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El Blog de Gary Gutiérrez

Observador, documentador, fotógrafo callejero, bloguero y comunicador social. También comidista del bajo mundo culinario, abusador de cafeína e iconoclasta aspirante a ácrata y apóstata, comantenedor del programa Temprano En La Tarde todos los días a las 4:00pm por PAB550.COM

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"violencia social"

Sobre la violencia social, conversación con el colectivo FRECUENCIA SOCIALISTA


Conversación radial con el colectivo radial Frecuencia socialista sobre violencia social y pena de muerte:

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La violencia social en Puerto Rico: Del ‘jíbaro bueno’ al ‘derecho al celular’


 

Del ‘jíbaro bueno’ al ‘derecho al celular’

Por Gary Gutiérrez
Publicado orginalmente en la Perla Del Sur http://bit.ly/cWyaMT

 

“En momentos históricos difíciles para la fe, el jíbaro bueno de esta tierra llevaba, y lleva aún colgado de su cuello, el rosario de la Virgen María. Era la identificación de su fe”.

Con esas palabras pronunciadas por Juan Pablo II durante su visita a Puerto Rico en 1984, el fallecido obispo de Roma enfatizaba indirectamente la ilusoria imagen de un campesino dócil, respetuoso y humilde.

Esa misma es la imagen que de nuestros antepasados nos construyen y nos venden las escuelas, las campañas turísticas y los medios de comunicación.

Sin embargo, al escuchar ese discurso de “jíbaro bueno” me tengo que preguntar cómo es posible que una sociedad que tiene esos cimientos, tenga los niveles de violencia, soberbia y agresividad que hoy experimenta la Isla.

Partiendo de esa interrogante, lo lógico es preguntar también si ese “jíbaro bueno” realmente existió. Si como sociedad somos producto de la humildad y docilidad de las clases campesinas o si lo que somos es el producto de la frustración resultante del látigo del mayoral, de la explotación económica por parte de compañías extranjeras y locales o del más sofisticado sistema colonial visto en la historia.

Cuando se mira a las nuevas tendencias criminológicas, algunos estudiosos apuntan a que parte de la desviación social y la violencia pueden ser el resultado de la toma de conciencia por parte de los sectores explotados de la marginación a que son sometidos.

En las sociedades capitalistas de la modernidad tardía como la nuestra, explican estos académicos, se da un proceso de inclusión y exclusión social que no experimentó el llamado “jíbaro bueno”. Aquel mítico campesino que se sabía explotado y punto.

Su construcción social no incluía, como ahora se le impone a los sectores marginados, la necesidad de tener símbolos de opulencia y riquezas.

Tal vez por esta razón, a ese “jíbaro bueno” le fue más fácil refugiarse en la religión, la botella y en el propio trabajo como forma de reprimir la frustración producto de su marginación.

Justificaba y sobrellevaba así su infortunio que definía como parte de la vida que le tocó vivir.

Sin embargo en la actualidad la realidad es otra y para el joven o la joven que hoy se crían en una de esas comunidades marginadas, que eufemísticamente llamamos “especiales”, la realidad es diferente.

Su existencia, a diferencia de la del “jibaro bueno”, es producto de una forma de exclusión social que -además de castrarlo económicamente y condenarlo a una vida entre el desempleo y los empleos chatarra si tiene “suerte”- le impone otras cargas.

A diferencia de sus antepasados, a estos jóvenes se les “vendió” y “compraron” la idea de que no son explotados y que tienen derecho a los símbolos de la opulencia y éxitos del sistema.

Así las cosas, enormes sectores populares en nuestra Isla aparentan definir su vida en una lucha constante entre la realidad de su exclusión económica y la ilusión de su inclusión en el consumo de los símbolos de validez y poder.

A diferencia del “jibaro bueno”, estos seres compran el cuento de que “tienes derecho a un celular”, como decía una campaña publicitaria años atrás.

Ese proceso de inclusión y exclusión social que define a los sectores marginados en el Puerto Rico del Siglo XXI, se complementa con un proceso político paralelo para dar vida a una cultura de sobrevivencia del más fuerte o violento.

El sistema colonial que impera en la Isla se organiza para dar la impresión de inclusión mediante la participación electoral, mientras la verdadera toma de decisiones se produce entre los sectores de poder económico y financieros, de los cuales el pueblo está excluido.

El resultado es también una sociedad donde la inclusión electoral cumple con la apariencia democrática, mientras excluye al pueblo de los procesos en los que verdaderamente se decide el futuro económico y político del país.

Partiendo de esta “bulimia social”, como los sociólogos llaman a este proceso de “inclusión” y “exclusión” característico de nuestra sociedad, es fácil ver la diferencia entre el “jíbaro bueno” y los actuales sectores marginados, compuestos de guerrilleros urbanos que buscan la manera de alcanzar los símbolos sociales de riqueza.

El “jíbaro bueno” se sabía oprimido, estaba claro que no pertenecía y que no iba a pertenecer a los sectores más acomodados de la sociedad.

Tal vez por eso reprimía su violencia en espera de mejores tiempos o de la justicia divina prometida por los representantes de aquel carpintero que dijo, “bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

Para los marginados en el Puerto Rico de hoy el “reino de los cielos” es un concepto lejano e impertinente de su existencia que no les ayuda a comprar la ilusoria inclusión social que venden las megatiendas y los centros comerciales.

Una inclusión social que define con la tenencia de la más reciente tecnología celular, el más poderoso de los carros, la última moda en ropa o calzado de la marca adecuada o con el osito original o copiado.

Símbolos que requieren y proyectan una capacidad económica que para mucho sólo es alcanzable mediante actividades criminalizadas como la venta de drogas.

Ya que, según los criminólogos, la desviación, la violencia social y la criminalidad son herramientas utilizadas por los sectores marginados para ilusoriamente hacer frente al sistema que los oprime.

Digo ilusoriamente, pues lo que hacen realmente cuando se criminalizan es cumplir con la etiqueta que el sistema les impone para controlarlos socialmente.

