Masacre de Guaynabo cuestiona la desigualdad y el control mediante el miedo

Por: Ely Acevedo Denis
Publicado: 20/11/2014 05:04 am

noticel

La séptima masacre registrada este año en Puerto Rico confronta al país con problemáticas como la desigualdad, el miedo, la falta de educación sobre manejo de conflictos, y la búsqueda de una válvula que permita a los ciudadanos escapar de ser los próximos protagonistas de la violencia.

Aunque el criminólogo Gary Gutiérrez reconoce que han ido en alzada crímenes temerarios no relacionados con el narcotráfico, también presentó sus dudas de que el enfrentamiento a un proceso de desahucio hubiese llevado a Christopher Sánchez Asencio a planificar el asesinato del dueño de la vivienda que alquilaba en Bayamón, llevándose de por medio a otros tres miembros de la familia e hiriendo a otro menor.

En entrevista con NotiCel, Gutiérrez, expuso que “el nivel de violencia desatada en este incidente no parece concordar con el móvil que se le atribuye. Y el nivel de organización de esta masacre tampoco parece concordar con un hecho aislado de una persona que pierde sus cabales, arremete y saca la violencia contra otro. No me cuadra que esto sea simplemente la respuesta a una situación económica. Así que yo no descartaría que se sepa a largo plazo que habían otros elementos detrás”.

Sin embargo, al evaluar la información que ha trascendido hasta el momento, Gutiérrez opinó que este caso sigue resaltando aquellos sectores en el país que sufren las peores situaciones económicas, que podrían canalizar sus frustraciones a través de la violencia.

Gutiérrez se mostró preocupado que este tipo de incidente provoque lo que la periodista Naomi Klein describe como “La Doctrina del Shock”, que ocurre cuando hay sectores que se aprovechan de estos incidentes que paralizan momentáneamente la sociedad para imponer a los ciudadanos medidas basadas en el miedo, la fuerza y la represión. La consternación de Gutiérrez es que hay sectores que ya están trayendo de nuevo a la discusión el tema de la pena de muerte y el aumento en las penas por la comisión de ciertos delitos para castigar a Sánchez Asencio y a su compinche, José Bosch Mulero.

En el documental “La Doctrina del Shock”, Klein sostiene que “un estado de shock no es solo lo que nos sucede cuando algo malo pasa. Es lo que nos pasa cuando perdemos nuestra narrativa, cuando perdemos nuestra historia, cuando nos desorientamos. Lo que nos mantiene orientados, alertas y sin shock es nuestra historia. Así que un periodo de crisis, como en el que estamos, es un muy buen momento para pensar en nuestra historia. Para pensar en la continuidad, en las raíces. Es un buen momento para colocarnos en la larga historia de la lucha humana”.

Partiendo de esto Gutiérrez tronó contra algunos sectores que han utilizado esta masacre para adelantar agendas en favor o en contra de las enmiendas que se pretendía incluir al Código Penal, algunas eliminadas durante el proceso de aprobación en la Legislatura.

“En términos criminológicos no hay relación entre mayores pena y la disminución de la criminalidad, porque si fuera por castigo la inquisición hubiese sido exitosa eliminando la Reforma Protestante… La historia ha estado llena de ejemplos de cómo la violencia y la represión no ha logrado controlar los comportamientos desviados, al contrario, regularmente lo que hace es que generan un estado de violencia social que termina generando más violencia”, puntualizó Gutierrez.

Por su parte, el exadministrador de la Administración de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA), Salvador Santiago, argumenta que se desconocen todos los elementos del caso, que pueden permitir analizar los detonantes y factores de riesgo que incidieron en que estos dos jóvenes cometieran los asesinatos.

A juicio de Santiago, en este tipo de casos la autopsia psicológica juega un papel fundamental para trazar un perfil tanto de los atacantes como de sus víctimas.

El portal psicologiajuridicia.org expone que la autopsia psicológica, “es un proceso de recolección de datos del occiso que permiten reconstruir su perfil psicológico y el estado mental antes del deceso”.  Usualmente, es un mecanismo usado cuando se tienen dudas sobre si es un asesinato o un suicidio, o que la información que se tiene es ambigua y no permite ver todo el contexto en que se da el caso.

En este caso, la base principal de la autopsia psicológica, es lo que pueda aportar el menor de 13 años, único sobreviviente de la masacre.

De igual modo, Santiago reiteró la necesidad de desarrollar modelos de prevención de conflictos en Puerto Rico y que los ciudadanos puedan lograr liberar estresores como el apoyo de su círculo de personas más cercanas.

“El ser humano cuando los estresores están a nivel de que te rompen el alma somos capaces de cualquier cosa… Estos estresores acumulativos llevan a intoxicar tu cuerpo, tu alma, tu espíritu y tu mente, que te hacen tomar opciones desesperadas”, sentenció.
A su vez, el psicólogo clínico José Gandía, entiende que más que tratar de explicar qué pudo haber llevado a Sánchez Asencio y a Bosch Mulero a cometer los crímenes, lo que este caso lleva a reflexionar sobre otras realidades subyacentes, como el ordenamiento social de la Isla estructurado de manera que las personas con mayor poder adquisitivo tengan más posibilidades de que el aparato gubernamental centre sus esfuerzos en esclarecer sus casos lo antes posible.

Gandía contrasta el caso de esta familia de la urbanización Los Frailes de Guaynabo con el de Lorenis Mejías Contreras, quien en el 2011 se encontraba en su octavo mes de embarazo, y fue asesinada junto a sus hijos de 10 y 8 años en el residencial San Juan Park 1.

“Después que tú estableces una sociedad con esa inequidad social tienes unos pocos que se apropian de los partidos políticos, que se apropian de los espacios económicos del país, y entonces operan encima de la gente que está debajo de ellos, que no tienen posibilidades”, observó.

Igualmente, Gandía afirmó que el hecho de que el militar jubilado del Ejército y profesor en la American Military Academy, Miguel Ortiz Díaz, haya iniciado un proceso de desahucio contra Sánchez Asencio marca también esa diferencia en las condiciones sociales en el acceso a ciertos mecanismos legales.

En esa línea, resume que el caso hay que verlo desde el espectro de la complejidad de la violencia, que muestra el asunto de los valores, toma en cuenta el contexto socioeconómico en que se desarrolla estas dos personas, y las dimensiones individuales de cómo se maneja las emociones y sus pensamientos.

En cuanto al manejo de este experiencia de violencia con menores de edad, Gandía entiende que, “Yo como adulto no puedo explicar lo que no puedo entender, y yo creo que los padres y las madres que deben estar consternados con lo que sucedió, en lugar de nosotros los adultos querer montar un discurso de la voz del experto, lo que hay que hacer es escuchar a nuestros niños cómo ellos se sienten en nuestras relaciones. Yo creo que la familia debe aprovechar esta coyuntura para escuchar los miedos y las preocupaciones de nuestros niños con relación a las cosas que están sucediendo en nuestro país“, concluyó.

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