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El Blog de Gary Gutiérrez

Abusador de cafeína, asador de patio, comidista y cronista del bajo mundo culinario, iconoclasta aspirante a ácrata, apóstata, y comantenedor de @tempranopr

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Hiram Lozada Pérez

Impredecibles y disfrutables los relatos de Lozada


Nuevamente comparezco ante ustedes para enfrentar mi peor pesadilla, mi gran deficiencia, o como dirían los fanáticos de los comics, mi kriptonita.

Me refiero a la literatura, ese maravilloso arte de contar historias mediante noveles y creativas formas de organizar las palabras, y de usar el lenguaje. Arte que como he dicho antes, tanto los Escolapios como el currículo de español en este país se encargaron  de hacerme odiar hasta el cansancio.

Sin embargo, y tal vez enviado por la Providencia para ayudarme a encontrar la pasión y el entendimiento de esta forma de expresión, el amigo abogado Hiram Lozada Pérez vuelve a interpelarme para que comente su más reciente publicación;  “Relatos de Inframundo  -Diez cuentos entre la realidad y la fantasía-.  Libro de encuadernación rústica de ciento tres (103) páginas, donde el amigo abogado parece surgir como un viejo sabio con el interés y pasión de un joven adolescente.

Como adelanta el subtítulo del libro, la obra se compone de diez cuentos que,  en un lenguaje visual digno del guión televisivo,  juegan con esas dimensiones que los seres humanos llamamos realidad y fantasía.

En estos  escritos, cuya extensión varía entre unos pocos párrafos y una treintena de páginas,el autor recurre a viejos y familiares personajes, algunos del propio Lozada y otros de la literatura universal para contar las historias.

Es así que en solo tres breves párrafos, Lozada utiliza la mitológica ballena blanca de la novela de Herman Melville para coquetear con uno de los temas constante en sus escritos: los misterios de la vida y la reencarnación.  La simpleza y brevedad del cuento encierra una de esas discusiones que ocupan al ser humano desde que tuvo consciencia de que pensaba.

Igualmente denso, aunque de solo una página, el escrito titulado “El Espejo” dramatiza la simple pero a la vez compleja imposibilidad de entender esa creación humana llamada “Dios”.

En el tercer escrito, “El Conde de los Libro”, Lozada echa mano del inmortal personaje de Bram Stoker para reflexionar sobre la inmortalidad y del aburrimiento producto de la cotidianidad de esa perpetuidad.

Si interesante son las narraciones antes señaladas, el cuento “Un Alboroto de Alas y Granizo”, “la hace” como dirían mis estudiantes.  Así como en su magistral cuadro  “El Cristo de San Juan de la Cruz”, el genio catalán Salvador Dalí nos invita a mirar el mito cristiano de la crucifixión de Jesús el Nazareno desde otra perspectiva, este escrito nos narra el suplicio y muerte del rabino rebelde desde otro punto focal. Lozada no mira al Gólgota de frente, resultando en nueva narrativa y, por qué no, en un mito diferente. En solo siete páginas, Lozada nos lleva a mirar la muerte y pasión del salvador cristiano desde una perspectiva alterna donde el hecho se enmarca en la cotidianidad que para los romanos era la crucifixión del disenso.  Con un, para mí magistral uso de la narrativa, Lozada enmarcada la historia de los evangelistas en la impotencia y el dolor de esos justos cuyo únicos pecados son el ser solidarios con los vulnerables, y el hablarle proféticamente al poder.  “Bravo Maestro”.

El quinto cuento del libro trae al lector otra realidad enmarada en la actualidad, y el mundo de miedo en el que viven muchas de esas personas que se autoconstruyen como “clase media”.   Bajo el título “No te Acerques a la Ventana”  el autor no lleva a reflexionar sobre ese ideal de la seguridad que termina llevándonos a, no solo a dejar de experimentar la vida, también a la perdida de nuestra libertad.

El choque entre lo que nos dicen son nuestros valores. Es decir el sacrificio, la familia, el amor, y lo que realmente termina siendo lo importante en la materialista posmodernidad o modernidad tardía que vivimos, es el tema central de la historia titulada “Voy a que Me Maten”.  Decir más es dañarles el magistral final que es una verdadera joya cínica.

