2004).

Ante la aparente ilegitimidad del Estado producto de la falta de representatividad, real o no, en el caso de Puerto Rico se pudieran identificar tres respuestas a saber.

La mayoría no hará nada y comprando el discurso electoral esperará el espacio para escoger entre dos partidos similares que, como explica el español Miguel Amorós (2012), representan los mismos intereses, pero que el sistema usa para dar la impresión de que es democrático, cuando en realidad . Esta mayoría son los que el sistema vé como buenos ciudadanos, respetuosos de la ley y sobre todo “humildes”.

Por otro lado, los sectores más conscientes de la sociedad responden al excluyente proceso del que nos hablo Emmanuel, organizando estructuras política, comunal o económicas. De esta manera vimos que durante el cuatrienio pasado, las comunidades se organizaron para hacer frente a proyectos que les sacrificaban para crear espacios de ganancia económica a los sectores más rico del País. Igualmente vimos a los jóvenes de la Universidad de Puerto Rico, casi todos de clase media y media alta educados, organizarse para defender sus espacios ante la posibilidad que los mismos se pusieran directamente al servicio del poder económico. Otro ejemplo de como estos sectores más conscientes canalizan las frustraciones que el sistema le producen, es el surgimiento delos nuevos partidos políticos que durante las pasadas elecciones trataron de romper el bipartidismo que castra el proceso electoral de la Isla (Wacquant, 2009).

Sin embargo, no todos tiene los recursos para responder y exigir legalmente un espacio donde ganarse la vida dignamente. Es mi hipótesis que en Puerto Rico, enormes sectores marginados, como bien describe Emmanuel , se las tienen que buscar como pueden para sobrevivir y sentirse incluidos consumiendo. Es decir tiene que “bregar” en trabajos marginales o precarios como recortar en sus casas, mecanear en el patio, hacer uñas o trenzas, vender quenepas o piratear DVD. Labores que pueden rayar en la ilegalidad al no cumplir con los reglamentos y permisos impuestos por el Estado (Presdee, 2001; Rivera Lugo, 2004; Wackant 2009).

Otros, sobre todo aquellos que encarnan las características que en el capitalismo llevan al éxito, pero que por su condición de excluidos se les dificulta el desarrollo de empresas legales, terminan por integrarse a esa ilegalizada empresa capitalista que es el narcotráfico. De esta manera que los puntos de drogas están administrados por jóvenes que, con una educación promedio de noveno grado, manejan inventarios millonarios, procesos de distribución, nóminas, relaciones publicas, solución de disputas, etc. Todo lo anterior complicado por la ilegalidad y lo que eso significa (Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. 2008) .

Es en este sentido que yo entiendo que el narcotráfico producido y fomentado por las draconianas leyes anti drogas, la violencia y la criminalidad que experimentamos en Puerto Rico, lejos de ser un problema, en muchas de nuestras comunidades se construye como la solución al problema de marginación y exclusión económica.

Por tanto la inserción al narcotráfico y la criminalidad pueden ser vistos como un discurso contestatario de aquellos que sin tener la consciencia política, responden “bregando” como pueden. Es decir el narcotraficante y la ilegalidad puede verse como la respuesta de aquellos quienes se niegan a ocupar humildemente los espacios de pobreza que el sistema les asigna. Así estos sectores, probablemente de manera inconscientemente, le hacen frente a un sistema, que como describió Emmanuel, les condena a ser un pobre humilde que espera estoicamente por años por un trabajo precario que no debiera llamarse empleo y que les condena a un estatus social de subciudadano o subciudadana.

Si se toma esta hipótesis como correcta, se puede inferir entonces que cualquier iniciativa que no incluya la legalización del llamado narcotráfico, la reorganización social, una mejor distribución de los recursos económicos y la integración de todos y todas a procesos políticos y economicos verdaderamente democráticos, será solo un parcho y no una alternativa ante violencia que hoy cobra unas mil vidas cada año en nuestro País.

 Referencias:

Amorós, J. (2012) Salida de Emergencia. Logroño: Pepitas de Calabaza Ed..

Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. (2008) Cultural Criminology: an invitation. London: Sage.

Gutiérrez, G. (2013) “Del Coloniage a la Sociedad de Ley y Orden: violéncia sistémica en Puerto Rico” en Sonia M. Serrano Rivera, Registros Criminolog;icos contemporánios (pp. 51 – 81) San Juan: Situm.

Klein, N. The Shock Doctrine, New York City: Picador.

Pesdee, M. (2001) Cultural Criminology and the Caranval of Crime. New York City: Routledge.

Rivera Lugo, C. (2004) “Ni Una Vida Más para la Toga” en La Rebelión de Edipo y otras insurgencias jurídicas(pp. 137-154). San Juan, Ediciones Callejón.

Young, J. (2007) The Vertigo of Late Modernity. London: Sage.

Wackant, L. (2009) Prison of Poverty. Boston: Beacon.

Citado por Claridad en: Drogas: ¿Prohibición, mano dura, legalización?


