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El Blog de Gary Gutiérrez

Abusador de cafeína, asador de patio, comidista y cronista del bajo mundo culinario, iconoclasta aspirante a ácrata, apóstata, y comantenedor de @tempranopr

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autogestión

Sobre narcotráfico ante la asociación de Psicología de Puerto Rico


Por Gary Gutiérrez

Presentado ante la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

Lejos de pretender venir a bailar a la casa del trompo, no me presento ante ustedes para hablar de lo malas que son las drogas o los peligros que puede representar el uso de las mismas. Ni siquiera vengo a venderles mis ideas sobre como, en una sociedad democrática compuesta por hombres y mujeres libres, el uso y disfrute de cualquier cosa que no haga daño a otros, debe ser una decisión individual.

Prefiero aprovechar esta oportunidad para compartir con ustedes una historia que dramatiza el costo real de la absurda ilegalización de las drogas que, como excusa para justificar la intervención militar e ideológica global, Estados Unidos impone a la humanidad (Manjón-Cabeza, 2012). Una ilegización que crea las condiciones materiales para que aquellos social y económicamente excluidos encuentren la manera de lograr las metas materiales impuestas por el sistema (Gutiérrez 2012)

Hace unas semanas, mientras me ocupaba de la tediosa tarea de corregir y cuadrar notas, mi mente insistía en pensar cuál sería el contenido de una presentación que junto a José Raúl Cepeda y la maestra Vivien Mattei se supone presentara ante la Latina & Latino Critical Legal, Theory Inc. reunida en Puerto Rico.

En mi cabeza, no solo daba vueltas mi hipótesis sobre la violencia y el narcotráfico como discurso contestario inconsciente por parte de los sectores excluidos del sistema capitalista neoliberal. Igualmente interrumpía mi concentración en los exámenes lo que gente como Young, Wacqant, Ferrell, Simon, Chomsky, West, Klein, Rivera Lugo, Dora Nevares, Villa, y otros plantean sobre el asunto.

De pronto en medio de aquel torbellino de ideas y de mi lucha por concentrarme, tome uno de los ensayos que se supone corrigiera y al comenzar a leer me di cuenta de quién debía ser mi fuente primaría para aquella presentación. Su nombre Emmanuel, y es un estudiante subgraduado de Trabajo Social en la Caribbean University de Ponce, que como no encontró una electiva en su concentración y sin saber donde se metía se matriculó en mi clase de Delincuencia Juvenil para complementar su matrícula.

Tras leer el trabajo del joven, decidí que eran las ideas de este y no las mías o la de los gigantes antes mencionados, las que debía compartir en el mencionado foro. Así que a manera de tributo académico al “copy & paste”, me atreví leer ante aquel foro una versión, editada por cuestión de tiempo y corrección, de la introducción al ensayo con el que aquel joven contestó la pregunta: ¿Cómo usted ve al menor delincuente en Puerto Rico?,

Emmanuel comenzó diciendo: “Aun recuerdo cuando tenía 17 años y anhelaba cumplir los 18 para trabajar e irme de mi casa. El pensamiento de irme de mi casa era provocado por la rebeldía de esta etapa. Tenía claro que quería trabajar para costearme mis necesidades materiales y no depender de mi madre.

Cuando cumplí la edad comencé a buscar trabajo, aquí allá por todas partes. Recuerdo que llevé resumé hasta los pueblos limítrofes como Juana Díaz desesperado por conseguir ese trabajo. Durante tres años continué en las mismas, llevando resumé a todas las semanas a diferentes establecimientos, tiendas, restaurantes de comida rápida, supermercados, entre otros. Durante esos tres años en que no me llamaron de ningún trabajo, creció en mi la rebeldía, los pensamientos negativos y la frustración que no es otra cosa que ese sentimiento provocado por la incapacidad de no poder realizar algo porque algún factor externo que lo impide.

Aprendí a recortar y de esa manera me buscaba el peso recortando en mi casa a los muchachos del barrio. Cuando llegaba la temporada de quenepas, vaciaba el árbol de mi casa y las vendía en algún punto estratégico del casco urbano de Ponce. Obviamente esas chiripas no me daban para lo que yo quería que era comprarme un carrito, la ropa de moda, los tenis del momento, etc.

Pero cerca de la comunidad donde me crié hay un barrio con alta incidencia criminal conocido como La Cantera. Allí los jóvenes varones tenían otra forma de buscarse el peso: vendiendo drogas. Crecí viendo como los muchachos del barrio que bregaban en el punto tenían los carritos mas bonitos, los ‘bling bling, los tenis más caros y las nenas más lindas.

Luego de tres años, finalmente me llamaron y me preguntaron si todavía me interesaba un trabajo solicitado meses atrás. Contesté que si y lo primero que me dijo el individuo fue: “mañana tienes entrevista en las oficinas generales en el pueblo de Carolina”. Como tenía los recursos pude llegar y me dieron el empleo. Luego me requirieron documentos como, carta de buena conducta, prueba de dopaje, certificado médico entre los que recuerdo. Yo tuve los recursos para obtener todo lo que el empleo requería.

Aunque me vi tentado, en mi hogar tuve el ejemplo, la enseñanza y la educación que junto a mi determinación y fuerza de voluntad evitaron que me involucrara en el narcotráfico. Ahora, yo tuve los recursos y un hogar ejemplar para no caer en ese negocio, pero y los que no corren la misma suerte que yo.

Muchos recurren a la venta de drogas, a velar el punto o hacer “mandaos”. De la boca de ellos se escucha que en ningún lado le dan trabajo y que la única opción es vender droga. A esta situación hay que sumarle el discrimen si tienes tatuajes o pircings. Incluso conozco algunos que viven en un residencial público y en sus resumé anotan una dirección diferente, usan la de algún familiar o amigo. Recuerdo cuando el profesor dijo que la cultura dominante va a criminalizar a la subculturas porque desconfía de ellas.”

Si se leen con atención el ensayo de Emmanuel, el mismo surge como un pliego acusatorio contra el sistema neoliberal que se viene desarrollando en la isla por las pasadas décadas, pero que vió su máxima expresión durante el cuatrienio pasado (Gutiérrez 2012). Es ese neoliberalismo salvaje, el que utilizado sus aparatos ideológicos produce el orden social en que se desarrolla la historia de Emmanuel. Un orden que condena a miles de jóvenes a que desde la pobreza y el subdesarrollo del sur global aspiren a comprar los símbolos de éxitos impuesto desde el norte por la cultura del varón, blanco, propietario, alegadamente homosexual y cristiano (Gutiérrez 2012) . Es decir, un orden bulímico, como lo llama Jock Joung (2007), que incluye a todos por igual en el consumo de los símbolos materiales construidos como exitosos, mientras excluye a gran parte de la población de los medios legales y los empleos dignos para que pueda costearse ese consumo.

Como bien ilustra la historia de este estudiante, este proceso es uno que termina produciendo un ser humano frustrado o desvalorizado que puede ver en la violencia una forma de empoderarce ilusoriamente o en la ilegalidad, sobre todo la del ilegalizado narcotráfico, el único medio para integrarse al mundo de consumo capitalista que se le impone desde el poder (Presdee 2001)

Es de aquí que surge mi hipótesis que apunta a que la violencia social y la criminalidad que sufre el País es el resultado esperado del orden neoliberal excluyente que a mediado del siglo pasado desarrolló Milton Friedman y que luego se convertiría en dogma del sector más conservador de la política Estadounidense. Como en todos sitios donde se implementó este neoliberalismo, el resultado es que grandes sectores de la población no se sienten representado por el Estado (Klein 2008; Rivera Lugo 2004).

Ante la aparente ilegitimidad del Estado producto de la falta de representatividad y del hecho, real o aparaente, de que para muchos el sistema solo le ofrece la ilegalización como alternativa económica, en el caso de Puerto Rico se pudieran identificar tres respuestas a saber.

