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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

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La llamada democracia representativa partidista y la corrupción se autocontienen


La llamada democracia representativa partidista y la corrupción se autocontienen. Solo la participación directa en la comunidad con portavoces que lleven las decisiones a los organismos centrales pudiera aspirar a ser democracia…

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Reforma policiaca y el tigre que no tiene rayas


OPERATIVO3

Por Gary Gutiérrez[i]

Contesto el teléfono y tras saludar, la familiar voz de la periodista identificada por el “caller id” me pregunta, sobre el uso de pruebas de polígrafo -otrora detector de mentiras- que José Caldero López, superintendente de la Policía, propone para los agentes antidrogas del País.

La propuesta es la supuesta respuesta ante el más reciente operativo donde agentes de Estados Unidos arrestan efectivos de la Policía de Puerto Rico acusados por corrupción vinculada al mundo del ilegalizado narcotráfico.[ii]

Tras tratar de contestar las interrogantes y explicar a la periodista que la corrupción policiaca no es manejable mientras se mantenga la fracasada ilegalización de las drogas, termino la llamada y mi cerebro, maltratado por el exceso de cafeína, rehúsa dejar ir el tema.

Es así que llegó al tema de la supuesta reforma policía. Es decir los supuestos cambios que, por orden de la corte imperial estadounidense, tiene que hacer el cuerpo policiaco boricua para poner su casa en orden y cumplir con la visión que de esos cuerpos “vende” al mundo y el ideario “democrático” desarrollado por Estados Unidos.

Es interesante que sea esa Corte la que ordene los reajustes en la agencia represiva de Puerto Rico, pues es el propio Estados Unidos, cuyos intereses son representados por los jueces de ese tribunal, quien creó y por década maneja, entrena y establece los estándares seguidos por la Policía de Puerto Rico.

Es decir que lejos de ser un fracaso, el discurso que justifica la forma en que los policías se manejan en la calle, el gansteril espíritu de cuerpo y el imaginario que les crea como guerreros plenipotenciarios y regentes del espacio público es el resultado lógico de la forma en que históricamente Estados Unidos se construyó los llamados “agentes del orden público”.

Por ende, la corrupción, los abusos de poder, las violaciones a los derechos civiles y el uso excesivo de la fuerza no es la desviación en estos cuerpos, es la norma sostenida producida y reproducida por los que hoy se yerguen como juzgadores.

Si se mira el desarrollo histórico de los cuerpos policiacos en Estados Unidos, no puede caber duda sobre cuál es la función de las policías en esa nación que por derecho colonial impone sus reglas en Puerto Rico.

Lejos de ser agentes que velaban por la seguridad de los ciudadanos, su función siempre fue y es controlar a “el otro”.

Los siniestros comienzos de esos cuerpos represivos que hoy en Estados Unidos se llaman “policías” se remontan al siglo XIX.

Uno de esos cuerpos precursores de lo que hoy llamamos policía son las bandas de gatilleros a sueldo llamados la “Patrulla de Esclavos” que recorrían los estados sureños cazando negros –cimarrones o no- a quienes, sin ningún proceso legal detenía y deportaban a las haciendas que pagaban su sueldo.

Mientras, en las planicies que componen el norte central de Estados Unidos, mercenarios al servicio del capital ganadero campeaban por su respeto con licencia de corso para controlar “las perdidas” que les ocasionaban los cuatreros que robaban de los rebaños en camino a Chicago.

En esa tradición de mercenarios al servicio del capital luego surgieron compañías como la Pinkerton Detective Agency’, quienes fallaron en garantizarle la vida al presidente Abraham Lincoln, pero quienes fueron muy afectivos abriendo fuego y asesinando a los obreros que se organizaron frente a los abusos de Andrew Carnegie.

Esa visión de los cuerpos policiacos al servicio del capital e imponiendo sus versión de la “ley y el Orden” se encarna también en los primeros cuerpos estatales de policías que se producen cuando en una movida de socializar costos y privatizar ganancias, los grandes capitales le pasan al Estado la responsabilidad de mantener los espacios libres para el comercio.

Así surgen cuerpos policiacos estatales encargados de mantener tanto el “orden” necesario para el libre comercio y como la “moral necesaria” para el desarrollo de una sociedad de bien, es decir la sociedad del blanco, varón, propietario, heterosexual y cristiano.

Acortado el largo cuento, más tarde con la prohibición del alcohol, se difunde en todos Estados Unidos la idea de una fuerza represiva estatal profesionalizada y fuertemente armada.

Es un proceso que alcanza el nivel de militarización al final del siglo XX cuando republicanos y demócratas utilizan la “guerra contra las drogas y el crimen”, léase guerra contra los negros y pobres, como excusa para desarrollar este nuevo policía que vestido como RoboCop y sudando testosterona, se levanta hoy como administrador del espacio público y de la vida de los pobres.

