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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

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gastronomía

Barbacoa sabatina…


La visita de un familial es siempre la mejor excusa para prender el “barbi”.

En esta ocasión, papa asada aderezado con aceite saborizado con chiles, romero y un toque de mantequilla y la mazorcas con sal en granos y aceite de oliva sirven de complemento perfecto a un ribeye a termino medio y unas costillas ahumada sobre madera de “pecan”.

Para acompañarlos, un Pinot Nour sugerido por el Maestro David Talavera: Ghost In The Night.

Después de esto, solo se necesita un espacio donde tirarse una siesta….

¡buen provecho!

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Ritual de paso; crónicas de unas “short ribs” ahumadas.


Por Gary Gutiérrez

Cuando viene a seres humanos hay varias características que nos separan del resto de los animales. Entre ellas nuestra capacidad para crear rituales y nuestro dominio de la fuerza destructora, y creadora a la vez, del fuego.

Esta crónica es de ambas cosas, de rituales de paso y del dominio del fuego.

Este último fin de semana de mayo, los estadounidenses y por colonialidad los puertorriqueños, celebramos el “Día de la Recordación”. Es decir, el día para recuerdar de aquellos que dieron su vida en las guerras en la que ese imperio se involucró o causó.

Política aparte, la celebración de un día para recordar a quienes ya no están es un ritual en si mismo. No obstante, ese ritual tiene diversas expresiones. Una de ellas es el cocinar al exterior, usualmente en barbacoas. En ese sentido, esa recordación por los caídos se torna en una especie de ritual de recibimiento para el verano en Estados Unidos y sus colonias.

Este año por pura casualidad, en mi casa la fecha coincidió con la adquisición de un nuevo asador. Pero no cualquier asador, un “Competition Pro” de la marca Char-Grilles.

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De más está Decir que la compra de este asador fue un salto a otro nivel. Un verdadero “ritual de paso”.

Llevo sobre 40 años “haciendo bbq”. Como todo hijo de la década de los 50’ en Puerto Rico, mi adolescencia se desarrolló durante los años 70’ y la barbacoa era parte de las excursiones a la playa o al rio. Además, siendo la primera generación que en Puerto Rico  creció en las “urbanizaciones”, es decir en una especie de imitación de las suburbia estadounidense, el cocinar carnes al carbón en una barbacoa en el patio trasero de la casa era parte de la narrativa.

Así que según fui madurando en la vida, algún tipo de barbacoa me acompaño en el proceso. Claro, que aun cuando nunca me he considerado un conocedor, siempre me gustó experimentar. De los Hibachi del 70’, pasé a las parrillas o asadores de gas y finalmente en la década del 1990 descubrí los huevitos Weber.

Es con esta maravilla de barbacoa que mantuve por más de dos décadas una relación de amor y respeto, pero sobre todo de crecimiento y desarrollo que me llevó enfrentar y conquistar nuevos retos culinarios.

Es así como la llegada del nuevo “Competition Pro” marca un ritual de paso a una nueva etapa. Por supuesto que ese desarrollo también es producto de la ayuda de videos en YouTube y de amigos como José Lucca Pérez de La Manada Smoke House en Guayanilla.

Ensamblado y sazonado el “Competition Pro” según las instrucciones de Luccas , la verdadera prueba era qué cocinar. La respuesta salió de YouTube: “short ribs”.

Sazonadas con adobo tradicional, complementado con sal de piedra y pimientas negra, y roja, dejé la pieza descansar en la nevera desde la noche anterior, unas diez horas.

A eso de las seis de la mañana me levanté encendí el carbón que servirían de base para, cuando estaban en su punto añadir la madera de árbol de manzana. Una vez se estabilizó la combustión y el humo ya solo era un espectro transparente que salía limpio por la chimenea del asador, coloqué la pieza de costilla y cerré como un sarcófago el “Competition Pro” que resistía un calor de 250 grados.

Dos (2) horas más tardes, añadí más carbón pues ya la carne se había impregnado del aroma de la manzana y rocié la posta con un buen vinagre de manzana reducido con agua al cincuenta por ciento (50%). Operación que repetí cada hora por las próximas cuatro (4) horas.  Ya la temperatura interna de la carne en unos 180 grados, el aroma dejaba saber que la cosa perfilaba bien.

Es en este punto que envolví las costillas en papel de aluminio y lo devolví a las entrañas del nuevo asador, el cual bauticé con el nombre de “Jimena”.  Ahora la batalla era mantener la temperatura añadiendo carbón y aprendiendo a controlar el flujo de aire.

