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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador social, iconoclasta aspirante a ácrata, apóstata, comantenedor del programa @tempranopr de http://www.pab550.com, y barbicuero de patio

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El Bohío

Hasta siempre Don Millo… usted vive en su herencia gastronómica.


Una de las tristes noticias que trajo el 2017 fue la muerte de Don Millo, patriarca fundador de El Bohio, quien pasó a la tierra de los a ancestros faltando menos de una semana para terminarse el ciclo solar.

Por eso y para celebrar su memoria decidimos peregrinar hasta el legendario Restaurante para almorzar este último sábado del año.

La selección, milanesa de res y mamposteao.

Tierna posta de res empaquetada en un robusto empanado de galletas y cocida a la perfección. Tostado por fuera y tierno por dentro el frito manjar luego es bañado en una espesa salsa de setas y terminado con gratinado queso palmesano. Por supuesto el criollo gusto con que se marina la carne es perfecto complemento para el manposteao de la casa. Una experiencia digna del mítico Bacco.

En fin que, si bien fisicamente don Millo ya no está con nosotros, tras disfrutar de esta milanesa estamos seguros de que su legado sigue vivo y presente.

«Buen provecho»

El Bohio en Ponce, respeto a lo real



Hay sitios de gratos recuerdos gastronómicos que, por alguna razón que no puedo explicar, uno deja de visitar.

En mi caso uno de esos sitios es El Bohio en Ponce, local que también se conoció por el nombre de «Come Bien» y que opera por décadas en lo que se conoce como la vieja salida a Guayanilla.

Recientemente, con motivo de la visita a Ponce de las hermanas de Tamara Yantín la de El Candil, fuimos, bueno en mi caso regresé a esa ermita de la culinaria ponceña. Pues no hice más que sentarme y entendí que aquello era «regresar». Caras conocidas que se alegraban de verme aun cuando algunas no podían recordar bien quién yo era.

En medio del torbellino de recuerdos, escuché la voz de la mesera, antes hija del dueño y ahora la propietaria que dijo: «y cabrito en fricasé acompañado de arroz con tocino».

Perdón, ¿pero dijo cabrito?

Minutos mas tarde, para deleite de mi sentidos, el espeso y aromático caldo color cobrizo que bañaba la delicada y tierna carne del infortunado pequeño rumiante se develaba ante mí.

La dulce acidez producto de la guarnición de la carne con especias, hiervas, papas, aceitunas y zanahorias amaradas por algún fruto de la vid me dejaba claro que por décadas ese plato ha estado allí.

El mismo sabor que dejé atrás hace más de diez años cuando visite por ultima vez este templo culinario. Excitante como el reencuentro de un viejo amor.

Pero si bueno el guiso, el arroz con tocino fue una epifanía. Tierno grano suelto pero cocido a perfección en la grasa de un tocino crocante que hasta sonaba al morder.

El mejor arroz con tocino que he disfrutado en mi vida… Perfecto para comer en un «floriadito» junto a unas habichuelitas coloradas.

En fin que la verdad es que cuando viene a comida criolla, aun cuando se vistan de restaurantes, esos locales con alma de fondas son los que la hacen.

Eso merece respeto y patrocinio. En todos los pueblos hay uno de esos, no los olvidemos. Después de todos ellos tampoco se olvidan de uno.

¡Buen provecho!

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