Armados con sus verbos “Algo que Decir”

“Algo que Decir” es solo una de las células que, junto a otros colectivos como “Lengua Sorda” o “Las Ovejas Negras”, forjan un silvestre movimiento literario que aspira a dejar su huella en la historia de las letras. (Foto: Betzabeth Walesca Pagán)
“Algo que Decir” es solo una de las células que, junto a otros colectivos como “Lengua Sorda” o “Las Ovejas Negras”, forjan un silvestre movimiento literario que aspira a dejar su huella en la historia de las letras. (Foto: Betzabeth Walesca Pagán)

Como aquella aventura que vivió David Vincent en la serie de 1967, “The Invaders”,  mi encuentro con seres extraños también comenzó buscando una taza de café. Claro, no era un paraje solitario como en la serie. En mi caso fue en la librería El Cadil de Ponce.

Pero al igual que aquellos seres que atormentaron a Vincent en la legendaria serie, estos que ahora me rodean también viven escondidos entre nosotros fraguando a plena luz del día la conquista de la humanidad.

Aun cuando a primera vista no lo parezcan,  todos son inadaptados sociales y fáciles de catalogar como “peligrosos”.

Son anarquistas silvestres, algunos más o menos rabiosos. Otros hasta forman parte de comunidades marginales como la LGBTT o son creyentes que reniegan de las estructuras religiosas.

Entre ellos hay feministas, vegetarianos, activistas culturales, así como todo tipo de conspiradores en contra de eso que llaman la sociedad de “ley y orden”.

En resumen, son una partida de insidiosos que se autodenominan “Artistas de la Palabra”, que organizados sin jerarquías en un “vente tú” llamado “Algo que Decir” exigen ser aceptados desde sus diferencias.

Bajo esos estandartes, estos jóvenes que de día mantienen sus empleos y se mezclan con los “centrados” en la sociedad, de noche rondan la ciudad en busca de espacios para dar rienda suelta a su insurgencia literaria, esperanzados en poder crear realidades alternas desde donde denunciar lo que entienden es un orden social que no los entiende.

A estos encuentros de insurgencia oral les llaman Noches de “Open Mic” y regularmente las organizan en locales libertarios como Bembelé y Galería La Catalana.

Desde esas tarimas, y frente a decenas de personas, gritan sus versos denunciando que para que una sociedad sea legítima, la misma  tiene que incluir la divergencia.

Por supuesto, “Algo que Decir” es solo una de las células que, junto a otros colectivos como “Lengua Sorda” o “Las Ovejas Negras”, forjan un silvestre movimiento literario que aspira a dejar su huella en la historia de las letras.

Esta rebelión de la palabra no solo habita en el mundo concreto, es decir en ese espacio que llaman real.

Para estos bardos insurrectos, el ciberespacio y las redes sociales son un hábitat natural desde donde explicar sus propuestas de mundo, desde donde exigir que se les permita superar la etiqueta de “el otro” que, como San Benito medieval, se sienten obligados a cargar por ser homosexual, feminista, pobre, negro, “tullido” o por simplemente ser joven y no querer “centrarse” o conformarse a las buenas costumbres.

De esta forma, su discurso es uno que para el resto de nosotros, es decir para “la gente de bien”, puede ser agresivo, irrespetuoso, hostil, malsonante, hasta despreciable y censurable.

Pero esa aversión a este discurso no necesaria-mente responde a que el mismo no sea cierto.

Al contrario, probablemente nuestro rechazo surge pues al escuchar el grito de estos extraños seres de verbo cortante, la mayoría recordaremos cuando nosotros éramos el rebelde que quiso cambiar el mundo y cómo terminamos reproduciéndolo.

(El autor es profesor de criminología y columnista de La Perla del Sur)

9 de abril de 2014

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