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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

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chinchorro

🎶 Pequé, pequé, Dios mio…🎶


Garbanzada con pata de Cerdo 

by La Nueva Ponceña.  😔

 

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Usted sabe que esta en una #fonda…


… cuando en vez de jabón para las manos, en el lavabo hay una botella de Vel 😉

Chinchorreo de sábado en la tarde (crónica)


Fotos y letras por Gary Gutiérrez

Pasada la una de la tarde, el estómago reciente las cuatro horas sin comer y dos horas de reuniones.

Siendo sábado, las alternativas vespertinas para comida criolla no son muchas. Sobre todo al este de la ciudad de Ponce, donde ubica el recinto de Ponce de la Universidad Interamericana, sede de las mencionadas reuniones.
Por suerte, como conspirador en la reunión se encontraba José Raúl Cepeda, chinchorrero probo y conocedor fondero de viejo cuño.

Precisamente gracias a que Cepeda recordó la recomendación de otro maestro chinchorrero, el amigo Tico Frontera, llegamos al local que por décadas albergó el Landing. Un negocio consagrado al colesterol nacional que ubica en la carretera número uno, frente al espacio donde antes estuvo el terminar del aeropuerto de Mercedita.

 

La Nueva Ponceña
 Allí, bajo un letrero que lee La Nueva Ponceña se encarna un híbrido entre “sport bar” criollo y “quick lunch” o fonda. Es decir el chinchorro perfecto para sábado en la tarde.

2016-02-27 13.23.29De entrada, el comensal es recibido por una enorme pizarra donde se detallas las delicias gastronómicas disponibles. Por supuesto, según va pasando el día, van aumentando los espacios vacíos que atestiguan los manjares que se agotaron para el día.

A mano izquierda de la puerta, frente a un televisor con las carreras de caballos, se encuentra una barrita donde, como en el inolvidable Cheers de la televisión estadounidense, todos se conocen por el primer nombre y todos se alegran al verse.

2016-02-27 13.20.42Precisamente al final de ese mostrador guardado por los parroquianos habituales se encuentra el espacio “sacrosanto”, la mesa caliente coronada por bombillones.

Todavía a esa hora la mesa caliente cobijaba bandejas con arroz blanco, sabrosas habichuelas, arroz guisado, tostones y amarillos.

De igual manera este sagrario gastronómico acaudalaba pedazos de muslos con caderas al horno, tierno bisté encebollado a la criolla, costillas de cerdo glaseadas y unas “caderas salteadas” espectaculares.

2016-02-27 13.23.20 Ahora, no se confunda por el nombre. Las llamadas caderas salteadas en realidad es una sabrosa reconstrucción criolla de un confitado de pollo con aromáticos como ajos, cebolla y pimiento criollo.  Sabrosas y de textura impresionante.

Como si fuera poco un espectacular y espeso sopón de gandules que por el tiempo que lleva en la mesa caliente al momento que llegamos ya era un robusto plato que evoca el más sustancioso risotto coronaba la oferta del día.

En resumen, visitar La Nueva Ponceña fue como ir a comer un sábado a casa de abuela o de Tití Yolanda.

No solo por el sabroso balance en la comida, sino por el familiar y relajado ambiente del salón comedor donde un televisor compartía con los comensales la intrigas de la WWF y donde cada mesa custodia una botella plástica de mayu-ketshup y una de cristal con pique boricua, ambas preparadas en la casa.

¿Dígame si eso es o no una fonda “old school”?

Ahora, si usted es un chinchorrero de respeto en el sur de la isla o un fondero braga’o, tan pronto se pare frente a la sagrada vitrina que reguarda los alimentos usted reconocerá el verdadero secreto de La Nueva Ponceña, Doña Aidé. Una de las veteranas cocineras que se forjaron en las trincheras del desaparecido templo de la cocina criolla en Ponce, El Fogón de Yuya.

Con esa referencia que más se puede decir.