Es desde esta historia entonces desde donde se debe analizar tanto la supuesta respuesta a la corrupción policiaca anunciada por el superintendente Caldero, como la presunta reforma policial que no solo fue impuesta por un juez cuya legitimidad surge de una ilegal invasión militar, sino que es supervisada por un militar cuya carrera se desarrolló al servicio del ejército que llevó a cabo esa invasión.

Desde esta perspectiva se revela como cínico el discurso que termina echándole arena en los ojos al pueblo y sobre todo los pobres para que no acabe de ver que los policías no están en sus barrios para velar por esas comunidades, están allí para velar a esas comunidades.

Igualmente cínico es pretender que esos oficiales, quienes irónicamente de paso vienen de los mismos sectores pobres en el País y a quienes en nombre de la “ley y el orden” se les construyen como regentes de lo público, cambien, no caigan en excesos y terminen deshumanizando las poblaciones que les toca vigilar. Para eso los entrenan y los arman.

Hablar de reformar la policía y pretender que esos cuerpos no terminen siendo caldo de cultivo para la corrupción y los abusos de poder que hoy reseñan y denuncian los medios de comunicación es tan absurdo como pretender que los tigres no tengan rayas.

Lo que hay que reformar no es a la Policía, lo que necesita cambiar es el pueblo y su visión de la sociedad.

Una sociedad de tolerancia y respeto a la diversidad, donde la distribución de las riquezas producidas por todos y todas estén al servicio de todos y todas, no necesita un cuerpo policiaco cuya función sea imponer por la fuerza la llamada “seguridad” o el discurso de “ley y orden”.’

Más aún, una sociedad verdaderamente inclusiva puede aspirar a no necesitar de la policía. A lo sumo, solo necesita que sus propios ciudadanos, todos y todas, estén pendiente y vigilen los espacios de inclusión desde el respeto de la diversidad y la paz social.

[i] Se permite y estimula toda reproducción o distribución de este escrito. Agradecemos que al reproducirlo se le de crédito a garygutierrrezpr.com

[ii] Para accede al escrito: ¿Polígrafo para combatir la corrupción en la Policía?

Citado en ¿Polígrafo para combatir la corrupción en la Policía?


https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/6a/LogoPH.jpg

¿Polígrafo para combatir la corrupción en la Policía?

Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com 10/01/2015 |00:00 a.m.

 

La utilización del polígrafo como una herramienta para combatir la corrupción dentro de las filas de la Policía genera escepticismo por parte de algunos que consideran que el negocio de la droga es tan beneficioso que sus tentáculos van a  persistir y los mensajitos a los oficiales van a continuar.

Otros consideran que si se buscan las mismas soluciones para los mismos problemas, se van a obtener los mismos resultados.

“La realidad es que los planes de reestructuración que siguen modelando soluciones dentro de una estrategia punitiva, para continuar la guerra contra las drogas, van en su momento final a tener el resultado que han tenido hasta ahora”, expresó el senador popular Miguel Pereira.

“Si la  Policía se siente bien dando el polígrafo a  los policías de la División de Drogas  pues bien, dale el polígrafo. Pero esto va a necesitar no sé cuánto tiempo. Una prueba de polígrafo bien dado toma un día, si hay mil agentes tomará mil días. Nos va a tomar 30 años llegar a esto”, agregó.

Pereira indicó que no es que las medidas “sean tan malas, sino cuán  efectivas van  a ser”.

“El polígrafo no es un talismán”, apuntó.

“La droga genera tanto beneficio económico  para los que trabajan en esa industria que van a seguir enviando mensajitos. Van a seguir saludando gente y hasta que  logren su objetivo”, apuntó el también ex superintendente de la Policía.

¿Por qué caen los policías? 

La seducción del narcotráfico ataca todos los niveles de la sociedad. Ataca a los políticos, legisladores,  a todo el mundo.  No hay una particularidad con el policía ni a qué nivel.

“Si tienes que tener una División de Drogas, tienes que  tener una serie de rotaciones internas y determinar cuánto  tiempo debe estar un agente asignado a Drogas. Yo preferiría desarrollar un programa que me ayude más  a integrar  al policía. Que se  sienta parte de un esfuerzo”, expuso Pereira.

El problema es la prohibición

Para el criminólogo Gary Gutiérrez, la prohibición de la droga es lo que crea la corrupción. Por lo tanto, habría que eliminar la prohibición.

“El superintendente (de la Policía) nos ha dicho que vamos seguir haciendo lo que hemos hecho hasta ahora.  Lo mismo que se ha hecho siempre, esperando resultados diferentes”, dijo el también profesor de justicia criminal.

