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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

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Crisis y cotidianidad en Puerto Rico


Día a día, lenta pero segura, la crisis va dejando de ser abstracta y se va materializando en la cotidianidad.

Mientras, nosotros seguimos enajenados en espera de Superman…

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¿En serio, ventanas rotas otra vez?


Por: Gary Gutiérrez

Casi las once de la noche y el tuit vino de un grupo estudiantil autodenominado Estudiantes Informan (@UPRestudiantes).

“Día 118[i] – #PuertoRico embraces ‘broken windows’ policing amid killings. Fox News

¿En serio, ventanas rotas? Mi cerebro, que finalmente se estaba adormeciendo para descansar, se disparó como un misil intercontinental estadounidense que responde a Corea.

Desarrollada por el Manhattan Institute e implementado durante la década del 1990 por el alcalde Rudolph Giuliani., la “teoría” conocida como “Ventanas Rotas” entiende que cuando se tolera la desviación o los actos antisociales menores estos degenerarán en crímenes mayores. Con esta visión justifica mover y enfocar los esfuerzos del Aparato Represivo estatal para perseguir conductas que pudieran ser manejadas de forma más económicas y eficientes desde los controles informales o ideológicos.

Es decir que las autoridades deben enfocarse en controlar conductas desviadas como el escribir grafiti, arrojar basura, pedir o vender cosas en las luces de tránsito, fumar marihuana, consumir alcohol en la vía pública, orinar en público, etc., aun cuando las mismas no tengan víctimas o querellantes.

Entiendase, es gastar el dinero y tiempo de los y las policías, a quienes no le pagan los beneficios contractuales por falta de recurso, en perseguir mozalbetes y marginados que no tienen dónde caerse muertos.

Por supuesto, el ejemplo utilizado para la implementación de esta política pública son discursos como que la gente que no obedece las leyes de tránsito. Es decir que, en vez de gastar los recursos en generar investigadores, los vamos a pones a dar boletos de tránsito.

A ver si se entiende: ¿esta gente entiende que alguien que ya decidió asesinar a otro ser humano no lo va hacer porque estén velando quién no se detiene ante la luz roja?

Como dije el mito de las ventanas rotas como forma de manejar la criminalidad surge tras su implementación durante la incumbencia de Rudoph Giuliani como alcalde de Nueva York.

Durante ese periodo la ciudad experimentó baja en los delitos y Giuliani lo relacionó con la implementación de esta política. De paso con ese cuento se hizo millonario asesorando a gobiernos que como el nuestro le pagaron sus honorarios como experto.

Claro el exfiscal no explica en sus talleres que en ese tiempo en decenas de otras ciudades donde no se implementó este plan, también bajo la criminalidad.

Además del cuestionamiento antes detallado, otra crítica importante que se le hace a la política de las Ventanas Rotas es que la misma termina siempre reprimiendo y controlando las poblaciones más pobres, marginadas y vulnerables.

Un dato constatable es como, en la década del 1990, bajo la implementación de esta visión en la ciudad de Nueva York se dispararon los números de querellas por brutalidad policía mientras en las otras ciudades que también lograron bajar criminalidad, pero con programas comunitarios, las querellas contra los oficiales bajaron.

De igual forma se critica que esta estrategia ensaña la brecha entre la comunidad y la Policía que en muchos casos es vista como una fuerza de ocupación. Situación que termina aumentando la apariencia de ilegitimidad del Estado en esas comunidades.

El otro ataque a esta “teoría” apunta a que su implementación dispara costos de vigilancia y congestiona el sistema con casos que no tienen víctimas o querellantes. En momentos que la administración de la Policía de Puerto Rico está en entredicho por no poder cumplir con sus obligaciones labores, este es un factor que requiere mucha consideración.

Como si lo anterior no fuera razón suficiente para descartar el “mito de las ventanas rotas”, la realidad es que, por los pasados treinta años, desde la implementación de la llamada mano dura, la política para el manejo de la criminalidad siempre fue la misma que hoy nos empacan como novel iniciativa.

Claro está decir que esto de que la teoría de las Ventanas Rotas no funciona es faltar a la verdad. La realidad es que al igual que en la ciudad de Nueva York, la implementación de la “teoría” en Puerto Rico fue exitosa en encarcelar pobres, custodiar y estigmatizar comunidades y sobre todo en normalizar la vigilancia y el control social. Fin real del pensamiento conservador que produjo las ideas originalmente.

