Mientras el pueblo paga con sus hijos el tributo de sangre de este negocio que beneficia a grandes carteles internacionales, no puede realmente disfrutar de capital y bonanza económica que esa industria genera.
“Mientras el pueblo paga con sus hijos el tributo de sangre de este negocio que beneficia a grandes carteles internacionales, no puede realmente disfrutar de capital y bonanza económica que esa industria genera.”

Por Gary Gutiérrez[1]

Hace unos días temprano en la mañana escucho en la radio una voz desconocida, pero cuyo discurso me es familiar.

La que hablaba con Julio Rivera Sanier[2] era la economista y compañera tuitera Rosario Rivera[3].

Su participación era una reacción al anuncio por parte del gobernador Luis Fortuño[4], de una supuesta mejoría en la economía en Puerto Rico. Según la prensa y basándose en un alegado aumento en los índices de compras en la isla, el administrador colonial aseguró que la economía boricua comienza a dar muestra de recuperación.

Rosario Rivera cuestionó el anuncio asegurando que los índices de ingresos, producción y de empleos en la isla están tan malos que se podía afirmar que la economía puertorriqueña estaba “en coma”.

Al escuchar ambos planteamientos, me doy cuenta de que los mismos no son excluyentes.  Que puede haber altos niveles de consumos aún cuando la economía formal esté en crisis, en coma o moribunda.

Es simple, el dinero del consumo no viene de la economía formal. Viene de la informalidad, de la economía subterránea y mayormente del narcotráfico.

Así ambos discursos hacen sentido. Hay menos producción formal, pero la economía informal mantiene el sector de ventas al detal y el consumo de bienes de lujo en la isla.

Después de todo, moviendo entre 10 a 25 mil millones de dólares al año, el narcotráfico es el segundo o el tercer sector económico del país dependiendo de a quién usted consulte. Además de que números estimados apuntan a que esta ilegalizada industria emplea cuatro de cada cien trabajadores en la Isla, lo que la convierte en uno de los sectores de empleo más importante.

Actualmente el narcotráfico es un negocio tan eficiente y productivo en Puerto Rico, que aun con el agravante de que su producto y su  mercado están ilegalizado,  el mismo opera desde hace décadas un exitoso negocio de trasbordo, cosa que nuestro políticos llevan más de quince años si poder establecer en Ponce o en cualquier otro puerto de la Isla.

En fin que hay que felicitar al Gobernador pues sí, su política logró aumentar el consumo en la isla. Un consumo que aparenta estar financiado y sostenido por el único sector económico que registra crecimiento en la isla, el narcotráfico.

Por supuesto es un sector cuyo crecimiento es fertilizado por la sangre en las calles de los jóvenes que pagan con sus vidas el ratito de ebullición económica que pueden disfrutar.

Como  recuerda el cantor Atahualpa Yupanqui,  “las penas u las vaquitas se van por la misma senda. Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”. Mientras el pueblo paga con sus hijos el tributo de sangre de este negocio que beneficia a grandes carteles internacionales, no puede realmente disfrutar de capital y bonanza económica que esa industria genera.

Parte del capital que se produce con el narcotráfico, ese que se puede inferir se usa para mantener el consumo del que se alegra el gobernador, entra a la economía formal mediante las ventas en las mega tienda, pero en menos de veinticuatro horas ya está depositado en bancos fuera del país, dejándonos  sólo con los treinta y tantos asesinatos por millar que reporta la isla.

Que mucha razón tenía el viejo cantor: … “las penas y las vaquitas se van por la misma senda. Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas”


[1] En twitter @garygutierrezpr

[2] En el twiter @riverasanier

[3] En twitter: @econrivera

[4] En Twitter: @luisfortuno51

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