“Va a sacar unos agentes. Va a traer otros que van a hacer los mismos comportamientos porque la corrupción es un resultado endémico o esperado de prohibiciones innecesarias”, puntualizó.

Toda prohibición innecesaria, como la del narcotráfico, va a generar un mercado negro y  la historia de la prohibición del licor corrobora ese dato, comentó.

“Ese mercado negro, por su naturaleza social, termina generando excesos de violencia y corrupción para protegerse. Cuando tú prohíbes cigarrillos en las cárceles, disparas el precio del cigarrillo. Se convierte en un mercado lucrativo. La gente lo va a comprar y si alguien lo va a comprar, alguien lo va a vender y si alguien lo va a vender,  otro lo va a proteger”, describió.

Gutiérrez expuso que el estudioso del fenómeno de la droga, Antonio Escohotado,  señala  que cuando la prohibición del alcohol  el 40% de los agentes de alcohol fue investigado e intervenido por corrupción y el 11% fue encontrado convicto.

“Yo me atrevería a asegurar que esos son los por cientos que  se producen a través de las fuerzas policíacas”, dijo Gutiérrez.

Recordó también a un viceministro de una república cercana que le dijo “que no es posible que exista el narcotráfico sin la corrupción”.

“Es un simplismo del superintendente decir que  la corrupción del narcotráfico  se limita solo a la División de Drogas. Me parece a mí que  estos 10 agentes (arrestados el martes), culpables o no, son meros chivos expiatorios para justificar  que estamos haciendo algo”, acotó.

“Son  40 años de prohibición  y casi mil millardos  de dólares, lo que es un trillón de dólares, y no tienen un solo logro que no sea arrestos, confiscaciones y control social”, sentenció Gutiérrez.

Arrestan a 10 policías por corrupción

Conversando con Jay Fonseca: Federales se meten en casa de juez de Aguadilla


Federales se meten en casa de juez de Aguadilla:

Foto por José Raúl; Cepeda
Foto por José Raúl; Cepeda

El remedio o la enfermedad


Publicado en:
http://80grados.net

POR GARY GUTIÉRREZ | 23 DE SEPTIEMBRE DE 2011 |

La imagen no pudo ser más colonial. Un representante del Departamento de Justicia Federal enviado desde Estados Unidos, con acento inglés pero en español, regañó públicamente a los que se supone velen y representen el orden y los intereses imperiales en la Isla. El regaño giró en torno a los excesos, crímenes y violaciones civiles que han protagonizado agentes del Estado durante los pasados años. Por supuesto, la reprimenda no incluyó ni explicó el hecho de que esos agentes estatales son producto del entrenamiento y dirección del Buró Federal de Investigaciones, dependencia adscrita al propio Departamento que hoy se erige como inquisidor. A la diestra del emisario, el administrador colonial se presentó listo para ofrecer en sacrifico a los hombres y mujeres de la Policía de Puerto Rico, tal y como si se fueran chivos expiatorios ante la hoguera de la opinión pública.

Al escuchar al procónsul de la administración demócrata que dirige Barack Obama y mirando al administrador colonial, que de paso lo venden como el latin poster boy del Partido Republicano, mi mente se llenó de interrogantes: ¿A quién van dirigidos estos señalamientos? ¿De quién realmente fueron los excesos que se denuncian? ¿Acaso esas acciones hoy señaladas no fueron defendidas por políticos y ciudadanos alegando que la protección del “orden” es prioritario al derecho de unos cuantos revoltosos? ¿Por qué enviaron a uno que habla español? ¿Con qué cara ese administrador colonial viene ahora a decir que ya su gobierno tomó medidas para corregir lo hoy señalado?

Si bien los señalamientos de abuso y violación de derechos, parecen apuntar hacia la Policía, en realidad acusan al propio administrador colonial quien, por “el poder que le confirieron los votos” y con la soberbia típica de los moralistas, implementó en Puerto Rico la política pública de “cero tolerancia” que dio paso a los señalados abusos y que fue copiada de la derecha conservadora estadounidense. Una política pública que parte de la premisa de que el orden social y su mantenimiento está sobre cualquier consideración de derecho o de justicia.

No es importante para esos conservadores, mucho menos para el administrador colonial, que ese “orden” es uno excluyente, que mientras permite libertinaje al capital, utiliza las herramientas del Estado para controlar a la población que carga el peso de esas impudicias. ¿Acaso ese administrador, que hoy funge de sacerdote sacramental y quien quema en la hoguera de la opinión pública a sus subalternos policiacos, no fue el mismo que defendió a su principal ayudante y delegado del capital en su gabinete, cuando dijo que a los que protesten en el País “hay que sacarlos a patadas”?