Igualmente cínico es narración titulada “Sentado Frente a la Puerta”, donde, sin ni siquiera mencionar al machismo, Lozada nos habla sobre cómo la violencia y la criminalidad definen nuevos referentes para la masculinidad, el honor y el sentido del deber. Para pelos, no solo por lo que dice, sino por lo que implica.

Hablando de machismos, macharranerías y de ilusorias construcciones de poder, en “Un Día en la Oficina”, nuevamente desde un magistral cinismo, Lozada dramatiza los referentes del éxito en el orden capitalista que vivimos. Allí el autor nos habla de la ilusión del poder y de cómo desde esa supuesta hegemonía, ese “poderoso” que reduce a otros u otras al papel de objetos utilizables, termina igualmente siendo una “perra” bajo otro más poderoso que él.

En “El Caso Simple de un Suicida”, Lozada trabaja cómo, cuando viene la criminalidad, la lucha en contra de esa criminalidad, y sobre todo cuando viene al concepto de Justicia matizado por el proceso judicial, la realidad no solo es creada, es creada por una infinidad de intereses alejados de las víctimas.

Para terminar, en su cuento final y más extenso, nuestro autor utiliza el resurgimiento en Los Ángeles de un personaje producto de las leyendas medievales para presentarnos a un excéntrico ex policía cuyos principios le llevaron a dejar su oficio y eventualmente encontrar un amor con quién compartir su pasión por los libros y las rarezas. Por alguna razón pienso que volveré a leer sobre esta pareja y sobre los fantásticos casos que trabajarán juntos.

Así, tras haber disfrutado de los cuentos del amigo Hiram Lozada Pérez tengo que concurrir con el también amigo Daniel Nina, cuando explica que a diferencia de otros trabajos de Lozada, estos cuentos no son necesariamente narrativa puertorriqueña.

Dice Nina: “Ahora bien, en sus cuentos hay otra lógica. No lo había pensado, pero sus cuentos son “internacionales”. No necesariamente pasan, de forma exclusiva en el territorio nacional de Puerto Rico, contrario a lo que ha pasado en su mundo de la narrativa novelesca. Sus cuentos pasan en un más allá, cuyo referente primario es “otro sitio”. Pero, por otro lado, también pasa algo que es de sumo interés para mí: los cuentos, distinto a las novelas, son menos generosos y más que nada son “tirados”, son “sucios”, no son éticos, son cuentos donde el bien y el mal existen, y donde no necesariamente la generosidad es el eje dominante. Algo así como que los cuentos son un retrato de un mundo “oculto” en el cual también convive el autor.”

Es esas características que señala Nina donde la narrativa se da desde una aparente neutralidad ética, que como tributo y no crítica se me antoja llamar “cínica”, lo que me cautivó de la obra presentada por Hiram Lozada Pérez en “Relatos de Ultratumba”. Un trabajo que recomiendo, no porque yo sepa nada de literatura, sino porque realmente disfruté leyéndolo.

Salud y resistencia
4 de marzo 2017
Librería El Candil de Ponce

 

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Sobre esta obra escribe la Profa. Vivien Mattei Colón:

Sobre Relatos de Inframundos, de Hiram Lozada Pérez

Resulta difícil hablar de esta obra, por los riesgos de arruinar las tramas de los cortos cuentos que la constituyen. Es como caminar en suelo minado, donde en cada expresión intentas no tocar ese punto que debes dejar que el propio lector descubra.

Distinto a las anteriores Maria Madiba y aún Los Muertos se visten de blanco, con la cual comparte algunos detalles, este libro se forma de cuentos cortos, algunos muy cortos, que aunque independientes, tienen elementos sutiles que los entrelazan.

En esta ocasión, el autor habita muchos cuerpos, nos descubre intrigas de otra de sus obras y vuelve a presentar lo llamado sobrenatural en contextos cotidianos y familiares. Para él, el mas allá es solo una parte del más acá, sea en un novelista reencarnado, en una medium a punto de dar a luz, en un policía corrupto o en un hastiado vampiro. 

Sin ser panfletista, nos habla de la reencarnación y la mediumnidad. Pero igual nos trae personajes que pueden ser monstruosos, y a la vez humanos, haciéndonos reflexionar sobre nuestras percepciones de la otroriedad. 