Solo que La Nueva Ponceña es un  referente del ideal de la fonda criolla y una parada obligada para los chinchorreros sabatinos en el sur del País.

Buen provecho…

 

 

 

Santuario de la gastronomía nacional


Publicado originalmente en La Perla de Sur

fotos y letras: Gary Gutiérrez

Vista al Rio_086_AdjuntasSi se consulta la palabra “chinchorro” en el Diccionario de la Real Academia Española constatará que el registro de términos no está escrito por boricuas.

Para el catálogo de la lengua española, el término “chinchorro” se relaciona con artes de pescas, embarcaciones pequeñas y, en algunos lugares, con la tradicional hamaca de nuestras naciones originarias.

Sin embrago, si usted es uno de los miles de boricuas que durante los fines de semana “coge carretera” en busca de las sabrosas delicias de la gastronomía tradicional, entonces tiene claro lo que es un “chinchorro”.

No necesita el diccionario.

Más, ¡por supuesto! Si usted es de Adjuntas, la cosa es más fácil todavía. Al lado de la palabra “chinchorro” en el diccionario adjunteño aparece la foto del Restaurante Vista al Río, que ubica a la salida del pueblo hacia Utuado.

Vista al Rio_075_AdjuntasNo podía ser de otra manera, ya que el acogedor y amoroso local es el arquetipo de la chinchorrería nacional.

“Para ser un chinchorro, tiene que estar en el campo, ser de madera, y tiene que tener comida criolla. No importan los lujos, ni la decoración, lo importante es cómo te traten y que no te maltraten con el precio”, explicó Tito Rivera hijo, miembro de la segunda generación frente al establecimiento.

Durante los pasados años, el Vista al Río se convirtió en parada obligada para cientos de chinchorreros que durante los fines de semana se mueven por la carretera PR-123 en busca de “colesterol nacional”.

Interesantemente, si usted no es un verdadero conocedor del arte de chinchorrear, es posible que ni se fije en este local que parece -entre la carretera, el río y los montes- integrarse en perfecta armonía al paisaje.

Allí todos los días, desde las 7:00 de la mañana, los dueños y fundadores del local, doña Aidé Escobales y don Ediberto Rivera comienzan a preparar la cocina para recibir a los comensales que desde las 9:30 llegan en busca del principal tesoro del local, ¡las frituras!

Vista al Rio_009_AdjuntasQué arte para freír, ¡alabanzas para esas manos!

Aprendido de su madre Rosa, doña Aidé transforma las viandas, tubérculos y especias cosechadas en el barrio, creando delicias como empanadillas, rellenos y hallacas.

Las hallacas de doña Aidé son poco menos que una obscenidad. De casi un pie de largo, su firme corteza de masa frita protege la suave masa de viandas -verduras pa’ los del norte- y guineo que a su vez guardan sabrosos y tiernos pedacitos de cerdo, sazonados a la perfección.

Si las va a probar, no se intimide por el tamaño y tampoco se engañe. Pida dos de una vez y una “friiiiita” para que ayude a la digestión.

Y si usted es de los que no bebe o va temprano en la mañana, tranquilo. Pídase un juguito de guanábana, parcha, toronja o china, que también los tienen.

Igualmente espectaculares son los rellenos de papa. En este caso son rellenos de pollo, pero los hacen de carnes, bacalao o “conbif”.

Vista al Rio_026_AdjuntasAhora, recuerde que es un chinchorro. Es decir, hay lo que hay y se acaba cuando se acaba, pues en Vista al Río todo se hace fresco el mismo día.

Pero eso es lo que hace espectacular estos rellenos, todo es sabrosamente fresco.

Imagínelo. El pollo guisado es condimentado con adobo natural hecho en la casa, que complementa y destaca, pero no opaca, el sabor del ave, encapsulado en una suave papa majada y protegida por una delicada capa de papa frita casi crocante.

Esa forma de guisar las proteínas, es igualmente el secreto de las empanadillas. Almohaditas de masa de harina de trigo cargadas de pollo, trozos de aceitunitas, papitas y delicado caldo, son poco menos que maravillosas.

