Buscar

El Blog de Gary Gutiérrez

Observador social, iconoclasta aspirante a ácrata, apóstata, comantenedor del programa @tempranopr de http://www.pab550.com, y barbicuero de patio

Etiqueta

mojo

Sopas de pollo, pero con “drippings”…


Mientras el pollo partido en dos se doraba junto a un pernil en las infernales entrañas de Jimena, la barbacoa que reside en mi patio, mi mente buscaba que hacer con los espinazos que sobraron de las aves.

La respuesta a mi búsqueda llegó cuando vi los jugos que percolaron de la carne y que se mezclaron con el agua que se supone mantuvieran jugoso el asado.

El resultado fue una sustanciosa sopa producto de espinazos hervidos juntos a hierbas y aromáticos que se complementó con los mencionados jugos (drippings) recogidos en la barbacoa. No solo el caldo integró los sabores de “lemon & pepper” del rub usado en el asado, igualmente tomó un trasunto ahumado maravilloso.

Para complementar esta potente sopa, preparé unos tostones aderezados con el tradicional mojo de tomate que es un referente de la gastronomía de la casa en que crecí.

En resumen que el caldo resultante convirtió esta simple sopa pollo en el nuevo parámetro para lo que debe ser un placer hogareño. Eso que los del norte llaman “confort food”.

¡Buen provecho!

Vida antes del grotesco mayuketchup… «mojo pa’ tostones»


No es que odie el «mayuketchup«, pero en realidad, para mí no es la mejor acompañante para tostones.

Según mi recuerdo, el mayuketchup, que es una redefinición de la salsa «thousand island» o de la «salsa rusa«, se popularizó en Puerto Rico durante los años 70′ del siglo pasado. Tal vez, como la mayonesa y los pepinillos, se popularizó en la isla tras la llegada de loa cubanos que vinieron huyendo a la revolución. Pero la verdad es que no recuerdo haberla visto en mi niñez aun cuando ya en la adolescencia se aderezaban los sandwiches ponceñoa con mayonesa y ketchup.

En mi casa, para aderezar tostones se usaba un mojo de salsa de tomate, no ketchup. Según mi tradición doméstica, la receta de este aderezo la recibió mi padre del dueño de un restaurante en Salinas o Santa Isabel.

En un mortero, pilón para los puertorriqueños, machaque dos o tres dientes de ajos con sal a gusto. Recuerde que la sal le reduce la intensidad del ajo. Cuando tenga la textura de una «pasta», añada y mezcle con una cuchara la salsa de tomate y aceite de oliva liviano. La cantidad de salsa de tomate con relación a la pasta de ajo determinará la fuerza del sabor.

Para servirla, solo preséntela en una fuente al lado de los tostones. Igual sirve para chicharrones de pollo carne frita y sorullos de maíz

En mi caso, este aderezo es un viaje a la cocina de mi madre. Eso siempre es ganancia.

¡Buen Provecho!

Que clase de sopa, la crema de plátanos en Lydia’s


Si la premisa de la serie española es correcta, y existen puertas al pasado, Lydia’s Restauran de Ponce tiene que ser uno de esos portales.

Image may contain: text and food

De entrada, no parece tener nada de particular. Amplio salón comedor, música tropical a un nivel adecuado para que no moleste, y un menú especializado en en «filetes y mariscos frescos del País».

Sin embargo, para quien sabe y puede observar, las señales de un buen «pocito dulce» están allí.

Del saque, la forma en que los comensales saludan por su nombre a los meseros, y la forman en que se saludan entre ellos deja claro que en Lydiás la clientela es «de siempre».

Decir que es un viaje al pasado no es una metáfora. Después de todo este negocio lleva casi 40 años sirviendo a la clientela local. Primero bajo la dirección de Lydia’s la fundadora y ahora custodiado por Elbaliz Irizarry.

Pero en Lydia’s, no solo el ambiente es «old school».

La paleta de sabores no puede ser mas criolla y hogareña. Todos los platos evocan por un lado lo mejor de aquellos restaurantes que enamoraron a los ponceños de clase media durante los dorados años de bonanza económica en la década del 1960. Y por el otro, los sabores, olores y texturas que esa misma generación disfrutaba en casa de sus abuelas.

Para comenzar como aperitivo, la crema de plátano que es poco menos que pecaminosa.

IMG_2428

Una sensual combinación de texturas que incluyen la crema del plátano molido, la crocante estructura de una arañita frita y la consistencia de un maduro queso parmesano. Todo eso macerado en un sabroso caldo de especias y hierbas criollas.

Esa crema es tan potente que le fue de maravilla y domesticó un Don Q Añejo, otro orgullo ponceño.

IMG_2430

Como debe ser, terminada la sopa de entrada, nuestra mesera Cristal, llegó con otro ícono de los restaurantes «old school», la ensalada y el pan tostado.

IMG_2432

Sabrosa en su simpleza y balance. Lechuga, tomate y cebolla roja trozados y aderezados con la vinagreta de la casa. «Nice touch» como dicen en el norte.

Con este arranque no es de sorprender el nivel de los platos fuertes.

Por un lado la carne tasajo.  Ese plato que nuestras madres ancestrales desarrollaron mientras trataban de hacer más apetecible la dura carne seca que el patrón le daba para que alimentaran a sus familias.

IMG_2433

Servida sobre viandas, es decir víveres para los dominicanos o verduras para los del norte de Puerto Rico, la tierna pero firme textura producto de paciente cocción, y el sabroso sabor de sus jugos hacen de este plato un viaje a las casas de mis abuelas.

Majar las viandas en los jugos producto de la lenta cocción es volver a ser niño.

Por otro lado, los camarones en la salsa de Lydia’s si son una experiencia verdaderamente erótica. Que cosa más sabrosa.

IMG_2437

El dulce y delicado sabor del crustáceo se complementa con la salsa que parece producto de un lento confitado de los aromáticos en m una  mantequilla maravillosamente sazonadas… Cristal, la mesera, explicó que esta salsa también es «bien buena sobre la pechuga de pollo».

Como complemento a esta delicia, unos tostositos con el mojo de la casa.

Es decir una salsa producto de  pique, salsa de tomate y abundante aceite de oliva.

¡BRAVO!. Venga otro «Doncusito».

Así, la jornada finalizó con un flan de coco que no necesita descripción.

IMG_2435

En fin que si usted es de los que peina cana y pica sobre los cincuentas, la visita a Lydias én Ponce será un nostálgico viaje a un lugar donde todavía habitan los sabores de las abuelas… ¡buen provecho!

 

 

 

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: