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El Blog de Gary Gutiérrez

Abusador de cafeína, asador de patio, comidista y cronista del bajo mundo culinario, iconoclasta aspirante a ácrata, apóstata, y comantenedor de @tempranopr

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Criminología

Sin frenos la criminalidad en Puerto Rico… de Hoy en las Noticias de WRTU-FM


#Análisis | Sin frenos la criminalidad en Puerto Rico… Policía no logra detener a los sicarios que infunden el terror en las vías más transitadas. Escuche las expresiones del criminólogo

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Sobre libro Exclusión y Violencia por el estudiante del RUM, Michael G. Carmona Soto


Curso SOCI 4101 Criminología
Recinto Universitario de Mayagüez

Profesor: Dr. Michael González-Cruz

Introducción

EL libro “Exclusión y Violencia” es escrito por un profesor criminólogo llamado Gary Gutiérrez. Citando el libro, el mismo reúne en tres secciones la propuesta del autor para mirar la violencia y la criminalidad presente en Puerto Rico a partir de la segunda década del siglo veintiuno desde la mirada alternativa que posibilita la ‘nueva criminología’, entiéndase la criminología critica, que pretende cuestionar a la criminología tradicional desde la manera de ver al delincuente, hasta los mecanismos de control social (Gutiérrez-Renta, 2014). Como parte del curso de criminología SOCI 4101 el lector de este ensayo podrá apreciar algunos puntos importantes que Gary Gutiérrez presenta en su libro. El ensayo se estará estructurando por unas preguntas que los estudiantes, al igual que el profesor escogieron para llevar a cabo el ensayo. Las preguntas de referencia que se escogieron para este ensayo son las siguientes:

  • ¿Qué premisas se tomaron en consideración para elaborar la sociología del conflicto? P. 32
    ¿Cuáles son los propósitos principales de la ley según Kropotkin? Explica. P. 23
  • Según Máximo Pavarini, ¿en que día empiezan las angustias serias para el criminólogo?
  • ¿Cuál era el pensamiento o la visión de los conservadores y de qué manera consideraban la solución al acto criminal? Explique de qué manera los mismo veían a los humanos.

 

Ensayo

Gary Gutiérrez nos muestra un libro fascinante que nos permite entender desde un punto de vista social cómo es la criminología. Cada detalle del libro nos hace reflexionar acerca de la criminalidad, y en momento nos brinda la oportunidad de tener en mente una solución hacia este comportamiento. Por tanto, me gustaría empezar con una frase de Gary escrita en el libro; “Al fin y al cabo, se debe asumir que, como en la naturaleza, en la sociedad todo lo que se mantiene es porque para alguien le funcion”. Esta frase se repetía varias veces en mi mente cada vez que pasaba las páginas del libro, porque me hizo ver lo injusto y el abuso que tiene el gobierno con nosotros, manipulándonos mediante la criminalización. Por tanto, es increíble que el estado que tiene un poder incalculable puede utilizar este comportamiento como una ventaja para obtener más poder. Poder que se convierte en un conflicto social que parten de tres premisas que apuntan a que; la sociedad no es estática y siempre está en cambio y que en toda sociedad habrá sectores que promuevan ese cambio, la segunda premisa; que el conflicto, la falta de consenso, es intrínseco a todos los sistemas sociales, (no hay sociedades, o relaciones personales que no experimenten conflictos). Finalmente, y probablemente lo más importante para efectos de este trabajo, la coerción resultante de que unos individuos tengan más poder social que otros es un elemento siempre presente.

Tomando como referencia la última premisa, en donde el poder social tiene la oportunidad de obtener más que otros individuos, me refiero a la clase pobre. Ayuda a entender por qué la criminalidad verdaderamente funciona. Cuando tuve la oportunidad de ir a la conferencia de Gary en el RUM, acerca del libro “Exclusión y Violencia” aclaré esta gran pregunta escuchándolo con una mente abierta. Una de las partes de la conferencia él menciona y abunda más sobre los que son los propósitos principales de Kropotkin, lo mencionó de una manera diferente. El primer propósito es proteger la propiedad privada, y hago un alto este primer propósito porque Gary nos menciona que es el propósito más importante y el que empezó la implementación de un proceso de seguridad. Hace mucho tiempo atrás los policías no eran parte de un gobierno, los famosos policías solamente protegían los bienes de los ricos. Al ver el estado esto tan importante ellos optan por hacerlo parte de un plan gubernamental. Aquí es donde llega el segundo propósito de Kropotkin, proteger el estado y al rico. “Las leyes del estado lo que protegen son las estructuras que legitimen -no criminalizado- las acciones de quienes se benefician del trabajo y la producción de otros”. Pero como había mencionado anteriormente el estado no solo tiene una protección, sino que también crea una manipulación. El estado muestra el tercer propósito como modelo de voto, y es “proteger a la persona”, hacerla sentirse segura porque andamos con miedo de que la criminalidad nos arrope.

Abarcando más sobre los oficiales de seguridad (policías) me impresiono mucho como Gary los describe con una Visión Conservadora Cristiana en donde el individuo es un ser pasional que “no tiene control por herencia del pecado original”. La alternativa ante el crimen es la vigilancia, la mano dura, y el castigo severo y humillante para que se controle. Esta visión se basa en el respeto a los valores, la autoridad y la religión. (Jimenez, 2015) Después de Gary describirme a los oficiales de esta manera pude entender porque algunos policías tratan a las personas marginadas con arrogancia y comportamiento agresivo.

Durante todo este estudio de la criminología con el estado, los criminólogos entendieron que la sociedad no es producto de consensos o procesos democráticos. Aquí fue el día en que el criminólogo tuvo que rendirse a la evidencia de que las definiciones legales de criminalidad y de desviación no coinciden con la opinión mayoritaria de los que debe ser justo y de lo que debe entenderse injusto. (Pavarini, 2003) Es de aquí que Pavarini entiende que la criminología comienza a cuestionarse en su rol en la sociedad burguesa productora de la modernidad, así como la forma en la legitima el estatus quo. Este proceso llevo a estos criminólogos a un dilema.

Gary mostró tener un conocimiento invaluable que habla desde un punto de vista bien estudiado socialmente. Leer su libro es una manera de entender el mundo represivo en que vivimos hoy en día. Puerto Rico más que todo debería tener este tipo de lectura a la mano para así entender muchas cosas que a veces somos ciegos y no nos damos cuenta. “Exclusión y Violencia”, abrió mis ojos vendados de cosas que uno pensaría como correctas o normales.

Citas

Gutierrez-Renta, G. (2014). Exclusión y Violencia. Ponce, PR: Marian Editores

Jimenez, R. E. (2015, Enero 31). Presentacion del libro Exclusión y Violencia. Retrieved from Scrib: https://www.scribd.com/document/254356443/Presentacion-del-Libro-Exclusion-y-Violencia

Pavarini, M. (2003). Control y Dominación: Teorias criminológicas bruguesas y el proyecto hegemónico. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Citado en: Beneficios de la oración y la meditación


ENDI.jpgPor Aurora Rivera Arguinzoni

El poder de la oración y de la meditación de corte positivo y no punitivo está probado, no solo por los religiosos o por quienes cultivan la espiritualidad, ha sido confirmado a través de la ciencia, esa que según el diccionario de la Real Academia Española se define como “conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente”.

No es casualidad que las investigaciones al respecto comenzaran a duplicarse en décadas recientes, incluso para analizar su efecto en la conducta de persona confinadas en sistemas carcelarios. Por ejemplo, estudios  apuntan que quienes practican la oración, la meditación y actividades similares pueden llegar a vivir hasta siente años más en promedio que quienes no lo hacen.

Tan reciente como a finales de 2015 un estudio realizado en el hospital General de Massachusetts, afiliado a la Universidad de Harvard, reveló que técnicas de relajación como la oración, la meditación y el yoga pueden llegar a reducir la necesidad de cuidados médicos en hasta un 43%, ahorrando decenas de miles de dólares por paciente al año.

El  estudio titulado “Entrenamiento para la respuesta a la relajación y la resiliencia y su efecto en el uso de recursos de cuidado de salud”, llega incluso a recomendar que debido a sus beneficios sustanciales y bajo costo las llamadas “intervenciones de mente y cuerpo” se “instituyan a manera de cuidado preventivo como las vacunas o las clases de conducir”.

Hay instituciones carcelarias que ya lo han hecho, obteniendo buenos resultados. El criminólogo Gary Gutiérrez señala que “ha habido algunos programas de meditación en las cárceles en Estados Unidos y han funcionado excelentemente, sobre todo para bajar los niveles de violencia dentro de la cárcel”.

“Ha pasado, no solo con meditación asiática como la budista sino que en sitios donde, sobre todo afroamericanos, entran en comunidades religiosas musulmanas dentro de las prisiones y son honestos, ayuda a bajar los niveles de violencia. Escuché hace unos años en una conferencia de la Asociación de Criminología de Estados Unidos que había administradores de cárceles fomentando este tipo de actividad porque les ayudaba al manejo de la institución: (los reclusos) son mucho más limpios, más ordenados por toda la disciplina que les enseña la meditación impulsada, no por la fuerza sino por su proceso”, recuerda.

En su recién publicado libro “Espiritualidad en la Clínica: Integrando la espiritualidad en la psicoterapia y la consejería”, el psicólogo Juan González Rivera analiza el resultado de estudios como estos.

“Ya nadie tiene duda de los beneficios que tiene”, afirma en entrevista con Por Dentro el profesor de la Universidad Carlos Albizu. Enumera algunos como reducción de la ansiedad (incluso por comer), sensación de relajación, sustento para personas depresivas y aumento en la actividad neuronal. También se ha encontrado que quienes acostumbrar orar o meditar tienden a fumar menos y a consumir menos alcohol.

“En cuanto al cerebro, ayuda para que la producción de neurotransmisores aumente a cualquier edad. Estudios longitudinales han demostrado que las personas espirituales y que practican la oración tienen un promedio de siete a diez años más de vida que personas que no lo practican”, indica.

¿Es lo mismo  orar que meditar? De acuerdo con González Rivera, “la oración es un tipo de comunicación con lo sagrado, con lo trascendental, con lo divino”. “El tipo de oración que la persona haga va a depender de su cultura, su religión, de su bagaje, pero prácticamente buscan lo mismo: el católico va a buscar comunicarse con lo que entiende es Dios, el musulmán también, el ateo, al no tener esa concepción de lo sagrado o divino, busca una concepción espiritual de conexión con la naturaleza, etcétera; lo que va a buscar es conectar con eso que define como mundo espiritual”, elabora.

Mientras, meditación es una práctica espiritual y mental que generalmente involucra la atención plena y la tranquilidad. Científicos le atribuyen, entre otras cosas, relajar la mente y cuerpo reduciendo la presión arterial, adiestrar y fortalecer los grados de conciencia, ayudar a enfocar y estabilizar el ‘Yo’, liberar estrés, reducir síntomas de ansiedad y regular el estado de ánimo.

“La mayoría de los autores convergen en que el propósito de la meditación consiste es conocerse a sí mismo, alcanzar serenidad mental y disminuir el impacto del dolor, es decir, ayudar al crecimiento consciente del ser humano”, apunta González Rivera. Dice que puede incorporarse a las creencias individuales independientemente de la religión que practique la persona.

“Lo que las personas ateas o agnósticas hacen es meditación”, aclara el entrevistado.

No hay una sola manera de orar o de meditar, y no todas son igual de efectivas. Entre los principales tipos de oración el profesor menciona: oración meditativa, ritualista, de petición, de intercesión y coloquial.  La primera se centra en el deseo de una experiencia de comunicación con un ser superior, lo que muchos llaman “estar en la presencia de Dios”. “En este tipo de oración se encuentran las distintas modalidades de adoración y la lectura espiritual reflexiva”, expone.

Mientras, la oración ritualista se caracteriza por una estructura ordenada, repetitiva y de aspecto ceremonial. En esta categoría entran los rosarios, las misas, los cultos devocionales, la lectura de libros de oraciones y de oraciones prediseñadas, mantras, entre otros.

González Rivera apunta que la oración de petición es la más usada y “se caracteriza por pedir a Dios las cosas que se necesitan o se desean”. Además, está la de intercesión, que solicita para otra persona o población. Y está la coloquial, que es más una conversacióny puede incluir otros tipos de plegarias como la confesión y la acción de gracias.

Sin embargo, el estudioso de la conducta humana advierte que para quienes tiene una imagen de un Dios castigador la oración, no importa de qué tipo sea, puede resultar contraproducente, tóxica y provocar conductas producto de una espiritualidad poco saludable.

“La persona podría orar mucho, pero si la imagen de Dios no es correcta toda esta explosión de beneficios quizá nunca la vea. Tanto pastores, como sacerdotes, directores espirituales, consejeros y psicólogos podemos trabajar eso en terapia, generar una imagen correcta, positiva y no una imagen tóxica. Una imagen tóxica de Dios genera actitudes tóxicas como fanatismo, dogmatismo, rigidez, falta de tolerancia. Eso es uno de los primeros indicadores de una espiritualidad tóxica”, ilustra.

El psicólogo adelanta que en su próximo libro, que titulará “Espiritualidad en la psicoterapia y la consejería: Del debate a la integración”, el psicólogo y pastor Marcos García expondrá manifestaciones de una espiritualidad tóxica. Menciona, por ejemplo, la falta de capacidad para tolerar las diferencias en los demás y de practicar la bondad con quienes piensan distinto. En cuanto a los tipos de meditación identifica la meditación sentada, el conteo de pensamientos, la atención a un pensamiento repetitivo o enfocarse en un estímulo interno o externo.

Vidas transformadas

Sean cuales sean las prácticas de oración y meditación elegidas, las mismas pueden cambiar vidas.  De ello da testimonio el propio Gutiérrez, quien por muchos años se desempeñó como periodista y documentaba particularmente escenas de violencia. “Estuve como cinco años meditando diariamente y aunque ya no medito uno adquiere unos principios de vida que los transporta más allá de la cuestión religiosa. Para mí era importante porque me ayudaba a manejar la ansiedad y la hostilidad por la que uno vivía como reportero. Y es un buen recurso para manejar, por ejemplo, la ansiedad de la gente que está viviendo si un hogar seguro, de vivir en la calle”, comenta, haciendo referencia además al programa de ayuda implantado hace más de 15 años por la organización Amor que Sana.

“La oración nos da una seguridad de que estamos cuidados, de que nos están protegiendo, de que somos criaturas protegidas y amadas y que para eso estamos en este mundo”, plantea, por su parte, el doctor Juan Panelli Ramery, fundador de Amor que Sana junto a su familia hace 20 años.

Contrasta, sin embargo, la oración de petición con la de intercesión. “Estamos acostumbrados a orar para pedir a Dios por mí, por mis cosas, por mi familia, por mi salud, y Dios nos ha enseñado a pedir por los demás. Cuando le pedimos por lo demás y le damos a los demás, Dios nos recompensa a nosotros y nos da a nosotros. Esa oración es la que me ha mantenido a mí por más de 20 años ayudando a esta población”, expone.

De otra parte, el resultado en quienes inspiran la oración es igualmente poderoso según describe. “La gente que está en la calle se siente que son animales y cuando piden en la calle lo están haciendo sintiéndose como animales. En el momento en que los sacas de eso y le demuestras que somos iguales, la cosa cambia. Jesús es amor que sana. La humanidad se muere sola y vacía, buscando dinero, cosas materiales que no te llenan el corazón ni las necesidades. Estamos tratando de llenar corazones, de que vuelvan a tener sentimientos con la oración y con el servicio”, afirma.

Tipos de oración

Meditativa

Ritualista

De petición

De intercesión

Coloquial

Tipos de meditación

Sentada

De conteo de pensamientos

Atención a un pensamiento repetitivo

Enfoque en un estímulo interno

Enfoque en un estímulo externo

Sus beneficios

Reducción de indicadores como ansiedad, cáncer, enfermedades del corazón, hipertensión, depresión, violencia,  fumar y consumo de alcohol.

Puede prolongar la vida por hasta siete años.

Puede llegar a reducir la necesidad de cuidados médicos en hasta un 43%, ahorrando decenas de miles de dólares por paciente al año.

Personas hospitalizadas que no la practican pueden permanecer hasta tres veces más tiempo internadas que quienes lo hacen regularmente.

Pacientes cardíacos que no practicaban ninguna religión mostraron 14 veces más riesgo de morir luego de cirugía en estudios científicos.

Ancianos que nunca o casi nunca asistían a iglesias mostraron el doble de incidencia de ataques que quienes asistían regularmente.

La Gran Falacia, mirada desde la criminología crítica


Gary Gutiérrez; presentado antes los estudiantes de la Universidad Interamericana en Ponce.

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El que las instituciones de Puerto Rico estén al servicio de los intereses del gran capital y como esto incide en la situación socio-económica de la isla, es el tema de La gran Falacia, documental producido por el puertorriqueño Paco Vázquez.

Empaquetado en un discurso que algunos pudieran llamar planfletero y a veces simplista, cosa que a mi juicio era innecesario y le resta credibilidad, el filme encarna muy bien las preocupaciones de criminólogos como Loïc Wacquant y de periodistas como Naomi Klein explicando cómo los gobiernos neoliberales, en este caso el de Puerto Rico bajo Luis Foturño, lejos de representar al pueblo, se enfrenta al mismo para garantizar el espacio a los grandes intereses económicos. Claro, el que el documental se enfocara en el gobierno abiertamente fascistoide de Fortuño, no quiere decir que lo que se presenta no aplique igualmente a administraciones más sutiles, pero igualmente serviles al capital, como la de Alejandro García Padilla.

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Utilizando como ejemplo el despido de decenas de miles de empleados gubernamentales bajo la ley siete de la administración Fortuño, el firme explica cómo el sistema utiliza supuestas crisis y miedos reales o fingidos, para imponer un estado de excepción que justifique medidas represivas a los derechos civiles, así como poner sobre los hombros de los trabajadores la responsabilidad por la salud fiscal gubernamental. De esta manera, explica como el llamado sistema de justicia criminal, surge como la respuesta judicial que impone el orden político la corporocracía a todo los que se no acepten disciplinadamente las imposiciones.

De igual forma, el documental expone al sistema electoral de Puerto Rico como uno corrupto al servicio de los partidos políticos, instituciones que a su vez sirven de herramienta el poder económico del País. Este sistema partidista, según la producción, está basado en un electorado clientelista que lejos de tomar decisiones informadas, se mueve partiendo de costosas campañas publicitarias y huecas promesas de futuros empleos y dádivas gubernamentales. Esta simulación de democracia participativa, que no deja de ser un concurso de simpatía tipo Mira Quien Baila, es usada por los administradores de turno para, no solo legitimar decretos como la ya mencionada Ley siete, sino para validar un control casi dictatorial de las instituciones de la Isla, eliminando así cualquier posibilidad de balance de poderes y del proceso de pesos y contra pesos. En ese sentido, La Gran Falacia también encarna la hipótesis expuesta por comentarista y abogado Jay Fonceca en su libro “Baquete Total: Cuando La Corrupción Dejo De Ser Ilegal”.

La Gran Falacia
La Gran Falacia

Por supuesto, todo lo anterior con el endoso y consenso de los medios de comunicación social, que en la isla son propiedad y representan los intereses del gran capital.

Es así entonces que La Gran Falacia surge como un retrato acusador a un sistema que bajo el manto de democracia participativa, esconde un sofisticado régimen de control social y corte tiránico. Un sistema que ve la población como una fuente de riqueza tanto por ser consumidores, como por ser mano de obra barata.

En ese sentido, el filme también encarna visiones criminológicas como el concepto de “Guerra Social” de Carlos Rivera Lugo y el proceso de “Carnavalización del Crimen” del británico Presdee. Es decir, cuando el gobierno es ilegítimo y desvaloriza las poblaciones empujándoles a consumir bienes que no pueden pagar u obligándoles a trabajar por salarios con los que no se puede sobrevivir, no hay razón para que los gobernados obedezcan o respeten.

Según Presdee, el ciudadano producto de procesos como el antes descrito será uno desvalorizado y de poca autoestima que pudiera ver en la violencia o en la criminalidad, sobre todo en la violencia como una forma de ilusoriamente sentirse empoderado. Algo así como la violencia horizontal del colonizado de la que nos hablaron Fanon y Memmi. A mediados del siglo pasado, estos pensadores explicaron como el que es abusado, busca o construye a uno como inferior contra quien desatar su violencia.

Por otro lado, ante esta violencia y criminalidad, las autoridades responderán con lo que Rivera Lugo llama la Racionalidad Adversataria. Entiéndase, violencia institucional que termina proyectando al sistema como menos legítimo y creando un espiral de violencia, tanto contestataria como institucional.

De esta manera, el documental va explicando la violencia y la criminalidad como una posible respuesta colectiva ante la ilegitimidad de un Estado no representativo. Ante esta situación la producción presenta un mapa para la liberación: la toma de consciencia, el entender que el orden no funciona, educarse, desconectarse de la Tv, tomar responsabilidad de nuestra salud, cambiar hábitos de consumo y de vida ya que las posibles respuestas a las crisis saldrá del pueblo. Sin embargo, lejos de estar en ese proceso y aceptando las premisas de este documental como ciertas, me parece cuesta arriba que es proceso se pueda dar sin un doloroso proceso de violencia política. Proceso que igualmente veo muy distante.

Es mi hipótesis entonces que el Puerto Rico de hoy responde a su situación afincando la misma. Como expongo en Violencia y Exclusión, Criminalidad Constestaria en el Puerto Rico del Siglo XXI un ensayo que próximamente publicará Mariana Editores, ante la ilegitimidad gubernamental descrita en este documental se pudiera identificar cuatro respuestas. No hacer nada, sobrevivir de las ayudas y esperar pacientemente e humildemente que nos caiga un trabajito y que cambie el gobierno. Quien logra recaudar un dinerito, abandonar el País en busca del ilusorio norte. Los y las que tienen más conciencia política, social u sindical, es decir los menos, buscara organizase políticamente para de alguna manera exigir sus espacios como vemos en ejemplos de las luchas sindicales o contra los gasoductos y las privatizaciones. Sin embargo para muchos sectores, sobre todo los más jóvenes, la única respuesta que pueden ver es “bregar como se puede”. Ese bregar incluye, recortar, hacer uñas o arreglar carros sin permisos o licencias, vender dvd pirateado o criminalizarse en el narcotráfico como forma de sobrevivencia.