Dicho en otras palabras, esos rellenos, empanadillas y hallacas son un tributo a la mejor tradición culinaria de nuestras abuelas que cocinaban con productos frescos, del patio, con calma, a fuego lento y en perfecta armonía y devoción para los alimentos.

Vista al Rio_042_AdjuntasDevoción que en el Restaurante Vista al Río se siente en cada guiso. Igual con el cuajito y el piquito que se preparan los fines de semana o el sancocho de pata de cerdo que se ofrece los Lunes de Recuperación.

Cuando se habla de cuajo -mondongo para los de la capital- o de piquito –gandinga para los que no son de acá-, los de doña Aidé son una experiencia en sí mismos.

En ambos casos, un delicado, gelatinoso y balanceado caldo producto de las tiernas vísceras del cerdo y la dulzura de los vegetales forman un manjar que lo mismo se puede disfrutar solo o acompañado de algunos de los arroces disponibles, o con las espectaculares viandas de la casa, bueno, del chinchorro en este caso.

Vista al Rio_112_AdjuntasEn fin, que si en algún momento alguien le pregunta, ¿qué es un chinchorro?, sin pensar mándelo para la carretera 123, a la salida de Adjuntas a Utuado, para que experimente “The Real Thing” como dicen en el Bronx.

Ahora, ¡adviértale! Que no se asusten si al llegar a este santuario de la gastronomía nacional se encuentra una guagua de turistas o decenas de jóvenes adultos con sus familias, disfrutando del fresquito y la comida.

Después de todo visitar a Vista al Río en Adjuntas es visitar la casa de los Rivera.

Así que regálese la experiencia, vaya con calma y comparta con doña Aidé, don Edilberto, con su hospitalario hijo Tito, su nuera Yenid y con los nietos que ya están por ahí aprendiendo cómo es que se cocina criollo y cómo es que se mantiene un chinchorro.

¡Buen provecho!

Vista al Rio_098_Adjuntas17 de febrero de 2016

 

El Glawi: dos décadas sazonando La Playa


Orginalmente publicado en La Perla del Sur: El Glawi: dos décadas sazonando La Playa

Texto y fotos por Gary Gutiérrez

Con el perdón de los hispanoparlantes, estos sí son “The Real Thing”. Simple y llanamente no existe mejor forma para describir la fondita que por los pasados 20 años ha servido y alimentado a la clase trabajadora de La Playa de Ponce.

El emblemático paraje, situado justo entre la avenida Padre Noel y la calle Alfonso XII, se llama El Glawi Café, el mismo que religiosamente abre sus puertas a partir de las 5:00 de la mañana todos los días de semana y los sábados a las 7:00.

Como a diario comprueban sus fieles clientes, de entrada el comensal sabe que llegó a una fonda “como Dios manda” y no a un “come y vete” extranjero, insulso de carácter, sazón y personalidad.

Protegida por una reja que siempre está abierta, de entrada se topará con el mostrador donde se ordena y se recoge la comida, así como con la inmaculada vitrina que bajo dos bombillones despliega los mejores tesoros de la tradición frita de la cocina nacional.

Desde alcapurrias y empanadillas, hasta pollo frito, al horno y costillitas en trozos, estas delicias son preparadas en casa o por allegados a la familia.

Y como en las más genuinas fondas del planeta, en las paredes de El Glawi Café no solo se despliegan los orgullosos logros familiares. También se documentan y celebran a los héroes deportivos y sociales del barrio y la ciudad.

Aquí abundan tanto los recuerdos de la familia, como imágenes que evocan a Ponce y el desaparecido Churumba, así como a Puerto Rico, la salsa como género musical y los Yankees de las Grandes Ligas.

Por supuesto, todo eso está bien chévere, ¿pero qué de la comida? Pues ahí es donde El Glawi se “ranquea”, como dicen los jóvenes.

