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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador y comunicador social, fondero, asador de patio, abusador de cafeína, iconoclasta, aspirante a ácrata y apóstata

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gastronomía

Que clase de sopa, la crema de plátanos en Lydia’s


Si la premisa de la serie española es correcta, y existen puertas al pasado, Lydia’s Restauran de Ponce tiene que ser uno de esos portales.

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De entrada, no parece tener nada de particular. Amplio salón comedor, música tropical a un nivel adecuado para que no moleste, y un menú especializado en en “filetes y mariscos frescos del País”.

Sin embargo, para quien sabe y puede observar, las señales de un buen “pocito dulce” están allí.

Del saque, la forma en que los comensales saludan por su nombre a los meseros, y la forman en que se saludan entre ellos deja claro que en Lydiás la clientela es “de siempre”.

Decir que es un viaje al pasado no es una metáfora. Después de todo este negocio lleva casi 40 años sirviendo a la clientela local. Primero bajo la dirección de Lydia’s la fundadora y ahora custodiado por Elbaliz Irizarry.

Pero en Lydia’s, no solo el ambiente es “old school”.

La paleta de sabores no puede ser mas criolla y hogareña. Todos los platos evocan por un lado lo mejor de aquellos restaurntes que enamoraba a los ponceños de clase media durante los dorados años de bonanza económica en la década del 1960. Y por el otro, los sabores, olores y texturas que esa misma generación disfrutaba en casa de sus abuelas.

Para comenzar como aperitivo, la crema de plátano que es poco menos que pecaminosa.

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Una sensual combinación de texturas que incluyen la crema del plátano molido, la crocante estructura de una arañita frita y la consistencia de un maduro queso parmesano. Todo eso macerado en un sabroso caldo de especias y hierbas criollas.

Esa crema es tan potente que le fue de maravilla y domesticó un Don Q Añejo, otro orgullo ponceño.

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Como debe ser, terminada la sopa de entrada, nuestra mesera Cristal, llegó con otro ícono de los restaurantes “old school”, la ensalada y el pan tostado.

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Sabrosa en su simpleza y balance. Lechuga, tomate y cebolla roja trozados y aderezados con la vinagreta de la casa. “Nice touch” como dicen en el norte.

Con este arranque no es de sorprender el nivel de los platos fuertes.

Por un lado la carne tasajo.  Ese plato que nuestras madres ancestrales desarrollaron mientras trataban de hacer más apetecible la dura carne seca que el patrón le daba para que alimentaran a sus familias.

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Servida sobre viandas, es decir víveres para los dominicanos o verduras para los del norte de Puerto Rico, la tierna pero firme textura producto de paciente cocción, y el sabroso sabor de sus jugos hacen de este plato un viaje a las casas de mis abuelas.

Majar las viandas en los jugos producto de la lenta cocción es volver a ser niño.

Por otro lado, los camarones en la salsa de Lydia’s si son una experiencia verdaderamente erótica. Que cosa más sabrosa.

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El dulce y delicado sabor del crustáceo se complementa con la salsa que parece producto de un lento confitado de los aromáticos en m una  mantequilla maravillosamente sazonadas… Cristal, la mesera, explicó que esta salsa también es “bien buena sobre la pechuga de pollo”.

Como complemento a esta delicia, unos tostositos con el mojo de la casa.

Es decir una salsa producto de  pique, salsa de tomate y abundante aceite de oliva.

¡BRAVO!. Venga otro “Doncusito”.

Así, la jornada finalizó con un flan de coco que no necesita descripción.

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En fin que si usted es de los que peina cana y pica sobre los cincuentas, la visita a Lydias én Ponce será un nostálgico viaje a un lugar donde todavía habitan los sabores de las abuelas… ¡buen provecho!

 

 

 

Entre La Imperial y La Boriqueña, la segunda tiene desayunos…


Cuando viene a controversias que levantan pasiones entre los ponceños, una de las principales tiene que ser dónde hacen el mejor pan.

Como los Hartfield y los McCoy del sureste estadounidenses, generaciones de ponceños se dividen en torno a cual de las dos panaderías emblemáticas de la Ciudad, La imperial o La Boriqueña,  preparan el mejor pan de agua.

Es decir, quién prepara mejor esa versión de pan que se distingue por una crocante corteza tostada y un esponjoso interior.  Una especie de híbrido entre el pan italiano y el baguette francés.

