Ciertamente, cuando viene a gastronomía, vivimos en tiempos excitantes.

Sin embargo, no es menos cierto que el desarrollo de recetas más saludables, económicas, o simplemente con capacidad de industrializarse, ha producido una cocina impersonal y en ocaciones no memorable.

Por suerte todavía en cada pueblo o ciudad de este país hay por lo menos una cocina donde “lo saludable”, o ” dietético”, no ha logrado remplazar la cocina como “Dios manda”.

Es decir, esa cocina de las abuelas con sus salsas pesadas, la grasita de tocino, la mantequilla y los aromáticos picados de forma rústica. Es decir, todas las características que hacen de un restaurante, un verdadero templo de la cocina “confort”.

En Mayagüez, uno de esos mágicos espacios de preservación culinaria tiene que ser González Seafood Restaurant.

De entrada, el ordenado caos del salón comedor, así como el informal pero eficiente servicio deja claro que esto “es real”.

Observación que se confirma con la llegada a la mesa de una, no solicitada, tacita de espeso pero liviano, balanceado, simple y sabroso caldo de pescado De solo probarlo queda claro que ese es el primer beso de una relación amorosa que se recordará por mucho tiempo.

El hogareño tono culinario impuesto por el caldo es seguido por el aperitivo; en este caso “masitas de pescado” y “bolitas de mofongo”. Pedazos de pescado trozado y empanado rústicamente en la casa y luego fritos al momento que se ordenan. La combinación de texturas y sabores marinos y terrestre, no solo dá seguidilla, pide cerveza.

Como si los aperitivos no fuera suficiente para entender que González es cocina honesta y “real”, la llegada del mofongo relleno de salmorejo de jueyes por un lado, y de camarones al vino por el otro, deja claro que esto no es para hipsters o para esos que velan la dieta.

Por un lado el espeso y oscuro puchero de juey en Gonzáles, es intenso y cargado del sabor almizclado de las entrañas del cuerpo del crustáceo de tierra, simplemente “maravilloso”.

Por otro lado, los camarones al vino son un ejemplo de cocina casera. Camarones salteados en mantequilla, vino blanco, y aromáticos cortados rústicamente resultan en una sabrosa y perfecta guarnición que va de maravilla acompañada de tostones.

Por supuesto, como toda la culinaria boricua, la prueba final es el postre.

En este caso, “flancocho de guayaba”.

La firme textura del flan, complementa a perfección el húmedo bizcocho que le sirve de base, todo amarrado por el sabroso y dulce sabor de la fruta. Definitivamente, esta maravilla cuasi erótica que empaca suficientes calorías como para sobrevivir una semana, tiene que ser un producto casero, hecho con las manos y el corazón.

En resumen, la experiencia en González Seafood Restaurant fue un verdadero viaje gastronómico a lugares que, saludables o no, deben ser preservados pues son parte de eso que somos, boricuas.

Buen provecho

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