Se dispara el miedo colectivo al crimen

Temor polariza a la sociedad y genera exclusión social

Por Rut N. Tellado Domenech / rtellado@elnuevodia.com

El miedo hacia la percepción de un aumento en la criminalidad provoca que las personas tomen medidas que aumentan su sentido de seguridad. (GFR Media / Xavier García)

La población percibe el crimen como una amenaza social constante, por lo que desarrollan estrategias para proteger vida y  propiedad.

Así lo afirmó Irma Serrano García, expresidenta de la Asociación de Psicología de Puerto Rico.

Con ella coincidió el criminólogo Gary Gutiérrez. “Aunque la criminalidad tiene sus altas y sus bajas, en Puerto Rico se construye la opinión pública desde el número de asesinatos. Esos números, sacados de proporción, disparan el miedo colectivo”, expuso.

“Entonces, los ricos se encierran en sus comunidades y a los pobres los encerramos en las suyas”, agregó en referencia a los controles de acceso que han proliferado  en las urbanizaciones y a los que en la década de los años 90 se ubicaron en los residenciales públicos.

Explicó que la percepción  de que la criminalidad está fuera de control provoca  un proceso de pánico moral, en que la gente reacciona exageradamente a un asunto y se polariza la sociedad. “El resultado de ese pánico moral al crimen es el crecimiento de la industria de seguridad, lo que responde a una respuesta de  sectores más adinerados que no se sienten protegidos por el gobierno y buscan proteger sus propiedades con alarmas y seguridad privada”.

Por su parte, la sicóloga sostuvo que “aunque la alarma no evita el crimen, sino que asusta al que intente entrar y se espera que no entre, es un gasto módico, más aceptable y con menos riesgo que comprar un arma de fuego”.

Añadió que la población se inclina a actuar aunque las acciones que realizan no necesariamente sean las más efectivas. “Cierran urbanizaciones aunque no se ha medido la efectividad de los controles de acceso”, observó. “Pero les da un sentido sicológico de seguridad que les permite dormir tranquilos y eso a la gente le hace falta”.

Ese temor al crimen puede tener otros efectos en la vida cotidiana. “La gente opta por minimizar el uso de los espacios públicos, ir menos a los parques, salir menos de noche, invitar a la gente a la casa en vez de salir a fiestas, usar menos la vía peatonal para ir de un lugar a otro o limitar las acciones y salidas de los hijos”, mencionó la catedrática jubilada.

El criminólogo Gutiérrez expuso otro efecto: “Esa percepción de la violencia nos divide como país y al otro lo vemos como enemigo. Al que no pertenece a nuestro sector se le ve como que tiene que permanecer fuera”.

“Lamentablemente, seguirnos separando con armas, alarmas y seguridad privada afirma más la división y la exclusión social, lo que termina generando más violencia”, concluyó el experto.

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