Si es cierto que la culinaria de una fonda se mide por el arroz blanco y las habichuelas, entonces El Glawi Café ocupa una categoría por sí mismo. Si lo duda, entonces, pida un “floriaíto” cuando visite este tabernáculo de la cocina criolla.

Para quienes crecieron en la época de la comida chatarra y no conocen el lenguaje de las fondas, un “floriaíto” es un plato pequeño con un poco de arroz y habichuelas a caballo, al estilo de los que hoy llamarían un “side order”.

Si bien el arroz blanco es sabroso y tierno al punto, sin duda las habichuelas son las reinas de esta impecable cocina.

El espeso y rojizo caldo producto de los granos ablandados en la casa y sazonados con sofrito criollo, preparado fresco y licuado para que los nenes no vean las hierbitas, se termina con trozos de papa y calabaza: un verdadero tributo a las manos de nuestras madres y abuelas.

La calidad y la honestidad tradicional de esas habichuelas no son de extrañar, cuando se toma en cuenta que fue en el hogar de la familia donde don Carlos Ruiz De Jesús y doña Evelidys “Lilly” Andújar de Jesús, propietarios de El Glawi, aprendieron a cocinar.

“Aquí en 20 años solo hemos tenidos dos cocineros, Juan Gómez, que nos ayudó por un año mientras comenzábamos, y yo. En mi caso, cocino como a mí me gusta. Pruebo algo, lo preparo un par de veces en casa y si nos queda bien lo ponemos en el menú”, explicó Ruiz De Jesús, con una sonrisa de satisfacción casi pícara.

Mas si a lo anterior se suma que por las pasadas dos décadas el negocio sirvió de segundo hogar para Karla, Karylin y Karl, los hijos de la pareja, entonces nadie debe dudar por qué comer en El Glawi es, inequívocamente, compartir la mesa con la familia Ruiz Andújar.

Y en honor a la verdad, el menú de esta fondita no puede ser más criollo.

Para desayuno, además de los sándwiches y los bocadillos ponceños, la oferta incluye tres opciones de cereales calientes, incluyendo algunos con endulzantes artificiales para quienes cuidan su nivel de azúcar.

Entretanto, para los que buscan el “baratongo”, en El Glawi preparan un desayuno criollo de huevo, jamón, tostadas y cariño para todo el día, por menos de $3.75.

Hablando de desayuno, no se equivoque. El café de El Glawi es cola’o como le gusta a don Carlos, que llega todos los días a las 4:00 de la madrugada a prepararlo.

Por supuesto, siendo una fonda, el almuerzo ya está disponible a las 9:00 de la mañana y todavía una mixta comienza en menos de $6, con ensalada verde, agua o refresco incluido.

Las opciones regularmente abarcan variedad de carnes, pescados, mariscos, pollo y, claro, hasta antojitos como las mollejitas, las pastitas con pollo, el meatloaf en salsa y las ensaladitas de papa para los días de calor.

Ahora, no se equivoque. Para los que celebran algo especial o para los días de cobro, El Glawi Café también ofrece una carta que pudiera estar muy cómoda en cualquier restaurante de mantel blanco y servicio estirado.

Pa’ muestra con un botón basta. Solo tiene que probar el mofongo relleno de mariscos: el más tierno carrucho, salteado junto a un delicado pulpo y camarones en un mojo criollo, preparado con sofrito fresco que arropa uno de los mofongos más suaves y delicados de la región.

Tan sabroso y fresco que se nota de solo olerlo. Y, por supuesto, de más está decirlo, ese hay que bajarlo con una “friiiíta”.

Si por casualidad le queda espacio, pida el flan de la casa. ¡Qué caramelo más sabroso y qué textura tan cremosa!

Cuando termine, comprenderá mejor por qué Ponce tiene tanto prestigio como cuna de fondas emblemáticas, como la Cafetería Ramos y el Fogón de Yuya.

Pero con el respeto que todas se merecen y en honor a la verdad, 20 años de servicio “bregando” y velándole el bolsillo a la comunidad de La Playa de Ponce le garantizan a El Glawi Café un espacio distinguido en la liga de “las mejores” de la ciudad.

