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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador social, iconoclasta aspirante a ácrata, apóstata, comantenedor del programa @tempranopr de http://www.pab550.com, y barbicuero de patio

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crimen

Sin frenos la criminalidad en Puerto Rico… de Hoy en las Noticias de WRTU-FM


#Análisis | Sin frenos la criminalidad en Puerto Rico… Policía no logra detener a los sicarios que infunden el terror en las vías más transitadas. Escuche las expresiones del criminólogo

hoy en las noticias

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Sobre libro Exclusión y Violencia por el estudiante del RUM, Michael G. Carmona Soto


Curso SOCI 4101 Criminología
Recinto Universitario de Mayagüez

Profesor: Dr. Michael González-Cruz

Introducción

EL libro “Exclusión y Violencia” es escrito por un profesor criminólogo llamado Gary Gutiérrez. Citando el libro, el mismo reúne en tres secciones la propuesta del autor para mirar la violencia y la criminalidad presente en Puerto Rico a partir de la segunda década del siglo veintiuno desde la mirada alternativa que posibilita la ‘nueva criminología’, entiéndase la criminología critica, que pretende cuestionar a la criminología tradicional desde la manera de ver al delincuente, hasta los mecanismos de control social (Gutiérrez-Renta, 2014). Como parte del curso de criminología SOCI 4101 el lector de este ensayo podrá apreciar algunos puntos importantes que Gary Gutiérrez presenta en su libro. El ensayo se estará estructurando por unas preguntas que los estudiantes, al igual que el profesor escogieron para llevar a cabo el ensayo. Las preguntas de referencia que se escogieron para este ensayo son las siguientes:

  • ¿Qué premisas se tomaron en consideración para elaborar la sociología del conflicto? P. 32
    ¿Cuáles son los propósitos principales de la ley según Kropotkin? Explica. P. 23
  • Según Máximo Pavarini, ¿en que día empiezan las angustias serias para el criminólogo?
  • ¿Cuál era el pensamiento o la visión de los conservadores y de qué manera consideraban la solución al acto criminal? Explique de qué manera los mismo veían a los humanos.

 

Ensayo

Gary Gutiérrez nos muestra un libro fascinante que nos permite entender desde un punto de vista social cómo es la criminología. Cada detalle del libro nos hace reflexionar acerca de la criminalidad, y en momento nos brinda la oportunidad de tener en mente una solución hacia este comportamiento. Por tanto, me gustaría empezar con una frase de Gary escrita en el libro; “Al fin y al cabo, se debe asumir que, como en la naturaleza, en la sociedad todo lo que se mantiene es porque para alguien le funcion”. Esta frase se repetía varias veces en mi mente cada vez que pasaba las páginas del libro, porque me hizo ver lo injusto y el abuso que tiene el gobierno con nosotros, manipulándonos mediante la criminalización. Por tanto, es increíble que el estado que tiene un poder incalculable puede utilizar este comportamiento como una ventaja para obtener más poder. Poder que se convierte en un conflicto social que parten de tres premisas que apuntan a que; la sociedad no es estática y siempre está en cambio y que en toda sociedad habrá sectores que promuevan ese cambio, la segunda premisa; que el conflicto, la falta de consenso, es intrínseco a todos los sistemas sociales, (no hay sociedades, o relaciones personales que no experimenten conflictos). Finalmente, y probablemente lo más importante para efectos de este trabajo, la coerción resultante de que unos individuos tengan más poder social que otros es un elemento siempre presente.

Tomando como referencia la última premisa, en donde el poder social tiene la oportunidad de obtener más que otros individuos, me refiero a la clase pobre. Ayuda a entender por qué la criminalidad verdaderamente funciona. Cuando tuve la oportunidad de ir a la conferencia de Gary en el RUM, acerca del libro “Exclusión y Violencia” aclaré esta gran pregunta escuchándolo con una mente abierta. Una de las partes de la conferencia él menciona y abunda más sobre los que son los propósitos principales de Kropotkin, lo mencionó de una manera diferente. El primer propósito es proteger la propiedad privada, y hago un alto este primer propósito porque Gary nos menciona que es el propósito más importante y el que empezó la implementación de un proceso de seguridad. Hace mucho tiempo atrás los policías no eran parte de un gobierno, los famosos policías solamente protegían los bienes de los ricos. Al ver el estado esto tan importante ellos optan por hacerlo parte de un plan gubernamental. Aquí es donde llega el segundo propósito de Kropotkin, proteger el estado y al rico. “Las leyes del estado lo que protegen son las estructuras que legitimen -no criminalizado- las acciones de quienes se benefician del trabajo y la producción de otros”. Pero como había mencionado anteriormente el estado no solo tiene una protección, sino que también crea una manipulación. El estado muestra el tercer propósito como modelo de voto, y es “proteger a la persona”, hacerla sentirse segura porque andamos con miedo de que la criminalidad nos arrope.

Abarcando más sobre los oficiales de seguridad (policías) me impresiono mucho como Gary los describe con una Visión Conservadora Cristiana en donde el individuo es un ser pasional que “no tiene control por herencia del pecado original”. La alternativa ante el crimen es la vigilancia, la mano dura, y el castigo severo y humillante para que se controle. Esta visión se basa en el respeto a los valores, la autoridad y la religión. (Jimenez, 2015) Después de Gary describirme a los oficiales de esta manera pude entender porque algunos policías tratan a las personas marginadas con arrogancia y comportamiento agresivo.

Durante todo este estudio de la criminología con el estado, los criminólogos entendieron que la sociedad no es producto de consensos o procesos democráticos. Aquí fue el día en que el criminólogo tuvo que rendirse a la evidencia de que las definiciones legales de criminalidad y de desviación no coinciden con la opinión mayoritaria de los que debe ser justo y de lo que debe entenderse injusto. (Pavarini, 2003) Es de aquí que Pavarini entiende que la criminología comienza a cuestionarse en su rol en la sociedad burguesa productora de la modernidad, así como la forma en la legitima el estatus quo. Este proceso llevo a estos criminólogos a un dilema.

Gary mostró tener un conocimiento invaluable que habla desde un punto de vista bien estudiado socialmente. Leer su libro es una manera de entender el mundo represivo en que vivimos hoy en día. Puerto Rico más que todo debería tener este tipo de lectura a la mano para así entender muchas cosas que a veces somos ciegos y no nos damos cuenta. “Exclusión y Violencia”, abrió mis ojos vendados de cosas que uno pensaría como correctas o normales.

Citas

Gutierrez-Renta, G. (2014). Exclusión y Violencia. Ponce, PR: Marian Editores

Jimenez, R. E. (2015, Enero 31). Presentacion del libro Exclusión y Violencia. Retrieved from Scrib: https://www.scribd.com/document/254356443/Presentacion-del-Libro-Exclusion-y-Violencia

Pavarini, M. (2003). Control y Dominación: Teorias criminológicas bruguesas y el proyecto hegemónico. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Citado por PH en: Incrementa la ratería


Incrementa la ratería

Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com 08/10/2015 |00:00 a.m.

Cuando los pueblos tienen conciencia política, dijo, se levantan políticamente; pero cuando no la tienen, se levantan criminalmente. (Archivo)
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Aseguran, «el crimen y la violencia es un resultado económico».

Tal como han venido vaticinando los sociólogos y criminólogos, a medida que la situación económica del País se agrava, va a ir disminuyendo el crimen violento porque los criminales también dejan la isla desatándose en vez  una ola de robos y delitos menos graves, tipificados como ratería.

Ayer, en un centro comercial de Juana Díaz, una pareja se robó 26 piezas de ropa de niño, valorada en cerca de $500. En tanto, en la tienda Walmart,  de Santurce, detuvieron el sábado a una mujer y su hija de ocho años, presuntamente hurtando mercancía por un valor de $71. La pasada semana, una madre, acompañada de sus sus tres hijos, se llevó un paquete de chuletas de un supermercado. Semanas antes, un matrimonio, acompañado por sus hijos se robó unos tubos de pastas dentales, alegando que era para venderlos y comprar leche para sus hijos.

“Es ratería de subsistencia”, dijo el  criminólogo y profesor de justicia criminal, Gary Gutiérrez.

“Ese es el capitalismo funcionando como debe funcionar. Es una ratería de subsistencia, si se quiere llamar. Aparentemente estamos entrando en un periodo especial. El Gobierno se niega a pasarle la carga a los que más producen y ganan, so color de crear empleos y no es cierto. Le sumas un pueblo que está acostumbrado a unas comodidades, como el papel higiénico y es la receta para el robo”, dramatizó el también sociólogo refiriéndose al hurto de un cargamento de papel higiénico ocurrido ayer.

Buscándoselas 

Gutiérrez  comentó que lo que parece ser un caos no es anarquía, sino el capitalismo funcionando.

“El capitalismo está hecho para que unos acaparen a costa del trabajo de otros y de la vida de otros. Entonces si el orden te lleva a un nivel.  Si no te da para vivir, ¿qué vas a hacer? Buscártelas.