La mayoría no hará nada y comprando el discurso electoral esperará el espacio electoral para escoger entre dos partidos similares que, como explica el español Miguel Amorós (2012), representan los mismos intereses y que el sistema usa para dar la impresión de que es democrático. Esta mayoría son los que el sistema verá como los buenos ciudadanos, respetuosos de la ley y sobre todo “humildes”.

Por otro lado, los sectores más conscientes de la sociedad responden al excluyente proceso del que nos hablo Emmanuel, organizando estructuras políticas, comunales o económicas. De esta manera vimos como durante el cuatrienio pasado, las comunidades se organizaron para hacer frente a proyectos que las sacrificaban para crear espacios de ganancia económica a los sectores más ricos del País. Igualmente vimos a los jóvenes de la Universidad de Puerto Rico, casi todos educados, de clase media y media alta, organizarse para defender sus espacios ante la posibilidad que los mismos se pusieran directamente al servicio del poder económico. Otro ejemplo de como estos sectores más conscientes canalizan las frustraciones que el sistema les produce, es el surgimiento de los nuevos partidos políticos que durante las pasadas elecciones trataron de romper el bipartidismo que castra el proceso electoral de la Isla (Rivera Lugo, 2004; Wacquant, 2009).

Sin embargo, no todos tiene los recursos para responder y exigir legalmente un espacio donde ganarse la vida dignamente. Es mi hipótesis que en Puerto Rico, enormes sectores marginados, como bien describe Emmanuel , se las tienen que buscar como pueden para sobrevivir y sentirse incluidos consumiendo. Es decir tiene que “bregar” en trabajos marginales o precarios como recortar en sus casas, mecanear en el patio, hacer uñas o trenzas, vender quenepas o piratear DVD. Labores que pueden rayar en la ilegalidad al no cumplir con los reglamentos y permisos impuestos por el Estado (Barrero, 2008; Presdee, 2001; Rivera Lugo, 2004; Wackant 2009).

Otros, sobre todo aquellos que encarnan las características que en el capitalismo llevan al éxito, pero que por su condición de excluidos se les dificulta el desarrollo de empresas legales, terminan por integrarse a esa ilegalizada empresa capitalista que es el narcotráfico. De esta manera los puntos de drogas están administrados por jóvenes que, con una educación promedio de noveno grado, manejan inventarios millonarios, procesos de distribución, nóminas, relaciones publicas, solución de disputas, etc. Todo lo anterior complicado por la ilegalidad y lo que esa ilegalidad significa (Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. 2008) .

Es en este sentido que yo entiendo que el narcotráfico producido y fomentado por las draconianas leyes anti drogas, la violencia y la criminalidad que experimentamos en Puerto Rico, lejos de ser un problema, en muchas de nuestras comunidades se construye como la solución al problema de marginación y exclusión económica. Es decir, para muchos el mercado negro producto de la absurda ilegalización no es un problema, es una solución a su problema, el económico.

Por tanto, y repito es mi hipótesis, la inserción al narcotráfico y la criminalidad pueden ser vistos como un discurso contestatario de aquellos que sin tener la consciencia política responden “bregando” como pueden ante la sociedad que los excluye. El narcotraficante y la ilegalidad puede verse como la respuesta de aquellos quienes se niegan a ocupar humildemente los espacios de pobreza que el sistema les asigna. Así estos sectores, probablemente de manera inconscientemente, le hacen frente a un sistema que como describió Emmanuel, les condena a ser un pobre humilde que espera estoicamente por años un trabajo precario que no debiera llamarse empleo y que les condena a un estatus social de subciudadano o subciudadana.

Si se toma esta hipótesis como correcta, se puede inferir entonces que cualquier iniciativa para manejar el llamado problema de la droga, será solo un parcho y no una alternativa a la violencia que hoy cobra unas mil vidas cada año en nuestro País, a menos que que no incluya la legalización de esas sustancias. No obstante esa legalización no será tampoco solución sin una verdadera reorganización social, una mejor distribución de los recursos económicos y la integración de todos y todas a procesos políticos y económicos verdaderamente democráticos.

Porque el problema, ni son las drogas, ni es el narcotráfico. El problema es la pobreza y la marginación.

Referencias:

Amorós, J. (2012) Salida de Emergencia. Logroño: Pepitas de Calabaza Ed..