“Buen provecho” y reitero, disfruten el flan, ¡si les cabe!

8 de octubrede 2014

 

Publicado en La Perla del Sur: Chinchorrear debería ser deporte de LAI


Chinchorrear debería ser deporte de LAI

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Cuando se piensa en Las Justas, de inmediato asoman por la mente las fiestas en las calles, el consumo de alcohol y el deporte. Sin embargo, a pesar de la discriminatoria omisión -y lejos de la atención de los medios de comunicación- Las Justas son también una competencia gastronómica donde la culinaria nacional compite y se corona como reina del medallero.

Si aún lo duda, solo imagine el chinchorreo como una competencia validada por la Liga Atlética Interuniversitaria. ¡No habría extranjero que valga!

Por ejemplo, a la hora del desayuno Ponce ofrece toda una gama de opciones económicas y sustanciosas.

Por supuesto, hay que comenzar por los domplines, eso que los del norte llaman arepa y que en Ponce se rellenan con proteínas como el jamón, queso o huevo, y hasta mariscos, bacalao o pastrami.

Estos sabrosos y tradicionales panecitos fritos son una oferta económica cuyos mejores exponentes son El Trigal en la calle Reina y El Domplín en la Muñoz Rivera.  Pero recuerde, como buenos chinchorros, estos locales abren temprano en la mañana y están abiertos mientras dure la mercancía del día.

Otra opción para la mayoría de los que vienen a Las Justas y que se levantan a desayunar a eso de las 4:00 de la tarde son las panaderías.

En esta categoría, la medalla de oro -de seguro- se quedaría entre una de dos panaderías emblemáticas de la ciudad. Estas son La Guarina, una abierta las 24 horas entre la avenida Muñoz Rivera y el Ponce By Pass, y la La Guarina 2, en el Ramal de la PR-2 a pasos del Paquito Montaner y que cierra todos los días a las 10:00 de la noche.

En cualquiera de ellas los sándwiches son de nivel olímpico. Con precios desde los $4, estos empanados de media libra de pan de agua, con las carnes o proteínas que prefiera, salen “con todo”, como “Dios manda”.

Y subrayo, dije “con todo” porque en Ponce los sándwiches regularmente se sirven con lechuga -no repollo-, tomate, cebolla, aceite de ajo y mayoketchup.  Por supuesto, cada lugar tiene su  receta, así que si es extranjero en la Ciudad, pregunte para estar seguro.

Ahora, si lo suyo son las fondas -esos templos donde los guisos son venerados casi rayando en el paganismo- los candidatos al medallero de Ponce son El Fogón de Yuya, el Glawi Café y La Cafetería Ramos.

El primero, ubicado en el sector Vallas Torres, lleva décadas ofreciendo todo tipo de guisos, mofongos y trifongos, así como variedad de arroces y granos. Las patas de cerdo y el cuajo -los del norte le llaman mondongo- son espectaculares. Abren todos los días menos domingo, desde las 7:00 de la mañana hasta que el último apague el karaoke y apague la luz.

Y si bien en esa categoría la competencia es cerrada y no apta para cardiacos, cuando de sancocho se trata La Cafetería Ramos le saca la milla.

No porque el sancocho de Yuya sea malo. Decir eso sería herejía culinaria. Lo que ocurre es que el de Ramos, el favorito del maestro Antonio Martorell, es una liga en sí mismo.

Abierta de lunes a sábado desde las 7:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde, la cafetería ubica en la PR-123 frente a la comunidad Morel Campos.

En esta categoría, como ya señalamos, también destaca Glawi Café, que con su vitrina de frituras ha sido por más de 20 años referente de lo que debe ser una buena fonda, desde su sede en la avenida Padre Noel de La Playa de Ponce.

Al igual que el caso de las anteriores, con lo que usted se come un hamburger congelado en uno de esos quioscos extranjeros, en Glawi se “pimpea” para todo el día.