Los cuentos hablan de nuestros más elementales temores, de ser diferente, de la angustia por lo desconocido. Habla de la muerte, un tema recurrente en su obra. Juega con mitos ancestrales, algunos salpicados con su propia imaginación, demostrando en el camino que son parte de la naturaleza humana, y que trascienden las épocas.  

Y como diría el amigo periodista, Reinaldo Millán, mucho más versado que yo en estos asuntos, se trasluce la influencia de José Saramago en el autor. El cuento No te acerques a la ventana nos hace recordar la ciudad con ceguera y la interpretación del mito de la caverna del autor portugués pero también las obras del joven cineasta M. Night Shyamalan.

El miedo a perder permea las historias, sea perder la vida, perder lo amado o perder la dignidad. Nos enfrenta a la mirada de Dios y a la compasión del monstruo que sacrifica en aras del amor. Nos habla del poder y su intimidación al más débil. Relata lo paralizante que puede ser temer a lo desconocido.

Algunas de las muy diversas historias que nos cuenta, localizadas en diversos puntos del planeta y en distintos momentos históricos, parecen inconclusas, dejando al lector el trabajo de imaginar un final, que lo obliga a reflexionar sobre su propia existencia.

Hiram Lozada es un excelente narrador, que con minuciosas descripciones nos traslada a escenarios y laberintos, físicos y mentales, fáciles de visualizar. Detalla igualmente emociones, haciéndonos vibrar de temor en unas, o de lujuria en otras.

Es un libro corto, para leer y releer muchas veces, pues cada nueva visita, encontramos algo escondido del autor y algo nuevo de nosotros mismos.

Vivien Mattei Colón, 4 de marzo de 2017

Citado por Voces del Sur: Los muertos se visten de blanco: relato “realista y entretenido” del narcotráfico


Voces del Sur

 

Los muertos se visten de blanco: relato “realista y entretenido” del narcotráfico

 

Voces del Sur

 

La presentación en Ponce de la más reciente novela del abogado y escritor Hiram Lozada Pérez, Los muertos se visten de blanco, fue poco convencional, pues contó con tres comentarios desde las perspectivas criminológica, literaria y espiritista, y al final se convirtió en un conversatorio entre entusiastas que hicieron cerrar más tarde de lo usual la Librería El Candil, el pasado jueves por la noche.

Los profesores universitarios Gary Gutiérrez Renta, Beatriz Navia Antezana y Vivien Mattei Colón analizaron el texto desde tres campos de su dominio, mas coincidieron en que la obra es entretenida, de fácil y rápida lectura, y extremadamente visual.

La presentación fue auspiciada por el Ateneo de Ponce.

Gutiérrez Renta, criminólogo y ex fotoperiodista, comentó que la narración es un “realista retrato del mundo policiaco y, por ende gansteril, que coexiste en muchas de las comunidades de este Puerto Rico secuestrado por el narcotráfico”.

“La novela Los muertos se visten de blanco, que se me antoja calificar de criminología etnográfica o cultural, va dibujando en grises no solo el mundo de ‘lo criminal’, sino que paulatinamente va produciendo un retrato de la sociedad en que vivimos. Una sociedad donde el crimen y el narcotráfico es un buen negocio tanto para quienes lo trabajan, como para los que lo combaten”, evaluó el autor del libro Exclusión y violencia.

Al referirse –sin adentrarse- al aspecto espiritual de la tercera novela del autor, Gutiérrez Renta señaló que el protagonista “está enmarcado en una espiritualidad silvestre que sirve como retrato etnográfico a nuestra religiosidad popular donde las conversaciones con los que ya no están, las premoniciones y los amuletos son tan cotidianos como las catedrales y las cruces cristianas”.

Quien comentó a profundidad sobre el tratamiento del tema espiritista en el libro fue la experimentada comunicadora Vivien Mattei Colón.

“En términos generales, la manera de presentar la relación entre las dos dimensiones, encarnados y desencarnados, es bastante afín a la doctrina espírita, a la cual hace referencia en varias ocasiones, refiriéndose al bisabuelo espiritista y sus libros de Kardec”, sostuvo la relacionista profesional.

En el complicado ejercicio de comentar sin revelar detalles del relato, Mattei Colón describió cómo se presentan las relaciones entre los muertos y sus familiares vivos, y los significados del color blanco en la trama.