Cuando los pueblos tienen conciencia política, dijo, se levantan políticamente; pero cuando no la tienen, se levantan criminalmente.

“Nuestro sistema nos está llevando a unos niveles de vida de la época de 1930, con expectativas de consumo del 2015. Tenemos un salario mínimo que es una tercera parte de lo que se supone que sea, para equipararse a lo que era el salario mínimo cuando se creó. En Estados Unidos, los obreros de restaurantes de comidas rápidas, están pidiendo en la calle $15 dólares de salario mínimo. Hay académicos que están hablando de que debiera ser de $21.25.

Expuso que si se tiene un salario mínimo de $10.00, lo que sobra son $900, si trabajas 40 horas. Pero si el carro se cae en un hoyo y se rompe el tren delantero, estamos hablando de $300.

“Solamente puedes comer y arreglar el carro para seguir trabajando y todo lo demás se quedó sin pagar”, acotó.

¿Y esto justifica?

«No es que esté diciendo que está bien, lo que digo es que el crimen y  la violencia es un resultado económico. En Puerto Rico, una gran parte de la criminalidad  es una respuesta a las situaciones económicas,  que es más terrible, porque aparenta ir generando  una cultura  delictiva».

Gutiérrez aludió a una portada publicada por Primera Hora que hacía alusión a los buscones que pirateaban CD’s y se robaban el cable.

“Hace unos años era la norma. Ya eso ha ido escalando. Cuando se tienen en una semana tres o cuatro incidentes similares, ¿qué más tienes que buscar?»

Citado en: Madre del agente asesinado: “Me has quitado mi vida”


Por Sandra Caquías Cruz

  Sandra Ríos Pagán apenas se podía poner de pie cuando ayer, flanqueada por dos policías, llegó al Instituto de Ciencias Forenses (ICF) a reconocer el cadáver de su único hijo: el agente Miguel Pérez Ríos, quien en vida fue distinguido en tres ocasiones como Policía del Año.

La escena fue más desgarradora cuando Ríos Pagán salió de aquella fría oficina. Lloviznaba en San Juan. La mujer, vestida de negro, caminó hasta una patrulla de la Policía ahogada en llanto, pero antes de subir a la guagua envió un mensaje al que le produjo tanto dolor y, como describió, le quitó la vida a ella.

“El que le hizo eso a mi hijo no tiene corazón. Donde quiera que estés busca de Dios mijo, porque tú no tienes corazón… Me has quitado a mi hijo”, expresó tras reconocer el cadáver de su hijo. El esposo de la mujer y padre del agente murió hace cinco años de un infarto masivo, se informó.

La amenaza de muerte que le habían hecho al agente Pérez Ríos fue concretada en la madrugada de ayer cuando cuatro individuos lo asesinaron de múltiples disparos. El cadáver de Pérez Ríos quedó tendido en el suelo de la gasolinera Shell, ubicada en la carretera PR-838, Camino Alejandrino, en Caimito, donde el agente trabajaba a tiempo parcial, según informó un familiar. El policía, cuyo asesinato quedó grabado por cámaras de seguridad, era oriundo de Arecibo, pero pernoctaba cerca del Cuartel de Caimito, en San Juan, donde fue asignado hace alrededor de tres años.

Antes, laboró para la División de Drogas de la Policía. Pérez Ríos tenía 32 años de edad. Dejó huérfanos a dos niñas y a un niño y uno por nacer. La compañera sentimental, residente en la región de Arecibo, estaría dando a luz al cuarto hijo o hija del agente en noviembre. Juan J. Núñez, tío político y quien crió a Pérez Ríos hasta que cumplió siete años, destacó que desde niño su sobrino siempre expresó su deseo de ser policía.

“Él era loco con su trabajo. Él amaba su trabajo, desde chiquito quería ser policía”, subrayó mientras esperaba que concluyera el proceso del ICF. La madre del agente, durante las breves expresiones que hizo ahogada en llanto, dijo que su hijo “se daba a su trabajo”.

“Los policías se matan. Los policías sufren mucho. Deben darle ayuda a la Policía. Mi hijo era un policía que decía: ‘mami, hay que sacar a esos delincuentes de la calle porque pueden matar a los niños, a las madres’.

Por favor, den ayuda a la Policía, es lo que les pido”, agregó. Pérez Ríos fue distinguido en tres ocasiones como Policía del Año, la más reciente, en febrero pasado. El jefe del cuartel de Caimito, el teniente Rubén Gómez Sanabria, atribuyó esa distinción a la cantidad de arrestos que hizo de personas con armas de fuego ilegales. Señaló que el año pasado, este agente intervino con siete de esos casos.

“Eso (asesinato) le pasó por ser bien trabajador”, subrayó el teniente Gómez Sanabria, quien acompañó a la madre del agente al ICF. “Era un policía trabajador”, subrayó sobre el agente Pérez Ríos, quien recién había tomado el examen para ascender a sargento. La familia de Pérez Ríos vinculó el asesinato con el trabajo que este realizaba en la Policía y al que no le temiera al momento de actuar.

Conocía de la amenaza 

La amenaza de muerte era conocida en la familia, según el tío político. “No es de ahora”, aseguró. “Como él metía tantas personas presas, por droga y eso, lo habían amenazado de que lo iban a matar”, indicó el tío político, quien señaló que el cambio de la Unidad de Drogas al Cuartel de Caimito estuvo relacionado a la amenaza.

Explicó que la familia siempre le aconsejó que se cuidara, pero la respuesta de él siempre fue que “era policía y lo que va a pasar, va a pasar”. “No sé si se lo esperaba”, comentó.

El teniente Gómez Sanabria, supervisor del agente asesinado, aseguró que no tenía conocimiento de esa amenaza y que ayer escuchó que esta fue a través de redes sociales, pero que si fue escrita no la había visto. “A mí, como supervisor, nunca esa información me había llegado”, dijo.

“Nos extraña, en el día de hoy, sobre esa posible amenaza”, indicó. El teniente explicó que no tomó medidas especiales en este caso por no tener conocimiento de una amenaza contra el agente Pérez Ríos u otro de sus policías. El superintendente de la Policía, José Caldero López, dijo que se trató de un crimen de acecho.

“Vinieron aquí y lo velaron. Cuando salió, hay un individuo que le hace los primeros disparos”, dijo el jefe de la Policía, quien acudió a la escena del crimen.

Entrada la tarde, la Policía hizo un arresto en el residencial Alejandrino por supuesta posesión de drogas y preliminarmente se informó que la persona sería interrogada con relación a este crimen.

Violencia versus autoridad 

La agresión contra la Policía, según expertos en el tema, es la respuesta a actuaciones violentas por parte de la “autoridad gubernamental” contra ciertos sectores de la población.

El criminólogo Gary Gutiérrez destacó que la gestión de “tratar de controlar sectores populares mediante fuerza policiaca para ganarse el favor de los más conservadores de la sociedad, que son los que votan, va generando una visión de la Policía como fuerza agresora y de ocupación” con el resultado de más violencia.

Mientras, el sociólogo del derecho, César J. Pérez Lizasuain, señaló que en Puerto Rico “no veo una crisis de autoridad, lo que sí puedo ver es una crisis de legitimidad (desfase entre lo que debe hacer y lo que hacen) que sufren las instituciones públicas como lo es la Policía

Columna de Hiram Guadalupe: Violencia y sociedad


Esta semana, en la sala de un juez de la corte federal en Puerto Rico, un exponente de música rap de poca monta sintió sobre sus hombros un veredicto que, más allá de condenarle por el delito de poseer un arma mutilada, consideró el contenido lírico de una de sus canciones.

Contrario a la guía de sentencias sugeridas en casos como este, y lejos de la recomendación del fiscal a cargo, el juez José A. Fusté le impuso a este desconocido intérprete una pena máxima que llegó antecedida de una arenga moralista en torno al problema de la violencia en el país.

El juez aprovechó la ocasión para aderezar el dictamen con su opinión sobre la ráfaga de tiros que la noche antes paralizó un tramo de la avenida 65 de Infantería en Río Piedras, resultado de una pugna entre los puntos de drogas que operan en los residenciales aledaños.

“Puerto Rico se ha convertido en un país violento tercermundista, peor que México y Guatemala. Es un país tercermundista con código postal”, dijo el juez, quien vinculó su fallo al impacto que, alega, provocan en la sociedad las canciones con letras fuertes que aluden a la violencia.

Son repudiables las canciones que incitan a cualquier actividad violenta, desde las que fomentan la agresión y el terror callejero, las que provocan la violencia machista y las que se nutren de versos que inducen a prácticas sexistas, xenófobas y homofóbicas.

Todas son condenables, mas no creo que sean agravantes para establecer sentencias judiciales. En el caso aludido, el acusado debe pagar por el delito cometido y no por lo que ha decidido cantar.