Barrero, E.C. (2008) De Macondo a mancuso: conflicto, violencia política y guerra psicológica en Colombia. Bogotá Ediciones Catreda Libre y Fundación América Nuestra.

Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. (2008) Cultural Criminology: an invitation. London: Sage.

Gutiérrez, G. (2013) “Del Coloniage a la Sociedad de Ley y Orden: violencia sistéica en Puerto Rico”en Sonia M. Serrano Rivera, Registros Criminológicos Contemporánios. (pp. 51 – 81) San Juan: Situm.

Klein, N. (2008) The Shock Doctrine, New York City: Picador.

Manjón-Cabeza, A. (2012) La Solución. Barcelona: Debate.

Pesdee, M. (2001) Cultural Criminology and the Caranval of Crime. New York City: Routledge.

Rivera Lugo, C. (2004) “Ni Una Vida Más para la Toga” en La Rebelión de Edipo y otras insurgencias jurídicas(pp. 137-154). San Juan, Ediciones Callejón.

Young, J. (2007) The Vertigo of Late Modernity. London: Sage.

Wackant, L. (2009) Prison of Poverty. Boston: Beacon.

Publicado en 80grados.net: Sí se pudo…aun cuando nadie lo reporte


Sí se pudo…aun cuando nadie lo reporte

por  | 31 de Mayo de 2013 | 12:35 am

Hace unas semanas, mientras los medios dirigían su atención a los secuestros en Ohio y a las inundaciones producto de la mala planificación, el noticiero independiente Democracy Now! sacó unos minutos para reseñar la inauguración de una pequeña fábrica en las cercanías de Chicago.

¿Por qué un medio alternativo internacional destaca una noticia como esta, que a primera vista parece pertenecer a la sección de negocio de un semanario local? ¿Por qué llamar la atención a esa cobertura?

En realidad, se trataba de la apertura de New Era Windows, una operación ubicada en Goose Island, cerca de Chicago, en el Estado de Iliniois. No se trata de una inauguración cualquiera. Es la culminación de un proceso de toma de consciencia, de lucha y de reivindicación que comenzó espontáneamente hace unos cinco (5) años.

En el año 2008, los empleados de la entonces Republic Windows and Doors recibieron el anuncio del cierre de operaciones y la notificación oficial de su despido. Sin embargo, aquella devastadora comunicación no incluyó detalles sobre el pago de los beneficios acumulados por parte de los obreros y obreras.

Republic Windows and Doors alegó entonces que no tenía los recursos para pagar y que Bank of America, institución con quien tenían sus relaciones bancarias, se negaba a darle un préstamo para poder cubrir el costo de los beneficios devengados por los y las trabajadoras.

La excusa, lejos de generar simpatías para “la fracasada” empresa, encendió la furia de los y las trabajadoras, pues unos meses antes el pueblo estadounidense había “rescatado” con cientos de millones de dólares del erario público al gigante bancario que ahora negaba el préstamo.

De pronto aquellos obreros y obreras no solo se encontraron enfrentados a su patrono, como el bíblico David (pero sin honda); también se enfrentaban al Goliat bancario. Si bien la Republic Windows and Doors aludía a “problemas económicos” para justificar el cese de sus operaciones y el no poder pagar lo devengado por los y las obreras, la realidad era que la familia dueña de la fábrica de ventanas ya tenía, bajo otro nombre comercial, otra operación en Chicago. En una movida típica del capitalismo, los dueños de Republic Windows and Doors pretendían aumentar sus beneficios acaparando parte del creciente negocio de ventanas y puertas en Iliniois, utilizando empleados temporeros y subcontratistas.

Molestos e indignados ante el hecho de que la notificación de despidos no vino acompañada de la liquidación económica devengada, los y las obreras, probablemente sin ningún plan y movidos por el furor del momento, rehusaron salir de su centro de trabajo sin la paga. Al cabo de unas horas y emulando sin saberlo a los campesinos y obreros españoles del 1936, el ímpetu que llevó a los y las obreras a su acción se fue organizando, las puertas se encadenaron desde el interior y se tomó la decisión, nadie saldría de la fábrica sin su dinero.

