POR GARY GUTIÉRREZ
Club de Amigas
Club de Amigas

Aunque en la era posindustial que se vive ya no son tan frecuentes, son grupos que existen desde que el mundo es mundo y desde que aquella noble antepasada se dio cuenta de que pensaba y razonaba.

Tanto en las sociedades de caza y recolección, como en las agrícolas, fueron espacio de educación, apoyo y solidaridad. Más tarde, durante la era industrial sirvieron de centro para la conspiración política, económica y, sobre todo, de reivindicación de género.

Los grupos de mundillo o “quilting circles” en el sur de Estados Unidos, donde las ancestras preparaban las vestimentas de la próxima casamentera, o las reuniones multigeneracionales de mujeres para preparar los pasteles y dulces de las fiestas navideñas, son solo ejemplos de estos espacios donde se intercambiaban experiencias, se contaban las penas, se daban consejos y donde se hacían aquellos chistes que la prudencia no permitía decir frente a los varones.

Y allí, organizadas en torno a los quehaceres de la casa, la cocina, los rituales religiosos o las prácticas salubristas, los grupos de mujeres sirvieron por siglos de apoyo, solidaridad y espacio para el crecimiento y desarrollo de millones de féminas.

Desde hace algunas décadas, empero, y por razones que el espacio no permite detallar aquí, estos grupos vienen desapareciendo.

Pareciera como si la agitada vida de las féminas en la era posindustrial ya no deja tiempo para este tipo de encuentro, aun cuando se pudiera pensar que es precisamente esa complejidad la que haría de estos grupos un espacio crucial y necesario en la sociedad actual.

Ponce, otra vez

Como muestra con un botón basta, reza el dicho.

La muestra de cuán necesarios son estos grupos vive y palpita todos los miércoles en el centro comunal de la urbanización Glenview de Ponce.

Allí, todas las semanas se autoconvocan una veintena de “adolecentes” de sobre 60 años de edad para compartir, aprender manualidades, organizar actividades, giras e, incluso, visitas a los restaurantes reseñados en La Perla del Sur.

Pero sobre todo se reúnen para po-nerse al día en torno a lo que pasa en sus vidas, para escucharse, darse consejos y consuelo. En fin, se citan semanalmente para cuidarse unas a otras.

Se llaman “El Club de Amigas” y el próximo 18 de diciembre cumplen 30 años de amistad y reuniones ininte-rrumpidas.

Todo comenzó en la década del 1980, cuando el Servicio de Extensión Agrícola desarrolló unos talleres para mujeres de la tercera edad.

Pasada esa experiencia y creado el espacio de reunión, las “jovencitas” del entonces Club de Amigas de la Rambla optaron por continuar con sus encuentros, primero en sus casas y luego en locales como el del Club de Leones de Ponce.

De esta manera, al aproximarse su jubileo de Perla, festejan no solo tres décadas de actividades, giras y talleres, ahora bajo el nuevo nombre Club de Amigas.

También celebran una tradición que posiblemente comenzó hace milenios, cuando un grupo de anónimas antepasadas se reunieron en torno al fuego para compartir las experiencias que las definían como mujeres.

Salve a todas en El Club de Amigas en Ponce y felicidades en su aniversario.

(El autor es profesor de Criminología y co-lumnista de La Perla del Sur)

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