Guerra contra el Crimen: Curando la fiebre y no la infección

Por Gary Gutiérrez para El Post Antillano

El número de muertes violentas con que se cerró el 2011 en Puerto Rico y el dramatismo con que los medios reportaron la muerte de una joven víctima de una bala disparada al aire durante la despedida de año mantienen la atención pública en el llamado “problema de la criminalidad” en el 2012 . Sin embargo, la acrítica discusión en la opinión pública, incluyendo los políticos profesionales,  sigue centrada en las mismas viejas y fallidas  alternativas como posibles  soluciones  al problema. 

El Gobernador Luís Fortuño, enajenado en la conservadora ideología republicana importada de los sectores más retrógrados de esa nación, reproduce el problema a un clasista discurso de falta de valores, mientras  su administración sigue apostando a la represión como principal estrategia para solucionar el problema. 

Por su parte, el principal opositor político, Alejandro García Padilla, critica el discurso del  gobernador proponiendo las mismas medidas punitivas, pero incluyendo la movilización de los militares para que “controlen” la situación que cataloga de “emergencia nacional”. 

Esas fallidas visiones en torno a la criminalidad, permean de igual forma el discurso mediático sobre el asunto, así como la visión que aparentan tener  la mayoría de los líderes comunales que se escuchan tanto en reuniones privadas, como en los propios medios noticiosos. 

Ese discurso producido  y reproducido por las figuras antes mencionadas terminan construyendo “lo criminal” como una burbuja separada del resto de la sociedad, producto de algún tipo de deidad maligna que quiere apoderarse de la humanidad o de antisociales individuos enajenados que sólo pueden ser controlados mediante la represión y el castigo. 

De esta forma, lejos de manejar adecuadamente la desviación social y probablemente aumentando la violencia y la criminalidad, el binomio criminalidad y castigo se atrinchera como evangelio incuestionable por los pasados treinta años tanto en la psiquis colectiva, como en el proceso electoral de Puerto Rico. 

¿Si esa visión de crimen y castigo lleva treinta años no solo demostrando que no funciona, sino que aparenta haber  produciendo más criminalidad y violencia, no es lógico comenzar a tratar otras estrategias?  ¿No es hora ya de comenzar a mirar esta situación desde otra perspectiva?

 Al buscar una perspectiva diferente desde donde mirar la criminalidad, surge la alternativa de ver la misma y la violencia como síntomas y no como problemas en sí mismos. Es decir que como la fiebre apuntan a una infección, el crimen y la violencia apuntan a la verdadera enfermedad, el orden social capitalista neoliberal.Puerto Rico vive un orden social producto de tres procesos violentos y excluyentes: el coloniaje que es exclusión y violencia política,  el machismo que es exclusión y violencia de género y el capitalismo que es también excluyente violencia económica.

Como resultado ese orden social no sólo acaba condenando a las grandes mayorías a la marginación económica y política,  termina además desvalorizando y discriminando a todo aquel que no represente los valores del varón, blanco, propietario, heterosexual y cristiano que caracterizan el orden social. 

Recientemente, durante una reunión en Ponce, una líder comunal explicó que un sondeo informal realizado en el sector del norte de la ciudad donde ella vive apunta a que sobre 90% de las familias no cuentan con nadie que tenga un sueldo legal.  Interesantemente, la cifra compara con los números que una maestra de Baltimore ofreció durante una llamada telefónica al programa Washington Journal.

En esa ocasión la educadora indicó que 86% de los padres de sus alumnos reportaron no tener trabajo.  En ese mismo programa, el Dr. Cornel West y el periodista Travis Smilye se unieron a las voces que apuntan a que el neoliberalismo impuesto en Estados Unidos -que es el mismo que copia la administración Fortuño-  está terminando con la clase media de ese país.  Según sus datos un 50% de los estadounidenses viven en pobreza hoy. 

En fin que el orden social importado a la isla desde Estados Unidos es uno que no provee para que la gran mayoría de la gente, tanto en los  sectores  marginados como en la llamada clase media, pueda ganarse la vida en un trabajo digno que cubra sus necesidades.  A este dato se le tiene que sumar que ese mismo orden social  impone tanto a ricos como a pobre unas necesidades de consumo artificial como forma de validar su existencia, pues en esta sociedad el ser humano solo vale en la medida que pueda consumir.   

Esa sociedad bulímica, como la llama Yock Joung porque incluye a todos en el consumo y excluye la mayoría de los trabajos legales, termina creando seres desvalorizado que pueden ver en el crimen, pero sobre todo en la violencia, la forma de sentirse ilusoriamente poderosos.

Es decir, que ante esa situación bulímica causada por el orden capitalista neoliberal,  habrá sectores que en las actividades criminalizadas como la venta de drogas una forma de revelarse contra ese sistema que le condena a la pobreza.   

Por supuesto que esa especie de insurrección no va dirigida a cambiar el sistema como lo proponen las revoluciones políticas, pues no es menos cierto que el negocio del narcotráfico es tan capitalista como cualquier otro y funciona reproduciendo los mismos valores de explotación que sus contrapartes legales. En un negocio que no sólo beneficia a la economía formal produciéndole miles de millones de dólares, sino que la favorece con los millones de dólares que se gastan en combatirla. Desde esta perspectiva entonces, el único plan anticrimen que pudiera funcionar es uno que parta de la búsqueda de alternativas estructurales ante la pobreza y la exclusión. 

Pues al fin y al cabo, hablar de luchar contra la criminalidad sin atacar el orden social que produce la pobreza y la exclusión, es hacerle el juego al poder económico que al final del asunto se beneficia tanto de la criminalidad, como  de la lucha para combatirla. 

En resumen que cuando se habla de criminalidad, las posibles soluciones no están en bajar la fiebre, sino en atender la infección…

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