Por último y más importante, el anuncio de la implementación de Ventanas Rotas como política pública demuestra que quienes tiene a su cargo el manejo de las agencias represivas, locales y federales en Puerto Rico, nunca tuvieron un plan real para el manejo de la criminalidad y por eso viene con este refrito.

¡Salud y resistencia!

[i] Se refiere a los días tras el paso del Huracán María que a esta fecha mantiene sin servicio eléctrico a más del 40% de la población.

Sobre libro Exclusión y Violencia por el estudiante del RUM, Michael G. Carmona Soto


Curso SOCI 4101 Criminología
Recinto Universitario de Mayagüez

Profesor: Dr. Michael González-Cruz

Introducción

EL libro “Exclusión y Violencia” es escrito por un profesor criminólogo llamado Gary Gutiérrez. Citando el libro, el mismo reúne en tres secciones la propuesta del autor para mirar la violencia y la criminalidad presente en Puerto Rico a partir de la segunda década del siglo veintiuno desde la mirada alternativa que posibilita la ‘nueva criminología’, entiéndase la criminología critica, que pretende cuestionar a la criminología tradicional desde la manera de ver al delincuente, hasta los mecanismos de control social (Gutiérrez-Renta, 2014). Como parte del curso de criminología SOCI 4101 el lector de este ensayo podrá apreciar algunos puntos importantes que Gary Gutiérrez presenta en su libro. El ensayo se estará estructurando por unas preguntas que los estudiantes, al igual que el profesor escogieron para llevar a cabo el ensayo. Las preguntas de referencia que se escogieron para este ensayo son las siguientes:

  • ¿Qué premisas se tomaron en consideración para elaborar la sociología del conflicto? P. 32
    ¿Cuáles son los propósitos principales de la ley según Kropotkin? Explica. P. 23
  • Según Máximo Pavarini, ¿en que día empiezan las angustias serias para el criminólogo?
  • ¿Cuál era el pensamiento o la visión de los conservadores y de qué manera consideraban la solución al acto criminal? Explique de qué manera los mismo veían a los humanos.

 

Ensayo

Gary Gutiérrez nos muestra un libro fascinante que nos permite entender desde un punto de vista social cómo es la criminología. Cada detalle del libro nos hace reflexionar acerca de la criminalidad, y en momento nos brinda la oportunidad de tener en mente una solución hacia este comportamiento. Por tanto, me gustaría empezar con una frase de Gary escrita en el libro; “Al fin y al cabo, se debe asumir que, como en la naturaleza, en la sociedad todo lo que se mantiene es porque para alguien le funcion”. Esta frase se repetía varias veces en mi mente cada vez que pasaba las páginas del libro, porque me hizo ver lo injusto y el abuso que tiene el gobierno con nosotros, manipulándonos mediante la criminalización. Por tanto, es increíble que el estado que tiene un poder incalculable puede utilizar este comportamiento como una ventaja para obtener más poder. Poder que se convierte en un conflicto social que parten de tres premisas que apuntan a que; la sociedad no es estática y siempre está en cambio y que en toda sociedad habrá sectores que promuevan ese cambio, la segunda premisa; que el conflicto, la falta de consenso, es intrínseco a todos los sistemas sociales, (no hay sociedades, o relaciones personales que no experimenten conflictos). Finalmente, y probablemente lo más importante para efectos de este trabajo, la coerción resultante de que unos individuos tengan más poder social que otros es un elemento siempre presente.

Tomando como referencia la última premisa, en donde el poder social tiene la oportunidad de obtener más que otros individuos, me refiero a la clase pobre. Ayuda a entender por qué la criminalidad verdaderamente funciona. Cuando tuve la oportunidad de ir a la conferencia de Gary en el RUM, acerca del libro “Exclusión y Violencia” aclaré esta gran pregunta escuchándolo con una mente abierta. Una de las partes de la conferencia él menciona y abunda más sobre los que son los propósitos principales de Kropotkin, lo mencionó de una manera diferente. El primer propósito es proteger la propiedad privada, y hago un alto este primer propósito porque Gary nos menciona que es el propósito más importante y el que empezó la implementación de un proceso de seguridad. Hace mucho tiempo atrás los policías no eran parte de un gobierno, los famosos policías solamente protegían los bienes de los ricos. Al ver el estado esto tan importante ellos optan por hacerlo parte de un plan gubernamental. Aquí es donde llega el segundo propósito de Kropotkin, proteger el estado y al rico. “Las leyes del estado lo que protegen son las estructuras que legitimen -no criminalizado- las acciones de quienes se benefician del trabajo y la producción de otros”. Pero como había mencionado anteriormente el estado no solo tiene una protección, sino que también crea una manipulación. El estado muestra el tercer propósito como modelo de voto, y es “proteger a la persona”, hacerla sentirse segura porque andamos con miedo de que la criminalidad nos arrope.

