Parte de la serie:  “PRISIONERAS DEL PASADO”

Por: Libni Sanjurjo

Sus rostros se han visto cada vez con más frecuencia en fichas policiales.

La imagen en blanco y negro revela escasos datos superficiales de las acusadas (nombre, raza, peso, color de ojos y cabello, estatura y delito), que solo evidencian sus existencias en el sistema correccional de la Isla; no así la historia que ocultan sus miradas.

¿Quiénes son estas mujeres?

A mayo del 2015, el número de confinadas, en todos los niveles de custodia (mínima, mediana y máxima) alcanzaba unas 398, cifra que sube y baja levemente y que es muy cercana a la capacidad de espacio de la Escuela Industrial de Mujeres en Vega Alta (471 reclusas), informa la superintendente de la prisión Ana López Rodríguez.

La mayoría cumple sentencias por uno de tres crímenes: infracción a la Ley de Sustancias Controladas (37.59%), delitos contra la vida (23.49%) y delitos contra la propiedad (20.81%). Otras sentencias están relacionadas con violaciones a la Ley para el Bienestar y Protección de Menores, faltas a la integridad corporal, a la familia y a la indemnidad sexual.

“En las últimas décadas, la tasa de delincuencia femenina ha tenido crecimiento… Hay un indicativo de que la criminalidad entre el sexo femenino va aumentando y por eso tenemos cada día más mujeres en confinamiento”, explica López Rodríguez.

Según un estudio de Carmen Rodríguez Irizarry, el aumento en la población penal femenina desde la década de 1950 es de 120%.

“Hace 50 años atrás o menos, el sistema mismo protegía a la mujer y crímenes que podría cometer que un oficial no considerara tan graves, no eran reportados, porque el mismo sistema no quería incriminar a la mujer en el delito”, expone, por su parte, Elia M. Vega, profesora de Justicia Criminal y de la Mujer ante el Crimen y Víctima del Crimen, en la Universidad Interamericana.

Según el informe más reciente del Perfil de la Población Correccional Femenina Sentenciada al 30 de junio de 2012, a la mayoría de las mujeres que participaron en el estudio (149 de 332 reclusas) se les identificó como usuarias de drogas prohibidas (68.46%), madres (68.9%), solteras (55.71%) y desempleadas al momento del arresto (78.87%), además de tener una edad promedio de 32 años.

Al escenario anterior, se le añade un dato sombrío sobre su nivel de educación: una mediana de grado escolar de solo décimo grado.

¿POR QUÉ DELINQUEN?

Según la profesora Vega, quien también es catedrática auxiliar de Justicia Criminal, una de las razones por las que una mujer comete un crimen es por necesidades económicas. “Es una variable constante en las mujeres delincuentes… Eres más vulnerable porque tienes más necesidad”, dice. Por ejemplo, la mujer que es jefa de familia.

Esas necesidades económicas, según el profesor de Justicia Criminal y Criminología Gary Gutiérrez, aparecen dentro de una sociedad bulímica que aumenta tus necesidades de consumo, pero te excluye al disminuir tu capacidad de ganar dinero. “Se crea a un ser humano desvalorizado que termina, en algunos casos, criminalizándose… Y si nuestras mujeres están sufriendo cada vez más este proceso bulímico, y si mí hipótesis es cierta, pues es de esperarse que aumente su rol en los procesos criminales del país”, añade el también autor del libro Exclusión y Violencia (2015).

A la variable económica, Vega le agrega otra constante: la presencia de un hombre en ese delito, lo que, según asegura, se ha corroborado en el perfil de las mujeres de Vega Alta.

“Siempre ha habido un hombre envuelto en esa causa de convertirse en delincuente”, abunda. Por ejemplo, la mujer que sustituye a su pareja en la administración del punto de drogas cuando este es ingresado a prisión.

Una tercera variable es el rol laboral y social que la mujer ejerce en la actualidad porque la expone a diversas actividades, dentro y fuera del hogar, que la pueden llevar a convertirse en víctima, así como a involucrarse en la delincuencia, menciona Vega.

“La mujer está tratando de desarrollarse en un ambiente que está totalmente matizado por las reglas que imponen los hombres. Entonces, parte de la respuesta que ha dado la mujer ha sido una violenta, ha sido una para poder sobrevivir: ‘tengo que comportarme como un hombre’. Y eso es una respuesta violenta, que es la violencia como reacción, no una violencia que es enseñada a la mujer de por sí, pero es que la mujer es recipiente de violencia –como lo comprueban las tazas de abuso sexual, trata humana y violencia doméstica, por ejemplo, que son más altas que las de los hombres”, explica Vega.

De otro lado, el rol de la mujer en la criminalidad también ha cambiado. “Sí, ha ido en escala o ha ido subiendo el rol de la mujer en la delincuencia… aunque debo pensar que todavía… en una escala más abajo que la del varón delincuente”, subraya, por su parte, López Rodríguez.

Al respecto, Gutiérrez sostiene que una de las razones por las cuales hay más mujeres presas es que su rol ha variado dentro del narcotráfico. “Hasta hace unos años, el rol femenino en el mercado de drogas era el de custodiar mercancías en sus casas”, menciona. Pero ahora, se les puede ver como vendedoras. “Si están más presentes en el narcotráfico, es lógico que estén más presentes en los arrestos”, indica. “Y si cada vez asumes roles tradicionalmente apuntados al varón, pues no podemos esperar que reaccionen de otra manera que no sea dentro de los mismos roles”, agrega.