“La lectura de Los muertos se visten de blanco nos deja una agradable sensación de que esta convivencia entre encarnados y desencarnados es algo natural, deseable, reconfortante, necesaria para comprender la dimensión de la experiencia humana y de las más fundamentales emociones y valores como el amor, la fidelidad y la honestidad”, manifestó.

Por su parte, la socióloga y escritora Beatriz Navia Antezana elogió la construcción del relato porque, a su juicio, provoca “que no puedas dejar de leerlo”, y lo calificó de “contundente como un cuento”.

“Ese don de capturar la atención lo convierte, no en un libro más de narcotráfico, sino en una novela muy interesante sobre esta temática que nos arropa a todos”, expresó la autora de la novela Las ciudades de Lucía y el conjunto de relatos (des)Amores.
En su turno de reacción, Lozada Pérez reveló que la novela es sumamente visual porque la concibió como un guion de película.

“Los muertos se visten de blanco fue casi fácil de hacer porque no surge de otros textos ni experiencias, como mis anteriores novelas, sino que surge de imágenes en mi cabeza. Solo tuve que transformar esas imágenes en palabras”, explicó.

Lozada Pérez es autor, además, de las novelas Los días de abril y María Madiba; del poemario Poesía Necesaria; y de los libros de cuentos La desaparición de Jane Montgomery y Cuentos de los últimos días.

Novela Los Muertos Se Visten de Blanco -comentaro-


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Hiram Lozada Pérez

Novela: Los Muertos Se Visten de Blanco

Autor: Hiram Lozada Pérez

Editores: Isla Negra

Comentarios presentados el 31 de marzo del 2016 en la Librería El Candil de Ponce por Gary Gutiérrez y Vivien Mattei

Realista y visual, Los Muertos se Visten de Blanco 

Comentario por Gary Gutiérrez

“La vida te da sorpresas”.

La canción de aquel juglar que aspiró a la presidencia de Panamá probablemente es la forma más elocuente de expresar mi asombro ante la petición del abogado Hiram Lozada Pérez. El amigo Hiram me solicitó mediante Orlando Planchart que le comente una novela.

¿Disertar yo sobre una novela, cuando mi principal deficiencia académica es la literatura?

Como he dicho en otras ocasiones, desde mi escuela intermedia tanto el currículo de español como los curas Escolapios se encargaron de castrar en mí la capacidad para apreciar ese arte de organizar palabras y narrar historias.

No obstante, honrando la amistad con Hiram Lozada Pérez, pero a la vez horrorizado por la encomienda, no me queda más remedio que enfrentarme a mis más profundos miedos y tratar de hacer lo mejor posible.

Es de esta manera que termino de frente al objeto de mi terror: la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO, como dije de Hiram Lozada Pérez.

Para mi suerte, y probablemente la razón por la que Hiram me solicita el comentario, se trata de una novela policiaca de esas que llaman “novela negra”.

Los MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO, publicación que vio la luz en el 2015 bajo el sello de Isla Negra Editores, es una hermosa publicación engalanada con una maravillosa fotografía de portada. Aunque de fácil y entretenida lectura, la narración no deja de ser un realista retrato del mundo policiaco y, por ende gansteril, que coexiste en muchas de las comunidades de este Puerto Rico secuestrado por el narcotráfico.

Hace unas décadas escuché, no recuerdo si fue a Eduardo Galeano o al recientemente fallecido Umberto Eco –mis excusas por la falta de precisión- , que hablaba de que las buenas obras de arte son aquellas que se pueden apreciar desde diferentes niveles. Es decir, que pueden tener múltiples lecturas, dependiendo del nivel o desarrollo del observador u observadora.

Nuevamente por suerte para mí, este es el caso de LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO.

Así que como medida de auto preservación, mi acercamiento al escrito puede ser posible desde la criminología, campo en el que durante los pasados años me muevo con más comodidad. Utilizando entonces la criminología, sobre todo la llamada criminología cultural, como tabla salvavidas, me adentro en el caudal etnográfico del escrito de Hiram para buscar esa relación que, según los y las criminólogas, culturales existe tanto entre la cultura y el crimen, como entre el crimen y la cultura.