Abarcando más sobre los oficiales de seguridad (policías) me impresiono mucho como Gary los describe con una Visión Conservadora Cristiana en donde el individuo es un ser pasional que “no tiene control por herencia del pecado original”. La alternativa ante el crimen es la vigilancia, la mano dura, y el castigo severo y humillante para que se controle. Esta visión se basa en el respeto a los valores, la autoridad y la religión. (Jimenez, 2015) Después de Gary describirme a los oficiales de esta manera pude entender porque algunos policías tratan a las personas marginadas con arrogancia y comportamiento agresivo.

Durante todo este estudio de la criminología con el estado, los criminólogos entendieron que la sociedad no es producto de consensos o procesos democráticos. Aquí fue el día en que el criminólogo tuvo que rendirse a la evidencia de que las definiciones legales de criminalidad y de desviación no coinciden con la opinión mayoritaria de los que debe ser justo y de lo que debe entenderse injusto. (Pavarini, 2003) Es de aquí que Pavarini entiende que la criminología comienza a cuestionarse en su rol en la sociedad burguesa productora de la modernidad, así como la forma en la legitima el estatus quo. Este proceso llevo a estos criminólogos a un dilema.

Gary mostró tener un conocimiento invaluable que habla desde un punto de vista bien estudiado socialmente. Leer su libro es una manera de entender el mundo represivo en que vivimos hoy en día. Puerto Rico más que todo debería tener este tipo de lectura a la mano para así entender muchas cosas que a veces somos ciegos y no nos damos cuenta. “Exclusión y Violencia”, abrió mis ojos vendados de cosas que uno pensaría como correctas o normales.

Citas

Gutierrez-Renta, G. (2014). Exclusión y Violencia. Ponce, PR: Marian Editores

Jimenez, R. E. (2015, Enero 31). Presentacion del libro Exclusión y Violencia. Retrieved from Scrib: https://www.scribd.com/document/254356443/Presentacion-del-Libro-Exclusion-y-Violencia

Pavarini, M. (2003). Control y Dominación: Teorias criminológicas bruguesas y el proyecto hegemónico. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Citado por WRTU en Abusiva la Policía de Puerto Rico, según experto….afirma no existe verdadera reforma en la Uniformada


img_7977“La pasada semana el gobernador Alejandro García Padilla defendía las bondades de la reforma policial y afirmaba que la ciudadanía confía hoy más en la Uniformada que hace unos años. Simultáneamente, se radicaba un pleito federal por violaciones a los derechos civiles en contra de la Policía de Puerto Rico, y en Estados Unidos el departamento de Justicia señalaba a la Policía de Baltimore como un cuerpo discriminatorio y abusivo. Para el criminólogo y profesor de Justicia Criminal Gary Gutiérrez, ninguno de estos eventos son independientes, ya que responden a una misma realidad: un esquema de militarización del orden público, orquestado a nivel federal y que culmina, en demasiadas ocasiones, con violaciones a los derechos humanos. Informa Javier Villa.”

Para escuchar

 

Memoria corta, violencia y simulación (micro-cuento)


Parada frente al cuarto asesinado del fin de semana, la ciudad no recordó la redada del martes pasado. 

Prefiró la felicidad de la simulación.

Simulación y reforma policiaca en el Puerto Rico del siglo XXI


Presentado por Gary Gutiérrez el 29 de enero de 2016 ante estudiantes de internado en el Recinto de Ponce Universidad Interamericana de Puerto Rico

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La llegada del 2016 marca en el calendario una fecha de múltiples problemas para Puerto Rico, territorio colonial de mayor extensión y población bajo la bandera del imperio estadounidense.

