Publicado originalmente en La Perla del Sur bajo el título:

Del asombro al hechizo: cita en El Barril de la Mulata

Por Gary Gutiérrez

Miércoles 2 de noviembre de 2016

De primera intensión, la surtida barra, las piezas de arte colgadas en paredes, la iluminación tenue y el decorado creado con barriles de madera, curados durante años con dulces caldos de caña de azúcar, confunden.

Se suponía que esto fuera una “fonda”, uno de esos lugares de genérica estética donde se come bien bueno, de forma abundante y por poco dinero.

No obstante, según los ojos se van adaptando, afloran otras señales, como el menú escrito en una pizarra sobre el mostrador y la fila de comensales que, sin instrucción de nadie, se acomodan para esperar su turno.

Para salir de dudas, continuamos.

De pronto, al distinguir caras no conocidas entre los “usuales”, la cortés, cariñosa, pero firme voz de una joven anfitriona nos pregunta qué nos gustaría comer, mientras muestra la pizarra.

“Todos los platos son a cinco dólares, con refresco o agua”.

“Perdón, ¿dijo cinco dólares?” ¡Pues sí! Definitivamente, este es el lugar correcto.

Su nombre es El Barril de la Mulata, y con menos de cuatro años de existencia ya es toda una leyenda entre universitarios “pela’os”, fonderos y comidistas de Ponce.

El acogedor negocio, ubicado casi en la intersección de las calles Villa y Molina de Ponce, es fruto de la creatividad de Elba Alvarado Casiano, quién por décadas trabajó como educadora de Español para el sistema público del país.

Acostumbrada al bullicio y al volumen de trabajo con el que laboran las maestras de escuela elemental, así como al ajetreo inherente a toda madre de cuatro retoños, pasar el día en una casa vacía no era opción tras su jubilación, explicó “Misis Alvarado”, con la característica y pausada elegancia que distingue a las veteranas maestras de Español.

Pero, con este bagaje, ¿cómo se explica el éxito de este negocio?

“Dedicación al trabajo y buscar siempre ser ejemplo de compañerismo”, contestó sin pensar y antes de resaltar otros valores como la ética de servicio y la solidaridad.

Sin embargo, para los comensales que a diario pasan por El Barril de la Mulata, el secreto es más simple, mucho más simple que eso: aquí se come bien bueno y barato.

Manjar boricua

Como ejemplo basta el arroz con habichuelas de “Misis Alvarado”. Después de todo, es con esta tradicional guarnición que se miden las fondas.

Y a juzgar por esa máxima fondera, El Barril de la Mulata ya tiene un lugar asegurado en el Partenón Chinchorrero de Puerto Rico.

Aquí, el arrocito blanco, tierno, granoso y brillosito sirve de trono para habichuelas ablandadas en la casa y ornamentadas con trocitos de calabaza, hierbas del patio y pedacitos de jamón de cocinar. ¡Como para comerse solas!

Pero como a los boricuas jamás nos basta solo eso, todo los días El Barril de la Mulata empareja su “florea’o” de arroz y habichuelas con dos opciones de proteína o mixturas, como las llama “Misis Alvarado”, al aclarar que en su cocina siempre hay un guiso y algo frito para los de “línea dura”.

De los guisos, una muestra basta: la ternera. Con un balance perfecto, la tierna pero firme textura resultante de la lenta cocción de esta proteína produce sabores que se funden a un espeso caldo, creado junto a papas y aromáticos pimientos verdes y morrones, así como aceitunas y hierbas que nunca faltan.

¿Quiere algo más suculento y tradicional? Difícil.

Después de todo, cada plato que sale de la cocina de El Barril de la Mulata es un tributo a doña Rosa y don Andrés, los padres de “Misis Alvarado”, quienes se ganaron la vida con el cucharón en la mano y el calor de la cocina: doña Rosa en casas privadas y don Andrés en las extenuantes cocinas de la Babel de Hierro.

Para quienes buscan comer saludable, el Especial del Día puede salir con ensalada, pero la mayoría lo pide con tostones o amarillitos, por aquello de respetar la tradición.

De igual modo, además del arroz blanco, en este rincón culinario también se puede optar por arroz guisado o una alternativa de pasta.

Pero, ojo, en El Barril de la Mulata también hay “carta” que incluye los iconos de la cocina criolla, con mofongos, alitas, carne frita y unos chicharrones que, según comentarios en la calle, son espectaculares.

Regularmente, la fonda está abierta desde las 11:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde, pero los viernes “Misis Alvarado” y sus empleados se quedan hasta las 10:00 de la noche para que sus comensales tengan un lugar seguro y familiar donde bajar la tensión de la semana.

De paso, la barrita está bien surtida y el trato no puede ser mejor.

Ahora, una advertencia: el servicio en El Barril de la Mulata es de fonda. Eda, la nuera de “Misis Alvarado”, se ocupa de que sea familiar y cariñoso, pero rápido y eficiente.

Así que aunque su especial llegue a su mesa o mostrador dos o tres minutos después de pedir, prepárese para esperar -sobre todo al mediodía- pues la fila de hambrientos seguidores puede llegar a la calle.

Por esta precisa razón, muchos optan por pedir su orden llamando al 787-455-5683 o al 787-930-7343 y pasar a recoger su manjar.

Eso sí: si tiene el tiempo, junte los panas y vaya un viernes por la tarde, pida las alitas, su “friíta” y regálese una buena conversación.

Incluso, si tiene suerte, hasta podrá lograr que “Misis Alvarado” se una a la mesa para compartir la mejor tertulia y honrar a la clase trabajadora.

¡Buen provecho!

 

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