Por tanto, a nadie debe sorprender que se registre un aumento en la violencia social y en la criminalidad como resultado de la polarización social, producto de las nuevas medidas neoliberales impuestas por los políticos de turno.

Dos más dos son cuatro. De igual forma, la exclusión económica sumada a la inclusión consumista produce una cultura de violencia y criminalidad.

Aquellos que impulsan y defienden las medidas económicas neoliberales en Puerto Rico refuerzan ese binomio de inclusión y exclusión, por lo que no pueden esperar que merme la criminalidad.

Tan simple como eso.

(El autor es criminólogo y profesor universitario. Para preguntas o comentarios puede escribir a garygutierrez@aol.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla )

Sobre libro Exclusión y Violencia por el estudiante del RUM, Michael G. Carmona Soto


Curso SOCI 4101 Criminología
Recinto Universitario de Mayagüez

Profesor: Dr. Michael González-Cruz

Introducción

EL libro “Exclusión y Violencia” es escrito por un profesor criminólogo llamado Gary Gutiérrez. Citando el libro, el mismo reúne en tres secciones la propuesta del autor para mirar la violencia y la criminalidad presente en Puerto Rico a partir de la segunda década del siglo veintiuno desde la mirada alternativa que posibilita la ‘nueva criminología’, entiéndase la criminología critica, que pretende cuestionar a la criminología tradicional desde la manera de ver al delincuente, hasta los mecanismos de control social (Gutiérrez-Renta, 2014). Como parte del curso de criminología SOCI 4101 el lector de este ensayo podrá apreciar algunos puntos importantes que Gary Gutiérrez presenta en su libro. El ensayo se estará estructurando por unas preguntas que los estudiantes, al igual que el profesor escogieron para llevar a cabo el ensayo. Las preguntas de referencia que se escogieron para este ensayo son las siguientes:

  • ¿Qué premisas se tomaron en consideración para elaborar la sociología del conflicto? P. 32
    ¿Cuáles son los propósitos principales de la ley según Kropotkin? Explica. P. 23
  • Según Máximo Pavarini, ¿en que día empiezan las angustias serias para el criminólogo?
  • ¿Cuál era el pensamiento o la visión de los conservadores y de qué manera consideraban la solución al acto criminal? Explique de qué manera los mismo veían a los humanos.

 

Ensayo

Gary Gutiérrez nos muestra un libro fascinante que nos permite entender desde un punto de vista social cómo es la criminología. Cada detalle del libro nos hace reflexionar acerca de la criminalidad, y en momento nos brinda la oportunidad de tener en mente una solución hacia este comportamiento. Por tanto, me gustaría empezar con una frase de Gary escrita en el libro; “Al fin y al cabo, se debe asumir que, como en la naturaleza, en la sociedad todo lo que se mantiene es porque para alguien le funcion”. Esta frase se repetía varias veces en mi mente cada vez que pasaba las páginas del libro, porque me hizo ver lo injusto y el abuso que tiene el gobierno con nosotros, manipulándonos mediante la criminalización. Por tanto, es increíble que el estado que tiene un poder incalculable puede utilizar este comportamiento como una ventaja para obtener más poder. Poder que se convierte en un conflicto social que parten de tres premisas que apuntan a que; la sociedad no es estática y siempre está en cambio y que en toda sociedad habrá sectores que promuevan ese cambio, la segunda premisa; que el conflicto, la falta de consenso, es intrínseco a todos los sistemas sociales, (no hay sociedades, o relaciones personales que no experimenten conflictos). Finalmente, y probablemente lo más importante para efectos de este trabajo, la coerción resultante de que unos individuos tengan más poder social que otros es un elemento siempre presente.

Tomando como referencia la última premisa, en donde el poder social tiene la oportunidad de obtener más que otros individuos, me refiero a la clase pobre. Ayuda a entender por qué la criminalidad verdaderamente funciona. Cuando tuve la oportunidad de ir a la conferencia de Gary en el RUM, acerca del libro “Exclusión y Violencia” aclaré esta gran pregunta escuchándolo con una mente abierta. Una de las partes de la conferencia él menciona y abunda más sobre los que son los propósitos principales de Kropotkin, lo mencionó de una manera diferente. El primer propósito es proteger la propiedad privada, y hago un alto este primer propósito porque Gary nos menciona que es el propósito más importante y el que empezó la implementación de un proceso de seguridad. Hace mucho tiempo atrás los policías no eran parte de un gobierno, los famosos policías solamente protegían los bienes de los ricos. Al ver el estado esto tan importante ellos optan por hacerlo parte de un plan gubernamental. Aquí es donde llega el segundo propósito de Kropotkin, proteger el estado y al rico. “Las leyes del estado lo que protegen son las estructuras que legitimen -no criminalizado- las acciones de quienes se benefician del trabajo y la producción de otros”. Pero como había mencionado anteriormente el estado no solo tiene una protección, sino que también crea una manipulación. El estado muestra el tercer propósito como modelo de voto, y es “proteger a la persona”, hacerla sentirse segura porque andamos con miedo de que la criminalidad nos arrope.

Abarcando más sobre los oficiales de seguridad (policías) me impresiono mucho como Gary los describe con una Visión Conservadora Cristiana en donde el individuo es un ser pasional que “no tiene control por herencia del pecado original”. La alternativa ante el crimen es la vigilancia, la mano dura, y el castigo severo y humillante para que se controle. Esta visión se basa en el respeto a los valores, la autoridad y la religión. (Jimenez, 2015) Después de Gary describirme a los oficiales de esta manera pude entender porque algunos policías tratan a las personas marginadas con arrogancia y comportamiento agresivo.

