Pensando tras el plebiscito

Por Gary Gutiérrez-Renta/la Pupila

Mientras el poder financiero aparenta buscar la permanencia de la relación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos como forma de mantener un espacio de excepción fiscal bajo la bandera estadounidense, el estamento político partidista del país insiste en mantener una discusión política basada en los mismos referentes de los pasados cien años.

Referentes que no solo fracasaron en la empresa de que los y las puertorriqueñas alcancen la soberanía que por derecho internacional  tienen todas las naciones, sino que fracasaron en el desarrollo de una economía sustentable para los y las habitantes de la Isla.

En ese mundo alterno en el que se mueve la improductiva y dependiente clase política partidista de la Isla, todos los sectores -anexionistas, colonialistas e independentistas-  insisten en una hueca y vacía retórica que pretende manejar los problemas de la Isla desde el discurso emocional que, empaquetado de diferentes formas, no deja de ser poco menos que folklorismo político encarnado en cancioncitas publicitarias, logos, banderas, y ahora en memes y mensajes de redes sociales.

Por un lado, la estadidad resolverá nuestros problemas con un tsunami de dinero y bienandanzas que nos llegará desde la tierra prometida de miel y leche en el norte. Por el otro, la actual relación es un pacto que nos brinda lo mejor de los dos mundos. Finalmente, la independencia, aunque sea con un rey, pues es un derecho y es la única aspiración digna para los pueblos.Esos referentes les son invisibles a los jóvenes que, para no aceptar nuestra responsabilidad generacional sobre ellos, descartamos etiquetándolos con sellos como “millennial”, es decir irresponsables y enajenados sin futuro.

Pues a esos “millennial”, a esas nuevas generaciones hijas del mundo digital quienes desde una economía colonial aspiran a llenar las necesidades de consumo del primer mundo en el siglo XXI partiendo de una realidad fiscal del 1930, nuestros discursos políticos no les interesan.

Para ellos y ellas esas diatribas partidistas son entretenimiento y distracción para los viejos que siguen creyendo que los políticos profesionales les representan y se interesan en sus problemas. Por eso no responden a sus llamados, por eso no les interesan sus actividades, por eso están hartos de que, cuando se unen, los reduzcan a sumarse al coro de cotorras cuya función es repetir la línea establecida por el partido. Claro, a saber quién carajo es “el partido”.

Por supuesto, es fácil descartar a los “millennial” pues se niegan a seguir las fracasadas directrices de las generaciones que controlan el proceso social del país.  Sin embargo, mientras el estamento sigue revolcándose en el mismo excremento político discursivo que generan las actuales situaciones socio económicas, muchos de esos jóvenes, desde su digital mundo paralelo, están creando sus nuevos referentes y sus trincheras de lucha.

Mientras las generaciones “adultas” pierden el tiempo con fútiles e ilusorios ejercicios electorales, con luchas leguleyas para que el poder que les excluye y oprime se auto condene, o con discursos que validan la explotación como camino a que se repartan las riquezas, esos “millennial” están organizando huertos comunales en las avenidas, creando mercados artesanales o agrícolas en la marginalidad, están gritando en el silencio de las paredes citadinas, están en la universidad generando el único discurso realmente contestatario que se escucha.

Por supuesto, también hay otros que, sin saberlo, al darse de baja de los discursos de explotación terminan reproduciéndolo. Ahí los que terminan en el narcotráfico y otras actividades ilegalizadas.

El punto de esta arenga no es otro que el llamar la atención a que, si se quiere buscar soluciones reales al orden social fracasado en el país, no podemos seguir mirando al estamento político. Ellos son el problema y dejan claro que no pueden ser la solución.  Claro, tampoco se trata de enderezar el país sin atender la relación colonial, que ya se dijo es base del mencionado y fracasado orden social. Este escrito trata de llamar la atención al hecho de que esa solución al problema colonial -sea la que sea que usted endose- tiene que venir como parte de unas alternativas de organización socio económicas claras y definidas y no como un evangelio mítico que por obra y gracia de la divinidad resolverá nuestros problemas. Es decir, seguir pensando que solo cambiando o modificando la relación con Estados Unidos se enderezará el universo y se solucionarán todos los problemas, es el cuento que nos trajo aquí y no puede ser la solución.

Tal vez la razón por la baja participación en el pasado plebiscito es que, aun cuando el pueblo no está claro para donde tenga que ir, ya entendió que la ruta por la que viene caminando no es la correcta.

Ya el tiempo dirá, salud y resistencia.

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