Por Gary Gutiérrez

Los colores, las líneas, los patrones, el movimiento visual son la sintaxis del lenguaje con que se comunican los espacios y las ciudades.

Sin embargo, a pesar de los gritos de ciudades cómo Ponce, solo un pequeño grupo de privilegiados, escogidos o predeterminados son capaces de entender los mensajes que esas urbes codifican.

Entre esos pocos sacerdotes o presbíteros que entienden los códigos urbanos, se tiene que destacar a los graffiteros. Ese grupo de comunicadores que desde la décadas del 1970 redefinen visualmente los espacios mediante los cuales se comunica la ciudad.

En Ponce uno de esos es el otrora “ilegalizado” artista Manweuno, alter ego callejero de Juan Luis Cornier Torres, quién desde el 2009 utiliza el canvas y no las paredes para traducir ese mensaje citadino.

El sufijo “uno” o “one” es un un término de respeto solo usado por aquellos reconocidos como maestros en la marginal cultura graffitera.

En ese sentido las quince piezas pintada en brocha y aerosol que componen La Urbe 7, muestra que engalana desde el 7 de julio las paredes de la Librería el Candil,  son una especie de resumen o informe final de las conversaciones entre las calles de Ponce y el artista plástico Cornier Torres.

La muestra utiliza la redefinición del costumbrismo desde el dinámico y colorido lenguaje visual y la estética del graffiti para, como profeta bíblico, denunciar una ciudad sin ciudadanos, con puertas cerradas y deterioro físico y emocional.

“La función del graffitero es darle color a las partes muertas de la ciudad”, dijo el artista para explicar que ahora, para llegar a ese otro público que no entiende el graffiti, utiliza el lienzo en vez de las paredes.

Partiendo tanto del contenido, como del lenguaje estético, se puede entender fácilmente las fricciones entre el artista y las estructuras sociales y gubernamentales de la ciudad. Después de todo fueron esas estructuras las que por décadas vigilaron y censuraron al artista callejero.

Sin embargo, controversia aparte, los trabajos que cuelga en las paredes de la Librería EL Candil constituye una experiencia visual vibrante y excitante que como todo verdadero arte, nos abre los ojos y nos muestra otra forma de mirar y entender nuestro entorno.

Así que regálese la experiencia. Vaya a El Candil e intégrese a esa conversación de Manweuno con la ciudad. De seguro usted tiene algo que aportar.

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