Las otras dos categorías que definitivamente merecen detallarse si de unas justas chinchorreras en Ponce se trata, se centran en las “guagüitas” y los negocios de empanadillas, eso que en el norte llaman pastelillos.

Si se habla de empanadillas, el medallero se divide entre La Cafetería Ramos -ya mencionada- y los negocios del barrio Bélgica y la comunidad Ferry.

La Refresquería de Bélgica ubica en la calle Cruz, abre desde las 9:00 de la mañana y cierra para eso de la media tarde. Mientras que las empanadillas de Ferry se consiguen desde más temprano en la llamada Avenida del Ferry Crossing.

Cualquiera de estos tres tiene potencial de oro en esta categoría.

Finalmente, a la hora de competir en la liga de los negocios ambulantes o de “guagüitas” -que en Ponce hay muchas y buenas- destacan dos veteranos de más de 20 años de existencia y un novato de solo meses.

Los veteranos son El Monstruo de los Sándwiches que desde temprano siempre está en la carretera PR-2 frente a la urbanización Constancia, a un costado del Paseo Lineal, y Los Pollos de Valle Alto.

De El Monstruo de los Sándwiches no hay mucho que añadir, pues lleva 40 años colocando cuerito a los sándwiches de pernil y por cerca de $7 te resuelve para todo el día. ¡Caso cerrado!

Pero Los Pollos de Valle Alto no son poca cosa, pues por más de 27 años ha sido el referente por el que se miden todos los pollos al BBQ de la ciudad.

¡Y aquí sí! Con menos de cinco pesitos te dan un cuarto de pollo y arroz con gandules. Pero si van de paquete, por menos de $20 come el corrillo entero.

Ahora bien, mucho ojo porque en esta cate-goría destaca un carretón que solo lleva meses y que se llama Tentempié Lunch Stop.

Regularmente está ubicado al costado de la urbanización Constancia, cruzando la carretera frente a El Monstruo, pero en esta semana se va de Justas y se muda hasta la madrugada del domingo al corazón de la fiesta, a la calle León, frente a Wéjele.

A estos hay que velarlos, pues en poco tiempo ya son referentes del buen hamburger.

Para muestra con un botón basta. Sirven uno que incluye plátano maduro, queso amarillo y un huevo frito. Eso debería requerir una nota legal y el auspicio de una unidad cardiaca. ¡Qué cosa más espeluznantemente sabrosa!

De los otros como el “Porqui” con tocineta y el “Amish” con queso azul y las cebollas caramelizadas, ¡qué más uno puedo decir! Bueno, que con uno o dos dólares más de lo que gasta en un come y vete extranjero aquí se compra una experiencia gastronómica.

Para terminar, solo faltaría mencionar otro ejemplo de negocio nuevo donde por un par de dólares más de lo que se gasta en un mal llamado “fast food” se experimenta buena comida y apoya lo de aquí. Esa es la lechonera La Curvita.

Ubicada a la entrada al Aeropuerto Mercedita, este local que abre a las 11:00 de la mañana y cierra cuando lo dejan sus clientes, es una excelente alternativa para quienes quieren salir del bullicio de las fiestas en el casco urbano. Su oferta incluye guisos, diversos arroces, viandas y, por supuesto, cerdo a la vara.

En fin, que como demuestra este pequeño recorrido, Las Justas en Ponce se complementan con una gran oferta gastronómica de la cual aquí solo se detallan unas cuantos ejemplos.

Solo por razón de espacio y no por su excelente cocina quedan fuera decenas de ellos, sobre todo, restaurantes más formales, así como acogedores locales en la Plaza del Mercado Isabel II y el tablado La Guancha.

Ya habrá tiempo para conversar sobre esos otros. Por ahora, a disfrutar de Las Justas con moderación y con la seguridad que cuando ataquen los “monchis”, Ponce también tiene “donde bregarle”. ¡Buen provecho!

