Por Gary Gutiérrez

Religioso o no, las vacaciones de Semana Santa siempre son una oportunidad para recogernos, reflexionar y encender el fuego que nos hace feliz.

Es decir sacar la barbacoa, el barbi, el viejo bbq. En mi caso un Webber clásico de 22 pulgadas que me acompaña desde el siglo pasado.

En el menú familiar pollo y pasta con vegetales.

Por supuesto en está época de cultura comidista o “foodie”, de 24 horas de programas de cocina en el Food Network o de canales como Munchies y BBQ Pitmaster en You Tube, mi mente buscaba por la mejor manera para preparar el pollo.

Después de todo, en esta época de globalización con solo teclear “chicken recipe” cualquiera tiene miles de alternativas provenientes de todos los rincones del mundo. 

Tras varios minutos buscando en la red, nada parecía mover mis pasiones. En medio de la búsqueda, tal vez por ser Domingo de Resurrección, de repente tuve una epifanía. 

Cuando viene a comer, “keep it short and simple” es siempre una buena opción. 

Así las cosas decidí ir “old school” con adobo criollo y fuego indirecto. 

Sin pensarlo más puse en el pilón, ese instrumento que el resto de los hispanoparlante llaman mortero, dos dientes de ajo machacados con una parte de pimienta negra molida y dos partes de sal, orégano fresco, culantro boricia, el de hoja larga, el jugo de varios limones criollos o lima y aceite de oliva.

El resultado lo derramé en un cubilete donde ya estaba el pollo trozado. Ya la suerte estaba echada, solo era cosa de dejar que el tiempo hiciera su magia por dos horas.

Mientras el proceso de marinar tomaba su alquimista curso, era tiempo de encender el Webber. 

Una vez totalmente encendido el carbón natural en una esquina del barbacoa, se ponen las piezas de pollo sobre la parrilla al lado opuesto del fuego, se cubre el “barbi” con todos los ventiladores abiertos. 

En este momento es sentarse por sesenta o noventa minuto y disfrutar de un palito de Don Q Gran Añejo, “de los mejores el mejor”.

En conclusión, tengo que admitir que el pollo que espectacular, tierno con el picantito de la pimienta, el ahumado del carbón natural y el trasunto de limón llevo mi mente a esos negocios de monte adentro dónde todavía las cosas se hacen como se supone. Con aromáticos naturales y frescos, con carbón de palito y tiempo, mucho tiempo… 

Que mejor manera para reflexionar y recibir la primavera.

Buen provecho…

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