Nuevamente comparezco ante ustedes para enfrentar mi peor pesadilla, mi gran deficiencia o como dirían los fanáticos de los comics, mi kriptonita.  Me refiero a la literatura, ese maravilloso arte de contar historias mediante noveles y creativas formas de organizar las palabras, y de usar el lenguaje. Arte que como he dicho antes, tanto los Escolapios como el currículo de español en este país se encargaron de que odiara hasta el cansancio.

Sin embargo, y tal vez enviado por la Providencia para ayudarme a encontrar la pasión y el entendimiento de esta forma de expresión, el amigo abogado Hiram Lozada Pérez vuelve a interpelarme para que comente su más reciente publicación;  “Cuentos de Inframundo  -Diez cuentos entre la realidad y la fantasía-.  Libro de encuadernación rústica de ciento tres (103) páginas donde el amigo abogado parece surgir como un viejo sabio con el interés y pasión por las cosas de un joven adolescente.

Como adelanta el subtítulo del libro, la obra se compone diez cuentos que,  en un lenguaje visual digno del guión televisivo,  juegan con esas dimensiones que los seres humanos llamamos realidad y fantasía.

Los escritos, cuya extensión varía entre unos pocos párrafos y una treintena de páginas, recurre a viejos familiares personajes de la literatura universal para contar las historias producto de la imaginación de Lozada.

Es así que en solo tres breves párrafos, Lozada utiliza la mitológica ballena blanca de la novela de Herman Melville, para coquetear con uno de los temas constante en sus escritos: los misterios de la vida y la reencarnación.  La simpleza y brevedad del cuento encierra una profunda discusión que ocupa al ser humano desde que tuvo consciencia de que pensaba.

Igualmente denso, aunque de solo una página, el escrito titulado “El Espejo” dramatiza la simple pero a la vez compleja imposibilidad de entender esa creación humana llamada “Dios”.

En el tercer escrito, “El Conde de los Libro”, Lozada echa mano del inmortal personaje de Bram Stoker para reflexionar sobre la inmortalidad y del aburrimiento que la cotidianidad producto de esa perpetuidad.

Si interesante son las narraciones antes señaladas, el cuento “Un Alboroto de Alas y Granizo”, “la hace” como dirían mis estudiantes.  Así como en su magistral cuadro  “El Cristo de San Juan de la Cruz”, el genio catalán Salvador Dalí nos invita a mirar el mito cristiano de la crucifixión de Jesús el Nazareno desde otra perspectiva, este escrito nos narra el suplicio y muerte del rabino rebelde desde otro punto focal. Lozada no mira al Gólgota de frente, resultando en nueva narrativa y, por qué no, en un mito diferente. En solo siete páginas, Lozada nos lleva a mirar la muerte y pasión del salvador cristiano desde una perspectiva alterna donde el hecho se enmarca en la cotidianidad que para los romanos era la crucifixión del disenso.  Con un, para mí, magistral uso de la narrativa, Lozada enmarcada la historia de los evangelistas en la impotencia y el dolor de esos justos cuyo únicos pecados son el ser solidarios con los vulnerables, y el hablarle proféticamente al poder.  “Bravo Maestro”.

El quinto cuento del libro trae al lector otra realidad enmarada en la actualidad, y el mundo de miedo en el que viven muchas de esas personas que se autoconstruyen como “clase media”.

Bajo el título “No te Acerques a la Ventana”  el autor no lleva a reflexionar sobre ese ideal de la seguridad que termina llevándonos a, no solo a dejar de experimentar la vida, también a la perdida de nuestra libertad.

El choque entre lo que nos dicen son nuestros valores. Es decir el sacrificio, la familia, el amor, y lo que realmente termina siendo lo importante en la materialista posmodernidad o modernidad tardía que vivimos, es el tema central de la historia titulada “Voy a que Me Maten”.  Decir más es dañarles el magistral final que es una verdadera joya cínica.

Igualmente cínico es narración titulada “Sentado Frente a la Puerta”, donde, sin ni siquiera mencionar al machismo, Lozada nos habla sobre cómo la violencia y la criminalidad definen nuevos referentes para la masculinidad, el honor y el sentido del deber. Para pelos, no solo por lo que dice, sino por lo que implica.

Hablando de machismos, macharranerías y de ilusorias construcciones de poder, en “Un Día en la Oficina”, nuevamente desde un magistral cinismo, Lozada dramatiza los referentes del éxito en el orden capitalista que vivimos. Allí el autor nos habla de la ilusión del poder y de cómo desde esa supuesta hegemonía, ese “poderoso” que reduce a otros u otras al papel de objetos utilizables, termina igualmente ocupando el rol de “perra” bajo otro más poderoso que él.

En “El Caso Simple de un Suicida”, Lozada trabaja cómo, cuando viene criminalidad, la lucha en contra de esa criminalidad, y sobre todo cuando viene al concepto de Justicia matizado por el proceso judicial, la realidad no solo es creada, es creada por una infinidad de intereses alejados de las víctimas.

Para terminar, en su cuento final, y el más extenso, nuestro autor utiliza el resurgimiento en Los Ángeles de un personaje producto de las leyendas medievales para presentarnos a un excéntrico ex policía cuyos principios le llevaron a dejar su oficio y eventualmente encontrar un amor con quién compartir su pasión por los libros y las rarezas. Por alguna razón pienso que volveré a leer sobre esta pareja y sobre los fantásticos casos que trabajaran juntos.

Así, tras haber disfrutado de los cuentos del amigo Hiram Lozada Pérez tengo que concurrir con el también amigo Daniel Nina, cuando explica que a diferencia de otros trabajos de Lozada, estos cuentos no son necesariamente narrativa puertorriqueña.

Dice Nina: “Ahora bien, en sus cuentos hay otra lógica. No lo había pensado, pero sus cuentos son “internacionales”. No necesariamente pasan, de forma exclusiva en el territorio nacional de Puerto Rico, contrario a lo que ha pasado en su mundo de la narrativa novelesca. Sus cuentos pasan en un más allá, cuyo referente primario es “otro sitio”. Pero, por otro lado, también pasa algo que es de sumo interés para mí: los cuentos, distinto a las novelas, son menos generosos y más que nada son “tirados”, son “sucios”, no son éticos, son cuentos donde el bien y el mal existen, y donde no necesariamente la generosidad es el eje dominante. Algo así como que los cuentos son un retrato de un mundo “oculto” en el cual también convive el autor.”

Es esas características que señala Nina, donde la narrativa se da desde una aparente neutralidad ética y que como tributo y no crítica se me antoja llamar “cínica”, la que me cautivó de la obra presentada por Hiram Lozada Pérez en “Relatos de Ultratimba”. Un trabajo que recomiendo, no porque yo sepa nada de literatura, sino porque realmente disfruté leyéndolo.

 

Salud y resistencia

4 de marzo 2017

Librería El Candil de Ponce

 

 

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