Tanto la crisis económica producto de sobre cien años de políticas en servicio al imperio, como el desastre educativo productor, tanto a nivel escolar como universitario, de un burocratizado sistema cuyas políticas pedagógicas son pautadas por los requisitos para cualificar para fondos federales y no por las necesidades sociales; son solo dos ejemplos del colapso y la ingobernabilidad que vive el y la puertorriqueña promedio en la segunda década del siglo XXI.

Digo ingobernabilidad pues a pesar de que simulamos ser una sociedad organizada, y de que parecemos un colectivo funcional en comparación con otras regiones del mundo; la realidad aparente es que la mayoría de los habitantes de este pequeño archipiélago en el Caribe no podemos alcanzar el nivel de vida que nos prometieron como resultado normal de aquella falsa economía subvencionada a mediado del Siglo XX por Estados Unidos.

Nuestro actual orden social es en realidad un espejismo de progreso que creó a mediados del siglo XX Estados Unidos con la intención de venderse como una potencia caritativa, bondadosa y distribuidora de bienandanzas y democracia frente a los avances en las Américas de las simpatías y el apoyo al comunismo autoritario que impuso en la desaparecida Unión Soviética y en sus países satélites que eufemísticamente llamaban “socialismo”.

Es en medio de todo ese proceso económico, social y políticamente imperial que se desarrolla desde la mentalidad del colonizado que nos ilustraron Fanon (2005) y Memmi (2005), un aparato represivo estatal, ese que usted conoce como “sistema de justicia estatal”, que no es otra cosa que la herramienta para que fuéramos los propios puertorriqueños los que veláramos por los intereses económico, políticos e ideológicos del imperio. Esto no debe sorprender a nadie, pues es el mismo espacio de vigilancia a las minorías y a los pobres que ocupan esas agencias en los propios Estados Unidos (Alexander 2010) (Balko 2013) (William, 2015).

Tomando lo anterior como punto de partida, parecería lógico entonces que para adentrarse en el análisis de la mal llamada Reforma de la Policía en Puerto Rico respondamos primero al llamado que nos hace John Muncie en su genial ensayo, Decriminalising Criminology (2000). Es decir la invitación para acercarnos a lo criminológico desde otros saberes y no desde la restringida visión de la vieja criminología burguesa, supuesta ciencia desarrollada durante la modernidad y que se limita a estudiar lo criminal desde los desviados o criminales, así como desde las alternativas para controlar el comportamiento de estos.

Es así que les invito a que se adentren al tema de la supuesta reforma de la policía desde esa nueva criminología que utilizando la historia y sobre todo la política, estudia críticamente el orden social que produce la desviación y la criminalidad. Es decir una invitación a mirar desde las luchas de poder y control social, los supuestos cambios que por orden de la corte imperial estadounidense, tiene que hacer el cuerpo policiaco puertorriqueño. Es interesante e irónico que sea esa Corte la que ordene los reajustes en la agencia represiva de Puerto Rico, pues como ya se dijo fue el propio Estados Unidos, cuyos intereses son representados por eso jueces, quien creó y por década maneja, entrena y establece los estándares seguidos por la actual puesta en entredicho Policía de Puerto Rico. (Malavet, 2014).

En realidad lejos de ser un fracaso o una desviación, los problemas de corrupción, la forma prepotente en que los policías se manejan en la calle, el gansteril espíritu de cuerpo y el imaginario que lleva a los policías a mirarse como guerreros plenipotenciarios y regentes del espacio público, es el resultado lógico de la forma en que históricamente Estados Unidos construyó a los llamados “agentes del orden público” (Alexander, 2010) (Balko, 2013) (Malavet, 2014) (William, 2015).

Es decir para tenerlo claro, si se parte de los trabajos de Michel Alexander (2010), Radley Balko (2013) y Krisitan William (2015) entre otros, se puede decir que la corrupción, los abusos de poder, las violaciones a los derechos civiles y el uso excesivo de la fuerza no son ejemplos de la desviación en estos cuerpos policiacos. En realidad, desde el comienzo de estás agencias, estas acciones son la norma sostenida, producida y reproducida por el mismo gobierno estadounidense que hoy se yergue como juzgador. Al mirar desde los autores anteriormente citados el desarrollo histórico de los cuerpos policiacos de Estados Unidos, no puede caber duda alguna sobre el carácter represivo y la función de control social que desempeñan las policías en esa nación. Por ende en Puerto rico, donde por derecho colonial se impone las mismas reglas y visión de mundo de Estados Unidos, no se puede esperar que la policía funcione diferente (Malavet, 2014).

