Presentado ante el Movimiento Unión Soberanista de Puerto Rico.

4 de diciembre 2013

Por Gary Gutiérrez

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Foro Crimen y Castigo organizado por Movimiento Unión Soberanista de Puerto Rico. Foto cortesía Michelle Estrada

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Salud a todos y todas, es un privilegio estar en este, el honroso Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico y sobre todo un honor dirigirme a ustedes.

Cuando se habla de crimen y castigo, regularmente en Puerto Rico partimos de tres puntos de vista.

Por un lado el concepto del Derecho y la construcción de “lo criminal” desarrollado durante el siglo 18. Es decir, el crimen es producto de una decisión racional en busca del lucro y para controlarlo lo que se necesita es hacer que las acciones criminales no sea costo efectivas. Para esto lo que se tiene que hacer es aumentar las posibilidades de que los que deciden delinquir sean arrestados para que tengan que enfrentar penas severas. Esta es la base teórica del llamado Derecho Positivo, del Departamento de Justicia y del Tribunal en Puerto Rico. (Gutierrez, 2012; Young, SF)

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La segunda visión desde la que regularmente se habla de criminalidad es el positivismo científico que también surgió en el siglo 19 y que se desarrolló en el 20. Para estos, el delito y lo criminal son productos de procesos de socialización defectuosos, por lo que al criminal no se le debe castigar sino corregir. De ahí el discurso de la rehabilitación que la constitución del Estados Libre Asociado impone como base al Sistema de Corrección en la Isla. (Gutierrez, 2012; Young, SF).

La otra visión usualmente citada en el discurso sobre lo criminal se desarrolló en el siglo 19 por los conservadores cristianos estadounidense y británicos quienes partían y parten de que el ser humano no es racional, sino pasional y que es malo por herencia del “pecado original”.  Así que, para ellos, la solución a lo criminal radica en el castigo severo y humillante, por lo que se necesita vigilancia constante y mano dura. En muchas instancias este pensamiento domina inconscientemente la visión que la policía tiene del asunto y que los lleva a construirse así mismo como guerreros del bien frente al mal. (Gutierrez, 2003; Joung, SF)

Es desde estas la mezcolanza que surge la política publica “bipolar”, desde donde el gobierno de Puerto Rico busca como manejar eso que llamamos “lo criminal”.

Sin embargo, siguiendo la visión de la llamada criminología cultural (Ferrell, J., Hayward, K & Young, J., 2008), prefiero adentrarme en “lo criminal” desde quienes realmente conocen el asunto. Es decir desde sus actores.

Hace un tiempo en mi clase de Delincuencia Juvenil un estudiantes me entrego un ensayo en el que se suponía contestara la pregunta: ¿Cómo usted ve al menor delincuente en Puerto Rico?.

En su trabajo el estudiante de nombre Emmanuel comienza diciendo: “Aun recuerdo cuando tenía 17 años y anhelaba cumplir los 18 para trabajar e irme de mi casa. El pensamiento de irme de mi casa era provocado por la rebeldía de esta etapa. Tenía claro que quería trabajar para costearme mis necesidades materiales y no depender de mi madre.

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Gary Gutiérrez:
Foto cortesía de http://descrimanalizacion.com

Durante esos tres años en que no me llamaron de ningún trabajo, creció en mi la rebeldía, los pensamientos negativos. Aprendí a recortar y de esa manera me buscaba el peso recortando en mi casa a los muchachos del barrio. Cuando llegaba la temporada de quenepas,vaciaba el árbol de mi casa y las vendía en las luces o en algún punto estratégico del casco urbano. Obviamente esas chiripas no me daban para lo que yo quería, que era comprarme un carrito, la ropa de moda, los tenis del momento, etc.

Pero en la comunidad donde me crié, cerca hay un barrio donde los jóvenes varones tenían otra forma de buscarse el peso, “vendían drogas”. Crecí viendo como los muchachos del barrio que bregaban en el punto. tenían los carritos mas bonitos, los ‘bling bling”, los tenis más caros y las nenas más lindas.

Luego de tres años, finalmente me llamaron y me preguntaron si todavía me interesaba un trabajo solicitado meses atrás. Contesté que si y lo primero que me dijo el individuo fue: “mañana tienes entrevista en las oficinas generales en el pueblo de Carolina”. Como tenía los recursos pude llegar y me dieron el empleo. Luego me requirieron documentos como carta de buena conducta, prueba de dopaje, certificado médico entre los que recuerdo. Yo tuve los recursos para obtener todo lo que el empleo requería, pero y ¿los que no corren la misma suerte que yo?, concluyo el estudiante en su escrito.

