Orginalmente publicado en La Perla del Sur: El Glawi: dos décadas sazonando La Playa

Texto y fotos por Gary Gutiérrez

Con el perdón de los hispanoparlantes, estos sí son “The Real Thing”. Simple y llanamente no existe mejor forma para describir la fondita que por los pasados 20 años ha servido y alimentado a la clase trabajadora de La Playa de Ponce.

El emblemático paraje, situado justo entre la avenida Padre Noel y la calle Alfonso XII, se llama El Glawi Café, el mismo que religiosamente abre sus puertas a partir de las 5:00 de la mañana todos los días de semana y los sábados a las 7:00.

Como a diario comprueban sus fieles clientes, de entrada el comensal sabe que llegó a una fonda “como Dios manda” y no a un “come y vete” extranjero, insulso de carácter, sazón y personalidad.

Protegida por una reja que siempre está abierta, de entrada se topará con el mostrador donde se ordena y se recoge la comida, así como con la inmaculada vitrina que bajo dos bombillones despliega los mejores tesoros de la tradición frita de la cocina nacional.

Desde alcapurrias y empanadillas, hasta pollo frito, al horno y costillitas en trozos, estas delicias son preparadas en casa o por allegados a la familia.

Y como en las más genuinas fondas del planeta, en las paredes de El Glawi Café no solo se despliegan los orgullosos logros familiares. También se documentan y celebran a los héroes deportivos y sociales del barrio y la ciudad.

Aquí abundan tanto los recuerdos de la familia, como imágenes que evocan a Ponce y el desaparecido Churumba, así como a Puerto Rico, la salsa como género musical y los Yankees de las Grandes Ligas.

Por supuesto, todo eso está bien chévere, ¿pero qué de la comida? Pues ahí es donde El Glawi se “ranquea”, como dicen los jóvenes.

Si es cierto que la culinaria de una fonda se mide por el arroz blanco y las habichuelas, entonces El Glawi Café ocupa una categoría por sí mismo. Si lo duda, entonces, pida un “floriaíto” cuando visite este tabernáculo de la cocina criolla.

Para quienes crecieron en la época de la comida chatarra y no conocen el lenguaje de las fondas, un “floriaíto” es un plato pequeño con un poco de arroz y habichuelas a caballo, al estilo de los que hoy llamarían un “side order”.

Si bien el arroz blanco es sabroso y tierno al punto, sin duda las habichuelas son las reinas de esta impecable cocina.

El espeso y rojizo caldo producto de los granos ablandados en la casa y sazonados con sofrito criollo, preparado fresco y licuado para que los nenes no vean las hierbitas, se termina con trozos de papa y calabaza: un verdadero tributo a las manos de nuestras madres y abuelas.

La calidad y la honestidad tradicional de esas habichuelas no son de extrañar, cuando se toma en cuenta que fue en el hogar de la familia donde don Carlos Ruiz De Jesús y doña Evelidys “Lilly” Andújar de Jesús, propietarios de El Glawi, aprendieron a cocinar.

“Aquí en 20 años solo hemos tenidos dos cocineros, Juan Gómez, que nos ayudó por un año mientras comenzábamos, y yo. En mi caso, cocino como a mí me gusta. Pruebo algo, lo preparo un par de veces en casa y si nos queda bien lo ponemos en el menú”, explicó Ruiz De Jesús, con una sonrisa de satisfacción casi pícara.

Mas si a lo anterior se suma que por las pasadas dos décadas el negocio sirvió de segundo hogar para Karla, Karylin y Karl, los hijos de la pareja, entonces nadie debe dudar por qué comer en El Glawi es, inequívocamente, compartir la mesa con la familia Ruiz Andújar.

Y en honor a la verdad, el menú de esta fondita no puede ser más criollo.

Para desayuno, además de los sándwiches y los bocadillos ponceños, la oferta incluye tres opciones de cereales calientes, incluyendo algunos con endulzantes artificiales para quienes cuidan su nivel de azúcar.

Entretanto, para los que buscan el “baratongo”, en El Glawi preparan un desayuno criollo de huevo, jamón, tostadas y cariño para todo el día, por menos de $3.75.

Hablando de desayuno, no se equivoque. El café de El Glawi es cola’o como le gusta a don Carlos, que llega todos los días a las 4:00 de la madrugada a prepararlo.

Por supuesto, siendo una fonda, el almuerzo ya está disponible a las 9:00 de la mañana y todavía una mixta comienza en menos de $6, con ensalada verde, agua o refresco incluido.

Las opciones regularmente abarcan variedad de carnes, pescados, mariscos, pollo y, claro, hasta antojitos como las mollejitas, las pastitas con pollo, el meatloaf en salsa y las ensaladitas de papa para los días de calor.

Ahora, no se equivoque. Para los que celebran algo especial o para los días de cobro, El Glawi Café también ofrece una carta que pudiera estar muy cómoda en cualquier restaurante de mantel blanco y servicio estirado.

Pa’ muestra con un botón basta. Solo tiene que probar el mofongo relleno de mariscos: el más tierno carrucho, salteado junto a un delicado pulpo y camarones en un mojo criollo, preparado con sofrito fresco que arropa uno de los mofongos más suaves y delicados de la región.

Tan sabroso y fresco que se nota de solo olerlo. Y, por supuesto, de más está decirlo, ese hay que bajarlo con una “friiiíta”.

Si por casualidad le queda espacio, pida el flan de la casa. ¡Qué caramelo más sabroso y qué textura tan cremosa!

Cuando termine, comprenderá mejor por qué Ponce tiene tanto prestigio como cuna de fondas emblemáticas, como la Cafetería Ramos y el Fogón de Yuya.

Pero con el respeto que todas se merecen y en honor a la verdad, 20 años de servicio “bregando” y velándole el bolsillo a la comunidad de La Playa de Ponce le garantizan a El Glawi Café un espacio distinguido en la liga de “las mejores” de la ciudad.

“Buen provecho” y reitero, disfruten el flan, ¡si les cabe!

8 de octubrede 2014

 

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