Durante todo este estudio de la criminología con el estado, los criminólogos entendieron que la sociedad no es producto de consensos o procesos democráticos. Aquí fue el día en que el criminólogo tuvo que rendirse a la evidencia de que las definiciones legales de criminalidad y de desviación no coinciden con la opinión mayoritaria de los que debe ser justo y de lo que debe entenderse injusto. (Pavarini, 2003) Es de aquí que Pavarini entiende que la criminología comienza a cuestionarse en su rol en la sociedad burguesa productora de la modernidad, así como la forma en la legitima el estatus quo. Este proceso llevo a estos criminólogos a un dilema.

Gary mostró tener un conocimiento invaluable que habla desde un punto de vista bien estudiado socialmente. Leer su libro es una manera de entender el mundo represivo en que vivimos hoy en día. Puerto Rico más que todo debería tener este tipo de lectura a la mano para así entender muchas cosas que a veces somos ciegos y no nos damos cuenta. “Exclusión y Violencia”, abrió mis ojos vendados de cosas que uno pensaría como correctas o normales.

Citas

Gutierrez-Renta, G. (2014). Exclusión y Violencia. Ponce, PR: Marian Editores

Jimenez, R. E. (2015, Enero 31). Presentacion del libro Exclusión y Violencia. Retrieved from Scrib: https://www.scribd.com/document/254356443/Presentacion-del-Libro-Exclusion-y-Violencia

Pavarini, M. (2003). Control y Dominación: Teorias criminológicas bruguesas y el proyecto hegemónico. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Austeridad puede desembocar en violencia


Laura M. Quintero, EL VOCERO
Originalmente publicado en el periódico El Vocero de Puerto Rico
por: Laura Quintero, EL VOCERO

 

Un criminólogo y un trabajador social condenaron ayer las declaraciones del presidente de la Junta Federal de Control Fiscal, José Carrión III, por considerar que la afirmación que hizo el miembro del organismo federal de que el pueblo está preparado para más medidas de austeridad, es clasista y está completamente disociada del sufrimiento de la clase trabajadora.

“Curiosamente, las personas que nunca experimentan la austeridad dicen que los que la tenemos que experimentar, vamos a entender. Estas personas, por su posición privilegiada, no han tenido que enfrentarse a la necesidad que experimenta la clase trabajadora. Son expresiones disociadas del pueblo”, comentó el presidente del Colegio de Profesionales del Trabajo Social de Puerto Rico, Larry Emil Alicea.

“El pueblo no está preparado para sufrir un recorte en un salario mínimo, que ya está por debajo del nivel de pobreza”, coincidió el criminólogo Gary Gutiérrez, al nombrar el ejemplo de una jefa de familia con dos trabajos, quien tiene que vivir con sus padres porque el salario mínimo no le da. “Es una visión clasista de este señor”, criticó.

En otras jurisdicciones, la gente se ha lanzado a protestar a la calle ante la reducción de jornada, el recorte de beneficios, de pensiones y de los servicios de salud, recordó. “Lo que ha resultado de este tipo de movidas es las protestas en la calle y la respuesta violenta del Estado en la calle”, alertó Gutiérrez.

Aunque comentó que en Puerto Rico no se dan las condiciones para aumentar los choques violentos en la calle, eso no quiere decir que no aumenten los conflictos, pues siempre que suben los niveles de ansiedad, aumenta la violencia; ya sea la violencia de género, intrafamiliar o entre vecinos.

La posición del Colegio de Profesionales del Trabajo Social de Puerto Rico es que cualquier plan fiscal que vaya a certificar la junta tome en consideración los derechos humanos, por lo cual están a favor de auditar el crédito público, descartar el pago de la deuda ilegal y preparar un presupuesto cuya prioridad sea la gente, comentó Alicea.

De lo contrario, dijo que redundará en la precarización del empleo, la privatización del patrimonio público y la reducción de servicios sociales. “Las transformaciones sociales siempre se basan en torno a la resistencia”, comentó Alicea al llamar a la desobediencia.

Por su parte, el presidente del Sindicato Puertorriqueño de Trabajadores, Roberto Pagán, destacó la ironía de que mientras siguen imponiendo medidas de austeridad a la clase trabajadora, han aumentado las exenciones contributivas a los sectores más pudientes.

“Esas medidas no han funcionado desde 2007. No van a funcionar ahora. Nuestro pueblo no aguanta ni una medida de austeridad más. Corroboramos con esas expresiones que la junta va a imponer más sufrimiento al pueblo para pagar una deuda que ha sido adquirida con una irresponsabilidad de múltiples sectores”, comentó el también presidente de la Comisión de Auditoría Integral del Crédito Público.

Apagón y violencia


Por Gary Gutiérrez

Hay veces que una pregunta abre la puerta a la respuesta que no era.

Me refiero a que en medio de la situación de emergencia que sufrió la isla tras el colapso de su sistema eléctrico, una estación de radio de la Florida central me llama para preguntarme cómo se comportó la ciudadanía.

La interrogante surge de la experiencia con situaciones similares en Estados Unidos, donde en más de una vez, el colapso de sistema eléctrico resulta en el despliegue represivo del Estado ante la violencia, los motines, las reyertas y los saqueos que se producen.

Después de todo, la inmensa mayoría de los pobres en esa nación, como en otras industrializadas, utilizan cualquier anomalía que demuestre vulnerabilidad sistémica para desatar un frenesí carnavalesco que les haga sentir ilusoriamente poderosos y en control de su vida y su derredor social o físico.

Ante la inesperada y publica interrogante, contesté en medio de un torbellino de ideas que surgen en mi cabeza.

“No, el pueblo dio ejemplo de civismo, auto control y solidaridad” digo dándole más valor a los hechos positivos que al “despelote” vehicular que se reportó durante las primeras horas de la emergencia.

Cuando viene al comportamiento observado durante esa emergencia, el balance tiene que ser positivo. En términos generales, y comparado con lo que ocurre en Estados Unidos durante situaciones semejantes, el país se portó bien.