Según el trabajo de Pedro Malavet (2014), lejos de los policías ser agentes para la paz y la prevención del crimen, desde el comienzo la función de la Policía en Puerto Rico fue la de velar por la “ley y el orden”, según definidos estos conceptos por el sistema político colonial estadounidense. Esto, porque en Puerto Rico se reprodujo la visión que en Estados unidos define los cuerpos policiacos, desde su principio, como instituciones represivas subordinados directa o indirectamente al servicio y a los poderes de los grandes capitales tanto agrícolas como industriales (Balko, 2013) (William, 2015).

Entre esos cuerpos precursores de lo que hoy llamamos policía se destacan las bandas, por no usar el término gangas de gatilleros a sueldo llamadas “Patrulla de Esclavos”. Estos escuadrones con licencia de corso recorrían los estados durante la primera parte del siclo XIX, cazando negros –cimarrones o no- a quienes, sin ningún proceso legal detenían y ejecutaban o deportaban a las haciendas que les pagaban por cabeza reclamada (Alexander, 2010) (William, 2015). De igual manera sirvieron de base y modelo a lo que hoy son los policías en Estados Unidos, los servicios de mercenarios que en las planicies que componen el norte central de Estados Unidos servían al capital ganadero velando a los cuatreros que ocasionaban perdidas en los rebaños que viajaban camino a Chicago. Es decir gánsteres que fungían de guardias, jueces y verdugos campeando por su respeto como corsos con licencia (Balko, 2013). Esa visión de los cuerpos policiacos al servicio del capital e imponiendo sus versión de la “ley y el Orden” se encarna también en los primeros cuerpos estatales de policías que se producen cuando en una movida de socializar costos y privatizar ganancias, los grandes capitales industriales al comienzo del siglo XX en Estados Unidos le pasaron al Estado la responsabilidad de mantenerles los espacios para el libre comercio (William, 2015). En esa tradición de mercenarios al servicio del capital surgieron también compañías como la todavía existente “Pinkerton Detective Agency” notorios por abrir fuego y asesinar obreros durante una protesta organizada como respuesta a los abusos de magnates capitalistas como Andrew Carnegie entre otros. Al mirar estas acciones sumada a la forma en que los policías públicos o privados se infiltraban en la reuniones para servir como agentes provocadores, incitar actos de violencia, o promover rumores para dividir las filas de los obreros organizados, no hay forma de no recordar las acciones que décadas después realizarían otras fuerzas policiacas bajo la supervisión de la infame COINTELPRO (Alexander, 2010) (Balko, 2013) (William, 2015).

Acortado el largo cuento, más tarde para hacer frente a los nuevos retos ante la imposición de la prohibición del alcohol y sus resultados no intencionados, se difunde en Estados Unidos la necesidad, tanto a nivel local como federal, de una fuerza represiva profesionalizada y fuertemente armada, pero no necesariamente despojada de la mentalidad racista y clasista que le dio origen a estos cuerpos. De igual manera, al final del siglo XX cuando republicanos y demócratas utilizan el pretexto de la “guerra contra las drogas y el crimen” para lanzar una guerra contra los negros y pobres en Estados Unidos, se desarrolla un nuevo de policía que vestido como RoboCop y sudando testosterona, se levanta hoy como administrador regente del espacio público y de la vida de los pobres (Balko, 2013) (Manjón-Cabeza, 2012).

Es mi hipótesis que es desde esta historia y desde esa visión ideológica que en Puerto Rico se crean, mantienen y se reproducen por Estados Unidos los cuerpos represivos estatales que en el siglo XXI están encargados de mantener la “ley y el orden”. Claro entendiéndose por un lado el “orden” como la organización social neoliberal que garantiza más libertad de movimiento al capital que a los ciudadanos. Y por el otro la ley como los estatutos que permiten el control por parte de los agentes del Estado de aquellos que no acepten su rol como engranaje desechable en la máquina de producción capitalista (Fernandez, 2008) (Wacquant, 2009).