Desde esta perspectiva, la novela de Lozada Pérez se revela como una documentación etnográfica de nuestra sociedad, donde el comportamiento criminalizado representa uno de los sectores más fuertes e importantes de la economía.

Al comenzar a leer, las primeras páginas me transportaron décadas atrás cuando la violencia era la cotidianidad en mi vida de fotoperiodista policiaco de provincia. La narrativa de Hiram en esas primeras páginas fue como un viaje a una realidad que, enterrada por antidepresivos, alcohol y cinismo, todavía habita en mi memoria. Según mis ojos navegaban las palabras de Hiram, regresaban a mi realidad los olores, los sonidos, los llantos y los gritos de dolor de las madres y los familiares de cientos de anónimos muertos o arrestados que conforman mi acervo fotográfico.

Así, el leer la brutalmente realista narración del primer capítulo me llevo a reflexionar sobre cómo fui testigo primario de la barbarie producto de una absurda prohibición que por más de cuarenta años nos condena e impone un tributo de sangre que permite a los más poderosos controlar a los más pobres. Más aun, el comienzo de la novela me llevó a confesarme a mí mismo, lo estúpido que fui al legitimar con mis imágenes la absurda guerra contra los negros y pobres, perdón, contra la droga declarada por criminales de lesa humanidad como Richard Nixon y sus secuaces.

De igual forma pero desde la perspectiva más personal, el realismo antropológico de la narrativa de Lozada evocó en mí aquellos miedos vividos al momento de recibir la llamada de un tiroteo o de un arresto. Miedos, por ejemplo, de que el muerto o el arrestado fueran alguien conocido o un familiar.

Definitivamente, la precisión en la narración del incidente que abre la novela y que da paso a la trama, demuestra la maestría y el conocimiento que tiene el autor cuando viene a ese mundo marginal, pero siempre presente en nuestra sociedad.

Igualmente magistral es la forma en que este relato ilustra cómo la desconfianza, la intriga, el no saber nunca cuáles son los verdaderos aliados, de cuáles son las intenciones o quién realmente es ese con el que uno está hablando, son la normalidad en ese mundo donde la suspicacia no solo es la norma, también puede ser lo que te salve la vida.

Como bien se ve en la novela, en ese mundo no hay amigos ni enemigos, buenos ni malos, no hay gente decente o indecente, no hay culpables o inocentes. Es un mundo donde cada cual, perseguidor o perseguido, sobrevive como puede. No importa si llevas placa o pañuelo que te cubra el rostro, es un mundo donde hay veces que estás en un lado de la ley por razones incorrectas y antiéticas, o en contra de los estatutos por razones éticas o correctas.

Lozada nos lo deja claro; es un mundo de grises dónde solo hay intereses.

El verbo de Lozada Pérez surge entonces como uno que nos libera de viejos y trillados discursos criminológicos, donde las subjetividades eran concretas y donde los buenos siempre eran los disciplinados, justos y éticos.

Entrelazada en la entretenida trama, para esos que se atrevan mirar, Hiram levanta la absurda cortina de la modernidad y sus identidades concretas, para permitirnos ver que en muchas ocasiones “los disciplinados, los justos y éticos” no necesariamente son los que cargan la placa y juraron proteger vidas y propiedades.

De esa manera, la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO, que se me antoja calificar de criminología etnográfica o cultural, va dibujando en grises no solo el mundo de “lo criminal”, sino que paulatinamente va produciendo un retrato de la sociedad en que vivimos. Una sociedad donde el crimen y el narcotráfico es un buen negocio tanto para quienes lo trabajan, como para los que lo combaten. Una sociedad dónde también ese ilegalizado narcotráfico termina destruyendo tanto a perseguidos como a perseguidores. En la novela se trasluce claramente cómo la absurda prohibición de unas sustancias, se mantiene porque es de provecho, tanto para los primeros, como para los segundos. Lozada, en ese sentido, deja claro que el ilegalizado narcotráfico es tan solo un negocio, es un buen negocio, donde todos somos víctimas y victimarios.

Así las cosas, la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO de Hiram Lozada Pérez tiene que ser lectura obligada para cualquiera que le interese el tema de la criminalidad, pero sobre todo para nuestros estudiantes de justicia criminal.

