Por la redacción de garygutiérrez.com
PONCE -14 de marzo 2016- El resurgimiento en el Recinto de Ponce de la Universidad Interamericana de la infame y notoria “Maleta de Lola” vuelve a poner en jaque a las agencias de control social y a los grupos defensores de las buenas costumbres.
IMG_4465Según las autoridades, esta maleta que se alega proviene de Europa conteniendo nuevas visiones que rompen con “lo establecido” reaparece ahora luego de dos años en el clandestinaje.
Voceros que prefieren mantenerse en anonimato, aseguraron que las agencias de control social en la Isla perdieron pista de la peligrosa valija luego de que su peligroso contenido estuvo escondido entre el inventario de la Librería El Candil, un antro ubicado en el Casco Histórico de Ponce, que tiene fama de ser un centro de reunión para inadaptados sociales, críticos de todo y pensadores libertarios de la peor calaña y reputación.
La información extraoficial apunta a que la mencionada maleta pertenece a una iconoclasta internacional de tendencias anarcoides cuyo “nom de guerre” es “Lola”, pero que también es conocida por su alterego cibernético, “@1020Lalola”.
Según las agencias internacionales, el nombre real de “Lola” es María Isabel Ortíz Mattei, una profesora de química graduada del colegio de Mayagüez que también es conocida como Chabeli, hija de Vivien Mattei y Jesús Ortíz, dos peligrosos y creativos intelectuales que en sus años mozos se identificaban con obscuros movimientos artísticos y con cuestionables medios masivos de comunicación.
De acuerdo al comunicado oficial de las agencias de ley y orden, lo peligroso del material contenido en “La Maleta de Lola”, es que el mismo rompe con el uso y costumbre, así como con las buenas costumbres vinculadas a las tradiciones fotográficas establecidas.
“En un país decente, de ley y orden, no se puede permitir que venga cualquiera a redefinir tradiciones como a la fotografía documental de Jack Delano o la con visiones clásicas de la fotografía callejera de Juan Colom o Henri Cartier-Bresson. Mucho menos que venga una tal “Lola” y con libertinas imágenes, redelimite lo que hasta ahora se conoce como la fotografía de viajes seria, decente y como Dios manda” dice el comunicado oficial de las agencias de control social en la Isla.
Por lo que se conoce del contenido visual de esta controvertible “Maleta de Lola”, el problema para las autoridades radica en que las imágenes que contienen La Maleta de la Lola se alejan de la definición ortodoxa de la fotografía.
Tradicionalmente, las escuelas como la fotografía de documentación o la callejera se basan en documentar la relación de los seres humanos con los espacios públicos, independientemente de que sean calles o no. Es decir, para fotógrafos como Delano, Colom y Cartier-Bresson la calle y
los espacios públicos son una especie de escenario donde todos somos actores de reparto en las historias que ellos quieren contar.
Sin embargo según un viejo pseudo-intelectual conocido como Gary Gutiérrez, quien en ocasiones se hace llamar fotógrafo y de quien se dice es fanático de la “Lola”, los trabajos callejeros de esta no se tratan de los seres que habitan esos espacios fotografiados, de la ubicación de los mismos y mucho menos de la historia de esos lugares.
Gutiérrez entiende que cada fotografía en “La Maleta de Lola”, se convierte en una especie de autorretrato, no de María o de Chabeli, sino de la propia “Lola” y del placer que a esta le provoca el tener poder para sustraer y preservar una imagen que de otra manera se perdería en la historia cotidiana de los espacios.
“En las subversivas imágenes de “Lola”, no es importante dónde, o en qué ciudad están ubicadas esas calles o paisajes; pues ni las ciudades ni sus usuarios son los protagonistas. La realidad es que en las imágenes que “Lola” le roba a las ciudades y que presenta en su “Maleta”, la única protagonista es ella, la “Lola”. Esa íntima relación entre la autora y sus imágenes es lo que hacer de “La Maleta de Lola” una muestra fotográfica interesante y provocadora de un diálogo visual que no lleva al observador a conocer las ciudades de donde se robaron las escenas, sino que lo lleva a ir conociendo a la propia “Lola”, explicó Gutiérrez.
De esta forma, entiende el viejo fotógrafo que no importa si se trata de un viejo teléfono rojo o de un ciego que no sabe para quienes produce su música, quienes miren sin prejuicios, dejándose embrujar y seducir por estas visiones, podrán sentir el erótico placer que sienten los y las fotógrafas cuando, con solo presionar un botón, logran preservar para siempre su visión.
“Es un goce más adictivo que cualquier sustancia” aseguró.
Al ser preguntado si el supuesto contenido de “La Maleta de Lola” es tan subversivo y delicado como dicen las autoridades, el viejo fotógrafo sonrió pícaramente y aseguro que “es mucho más peligroso de lo que ellos piensan”.
“Las imágenes que se guardan en “La Maleta de Lola”, son una invitación a que miremos el mundo desde nosotros mismos, sin reglas ni patrones predeterminados por las costumbres. No puede haber acto más revolucionario que ese” dijo el pseudo-intelectual mientras estipulaba que cuando sea grande, quiere ser como “Lola”.

  

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