Nacionales

Drogas: ¿Prohibición, mano dura, legalización?

Por Cándida Cotto
Publicado: martes, 22 de enero de 2013

Si las drogas estuvieran dentro de las líneas de distribución legal como lo están el alcohol y el tabaco no causarían ningún problema más allá que el que causa el propio tabaco y alcohol.

En entrevista con CLARIDAD para analizar cómo enfrentar la criminalidad desde el punto de vista de atender la drogadicción, el profesor universitario doctor Gary Gutiérrez anotó que la drogadicción y la criminalidad son dos problemas diferentes.

“La drogadicción no es un problema criminal. La drogadicción es un problema médico y es un problema médico solo cuando le causa problemas al usuario, el usuario no puede controlar el uso y el uso lo controla a él”.

Lo que sí es un problema de criminalidad, indicó, es el narcotráfico al declarar como ilegales a las drogas. “Creo que lo que tenemos que superar como sociedad es desvincular las drogas con la criminalidad o la violencia porque las drogas muy rara vez causan violencia. La violencia no es de la sustancia, es de la persona, la sustancia ayuda a desinhibir”.

Para sustentar su señalamiento, Gutiérrez argumentó que en Estados Unidos las estadísticas revelan que el 50% de los delitos se comenten bajo la influencia de alguna sustancia. Aunque el número suena alarmante, la realidad es que hay millones de personas que a diario usan sustancias y no cometen delito. “No podemos decir que el factor que lleva al delito es la sustancia. Por ejemplo, se puede ser adicto al alcohol y si me quedo en casa eso no debe ser un problema para el estado. Ahora lo que Puerto Rico tiene es un problema de violencia que se exacerba por el mercado negro de la droga, porque la droga es su segundo o tercer espacio económico y no tiene sitios legales donde dirimir sus controversias”, apuntó el experto en criminología.

Gutiérrez señaló que hay proyectos de legalización, como los experimentos que hay en Portugal y el norte de Europa, que demuestran que cuando se permite que las sustancias se muevan libre en unos espacios la gente no tiene que entrar en conducta delictiva. Otro efecto es que el costo de la sustancia legalizada es mucho más barato.

Pero aun con estos experimentos, la realidad es que la legalización implica una cadena de distribución legal desde su importación que incluso los países soberanos están imposibilitados de adoptar una legalización total de la droga debido a la presión y a las leyes impuestas por Estados Unidos.

Gutiérrez expuso una síntesis del origen de prohibición de la droga en Estados Unidos. Este es un proyecto de los movimientos fundamentalistas religiosos de derecha que datan del siglo 19 y comienzos del siglo 20, quienes imponen mediante la ley sus criterios de valores que en última instancia son los valores del varón blanco propietario, alegadamente heterosexual y cristiano. La ilegalización de las sustancias tiene el propósito de imponer los valores de este grupo a los grupos minoritarios.

Continuó que una vez este movimiento, conocido como Temperancia, establece su proyecto, convence al gobierno de EEUU de que la prohibición es buena para ese país porque va a promover esos valores a los demás frente a los valores de “razas salvajes que utilizan esas sustancias para despertar sus pasiones”, según la expresión que utiliza el movimiento Temperancia.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos promueve en el Tratado de Versalles unos incisos que obligan a los firmantes a adoptar una lucha contra las drogas y a perseguir las sustancias ya que esta política le sirve a sus propósitos de dominación.

“Entonces tienes un proyecto ideológico que te permite ilegalizar las sustancias. Eso permite a nivel del estado y fuera intervenir legalmente en espacios autónomos de otras naciones. El proyecto de la ilegalización de las drogas nunca -y nunca es nunca- ha tenido que ver con los peligros ni los efectos de las sustancias. Han tenido que ver con la importancia de los intereses geopolíticos de Estados Unidos. Así creamos un problema que no teníamos”, destacó el profesor Gutiérrez.

La prohibición, a su vez, es lo que ha provocado un mercado negro, el cual produce otros efectos; uno, disparar el valor de las sustancias; dos, violencia ya que sus participantes no tienen un espacio en donde dirimir sus controversias, y tres, provoca la corrupción para defenderse del estado.

“Ahí es donde nosotros estamos. Ahí hay que agregar que en la época del 1970 cuando Richard Nixon, comienzan a regresar los jóvenes de Vietnam. Esos jóvenes regresan de unas sociedades donde coexistían con estas sustancias. Los blancos se ponen histéricos y Nixon no le hace caso a los salubristas para crear un plan de emergencia de salud y crea la guerra contra las drogas, crea la DEA en el 70 y el resto es historia”.

El entrevistado censuró que con la llamada “guerra contra las drogas”, EE UU compra la idea de que el problema no son ellos como consumidor, sino los países productores que mueven las sustancias. “Puerto Rico copia eso en un menor grado con diferentes nombres e impone esta respuesta punitiva que se repite y reproduce sin que cree ningún resultado medible. En Puerto Rico llevamos casi 40 años de lucha directa contra las drogas y el resultado es que hay mucha más droga, es más barata, deja más ganancias, más crimen organizado y hay más violencia relacionada con ella. Así que los planes que se han hecho en Puerto Rico contra las drogas no solo han fracasado contra la droga sino que han creado un montón de problemas paralelos que antes no teníamos”, manifestó categórico.