De hecho, su amena y fácil lectura atrapa al lector evocando los guiones de las mejores series policiacas. Leer el trabajo de Lozada Pérez es como ver capítulos de la estadounidense serie The Wire o de la serie original Law & Order. Para mí, los mejores ejemplos del género policiaco en la televisión estadounidense.

Voy más lejos, no dudo que las escenas de tiroteos o masacres descritas por Lozada, evoquen entre los más jóvenes la iconografía de los videojuegos o de las películas de los hermanos Wachowski. Por supuesto, para los más maduritos, la novela pudiera ser una narrativa en blanco y negro al estilo de la original serie de Los Intocables

.En fin, que como en otros trabajos de Lozada Pérez, el protagonista encarna el arquetipo del héroe que tiene que bajar a los infiernos para regresar empoderado casi a nivel espiritual y hacer lo que se tenga que hacer. En este caso también, como en los otros trabajos de Lozada, ese héroe está enmarcado en una espiritualidad silvestre que sirve como retrato etnográfico a nuestra religiosidad popular donde las conversaciones con los que ya no están, las premoniciones y los amuletos son tan cotidianos como las catedrales y las cruces cristianas.

Por supuesto, la novela también tiene lo que el profesor Luis Trelles llamó el tributo o regalo al gran público. Es decir, esas escenas que sirven para llamar la atención de los que solo se adentran al nivel más simple de la obra. Tanto las terribles escenas de violencia como la sazonada parte donde el héroe se baña con su protegida, son entretenidas unas y sabrosa la otra.

Termino así recomendándoles la novela LOS MUERTOS SE VISTEN DE BLANCO del amigo Hiram Lozada Pérez, no solo porque es un excelente retrato de la cotidianidad de lo que llamamos criminalidad y de sus protagonistas. Se las recomiendo pues la pase bien, y disfruté leyéndola. Gracias Hiram, espero la próxima.

 Sobre Los muertos se visten de blanco de Hiram Lozada Pérez

Tema: La presencia espiritista en la novela
Vivien E. Mattei Colón

Resulta un reto el comentar las referencias a conceptos espiritistas dentro de esta corta novela sin revelar datos que puedan afectar el conocimiento del relato, o como decimos en Castilla, spoiler alerts. Así que decidí escribir y leer lo que voy a compartir para evitar entusiasmarme demasiado sobre este tema que me apasiona, al grado de que pueda arruinar las deliciosas sorpresas de la trama.

Los muertos se pasean por esta historia de principio a fin. Pero no es una novela de misterio, sino de suspenso, de trama policiaca. Más allá de los múltiples cadáveres que pasaran por la mesa del forense, los espíritus de algunos de los personajes y de otros que son perceptibles para la protagonista y su familia, son parte de un intercambio tratado con naturalidad por el autor.

La trascendencia del alma a la muerte física y la comunicación con el mundo espiritual, son dos de los fundamentos de la Doctrina Espiritista, iniciada con la publicación de El Libro de los Espíritus en el 1857, una recopilación de preguntas y respuestas acumuladas a través de múltiples sesiones mediúmnicas y codificadas por Allan Kardec, seudónimo del educador francés León Hipólito Denizard Rival.

Según Kardec, el Espiritismo es la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los espíritus y de sus relaciones con el mundo corporal. En Los muertos visten de blanco, el autor Hiram Lozada Pérez aplica como parte fundamental de la trama, la capacidad mediúmnica de una joven mujer, quien a veces ve su facultad como un don y en otras como una maldición. Esta habilidad, heredada de sus ancestros, no es plasmada como es común en historias policiacas, donde el médium es el que va desvelando con sus facultades la trama de quien lo hizo.

Esta facultad es presentada en el personaje como algo que, sin dejar de provocar incredulidad en algunos, es algo natural, hasta cierto punto, normal, que experimenta desde niña y que ha aprendido a vivir con ello, a veces, ayudándole en su ajuste en situaciones conflictivas durante su vida.

En términos generales, la manera de presentar la relación entre las dos dimensiones, encarnados y desencarnados, es bastante afín a la doctrina espírita, a la cual hace referencia en varias ocasiones, refiriéndose al bisabuelo espiritista y sus libros de Kardec.