Así las cosas, siguiendo la tradición de los obreros de principio de siglo XX en Estados Unidos, se sentaron a esperar por la policía y que Dios repartiera suerte. En palabras del periodista Michael Moore, dio comienzo un “good old fashioned sit-down strike”.

Sin embargo, antes de que llegara la policía, llegó la prensa. La noticia del “sit-down strike” en Chicago se tornó viral en los medios de comunicación, captando el interés de la ciudadanía estadounidense, la cual indignada veía cómo su gobierno salía corriendo al rescate cuando se trataba de los bancos, pero ignoraba la situación cuando se trata de obreros. El virus mediático fue de tal magnitud que los políticos y los religiosos se unieron a los y las obreras.

De esta forma, políticos como el congresista Luis Gutiérrez, el entonces candidato Barack Obama y el obispo James Alan Wilkowski mostraron abiertamente su apoyo a los reclamos sindicales. Pero el apoyo de esos funcionarios tomó un segundo lugar ante la efusiva respuesta de los residentes de la Ciudad de los Vientos y de Estados Unidos los cuales se unieron a la protesta llegando diariamente con donaciones de dinero y comida.

De aquel grupo de trabajadores y trabajadoras despedidas surgía un grupo de obreros y obreras organizadas, sin jerarquías, sin jefes o patrones y sobre todo, decidiendo democráticamente los pasos a seguir.

Ante la presión pública y la creciente simpatía de los y las obreras, se rompieron los pies de barro de las instituciones capitalistas. Republic Windows and Doors y Bank of America anunciaron que llegaron a un acuerdo, por lo que los y las trabajadoras recibirían su dinero.

En medio de este proceso, una compañía de nombre Serious Energy tomó control de las instalaciones y las operaciones, reempleando a los y las obreras despedidas. Sin embargo, al cabo de un tiempo estos trabajadores se encontraron nuevamente ante la incertidumbre, pues a pesar de que su trabajo era productivo, las malas decisiones de negocios obligaban nuevamente el cierre de operaciones.

Pero esta vez, era diferente. Ahora los trabajadores y trabajadoras estaban claros en que “sí se puede”. Fue así como, con la ayuda y solidaridad de sus hermanos y hermanas trabajadoras de la United Electrical Workers Union, el apoyo de la organización The Working World y del Center for Workplace Democracy, estos trabajadores y trabajadoras piquetearon frente a los edificios donde se negociaba el futuro de sus empleos hasta que se les permitió sentarse en la mesa de negociación.

No solo se sentaron. Con la ayuda de sus organizaciones hermanas recaudaron suficiente dinero para comprar la compañía y ahora los despedidos eran aquellos a quienes no les importaba cerrar un centro de trabajo con tal de aumentar sus ganancias. Los trabajadores y trabajadoras que producían la ganancia haciendo puertas y ventanas ahora son los responsables de administrar y repartir las ganancias. Eso solamente es un ejemplo gigantesco para una sociedad donde cada vez más unos pocos acaparan las riquezas y solo distribuyen la pobreza que nos condena a la criminalidad.

Al mirar la cobertura de las noticias de la semana pasada tengo que concluir que nuevamente los medios dejaron caer la pelota. No estoy diciendo que la liberación de tres mujeres que por diez años sufrieron la tortura de un psicópata y la insensibilidad de una sociedad machista que ignoró todas las señales de que lo que estaba pasando no era importante. Claro que es importante y seguro que es noticia. Pero el que un grupo de personas se liberaran del proceso que los condenaba a sufrir la explotación y la incertidumbre que conlleva el no tener control de las decisiones que afectan su futuro económico es igualmente importante. Puede que el morbo inherente al secuestro hace de esa historia una más interesante, pero el trabajo de la prensa no es hacer importante lo interesante, es a la inversa. El trabajo de la prensa es hacer interesante lo importante.

En fin, que aun cuando la prensa no lo reporte, “sí se puede” y los obreros y obreras de New Era Windows Cooperative lo demostraron.

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