Pero más allá del dictamen, llamó la atención la simpleza con la que el juez se aproximó a editorializar el problema criminal que nos azota, con un sesgo de prejuicio social contra quienes menos posibilidades de ascenso social han tenido. Cierto es que el crimen nos ha secuestrado.

A cualquier hora y en cualquier lugar nos exponemos a presenciar una actividad violenta. Para los incrédulos, sepan que lo sucedido esta semana en Río Piedras no es una experiencia novel en esa ni en otras comunidades de la Isla.

Estamos ante un fenómeno complejo que por más campañas que clamen por la mesura y prudencia ciudadana no asoma atisbos de desaparecer mientras no resolvamos las raíces de los problemas que lo generan.

Ahí está el desafío: atender la violencia explorando las bases económicas, políticas e ideológicas que han causado el deterioro de nuestra estructura social.

Destaca el criminólogo Gary Gutiérrez: “Señalamos las políticas públicas neoliberales, y el bulímico orden social resultante de las mismas, como la razón principal para el aumento en la violencia, social y criminal. Mientras más personas se sientan impedidas de alcanzar las metas sociales impuestas por la ideología dominante, mayor será el número de aquellos que miren a la criminalidad como una forma de alcanzar las mismas… mayor será el número de los que recurran a la violencia como una forma de manejar las frustraciones producto del sentimiento de exclusión e incapacidad económica”.

Se trata de abordar la violencia enfrentando la pobreza económica y cultural; la falta de viviendas y espacios productivos para el ocio; la ausencia de estrategias para la sana convivencia; el desempleo y la precarización laboral; los problemas de acceso a servicios de salud; y el cierre arbitrario de escuelas.

Tenemos, además, que erradicar los efectos indeseados del culto a la violencia del que somos víctimas, y eso incluye desde la violencia social inducida por el Estado, la glorificación al ataque físico y verbal que promueven producciones radiales y televisivas y la distribución entre nuestros infantes y jóvenes de artefactos altamente violentos disfrazados de material recreativo, como armas ficticias y juegos electrónicos que hacen loas al crimen y la delincuencia.

Es un problema complejo. Su atención requiere alterar muchos paradigmas de nuestro orden social y económico, mas falla el gobierno en su indisposición y falta de voluntad.

Hiram Guadalupe @hiramgp

El Nuevo Día reseña el libro Exclusión y Violencia


«Otra mirada a la criminalidad», dice José Borges sobre el libro Exclusión y Violencia, breve  mirada a la criminalidad «contestataria» en el Puerto Rico del Siglo XXI

Reseña Nuevo Dia

Citado en: Incrementa la ratería


Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com
08/10/2015 |00:00 a.m.


Tal como han venido vaticinando los sociólogos y criminólogos, a medida que la situación económica del País se agrava, va a ir disminuyendo el crimen violento porque los criminales también dejan la isla desatándose en vez una ola de robos y delitos menos graves, tipificados como ratería.
Ayer, en un centro comercial de Juana Díaz, una pareja se robó 26 piezas de ropa de niño, valorada en cerca de $500. En tanto, en la tienda Walmart, de Santurce, detuvieron el sábado a una mujer y su hija de ocho años, presuntamente hurtando mercancía por un valor de $71. La pasada semana, una madre, acompañada de sus sus tres hijos, se llevó un paquete de chuletas de un supermercado. Semanas antes, un matrimonio, acompañado por sus hijos se robó unos tubos de pastas dentales, alegando que era para venderlos y comprar leche para sus hijos.

“Es ratería de subsistencia”, dijo el criminólogo y profesor de justicia criminal, Gary Gutiérrez.

“Ese es el capitalismo funcionando como debe funcionar. Es una ratería de subsistencia, si se quiere llamar. Aparentemente estamos entrando en un periodo especial. El Gobierno se niega a pasarle la carga a los que más producen y ganan, so color de crear empleos y no es cierto. Le sumas un pueblo que está acostumbrado a unas comodidades, como el papel higiénico y es la receta para el robo”, dramatizó el también sociólogo refiriéndose al hurto de un cargamento de papel higiénico ocurrido ayer.

Buscándoselas

Gutiérrez comentó que lo que parece ser un caos no es anarquía, sino el capitalismo funcionando.

“El capitalismo está hecho para que unos acaparen a costa del trabajo de otros y de la vida de otros. Entonces si el orden te lleva a un nivel. Si no te da para vivir, ¿qué vas a hacer? Buscártelas.

Cuando los pueblos tienen conciencia política, dijo, se levantan políticamente; pero cuando no la tienen, se levantan criminalmente.

“Nuestro sistema nos está llevando a unos niveles de vida de la época de 1930, con expectativas de consumo del 2015. Tenemos un salario mínimo que es una tercera parte de lo que se supone que sea, para equipararse a lo que era el salario mínimo cuando se creó. En Estados Unidos, los obreros de restaurantes de comidas rápidas, están pidiendo en la calle $15 dólares de salario mínimo. Hay académicos que están hablando de que debiera ser de $21.25.

Expuso que si se tiene un salario mínimo de $10.00, lo que sobra son $900, si trabajas 40 horas. Pero si el carro se cae en un hoyo y se rompe el tren delantero, estamos hablando de $300.

“Solamente puedes comer y arreglar el carro para seguir trabajando y todo lo demás se quedó sin pagar”, acotó.

¿Y esto justifica?

«No es que esté diciendo que está bien, lo que digo es que el crimen y la violencia es un resultado económico. En Puerto Rico, una gran parte de la criminalidad es una respuesta a las situaciones económicas, que es más terrible, porque aparenta ir generando una cultura delictiva».

Gutiérrez aludió a una portada publicada por Primera Hora que hacía alusión a los buscones que pirateaban CD’s y se robaban el cable.

“Hace unos años era la norma. Ya eso ha ido escalando. Cuando se tienen en una semana tres o cuatro incidentes similares, ¿qué más tienes que buscar?»

Publicado en Claridad: Criminalidad, estadísticas y realidades


Para escuchar la ponencia en I-Voox
Para escuchar conversación radial con Norma Colón Daleccio sobre artículo publicado en la Claridad Puerto Rico; Sobre Criminalidad, estadísitcas y realidades.

Criminalidad, estadísticas y realidades

Por Gary Gutiérrez

Publicado: martes, 13 de enero de 2015

El comienzo de cada nuevo año surge como una oportunidad para evaluar el pasado ciclo solar, reconocer logros y evaluar los errores. Por supuesto, ese proceso no excluye la criminalidad.

Por tanto, se pudiera presumir que ese espíritu de aparente introspección inspirada en el ritual de nuevo año fue la razón por la que uno de los periódicos de la capital publicó hace unos días una evaluación sobre la criminalidad y la violencia social que se vive en el País.

Así, y en momento en que los medios en línea reportaban la muerte violenta de tres adolescentes en menos de 12 horas, el titular en la portada en papel de este rotativo leía: “Baja en asesinatos; La Policía en Guerra contra la impunidad. [E]l jefe policiaco y los expertos atribuyen el histórico descenso en las muertes violentas al aumento en el esclarecimiento de casos”.

Así, el titular y no necesariamente el contenido de la nota en el interior del periódico, surge como una apología a la gestión de la administración colonial de turno sentenciando que la “dramática baja” en las muertes violentas reportadas en Puerto Rico “responde a que muchos de los asesinos ya no andan impunes en las calles”.

Los enunciados del escrito tienen de base las expresiones del actual superintendente de la Uniformada, José Caldero, quien explicó al rotativo que durante los pasado 12 meses se reportaron 202 muertes violentas menos que durante el 2013. El jefe policiaco destacó además que durante el mismo periodo se resolvió el 59 por ciento de los casos.

Con este desfile de cifras, el funcionario trata de crear una realidad en la que los planes que fallaron por décadas para controlar la criminalidad y la violencia ahora, por alguna razón, están funcionando.

De esa manera este discurso simplista reafirma y convierte en la “realidad mediática” la conservadora visón que define la criminalidad y la violencia social como problemas de eficiencia administrativa y no como el resultado esperado del “bulímico” orden social que impera en el País, así como del fascismo social que sostiene ese orden.

Se define como orden social “bulímico” una estructura que incluye a todos los sectores en las necesidades creadas por la economía y promovida por los medios, mientras excluye a la inmensa mayoría de la población de los procesos legítimos de producción y de generación de ingresos económicos para poder pagar esas necesidades creadas.

A su vez, “fascismo social” destaca la forma en que se usan sofisticadas formas de represión ideológica para trivializar las democracias y sus garantías en favor del poder que tienen el capital y sus instituciones.

El simplismo tanto de las declaraciones del Superintendente de la Policía, como de la visión que limita la criminalidad a un problema de eficiencia gubernamental, comienza a trascender cuando en el propio artículo, los observadores como José Raúl Cepeda y Víctor García Toro aclaran que la realidad social es una muy compleja, que requiere explicaciones más profundas y soluciones sociales que van más allá que aumentos en la cantidad policías, incrementos en el número de arrestos o en ensanchamientos en la cantidad de dinero gastado en tecnología. Políticas que, de paso, son las mismas que se llevan implementando sin éxitos por décadas.

