Cuando viene al cocinar pollos en la barbacoa, lejos de prepararlos como los estadounidenses con pesadas salsas de fuertes sabores, o como lo manejan en el caribe inglés con fuertes maceraciones basadas en pasta de chiles o pimientos, los puertorriqueño mantenemos la cosa más simples. Cosa que no significa que no podamos experimentar y mantener el perfil criollo del plato.

Ese proceso de elevar el pollo a nuevos paradigmas criollos, por lo menos para mi, es uno de los pasatiempos que uso para campear el encerramiento frente a la pandemia.

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En esta ocasión, dejé los trozos de ave macerando por solo dos horas en adobo (comercial) tradicional, limón y “pimienta cayenne”. Todo a gusto como siempre.

Al momento de cocinar, sequé con papel toalla las piezas, les pasé una brochita de aceite de oliva con extracto de “ají verde” para ayudar a dorar la piel y darle mas “kick”. Luego las puse, con la tapa puesta y las ventanillas completamente abiertas, en la parrilla directo sobre las brasas del Weber Smokie Joe bien encendido.

Tras unos 35 minutos con la barbacoa, volví a pasarle un poco de aceite a la piel, las volteé y volví a tapar el “barbi”  por otros 15 minutos.

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El resultado fue genial.

La carne tierna y sabrosa mientras la complejidad de los sabores del limón y los ajís explotaban en la boca dando otra dimensión al aburrido sabor regularmente asociado con los pollos que se consiguen en los supermercados.

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Como valor añadido, puse “las asaduras“-cuello, mollejas, corazón e hígado que vienen con el pollo entero-  en una “bolsita” hecha de papel de aluminio y las aderecé de igual manera. Cocidoen el BBQ casi 50 minutos, el resultado fue una especie de “mini guiso” cuyo jugo sirvió para aderezar con más sabor las piezas de pollo. Digo, ademas de que las asaduras quedaron maravillosas para comerse solas.

¡BUEN PROVECHO!