De esta manera, todas esas terminan reafirmando o validando el sistema. Ya que aun los que protestan organizadamente, regularmente se limitan al tema en discusión y rara vez logran proyectar las problemáticas denunciadas como productos esperados del sistema económico imperante. Por lo que aún si se logra detener la amenaza inmediata como el en el caso del gasoducto, el capital mantiene sus ganancias y hegemonía.

En el caso de la violencia y la criminalidad, como bien señala el documental, gran parte de las mismas son producto esperado del sistema económico, que se beneficia del dinero que ellas producen y se beneficia con el dinero que se bota luchando contra el mismo. De esta manera, para mi es ilusorio enfrentarse y tratar de manejar esa violencia sin cambiar el orden social, político y económico que la produce, es pensar que la sal puede endulzar el café.

La criminalidad y la violencia que vivimos no es otra cosa que la naturaleza del orden que tenemos, por lo que no podemos cambiar uno, sin cambiar el otro.

 

Presentación libro: Criminología Crítica y Aplicada


Presentación del Libro:

Criminología, Crítica y Aplicada

del Dr. Joel Villa Rodríguez y del Prof. Gary Gutiérrez Renta

Rolando Emmanuelli Jiménez, J.D., LL.M.
29 de octubre de 2013

Para ver más fotos de la presentación del libro Criminología Crítica y Aplicada ante los estudiantes del Recinto de Ponce de la Univerasidad

En primer término quiero testimoniar el honor y halago de permitirme presentar el libro Criminología, Crítica y Aplicada, del Dr. Joel Villa Rodríguez y del Prof. Gary Gutiérrez Rentas. El haber estudiado este libro, ha representado la oportunidad de profundizar en el conocimiento y análisis más exigente y contemporáneo sobre el tema. Sin embargo, de lo que no estoy seguro, es de la sabiduría de los autores al escogerme para hablarles de este asunto.

Para visitar el CAI-Inter Ponce, auspiciador de esta presentación

En muchas ocasiones las personas que tienen la oportunidad de ser honradas por los autores para presentar un libro, se inclinan a la mera adulación indiscriminada. Creen que han sido llamados para hacer el favor de comentar brevemente la obra para exaltar sus logros y promover sus ventas. Recurren, entonces, a lenguaje festivo, grave o solemne, para no dejar dudas en la audiencia de que esto es lo mejor de lo mejor. Los más prudentes acuden a señalamientos mínimos y críticas inconsecuentes, para salvarse de la mirada que imputa la función de un mero artífice de la propaganda encomendada.

Otra debilidad en que incurren los que tienen la oportunidad de presentar un libro, a la manera de decir de los autores, intencionada o no intencionada, es la soberbia y grandilocuencia. Es decir, cuando comparecen ante un público selecto que tiene interés en algún libro, se esfuerzan por demostrar a la saciedad, lo mucho que saben. Se disparan largas verborreas bizantinas que a veces desatan mayor confusión que aclaración sobre lo que significa el texto.

Creo que esos no son los propósitos de mi comparecencia en el día de hoy, ni es el objetivo que tenían los queridos profesores y amigos cuando me invitaron a esta actividad. Sin embargo, aunque es difícil, dentro de mis limitaciones, haré el esfuerzo, de no defraudarlos.

Aunque por humanidad, no pueda desligarme totalmente de los yerros antes mencionados, para presentar este libro, prefiero un enfoque pragmático, humano, demasiado humano, e incurrir en una conducta, que los autores amigos, en broma, podrían llamar antisocial, al presentarme ante ustedes en un acto labrado por el mero egoísmo. Digo mero egoísmo, porque comentar un libro de la envergadura del texto de mis amigos, 448 páginas de minúscula tipografía, sin duda es un acto de gran esfuerzo y responsabilidad, del cual muchas personas se abstendrían, si no pudieran esperar algún provecho en ello.

En este caso, el texto me ha provocado, me ha retado. Me ha obligado a realizar una mirada interior para reflexionar sobre toda una serie de metarrelatos y mentiras que nos han enseñado, particularmente en la escuela de derecho y como parte del ejercicio de mi profesión, y que hemos repetido durante gran parte de nuestra vida sin hacer análisis ni síntesis críticas de esos supuestos saberes.

Esta mirada me provoca reflexión y aprendizaje de gran provecho y utilidad; pero a la vez, vergüenza… pudor.

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Pero la información y el análisis del texto no es suficiente para justificar su valor. Este libro, además, me reta a actuar para desenmascarar y destronar al mentiroso.

En mi opinión, ese es el objetivo principal de presentar un libro de esta envergadura:

Mover a a la Acción.

En síntesis, presentar un libro valioso conlleva un honor para el presentador, pero, es indispensable, balancear todos los conflictos de intereses que pueden coincidir en este tipo de situación, para que el acto sea efectivo, y que mueva a la acción. A la transformación política, social y económica.

Pero, ¿qué es este trabajo? En primer término no es un mero libro de texto universitario. Aunque muy bien se puede utilizar para ello. Un libro de texto se supone que acumule los saberes esenciales de una materia. Es más que un libro de texto, porque constituye una reflexión crítica sobre la criminología y una presentación audaz de posibles soluciones especificas y concretas al problema de la violencia en Puerto Rico. Es la exposición más rigurosa y abarcadora sobre la descripción de las raíces de la criminalidad y la violencia, lo equivocadas, con o sin intención, de las políticas burguesas para controlarla, y las posibles alternativas de solución al problema. Es por eso que me provocan a la acción. Ese es el poder seductor de este texto. La expectativa, no ingenua, de que el cambio es posible.

En aras de la rigurosidad, es preciso citar los autores sobre su apreciación del contenido y propósitos del texto.

En la página 7, los autores se expresan sobre los propósitos de su libro:

Criminología crítica y aplicada es un análisis sociológico e histórico basado en una síntesis de acontecimientos de sumo interés criminológico, acompañado ello de las teorías más apropiadas para explicar y comprender como las estrategias políticas, económicas y criminológicas han llevado a la violencia y criminalidad experimentada en los Estados Unidos y con mayor crudeza dentro del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. El asunto estará acompañado del uso desmedido de la represión para controlar a las poblaciones marginadas o excedentes en ambos países. Es una amplia reflexión sobre los discursos políticos, económicos y represivos dominantes. Ello con énfasis en las prácticas prohibicionistas, su aplicación y el uso excesivo de la pena privativa de la libertad, seguido de la aquí entendida como poco ingenua, ilusionaría y hasta macabra idea de rehabilitar a sus respectivas poblaciones penales.

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El propósito no es buscar una etiología del comportamiento delictivo. Será más bien observar los factores externos a los individuos, especialmente los aspectos de naturaleza social que controlan para bien o para mal la vida de las personas.

El libro explica cómo se han repetido las mismas estrategias criminológicas del pasado y lógicamente se han obtenido los mismos resultados: violencia y criminalidad. Enfatiza como se ha hecho política pública criminológica para mediáticamente simular que se está haciendo algo. Relata cómo las autoridades estatales absurdamente implementan las mismas estrategias represivas del pasado y abiertamente prometen cuatrienio tras cuatrienio, aplicarlas con mayor dureza. Lo último, por ser unos discursos y prácticas tan arriesgadas ciertamente genera sospecha y será algo digno de realizar con mayor detenimiento.

Luego de un extenso y fundamentado análisis que incluye los postulados básicos históricos, sociales y teóricos de la criminología, en la página 111, los autores exponen las preguntas que pretenden responder con su trabajo.