Como parte de sus explicaciones, los estudiosos expusieron el hecho de que la violencia en Puerto Rico tiene ciclos sociales históricos por lo que un alza o una subida no se pueden estudiar fuera de contexto.

Igualmente dejaron claro que al analizar los patrones de violencia actual y la criminalidad se tiene que tomar en cuentas las alternativas no gubernamentales de diálogo entre los sectores y las comunidades donde ellos operan y desarrollan sus actividades ilícitas.

Además, estos estudiosos expusieron que antes de decir que las costosas y trilladas políticas represivas y punitivas funcionan, el gobierno debiera hablar de lo que aparenta ser una política gubernamental para el manejo de los puntos de drogas.

Una mirada a los medios de comunicación deja claro que atrás quedó la época donde semanalmente se realizaban arrestos masivos, operativos o redadas antidrogas en algún lugar del País. Como ejemplo, según el archivo personal de un veterano reportero policial, hace más de tres décadas, en 1983 por ejemplo cerró con unas 52 redadas, para un total de 9686 arrestos diligenciados por la Policía de Puerto Rico.

Si se miran, a la luz de estos datos, la cantidad de operativos antidrogas realizados en Puerto Rico durante el 2014, es muy válido preguntar si en realidad, aun cuando se mantiene como pantalla de política de mano dura y cero tolerancia, la política de la actual administración es la de no desestabilizar los puntos de drogas, cosa que evita la violencia callejera.

De paso, aunque lo anterior puede sonar descabellado para muchos, sobre todo los conservadores, estos planes de tolerancia al mercado callejero de sustancias como alternativa para controlar la violencia, se vienen implementando exitosamente hace décadas en decenas de jurisdicciones estadounidenses bajo la supervisión y el financiamiento del Departamento de Justicia Federal.

Sin embargo, en vez de analizar el fenómeno criminal y de violencia desde estas perspectivas, o desde los cambios demográficos, económicos y sociales en la sociedad, la administración de turno prefiere sacar de contexto los datos para congraciarse con el conservador electorado del País que le encanta hablar de meter gente presa y botar la llave.

Por esta razón, el Superintendente habla de esclarecimientos y no de casos radicados o convicciones. Para la uniformada, esclarecer un caso es tomar conocimiento de quién fue el autor, cosa que no significa que se tenga la prueba para radicar el caso ante un tribunal.

De igual manera, el dirigente policiaco compara acríticamente la cantidad de muertes y la cantidad de casos esclarecidos durante un periodo de 12 meses, pero no explica que los casos sometidos este año pueden haberse cometido hace varios años. Por lo tanto, es un error estadístico hablar de que el número de “esclarecimientos” es un por ciento de los incidentes durante el mismo periodo.

Finalmente, al mirar los números presentados por las autoridades, es importante preguntarse, qué casos son los que se están resolviendo.

Si se mira la prensa de los pasados meses, es notable el aumento en la cantidad de asesinatos y muertes violentas productos de problemas familiares o por conflictos entre vecinos.

Crímenes que prácticamente se resuelven solos y sin necesidad de mucha investigación. Incluso, crímenes donde el arresto se logra porque una de las víctimas identifica a su atacante o donde el victimario termina quitándose la vida.

Por lo tanto, es válido preguntarse si éstos son los casos que aumentan el por ciento de “esclarecimiento” de la Uniformada. Igualmente válido es preguntar si no son precisamente este tipo de muertes por conflictos cotidianos los que están en alzas a pesar de que los niveles de esclarecimiento.

En resumen que, lejos de ser un análisis serio de la criminalidad y la violencia que experimenta el País, el análisis del Superintendente parece corresponder más a la necesidad de logros y buenas noticias que tiene la actual administración y no a una evaluación seria de planes de trabajo.

Por supuesto, la realidad es que para la madre de cualquiera de esos adolescentes que ahora forman parte de las estadísticas, toda esta discusión no tiene ninguna importancia.

Y de eso es de lo realmente se trata cuando se habla de criminalidad y violencia.

 

* El autor es profesor universitario de Justicia Criminal y observador social. garygutierrezpr@aol.com

 

Citado en NotiUno: Sociólogo advierte se necesita más rehabilitación y menos mano dura


Por: NotiUno 20 de Noviembre de 2014 Noticias, Puerto Rico, Seguridad y Justicia, Último Minuto
Sociólogo advierte se necesita más rehabilitación y menos mano dura

El criminólogo y sociólogo Gary Gutierrez, sentenció en Noti Uno en la mañana que nuestro sistema gasta demasiado dinero en perseguir personas no violentas y por eso no tiene el dinero para atender y rehabilitar a ciudadanos como los que perpetraron la masacre de Guaynabo.

 

Para escuchar repoartaje

Citado por NotiCel: en Masacre de Guaynabo cuestiona la desigualdad y el control mediante el miedo


Masacre de Guaynabo cuestiona la desigualdad y el control mediante el miedo

Por: Ely Acevedo Denis
Publicado: 20/11/2014 05:04 am

noticel

La séptima masacre registrada este año en Puerto Rico confronta al país con problemáticas como la desigualdad, el miedo, la falta de educación sobre manejo de conflictos, y la búsqueda de una válvula que permita a los ciudadanos escapar de ser los próximos protagonistas de la violencia.

Aunque el criminólogo Gary Gutiérrez reconoce que han ido en alzada crímenes temerarios no relacionados con el narcotráfico, también presentó sus dudas de que el enfrentamiento a un proceso de desahucio hubiese llevado a Christopher Sánchez Asencio a planificar el asesinato del dueño de la vivienda que alquilaba en Bayamón, llevándose de por medio a otros tres miembros de la familia e hiriendo a otro menor.

En entrevista con NotiCel, Gutiérrez, expuso que “el nivel de violencia desatada en este incidente no parece concordar con el móvil que se le atribuye. Y el nivel de organización de esta masacre tampoco parece concordar con un hecho aislado de una persona que pierde sus cabales, arremete y saca la violencia contra otro. No me cuadra que esto sea simplemente la respuesta a una situación económica. Así que yo no descartaría que se sepa a largo plazo que habían otros elementos detrás”.

Sin embargo, al evaluar la información que ha trascendido hasta el momento, Gutiérrez opinó que este caso sigue resaltando aquellos sectores en el país que sufren las peores situaciones económicas, que podrían canalizar sus frustraciones a través de la violencia.

Gutiérrez se mostró preocupado que este tipo de incidente provoque lo que la periodista Naomi Klein describe como “La Doctrina del Shock”, que ocurre cuando hay sectores que se aprovechan de estos incidentes que paralizan momentáneamente la sociedad para imponer a los ciudadanos medidas basadas en el miedo, la fuerza y la represión. La consternación de Gutiérrez es que hay sectores que ya están trayendo de nuevo a la discusión el tema de la pena de muerte y el aumento en las penas por la comisión de ciertos delitos para castigar a Sánchez Asencio y a su compinche, José Bosch Mulero.

En el documental “La Doctrina del Shock”, Klein sostiene que “un estado de shock no es solo lo que nos sucede cuando algo malo pasa. Es lo que nos pasa cuando perdemos nuestra narrativa, cuando perdemos nuestra historia, cuando nos desorientamos. Lo que nos mantiene orientados, alertas y sin shock es nuestra historia. Así que un periodo de crisis, como en el que estamos, es un muy buen momento para pensar en nuestra historia. Para pensar en la continuidad, en las raíces. Es un buen momento para colocarnos en la larga historia de la lucha humana”.

Partiendo de esto Gutiérrez tronó contra algunos sectores que han utilizado esta masacre para adelantar agendas en favor o en contra de las enmiendas que se pretendía incluir al Código Penal, algunas eliminadas durante el proceso de aprobación en la Legislatura.

“En términos criminológicos no hay relación entre mayores pena y la disminución de la criminalidad, porque si fuera por castigo la inquisición hubiese sido exitosa eliminando la Reforma Protestante… La historia ha estado llena de ejemplos de cómo la violencia y la represión no ha logrado controlar los comportamientos desviados, al contrario, regularmente lo que hace es que generan un estado de violencia social que termina generando más violencia”, puntualizó Gutierrez.

Por su parte, el exadministrador de la Administración de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA), Salvador Santiago, argumenta que se desconocen todos los elementos del caso, que pueden permitir analizar los detonantes y factores de riesgo que incidieron en que estos dos jóvenes cometieran los asesinatos.

A juicio de Santiago, en este tipo de casos la autopsia psicológica juega un papel fundamental para trazar un perfil tanto de los atacantes como de sus víctimas.

