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¿Qué tienen en común el antiguo Egipto, los monasterios cristianos de la Edad Media y nuestro costero poblado de Boquerón? Simple, la cerveza.

Esta ancestral bebida producto de granos fermentados que sirvió de alimento y fortificante tanto a los trabajadores que construyeron las pirámides en el delta del Nilo como a los monjes que salvaguardaron el conocimiento de occidente en el Medievo europeo, complementa hoy la vida y la economía de poblado de Boquerón.

Esto porque desde el 2010 una empresa -fruto de la pasión y capacidad del ponceño Juan Carlos Torres Monllor- trabaja para poner a Boquerón y a Puerto Rico en el creciente mapa mundial de las cervezas artesanales.

El mundo de la producción de cervezas artesanales, sobre todo en Estados Unidos, ha crecido exponencialmente desde la década de 1970, pero se disparó en la última década del siglo 20 cuando jóvenes visionarios decidieron  hacer frente a las tres gigantes elaboradoras de cerveza, creando productos más complejos y sofisticados que llenaran las expectativas de los nuevos paladares desarrollados por la explosión del mundo del vino.

Al igual que la mayoría de estas nanocerveceras, las empresas caseras operadas por una persona que producen de 200 a 1500 barriles al año, la Boqueron Brewing Co. nació de esa pasión de los aficionados, la oportunidad de un nuevo mercado y la necesidad económica característica de la época.

De hecho, la evidente crisis de la construcción de la primera década del siglo 21 llevó al joven ingeniero civil y empresario Torres Monllor a buscar alternativas en su primer amor profesional, el mundo de la gastronomía.

De esta manera se mudó a una residencia que mantenía en Boquerón y retomó, ahora como empresa, la afición que cultivó como pasatiempo junto a sus compañeros de artes culinarias en la Universidad de New Hampshire.

Es decir, producir una cerveza que -más allá de ser una bebida alcohólica para emborracharse- fuera una experiencia sensorial idónea para el compartir, acompañar alimentos y deleitar pláticas.

Además de estas metas, la visión de Torres Monllor también incluía elaborar un producto de forma sustentable, provocando el menor impacto ambiental y el mayor apoyo a la economía comunitaria del sector donde se trabaja.

En pocas palabras, que el capital económico se produzca en armonía con el capital social y comunitario.

Con esta visión y luego de mil peripecias, Boqueron Brewing Co. -el nombre comercial adoptado por Juan Carlos- circula como alternativa para quienes ven en el consumo moderado de alcohol una forma de ampliar sus experiencias sensoriales, deleitándose con las cosas buenas de la vida.

Mas ahora, a tres años de operación comercial, esta nano-cervecería ofrece tres variedades de cervezas que están disponibles todo el año, así como ediciones especiales que se producen para celebraciones específicas o con productos de temporada.

La oferta permanente incluye la Boqueron Blonde Ale, una excelente puerta de entrada al mundo de las cervezas artesanales, que por lo regular tienden a tener perfiles más complejos que las producidas por cervecerías industriales.

Con su color dorado rubio, de donde deriva su nombre, la Boqueron Blonde Ale destila sabores sutiles que evocan las frutas cítricas. Interesantemente, sus propiedades maduran y mutan según sube la temperatura de la cerveza en la mesa, por lo que su primera sensación a limas o limones del país termina evocando los delicados sabores a toronjas dulces.

Estas características la convierten en una excelente alternativa para acompañar platos con base de mariscos.

La segunda propuesta de Torres Monllor es la Boqueron Pale Ale. Un poco más robusta y de color más broceado, es igualmente refrescante y capaz de maridar a la perfección con carnes a la barbacoa y alitas picantes.

Finalmente, la joya de la corona en Boqueron Brewing Co. es la Crash Boat IPA.

Producida al estilo de las Indian Pale, es decir cervezas de sabores fuertes y robustos con colores cobrizos y amarillos que el Imperio Británico distribuía entre sus ejércitos de ocupación colonial durante el siglo 20, es el complemento perfecto para la culinaria boricua.

Así que para los que gustan del lechón bien adobado y de cuerito crocante, las morcillitas picantes o los pasteles, la Boqueron Pale Ale es ideal.

Y como adelantamos, la oferta permanente se complementa con la producción de ediciones especiales, cervezas que se producen con la intención de celebrar eventos como el Carnaval de Ponce o para tomar ventajas de los productos de temporada.

Un ejemplo fantástico es la Boqueron Coffee Porter, una cerveza robusta en la que, tomando ventaja de los sabores y color del café Gripiñas de Ponce, se reviven los paladares y el aspecto distintivo de las bebidas de cebada tostada que se desarrollaron en el Londres del siglo 18.

Para degustarlas, recuerde que como proceden de una nanocervecera, estos productos tienen una distribución limitada. Así que si desea disfrutar de las mismas, tiene que viajar al oeste de la isla para encontrarlas.

En Ponce, están disponibles en la “Taska” de Gao frente al Teatro La Perla, en el restaurante Café-Café de las calles Mayor y Aurora y próximamente en Cafelao de La Guancha

Por supuesto, cuando se termina una edición, hay que esperar por el próximo envío. Así que donde las encuentre, adquiera todas las que pueda.

De esta manera, no solo tendrá para compartirlas con sus amistades. También estará apostando a otro sistema de organización social donde se hacen las cosas bien y el capital comunal resultante se queda aquí.

¡Salud y a disfrutar del verano con moderación!

4 de junio de 2014

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