En términos generales, y partiendo de lo antes dicho, este escrito intentará en su momento responder a los siguientes asuntos: 1) ¿Cómo se han constituido e intentado combatir “sujetos criminales” a raíz de la llamada “mano dura contra el crimen” y “guerra contra las drogas”?; 2) ¿Hasta qué punto se legitiman o se contienen mutuamente tanto las prácticas prohibicionistas, como el discurso dirigido a la supuesta rehabilitación de la población penal?; 3) ¿Es razonable hablar de rehabilitar a las personas que han transgredido las leyes, especialmente cuando son delitos sin víctima o se trata de un simulacro que lleva a un estado de hiperrealidad?; 4) ¿Existe un conocimiento que pueda observarse como verdadero tras dichas prácticas?; 5) ¿Cuáles han sido las consecuencias de dicho proceso?; 6) ¿Existe realmente una correlación entre las llamadas “drogas” y criminalidad, especialmente cuando se trata de homicidios o asesinatos?; 7) ¿La “mano dura contra el crimen” y “guerra contra las drogas” respondieron o responden a una realidad o se trató de una simulación como efecto de un saber/poder o ejercicio político de gobernabilidad que encubre los aspectos represivos e ideológicos estatales?; 8) ¿Hasta qué punto las personas forman parte de una estructura mayor de poder donde producen y reproducen una mentalidad de gobernar y autogobierno que les permite actuar, dependiendo de las circunstancias fortuitas de la vida, en virtud de someter a otras o asumir su rol como sometidas?; y 9) ¿Es posible establecer una política alterna, no reconocida por las autoridades estatales, para minimizar las nefastas consecuencias no intencionadas o intencionadas de las prácticas prohibicionistas en los Estados Unidos y Puerto Rico?

Los autores no solamente responden de manera extraordinaria esta serie de preguntas, sino que fundamentan y fortalecen una serie de postulados básicos requeridos por todo tipo de análisis histórico o social, sea ya en la criminología o en cualquier ciencia social, del cual se pueden extraer conclusiones que no solamente nos ayudan para la acción en el contexto criminológico, sino también en el plano político, económico y social. Esta serie de conclusiones podrían sintetizarse en las siguientes premisas:

1. La violencia dentro de un orden social burgués, se traduce en gobernabilidad. Es decir, la violencia y criminalidad son parte esencial del orden necesario para el mantenimiento del estado burgués.

2. El discurso sobre la criminalidad -y ahora con la guerra contra el terrorismo-es la herramienta más cruel y efectiva para el mantenimiento de la subyugación social y económica.

3. Burgueses y sujetos criminalizados o marginados por el estado burgués, son igualmente antisociales.

4. El capital es el responsable de la violencia y la clase política sostiene sus postulados e implantación.

5. Todos los participantes del orden burgués son responsables de la violencia, tanto dominantes como dominados o marginados.

Si todos somos responsables de la violencia y criminalidad, todos podríamos examinarnos críticamente para identificar cuál es el papel que hemos asumido, desde ser entes pasivos y acrílicos del proceso, hasta intermediarios, facilitadores, académicos o participantes activos, ya sea desde el capital, la clase política represiva, o el punto de drogas.

Pero este planteamiento de auto examen es ingenuo o hasta imposible, sin una exposición diáfana de los fundamentos teóricos. El texto de los autores, nos brinda esa oportunidad de confirmación o descubrimiento de cuál es nuestro papel en la violencia y la criminalidad.

Aplicando estos principios a mi papel como abogado en una sociedad capitalista subyugada por una situación colonial, el texto me obliga a concluir que también soy parte del problema de la violencia y la criminalidad. En los años que practiqué la profesión en el ámbito penal, en los que participé como profesor de las materias de Derecho Constitucional, Derecho Penal y Procesal Penal, fui exponiendo y justificando toda la normativa que reproduce el crimen y que como plantean los autores, hace que se triunfe fracasando. Al igual que la policía, los jueces, psicólogos, los trabajadores sociales, los consejeros de sustancias y toda la gama de obreros y profesionales vinculados al fenómeno de la violencia y el crimen, consiente o inconscientemente, de buena o mala fe, he sido parte del problema.

A lo largo de toda mi experiencia como abogado he vivido las principales conclusiones a las que llegan los autores sobre cómo el modelo prohibicionista, la marginación social, económica y las fallidas estrategias de represión de la criminalidad y la violencia, han sido las principales fuentes responsables del problema.

Todo esto porque el sistema capitalista colonial en que vivimos es violento. La aplicación violenta de política y normas para acrecentar la brecha entre ricos y pobres, es violencia. La violencia engendra la criminalidad, la criminalidad engendra la demanda por servicios profesionales, pertrechos militares, cárceles, armas, chalecos y balas; y la demanda alimenta el capital, todo en un ciclo infinito, como una serpiente que se muerde su rabo.

Las visiones prohibicionistas de las drogas nos permite ver este fenómeno claramente. Mientras más se golpea el tráfico y el punto, más escasea la droga y por ende, por las normas básicas de la oferta y la demanda, más caro se vuelve el producto. Al ser más caro, hace falta más dinero para conseguirlo, hay que hacer más esfuerzos y cometer más crímenes para conseguir el dinero de la cura. Por ende, es un círculo violento en el cual la misma política prohibicionistas y de persecución del crimen, crea las condiciones de mercado para el aumento de la criminalidad y la violencia.

El trabajo termina con la historia del Gabo, un ex estudiante de la Interamericana que vivió desde su niñez, el drama del narcotráfico en Puerto Rico. Aunque de carácter anecdótico, es un ejemplo alarmante y la confirmación de las causas y las consecuencias de este andamiaje torcido del estado burgués.

Pero al principio comenté que el texto me movía a la acción.

Si yo soy parte del problema, qué podría hacer para colaborar en las maneras de atenderlo, manejarlo y corregirlo. Evidentemente, no está al alcance de mis limitadas capacidades individuales. Pero tampoco puedo conformarme con sumirme en la oscuridad de la soledad y el cinismo.

La pregunta es si los autores tienen la esperanza de que gracias a su acopio de datos y excelente análisis y síntesis, pueda manejarse razonablemente el problema de la violencia en Puerto Rico. La pregunta es si solo se conforman con desenmascarar, dejando al devenir, el transformar.

La respuesta parece ser en la ambigua, pues en su texto en el capítulo denominado: La búsqueda del consenso, en la página 396, los autores sienten la soledad de su discurso y manifiestan su suspicacia a la generación de un consenso sobre estos temas para resolver el problema, como meramente un ejercicio de poder en el cual el pez grande se come al chiquito. Nos dicen lo siguiente:

La sociedad del consenso puede observarse como un gran teatro. Todo tiene un gran comienzo, desarrollo y final. Hablar de ello lleva a debates muy apasionados, muchos aplausos y hasta burlas. El guión es simple: simular no seguir la voluntad del poder. Sólo puede tratarse de un espectáculo porque los participantes son sus soportes simulando estar haciendo algo. Ya es tiempo de darse cuenta sobre cuánto se simula dentro y fuera del mundo académico. ¿Cuántas personas son se sienten ya cansados de observar tantas sillas vacías y las palabras que se las lleva el viento?

Este aparente pesimismo es la única reserva que tengo con el libro. Una cautela, no en el sentido sustantivo, de su contenido, sino en cómo el trabajo puede convertirse en una herramienta para la acción. No me cabe la menor duda de que el análisis histórico, social y científico que hacen los autores es de gran pertinencia e importancia para entender el problema de la violencia en Puerto Rico. No obstante, en vez de conformarnos con desenmascarar y quedarnos callados ante el ataque de que “por pesimistas como usted no mejoramos”, debemos recurrir al legado de Gramsci, que nos brinda la máxima de que debemos ampararnos en el balance del pesimismo de la inteligencia con el optimismo de la voluntad.