Después de todo, cocinar en barbacoa no es otra cosa que controlar el flujo del aire que pasa por la fuente calor y sobre el producto a cocer. Todavía recuerdo los nervios cuando, hace unos años, me atreví a cocer por primera vez un pernil de cerdo en el viejo Weber. La misma odisea tratando de controlar la temperatura.

Seis (6) horas más tarde, saqué las costillas del asador y, mientras el aroma de la carne ahumada llenaba la casa, las dejé descansar en el empaque de aluminio por unos 45 min.

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Finalmente, la expresión en las caras de mi compañera y de madre tras el primer bocado me confirmador tres cosas. Primero que las costillas estaban tiernas y sabrosas. Segundo que valió la pena levantarme a las seis de la mañana y pasar siete horas cocinado. Tercero, y más importante, que había cumplido con el rito de paso y que entraba en otro nivel de asador aficionado.

Un largo trayecto desde que comencé a experimentar con el pequeño Hibachi allá para la década del 1970.

Buen provecho….

Cacheteando en Sancho’s sushi bar…


Sentado con mi madre y mi compañera en Sancho’s, el sushi bar del Ponce Hilton, su propietaria nos sorprende con una de las más sabrosas y delicadas delicias de la gastronomía relacionada con el mar; “cachete de colirrubia” horneado y sazonado a la perfección con solo un poco de sal y pimienta.

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Que cosa más maravillosa, delicada carne rebosante de sabor que se desboronar con solo tocarla. La verdad que de las cosas más eróticas que uno puede comer.

Mientras le someto al proceso de rescatar los trozos de carne marina que se esconden entre los huesitos de la quijada del pez, mi mente se pregunta cómo es que comer esta delicia no forma parte de nuestra tradición. Después de todo es sabrosa, divertida de comer, saludable por sus contenido de grasas livianas y sobre todo barata.

De ahí mi mente divaga y se pregunta si será por eso que los boricuas, cuando algo es bueno y de gratis, decimos que es “de cachete”. Para los puertorriqueños “de cachete” expresa el disfrutar de algo sin tener que pagarlo.

“Coger un cachete”, “cachetear”, “un cachetón”, son formas de expresar que algo va de gratis o libre de costo. No obstante que el uso de la expresión está generalizado en Puerto Rico, el origen de la misma no está claro.

Ante esta interrogante, y todavía con la necesidad de un baño tras la lucha cuerpo a cuerpo con la mencionada quijada de colirrubia, fui a consultar a la amiga Luz Nereida Pérez sobre el término “de cachete”.

La académica nos refirió al libro “Los que dicen Ay bendito” de Rosario Núñez de Ortega e Isabel Delgado de Laborde. Allí se documenta el uso de la frase, paro admiten no tener claro su origen.

Lo interesante para mi es si el origen de la pueblerina expresión estará o no ligada al consumo de las carnes ubicadas en esa parte de la cara de los animales. Piezas de carnes que regularmente no tiene mucho valor comercial, pero que para los criadores o recolectores que sí saben, no tienen precio por su ternura y sabor. ¿Quién sabrá?

El punto es que si hay un pedazo de proteína injustamente desvalorada es el cachete. Lo he comido de muchos animales como los de cerdo, de res, de búfalo, de la oveja, de cabro y como dije antes de pescados. Todas maravillosas carnes tiernas, de robusto y concentrado sabor al animal al que pertenecieron.

Así que la próxima vez que tenga la posibilidad de comer cachete de lo que sea, no la deje pasar, métale mano. Pues aun cuando no sea de cachete, estoy seguro que valdrá la pena.

Buen provecho….

 

Finos los sandwiches de Mickey Jr en Ponce


Si hablar de sandwches en Ponce es hablar de religión, la guaguita de Mickey Jr es poco menos que una ermita consagrada a la tradición.

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Con el pan tostado pero suavecito, como debe ser, y la cantidad adecuado de mayu-ketchup complementando las proteínas y la ensalada, los emparedados de Mickey Jr tienen un espacio en Partenón sandwichero de la ciudad. Como muestra basta el sándwich de jamón queso y huevo, pa’ desayuno no tiene precio.

Sabrosos, finos y tradicionales ponceño Mickie Jr detrás de KFC-Rambla “la hacen”.

Altamente recomendado…

Día de las Madres: crónica de un fin de semana caliente y picantito…


Por: Gary Gutiérrez

Si algo se puede considerar como suicidio gastronómico tiene que ser el pretender comer bien y económico en un restaurante durante los días cercanos a San Valentín o al Día de las Madres.