Sin embargo, y en la mejor tradición de la llamada criminología crítica, mientras trataba de contestar la interrogante periodística, lo que salió de mi boca fue: “la gente se portó bien, a diferencia del establishment que lleva décadas desatando la violencia económica con el país. Violencia económica de la cual este apagón es solo otro ejemplo.

Digo en la tradición de la criminología crítica, pues es una visión académica que estudia la desviación y lo criminal desde el orden social donde se produce.

Es interesante el interés que los medios de comunicación muestran en las expresiones burdas de la violencia callejera o doméstica, mientras ignoran, invisibilidan o redefinen la sutil violencia económica que diariamente afecta a un número mucho mayor de personas.

El que la clase política, unos por acción y otros por omisión, saquearan por décadas el país mediante esquemas de inversionismo político, eso no se define como violencia.

Los medios de comunicación no construyen como violencia que, mediante la privatización, se pongan al servicio de la ganancia privada los servicios primarios que se supone el Estado moderno brinde a sus ciudadanos.

Mucho menos es violencia para los medios, el que esa misma clase política tomara prestado para obras que no se necesitaban, o que podrían realizarse de forma menos pomposas o extravagantes. Dinero prestado que terminó, como forma de repago mediante contratos privados, en los bolsillos de los inversionistas político.

Es decir, nos enseñan a no ver como violencia que la clase política tomara prestado en nombre del pueblo mucho más de lo que se necesitaba, sabiendo que no podíamos pagarlo y sabiendo que, de forma legalizada, terminaría siendo robado por ellos para pagar a sus inversores.

Al contrario, como acólitos del orden, los medios venden ecomo la solución sos procesos de repago al inversionista político mediante la privatización como la solución a la actual crisis económica, que recordemos  fue creada por los excesos resultantes de los mismos procesos de privatización antes detallados.

Si definimos libremente la palabra violencia como el uso de fuerza física o emocional “para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo”[i]; entonces podemos decir que violencia no solo es lo que se pude ver en las calles cuando el pueblo se levanta en un frenesís de empoderamiento carnavalesco.

Violencia también es ese orden social a beneficio del capital que nos han normalizado al punto de que ya no la vemos como causa de daño sino como solución a los mismos.

[i] https://www.google.com.pr/search?q=indice+desigualdad+mundial&ie=utf-8&oe=utf-8&gws_rd=cr&ei=hnDqV6rWO8at-QHvjo2ABw#q=violencia+definici%C3%B3n

Promesa o moratoria, vendrá violencia…


Foto tomada de Juventud Trabajadora
Por Gary Gutiérrez

Sea con una Junta Federal de Control Fiscal o con la Ley de Moratoria aprobada en la Isla, el manejo de la deuda gubernamental en Puerto Rico tiene altas posibilidades de terminar en violencia.

Al hablar de violencia, no necesariamente se trata de la violencia política producto de protestas, marchas, acciones directas, o confrontaciones callejeras con el Estado, como las que algunos sectores ya han adelantado o convocado. Después de todo, la violencia “consciente” no es un rasgo prominente en la cultura política de las pasadas generaciones de puertorriqueños. 

La violencia de la que se habla en el párrafo que abre este escrito es de un aumento en la agresividad social “inconsciente”, la violencia difusa, como, la agresión intrafamiliar, las disputas vecinales o las controversias criminales relacionadas, por ejemplo, al narcotráfico.

Si la criminalidad y la violencia social se analiza desde el ensayo ” Exclusión y Violencia”, publicado por Mariana Editores en el 2014, ambas se verán como el resultado esperado de las políticas neoliberales impuestas en Puerto Rico por las pasadas administraciones de ambos Partidos principales.

Regresando a las propuestas, es decir la “Junta” o la ” moratoria”, es lógico pensar que el proceso que ambas proponen para “enderezar” las finanzas será el resultado de la misma visión neoliberal, lógica de protección al sector financiero y capitalista que domina el orden social tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos. Por lo que se debe entender que serán los sectores más vulnerables y pobres los que, bajo esa lógica, tendrán que cargar el peso económico y social de la llamada recuperación. Sectores que, de paso, son los que menos responsabilidad deberían tener sobre la deuda, pues son sectores que ni tomaron, ni entendieron las decisiones de hacer los préstamos.

Desde esta perspectiva se puede concluir que las políticas públicas que se impondrán bajo cualquiera de estas leyes, tanto la que a nivel federal crea la “Junta”, como la que a nivel local autoriza la “Moratoria”, son medidas de protección al capital que a su vez terminarán produciendo las condiciones de exclusión social para que explote la violencia social y criminal. 

Es difícil que sea de otra manera, pues tanto la “Junta”, como la “Moratoria”, básicamente son leyes de excepción que terminan concentrando el poder en unas pocas manos, so color de la urgencia para que se tomen medidas económicas dolorosas que serían imposibles siguiendo el proceso marcado por la legalidad que regularmente ordena la sociedad.

Para comenzar, ninguna de las propuestas deja meridianamente claro quiénes serán los “más que humanos” que tomarán las decisiones. Tampoco dejan claro, cuál es la prioridad para determinar quiénes cargarán el peso de ese proceso. Pero sobre todo, no definen qué se entiende con eso de “ordenar” las finanzas del País. No obstante, es lógico pensar que el proceso de ” enderezar” las finanzas se hará desde la neoliberal lógica, que como se explicó, es de protección al sector financiero y capitalista, que en este momento caracteriza al sector burócrata y financiero de donde saldrán esos “más que humanos”.

Asimismo parece correcto pensar que ambas medidas crean unas figuras jurídicas que, como el Jesús bíblico, no vienen a cambiar la ley, vienen a cumplirla. Es decir, no vienen a cambiar la sociedad para una más productiva desde la inclusión y la justicia social y económica. 

Vienen a reafirmar y hacer cumplir la excluyente lógica neoliberal que, no tan solo creó la crisis fiscal y propició la deuda, es el caldo de cultivo para que la criminalización y el narcotráfico sean unas de las principales opciones de trabajo en Puerto Rico. Igualmente vienen a reafirmar las condiciones económicas que crean ciudadanos desvalorizados y frustrados que pueden ver en la violencia social la manera de canalizar o manejar su percibido fracaso.