Por supuesto que el intelectual tiene que ser pesimista. Es de la única manera en que puede abordar los problemas, porque le preocupan, pero conforme nos aclaró Gramsci, el intelectual tiene una función en la sociedad y en la solución de los problemas que nos asedian. Estos planteamientos no pueden ser meros cautivos de los pasillos y aulas universitarias. Los planteamientos que se hacen en el libro establecen una hoja de ruta para atenderlos de la manera más agresiva y efectiva, aunque sin duda, los enemigos sean formidables. Mi invitación es a seguirla.

Estoy firme en que ya no es suficiente el discurso y el debate académico sobre la forma en que deben resolverse los problemas. Es necesaria la acción, pero para esta acción, es indispensable tener aliados. Para tener aliados, tenemos que llegar a acuerdos. Para llegar a acuerdos, tenemos que negociar. Así que aun partiendo de la premisa de que la negociación es un ejercicio de poder de uno contra el otro, también es la ruta para que ambos sientan que han ganado algo. Por eso no descarto la utilidad y viabilidad del consenso para la acción.

La única manera de atender el problema de la violencia y la criminalidad es desgastando desde múltiples ámbitos y perspectivas, las bases del estado burgués que constituyen los orígenes de la desigualdad económica y la violencia. Aunque no necesariamente haya una correlación fuerte entre bonanza económica y ausencia de criminalidad, el bienestar económico es condición indispensable para manejar la violencia, aunque no sea suficiente. Es fundamental entonces, trabajar, entre otras agendas, en nuestro desarrollo económico y social desde perspectivas paralelas al capital, pero solidarias entre sí.

Por tanto, el intelectual tiene que salir de los muros de la universidad.  Tiene que involucrase. Tiene que reunirse con los actores sociales y políticos. Debe despojarse del natural desprecio por la clase política.  Debe, también, dialogar y retar a la clase de capital local y ausente.  

Solamente enfrentando el estado burgués podremos manejar nuestro destino y aliviar sustancialmente el problema de la violencia y la criminalidad que nos asedia 

Los autores han fundamentado impecablemente las bases teóricas del problema y los espacios de acción para las soluciones.

Queda de nuestra parte ocuparlos.

El Lcdo Rolando Emanuelli presento el libro Criminología Crítica y Aplicada ante los estudiantes del Recinto de Ponce de la Univerasidad Interamericana de Puerto Rico. foto: José Raúl Cepeda

Sobre narcotráfico ante la asociación de Psicología de Puerto Rico


Por Gary Gutiérrez

Presentado ante la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

Lejos de pretender venir a bailar a la casa del trompo, no me presento ante ustedes para hablar de lo malas que son las drogas o los peligros que puede representar el uso de las mismas. Ni siquiera vengo a venderles mis ideas sobre como, en una sociedad democrática compuesta por hombres y mujeres libres, el uso y disfrute de cualquier cosa que no haga daño a otros, debe ser una decisión individual.

Prefiero aprovechar esta oportunidad para compartir con ustedes una historia que dramatiza el costo real de la absurda ilegalización de las drogas que, como excusa para justificar la intervención militar e ideológica global, Estados Unidos impone a la humanidad (Manjón-Cabeza, 2012). Una ilegización que crea las condiciones materiales para que aquellos social y económicamente excluidos encuentren la manera de lograr las metas materiales impuestas por el sistema (Gutiérrez 2012)

Hace unas semanas, mientras me ocupaba de la tediosa tarea de corregir y cuadrar notas, mi mente insistía en pensar cuál sería el contenido de una presentación que junto a José Raúl Cepeda y la maestra Vivien Mattei se supone presentara ante la Latina & Latino Critical Legal, Theory Inc. reunida en Puerto Rico.

En mi cabeza, no solo daba vueltas mi hipótesis sobre la violencia y el narcotráfico como discurso contestario inconsciente por parte de los sectores excluidos del sistema capitalista neoliberal. Igualmente interrumpía mi concentración en los exámenes lo que gente como Young, Wacqant, Ferrell, Simon, Chomsky, West, Klein, Rivera Lugo, Dora Nevares, Villa, y otros plantean sobre el asunto.

De pronto en medio de aquel torbellino de ideas y de mi lucha por concentrarme, tome uno de los ensayos que se supone corrigiera y al comenzar a leer me di cuenta de quién debía ser mi fuente primaría para aquella presentación. Su nombre Emmanuel, y es un estudiante subgraduado de Trabajo Social en la Caribbean University de Ponce, que como no encontró una electiva en su concentración y sin saber donde se metía se matriculó en mi clase de Delincuencia Juvenil para complementar su matrícula.

Tras leer el trabajo del joven, decidí que eran las ideas de este y no las mías o la de los gigantes antes mencionados, las que debía compartir en el mencionado foro. Así que a manera de tributo académico al “copy & paste”, me atreví leer ante aquel foro una versión, editada por cuestión de tiempo y corrección, de la introducción al ensayo con el que aquel joven contestó la pregunta: ¿Cómo usted ve al menor delincuente en Puerto Rico?,

Emmanuel comenzó diciendo: “Aun recuerdo cuando tenía 17 años y anhelaba cumplir los 18 para trabajar e irme de mi casa. El pensamiento de irme de mi casa era provocado por la rebeldía de esta etapa. Tenía claro que quería trabajar para costearme mis necesidades materiales y no depender de mi madre.

Cuando cumplí la edad comencé a buscar trabajo, aquí allá por todas partes. Recuerdo que llevé resumé hasta los pueblos limítrofes como Juana Díaz desesperado por conseguir ese trabajo. Durante tres años continué en las mismas, llevando resumé a todas las semanas a diferentes establecimientos, tiendas, restaurantes de comida rápida, supermercados, entre otros. Durante esos tres años en que no me llamaron de ningún trabajo, creció en mi la rebeldía, los pensamientos negativos y la frustración que no es otra cosa que ese sentimiento provocado por la incapacidad de no poder realizar algo porque algún factor externo que lo impide.

Aprendí a recortar y de esa manera me buscaba el peso recortando en mi casa a los muchachos del barrio. Cuando llegaba la temporada de quenepas, vaciaba el árbol de mi casa y las vendía en algún punto estratégico del casco urbano de Ponce. Obviamente esas chiripas no me daban para lo que yo quería que era comprarme un carrito, la ropa de moda, los tenis del momento, etc.

Pero cerca de la comunidad donde me crié hay un barrio con alta incidencia criminal conocido como La Cantera. Allí los jóvenes varones tenían otra forma de buscarse el peso: vendiendo drogas. Crecí viendo como los muchachos del barrio que bregaban en el punto tenían los carritos mas bonitos, los ‘bling bling, los tenis más caros y las nenas más lindas.

Luego de tres años, finalmente me llamaron y me preguntaron si todavía me interesaba un trabajo solicitado meses atrás. Contesté que si y lo primero que me dijo el individuo fue: “mañana tienes entrevista en las oficinas generales en el pueblo de Carolina”. Como tenía los recursos pude llegar y me dieron el empleo. Luego me requirieron documentos como, carta de buena conducta, prueba de dopaje, certificado médico entre los que recuerdo. Yo tuve los recursos para obtener todo lo que el empleo requería.

Aunque me vi tentado, en mi hogar tuve el ejemplo, la enseñanza y la educación que junto a mi determinación y fuerza de voluntad evitaron que me involucrara en el narcotráfico. Ahora, yo tuve los recursos y un hogar ejemplar para no caer en ese negocio, pero y los que no corren la misma suerte que yo.

Muchos recurren a la venta de drogas, a velar el punto o hacer “mandaos”. De la boca de ellos se escucha que en ningún lado le dan trabajo y que la única opción es vender droga. A esta situación hay que sumarle el discrimen si tienes tatuajes o pircings. Incluso conozco algunos que viven en un residencial público y en sus resumé anotan una dirección diferente, usan la de algún familiar o amigo. Recuerdo cuando el profesor dijo que la cultura dominante va a criminalizar a la subculturas porque desconfía de ellas.”

