Gary Gutiérrez; presentado antes los estudiantes de la Universidad Interamericana en Ponce.

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El que las instituciones de Puerto Rico estén al servicio de los intereses del gran capital y como esto incide en la situación socio-económica de la isla, es el tema de La gran Falacia, documental producido por el puertorriqueño Paco Vázquez.

Empaquetado en un discurso que algunos pudieran llamar planfletero y a veces simplista, cosa que a mi juicio era innecesario y le resta credibilidad, el filme encarna muy bien las preocupaciones de criminólogos como Loïc Wacquant y de periodistas como Naomi Klein explicando cómo los gobiernos neoliberales, en este caso el de Puerto Rico bajo Luis Foturño, lejos de representar al pueblo, se enfrenta al mismo para garantizar el espacio a los grandes intereses económicos. Claro, el que el documental se enfocara en el gobierno abiertamente fascistoide de Fortuño, no quiere decir que lo que se presenta no aplique igualmente a administraciones más sutiles, pero igualmente serviles al capital, como la de Alejandro García Padilla.

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Utilizando como ejemplo el despido de decenas de miles de empleados gubernamentales bajo la ley siete de la administración Fortuño, el firme explica cómo el sistema utiliza supuestas crisis y miedos reales o fingidos, para imponer un estado de excepción que justifique medidas represivas a los derechos civiles, así como poner sobre los hombros de los trabajadores la responsabilidad por la salud fiscal gubernamental. De esta manera, explica como el llamado sistema de justicia criminal, surge como la respuesta judicial que impone el orden político la corporocracía a todo los que se no acepten disciplinadamente las imposiciones.

De igual forma, el documental expone al sistema electoral de Puerto Rico como uno corrupto al servicio de los partidos políticos, instituciones que a su vez sirven de herramienta el poder económico del País. Este sistema partidista, según la producción, está basado en un electorado clientelista que lejos de tomar decisiones informadas, se mueve partiendo de costosas campañas publicitarias y huecas promesas de futuros empleos y dádivas gubernamentales. Esta simulación de democracia participativa, que no deja de ser un concurso de simpatía tipo Mira Quien Baila, es usada por los administradores de turno para, no solo legitimar decretos como la ya mencionada Ley siete, sino para validar un control casi dictatorial de las instituciones de la Isla, eliminando así cualquier posibilidad de balance de poderes y del proceso de pesos y contra pesos. En ese sentido, La Gran Falacia también encarna la hipótesis expuesta por comentarista y abogado Jay Fonceca en su libro “Baquete Total: Cuando La Corrupción Dejo De Ser Ilegal”.

La Gran Falacia
La Gran Falacia

Por supuesto, todo lo anterior con el endoso y consenso de los medios de comunicación social, que en la isla son propiedad y representan los intereses del gran capital.

Es así entonces que La Gran Falacia surge como un retrato acusador a un sistema que bajo el manto de democracia participativa, esconde un sofisticado régimen de control social y corte tiránico. Un sistema que ve la población como una fuente de riqueza tanto por ser consumidores, como por ser mano de obra barata.

En ese sentido, el filme también encarna visiones criminológicas como el concepto de “Guerra Social” de Carlos Rivera Lugo y el proceso de “Carnavalización del Crimen” del británico Presdee. Es decir, cuando el gobierno es ilegítimo y desvaloriza las poblaciones empujándoles a consumir bienes que no pueden pagar u obligándoles a trabajar por salarios con los que no se puede sobrevivir, no hay razón para que los gobernados obedezcan o respeten.

Según Presdee, el ciudadano producto de procesos como el antes descrito será uno desvalorizado y de poca autoestima que pudiera ver en la violencia o en la criminalidad, sobre todo en la violencia como una forma de ilusoriamente sentirse empoderado. Algo así como la violencia horizontal del colonizado de la que nos hablaron Fanon y Memmi. A mediados del siglo pasado, estos pensadores explicaron como el que es abusado, busca o construye a uno como inferior contra quien desatar su violencia.

Por otro lado, ante esta violencia y criminalidad, las autoridades responderán con lo que Rivera Lugo llama la Racionalidad Adversataria. Entiéndase, violencia institucional que termina proyectando al sistema como menos legítimo y creando un espiral de violencia, tanto contestataria como institucional.

De esta manera, el documental va explicando la violencia y la criminalidad como una posible respuesta colectiva ante la ilegitimidad de un Estado no representativo. Ante esta situación la producción presenta un mapa para la liberación: la toma de consciencia, el entender que el orden no funciona, educarse, desconectarse de la Tv, tomar responsabilidad de nuestra salud, cambiar hábitos de consumo y de vida ya que las posibles respuestas a las crisis saldrá del pueblo. Sin embargo, lejos de estar en ese proceso y aceptando las premisas de este documental como ciertas, me parece cuesta arriba que es proceso se pueda dar sin un doloroso proceso de violencia política. Proceso que igualmente veo muy distante.

Es mi hipótesis entonces que el Puerto Rico de hoy responde a su situación afincando la misma. Como expongo en Violencia y Exclusión, Criminalidad Constestaria en el Puerto Rico del Siglo XXI un ensayo que próximamente publicará Mariana Editores, ante la ilegitimidad gubernamental descrita en este documental se pudiera identificar cuatro respuestas. No hacer nada, sobrevivir de las ayudas y esperar pacientemente e humildemente que nos caiga un trabajito y que cambie el gobierno. Quien logra recaudar un dinerito, abandonar el País en busca del ilusorio norte. Los y las que tienen más conciencia política, social u sindical, es decir los menos, buscara organizase políticamente para de alguna manera exigir sus espacios como vemos en ejemplos de las luchas sindicales o contra los gasoductos y las privatizaciones. Sin embargo para muchos sectores, sobre todo los más jóvenes, la única respuesta que pueden ver es “bregar como se puede”. Ese bregar incluye, recortar, hacer uñas o arreglar carros sin permisos o licencias, vender dvd pirateado o criminalizarse en el narcotráfico como forma de sobrevivencia.

De esta manera, todas esas terminan reafirmando o validando el sistema. Ya que aun los que protestan organizadamente, regularmente se limitan al tema en discusión y rara vez logran proyectar las problemáticas denunciadas como productos esperados del sistema económico imperante. Por lo que aún si se logra detener la amenaza inmediata como el en el caso del gasoducto, el capital mantiene sus ganancias y hegemonía.

En el caso de la violencia y la criminalidad, como bien señala el documental, gran parte de las mismas son producto esperado del sistema económico, que se beneficia del dinero que ellas producen y se beneficia con el dinero que se bota luchando contra el mismo. De esta manera, para mi es ilusorio enfrentarse y tratar de manejar esa violencia sin cambiar el orden social, político y económico que la produce, es pensar que la sal puede endulzar el café.

La criminalidad y la violencia que vivimos no es otra cosa que la naturaleza del orden que tenemos, por lo que no podemos cambiar uno, sin cambiar el otro.

 

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