La Asignación de Emmanuel, surge como un pliego acusatorio contra el sistema neoliberal que se viene desarrollando en la isla por las pasadas décadas y que, si bien vio su máxima expresión durante el cuatrienio pasado (Gutiérrez 2012), de forma más sutil y elegante continuará vigente en este.

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Dr. Rafael Torruella compartió el foro hablando sobre la necesidad de descrimanlizar las drogas.
Foto cortesía de http://descrimalizacion.com

A pesar de que de primera intención, el proceso descrito anteriormente aparenta ser uno de exclusión solamente económica, la realidad es más compleja que eso. Algunos sociólogos como Presdee (2001) y Young (2007) explican que este sentimiento de exclusión descrito por Emmanuel está basado en el sentimiento de no poder experimentar las emociones y la intensidad que según los medios de comunicación masiva deben caracterizar una vida que valga la pena vivir.

Esta forma de verse o construirse como marginado, la explicó magistralmente en su charla “Breaking Good”, el compañero profesor de la Universidad Interamericana en Ponce, Ángel Pagán (2013).

El ahora profesor de filosofía compartió con mis estudiantes las experiencias que en su juventud le llevaron a terminar frente a un juez, de espalda a un padre que aun cuando nunca lo rechazó, con su llanto le dejó claro que se sentía defraudado. La charla de Pagan explica como en la década de 1970, siendo parte de una familia trabajadora, de esas que en el país se definen como clase media, Él se sentía excluido. Tenía lo que necesitaba, casa, ropa y hasta tenía un padre que lo amaba tanto que ni siquiera le rechazó al verlo esposado en aquel tribunal. Sin embargo Pagan cuenta como entonces se sentía que no tenía ningún valor, pues su vida era aburrida y lejana de lo que se supone era la “verdadera vida” según se veía en la televisión y el cine. Compartiendo sus experiencias, cuenta como desde el aburrimiento de su cotidianidad, sentía la necesidad de usar la ropa que vestían los de “Miami Vice”. El quería sentir el “rush” de vivir esa vida excitante de las noches en NYPD Blues.

Sin embargo una tarde todo cambió. Según contó Pagan, ya había tenidos sus corridas en la ilegalidad y conocía eso que Katz (1988) llamó el erótico placer de jugar con lo prohibido. Ese día, tirando “guiritas” solo en la cacha, se acercó un carro y desde su interior escucho una voz que gritó ¡Angelo!. Cuando miró, solo vio el brillo de un 357 “aniquela’o” que lo”alumbraba”… “¿Te cagaste, pendejo?”, grito riendo desde detrás del revolver su pana Julio. Minutos más tarde, recordó Pagán, cuando Julio le dejó empuñar aquel revolver, sintió lo que el tanto había buscado.

“Mientras giraba apuntando a todo lo que se movía a mi alrededor me sentía poderoso, valioso, listo para hacerme respetar como en las películas” narró Pagán con la pausada voz de aquellos que bajaron y regresaron de los infiernos. El profesor Pagán no contó los detalles de como llegó a estar parado ante aquel juez. Asumo que el 357 “aniquela’o” tuvo algo que ver en ese asunto. Pero lo que sí dejó claro Ángel, es que el orgasmo de poder experimentado cuando empuño aquella arma, es de lo que realmente se trata el crimen, la criminalidad y lo criminal. (Pagan, 2013)

Partiendo de la elocución de Ángel podemos entender que la bulimia social de la que nos habla Young (2007) no se trata solamente de exclusión económica. Los chavos son solo un medio para alcanzar las emociones y el poder que los medios nos venden como lo normal y lo necesario. Es decir cuando los vecinos de Emmanuel venden droga, no lo hacen solo para llenar sus necesidades económicas, las reales o las creadas. También se trata de reclamar esas cosas a la que nos dijeron tenemos derechos. Dignidad, respeto, igualdad, oportunidades y todo lo demás que el discurso de la modernidad nos define como los “derechos humanos” y que se supone todos y todas tengamos acceso.

Es de aquí que surge mi hipótesis que apunta a que la violencia social y la criminalidad que sufre el País puede ser el resultado del orden neoliberal que surgió a mediado del siglo pasado y que se convirtió en dogma para el sector más conservador de la política tanto en Estados Unidos como en Puerto Rico. Como en todos sitios donde se implementó este neoliberalismo, el resultado es que grandes sectores de la población no se sienten representado o incluidos en el Estado (Klein 2008; Rivera Lugo 2004), por lo que debemos entender, no sienten que tienen esos Derechos de los que nos hablan los pensadores de la modernidad.

Ante esta percibida ilegitimidad de un Estado no representativo, en el caso de Puerto Rico parece que se pueden identificar tres respuestas por parte de los que se sienten excluidos.

