Inauguración Proyecto SITRAS de Ponce

Antes que todo, quiero agradecer públicamente a la Dra. María Meléndez Altieri el privilegio de poder estás frente a ustedes.  Su invitación a compartir este acto demuestra que el hecho de que tenemos diferencias en múltiples asuntos no implica que no podamos colaborar en las cosas que sí tenemos convergencia. Esta invitación habla bien de usted, Sra. Alcaldesa.

También quiero reconocer públicamente la gestión pública de la licenciada Jessica Sinigaglia, quien gracias a su juventud infundió gran dinamismo y profesionalismo a este proceso. Tengo que destacar que a pesar de esa juventud, la letrada supo llenarse de paciencia y soportar nuestras exigencias y exabruptos, cosa que no es tarea fácil. Esto también habla bien de usted Licenciada.

Por último mi reconocimiento a todos esos inadaptados sociales que componen el colectivo Energía Roja y Negra. Confieso que quiero pensar que la visión de mundo que estos inadaptados desarrollaron desde los sillines de sus bicicletas sirvió de bujía intelectual a lo que hoy se  inaugura.

El sistema de autobuses denominado SITRAS fue inaugurado en una acitvidad el 14 de febrero de 2012.

La llegada de estos vehículos colectivos a Ponce me hacen pensar en hace más medio siglo atrás cuando otra máquina llegó al Caribe. En aquella ocasión llego  de la Europa del Este una tecnología que aliviaba la carga al obrero de la caña.  El entonces novel vehículo mecanizó el recogido de la caña, haciendo de ese explotador trabajo uno más tolerable para muchos de nuestros antepasados. El impacto en las condiciones de trabajo de muchos trabajadores de la azúcar fue tal, que en algunos países hermanos, a esta máquina se le llamó “La Libertadora”. Dos décadas atrás, todavía quedaban algunas de estas maquinas abandonadas en nuestras áreas agrícolas y todavía muchas de ellas despliegan orgullosamente el nombre que en agradecimiento le dieron los obreros: LA LIBERTADORA.

Hoy con el recuerdo de esa Libertadora resonando en mi pensamiento miro a estos autobuses. Pues al igual que sus ya olvidadas hermanas del siglo veinte, que fueron mucho más que una tecnología para recoger caña de azúcar,  estas flameantes maquinas son mucho más que un medio de transporte. En su entrelazado de metal y tecnología, también radica la capacidad de ser “libertadoras”.

Con su uso adecuado, y dándole el tiempo para que se desarrollen como sistema, la llegada de estas guaguas, como aquí llamamos a los autobuses, puede marcar el comienzo de un cambio paradigmático en la forma en que los ponceño hacemos ciudad.

Para comenzar, en el aspecto económico la llegada de estas modernas libertadoras puede significar un aumento de sueldo de hasta un 30 porcientos para aquellos hermanos y hermanas trabajadoras que decidan liberarse y dejar en casa sus carros para comenzar a moverse en las guaguas. Si usted calcula que el costo de financiamiento y mantenimiento de un vehículo privado puede llegar,  junto al costo de la gasolina a unos tres cientos o cuatrocientos dólares mensuales. De esta manera se puede afirmar que el cambio al uso de este sistema representaría un aumento sustancial a los hermanos y hermanas que sólo devengan salario mínimo en jornadas de trabajo que no pasan de treinta horas a las semanas.

De igual forma, la economía colectiva también se puede beneficiar del desarrollo adecuado de este esfuerzo. Estudios desarrollados en la ciudad de Nueva York apuntan a que en las cercanías de las paradas de autobuses y de las estaciones de trasbordo, florecen pequeños comerciantes que proveen servicios y productos para aquellos que se mueven en el sistema. Regularmente, puestos de café, meriendas o periódico, locales de entretenimiento, farmacias o tiendas de conveniencias surgen y cambian el paisaje urbano en los alrededores de las paradas más utilizadas de los sistemas de transporte.

En otros aspectos, podemos asegurar que más autobuses significa menos carros. Menos carros significan menos contaminación, menos tapones, menos ansiedad.

Lo que nos lleva a otro de los cambios revolucionarios que estas nuevas Libertadoras del siglo XXI pueden traer. En nuestra país el principal problema de salud son las enfermedades mentales y muchos de estos males están directamente ligados al nivel de ansiedad que representa movernos en las ciudades mediante el carro privado. La situación es tal, que al llegar a su papado, una de los primero llamados del actual líder de la Iglesia Católica a sus feligreses fue que se cuidaran del “pecado” que constituye la “furia del carro”, o “road rage” como dirían allá sus conciudadanos del norte, Sra. Alcaldesa.

De  igual forma, mientras el uso del vehículo individual promueve un ciudadano impaciente, agresivo y poco solidario. Los estudios demuestran que el uso del transporte colectivo promueve poblaciones más tranquilas y solidarias. Tanto así, que el hoy desaparecido obispo católico de Brasil, el apóstol latinoamericano Heder Cámara,  sugería a los políticos el uso del transporte colectivo como forma de entender mejor al pueblo.  Si todos viajamos juntos, todos vamos construyendo comunidad.

Los que hemos dependido de un sistema colectivo de transporte, sabemos que tras unos cuantos días viajando el mismo horario, la gente comienza a desarrollar lazos de entendimiento, amistad y apoyo. Eso es hacer comunidad.

No quiero tomar más tiempo. Pero me gustaría retomar y recalcar el punto de que con el apoyo de todo, con el trabajo y la necesaria eficiencia en su operación, la llegada de estas guaguas puede significar un cambio paradigmático para nuestro Ponce, es decir un cambio en la vida social de esta Ciudad.

Junto al activista José Raúl Cepeda, la alcaldesa de Ponce, María “Mayita” Meléndez examina el “rack” para bicicletas que forma parte de las facilidades del inaugurado sistema de transporte colectivo de Ponce

Hace unos años,  Ivan Illich ese gigante mexicano y cura católico quien vivió en Ponce y enseño en la hoy Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico nos advirtió que los cambios paradigmáticos solo son posibles a velocidad de bicicleta. Es decir con una velocidad sostenida y eficiente para adelantar, pero lo suficientemente lenta para que no perdamos el control de los procesos. Creo que el clericó católico tenía razón.

Los verdaderos cambios sólo son posibles a velocidad de bicicleta. No obstante nada quita que en el caso de la patria roja y negra que para nosotros es Ponce, esos cambios no comiencen a velocidad de autobús.

Espero que este sea el caso de nuestra ciudad y que con el apoyo y esfuerzo de todos y todas,  en algunas décadas miremos atrás y recordemos estos autobuses con el nombre de LIBERTADORAS.

Solo el tiempo dirá,  Paz y pedal…

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