Si se leen con atención el ensayo de Emmanuel, el mismo surge como un pliego acusatorio contra el sistema neoliberal que se viene desarrollando en la isla por las pasadas décadas, pero que vió su máxima expresión durante el cuatrienio pasado (Gutiérrez 2012). Es ese neoliberalismo salvaje, el que utilizado sus aparatos ideológicos produce el orden social en que se desarrolla la historia de Emmanuel. Un orden que condena a miles de jóvenes a que desde la pobreza y el subdesarrollo del sur global aspiren a comprar los símbolos de éxitos impuesto desde el norte por la cultura del varón, blanco, propietario, alegadamente homosexual y cristiano (Gutiérrez 2012) . Es decir, un orden bulímico, como lo llama Jock Joung (2007), que incluye a todos por igual en el consumo de los símbolos materiales construidos como exitosos, mientras excluye a gran parte de la población de los medios legales y los empleos dignos para que pueda costearse ese consumo.

Como bien ilustra la historia de este estudiante, este proceso es uno que termina produciendo un ser humano frustrado o desvalorizado que puede ver en la violencia una forma de empoderarce ilusoriamente o en la ilegalidad, sobre todo la del ilegalizado narcotráfico, el único medio para integrarse al mundo de consumo capitalista que se le impone desde el poder (Presdee 2001)

Es de aquí que surge mi hipótesis que apunta a que la violencia social y la criminalidad que sufre el País es el resultado esperado del orden neoliberal excluyente que a mediado del siglo pasado desarrolló Milton Friedman y que luego se convertiría en dogma del sector más conservador de la política Estadounidense. Como en todos sitios donde se implementó este neoliberalismo, el resultado es que grandes sectores de la población no se sienten representado por el Estado (Klein 2008; Rivera Lugo 2004).

Ante la aparente ilegitimidad del Estado producto de la falta de representatividad y del hecho, real o aparaente, de que para muchos el sistema solo le ofrece la ilegalización como alternativa económica, en el caso de Puerto Rico se pudieran identificar tres respuestas a saber.

La mayoría no hará nada y comprando el discurso electoral esperará el espacio electoral para escoger entre dos partidos similares que, como explica el español Miguel Amorós (2012), representan los mismos intereses y que el sistema usa para dar la impresión de que es democrático. Esta mayoría son los que el sistema verá como los buenos ciudadanos, respetuosos de la ley y sobre todo “humildes”.

Por otro lado, los sectores más conscientes de la sociedad responden al excluyente proceso del que nos hablo Emmanuel, organizando estructuras políticas, comunales o económicas. De esta manera vimos como durante el cuatrienio pasado, las comunidades se organizaron para hacer frente a proyectos que las sacrificaban para crear espacios de ganancia económica a los sectores más ricos del País. Igualmente vimos a los jóvenes de la Universidad de Puerto Rico, casi todos educados, de clase media y media alta, organizarse para defender sus espacios ante la posibilidad que los mismos se pusieran directamente al servicio del poder económico. Otro ejemplo de como estos sectores más conscientes canalizan las frustraciones que el sistema les produce, es el surgimiento de los nuevos partidos políticos que durante las pasadas elecciones trataron de romper el bipartidismo que castra el proceso electoral de la Isla (Rivera Lugo, 2004; Wacquant, 2009).

Sin embargo, no todos tiene los recursos para responder y exigir legalmente un espacio donde ganarse la vida dignamente. Es mi hipótesis que en Puerto Rico, enormes sectores marginados, como bien describe Emmanuel , se las tienen que buscar como pueden para sobrevivir y sentirse incluidos consumiendo. Es decir tiene que “bregar” en trabajos marginales o precarios como recortar en sus casas, mecanear en el patio, hacer uñas o trenzas, vender quenepas o piratear DVD. Labores que pueden rayar en la ilegalidad al no cumplir con los reglamentos y permisos impuestos por el Estado (Barrero, 2008; Presdee, 2001; Rivera Lugo, 2004; Wackant 2009).

Otros, sobre todo aquellos que encarnan las características que en el capitalismo llevan al éxito, pero que por su condición de excluidos se les dificulta el desarrollo de empresas legales, terminan por integrarse a esa ilegalizada empresa capitalista que es el narcotráfico. De esta manera los puntos de drogas están administrados por jóvenes que, con una educación promedio de noveno grado, manejan inventarios millonarios, procesos de distribución, nóminas, relaciones publicas, solución de disputas, etc. Todo lo anterior complicado por la ilegalidad y lo que esa ilegalidad significa (Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. 2008) .

Es en este sentido que yo entiendo que el narcotráfico producido y fomentado por las draconianas leyes anti drogas, la violencia y la criminalidad que experimentamos en Puerto Rico, lejos de ser un problema, en muchas de nuestras comunidades se construye como la solución al problema de marginación y exclusión económica. Es decir, para muchos el mercado negro producto de la absurda ilegalización no es un problema, es una solución a su problema, el económico.

Por tanto, y repito es mi hipótesis, la inserción al narcotráfico y la criminalidad pueden ser vistos como un discurso contestatario de aquellos que sin tener la consciencia política responden “bregando” como pueden ante la sociedad que los excluye. El narcotraficante y la ilegalidad puede verse como la respuesta de aquellos quienes se niegan a ocupar humildemente los espacios de pobreza que el sistema les asigna. Así estos sectores, probablemente de manera inconscientemente, le hacen frente a un sistema que como describió Emmanuel, les condena a ser un pobre humilde que espera estoicamente por años un trabajo precario que no debiera llamarse empleo y que les condena a un estatus social de subciudadano o subciudadana.

Si se toma esta hipótesis como correcta, se puede inferir entonces que cualquier iniciativa para manejar el llamado problema de la droga, será solo un parcho y no una alternativa a la violencia que hoy cobra unas mil vidas cada año en nuestro País, a menos que que no incluya la legalización de esas sustancias. No obstante esa legalización no será tampoco solución sin una verdadera reorganización social, una mejor distribución de los recursos económicos y la integración de todos y todas a procesos políticos y económicos verdaderamente democráticos.

Porque el problema, ni son las drogas, ni es el narcotráfico. El problema es la pobreza y la marginación.

Referencias:

Amorós, J. (2012) Salida de Emergencia. Logroño: Pepitas de Calabaza Ed..

Barrero, E.C. (2008) De Macondo a mancuso: conflicto, violencia política y guerra psicológica en Colombia. Bogotá Ediciones Catreda Libre y Fundación América Nuestra.

Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. (2008) Cultural Criminology: an invitation. London: Sage.

Gutiérrez, G. (2013) “Del Coloniage a la Sociedad de Ley y Orden: violencia sistéica en Puerto Rico”en Sonia M. Serrano Rivera, Registros Criminológicos Contemporánios. (pp. 51 – 81) San Juan: Situm.

Klein, N. (2008) The Shock Doctrine, New York City: Picador.

Manjón-Cabeza, A. (2012) La Solución. Barcelona: Debate.

Pesdee, M. (2001) Cultural Criminology and the Caranval of Crime. New York City: Routledge.

Rivera Lugo, C. (2004) “Ni Una Vida Más para la Toga” en La Rebelión de Edipo y otras insurgencias jurídicas(pp. 137-154). San Juan, Ediciones Callejón.

Young, J. (2007) The Vertigo of Late Modernity. London: Sage.

Wackant, L. (2009) Prison of Poverty. Boston: Beacon.