Desde esta perspectiva entonces, el millonario montaje que pretende reformar la Policía se revela como cínico discurso para evitar que los pobres y excluidos en Puerto Rico se den cuenta que los policías no están en sus barrios para velar o proteger a sus comunidades, sino que están allí para velar y controlar a esas comunidades. Igualmente cínico sería entonces pretender que esos oficiales policiacos, quienes irónicamente vienen de esos mismos sectores pobres y excluidos, no terminen construyéndose como cruzados regentes de lo público, que no caigan en excesos o que no terminen deshumanizando las poblaciones que les toca vigilar. Si precisamente para eso el estado neoliberal los entrena, los arma, y los tiene allí.

Hablar de reformar la policía y pretender que esos cuerpos no terminen siendo caldo de cultivo para la corrupción y los abusos de poder que hoy reseñan y denuncian los medios de comunicación en Puerto Rico es tan absurdo como pretender que los tigres no tengan rayas.

Por esto es mi conclusión que en Puerto Rico no es la Policía la que se tiene que reformar.

Lo que se necesita cambiar en Puerto Rico es la forma en que nosotros, todos y todas, el pueblo aceptamos el rol represivo y normalizador que ejerce la Policía. Porque en una sociedad verdaderamente tolerante y respetuosa de la diversidad, donde la distribución de las riquezas producidas por todos y todas estén al servicio de todos y todas, no se necesitan cuerpos policiacos cuya función sea imponer por la fuerza y la represión la llamada “seguridad” o el discurso de “ley y orden”.

A lo sumo, una sociedad así solo necesitaría que sus ciudadanos, todos y todas, aspiren a cuidarse unos a otros desde la inclusión, el respeto a la diversidad y la aspiración de paz social. En esa sociedad, tal vez idealizada y fantasiosa, no hay cabida para policías de ley y orden, solo para agentes de paz social.

 

 

 

Referencias

 

Alexander, M. (2010). The New Jim Crow: Mass Incarceration in the Age of Colorblindness. New York: The New Press.

Balko, R. (2013). Rise of the Warrior Cop: The Militarization of America’s Police Forces. New York: Public Affairs.

Fernandez, L. A. (2008). Policing Dissent: Social Control and the Anti-globalization Movement. New Brunswick: Rutgers University Press.

Fanon F. (2005). The Wretched of the Earth. New York City, Grove Press; Reprint edition

Malavet, P. (2014). El sistema de Justicia Criminal en Puerto Rico . Ponce: Ediciones Omar.

Manjón-Cabeza, A. (2012). La Solución. Barcelona: DEBATE.

Memmi A. (2005) Retrato del colonizado. ,Argentina, De La Flor; edición reimpresa

Munie, J. (2000). Descriminalising Criminology. British Criminology Conference: Selected Proceedings. The British Society of Criminolog.

Wacquant, L. (2009). Prisons of Poverty. Minnesota: University of Minnesota Press;.

William, K. (2015). Our Enemy in Blue: Police and Power in America. New York: Ak Press.

 

 

 

Conversando sobre criminalidad con WRTU


 
ANÁLISIS: ¿Frustración por crisis económica pudiera influenciar nuevos perfiles criminales?
Para escuchar la entrevista

Reacción a la reacción ante la criminalidad


Por Gary Gutiérrez

Las noticias relacionadas a la situación económica del país no son muy halagadoras. Mientras los políticos buscan ganar elecciones nuestra realidad como pueblo nos lleva rumbo al abismo. La crisis social que ya está en nuestra puerta amenaza con trastocar todo el orden social y económico de nuestro país.”

Con ese párrafo, y bajo el título “¿El bajo mundo le habrá declarado la guerra al Estado?“, una agencia de seguridad privada distribuyó un comunicado de prensa donde llama a que “cada ciudadano se atempere al nuevo Puerto Rico”.

El comunicado, que se produce en medio del virus mediático generado por el asesinato de la fiscal Francelis Ortiz Pagán, da por hecho el fracaso del Estado ante la supuesta “crisis social” que vive el país.  Claro “crisis social” es más que un eufemismo para no decir la respuesta de los sectores excluidos por la crisis económica que vive la Isla.

El Estado no puede ni va a poder cumplir con las expectativas de seguridad que requiere el país. La falta de recursos humanos y económicos en el sector de seguridad pública es el mayor impedimento para que se puedan establecer procesos adecuados de prevención y reacción contra el crimen. La Policía está dando su mayor esfuerzo pero la realidad es que el personal no da abasto para poder cubrir todas las necesidades del país

Según la diatriba, al partir del mencionado colapso gubernamental, los ciudadanos y las empresas comerciales deben buscar alternativas construyendo grupos de “seguridad preventiva” y “redes” que colaboren con las agencias gubernamentales -¿las mismas que no pueden cumplir con las expectativas de seguridad?