Por ejemplo, les leo este pasaje retrospectivo del capítulo seis, que titula Las puertas del cielo:

(lectura páginas 42-43)

No puedo identificar a algunos de los personajes que vestirán de blanco en la trama o contarles detalles de cómo interaccionan con los múltiples narradores y protagonistas. Eso lo irá disfrutando el lector con cada pase de página, trayecto que fácilmente se recorre en par de horas. Pero, ¿podemos afirmar que los muertos siempre visten de blanco?

Tanto El Libro de los Espíritus como El Libro de los Mediums, explican que existen tres principales categorías de espíritus según su nivel evolutivo: los impuros, los buenos y los puros. A mayor altura en la escala evolutiva, más sutiles, brillantes, lejanos al mundo material. Usualmente se asocia lo oscuro con lo bajo y lo claro con los de mayor benevolencia, sin embargo, el mundo espiritual es ideoplástico, a sea, que los espíritus, al no tener un cuerpo material que los limite, pueden proyectarse con características diversas que pueden constituir elementos simbólicos en el proceso de comunicación con el mundo terrenal.

La literatura espírita explica que los espíritus pueden percibirse de cualquier color, aunque los tonos o colores podrían estar relacionados con su lugar en la escala evolutiva. Según la capacidad del que los percibe, o sea del médium, la comunicación de los espíritus hacia estos puede transmitirse como si fueran pensamientos, en el caso de los intuitivos, como sonidos o visiones, mediante la psicografía, el trance o a través de movimientos de objetos o aportaciones de carácter semi-material, por mencionar algunas formas de manifestación.

En la trama de la novela, las manifestaciones son principalmente visuales, pero debemos aclarar que el médium, aunque perciba la imagen, ésta no es procesada por el órgano sensorial sino que es recreando en su pensamiento como una percepción telepática, aunque diga que “ve”. En algunos de los episodios de comunicación se manifiestan percepciones extra-sensoriales relacionadas con el oído y hasta el olfato.

O sea, que cuando el autor hace referencia a los muertos “vestidos de blanco”, podemos interpretarlo como la percepción subjetiva que tiene la protagonista, que podría interpretar el color blanco como parte de la codificación del mensaje del desencarnado, implicando que el espíritu es bueno, tiene buenas intenciones, es amigo o simplemente no constituye un riesgo. Como dice en el pasaje que leí anteriormente, se indica que “los espíritus que nos rodean son buenos”, refiriéndose a la casa de su bisabuelo, lo que marca la tradición mediúmnica en la familia de la protagonista.

Solo hay un pasaje en la novela donde se describe una aparición con características temibles, aun cuando su vestido, aunque mugriento, sigue siendo blanco. Una figura familiar con características diabólicas, posiblemente proyectando su angustiosa vida encarnada.

La novela también menciona sueños premonitorios y la capacidad de un recién desencarnado para percibir su propio cuerpo en la escena del crimen, ambos fenómenos descritos en la literatura espírita. Igualmente se refiere a otros aspectos que documenta la doctrina como el que no todos los espíritus pueden establecer a voluntad comunicación con los seres encarnados que dejaron atrás al fallecer, o que la facultad mediúmnica puede correr en familia.

Cuenta de espíritus que quedan varados en su lugar de muerte y de otros que se mudaban con sus familias pudiendo mantener comunicación casi constante, en convivencia familiar por décadas después de su muerte.

Esto último, aunque no deseable desde la perspectiva espírita, que favorece el despegue del mundo material para facilitar la evolución espiritual, es un elemento cultural muy arraigado en nuestra tradición.

(lectura página 78)

La novela también hace referencia a otro de los pilares del Espiritismo, la reencarnación, cuando explica su concepto de la “segunda muerte”, en las páginas 72 y 73, y del olvido necesario para el ajuste a una nueva vida. Igualmente menciona la posibilidad de resolver en el mundo espiritual conflictos que separaron familiares mientras estaban en vida.

En conclusión, la lectura de Los muertos se visten de blanco, nos deja una agradable sensación de que esta convivencia entre encarnados y desencarnados es algo natural, deseable, reconfortante, necesaria para comprender la dimensión de la experiencia humana y de las más fundamentales emociones y valores como el amor, la fidelidad y la honestidad.

Lejos de ver la muerte, aún en circunstancias violentas, como el trágico final de la existencia, reconoce que la vida continúa y que se aprende en todo momento en que hay voluntad y sentimiento, aunque nos vean vestidos de blanco.
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