EL GRAN RETO EN VEGA ALTA

Una vez cometido el delito y enviadas a prisión, la administración tiene el deber ministerial de garantizar un proceso de rehabilitación mientras lidia con una deteriorada planta física, un presupuesto limitado –la prisión de mujeres es más costosa que la de hombres, por los artículos personales que necesitan– y un manejo de un género que la funcionaria describe como más complejo que el de los hombres “por las condiciones emocionales que tanto nos afectan”.

Además, el contrabando de drogas y celulares –en el 2014, se ocuparon 51 celulares y se hallaron 546 bolsitas de marihuana– sigue siendo un reto presente en el día a día de la cárcel de mujeres.

Por su parte, diariamente, las reclusas hacen frente –huérfanas de alguna organización carcelaria que vele por sus derechos, contrario a las de hombres, quienes ocupan 33 prisiones en la Isla– a un ambiente que las obliga a ingeniarse la forma de sobrevivir y que está enmarcado en el pulseo interno de aspirar y lograr la rehabilitación.

ORANGE IS THE NEW BLACK: ¿UN ESPEJO PARA VEGA ALTA?

Pero fuera de las rejas, en la libre comunidad, se ha creado entre muchos una imagen de la cárcel basada en la popular serie de Netflix “Orange is the New Black”, que muestra una perspectiva de la vida de estas mujeres, con sus aciertos y desaciertos, y que ha servido a Primera Hora como pie forzado para indagar, echando a un lado la ficción, sobre el verdadero perfil de las confinadas de la Isla. De ahí surgió el especial interactivo Prisioneras del pasado.

“Si fuera yo,(la vida en prisión) sería desastrosa… No hay forma de describir de una forma bonita la vida en prisión aunque estés en la mejor prisión”, opina la superintendente.

Y estás mujeres, definitivamente, no están en la mejor.

La cárcel de Vega Alta, construida en 1957, es la única institución correccional para este sector de la población, ya que el Hogar Intermedio de Mujeres en Puerta de Tierra es dirigido a presas de custodia mínima, con sentencias breves, que son madres con hijos menores de 4 años de edad.

Según la profesora Vega, “no existe una estructura, una planta física, más deteriorada, más vieja y en peores condiciones, que la que ocupan las mujeres en este país”. Pero ese “ambiente allí no tendría por qué ser tan terrible, y es terrible porque el mismo sistema tiene prejuicio hacia la mujer delincuente”. A eso se suma que, por el momento, y ante la crisis económica y los recortes en las agencias la creación de una nueva prisión de mujeres no está en planes, según confirmó el director de prensa y comunicaciones de Corrección, César Fiallo.

De ese universo de 391 reclusas, tres mujeres, Jackeline Cortés Montero (41 años), Marta Chávez Iglesias (45 años) y Marinela Maldonado (32 años), abrieron las puertas de su intimidad para contarnos, desde su perspectiva, cómo es levantarse y dormir tras las rejas, las primeras dos por venta de sustancias controladas y la última por asesinato.

Prisioneras del pasado lleva al cibernauta a un viaje virtual al interior de la prisión de mujeres de Puerto Rico para conocer el perfil de la población y cómo es la vida en la cárcel, mientras, entre tema y tema, se profundiza en las historias de estas tres mujeres, para tratar de descubrir lo que ocurrió antes de que las rejas limitaran sus pasos.

“Todas han sido víctimas en algún momento de su desarrollo, de maltrato físico o sexual; todas sufren de autoestima baja y problemas de aceptación; muchas tienen necesidades psicológicas o psiquiátricas que nunca han sido atendidas”, sostiene Vega. “Pero también… son mujeres fuertes, valientes y capaces de transformar sus vidas y empezar de nuevo, porque las he visto salir y rehabilitarse, echar pa’lante”, afirma la profesora.

VEGA ALTA vs. LITCHFIELD (OITNB)

  • Tres niveles de seguridad (mínima, mediana, máxima) vs. Un nivel de seguridad (mínima)
  • Colores de los uniformes: crema (mínima), gris (mediana) y azul (máxima) vs. Naranja para las recién llegadas / crema para mínima
  • No hay una líder ni organización vs. Varias líderes, divididas principalmente por raza
  • Duermen en salones con literas vs. Duermen en salones con camas
  • Salón de belleza cerrado vs. Salón de belleza abierto
  • Mayoría de las confinadas son puertorriqueñas y dominicanas vs. Mayor diversidad étnica y racial

¿QUÉ SE LES ENTREGA CUANDO INGRESAN A PRISIÓN?

A cada sumariada o sentenciada se le hace un examen médico

Se les ofrece

  • Tres camisetas
  • Tres uniformes
  • Unos pantalones cortos
  • Un par de zapatos de tela
  • Un paquete de ropa interior
  • Tres sostenes
  • Una toalla
  • Dos sábanas para la cama
  • Tres rollos de papel higiénico
  • Una barra de jabón cada 15 días
  • Un paquete de 24 toallas sanitarias por mes

Fuente Informe parcial de la RC 939 de la Cámara de Representantes

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