Amo esta isla, soy del Caribe, jamás podría pisar tierra firme, porque me inhibe.
Pablo Milanés

 

Caribeña y refrescante visión estudiantil

Por Gary Gutiérrez

Mirar los trabajos y exponerme a la visión de fotógrafos y fotógrafas jóvenes es una de las actividades que más disfruto.

Por eso, la invitación que me hizo el amigo y colega Ludwig Medina para que reaccionara a los trabajos de sus estudiantes, en realidad fue como una invitación a un remanso o refugio en medio del torbellino social, político y económico que vive el País.

Mayor placer fue ver como los trabajos de los, y las estudiantes, de Medina proyectan un cuidado artesanal por los elementos necesarios para hacer buenas fotografías y sobre todo para comunicar sentimientos mediante el lenguaje visual.

Paisajes marinos debidamente organizados, cálidos colores de flores contrastando con verde fondos, siluetas que destacan el azul del cielo caribeño, complementan trabajos semi abstractos donde la “realidad” de objetos cotidianos y de la naturalezase redefine desde la repetición de patrones, líneas y colores. Para terminar, el retrato de un hermano boricua cuyas expresión e iconografía constituye un maravilloso retrato etnográfico.

Ahora si bien es correcto que la muestra estudiantil parece ser un tributo al aspecto artesanal del oficio de fotografiar, no es menos cierto que, como muestra colectiva, no deja de ser una viñeta que retrata y documenta que somos el Caribe.

A pesar de los cientos de años del proceso colonial, del bombardeo de cultura “pop” producto de las nuevas tecnología y del hecho de que más de la mitad de nuestra población vive el exilio económico en frías y grises latitudes, la visón de nuestros jóvenes sigue siendo caribeña.

Estos trabajos documentan como nuestros ojos tropicales, productos del sincretismo entre el yugo colonial de las principales potencias, europeas antes y ahora americanas, con las naciones originarias y con las visiones traída por la obligada diáspora africana, siguen atraídos por los colores brillantes y fuertes, por el mar, y sobre todo por esa luz que solo se da en este mar.

Una cara que pudiera ser la de cualquiera de nuestros familiares, velas que evocan la intima espiritualidad de nuestras abuelas y verdes reptiles que parecen brincar desde el azulado fondo se presentan como una paleta visual de iconos fácilmente reconocible para cualquier boricua.

Igualmente, si bien los atardeceres congelados por la tecnología de los alumnos de Medina pueden ser playas donde se mezclan el holandés, el francés, el ingles y el español, de solo mirarlas, los que somos de aquí, sabemos que es el Caribe.

En resumen que si usted es boricua, al ver el vibrante colorido de los trabajos usted sabe que la “luz” captada en los trabajos presentados por los estudiantes de Medina, es “la patria”. En ningún otro sitio que no sea el Caribe usted podrá ver esa iluminación.

Los que me conocen saben que el optimismo no es un don con el que fui bendecido, sin embargo esta muestra me demuestra que todavía queda en el País queda talento.

Igualmente el montaje demuestra que también queda gente para ayudar a desarrollar ese talento…

¡Bravo colegas, bienvenidos al oficio!

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