Más allá de su lenguaje  cortes y lógico, el comunicado me parece poco menos que aterrador.

Aun cuando la retórica de la comunicación se presenta como discurso crítico que busca resolver las problemáticas sociales, su entrelineas termina reafirmando el excluyente orden social productor de los problemas.

En realidad es una apología que presenta los problemas de violencia y criminalidad del país como fenómenos independientes productos de individuos indisciplinados quienes por razones patológicas o de herencia social, se niegan a cumplir con la ley y a respetar el orden. Claro, en ningún sitio el comunicado explica que el orden no es otra cosa que los designios de las élites plutocráticas que controlan la sociedad mediante las estructuras políticas y la ley.

De esta manera la violencia se presenta como la expresión de elementos del bajo mundo que le declararon “la guerra al Estado”.

Ni pensar en que los desafueros que se ve en el país puedan ser vistos como una respuesta, correcta o no, de quiénes el sistema económico y el orden social condena a la marginación.  Además, acaso no fue el propio Estado quién desde su surgimiento libra una guerra contra quienes osen cuestionar su racionalidad.

Tal vez sea porque durante los pasados días estuve leyendo la historia de la Guerra Civil española, pero el lenguaje del mencionado comunicado que románticamente evoca conceptos de ley, orden social, estilos de vidas y seguridad, me recuerda la narrativa fascista que en esa Europa del 1930, no solo llevó a España al sangriento conflicto, también llevó a la humanidad al borde de la destrucción global.

Un discurso que como papagayos, tanto en aquella época como en la actualidad, repiten los que se creen clase media sin entender que es una narrativa que termina permitiendo a las oligarquías plutocráticas controlar al resto de la sociedad.

Así el documento demoniza al Estado por “fracasar” en su obligación de proteger a todos en la sociedad. Entendiendo por “todos” aquellos ciudadanos “disciplinados”  a los componentes de la clase media que son los que trabajan y pagan impuestos.

Ante la mencionada falla gubernamental, el comunicado llama a las comunidades a crear “grupos de seguridad preventiva y redes de enlaces con los gobiernos municipales”.

“¿En serio?” como dicen los jóvenes.

Por mi mente pasan las legiones de camisas, azules, negras o brown que en aquella Europa de antes de la Segunda Guerra Mundial correteaban por las calles imponiendo la ley y el orden.

De igual manera, el escrito insta a los individuos y negocios a recurrir a las policías privadas para protegerse de esos del  “bajo mundo” que atentan contra las buenas costumbres.

Lamentablemente el escrito que nos ocupa no es más que reflejo de cientos de miles de puertorriqueños que culpan a las clases más vulnerables por los problemas que el poderoso sector financiero le causa al país. Sector que como explica la teoría del “shock” utilizará tragedias como la muerte de una funcionaria pública para empujar sus agendas de control social y económico.

Por suerte, todavía quedan Juanes que claman en el desierto. Bueno en este caso Juanas.

En sendas columnas las amigas y maestras Wilda Rodríguez y Mari Mari Narvaéz surgen como voces de civismo y balance,  explicando que la crisis de violencia social que vivimos es mucho más compleja que la macharrana medición de fuerzas que nos vende el comunicado que da pie a este escrito.

Wilda desenmascarando los que se aprovechan del miedo para vendernos la desacreditada hipótesis que apunta a la pena de muerte como forma de controlar la violencia social y Mari apuntando a la violencia como producto de históricos procesos de explotación y recordando cómo estas crisis se puede vincular a la fracasada prohibición contra las drogas.

En fin que al leer el comunicado de la no mencionada agencia privada de seguridad y al escuchar los tambores de guerra que surgen desde Fortaleza y el Departamento de Justicia, me doy cuenta que  este es uno de esos momentos  cuando las reacciones son tan preocupantes y peligrosas como la misma criminalidad.

Ya el tiempo dirá…

 

No, no tiene que ver con la policía…


Por: Gary Gutiérrez

El trágico incidente en el que un oficial policiaco ultimó a tiros a tres de sus compañeros, incluyendo dos mujeres policías, silenció los gritos triunfalistas sobre la baja en la criminalidad por parte del gobierno de Puerto Rico.