En resumen, que si el sendero que marque cualquiera de estas alternativas, la “Junta” o la “Moratoria”, no es uno que asigne responsabilidades, tanto a la clase política por la corrupción y el desarrollo del clientelismo político, como al sector financiero por manipular esa clase política en función de explotar el patrimonio económico del país, el resultado será la reafirmación del orden social excluyente que, como se explicó, termina produciendo criminalidad y la violencia.

Columna de Hiram Guadalupe: Violencia y sociedad


Esta semana, en la sala de un juez de la corte federal en Puerto Rico, un exponente de música rap de poca monta sintió sobre sus hombros un veredicto que, más allá de condenarle por el delito de poseer un arma mutilada, consideró el contenido lírico de una de sus canciones.

Contrario a la guía de sentencias sugeridas en casos como este, y lejos de la recomendación del fiscal a cargo, el juez José A. Fusté le impuso a este desconocido intérprete una pena máxima que llegó antecedida de una arenga moralista en torno al problema de la violencia en el país.

El juez aprovechó la ocasión para aderezar el dictamen con su opinión sobre la ráfaga de tiros que la noche antes paralizó un tramo de la avenida 65 de Infantería en Río Piedras, resultado de una pugna entre los puntos de drogas que operan en los residenciales aledaños.

“Puerto Rico se ha convertido en un país violento tercermundista, peor que México y Guatemala. Es un país tercermundista con código postal”, dijo el juez, quien vinculó su fallo al impacto que, alega, provocan en la sociedad las canciones con letras fuertes que aluden a la violencia.

Son repudiables las canciones que incitan a cualquier actividad violenta, desde las que fomentan la agresión y el terror callejero, las que provocan la violencia machista y las que se nutren de versos que inducen a prácticas sexistas, xenófobas y homofóbicas.

Todas son condenables, mas no creo que sean agravantes para establecer sentencias judiciales. En el caso aludido, el acusado debe pagar por el delito cometido y no por lo que ha decidido cantar.

Pero más allá del dictamen, llamó la atención la simpleza con la que el juez se aproximó a editorializar el problema criminal que nos azota, con un sesgo de prejuicio social contra quienes menos posibilidades de ascenso social han tenido. Cierto es que el crimen nos ha secuestrado.

A cualquier hora y en cualquier lugar nos exponemos a presenciar una actividad violenta. Para los incrédulos, sepan que lo sucedido esta semana en Río Piedras no es una experiencia novel en esa ni en otras comunidades de la Isla.

Estamos ante un fenómeno complejo que por más campañas que clamen por la mesura y prudencia ciudadana no asoma atisbos de desaparecer mientras no resolvamos las raíces de los problemas que lo generan.

Ahí está el desafío: atender la violencia explorando las bases económicas, políticas e ideológicas que han causado el deterioro de nuestra estructura social.

Destaca el criminólogo Gary Gutiérrez: “Señalamos las políticas públicas neoliberales, y el bulímico orden social resultante de las mismas, como la razón principal para el aumento en la violencia, social y criminal. Mientras más personas se sientan impedidas de alcanzar las metas sociales impuestas por la ideología dominante, mayor será el número de aquellos que miren a la criminalidad como una forma de alcanzar las mismas… mayor será el número de los que recurran a la violencia como una forma de manejar las frustraciones producto del sentimiento de exclusión e incapacidad económica”.

Se trata de abordar la violencia enfrentando la pobreza económica y cultural; la falta de viviendas y espacios productivos para el ocio; la ausencia de estrategias para la sana convivencia; el desempleo y la precarización laboral; los problemas de acceso a servicios de salud; y el cierre arbitrario de escuelas.

Tenemos, además, que erradicar los efectos indeseados del culto a la violencia del que somos víctimas, y eso incluye desde la violencia social inducida por el Estado, la glorificación al ataque físico y verbal que promueven producciones radiales y televisivas y la distribución entre nuestros infantes y jóvenes de artefactos altamente violentos disfrazados de material recreativo, como armas ficticias y juegos electrónicos que hacen loas al crimen y la delincuencia.

Es un problema complejo. Su atención requiere alterar muchos paradigmas de nuestro orden social y económico, mas falla el gobierno en su indisposición y falta de voluntad.

Hiram Guadalupe @hiramgp

Palabras de Néstor R. Duprey Salgado en la presentación del libro: Exclusión y violencia: breve mirada a la criminalidad contestataria en el Puerto Rico del Siglo XXI


Foto: Reinaldo Millán Quiñones
Foto: Reinaldo Millán Quiñones

Buenas noches a todas y a todos.

En la conversación nacional son muy pocas las voces que desde una mirada crítica pretenden romper con el discurso establecido y rutinario sobre los asentados problemas del País en búsqueda no de discutirlos sino de entenderlos como paso previo para intentar resolverlos. En esa ruptura con lo que un amigo, ponceño como el autor del libro que me honro en comentar hoy, bautizó como “infotainment”, las intervenciones del amigo criminólogo, periodista, notorio sibarita y bueno en el sentido bíblico de la palabra, Gary Gutiérrez en la “plaza pública virtual” de los medios tradicionales y las redes sociales son una parada en medio de la inmediatez, la banalidad y la superficialidad entretenida pero inútil para intentar comprender un problema complejo que apunta a una realidad dolorosa sobre nuestra condición social.

PFile 8-19-15 1 47 14 PMor eso me honra el poder compartir con ustedes unos comentarios a manera de provocación sobre el libro Exclusión y violencia: breve mirada a la criminalidad “contestataria” en el Puerto Rico del siglo XXI. Al hacerlo, confieso de entrada que no soy ni de lejos un experto en los temas que aborda Gary en su libro. Por lo tanto no esperen de mi un análisis científico y todológico, de todólogo, del texto. Mi mirada y acercamiento al trabajo del profesor Gutiérrez es uno desde la periferia de la vivencia y la observación como método de comprensión y motivador de la acción que asumo desde mi condición de analista y actor en nuestro drama colectivo.