El portal psicologiajuridicia.org expone que la autopsia psicológica, “es un proceso de recolección de datos del occiso que permiten reconstruir su perfil psicológico y el estado mental antes del deceso”.  Usualmente, es un mecanismo usado cuando se tienen dudas sobre si es un asesinato o un suicidio, o que la información que se tiene es ambigua y no permite ver todo el contexto en que se da el caso.

En este caso, la base principal de la autopsia psicológica, es lo que pueda aportar el menor de 13 años, único sobreviviente de la masacre.

De igual modo, Santiago reiteró la necesidad de desarrollar modelos de prevención de conflictos en Puerto Rico y que los ciudadanos puedan lograr liberar estresores como el apoyo de su círculo de personas más cercanas.

“El ser humano cuando los estresores están a nivel de que te rompen el alma somos capaces de cualquier cosa… Estos estresores acumulativos llevan a intoxicar tu cuerpo, tu alma, tu espíritu y tu mente, que te hacen tomar opciones desesperadas”, sentenció.
A su vez, el psicólogo clínico José Gandía, entiende que más que tratar de explicar qué pudo haber llevado a Sánchez Asencio y a Bosch Mulero a cometer los crímenes, lo que este caso lleva a reflexionar sobre otras realidades subyacentes, como el ordenamiento social de la Isla estructurado de manera que las personas con mayor poder adquisitivo tengan más posibilidades de que el aparato gubernamental centre sus esfuerzos en esclarecer sus casos lo antes posible.

Gandía contrasta el caso de esta familia de la urbanización Los Frailes de Guaynabo con el de Lorenis Mejías Contreras, quien en el 2011 se encontraba en su octavo mes de embarazo, y fue asesinada junto a sus hijos de 10 y 8 años en el residencial San Juan Park 1.

“Después que tú estableces una sociedad con esa inequidad social tienes unos pocos que se apropian de los partidos políticos, que se apropian de los espacios económicos del país, y entonces operan encima de la gente que está debajo de ellos, que no tienen posibilidades”, observó.

Igualmente, Gandía afirmó que el hecho de que el militar jubilado del Ejército y profesor en la American Military Academy, Miguel Ortiz Díaz, haya iniciado un proceso de desahucio contra Sánchez Asencio marca también esa diferencia en las condiciones sociales en el acceso a ciertos mecanismos legales.

En esa línea, resume que el caso hay que verlo desde el espectro de la complejidad de la violencia, que muestra el asunto de los valores, toma en cuenta el contexto socioeconómico en que se desarrolla estas dos personas, y las dimensiones individuales de cómo se maneja las emociones y sus pensamientos.

En cuanto al manejo de este experiencia de violencia con menores de edad, Gandía entiende que, “Yo como adulto no puedo explicar lo que no puedo entender, y yo creo que los padres y las madres que deben estar consternados con lo que sucedió, en lugar de nosotros los adultos querer montar un discurso de la voz del experto, lo que hay que hacer es escuchar a nuestros niños cómo ellos se sienten en nuestras relaciones. Yo creo que la familia debe aprovechar esta coyuntura para escuchar los miedos y las preocupaciones de nuestros niños con relación a las cosas que están sucediendo en nuestro país“, concluyó.

BREAKING GOOD; los invisibles…….


pagan

Breaking GoodLos principios de la «Criminología Cultural» y cómo la vida del Prof. Ángel Pagán encarna los mismos, es el tema central de esta confernecia «BREAKING GOOD».  La misma fue dictada frente a los y las estudiantes de socilogía y criminología en el Recinto de Ponce de la Universidad Interamericana de Puert0 Rico.

1.     Breaking Good (1/3)
14:46
2.     Breaking Good (2/3)
6:53
3.     Breaking Good (3/3)
14:50

Esta video se complementa con el texto de la conferencia:

Eclusión y Criminalidad contestataria

Exclusión y criminalidad contestaria


Presentado ante el Movimiento Unión Soberanista de Puerto Rico.

4 de diciembre 2013

Por Gary Gutiérrez

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Foro Crimen y Castigo organizado por Movimiento Unión Soberanista de Puerto Rico. Foto cortesía Michelle Estrada

Para acceder el video del foro completo

Salud a todos y todas, es un privilegio estar en este, el honroso Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico y sobre todo un honor dirigirme a ustedes.

Cuando se habla de crimen y castigo, regularmente en Puerto Rico partimos de tres puntos de vista.

Por un lado el concepto del Derecho y la construcción de “lo criminal” desarrollado durante el siglo 18. Es decir, el crimen es producto de una decisión racional en busca del lucro y para controlarlo lo que se necesita es hacer que las acciones criminales no sea costo efectivas. Para esto lo que se tiene que hacer es aumentar las posibilidades de que los que deciden delinquir sean arrestados para que tengan que enfrentar penas severas. Esta es la base teórica del llamado Derecho Positivo, del Departamento de Justicia y del Tribunal en Puerto Rico. (Gutierrez, 2012; Young, SF)

Para acceder al video del foro

La segunda visión desde la que regularmente se habla de criminalidad es el positivismo científico que también surgió en el siglo 19 y que se desarrolló en el 20. Para estos, el delito y lo criminal son productos de procesos de socialización defectuosos, por lo que al criminal no se le debe castigar sino corregir. De ahí el discurso de la rehabilitación que la constitución del Estados Libre Asociado impone como base al Sistema de Corrección en la Isla. (Gutierrez, 2012; Young, SF).

La otra visión usualmente citada en el discurso sobre lo criminal se desarrolló en el siglo 19 por los conservadores cristianos estadounidense y británicos quienes partían y parten de que el ser humano no es racional, sino pasional y que es malo por herencia del “pecado original”.  Así que, para ellos, la solución a lo criminal radica en el castigo severo y humillante, por lo que se necesita vigilancia constante y mano dura. En muchas instancias este pensamiento domina inconscientemente la visión que la policía tiene del asunto y que los lleva a construirse así mismo como guerreros del bien frente al mal. (Gutierrez, 2003; Joung, SF)

Es desde estas la mezcolanza que surge la política publica “bipolar”, desde donde el gobierno de Puerto Rico busca como manejar eso que llamamos “lo criminal”.

Sin embargo, siguiendo la visión de la llamada criminología cultural (Ferrell, J., Hayward, K & Young, J., 2008), prefiero adentrarme en “lo criminal” desde quienes realmente conocen el asunto. Es decir desde sus actores.

Hace un tiempo en mi clase de Delincuencia Juvenil un estudiantes me entrego un ensayo en el que se suponía contestara la pregunta: ¿Cómo usted ve al menor delincuente en Puerto Rico?.

En su trabajo el estudiante de nombre Emmanuel comienza diciendo: “Aun recuerdo cuando tenía 17 años y anhelaba cumplir los 18 para trabajar e irme de mi casa. El pensamiento de irme de mi casa era provocado por la rebeldía de esta etapa. Tenía claro que quería trabajar para costearme mis necesidades materiales y no depender de mi madre.

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Gary Gutiérrez:
Foto cortesía de http://descrimanalizacion.com

Durante esos tres años en que no me llamaron de ningún trabajo, creció en mi la rebeldía, los pensamientos negativos. Aprendí a recortar y de esa manera me buscaba el peso recortando en mi casa a los muchachos del barrio. Cuando llegaba la temporada de quenepas,vaciaba el árbol de mi casa y las vendía en las luces o en algún punto estratégico del casco urbano. Obviamente esas chiripas no me daban para lo que yo quería, que era comprarme un carrito, la ropa de moda, los tenis del momento, etc.

Pero en la comunidad donde me crié, cerca hay un barrio donde los jóvenes varones tenían otra forma de buscarse el peso, “vendían drogas”. Crecí viendo como los muchachos del barrio que bregaban en el punto. tenían los carritos mas bonitos, los ‘bling bling”, los tenis más caros y las nenas más lindas.

Luego de tres años, finalmente me llamaron y me preguntaron si todavía me interesaba un trabajo solicitado meses atrás. Contesté que si y lo primero que me dijo el individuo fue: “mañana tienes entrevista en las oficinas generales en el pueblo de Carolina”. Como tenía los recursos pude llegar y me dieron el empleo. Luego me requirieron documentos como carta de buena conducta, prueba de dopaje, certificado médico entre los que recuerdo. Yo tuve los recursos para obtener todo lo que el empleo requería, pero y ¿los que no corren la misma suerte que yo?, concluyo el estudiante en su escrito.

La Asignación de Emmanuel, surge como un pliego acusatorio contra el sistema neoliberal que se viene desarrollando en la isla por las pasadas décadas y que, si bien vio su máxima expresión durante el cuatrienio pasado (Gutiérrez 2012), de forma más sutil y elegante continuará vigente en este.

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Dr. Rafael Torruella compartió el foro hablando sobre la necesidad de descrimanlizar las drogas.
Foto cortesía de http://descrimalizacion.com

A pesar de que de primera intención, el proceso descrito anteriormente aparenta ser uno de exclusión solamente económica, la realidad es más compleja que eso. Algunos sociólogos como Presdee (2001) y Young (2007) explican que este sentimiento de exclusión descrito por Emmanuel está basado en el sentimiento de no poder experimentar las emociones y la intensidad que según los medios de comunicación masiva deben caracterizar una vida que valga la pena vivir.