Días antes de la tragedia, que se reportó en una oficina de la Comandancia de la Policía en Ponce, los reportes mediáticos sobre la baja en el número de asesinatos parecerían aguinaldos navideños para una administración que tiene poco que celebrar cuando de la vida diaria de los puertorriqueños se trata.

La celebración de estos datos, desvinculado de la realidad diaria que vive el país, no es de extrañar pues para los tecnócratas del estado tato la violencia y criminalidad, como el resto de las realidades sociales parece ser un asunto numérico y no de seres que sufren en lo concreto.

Hablo de esos que dicen que el actual administrador es mal entendido, pues la inmensa mayoría de “los indicadores” apunta a que el país está en la ruta correcta al fututo.

Viene a la mente las expresiones de Mark Twain; “mentiras, grandes mentiras y estadísticas”.

 

Policia 1

No obstante la realidad es que el número de asesinatos bajó durante los pasados doce meses en comparación con el año anterior, pero al igual que cuando estos números suben, no tiene nada que ver con las políticas y los inexistentes planes anticrimen.

Si leyó bien, inexistentes. Pues en realidad, durante ya casi cincuenta años, desde Nixon”, los llamados planes anticrimen no son otra cosas que más efectivos policiales, más tecnología, y más vigilancia sobre los pobres del país.

Pero volviendo al triunfalista anuncio sobre la baja en la criminalidad.

Primero, la merma en los asesinatos durante un periodo específico no es la merma en la criminalidad. Hay que romper con esa conclusión “espuria” que, como mantra, repiten los medios de comunicación.

La violencia se debe medir en casos por 100 mil habitantes. Ecuación que todavía pone a Puerto Rico en el doble de lo “normal” que es 7 X 100 mil.

Policia 2

Al mirar los delitos reportados frente a la población, y no en comparación con el pasado año se revela que la merma de un 15 por ciento en los indicadores de los delitos graves o tipo 1, es decir asesinatos, robos, escalamientos, etc., es muy comparable con el número de puertorriqueños y puertorriqueñas que abandonaron el País. Incluso se puede especular que si ese 15 por cien se compara solo con el número de jóvenes, edad en la que regularmente se delinque, no hay tal baja en los delitos.

Los gubernamentales cantos de sirena van más lejos vinculando la supuesta baja en los números de delitos al índice de esclarecimiento que según la uniformada aumento en casi 10 por ciento.

Sin embargo el argumento sucumbe ante el hecho de que dentro de las bajas en las muertes violentas, se reporta un aumento en las víctimas de violencia intrafamiliar, doméstica, y vecinal.

Como el incidente en la comandancia de la Policía sureña, estas muertes son delitos que regularmente “se resuelven” por sí mismo, pues él o la victimaria se entrega o se quita la vida. Es decir, son casos que requieren muy poca investigación.

Finalmente, la variación en el número de asesinatos reportados durante el 2015, se tienen que mirar en el contexto de que por los pasados 115 años la violencia en Puerto Rico apunta a procesos cíclicos con picadas en las incidencias luego de años pico como el 2011.

Lo funesto del triunfalista anuncio del gobierno, es que la administración colonial de turno, no admite su verdadera aportación a estas mermas, e insiste en vincular la misma al trillado discurso de mano dura y cero tolerancias.

La realidad es que la actual dirección gubernamental es sumamente efectiva en mantener, no importa la crisis, un discurso que suena inclusivo, conciliatorio y democrático.

Por tanto, si en el pasado se vinculó la creciente violencia social que vivió el país con la guerrerista arenga de tratar a los desviados “a patadas”, es lógico entender que un discurso que suene más conciliatorio e inclusivo debe incidir en el resultado opuesto.

Esta es la verdadera tragedia, que la administración colonial insista en vendernos el costoso y fracasado discurso de más policías, más equipo y más vigilancia como estrategia a la criminalidad, cuando su propia experiencia demuestra lo contrario.

Sí, el 2015 demuestra una baja en las incidencias reportadas, pero definitivamente no tiene nada que ver con planes anticrimen o con el número de efectivos.

Mire si no tiene que relación, que no solo hoy la isla cuenta con un 40 por ciento Policías menos que en el 2011 –año pico- , sino que durante este año el país experimentó un movimiento de brazos caídos entre muchos de esos efectivos.

…llegue usted a su conclusión.

 

 

 

 

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