MARTES 15 DE ENERO DE 2013
GARY GUTIÉRREZ

Como ya es usual, mi día comienza enterándome de las cosas a través de Twitter.

En este caso, no fue diferente. Tan pronto entré en la red social me encontré que, “Zombie Island”, un episodio de la serie Drug Inc., producida por National Geographic, tiene estatus “viral” en mi perfil.

Colegas, amigos, estudiantes y hasta gente que no conozco, entre ellos grupo pro legalización de las drogas, inundaron mi “time line”[1] con apuntadores y reacciones a diversas copias del mencionado episodio.

Como es usual en los casos donde extranjeros señalan las realidades y contradicciones que se producen en esta colonia estadounidense, las primeras reacciones eran manifestaciones de atrincheramiento étnico en defensa ante la insultante y negativa imagen que el programa televisivo proyecta de Puerto Rico, su gente y su forma de vida.

Confieso que no le di mucha importancia a esa discusión pues en realidad, exagerada o no, la imagen que se presenta en el video es cierta: somos una narco- sociedad y la droga en nuestra isla es parte de la vida diaria para enormes sectores de la población.

El programa, a pesar de su excelente producción, en realidad no presenta nada nuevo para los puertorriqueños que de una manera u otra observamos el fenómeno del narcotráfico en la isla. De otra parte, presenta datos más recientes en torno a ese ilegalizado negocio.

Además del valor de los nuevos números, el programa nos ayuda a entender cuál es la visión que algunos sectores del poder económico que en Estados Unidos quiere proyectar de Puerto Rico.

No obstante lo anterior, para mí el documento visual tiene otra lectura que tiene más que ver con los Estados Unidos que con Puerto Rico.

Intencionalmente o no, National Geographic, no solo presenta nuestra sociedad. En realidad termina retratando lo absurdo de la política antidroga que Estados Unidos impone al mundo y de las nefastas consecuencias de la misma.

El documental comienza con los clichés típicos del discurso antinarcóticos estadounidense, las drogas consumen sus usuarios.

Con grotescas imágenes y de forma muy gráfica, presentan “despojos” humanos que “esclavizados” por las drogas deambulan por las calles de la isla pidiendo, robando o haciendo lo necesario para curarse. Estos “menos-humanos” invisibles que solo reciben ayuda de algunos como los voluntarios del proyecto Amor que Sana en Ponce[2], son presentados como representativos de los usuarios de sustancias en el país cuando en realidad, como en todo el mundo, los usuarios crónicos son una por ciento mínimo mientras que la gran mayoría conviven con sus sustancias sin mayor problemas.

De paso, me parece que una de las grandes aportaciones del programa es que logra visibilizar la abnegada labor del Dr. Juan A. Panelli Ramery, quien junto a su proyecto Amor que Sana, merece el respaldo de todos y todas.

Luego, el programa nos presenta empaquetado en un triunfalista discurso a las fuerzas paramilitares estadounidenses enfrentando el problema.

Con escenas de valerosos luchadores contra el mal, se nos presenta a “los federales” en medio de una persecución en alta mar donde se despliegan millones de dólares en tecnología y esfuerzo humano para lograr incautar 4 fardos de sustancias y el arresto de 2 ciudadanos dominicanos, que son identificados como pescadores en busca de ingresos.

Esta parte del programa concluye informando que esos esfuerzos dejan un promedio de cuatro intervenciones exitosas. A renglón seguido, un alegado narcotraficante identificado como “Negrito”, asegura con su rostro cubierto que, a pesar de los esfuerzos detallados antes, una sola organización puede generar sobre veinte millones de dólares moviendo drogas en la Isla.

Sobre esas organizaciones, el programa se concentra en la Asociación Pro Derechos del Confinado, los Ñetas, y como está alegadamente se mantiene económicamente mediante el narcotráfico.

La última parte del programa se le dedica los resultados no intencionados del ilegalizado negocio.

La violencia, la corrupción, los problemas de salud como el HIV/sida que se generan entre los pobres que son usuarios son señalados, mientras también destaca como algunos influyentes, por ejemplo los “abogados, fiscales y jueces” que según “El Jackal” constituyen su clientela y que pueden pagar para comprar mejor calidad de sustancias y evitar los problemas colaterales.

El documental termina reseñando como la necesidad de aumentar los márgenes de ganancia llevó a unos narcotraficantes con espíritu empresarial a extender su mercado vendiendo “anestesia”, una reducción de la droga Xilancia, que se compra en dosis para equinos a un costo de ochenta dólares por unas onzas y que luego de reducirla a un poderoso polvo concentrado deja unos cinco mil dólares de ganancias.

Cuando miramos críticamente el programa y le damos otra lectura, nos damos cuenta que el mismo deja claro cómo la criminalización por parte de Estados Unidos de un problema médico, como es el uso de sustancias solo logra crear la necesidad de gastar millones de dólares en mantener la apariencia de que se persigue, mientras que en la realidad produce un lucrativo mercado negro que termina en más enfermedades, violencia, corrupción, encarcelamiento para los sectores más pobres y el desarrollo de lo que Araceli Manjó-Cabeza llama en su libro La Solución, “drogas basuras” que sí son verdaderos venenos para el ser humano.

Los místicos nativo-americanos o aborígenes de lo que hoy llamamos Estados Unidos nos advierten sobre señalar o apuntar lo negativo que vemos en los demás, pues eso que vemos como “la realidad” del otro, no es otra cosa que un espejo que refleja la propia.

Me parece que al señalar “la realidad” en torno al narcotráfico en Puerto Rico, National Geographic termina denunciando la insanidad que Estados Unidos le impuso al mundo en el siglo pasado.

En este caso, nuestra isla es solo el espejo…

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[1] Nombre que se le da en Twitter a la lista de informaciones que te envían

[2] http://amorquesanapr.org/

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