En este momento, uno de los pequeños placeres en mi vida es merendar en la Librería El Candil de Ponce.

Suena simple pero creame, es una experiencia sabrosa y relajante.

Un espresso y un croissant, es decir ese pan con que los Vienenses celebraron la derrota de los turcos durante el siglo XVII, tostado y relleno de queso manchego derretido para acentar su sabor, me sirve de complemento perfecto tanto para la lectura solitaria como para acompañar un de esas enrriquesedoras tertulias que se puede generar a la menor provocación en El Candil. 

Pruébelo y me deja saber si tengo o no razón…

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