Esta forma de verse o construirse como marginado, la explicó magistralmente en su charla “Breaking Good”, el compañero profesor de la Universidad Interamericana en Ponce, Ángel Pagán (2013).

El ahora profesor de filosofía compartió con mis estudiantes las experiencias que en su juventud le llevaron a terminar frente a un juez, de espalda a un padre que aun cuando nunca lo rechazó, con su llanto le dejó claro que se sentía defraudado. La charla de Pagan explica como en la década de 1970, siendo parte de una familia trabajadora, de esas que en el país se definen como clase media, Él se sentía excluido. Tenía lo que necesitaba, casa, ropa y hasta tenía un padre que lo amaba tanto que ni siquiera le rechazó al verlo esposado en aquel tribunal. Sin embargo Pagan cuenta como entonces se sentía que no tenía ningún valor, pues su vida era aburrida y lejana de lo que se supone era la “verdadera vida” según se veía en la televisión y el cine. Compartiendo sus experiencias, cuenta como desde el aburrimiento de su cotidianidad, sentía la necesidad de usar la ropa que vestían los de “Miami Vice”. El quería sentir el “rush” de vivir esa vida excitante de las noches en NYPD Blues.

Sin embargo una tarde todo cambió. Según contó Pagan, ya había tenidos sus corridas en la ilegalidad y conocía eso que Katz (1988) llamó el erótico placer de jugar con lo prohibido. Ese día, tirando “guiritas” solo en la cacha, se acercó un carro y desde su interior escucho una voz que gritó ¡Angelo!. Cuando miró, solo vio el brillo de un 357 “aniquela’o” que lo”alumbraba”… “¿Te cagaste, pendejo?”, grito riendo desde detrás del revolver su pana Julio. Minutos más tarde, recordó Pagán, cuando Julio le dejó empuñar aquel revolver, sintió lo que el tanto había buscado.

“Mientras giraba apuntando a todo lo que se movía a mi alrededor me sentía poderoso, valioso, listo para hacerme respetar como en las películas” narró Pagán con la pausada voz de aquellos que bajaron y regresaron de los infiernos. El profesor Pagán no contó los detalles de como llegó a estar parado ante aquel juez. Asumo que el 357 “aniquela’o” tuvo algo que ver en ese asunto. Pero lo que sí dejó claro Ángel, es que el orgasmo de poder experimentado cuando empuño aquella arma, es de lo que realmente se trata el crimen, la criminalidad y lo criminal. (Pagan, 2013)

Partiendo de la elocución de Ángel podemos entender que la bulimia social de la que nos habla Young (2007) no se trata solamente de exclusión económica. Los chavos son solo un medio para alcanzar las emociones y el poder que los medios nos venden como lo normal y lo necesario. Es decir cuando los vecinos de Emmanuel venden droga, no lo hacen solo para llenar sus necesidades económicas, las reales o las creadas. También se trata de reclamar esas cosas a la que nos dijeron tenemos derechos. Dignidad, respeto, igualdad, oportunidades y todo lo demás que el discurso de la modernidad nos define como los “derechos humanos” y que se supone todos y todas tengamos acceso.

Es de aquí que surge mi hipótesis que apunta a que la violencia social y la criminalidad que sufre el País puede ser el resultado del orden neoliberal que surgió a mediado del siglo pasado y que se convirtió en dogma para el sector más conservador de la política tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. Como en todos sitios donde se implementó este neoliberalismo, el resultado es que grandes sectores de la población no se sienten representado o incluidos en el Estado (Klein 2008; Rivera Lugo 2004), por lo que debemos entender, no sienten que tienen esos Derechos de los que nos hablan los pensadores de la modernidad.

Ante esta percibida ilegitimidad de un Estado no representativo, en el caso de Puerto Rico parece que se pueden identificar tres respuestas por parte de los que se sienten excluidos.

La mayoría de la gente no hará nada y comprando el discurso electoral esperará el espacio para escoger entre dos partidos similares que, como explica el español Miguel Amorós (2012), representan los mismos intereses, mientras dan la impresión de que el sistema es democrático. Esta mayoría son los que el sistema vé como buenos ciudadanos, respetuosos de la ley y sobre todo como “pobres humildes”.

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Dr. Gazir Sued participó de este foro hablando sobre como las leyes antidrogas violan los derechos básicos a la ciudadanía.
Foto cortesía de http://descrimalizacion.com

Sin embargo, no todos tiene los recursos para responder, organizarse y exigir legalmente un espacio donde sentirse incluidos. Es mi hipótesis que en Puerto Rico, enormes sectores marginados se las tienen que buscar para sobrevivir, para sentirse incluidos consumiendo o para experimentar las emociones que en nuestra sociedad definen la felicidad y el éxito (Presdee, 2001; Rivera Lugo, 2004; Wackant 2009).

Otros, sobre todo aquellos que encarnan las características que en el capitalismo llevan al éxito, pero que por su condición de excluidos económicos se les dificulta el desarrollo de empresas legales, terminan integrándose a la ilegalizada y lucrativa empresa capitalista del narcotráfico. De está forma generarán los ingresos no solo para sobrevivir económicamente, sino también para sentirse poderosos embriagados en el erotismo de lo prohibido (Pagan, 2013; Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. 2008, Wackant 2009).

Es en este sentido que me parece que, lejos de ser el problema, en muchas de nuestras comunidades el ilegalizado narcotráfico se construye como la solución al problema de marginación, aburrimiento y exclusión, tanto económica y social como emocional. Es decir, para muchos el mercado negro producto de la absurda ilegalización no es necesariamente un problema, sino mas bien es una solución a su exclusión antes descrita.

Por tanto, y repito es mi hipótesis, la inserción al narcotráfico y la criminalidad pueden ser vistos como un discurso contestatario de aquellos que sin tener la consciencia política responden “bregando” como pueden ante una sociedad que los excluye y los condena a mirar desde afuera las emociones de una vida excitante. Así, el narcotráfico y la ilegalidad puede verse entonces como la respuesta de quienes se niegan a ocupar humildemente los espacios de pobreza y aburrida sumisión social a que el sistema les condena. Así estos sectores, probablemente de manera inconscientemente, le hacen frente a un sistema que les condena a ser un pobre que espera estoica y humildemente por años, para ver cuando le toque su turno en un trabajo precario que ni siquiera debiera llamarse empleo.

Si se toma esta hipótesis como correcta, se puede inferir entonces que cualquier iniciativa que no incluya la reorganización social desde el verdadero reconocimiento de los Derechos Humanos para todos y todas, una mejor distribución de los recursos económicos y la integración de todos y todas a procesos, sociales, políticos y económicos verdaderamente democráticos, solo será un parcho y no una alternativa a la violencia y criminalidad que hoy en nuestro País termina cobrando unas mil vidas al año y que el sistema define, de forma simplista, como un mero problema de individuos sin valores.

Muchas Gracias….

El panel fue moderado por le periodista Daisy sanchez. (foto Reinaldo millán)


Referencias:

Amorós, J. (2012) Salida de Emergencia. Logroño: Pepitas de Calabaza Ed..

Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. (2008) Cultural Criminology: an invitation. London: Sage.

Gutiérrez, G. (2013) “Del Coloniage a la Sociedad de Ley y Orden: violencia sistemática en Puerto Rico” en Sonia M. Serrano Rivera, Registros Criminológicos contemporáneos (pp. 51 – 81) San Juan: Situm.

Katz L (1988) Seductions Of Crime. New York: Basic Books

Klein, N. The Shock Doctrine, New York City: Picador.

Pagán, A. (2013) Breaking Good. Charla presentada el 1 de octubre ante estudiantes y facultad de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de Ponce.

Pesdee, M. (2001) Cultural Criminology and the Caranval of Crime. New York City: Routledge.

Rivera Lugo, C. (2004) “Ni Una Vida Más para la Toga” en La Rebelión de Edipo y otras insurgencias jurídicas(pp. 137-154). San Juan, Ediciones Callejón.

Young, J. (SF). Thinking Seriosly Abaut Crime: Some models of criminology. Retrieved 04 28, 2011, from Challenge Liberty: http://www.libertysecurity.org/IMG/pdf_jock_young.pdf

Young, J. (2007) The Vertigo of Late Modernity. London: Sage.

Wackant, L. (2009) Prison of Poverty. Boston: Beacon.

Citado por metro.pr en: Cuesta arriba la tarea de Tuller


Cuesta arriba la tarea de Tuller

metroCon la promesa de que reducirá el crimen en la Isla con las mismas estrategias utilizadas en la ciudad de Nueva York, donde fue jefe del Buró de Transportación de la Policía, el designado superintendente de la Uniformada, James Tuller, inició ayer en su puesto con una reunión de más de tres horas junto con su equipo de trabajo en la que discutieron, entre otras cosas, cómo evitarán que siga en aumento la cifra de asesinatos, que hasta ayer llegaba a 819.

