Para los fonderos de mediados del siglo XX hay palabras que desatan especial emoción. Una de estas tiene que ser el “mingolo”.

Es decir el equivalente de una y media o dos tazas de pega’o de arroz blanco humedecido por un poco de habichuelas y su caldo , complementado por un poco de carne o pollo que sobrara del guiso.

No debe confundirse con el “floreaó” que es una fuente pequeña, también de más o menos taza y media, pero en este caso de arroz blando y no de arroz pega’o con igual porción de  habichuelas y sin proteína alguna. Es decir eso que ahora le llaman un “side dish”.

Esta larga explicación se debe a que recientemente visité una de las fondas más respetadas y emblemática de la ciudad de Ponce.

Pero como tengo que controlar la diabetes, no pedí el servicio regular que es una cantidad obscena de comida por unos sietes u ochos dólares.

En su lugar pedí medio servicio, concepto que vale cuatro dólares y que parece comenzó en Puerto Rico con los negocios de comida china, que lo desarrollaron para mantener el mercado de trabajadores pobres que ya no pueden pagar ocho dólares por un almuerzo, no importa cuanta comida incluya el mismo.

El asunto es que algunos fonderos, entre ellos los Ramos en Ponce, adoptaron el concepto pues les permites ofrecer un almuerzo razonable a un costo que los y las trabajadoras de salario mínimo pueden pagar.

Así, ellos mueven el inventario y los comensales pueden disfrutar de un mejor y más nutritivo almuerzo que el ofrecido en los “combos” de “come y vete” americanos.

“Todo el mundo gana”.

Al ver el “medio servicio” de pegao, habichuelas y mollejas que me sirvió Sol en la Cafetería Ramos, dos cosas vinieron a mi mente.

Pensé en los “mingolos” y cómo sirvieron para que miles de trabajadores pudieran sobrevivir en la terrible economía del Puerto Rico de la primera parte del siglo XX.

Igualmente pensé como esos nuevos “mingolos”, ahora llamados “medios servicios”, vuelven a rescatar y sustentar  una nueva generación de obreros y obreras que, al igual que sus bisabuelos, se levantan todos los días a trabajar, y que al igual que sus ancestros el fruto de su trabajo no les permite la dignidad de acceder a un servicio completo de alimento.

Si bien la reflexión me daño el almuerzo, tengo que confesar que  “mingolo” o “medio servicio” de pega’o, las habichuelas y las mollejas  en Ramos me reconfortaron el alma, y ese es el trabajo de una verdadera fonda.

Buen Provecho

Anuncios