9 de abril de 2014

 

El hábito ni hace al monje, ni a la fonda… Crónica del bajo mundo gastronómico


Por Gary Gutiérrez

Arroz, habichuelas y pollo gisa'o en Winner de Cotto Laurel, Ponce
Arroz, habichuelas y pollo gisa’o en Winner de Cotto Laurel, Ponce

Son casi las tres de la tarde y el hambre aprieta.

Estacionado frente Winner en el Cotto Laurel, me pregunto si debo o no entrar.

Desde afuera el local parece más un antro de “jangeo” nocturno que tuvo épocas más gloriosas, que un chinchorrito para almorzar. Además el estacionamiento está vacío, lo que rara vez es una buena señal.

Finalmente, y llamado por la curiosidad y el hambre, me decido entrar.

Después de todo, ya estoy aquí y además me lo recomendó José Raúl Cepeda, un maestro chinchorrero por derecho propio para quién las alitas fritas de este sitio son dignas de mención.

Al entrar, el panorama fue tan desolador como en el exterior. A mi mente vinieron mis días de juventud, cuando laboré en “Pubs” y discotecas. Esos lugares, al igual que este, son negocios que solo se ven bien de noche, con poca luz, mucho gentío, un gran revolú, fiesta y la psicoactivación producto del alcohol.

Los paneles decorativo de por lo menos veinte años, las pocas mesas, las losetas de linolium cuya multiplicidad de colores dan fe de un sin fin de redecoraciones y el viejo “estimer” sin luces completan el ambiente poco esperanzador.

Sin embargo, de cerca, se revela el contenido del “estimer” y es estimulante.

Las aceitunas y los pedacitos de aromáticos como la cebolla, pimiento, ají dulce, así como las hojitas de orégano que engalanan la oferta dan fe de que esto es otro nivel. De lejos se nota que esto es “old school”.

“Esos colores no son de sobresito. Ese brillito color amarillo acaramelado que pica a dorado profundamente oscuro del pollo guis’o solo se logra con achiote, vino y fuego lento” pensé mientras me decidía entre las chuletas en salsa o el pollo.

Mi lujuria gastronómica y mis fantasías culinarias se interrumpieron de golpe cuando doña Nidia, cocinera a cargo del negocio, me pregunto que desea.

Venía en pos de las alas fritas recomendadas por José Raúl, pero definitivamente aquel pollo había que probarlo.

La decisión no pudo ser mas acertada, arroz habichuelas y pollo gisa’o es la que hay. Admito que me dio trabajo, pero no pedí cerveza que es lo que manda eso.  Lo baje con agua.

El arroz, con buena textura le sirvió de cambas blanco para destacar el natural sabor de unas buenas habichuelas claramente ablandadas en casa y guisadas a fuego lento con sofrito casero fresco y pedacitos de papa. Excelente acompañante para el pollo ya descrito.

Que clase de guiso. El mismo demuestra las destrezas culinarias de nuestras mejores cocineras doméstica, tradición de donde viene doña Nidia.

Ella aprendió a cocinar en su casa alimentando a nueves y los arrima’os.  De esa forma, pero sin saberlo, Nidia se inserta en una culinaria que se levanta como resistencia en estos tiempos de fuertes presiones económicas.

En ese sentido, y gracias a las habilidades de Nidia, la comida de Winners en el Cotto Laurel de Ponce es verdadera comida tradicional de fonda. Productos económicos, tratados con cariño y dedicación que se transforman con aromáticos, especias y hojitas del patio, para terminar produciendo los más sabrosos y ricos manjares a un precio económico.

Me refiero a los manjares que doña Nidia prepara y sirve a esos que trabajan y sudan diariamente para ganarse los cinco pesitos que cuesta la mixta en Winners.

En fín, que si usted es un fondero, chichorrero, “hard core foodie” o simplemente un aventurero gastronómico,  Winner en la catorce es una experiencia que debe tener, aun cuando la primera impresión no sea la más positiva.

Después de todo, el hábito no hace al monje y en este caso, ni a la fonda.

Buen Provecho

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