“Sin entrar en detalles específicos, podría adelantarles que habrá miles de efectivos en las calles con turnos especiales a partir de mediados de diciembre hasta principios de enero”, dijo ayer Tuller a los periodistas, denotando dificultades al expresarse en español.

Pero, aunque en Nueva York ha reducido la criminalidad en las últimas décadas, el criminólogo y profesor de Justicia Criminal Gary Gutiérrez indicó que nada ha tenido que ver la política de “Ventanas rotas”. Más bien ha sido una mejoría en la economía lo que ha impulsado la reducción en el crimen.

Por tal razón, anticipó que este tipo de política, más allá de reducir la violencia, generará más arrestos entre los sectores más pobres de la sociedad, aunque sí provocará que la clase media del país vea con mejores ojos a la Policía. “Si madura como pinta, mi impresión es que (Tuller) viene a hacer relaciones públicas con los sectores conservadores”, dijo a Metro el criminólogo.

Presentación libro: Criminología Crítica y Aplicada


Presentación del Libro:

Criminología, Crítica y Aplicada

del Dr. Joel Villa Rodríguez y del Prof. Gary Gutiérrez Renta

Rolando Emmanuelli Jiménez, J.D., LL.M.
29 de octubre de 2013

Para ver más fotos de la presentación del libro Criminología Crítica y Aplicada ante los estudiantes del Recinto de Ponce de la Univerasidad

En primer término quiero testimoniar el honor y halago de permitirme presentar el libro Criminología, Crítica y Aplicada, del Dr. Joel Villa Rodríguez y del Prof. Gary Gutiérrez Rentas. El haber estudiado este libro, ha representado la oportunidad de profundizar en el conocimiento y análisis más exigente y contemporáneo sobre el tema. Sin embargo, de lo que no estoy seguro, es de la sabiduría de los autores al escogerme para hablarles de este asunto.

Para visitar el CAI-Inter Ponce, auspiciador de esta presentación

En muchas ocasiones las personas que tienen la oportunidad de ser honradas por los autores para presentar un libro, se inclinan a la mera adulación indiscriminada. Creen que han sido llamados para hacer el favor de comentar brevemente la obra para exaltar sus logros y promover sus ventas. Recurren, entonces, a lenguaje festivo, grave o solemne, para no dejar dudas en la audiencia de que esto es lo mejor de lo mejor. Los más prudentes acuden a señalamientos mínimos y críticas inconsecuentes, para salvarse de la mirada que imputa la función de un mero artífice de la propaganda encomendada.

Otra debilidad en que incurren los que tienen la oportunidad de presentar un libro, a la manera de decir de los autores, intencionada o no intencionada, es la soberbia y grandilocuencia. Es decir, cuando comparecen ante un público selecto que tiene interés en algún libro, se esfuerzan por demostrar a la saciedad, lo mucho que saben. Se disparan largas verborreas bizantinas que a veces desatan mayor confusión que aclaración sobre lo que significa el texto.

Creo que esos no son los propósitos de mi comparecencia en el día de hoy, ni es el objetivo que tenían los queridos profesores y amigos cuando me invitaron a esta actividad. Sin embargo, aunque es difícil, dentro de mis limitaciones, haré el esfuerzo, de no defraudarlos.

Aunque por humanidad, no pueda desligarme totalmente de los yerros antes mencionados, para presentar este libro, prefiero un enfoque pragmático, humano, demasiado humano, e incurrir en una conducta, que los autores amigos, en broma, podrían llamar antisocial, al presentarme ante ustedes en un acto labrado por el mero egoísmo. Digo mero egoísmo, porque comentar un libro de la envergadura del texto de mis amigos, 448 páginas de minúscula tipografía, sin duda es un acto de gran esfuerzo y responsabilidad, del cual muchas personas se abstendrían, si no pudieran esperar algún provecho en ello.

En este caso, el texto me ha provocado, me ha retado. Me ha obligado a realizar una mirada interior para reflexionar sobre toda una serie de metarrelatos y mentiras que nos han enseñado, particularmente en la escuela de derecho y como parte del ejercicio de mi profesión, y que hemos repetido durante gran parte de nuestra vida sin hacer análisis ni síntesis críticas de esos supuestos saberes.

Esta mirada me provoca reflexión y aprendizaje de gran provecho y utilidad; pero a la vez, vergüenza… pudor.

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Pero la información y el análisis del texto no es suficiente para justificar su valor. Este libro, además, me reta a actuar para desenmascarar y destronar al mentiroso.

En mi opinión, ese es el objetivo principal de presentar un libro de esta envergadura:

Mover a a la Acción.

En síntesis, presentar un libro valioso conlleva un honor para el presentador, pero, es indispensable, balancear todos los conflictos de intereses que pueden coincidir en este tipo de situación, para que el acto sea efectivo, y que mueva a la acción. A la transformación política, social y económica.

Pero, ¿qué es este trabajo? En primer término no es un mero libro de texto universitario. Aunque muy bien se puede utilizar para ello. Un libro de texto se supone que acumule los saberes esenciales de una materia. Es más que un libro de texto, porque constituye una reflexión crítica sobre la criminología y una presentación audaz de posibles soluciones especificas y concretas al problema de la violencia en Puerto Rico. Es la exposición más rigurosa y abarcadora sobre la descripción de las raíces de la criminalidad y la violencia, lo equivocadas, con o sin intención, de las políticas burguesas para controlarla, y las posibles alternativas de solución al problema. Es por eso que me provocan a la acción. Ese es el poder seductor de este texto. La expectativa, no ingenua, de que el cambio es posible.

En aras de la rigurosidad, es preciso citar los autores sobre su apreciación del contenido y propósitos del texto.

En la página 7, los autores se expresan sobre los propósitos de su libro:

Criminología crítica y aplicada es un análisis sociológico e histórico basado en una síntesis de acontecimientos de sumo interés criminológico, acompañado ello de las teorías más apropiadas para explicar y comprender como las estrategias políticas, económicas y criminológicas han llevado a la violencia y criminalidad experimentada en los Estados Unidos y con mayor crudeza dentro del Estado Libre Asociado de Puerto Rico. El asunto estará acompañado del uso desmedido de la represión para controlar a las poblaciones marginadas o excedentes en ambos países. Es una amplia reflexión sobre los discursos políticos, económicos y represivos dominantes. Ello con énfasis en las prácticas prohibicionistas, su aplicación y el uso excesivo de la pena privativa de la libertad, seguido de la aquí entendida como poco ingenua, ilusionaría y hasta macabra idea de rehabilitar a sus respectivas poblaciones penales.

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El propósito no es buscar una etiología del comportamiento delictivo. Será más bien observar los factores externos a los individuos, especialmente los aspectos de naturaleza social que controlan para bien o para mal la vida de las personas.

El libro explica cómo se han repetido las mismas estrategias criminológicas del pasado y lógicamente se han obtenido los mismos resultados: violencia y criminalidad. Enfatiza como se ha hecho política pública criminológica para mediáticamente simular que se está haciendo algo. Relata cómo las autoridades estatales absurdamente implementan las mismas estrategias represivas del pasado y abiertamente prometen cuatrienio tras cuatrienio, aplicarlas con mayor dureza. Lo último, por ser unos discursos y prácticas tan arriesgadas ciertamente genera sospecha y será algo digno de realizar con mayor detenimiento.

Luego de un extenso y fundamentado análisis que incluye los postulados básicos históricos, sociales y teóricos de la criminología, en la página 111, los autores exponen las preguntas que pretenden responder con su trabajo.

En términos generales, y partiendo de lo antes dicho, este escrito intentará en su momento responder a los siguientes asuntos: 1) ¿Cómo se han constituido e intentado combatir “sujetos criminales” a raíz de la llamada “mano dura contra el crimen” y “guerra contra las drogas”?; 2) ¿Hasta qué punto se legitiman o se contienen mutuamente tanto las prácticas prohibicionistas, como el discurso dirigido a la supuesta rehabilitación de la población penal?; 3) ¿Es razonable hablar de rehabilitar a las personas que han transgredido las leyes, especialmente cuando son delitos sin víctima o se trata de un simulacro que lleva a un estado de hiperrealidad?; 4) ¿Existe un conocimiento que pueda observarse como verdadero tras dichas prácticas?; 5) ¿Cuáles han sido las consecuencias de dicho proceso?; 6) ¿Existe realmente una correlación entre las llamadas “drogas” y criminalidad, especialmente cuando se trata de homicidios o asesinatos?; 7) ¿La “mano dura contra el crimen” y “guerra contra las drogas” respondieron o responden a una realidad o se trató de una simulación como efecto de un saber/poder o ejercicio político de gobernabilidad que encubre los aspectos represivos e ideológicos estatales?; 8) ¿Hasta qué punto las personas forman parte de una estructura mayor de poder donde producen y reproducen una mentalidad de gobernar y autogobierno que les permite actuar, dependiendo de las circunstancias fortuitas de la vida, en virtud de someter a otras o asumir su rol como sometidas?; y 9) ¿Es posible establecer una política alterna, no reconocida por las autoridades estatales, para minimizar las nefastas consecuencias no intencionadas o intencionadas de las prácticas prohibicionistas en los Estados Unidos y Puerto Rico?