Presentacion ante el panel: Contemporary Approaches to Latin@ Criminology II


Ponencia presentada ante el panel Contemporary Approaches to Latin@ Criminology II de la reunión anual de la Sociedad Americana de Criminología 2012

From a Colonial Regime to the New “Law and Order” Society in Puerto Rico

If you have paid attention to the past four years in Puerto Rico, you will have to agree that the imposition of neoliberal policies and the growth of the social violence are its most notable facts.

Pick up any newspaper from 2009 to 2012, and you will find there have been around a thousand murders each year. Most of these violent incidents are drug related. In the same newspapers, you might read how during this period, Governor Luis Fortuño, a neoconservative rising star in the republican party, introduced to the island the neoliberal views of deregulation of the economy, fast privatization of government agencies and responsibilities, and the implementation of the zero tolerance policy to deal with social or criminal deviation.

Just to give you a little background, Puerto Rico became a US colony as a result of the Spanish-American War, in 1899. Since then, the Congress of the United States has total political control over the 100 x 35 mile Island in the Caribbean, where its inhabitants have been American citizens since 1917. Today, there are more than nine million Puerto Ricans, but less than 4 million of them are still living on the island. In 1942, in response to a growing nationalist movement led by Pedro Albizu Campos, and as an answer to international pressure, the US Congress allowed Puerto Rico some space for self government as long as this “privilege” did not deviate from the US public policy, its laws or interfere with American economic interests. Under this relation, that the US still calls “territorial”, every four years the American citizens living in Puerto Rico can elect a governor and a bicameral legislature. This arrangement also allows Puerto Ricans to have a local justice system that deal with controversies of local matters and with every day security issues.

It’s my hypothesis that the sum of the violent colonial reality and the imposition of these neoliberal economics policies may be seen as the leading factor producing the social and criminal violence we experiment on the Island.

As my fellow professor José Raúl Cepeda explained during his presentation on Tuesday, Puerto Rican culture is the result of over five hundred years of colonialism, “machismo” and capitalism, which are violent political, social and economic processes that may produce a violent society.

To this already violent environment, the administration of Luis Fortuño added, using Jock Young’s terms, the bulimic neoliberal economic views that include everybody in the consumption process, but exclude most of us from the legal means to produce or earn income to pay for that consumption. In Puerto Rico, during the past four years, the government cut over 30 thousand jobs, reduced employee benefits, eliminated workers and environmental protective laws, cuts taxes on the rich, and so on. Like in others part of the world, the implementation of these economics views destroyed the middle class and left huge sub proletarian sectors with no economic options to survive. The Puerto Rican scholar Carlos Rivera Lugo, argues that the neoliberals political and economic views, like the ones imposed by Fortuño’s administration, produced a social war which at the same time produced social or criminal violence. Under this neoliberal state, Rivera Lugo explains that, because of the perception of an illegitimate government, people will look for any means, legal or illegal, as a way to survive economically. To this response by the people, the administration reacts with repression and state violence that will foment the image of the government as an illegitimate one, and there for, generate more violence response by the people, creating a circle that will go on and on.

From Rivera Lugo’s thoughts, we could say that in this neoliberal state, those with political or syndical organizational knowhow will develop new political, community or labor organizations to deal with the new reality. For example, during the past four years Puerto Rico saw the development of community and student-based organizations like the committee to reduce the cost of education in the University of Puerto Rico or the front to stop “el gasoducto”, a proposed 92 mile long pipeline that was supposed to bring gas through the central rainforest to the power plants in the north coast. Another example of this process was the birth of two new political movements, strong enough to make it to the polls.

But not everybody has those organizational skills or political knowhow. Hundreds of thousands of Puerto Rican living in marginal communities probably respond unconsciously to the government policies. If the government is not giving them the space to survive economically, they will make it themselves in the informal economy. This means, doing work off the books, selling bootlegged merchandise o entering the illegal drug trade among other things. In the words of one of my students, “if I can’t get a legal job, and my mama needs to pay the electric bill, what I’m supposed to do? Well I go, talk to the “bichote”, the drug pimp, work some hours and pay my mama’s bill.” This same student explains in class that he doesn’t like doing that type of work, “it’s dangerous” he said. But the alternative is to spend weeks or months, invest money, gas, good clothes, medical tests, background checks and drug tests to, if you are lucky, get a part time job in Walmart. For most of the young Puerto Rican males, that is the real world. The economic system imposed on them the social necessity of consumption as means of self realization, while closing all economic spaces but the drug trade.

Illegal drug trade is the third economic sector in the Island, and it is the second in job creation. In most of Puerto Rico’s poor communities, the illegal drug trade is the only working institution. In these “barrios” o “caserios”, is the “bichote” the one that gives jobs to the young male, provides security, pays for festivities and sport events, helps old people with their bills, etc. Of course, it’s an illegal business; violence and violent culture come with the territory. Especially in an already violent society product of its colonial history, it’s “machista” ways and the unregulated competition of neoliberal capitalism. Back in the 1950’s, Frantz Fanon and Albert Memmi, talk about how colonialism produces a colonized society that is not able to direct its anger toward the imperial power that oppresses them. Instead the colonized will drive is violence toward themselves. So, in Puerto Rico, today we have the recipe for the perfect storm; a colonial system that produces violence and an economic system that pushes young males toward an illegal and violent trade.

While this is happening, for the past 40 years, the government had responded with a hard line, zero tolerance policy. Every year, thousands of people are arrested, condemned, put through the system only to go back to the trade a couple of years later, now with more skills and prestige than before. To this punitive discourse, governor Fortuño added the republican views of family values and “law & order” above any other consideration. In true fascist style, the Fortuño administration responded with police repression to any one that disturbed the social order. It didn’t matter if your were selling drugs, killing people or protesting the privatization process at the state University, they would “kick your ass” to jail, using the words of Marcos Rodríguez Ema, Chief of Staff to Puerto Rico Governor, Luis Fortuño. The “social fascism” under governor Fortuño went as far as to prohibit any act that “undermined the activities of a public office”. This means that under the new penal code of Puerto Rico you can be put in jail for up to three years for protesting on the university campus or in front of the local capitol building.

Of course, when it comes to the illegal drug traffic or the violence, these punitive alternatives have not being successful at all. In Puerto Rico, like in the USA, drugs are cheaper and more available than ever. But, even when nobody can present any data to backup the punitive approach, administrations and politicians from both principal political parties had come and gone and strategies remained the same: more policing of the “hot areas”, more equipment and military training for the police and more surveillance technologies like cameras and radars.

We have to ask then; why do they keep doing the same thing over and over, if they know it does not work. The answer is easy, these punitive policies may not reduce the drug trade, make our communities safer or reduce the violence, but it will get you elected. Two weeks ago, Puerto Ricans went to the polls, and voted Luis Fortuño and his hardliner neoliberal policies out. In this past election, the people of Puerto Rico elected Alejandro García Padilla, a moderate neoliberal that proposes the use the National Guard and a web of high-tech radars along the coastline to prevent the drugs from coming in. Looking at this process, it seems that Puerto Rico reproduce the same characteristic that Jonathan Simon attributes to the United States. The so-called Puerto Rican working poor, that see themselves as “middle” class, are suffering the consequences of the neoliberal policy by losing economic and social status. Instead of blaming the rich for there misfortunes, this so-called middle class, look at the sub-proletarian as the cause of there problems and to the government as the one called to protect them from those deviants. It looks like the people of Puerto Rico will rally for any means of social control as a way to have a false sense of security.

In doing so, which is my hypothesis, the Puerto Ricans seem to end up, reproducing as an answer to crime and violence, the same conditions that produced the crime and the violence in the first place.

GRACIAS.

 

Here some photos of the ASC Chicago experience

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