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A menos que usted no pueda y esté dispuesto a pagar un ojo de la cara, o los ovarios de su progenitora, lo más probable que usted termine esperando una eternidad para entrar a un comedor sobre vendido, donde el personal está subcompensado, la comida esté preparada a la carrera y complementada con todas las guarniciones que no se movieron el mes anterior.

Por supuesto, el Día de las Madres es peor que San Valentín, pues todo lo anterior se adereza con una dosis de mocosos, gritones y mal olientes jodiendo y corriendo por el salón. Después de todos sin esos pequeños seres más adaptados para el tártaro que para compartir un salón comedor, no habría madres ni abuelas.

Por esa razón, y como mi madre ya está mayor y no maneja bien los imprevistos y el revolú, decidí que este año celebraría a la culpable de mi existencia en la tranquilidad de mi casa.

Igualmente es la mejor excusa para disfrutar mi recién rescatada pasión, la barbacoa.

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El menú para tan especial fin de semana consistió en gallinas codornices, salmón y costillas de cerdo, todo ahumado en el viejo pero confiable Weber.

Para las gallinas preparé una marinada compuesta por sala para barbacoa Gourmet de Parcha, Pique Artesanal Don Antonio, bourbon y hojitas de culantro fresco del patio. Esta salsa baño las aves en una bolsa plástica por dos días en la nevera.

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El salmón lo prepararé usando una técnica de marinar que es casi una pornografía. La encontré en un canal de YouTube llamado Smo’King BBQ Tips & Recipes bajo el título: Smoking Salmon the easy way. Fácil, sencilla y el resultado no puede ser más sexy.

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Para las costillas me fui “fusión”, sabores criollos, pero técnica estadounidense. Después de todo la barbacoa es el regalo al mundo de los padres arahuacos. Bueno, no tanto como regalo. Los euro-descendientes realmente se lo apropiaron, pero los afroamericanos lo elevaron a nivel de arte en el sur de Estados Unidos.

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La carne del marrano la condimenté por veinticuatro horas usando buena sal y pimienta, un adobo criollo comercial tradicional y orégano del patio.

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En los tres casos, las proteínas se ahumaron por turnos en el viejo Weber con carbón comercial y pedazos de madera del árbol de manzanas para darle aroma al ahumado. En el caso de las aves y el costillar de cerdo, por unas dos horas primero, y luego entre una hora o 90 minutos cubiertas con la Salsa de Barbacoa Gourmet de parcha. Que bravos son esos productos, orgullo ponceño ciertamente. El salmón por su parte solo tardó unos 45 minutos.

La verdad que el fin de semana no pudo ser mejor.

Pasar horas adentrado en la meditación de cocinar de forma lenta, disfrutar de tiempo intimo en la mesa de mi casa con mi madre anciana, comer sabroso, experimentando nuevos sabores y sensaciones, no tiene precio realmente.

Claro que lo mejor de todo esta empresa fue pasar el Día de las Madres sin tener que aguantar a los mocosos que los padres llevan a los restaurantes pensando que son el regalo de los dioses a la humanidad…

Buen provecho

 

 

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Talavera is back… @ Níspero


Por Gary Gutiérrez
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Mi madre Doña Janet gozando de Níspero

Tras el paso de mi padre a la tierra de los ancestros, almorzar con mi madre los domingos se convirtió en un ritual impostergable.

Este domingo, y aprovechando que recién abrió, decidí dar la vuelta por Níspero, el nuevo espacio desarrollado en la calle Isabel de Ponce por David Talavera, uno de los chefs insignias de la ciudad.

Durante los pasados años, Talavera se alejó de la cocina para, como empresario, hacerse cargo del Centro Ferial. De esa manera,  retornó a  sus orígenes cuando adoptó a Ponce como su hogar dirigiendo varias hospederías.

Pero moro viejo mal cristiano reza un xenofóbico dicho español, así que a pesar de su éxito empresarial quiso regresar a donde realmente se siente cómodo, frente a la línea caliente de una cocina comercial.

De entrada, uno sobe que está en un local corrido por Talavera. Desde la bienvenida en la puerta el personal sabe de qué se trata la industria a de servicio.

IMG_6027Al mirar la carta, las lagrimas no me dejaban leer. Como mensaje de los dioses dos palabras explotaron ante mí, “caldo gallego”. Robusto caldo, con una delicada textura cargada de los zumos más íntimos extraídos de las carnes secas y los chorizos explotan en el paladar con cada bocado. Lo venden por tacitas y están sabroso que estoy seguro de que en algunos sitios debe ser pecado su consumo.