Los autores no solamente responden de manera extraordinaria esta serie de preguntas, sino que fundamentan y fortalecen una serie de postulados básicos requeridos por todo tipo de análisis histórico o social, sea ya en la criminología o en cualquier ciencia social, del cual se pueden extraer conclusiones que no solamente nos ayudan para la acción en el contexto criminológico, sino también en el plano político, económico y social. Esta serie de conclusiones podrían sintetizarse en las siguientes premisas:

1. La violencia dentro de un orden social burgués, se traduce en gobernabilidad. Es decir, la violencia y criminalidad son parte esencial del orden necesario para el mantenimiento del estado burgués.

2. El discurso sobre la criminalidad -y ahora con la guerra contra el terrorismo-es la herramienta más cruel y efectiva para el mantenimiento de la subyugación social y económica.

3. Burgueses y sujetos criminalizados o marginados por el estado burgués, son igualmente antisociales.

4. El capital es el responsable de la violencia y la clase política sostiene sus postulados e implantación.

5. Todos los participantes del orden burgués son responsables de la violencia, tanto dominantes como dominados o marginados.

Si todos somos responsables de la violencia y criminalidad, todos podríamos examinarnos críticamente para identificar cuál es el papel que hemos asumido, desde ser entes pasivos y acrílicos del proceso, hasta intermediarios, facilitadores, académicos o participantes activos, ya sea desde el capital, la clase política represiva, o el punto de drogas.

Pero este planteamiento de auto examen es ingenuo o hasta imposible, sin una exposición diáfana de los fundamentos teóricos. El texto de los autores, nos brinda esa oportunidad de confirmación o descubrimiento de cuál es nuestro papel en la violencia y la criminalidad.

Aplicando estos principios a mi papel como abogado en una sociedad capitalista subyugada por una situación colonial, el texto me obliga a concluir que también soy parte del problema de la violencia y la criminalidad. En los años que practiqué la profesión en el ámbito penal, en los que participé como profesor de las materias de Derecho Constitucional, Derecho Penal y Procesal Penal, fui exponiendo y justificando toda la normativa que reproduce el crimen y que como plantean los autores, hace que se triunfe fracasando. Al igual que la policía, los jueces, psicólogos, los trabajadores sociales, los consejeros de sustancias y toda la gama de obreros y profesionales vinculados al fenómeno de la violencia y el crimen, consiente o inconscientemente, de buena o mala fe, he sido parte del problema.

A lo largo de toda mi experiencia como abogado he vivido las principales conclusiones a las que llegan los autores sobre cómo el modelo prohibicionista, la marginación social, económica y las fallidas estrategias de represión de la criminalidad y la violencia, han sido las principales fuentes responsables del problema.

Todo esto porque el sistema capitalista colonial en que vivimos es violento. La aplicación violenta de política y normas para acrecentar la brecha entre ricos y pobres, es violencia. La violencia engendra la criminalidad, la criminalidad engendra la demanda por servicios profesionales, pertrechos militares, cárceles, armas, chalecos y balas; y la demanda alimenta el capital, todo en un ciclo infinito, como una serpiente que se muerde su rabo.

Las visiones prohibicionistas de las drogas nos permite ver este fenómeno claramente. Mientras más se golpea el tráfico y el punto, más escasea la droga y por ende, por las normas básicas de la oferta y la demanda, más caro se vuelve el producto. Al ser más caro, hace falta más dinero para conseguirlo, hay que hacer más esfuerzos y cometer más crímenes para conseguir el dinero de la cura. Por ende, es un círculo violento en el cual la misma política prohibicionistas y de persecución del crimen, crea las condiciones de mercado para el aumento de la criminalidad y la violencia.

El trabajo termina con la historia del Gabo, un ex estudiante de la Interamericana que vivió desde su niñez, el drama del narcotráfico en Puerto Rico. Aunque de carácter anecdótico, es un ejemplo alarmante y la confirmación de las causas y las consecuencias de este andamiaje torcido del estado burgués.

Pero al principio comenté que el texto me movía a la acción.

Si yo soy parte del problema, qué podría hacer para colaborar en las maneras de atenderlo, manejarlo y corregirlo. Evidentemente, no está al alcance de mis limitadas capacidades individuales. Pero tampoco puedo conformarme con sumirme en la oscuridad de la soledad y el cinismo.

La pregunta es si los autores tienen la esperanza de que gracias a su acopio de datos y excelente análisis y síntesis, pueda manejarse razonablemente el problema de la violencia en Puerto Rico. La pregunta es si solo se conforman con desenmascarar, dejando al devenir, el transformar.

La respuesta parece ser en la ambigua, pues en su texto en el capítulo denominado: La búsqueda del consenso, en la página 396, los autores sienten la soledad de su discurso y manifiestan su suspicacia a la generación de un consenso sobre estos temas para resolver el problema, como meramente un ejercicio de poder en el cual el pez grande se come al chiquito. Nos dicen lo siguiente:

La sociedad del consenso puede observarse como un gran teatro. Todo tiene un gran comienzo, desarrollo y final. Hablar de ello lleva a debates muy apasionados, muchos aplausos y hasta burlas. El guión es simple: simular no seguir la voluntad del poder. Sólo puede tratarse de un espectáculo porque los participantes son sus soportes simulando estar haciendo algo. Ya es tiempo de darse cuenta sobre cuánto se simula dentro y fuera del mundo académico. ¿Cuántas personas son se sienten ya cansados de observar tantas sillas vacías y las palabras que se las lleva el viento?

Este aparente pesimismo es la única reserva que tengo con el libro. Una cautela, no en el sentido sustantivo, de su contenido, sino en cómo el trabajo puede convertirse en una herramienta para la acción. No me cabe la menor duda de que el análisis histórico, social y científico que hacen los autores es de gran pertinencia e importancia para entender el problema de la violencia en Puerto Rico. No obstante, en vez de conformarnos con desenmascarar y quedarnos callados ante el ataque de que “por pesimistas como usted no mejoramos”, debemos recurrir al legado de Gramsci, que nos brinda la máxima de que debemos ampararnos en el balance del pesimismo de la inteligencia con el optimismo de la voluntad.

Por supuesto que el intelectual tiene que ser pesimista. Es de la única manera en que puede abordar los problemas, porque le preocupan, pero conforme nos aclaró Gramsci, el intelectual tiene una función en la sociedad y en la solución de los problemas que nos asedian. Estos planteamientos no pueden ser meros cautivos de los pasillos y aulas universitarias. Los planteamientos que se hacen en el libro establecen una hoja de ruta para atenderlos de la manera más agresiva y efectiva, aunque sin duda, los enemigos sean formidables. Mi invitación es a seguirla.

Estoy firme en que ya no es suficiente el discurso y el debate académico sobre la forma en que deben resolverse los problemas. Es necesaria la acción, pero para esta acción, es indispensable tener aliados. Para tener aliados, tenemos que llegar a acuerdos. Para llegar a acuerdos, tenemos que negociar. Así que aun partiendo de la premisa de que la negociación es un ejercicio de poder de uno contra el otro, también es la ruta para que ambos sientan que han ganado algo. Por eso no descarto la utilidad y viabilidad del consenso para la acción.

La única manera de atender el problema de la violencia y la criminalidad es desgastando desde múltiples ámbitos y perspectivas, las bases del estado burgués que constituyen los orígenes de la desigualdad económica y la violencia. Aunque no necesariamente haya una correlación fuerte entre bonanza económica y ausencia de criminalidad, el bienestar económico es condición indispensable para manejar la violencia, aunque no sea suficiente. Es fundamental entonces, trabajar, entre otras agendas, en nuestro desarrollo económico y social desde perspectivas paralelas al capital, pero solidarias entre sí.

Por tanto, el intelectual tiene que salir de los muros de la universidad.  Tiene que involucrase. Tiene que reunirse con los actores sociales y políticos. Debe despojarse del natural desprecio por la clase política.  Debe, también, dialogar y retar a la clase de capital local y ausente.  

Solamente enfrentando el estado burgués podremos manejar nuestro destino y aliviar sustancialmente el problema de la violencia y la criminalidad que nos asedia 

Los autores han fundamentado impecablemente las bases teóricas del problema y los espacios de acción para las soluciones.

Queda de nuestra parte ocuparlos.

El Lcdo Rolando Emanuelli presento el libro Criminología Crítica y Aplicada ante los estudiantes del Recinto de Ponce de la Univerasidad Interamericana de Puerto Rico. foto: José Raúl Cepeda

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