En ese sentido, criticó que el plan del nuevo gobierno que preside el Partido Popular Democrático (PPD) de utilizar la Guardia Nacional para combatir la criminalidad-narcotráfico es el mismo discurso de “ley y orden” implantado por su antecesor Luis Fortuño. “El mismo Superintendente de Fortuño, la misma visión punitiva y ahora con el agravante de la misma militarización; para mí es extremadamente peligrosa porque según la ONU donde quiera que se ha militarizado la guerra contra las drogas el resultado ha sido una escalada horrible de violencia”. Puso de ejemplo la experiencia de México, en donde en los últimos seis años la llamada “guerra contra las drogas” ha provocado 55 mil muertes, cuando en los años anteriores solo hubo nueve mil muertes.

El profesor Gutiérrez expresó su aprehensión de que si ocurre que durante una intervención un narcotraficante dispare y mate a un guardia nacional, el día en que eso pase tenemos el problema de México en cuestión de meses. “Eso fue exactamente lo que pasó con México. Además los estudios revelan y la experiencia histórica desde la prohibición del alcohol revela que por lo menos un 40% como mínimo de los efectivos que manejan esta estrategia terminan en corrupción. Por lo menos en México se habla de que el 100% de los militares está corrupto”.

Al reiterar su preocupación por la movilización de la GN, el experto trajo a la atención además que éste es un cuerpo militar y sus miembros están entrenados para ganar guerras. Comentó que si algo demuestra Vietnam para los norteamericanos y Afganistán para los soviéticos, es que lo peor que se le puede hacer a un militar es darle una misión que no tenga una meta clara, específica, sin un objetivo definido.

A la vez que criticó que con la movilización se le está dando dinero al aparato militar, reiteró la virazón que puede tener esta política. Demandó que le dieran un solo ejemplo de algún sitio donde la militarización del espacio ha controlado el consumo de drogas. Por el contrario, insistió en que la militarización es un paso inadecuado que va a provocar más problemas de los que va a resolver.

¿Qué se puede hacer?

Ante la realidad de que Estados Unidos se las arregló para amarrar las manos a los países a nivel internacional, propuso que al igual que lo están haciendo algunos estados Puerto Rico puede seguir las recomendaciones que se están dando a nivel mundial de que cada estado de manera individual maneje su problema específico. Un ejemplo es la legalización del uso de la marihuana como ya lo han hecho varios estados del mismo Estados Unidos aun en contra del Gobierno Federal.

Gutiérrez describió que en Puerto Rico el problema del narcotráfico es uno estructural. Primero su ilegalidad lo hace una buena actividad económica en una sociedad donde no hay otras oportunidades. Segundo, en un sitio donde la cultura y las estructuras socio económicas nos imponen unos niveles de consumo de primer mundo, mientras nos mantienen con salarios de tercer mundo, lo que nos lleva a ser una sociedad bulímica, es decir, que nos incluye a todos en el consumo y nos excluye a la hora de acceder a trabajos dignos que nos permitan ganarnos la vida.

“En nuestras estructuras económicas y políticas se tiene la receta para el desastre porque hay personas sin ninguna oportunidad de ingresos legales y hasta que no cambiemos las estructuras vamos a seguir teniendo los mismos resultados. Lo primero que tenemos que internalizar es que no vamos a cambiar nada hasta que no comencemos a cambiar las estructuras, a poner el dinero a las empresas comunitarias en lugar de dárselo a las internacionales, que se produzcan cosas que se puedan vender a otras comunidades. Pero como el dinero se les da a las tiendas de cajón ejemplo Walmart…”.

En esa misma orientación, rechazó que la educación de los narcotraficantes sea el problema. Expuso que los narcos son jóvenes de capacidad y que aun con noveno grado corren negocios millonarios. “No es un problema de educación, es un problema de falta de oportunidad económica, la presión económica, denunció Gutiérrez y cuestionó las oportunidades de trabajo que pueda tener un joven negro de caserío, aun con un bachillerato.

Añadió que estudios llevados a cabo en Estados Unidos demuestran que la mayoría de las personas que venden drogas no quieren hacerlo y prefieren hacer algo legal por estar hartos de vivir escondidos. Estudios conducidos por el investigador David Kennedy demuestran que cuando se les da la oportunidad de legalizarse las personas que logran pasar de los 24 a 25 años comienzan a mirar la vida diferente.

“Es muy fácil, desde la moralidad de la clase media, decirle al joven lo que es moral o inmoral. Si no cambiamos el orden de los factores no vamos a cambiar los resultados. Estados Unidos ya va para 110 años de prohibición. La última ley es del 1970. Ninguna ha sido efectiva. No quiero decir que usar droga es bueno o malo. Lo que digo es que la prohibición no ha resultado en ningún sitio, ni la militarización”.

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