Luego de noviembre del 2011 visite por primera vez como sujeto de un proceso judicial una sala del Tribunal Superior de San Juan, en Hato Rey. Allí, dentro de una situación muy particular pude observar y analizar el espacio sociológico en que se mueve la interacción de los sujetos de un particular proceso judicial. Un grupo de profesionales, médicos, abogados, universitarios, todos residentes de sectores identificados como habitados por personas de afluencia económica, habían sido objeto de escalamientos en sus residencias en los cuales sus vidas habían estado en peligro. Los asaltantes, dos jóvenes entre las edades de 21 y 30 años, eran residentes de un sector rural del área metropolitana en su mayoría habitada por personas de escasos recursos económicos. Los asaltantes habían escalado estas residencias porque “sabían aquí hay chavos”. Lo curioso es que con el producto de sus escalamientos habían decidido alquilar una lujosa suite en un hotel del área de Isla Verde que habían convertido en almacén de su botín y centro de sus vidas paralelas. Sin embargo, al observar a su familia, estos representaban el perfil paradigmático de las comunidades pobres del País: madre que apenas debía tener entre 35 a 40 años, abuela que no debía tener más de 50 años, esposa que no debía tener más de 21 años y un grupo de niños que aparentaban tener poca o ninguna escolaridad, al igual que sus padres y parientes. Los perjudicados, no ocultaban su mezcla de desprecio y rabia al verse envueltos en un proceso “con esa gente”, cuando ya el haberse visto con un revolver empuñado por una mano nerviosa apuntando a la sien por más de veinte minutos y luego tener que revivir una y otra vez ese drama para luego de numerosas suspensiones judiciales finalmente pudiese verse su caso entendían ellos era esfuerzo suficiente que los perpetradores de los escalamientos debían pagar “pudriéndose en la cárcel”.

Este retrato de una situación ejemplificadora del drama individual tras el fenómeno social de la criminalidad puedo hacerlo con cierto nivel de detalle porque yo fui una de esas personas que sufrió la privación de su libertad y vio amenazada su vida.

Solo desde una comprensión de la dimensión social del fenómeno de la criminalidad, sus raíces y sus consecuencias más allá de las estadísticas podemos entender el fenómeno social de la conducta definida como delictiva más allá del resentimiento y la venganza, más allá de la atomización social y la adopción de los códigos de la guerra traducidos a la cotidianidad que desde el estado y desde la conversación social se pretenden entronizar como “análisis del crimen”.

El libro de Gary Gutiérrez, que consta de 108 páginas de texto divididas en un prólogo y tres partes acompañadas de una bibliografía sobre el tema, se enmarca dentro de la escuela de pensamiento y análisis de la “criminología crítica”. La misma es definida en la primera parte del libro por el autor como una nueva perspectiva desde donde mirar la desviación, lo criminal, la criminalidad, los desviados o los criminales, entendiendo estos no como un fenómeno de conducta antisocial del hombre y la mujer, sino como producto y productor cultural de la sociedad en que se produce. Por eso el enfoque de este trabajo es centrase en el entendimiento y discusión del orden social que produce la desviación criminal.

Derivado de esta visión es el entendido de que la definición del concepto del delito es producto de las estructuras de poder en una sociedad para garantizar sus intereses, surgiendo a partir de esa definición un discurso sobre los criminales, el crimen y la criminalidad que responderá más a consideraciones ideológicas entendiendo ideología como la construcción de una mirada justificadora de un orden social más que como una interpretación sociológica, donde el origen del delito se ubica en la estructura social y no en el individuo. En este capítulo, como en el resto de la obra, resulta refrescante la lectura en clave ácrata del autor de la realidad puertorriqueña, ubicándose en la antigua tradición anarquista que está presente en la historia de las reivindicaciones sociales en Puerto Rico desde finales del Siglo XIX.

Echando mano de la discusión realizada tanto por el anarquismo como por el marxismo originario sobre la relación clase, estado, producción e individuo como sujeto social, el autor deconstruye el discurso socialmente prevaleciente en la conversación sobre el tema de la criminalidad y su proyección desde el aparato ideológico estatal, identificando sus tendencias más significativas:

Photo 8-27-15 6 34 56 PMSi usted no se centra, se ajusta, o incluso “se cura”, e insiste en no comportarse como blanco, varón, propietario, heterosexual y cristiano, y en ese proceso, viola o se proyecta como posible violador de esos valores o normas que el blanco, varón, propietario, heterosexual y cristiano ha elevado a nivel de ley penal escrita, a usted se le etiqueta como delincuente o criminal y con usted trabaja el aparato represivo estatal.[1]

Dentro de las colindancias que estas distinciones establecen, el autor sostiene que la sociedad es una en permanente conflicto dentro del orden capitalista, donde la subordinación y explotación genera una respuesta “contestataria” de los sectores desplazados de la riqueza y el poder.