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Controversia aparte, hay algo en que La Boriqueña en el Coto Laurel de Ponce si tiene la ventaja. Su cafetería “old school” de esta panadería es una ermita donde, como relicario cultural, se guarda y se conserva  la mejor tradición para desayuno ponceño.

En Ponce, esa gastronomía mañanera incluye el sándwich de jamón, queso y huevo. Por supuesto “con todo”, que en Ponce significa lo que la receta de la casa incluya.

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En el caso de La Borinqueña, el emparedado sale con dos huevos, varias lascas gruesas de jamón y un par de rebanadas de queso americano. Esa creación del genio industrial estadounidense que no es queso realmente, pero que nos cautiva cuando niños y que nunca podemos superar realmente.

Además incluye lechuga del país, tomate, ruedas de cebolla blanca cruda, todo adrezado con mayonesa, ketchup, sal y servido en el pan de agua de la casa.

Ese es el secreto pues, tanto en La Boriqueña, como en su archirival La Imeprial, el pan sale del horno cocido al punto que permite, cuando se usa para sándwiches, terminar la cocción en la plancha o tostadora de presión.

En fín que, si usted quiere experimentar lo que es desayunar sándwich “Ponce Style”, La Boriqueña en el Coto Laurel “la hace”.

Sobre qué pan es el mejor, no me meto ene eso. Esa se la dejo a usted, si viene Ponce, visite las dos panaderías y únase al equipo de entienda, “team Boriqueña” o “team Imperial”.

¡Buen provecho!

 

 

Violento el chimichurri criollo de El Paraiso Fonda Criolla y Bar


Si bravo está el churrazco y las papas en El Paraiso Fonda Criolla y Bar del Coto Laurel, la joya de la corona es el chimichurri criollo del chef Alberto. Altamente recomendado…

Sushi de sábado en la tarde…


Sancho’s @ Ponce Golf & Casino Resort… ¡ALTAMENTE RECOMENDADO!

Impresionado con el sandwich de pollo en Lucero, Playa de Ponce


Café Lucero en la Playa de Ponce

#Iphonegraphy: bodegón mañanero


Mac & Cheese from the pit, Crónica gráfica…


Como decidí que este año el sangüivin sería criollo, me sobró un montón de pernil.

Así que en vez de sandwiches para todo el fin de semana, para acompañar el pernil (“leftover”) decidí que lo que mandaba es mac & cheese. Pero al “barbi” para mantener la paleta de sabores a humo.

Prendí el viejo Weber y puse el caldero de hierro a calentar.

Le añadí agua y ablandé la pasta siguiendo las instrucciones del paquete.

Terminada la pasta la añadí un poco de aceite para que no se pegue y volví a calentar el caldero.

Cuando tomó temperatura, tiré unos pedazos de tocineta ancha en pedazos.

Mientras la tocineta sudaba, corté cebollas para incorporarla al caldero.

Cuando la cebolla se puso transparente, le añadí harina de trigo para hacer el engrudo.

Al llegar al punto que la harina se comienzó a ponerse color dorado o carameloso, le añadí la leche y cuando esta hirvió, le añadí el queso rallado.

Dejé que todo se incorporara y luego se le sume la pasta.

Finalmente añadí galleta picada para terminación y lo dejé en el fuego tapado hasta que se secó.

¡Buen Provecho!!!!

A esas manos negras… ¡alabanzas!


Lo que comemos y cómo lo comemos, es político.

Una de los mejores ejemplos de esta máxima tiene que ser el guiso de pata de cerdo.

Como el cuajo o mondongo, el cuajito o la gandinga, la feijoada, el gombo; el guiso de patita de cerdo surgió del desprecio, el abuso y la exclusión del racimo y la explotación.

Las manos de nuestras ancestrales madres africanas tornaron los cortes de carnes y los órganos que el blanco descartaba, por sus texturas o apariencia, en maravillosos y suculentos platos como los antes mencionados.

Así estos manjares surgen como un discurso contestatario por parte de las mujeres, que no solo mantuvieron saludables a sus familias, constituyeron un discurso de resistir en espera de otros órdenes políticos.

Cada uno de estos platos es un grito con el cual esas madres reclamaban su humanidad y dejaban claros que sus hijos e hijas sobrevivirían…

¡SALUD Y RESISTENCIA!

Sabroso y delicado el caldo de pesca’o en El Paraiso Fonda Criolla y Bar… ¡RECOMENDADO!


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