Por aquello de variar, ordené unos clamares fritos. Uffff, dos a cero en favor de David. El empando marisco cocido a la perfección, un punto antes de ponerse gomoso, está genial para bajar algún albariño de la casa. Ahora le advierto que, si los va a compartir, probablemente terminará pidiendo un segundo plato.

Como plato fuerte mi madre pidió unos camarones en mantequilla que al igual que los calamares llegaron cocidos al punto con un delicado sabor a mantequilla que precedía la intensa dulzura del crustáceo fresco.

IMG_6039En mi caso ordene un New York Strip Steak, solo vuelta y vuelta que me cautivo por su simpleza. Solo el sabor de la carne resaltado y complementado por sal y pimienta. Un tributo a la cocina simple y honesta.

Un detalle interesante que demuestra el nivel de la cocina de David. Cuando uno prueba los vegetales que regularmente acompañan las comidas, queda claro la atención que el maestro Talavera le pone a los detalles. Blanqueados al punto de tierno pero crocantes, con un delicado baño de mantequilla que complementa, pero no opaca el sabor natural del brécol, la coliflor y las zanahorias

En resumen, que si algo se puede decir de Níspero es que, a solo unos días de abrir sus puertas, ya encarna la disciplina, y el compromiso de Talavera con el sagrado ritual de sentarse en una mesa para disfrutar del buen comer y la buena conversación.

En estos días  la escena gastronómica de Ponce parece tener un resurgir y definitivamente Níspero en la calle Isabel pronto será un referente de esa revitalización

¡Buen Provecho!!!!!

Floriadito con chicharrones y amarillos de Ramos en Morel Campos de Ponce…. que buenos son


En Ponce, el bocadillo es en pan de “hotdog”, no en “media noche”


Cuando se habla de un bocadillo, en Ponce Puerto Rico, se habla de jamón hervido y queso americano en pan de hotdog calentado en una tostadora de presión.

No en pan de “media noche”…

Como el de La Catalana… por poco lloro…


Por Gary Gutiérrez

Si algo distingue en este momento el paisaje gastronómico ponceño, es el surgimiento de “espresso bars”. En su mayoría copias de una misma formula y con un menú batante genérico dirigido al público femenino, los “hipsters” o “yupis”.

Sin embargo, como reza el dicho popular “de cualquier maya sale un ratón”.

Recientemente mientras esperaba en turno en Malao, uno de eso coffee Bar, mi mente se fue en un viaje de nostalgia al leer en una de pizarras: Sandwich de Bifté en pan criollo.

Para los ponceños, pan criollo es lo que en otras jurisdicciones boricuas llaman pan de agua, pan frances o pan obrero. Es decir una mezcla entre el pan de hogaza y el pan baget.

Sin darme cuenta era 1971 nuevamente y en mi paladar resonaba el icónico sabor del sandwich de bifté preparado en la desaparecida cafetería La Catalana de la esquina Salud y Comercio en Ponce. Pan criollo relleno de carne perfectamente sazonada a la criolla, con un notable toque de vinagre y complementado con lechuga, tomate y cebolla. Todo eso amarrado con el aderezo tradicional ponceño, ketchup y aceite de ajo…

Para mi “confort food”.

Movido por la nostalgia y sin muchas espectativas terminé pidiendo el empanedado que costaba nueve veces lo que que hace más o menos cuarenta años pagaba en La Catalana junto a una Fanta de uva en botella.

No obstante mis pocas espectativas y para mi sorpresa, el sandwich de bifté de Melao, “la hace”. on el primer bocado volví a ser aquel niño que al medio día se escapaba del comedor del Colegio para satisfacer su paladar con lo que sería una de las comidas más reconfortante para él.

Wow, hasta el trasunto de vinagre tiene el bifté de Melao, en el Ponce Plaza Hotel. Por supuesto, esta versión sale con mayonesa, adereso que se popularizoó en nuestra culinaria luego de la llegada de la refrigeración por un lado, y de los hermanos cubanos por el otro.

En resumen que si usted es de los que durante sus años mosos, “jangeaba” por La Catalana en la Salud y Comercio, puede que en el sandwich de bifté en Melao encunetre parte de ese tiempo que ya no es.

Claro es una lástima que ya no hay Fanta-Uva de botella… por eso me tuve que sacrificar y pedir una Stella… Buen Provecho

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