Recientemente, buscando refugio mental, me encontré sentado frente a una Sapporo enmarcada por la belleza del paisaje del Mar Caribe.

Era sábado en la tarde y mi compañera sugirió que nos escapáramos a Sancho’s para disfrutar de su sabroso y refrescante Sushi.

Sin embargo, inspirado por el paso por el lado de nuestra mesa de un plato de camarones en tempura que gritaban pidiendo hacerle el amor a la Sapporo, tuve que pedir una orden.

La intuición no me falló.

La fresca y delicada dulzura del crustáceo, unida a la crocante tempura, complementó maravillosamente el también dulce trasunto de la cerveza resultando en un sabroso y excitante “pas de deux” en mi cansado paladar.

Por supuesto, tuve que pedir otra Sapporo, disfrutar el momento, y dejar los problemas pa’l lunes.

¡Bueno provecho!

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