A toda hora y en cualquier lugar

El crimen público ya es el pan de cada día

Una discusión a la hora del desayuno resultó en un asesinato en pleno restaurante. (GFR MEDIA / ALBERTO BARTOLOMEI)

Por Marga Parés Arroyo / mpares@elnuevodia.com

El asesinato ocurrido este fin de semana dentro de un restaurante Denny’s, en plena zona turística, a tempranas horas de la mañana, vuelve a poner en relieve el gran clima de violencia e inseguridad que vive el país, donde pueden ocurrir balaceras y matanzas en los lugares más céntricos posibles.

Y, para algunos, la frecuencia con que se repiten estos tipos de crímenes fomenta el desarrollo de una sociedad acostumbrada a la violencia, al punto de que la gente se insensibilice e inicie a aceptar y tolerar las agresiones que surjan a su alrededor.

Este podría ser el resultado de un pueblo que día a día tiene que lidiar con actos violentos en su entorno, a cualquier hora del día, en cualquier lugar.

“Por un lado, hay un sector de la sociedad que se ha ido desensibilizando, que ve como normal que esto ocurra, pero hay otro sector que vive en temor, aterrado, que prefiere no salir o solo a ciertas horas, aunque esto pasa a cualquier hora, donde sea”, opinó el sicólogo Luis Román.

Sin embargo, según el experto en conducta humana, esto va a conducir a que ambos sectores desarrollen lo que llamó “callosidad emocional”, en esencia, carencia de sensibilidad o empatía a las situaciones violentas que vivan y observen a diario.

“Va a llegar el punto en que esto se normalice. Ya para el que lo ejecuta (el acto de violencia) es normal, lo que llaman en la calle el precio justo de la cosa, donde no les importa ni dónde ni cuándo lo hacen”, sostuvo.

Según Román, los que perpetúan la violencia son el resultado de Mano Dura Contra el Crimen, una política que implementó la Policía en los años noventa, y de una generación falta de inteligencia emocional, carente de las herramientas adecuadas para resolver los conflictos que se le presenten.

Así arreglan sus problemas de forma impulsiva, por medio de la violencia.

“Mientras tanto, la gente va a seguir saliendo, aunque un tanto aterrada, pero luego se normaliza la cosa. En una semana a la gente se le olvida y quizás salga igual. Quizás dos o tres hagan una marcha y le exijan al Gobierno que haga algo. ¿Qué?, más policías y más seguridad y volvemos a lo mismo, la mano dura”, señaló Román.

Peligran espacios públicos

Para el criminólogo Gary Gutiérrez, cada vez es más habitual que la violencia se exprese en cualquier momento y lugar.

“Por eso cerrar los negocios más temprano es una solución simplista”, dijo.

Y, según Gutiérrez, también es peligroso que, por los altos niveles de violencia que se respiran por doquier, la gente entre en pánico y salga menos.

“Eso sería dejar que ocupen espacios públicos los criminales, haciéndolos más oportunos a la violencia”, apuntó.

Según el criminólogo, el no poder resolver controversias está desarrollando una cultura de violencia.

“Todo eso crea una sensación de inseguridad, una ola de violencia pública que no sabemos hasta cuándo seguirá creciendo”, sostuvo, por su parte, el criminólogo José Raúl Cepeda.

Como consecuencia, el experto sostuvo que cada vez más las personas van a buscar centrar su entretenimiento en sus propios hogares, en lugar de en espacios públicos.

“El miedo va a contribuir a fortalecer a la seguridad como un negocio privado. Van a aumentar los negocios que tengan seguridad y guardias privados. Por un lado, es bueno, porque esa industria se va a fortalecer y a crear empleos, pero, por otro lado, ¿es esa la sociedad en la que queremos vivir?”, cuestionó Cepeda.

El experto recalcó, sin embargo, que los jóvenes, propio de su edad, no van a dejar de frecuentar lugares públicos en busca de distracción y recreación.

Corta la mecha

Para el sociólogo Manuel Torres Márquez, todo redunda en que los niveles de tolerancia son cada vez más cortos, lo que propicia actitudes más agresivas en la sociedad.

“Estamos viviendo en un fuego cruzado de violencia, donde cada vez más confirmamos que los puertorriqueños tenemos la mecha bien corta en términos de lo que es responsabilidad a la vida, a las normas más cotidianas y a las razones de convivencia”, indicó.

Según comentó, situaciones como estas han llevado a otros países a modificar sus estructuras de recreación.

Como ejemplo de los niveles de intolerancia que se viven en el país, Torres Márquez mencionó cómo en los últimos dos años ha notado la gran cantidad de agresividad en las carreteras, con la falta de señales para cruzar de un carril a otro, las palabras abruptas y soeces que discurren entre carro y carro cuando surgen desavenencias entre conductores y la falta de obediencia a señales de tránsito básicas, como parar en la luz roja.

“La violencia puede ocurrir a cualquier hora del día, pero hay factores multiplicadores que la propician en unas horas y en unos lugares más que en otros. Por eso cada vez más las personas van a ser más precavidas de a dónde ir, dónde estacionar y a qué hora salir”, dijo al recalcar que esto también provocará una modificación en los horarios de los teatros y los restaurantes, entre otros lugares de esparcimiento.

Dicho todo esto, hay otra cosa que también es cierta: Franklin Castillo, gerente del Denny’s de Isla Verde, donde el sábado ocurrió el asesinato, indicó ayer que el lugar estaba operando con normalidad.

“Estamos llenos ahora mismo”, aseguró.

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