A partir de la definición del marco teórico en que se inscribe el análisis, el autor pasa a discutir las particularidades de la sociedad puertorriqueña y el acercamiento desde el estado al problema. Para Gutiérrez, la implementación en Puerto Rico a partir de la segunda década del siglo XXI del modelo neoliberal, entendido como el estado visto como un ente al servicio de la política económica en beneficio del sector bancario-financiero, así como el deterioro del orden colonial han llevado a un recrudecimiento de las políticas de exclusión y castigo de la conducta definida desde el estado y el discurso oficial como criminal, siendo el estado el instrumento de coerción social y garantía de la eficacia de las políticas de preservación del orden social capitalista-neoliberal-colonial:

…tanto la violencia como la criminalidad son parte esencial para el mantenimiento del estado colonial neoliberal imperante en Puerto Rico. Aplicando los principios de esa criminología (critica), se pudiera preguntar entonces si el Estado, representando los intereses del capital y las clases poderosas, utiliza el violento discurso sobre la criminalidad como una herramienta para justificar el control social y el mantenimiento de un orden basado en la subyugación económica.[2]

Para el autor, el desarrollo de esta política desarrollada desde este sistema que define como colonial, machista y capitalista, es una fórmula para el desastre que produce un clima de frustración que conduce a la violencia a los sectores excluidos y un sistema de leyes que terminan criminalizando esos sectores, produciendo a su vez un proceso de criminalización que lleva al estado a gastar miles de millones de dólares en el sistema penal y criminal, en medio de un proceso pendular de implementación de políticas que difieren de grados, oscilando entre la “mano dura” y el “castigo seguro”.[3]

La segunda parte del libro discute lo que el autor define como la “tripolaridad sistémica” donde discute los discursos provenientes de tres corrientes que permean la visión dominante sobre el tema de la criminalidad en Puerto Rico: el enfoque clásico, asociado a los orígenes del capitalismo y el surgir de la burguesía como clase dominante, el enfoque cristiano conservador y la influencia que esa corriente en el entorno norteamericano ha tenido en Puerto Rico y el enfoque del positivismo científico, en donde el autor entiende se pretende barnizar con “objetividad” lo que es, desde la ciencia y el derecho, un soporte ideológico del orden capitalista y los intereses de la clase dominante.

Tomo aquí distancia del análisis del autor en cuanto al carácter “conservador” de cierto discurso de origen cristiano. Aunque es innegable el hecho de que bajo la ancha cúpula de la Iglesia se han ubicado posturas y justificado acciones claramente retardatarias, no debe desconocerse que junto a este discurso han coexistido a través de los tiempos visiones alternativas que partiendo del mismo cristianismo proponen una visión humanista de raíz cristiana y reivindicadora de la dignidad de la persona frente a la desvalorización y cosificación a la que es reducida por el orden capitalista. Desde los originarios demócrata cristianos del Siglo XVIII que sufrieron la persecución de la Iglesia por su defensa de la democracia frente al matrimonio del trono y el altar, hasta los filósofos personalistas franceses de la década del ’30 del Siglo XX, particularmente Emmanuel Mounier y Jacques Maritain, hasta los mártires y defensores de los derechos humanos en Latinoamérica y África afirmados en una lectura liberadora del Evangelio. Es en esa colindancia del humanismo secular y el humanismo cristiano en defensa de la dignidad de la persona frente a la cosificación capitalista que se ancla a mi modo de ver la futura convergencia social superadora de siglos de explotación y enajenación.

Por otro lado, el análisis del profesor Gutiérrez llega en un buen momento, al menos para los que quieren informarse antes de decidir de cara al próximo proceso electoral y no acuden seducidos por el hipnotismo publicitario a emitir su voto. ¿Servirá el repaso del fracaso de la política de castigo y represión como amarga advertencia del camino trillado que no debe volver a recorrerse? El fracaso de la actual administración en implementar un enfoque salubrista al problema de la adicción a drogas y el combate a la industria del narcotráfico, que son dos cosas diferentes, es un prólogo cruel de lo que es capaz el complejo económico-religioso-mediático en su afán de mantener el status quo y el negocio derivado de la industria del narcotráfico, la venta y tráfico de armas, el lavado de dinero y la venta de influencias así como la industria de la falsa rehabilitación.

La lectura de este segundo capítulo del libro debería ser lectura más que obligada para todos los que desean enfrentar el reto de la transformación social del país, que comienza por entender que junto con la crisis política y económica vivimos una crisis social cuyas raíces se encuentran en un modelo económico y social que perpetua la desigualdad, la dependencia, la enajenación y sobre todo la despersonalización en aras de la individualización mercantilista y consumista de la persona humana, despojándolo de su inherente dignidad y convirtiéndolo en un mero objeto del mercado y una estadística, sin hablar de los que van quedando a la vera del camino en eso que el Papa Francisco ha llamado con sabiduría y dureza “la cultura del descarte”.

En la tercera parte del libro, titulada sugestivamente “Mirada desde adentro”, Gutiérrez se transforma de criminólogo a cronista de guerra, discutiendo desde la perspectiva de la criminología critica el clima de guerra social que entiende se vive en Puerto Rico, donde vemos el choque de dos violencias: la violencia represiva y protectora del orden social que proviene del estado y la violencia contestataria y alternativa de los sectores marginados, que buscan medios de inserción en la economía capitalista adoptando sus propios códigos en el mundo de la llamada economía informal y a la vez contestando con igual o mayor violencia lo que entiende es la represión y reacción del estado. Ahí el autor, mostrando trazos de su “vida anterior” como acucioso periodista criado en las comandancias de policía de la región sur, discute la representación del discurso sobre la violencia, la criminalidad, los pobres, la ley y el orden desde los medios de comunicación. Ya en el plano de la sociología, recomiendo la lectura de la discusión sobre el proceso de “bulimia social”, y como la sociedad ingiere, vomita y produce como residuo de su propia ignominia un ser desvalorizado frustrado y fracasado en ambas puntas de la guerra entendida como cambo de batalla de los desechos del deterioro social.

Luego de la impactante lectura por lo real y por lo proféticamente crítica de su mirada a la sociedad que nos ha tocado vivir, el libro de Gary Gutiérrez es un llamado a, parafraseando al evangelista favorito de este comentarista, conocer la verdad de forma tal que la verdad nos haga libres. Libres de un discurso y una política que solo conduce al fracaso y el ahondamiento de las causas de la pobreza estructural que es cardo de cultivo para el deterioro que nos ha llevado hasta aquí.

Le agradezco a Gary la oportunidad que me dio de leer su libro, y recomiendo con entusiasmo su lectura, de forma tal que comencemos el proceso de poder entender que los rostros que desfilan en el drama colectivo de nuestra guerra social etiquetada como “criminalidad”, no son más que reflejo de una sociedad descompuesta por exceso de injusticia en su seno y que la “cura” está en una dosis de justicia y equidad sin adulterar ni endulzar artificialmente con falsas nociones de bienestar.