No se trata de que los policías no tengan responsabilidad. Ni mucho menos que se les reconozca a los uniformados el derecho a la infame defensa de “obediencia jerárquica” esbozada por los lacayos de Hitler hace más de 60 años. De lo que se trata es que ese administrador colonial es el principal responsable por imponer en Puerto Rico una política pública de seguridad que en todos los lugares donde se implementó terminó de la misma forma: con excesos policiacos muy parecidos a los que hoy se denuncian en la Isla. Cínica.

Como si la negación a tomar responsabilidad no fuera suficiente desvergüenza, más cínicas son las supuestas soluciones a los excesos que, según el administrador colonial, ya se pusieron en marcha por parte de su administración.

La principal de estás es la creación de un organismo evaluador dirigido por su ayudante y representante del capital en su gabinete, quien de paso es el promotor de la política de “sacarlos a patadas”. Es importante reseñar que el gobierno colonial cuenta con la Comisión de Derechos Civiles, agencia que por su definición debiera ser quién tome jurisdicción sobre el asunto.

La segunda solución es la importación, a costo de miles de dólares, de técnicos del New York City Police Deparment (NYPD) para que entrenen a los policías locales. ¿La Policía de Nueva York? Si por algo se distingue ese NYPD es por su sofisticado sistema de abusos, excesos de fuerza represiva y de control social, no por su tolerancia y civismo. El abuso contra las minorías, el maltrato a los sectores más pobres, la persecución selectiva por razones raciales o étnicas, son sólo parte de la lista de violaciones de ese departamento, que va desde arrestos ilegales hasta agresiones físicas. Todavía se habla de la sodomización de un residente haitiano que estaba bajo la custodia de ese departamento policiaco.

Al igual que en Puerto Rico, los abusos y agresiones que se le imputa a la Policía neoyorquina no son excesos o imprudencias individuales, sino el resultado de unos agentes que se sienten protegidos por las políticas de cero tolerancia impuestas por el Estado. Lo que sí se puede decir del NYPD es que en la pasada década se desarrollaron y sofisticaron sus técnicas represivas para escapar el juicio de los tribunales. Precisamente, la sofisticación de esas prácticas represivas para evitar el escrutinio judicial es el estudiado en el libro “Crime Of Dissent” del académico Jarret S. Lovell.1

Dichas técnicas represivas se encuentran bajo investigación por múltiples agencias incluyendo la Central de Inteligencia (CIA) estadounidense. Hace unos días la CIA confirmó que colabora en una pesquisa que examina el esquema de carpeteo que luego de los ataques del 11 de septiembre del 2001, la NYPD montó contra organizaciones legítimas árabes de índole culturales o religiosas.

Para entender esas sofisticadas políticas represivas sólo se tiene que mirar la forma en que el NYPD manejó las protestas contra la convención republicana del 2004. Según el libro de Lovell, la forma en que se manejaron las mismas no se diferencia mucho de la forma en que los uniformados locales manejaron las manifestaciones estudiantiles en Puerto Rico. Esas técnicas represivas de la Policía neoyorquina también se documentan de manera parecida en el libro “Policing Dissent” del nicaragüense radicado en Arizona, Luís A. Fernández. Esta publicación fue presentada a comienzos de este año en Ponce como parte del Primer Encuentro para la Nueva Criminología en la Universidad Interamericana.2

Por tanto, al escuchar decir al administrador colonial que su administración mira al NYPD como fuente de asesoramiento, la pregunta obligada es: ¿Asesoramiento para evitar la represión o para aprender a cómo reprimir y controlar sin ser señalado?

Terminada la conferencia de prensa y reflexionando sobre la misma con un esperesso, viene a mi mente el magistral libro The Shock Doctrine de Naomi Klein.3El sólo pensarlo me enfría el alma. Me pregunto si los discípulos de Milton Friedman que forman parte de la administración de turno la isla no usaran el informe del Departamento de Justicia Federal para imponernos otro ejercicio de “terapia de shock” o como ellos lo llaman, de “medicina amarga”.

Primero implementarán o dirán que implementaron medidas que de seguro ellos saben que fallarán en evitar los excesos pero que sofisticaran la represión mientras le deja muchísimo dinero a los asesores en seguridad. Luego, cuando el pueblo reclame que no hay resultados y acepten el fracaso de las medidas, presentarán la privatización de la seguridad pública o de gran parte de sus componentes, como la única alternativa a seguir. Después de todo, puede que en Puerto Rico la idea de privatización policiaca nos parezca una idea absurda o incomprensible, pero la misma se lleva implementando por los gobiernos neoliberales en Estados Unidos, Canadá y Europa desde hace años.

La verdad que espero equivocarme y que sólo sean los efectos del espresso y la paranoia que me causan los conservadores…
G

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