Por Gary Gutiérrez

El calor, la aridez y el tráfico infectado de pequeñas motocicletas que se mueven como hormigas en búsqueda de una forma de escapar, dan un carácter casi exótico y literario al paisaje semiurbano del tabaquero pueblo de Navarrete, Republica Dominicana.

Mi mente, sabiendo que le esperan 3 horas de viaje para llegar a la capital Santo Domingo, divaga pensando como aquel paisaje bien pudiera ser el escenario de una película de Indiana Jones o de cualquier otro drama donde agentes de la Central de Inteligencia estadounidense cultiven la posibilidad de un golpe de estado o del derrocamiento de algún dirigente que reusó seguir sus direcciones.

De repente, una interrogante interrumpe mi fantasiosa reflexión. ¿Nunca has comido Chivo Asado?, pregunta Henry, mi adoptivo hermano dominicano.

¿Cómo es, escuche bien? En serio dijo cabro asado, pienso traduciendo la pregunta a puertorriqueño.

Sin pensarlo, mi boca contestaba casi como reflejo involuntario, “no, nunca, pero claro que si quiero probarlo”.

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Segundos más tarde, el sedán movido por gas natural en que viajábamos se detiene frente a lo que debe ser considerado una “basílica”, el Rancho del Chivo en la carretera Duarte.

No siendo todavía las seis de la tarde, el amplio salón abierto no estaba muy concurrido y sus empleados se preparaban para el acostumbrado movimiento de sábado en la noche.

Ante la pregunta de la hermosa joven que nos atendió con la informalidad, pero eficiencia característica que me encanta en los negocios  dominicanos, Henry tomó el control, como buen anfitrión dominicano que es,  y dice “chivo, asado y guisa’o, guineítos hervidos con cebollita, casabe, verdes fritos (tostones para los boricuas-,arepitas de maíz (especie de sorullos aplastados) y por supuesto aguacate” que están de temporada.

Minutos más tarde, en lo que me pareció una de esas escenas en donde la hermosa protagonista aparece caminando lenta y sensualmente mirando a la cámara, desde el sacrosanto espacio donde desapareció tras tomar nuestra orden, surge la misma joven empujando un carrito con el objeto de nuestra lujuria.

Tras desplegados en nuestra mesa la más de media docena de platos, como investigador del programa CSI,  tome una muestra de cada cosa y procedí a adentrarme en la experiencia. 

Claro, el primer movimiento fue profundizar de lleno en lo desconocido, varias masitas con o sin hueso de nuestro rumiante manjar.

De primera intención, y como nueva experiencia al fin, aderezado con una terminación de limón el chivo asado  era difícil de entender.

Evocando la crocante carne de cerdo frita, pero con un trasunto del peculiar sabor característico de la delicada carne de cabro alimentado con plantas de oréganos silvestre,  que se complementa perfectamente con el ácido trasunto del limón es realmente suculento.

La sabrosa y tierna carne, con la acidez  del limón, lo mismo se complementa de maravilla con los tostones que con el aguacate.

En fin, gustoso y divertido es uno de esos platos que grita ser acompañado con una “jumbo” de Presidente.

Cautivado y enamorado del nuevo referente para consumir cabro, pero para no ser mal educado, decidí sin mucho entusiasmo por cierto probar, el guisado. Después de todo, no pudiera ser mejor que el asado. 

Cuan equivocado estaba, si tierno era el cabro asado, la carne del guiso era poco menos que perfecta.

Delicadas fibras de carnes que se desprendían sin ningún esfuerzo solo con el tenedor llenaron mi paladar del característico sabor del cabro fresco preparado con las especies de la sazón característica quisqueyana y un toque de pique, ¡bravo!.

Por supuesto, tanto para los jugos residuales de asado, como para la salsa que quedó del guiso estaban  los guineítos.

En fin que, como todos los sitios no turísticos donde he comido en República Dominicana, la visita a Rancho del Cabro en Navarrete resultó poco menos que majestuosa.

Claro de lo que no puedo dar mucha información es de nuestra travesía a la capital, asumo porque después de la hartera y agradecido de Henry por la experiencia, dormí gran parte del recorrido.

 

Buen Provecho.

 

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