Gracias Gary, en fin, por ayudarme a entender que en aquella sala del Tribunal de Hato Rey, todos éramos víctimas. Buenas noches.

[1] Gutiérrez, p. 31.

[2] Ibid. p. 41.

[3] Ibid. p. 41-46.

Sobre Exclusión y Violencia @ Conocimiento y Acción Solidaria, 7 de febrero de 2015


Economista Luis Rey Quiñones Soto Y Rolando Emmanuelli Jiménez
Published on Feb 7, 2015

Grabación del programa:

#36 Programa de Radio Conocimiento y Acción Solidaria 7 de febrero 2015

El libro Exclusión y Violencia del Profesor Gary Gutiérrez Renta

 

Para escuchar la ponencia en YouTube
Para ver el programa en YouTube

Anfitrión Rolando Emmanuelli Jiménez con el Economista Luis Rey Quiñones Soto

Programa de Radio Conocimiento y Acción Solidaria
Todos los sábados a las 7 de la mañana, y los domingos a las 4 de la tarde por WPAB 550 en el cuadrante de su radio en Puerto Rico.

Mediante análisis y entrevistas a personalidades y expertos en los temas, impulsaremos proyectos alternativos socio-económicos que fomenten el crecimiento y bienestar del país. Esto lo lograremos mediante la identificación y asesoramiento de la inversión interna, externa, pública y privada, desde la perspectiva de la solidaridad, que pueda responder a las necesidades sociales de Puerto Rico.

Por WPAB 550 en el cuadrante de su radio en Puerto Rico.
Por Lcdo. Rolando Emmanuelli Jiménez, J.D., LL.M.
rolando@bufete-emmanuelli.com

 

http://youtu.be/gBFtI9DUciA

Publicado en el Post Antillano: Nueva visita al libro “Exclusión y Violencia” de Gary Gutiérrez


Para leer en El Post Antillano

Cepe
José Raúl Cepeda Profesor de Justicia Criminal

Por JOSÉ R. CEPEDA BORRERO

“Exclusión y Violencia”, la reciente publicación del veterano periodista, fotógrafo, comunicador y, como el mismo se define, observador social, Gary Gutiérrez, propone una mirada diferente al reto que representa el crimen y la violencia en la sociedad puertorriqueña contemporánea.

En su característico estilo, entre periodístico y didáctico, Gary Gutiérrez nos plantea que la sociedad capitalista en que vivimos es una excluyente, y que la violencia que a diario experimenta el País es producto o consecuencia de esa exclusión.

Por décadas, quizás a partir de la implantación en la década de los años setenta de la política prohibicionista contra las drogas en Estados Unidos, Puerto Rico ha experimentado lo que muchos perciben como un espiral ascendente de violencia.

Los medios de comunicación corporativos se hacen eco de esa percepción y las administraciones gubernamentales se suceden apostando a los mismos métodos como alternativas sin alternativas para atender la creciente preocupación pública por la violencia.

En este libro de apenas 108 páginas, Gary Gutiérrez nos propone una hipótesis diferente que deja de lado las estrategias de la prohibicionista guerra contra las drogas y se adentra en el contexto económico, social y político para entender el problema de la violencia como resultado de un sistema que consistentemente segrega grandes sectores de la sociedad de las posibilidades de participar de los beneficios a los que solo unos pocos tienen acceso.

Esto, según Gutiérrez, provoca que muchos en esos sectores marginados recurran a participar de actividades criminalizadas como una forma de sentirse en control de su entorno social y económico.

Ya como parte de una industria criminalizada o como resultado de la frustración ante la incapacidad de participar, la violencia se convierte en una válvula de escape.

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Gary Gutiérrez Autor de Exclusión y Violencia

Esta mirada de Gutiérrez, está sólidamente fundada en las corrientes más contemporáneas de la criminología, particularmente en la criminología cultural, parte de la corriente crítica que incluye miradas regionales, de raza y de género al problema del crimen.

La criminología cultural surge en la década de los años noventa dentro de los movimientos de criminología crítica y es encabezada por los eruditos británicos Jock Young, recientemente fallecido, Keith Hayward y John Muncie, y por el norteamericano Jeff Ferrell. Esta corriente aunque aún joven ya encuentra eco en las voces latinoamericanas del nicaragüense Luis Fernández y el argentino Damián Zaitch.

A la criminología cultural fácilmente se le podría apodar la “criminología de los excluidos” porque su tesis central es precisamente que el crimen es producto de la criminalización de aquellas conductas que los sectores poderosos de la sociedad consideran “peligrosas” para sus intereses.

Es una visión ecléctica que combina conceptos posmarxistas sobre el poder, así como toma del positivismo científico del siglo XIX la “anomía” de Durkheim y los reformula ante el ciclo de crisis económicas, sociales y políticas mejor discutidas por intelectuales de la talla de Fannon, Negri y Hart.

No requiere la mención de sectores sociales por sus nombres porque asume que todo aquel que no sea hombre, blanco, rico, y se proyecte como heterosexual y cristiano, está excluido.

El resultado, como podemos comprobar de la lectura cuidadosa del texto de Gary, es un análisis que, lejos de ser simplista, reta todo el andamiaje en que se fundan los sistemas de justicia criminal occidentales contemporáneos, de leyes, policías, jueces y cárceles. Por el contrario, nos propone que la mejor estrategia para el manejo de la desviación violenta es la formulación de políticas sociales y económicas que promuevan una menor desigualdad y una mayor participación en todos los órdenes.

Gary Gutiérrez propone una hipótesis fresca y una importante contribución al debate público de un tema tan complejo como la violencia social. Quedan tod@s los puertorriqueñ@s, sin discrimen alguno, convocad@s a la mesa de discusión.

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