La mayoría de la gente no hará nada y comprando el discurso electoral esperará el espacio para escoger entre dos partidos similares que, como explica el español Miguel Amorós (2012), representan los mismos intereses, mientras dan la impresión de que el sistema es democrático. Esta mayoría son los que el sistema vé como buenos ciudadanos, respetuosos de la ley y sobre todo como “pobres humildes”.

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Dr. Gazir Sued participó de este foro hablando sobre como las leyes antidrogas violan los derechos básicos a la ciudadanía.
Foto cortesía de http://descrimalizacion.com

Sin embargo, no todos tiene los recursos para responder, organizarse y exigir legalmente un espacio donde sentirse incluidos. Es mi hipótesis que en Puerto Rico, enormes sectores marginados se las tienen que buscar para sobrevivir, para sentirse incluidos consumiendo o para experimentar las emociones que en nuestra sociedad definen la felicidad y el éxito (Presdee, 2001; Rivera Lugo, 2004; Wackant 2009).

Otros, sobre todo aquellos que encarnan las características que en el capitalismo llevan al éxito, pero que por su condición de excluidos económicos se les dificulta el desarrollo de empresas legales, terminan integrándose a la ilegalizada y lucrativa empresa capitalista del narcotráfico. De está forma generarán los ingresos no solo para sobrevivir económicamente, sino también para sentirse poderosos embriagados en el erotismo de lo prohibido (Pagan, 2013; Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. 2008, Wackant 2009).

Es en este sentido que me parece que, lejos de ser el problema, en muchas de nuestras comunidades el ilegalizado narcotráfico se construye como la solución al problema de marginación, aburrimiento y exclusión, tanto económica y social como emocional. Es decir, para muchos el mercado negro producto de la absurda ilegalización no es necesariamente un problema, sino mas bien es una solución a su exclusión antes descrita.

Por tanto, y repito es mi hipótesis, la inserción al narcotráfico y la criminalidad pueden ser vistos como un discurso contestatario de aquellos que sin tener la consciencia política responden “bregando” como pueden ante una sociedad que los excluye y los condena a mirar desde afuera las emociones de una vida excitante. Así, el narcotráfico y la ilegalidad puede verse entonces como la respuesta de quienes se niegan a ocupar humildemente los espacios de pobreza y aburrida sumisión social a que el sistema les condena. Así estos sectores, probablemente de manera inconscientemente, le hacen frente a un sistema que les condena a ser un pobre que espera estoica y humildemente por años, para ver cuando le toque su turno en un trabajo precario que ni siquiera debiera llamarse empleo.

Si se toma esta hipótesis como correcta, se puede inferir entonces que cualquier iniciativa que no incluya la reorganización social desde el verdadero reconocimiento de los Derechos Humanos para todos y todas, una mejor distribución de los recursos económicos y la integración de todos y todas a procesos, sociales, políticos y económicos verdaderamente democráticos, solo será un parcho y no una alternativa a la violencia y criminalidad que hoy en nuestro País termina cobrando unas mil vidas al año y que el sistema define, de forma simplista, como un mero problema de individuos sin valores.

Muchas Gracias….

El panel fue moderado por le periodista Daisy sanchez. (foto Reinaldo millán)


Referencias:

Amorós, J. (2012) Salida de Emergencia. Logroño: Pepitas de Calabaza Ed..

Ferrell, J., Hayward, K & Young, J. (2008) Cultural Criminology: an invitation. London: Sage.

Gutiérrez, G. (2013) “Del Coloniage a la Sociedad de Ley y Orden: violencia sistemática en Puerto Rico” en Sonia M. Serrano Rivera, Registros Criminológicos contemporáneos (pp. 51 – 81) San Juan: Situm.

Katz L (1988) Seductions Of Crime. New York: Basic Books

Klein, N. The Shock Doctrine, New York City: Picador.

Pagán, A. (2013) Breaking Good. Charla presentada el 1 de octubre ante estudiantes y facultad de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto de Ponce.

Pesdee, M. (2001) Cultural Criminology and the Caranval of Crime. New York City: Routledge.

Rivera Lugo, C. (2004) “Ni Una Vida Más para la Toga” en La Rebelión de Edipo y otras insurgencias jurídicas(pp. 137-154). San Juan, Ediciones Callejón.

Young, J. (SF). Thinking Seriosly Abaut Crime: Some models of criminology. Retrieved 04 28, 2011, from Challenge Liberty: http://www.libertysecurity.org/IMG/pdf_jock_young.pdf

Young, J. (2007) The Vertigo of Late Modernity. London: Sage.

Wackant, L. (2009) Prison of Poverty. Boston: Beacon.

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