Planes anticrimen; crónicas de estrategias fallidas. 

Por: Gary Guitierrez para El Post Antillano

La muerte violenta de siete personas en menos de veinticuatro horas, el asesinato en servicio de un policía y el juramento de nuevos fiscales sirvieron de marco a la presentación de sendos programas “anti crimen” por parte de los aspirantes a la gobernación colonial.

 

Como era de esperarse en el comienzo del año electoral, ambos discursos “anti crimen” aparentan estar dirigido a proyectar unas figuras como fuertes defensoras de las víctimas, capaces de reprimir y controlar por la fuerza a los criminales.

 

Unos discursos que obviamente no están dirigidos a manejar de forma sensata el problema de la violencia en Puerto Rico y sí a ganar el voto del conservador elector boricua quien en su mayoría creen que “con dos pescozones” se pone vergüenza.

 

Por supuesto, en sus alocuciones, ninguno de los dos políticos hacen distinción entre criminalidad, que está más o menos dentro de su crecimiento esperado en la isla, y la violencia social que es la verdadera preocupación.

 

De igual forma, ambos políticos dejan fuera de sus análisis y sus planes que esa violencia no es el verdadero problema que sufre nuestra sociedad, sino que es el síntoma o resultado de los problemas de exclusión social, económica y política que caracterizan el orden social en Puerto Rico.

 

Para Luis Fortuño, es un problema de rescatar o regresar a unos valores que no define ni explica.

¿Cuáles son esos valores?

 

Acaso habla el gobernador de los explotadores valores que de finían la sociedad de antes de la década del 1960 cuando los negros, las mujeres, los pobres y los homosexuales “sabían cuál era su lugar en la sociedad y “humildemente” respetaban las buenas costumbres del explotador varón blanco, propietarios, heterosexual y cristiano.

 

Por su parte, Alejandro García Padilla admite una relación entre el crimen factores como “el desempleo, la calidad de vida, la salud mental y la educación pública”, pero no explica que esas cosas tampoco son los problemas, sino otros síntomas del excluyente orden social impuesto al resto de la sociedad por unos pocos poderosos.

 

En fin y mientras los jóvenes siguen muriendo en las calles, uno con la demagogia conservadora de los “valores” y el otro con el discurso paternalista terminan proponiendo lo mismo.

 

Es decir, medidas de vigilancia, control y represión que no tan sólo llevan sobre cuarenta (40) años fallando como respuesta a lo que ellos llaman criminalidad o violencia, probablemente son la verdadera causa de la violencia que se sufre.

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